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martes, 4 de agosto de 2026

NADA EN SU SITIO

Cuando una niña es simplemente una niña mientras todos sus compañeros de clase y amigos tienen nombre y apellidos, es que algo va mal; al menos para ella porque no es especial sino alguien que pertenece a esa generalidad, pero da igual su identidad, tal como corrobora el indeterminado que sirve para designarla. Ella es una niña inespecífica, desconocida. O así se siente. Esta es la idea con la que Natalia Cantero abre su libro de cuentos Nada en su sitio.

Estamos ante el dolor y la vergüenza de sentirse ignorada en una familia; algo que ella asume con culpabilidad y la acompaña allí donde va, durante toda su vida. ¿Qué hacemos los adultos cuando traemos hijos al mundo para escatimarles amor? ¿Qué hacemos cuando nuestras miserias son tan grandes que no podemos desprendernos de ellas y tenemos al lado un ser más frágil? Puede que le hagamos daño físico o psicológico o moral pero lo que está claro es que lo que conseguimos es marcar para toda la vida a esa criatura.

El estilo de los relatos es amable, casi infantil y por eso al leerlos duele más. La historia de Una niña… nos la cuenta un narrador en tercera persona con un razonamiento adulto, desde un punto de vista infantil. La repetición de “una niña” marca el ritmo del texto mientras conecta con el lector que, inmediatamente, siente el miedo de esa niña, su inquietud y desorientación cuando sabe que en su vida falta la magia de la fantasía.

En El sentido de la marcha, un usuario escribe una carta quejándose de la compañía ferroviaria por haberle dado un asiento a contramarcha. Símil totalmente gráfico de cómo vive en el pasado, sin poder olvidarlo ni permitirle afrontar un futuro mejor. El dolor de la separación de la amada queda atenuado por las metáforas religiosas que convierten a la mujer en un recuerdo definitivo. La comicidad de la imagen la desacraliza a ella mientras resalta la simpleza de él «…yo la he visto así, con los brazos en cruz, que parecía una virgencita […] más y más pequeña, pasando de estatua a medallita…».

En Pérez, aparece el ratoncito de manera algo escatológica porque interesa sobre todo conseguir el regalo prometido en el tiempo adecuado. El narrador, con tono desenfadado expone hasta dónde son capaces de llegar los niños para conseguir lo que quieren. La fusión léxica ocasional aporta a la situación gran fuerza expresiva, «a pesar del gesto de sorpresa de su madre peroadóndevas», «ha vuelto a llamarlo muertodehambre».

El Cambio climático nos va a traer otras consecuencias devastadoras que no tienen que ver con él y quienes saldrán perdiendo, lógicamente, serán quienes posean trabajos más precarios, menos dinero, menos comodidades… Con una prosa agobiante, más aún por el buen talante, Natalia Cantero nos va introduciendo en el infierno que sufre un hombre que ve cómo debe acostumbrarse cada vez a disfrutar de menos bienes «El interfono sonó y esta vez no contestó. Volvió a sonar. Otra vez. Oía las risas de los niños que se bañaban, el ajetreo de los fogones en la cocina, a los vecinos brindar con limoncello en la terraza […] Se tapó los oídos con las manos pero no sirvió de nada»…

Son dieciocho cuentos. La lectura de Nada en su sitio es dinámica; la amabilidad de las palabras, el dinamismo generan sin embargo cierto estado de agitación emocional, que los lectores sentimos antes que los propios personajes. A veces la tensión es casi insoportable; bastan unos puntos suspensivos para advertir un cambio. Lo sabemos, pero no llega y, cuando lo hace, el final cobra una fuerza tan directa que elimina cualquier rastro de esperanza. La falta de comunicación en las relaciones amorosas, con el consiguiente riesgo, la falta de sentimientos en la comunicación con el posterior resentimiento consiguen que a una mujer le baste el amor hacia su hija, todo lo demás es superfluo. Por el contrario podemos llegar a cometer la locura de ofrecer nuestro cariño por un salario. Algo que a lo largo de la Historia no ha sido tan loco: matrimonios concertados, arreglos desesperados en parejas, intereses comunes… La convivencia no es tan romántica como nos han hecho creer «…insistiéndole, tal es mi empeño en estar a su lado, en que me haga un contrato. Hágamelo […] No se arrepentirá».

Por el contrario, podemos conseguir eliminar de nuestras vidas a quienes más nos quieren con tal de destacar. Es difícil la convivencia cuando se impone un jefe; todos pensamos que lo nuestro es lo importante, que somos imprescindibles y, para no quedar al margen, somos capaces de hacer cualquier cosa incluso lo que antes hemos considerado como atrocidad, «Pili me clavó sus ojos azules, sus ojos inundados de mar y me sentí realmente triste».

De la misma manera nos comportamos ante la fama; da igual que lo que se diga sea verdad o mentira, da lo mismo que alguien salga herido. Importa la inmediatez, el momento de gloria ante las cámaras, en las redes. Aunque sea efímero. Y esto contrasta con el dolor, el verdadero dolor, el que nos va a marcar para siempre. Son hechos corrientes los que se narran en Nada en su sitio pero detallados cada uno como si fuera especial. Hechos que se ven envueltos en el despropósito, en la angustia, en la culpa pero buscan ante todo la redención de poder estar tranquilos, solos o acompañados pero sin el agobio de la soledad.

El estilo tierno, inocente, con un punto de ironía, consigue hacer de la lectura algo placentero.

Me ha gustado mucho, más cuando he visto que Natalia es murciana, más cuando he leído que también su familia da los abrazos chillaos.

martes, 14 de julio de 2026

HISTORIAS DE NADIE

Diez cuentos, diez relatos basados en la historia de España más incómoda: la que refiere el sufrimiento, el dolor, la injusticia, las torturas, las muertes de quienes han nacido en el lugar equivocado, en el bando contrario; los que han estado en contacto con los campos del país y han dejado sus restos en la tierra para que sirvan de abono a un suelo que los vio crecer y los ha acogido en su muerte mientras se beneficia de ellos. Así se ha formado este país, enriqueciéndose con las hazañas de los invisibles, glorificando a unos pocos que pueblan la historia de España con grandes acontecimientos.

Historias de nadie es la historia de la tristeza y del padecimiento del hombre como ser individual en la gran historia universal. Cualquier acto glorioso, o vergonzoso, es conocido por el lugar donde se llevó a cabo y el apellido del “prohombre” al mando. Así consta en los libros y manuales. Albert Merino ha querido destacar a las personas sencillas que se jugaron la vida, y en muchos casos la perdieron, sin importar demasiado a los próceres de la patria, porque en momentos de ofuscación no se piensa que la muerte de un hombre, de un niño, puede llevar a la miseria a una familia entera.

Historias de nadie es la historia de Ramiro, de Hialas, de Faustino, de Agustín, de Amparo, de Fray Marciano, de Santiago, de Narciso, de Madani, de Gaspar… de tantos que sería imposible nombrarlos a todos, porque son el país, dañado una y otra vez por diferentes causas. Ramiro, lucha terco en 1984 para poder ser enterrado al lado de su mujer, aunque sea cavando su propia tumba. Los asesinatos encubiertos por ideologías políticas terminan con la vida de los republicanos en 1934; también cae alguno de la CEDA «El militar quita la pistola de la boca de su víctima y se oye una carcajada generalizada, supongo que, del miedo, el pobre desgraciado se habrá meado o cagado encima, y esos degenerados lo celebran».

Ya en Soria, en 133 a.C., los celtíberos aguantan quince meses de bloqueo de las tropas romanas, hasta que prefieren un suicidio colectivo a rendirse a Escipión. Hialas es quien nos cuenta la decisión «Dejar un recuerdo que ni siquiera los romanos olvidarán, un recuerdo que los estremecerá generación tras generación […] ¿Qué decís? No digo nada pero tengo claro mi voto: la rendición».

No todos son héroes. O sí. Porque hay que ser muy valiente también para preferir ver el cielo cada mañana aun a costa de servir a otro toda la vida. La vida como bien único que todos poseemos y que algunos se creen con derecho a arrebatar las que les apetece. Como la guerra absurda y cruel que se vivió en España en 1936 y que detalles supersticiosos podían decidir en algunos casos si seguías con vida. Guerra que siguió en 1938 y en las montañas de Lleida se cobró las vidas de muchos jóvenes republicanos que nunca habían utilizado un arma «—Qué va, Garrido, a mí me alistaron a la fuerza en mi pueblo. Muchos huyeron, pero mi padre, que es de la FAI, me dijo que tenía que defender la libertad de España frente a los fascistas. Y aquí me tienes».

También el siglo XIX fue especialmente duro. Mendizábal ordenó suprimir las órdenes religiosas expropiando conventos para celebrar el triunfo de la revolución liberal, en 1835, de la 1ª Guerra Carlista. Lo de menos eran las vidas de los frailes agustinos, lo que contaba era la plaza de toros que levantarían al tirar el convento.

En 1836 las tropas carlistas deben apropiarse de ganados y tierras para consolidar «la causa del legítimo rey de España». No importa que haya una familia más o menos de pastores «No es posible. Es su medio de vida, y el de Luisa. Y Luisa está preñada». Y así se hicieron muchas guerras, muchas matanzas, sin organización, sin pensar en las consecuencias, «Y, sin más, apunta y descerraja un tiro en el pecho del pastor, que lo mira incrédulo mientras las cabras salen disparadas montaña arriba».

Antes, en el siglo XVI, cualquier mujer podía enfrentarse a la Inquisición por venganza de todo aquel al que no quiso complacer. No hacían falta pruebas para saber si decía la verdad «—¿Para mayor gloria de Dios? ¿Quieren ustedes que todo el pueblo me vea las tetas para mayor gloria de Dios? ¿Y después qué? ¿Qué creen que hará mi esposo después? Repudiarme, abandonarme […] ¿Podrán fornicarme Bartolomé y cuantos quieran del pueblo?».

En fin, ya en 1485, hizo falta una revuelta campesina para acabar con la servidumbre feudal. Los campesinos pagaron con sus vidas antes y durante la lucha. ¿Es este el objetivo de la historia de España? ¿Formar la patria con el dolor y la sangre de los débiles? Albert Merino, con un tono reflexivo, pausado, expone y razona sobre los horrores a los que podemos llegar.

Los diez cuentos son diez etapas diferentes que han formado la intrahistoria de nuestro país. Los temas giran, en todo momento, en torno al miedo, a la injusticia, al dolor de los trabajadores. Son cuentos que no están cerrados pero sí engañosamente abiertos para dejarnos meditando con unas voces narrativas que, ya sea en primera o tercera personas, mantienen la intensidad emocional.

Relatos detallados de un momento clave que aluden a un todo. Hay que leerlos, razonar con sus personajes y discurrir qué futuro queremos.

martes, 16 de septiembre de 2025

LA AMIGA ESTUPENDA

Cuando se cuenta una historia dura sin aspavientos, la historia resulta más dura aún a ojos del receptor. Lenú es la narradora protagonista de La amiga estupenda. Su amiga es Lila, Rafaella Carullo y, probablemente, represente de la forma más descarnada la condición de la mujer en una época y en un nivel socioeconómico determinados. Lila es inquieta, libre, poco dada a seguir las normas, increíblemente inteligente


—¿Quién te ha enseñado a leer y escribir, Carullo?

Carullo, pequeña, con el cabello, los ojos y la bata negros, el lazo rosa en el cuello y apenas seis años de vida, contestó:

—Yo

Mal cuidada por su familia, sale adelante sola pero, poco a poco van aplacando sus ansias de libertad, sus ganas de ser. La mente de Lila no para de idear hasta que a fuerza de golpes, de amenazas, de desprecios, en un momento determinado hace “clic” y queda sobrepasada.

Lenú, Elena Greco, hija de un conserje del ayuntamiento, cuenta la historia de su vida con Lila, la relación que tenían con sus vecinos de un barrio marginal de Nápoles. A mediados del siglo XX la educación era machista y ellas, las mujeres, lo asumían como algo natural. La mujer se limitaba a ser ama de casa o trabajar, además de en casa, en el negocio familiar. Las expectativas para los hijos eran que entrasen a trabajar lo antes posible para ganar dinero y, para las hijas, que se casasen pronto con un «buen partido» para suponer un problema menos en la familia.

A mediados del pasado siglo, en los barrios pobres se respiraba violencia, venganza, embrutecimiento y machismo. La escuela era algo secundario, los libros también. La envidia hacia las familias más pudientes estaba revestida de odio. Los celos hacia la pareja, también, «Anda, búrlate de mí, pero ¿te acuerdas de aquella vez que me amenazaste con la chaira? Si me entero de que te gusta otro, que no se te olvide, yo no me limito a amenazarte, te mato y punto».

La amiga estupenda es una novela que podría formar parte de las grandes obras del Realismo. Está firmada por Elena Ferrante aunque es un pseudónimo. El verdadero nombre, la verdadera identidad de la autora o autor no se sabe. Pues bien, pero la obra es magnífica. Ferrante se acerca de manera certera a detallar lo cotidiano. Los personajes son, más que verosímiles, reales; vamos conociendo su forma de pensar, el porqué de su manera de pensar, sus decepciones, sus amarguras, sus complejos… todo con un lenguaje directo. Los diálogos reflejan la problemática social de Nápoles en la posguerra.

No hay grandes temas en La amiga estupenda, o precisamente lo son, por imprescindibles: la vida de los distintos personajes, la falta de esperanza, la educación basada en métodos humillantes… No hay actitudes racionales sino machistas, oscuras, «sabíamos muy bien que los agresores habían sido solo tres y nos preocupamos mucho […] Los Solara, en cambio, maltrechos y despistados se pasaron una temporada moviéndose solo a pie […] verlos en esas condiciones me alegró. Me sentí orgullosa de mis amigos».

El retrato de las costumbres queda expuesto a la perfección, así como los tipos que pueblan los barrios marginales. Sin ninguna actitud moralizante. Puede que esto sea lo que aparta la novela del Realismo y la introduce en la novela intimista. Es lo que viven; la normalidad va de la mano de la violencia y el machismo.

Es el reflejo de una realidad social que muestra la opresión sufrida y asumida por la mujer y los niños, fruto de un patriarcado feroz y acomplejado que descarga su ira contra los más débiles mientras acata lo estipulado por quienes tienen el dinero.

La amiga estupenda es la primera de una serie de cuatro novelas. A su vez está dividida en cuatro partes. Como en todas las grandes sagas, la primera parte es una relación de todos los personajes: los componentes de nueve familias más los maestros y algún personaje suelto. Este apartado es de agradecer porque sitúa perfectamente al lector en todo momento. 

La segunda parte es un Prólogo, que viene a ser el epílogo de los hechos y el porqué de la novela, por qué Elena se decide a escribirla.

La tercera, Infancia, cuenta la historia de don Achille Carracci, el charcutero, hombre detestable al que, sobre todo los niños, temían como si fuera un ogro. Son dieciocho capítulos cortos que empiezan en 1944, cuando nacen las protagonistas y relatan la historia de su infancia hasta que Alfredo Peluso, el carpintero, es detenido por matar a Achille. En esta parte observamos la degradación del ser humano, la vida normal de violencia-venganza que llevaban en el barrio; el maltrato paterno, con consecuencias nefastas para los hijos, sobre todo a las niñas, cuya esperanza por salir de la miseria quedaba rota.

«El señor Peluso nos parecía la imagen de la imagen de la desesperación. Por una parte, lo perdía todo en el juego y por la otra, en público la emprendía a golpes con todo el mundo porque no sabía cómo darle de comer a su familia».

La cuarta parte, Adolescencia, cuenta la historia de cómo Lila, su hermano Rino y su padre fabrican zapatos novedosos con los que pretenden salir de la ruina. Lila idea modelos rompedores, excesivamente caros para el barrio. La vida del grupo de amigos de Lenú va tomando forma: algunos siguen estudiando, otros trabajan y Lila, con 16 años se casa con Stefano Carracci, de 23.

Aunque los capítulos siguen un orden temporal, la narradora introduce analepsis o prolepsis que más adelante podemos comprobar su veracidad o bien sirven de reclamo para siguientes novelas «Años más tarde, una noche de noviembre de 1980 —ambas teníamos treinta y seis años, estábamos casadas, con hijos—, me contó con todo detalle lo que le había pasado en aquella circunstancia».

Lenú explora los sentimientos de Lila a través de los diálogos, los de los demás personajes al describir sus acciones y los de ella misma, que brotan, mediante la primera persona, desde lo más profundo. Su voz pretende ser objetiva pero es completamente intimista. Lenú se desnuda ante el lector sin miedo a ser juzgada; ella es quien contantemente lo hace: cuestiona sus miedos, sus deseos… No le importa dejar expuesto su mundo interior. A veces se recrea en el dolor, pero sin aspavientos; simplemente deja que las sensaciones sobre ella misma, o las provocadas por las circunstancias de Lila, sean el motor de la narración. Retrata con precisión la atmósfera en la que vive, donde se acepta la muerte como parte de la vida y donde la mujer lucha continuamente por sobrevivir. Lucha que pasa por el conformismo cuando no se es consciente de otro mundo mejor y por la ocultación de tabúes, de crueldad física y psicológica a la que todos están sometidos y los moldea hasta hacer de ellos hombres rencorosos y vengativos, acomplejados; mujeres con rabia hacia sus propias hijas si ven que la vida les brinda oportunidades que ellas no tuvieron.

El desasosiego de Lenú es constante; ella, insegura aunque brillante, se ve silenciada en cada momento. También Lila es anulada. Ninguna obtiene la ansiada libertad que buscan. Les faltan armas para encontrarla y están acorraladas por los prejuicios, la violencia y el desprecio.

Sin duda, habrá que seguir con el segundo volumen de la saga Dos amigas.

lunes, 25 de agosto de 2025

VOZDEVIEJA

Durante la lectura de Vozdevieja se apoderaron de mí sentimientos encontrados. He adorado a Marina, esa niña de nueve años, inocente, que se mueve como pez en el agua con su abuela, sus vecinas y, en general, todos los adultos que conoce pero, rehúye a los niños de su edad, se siente diferente ante ellos y procura evitarlos. Como consecuencias de esta actitud, Marina ha despertado en mí cierta compasión porque no disfruta de su infancia. En el colegio la llaman vozdevieja, por su tono algo cascado pero, indudablemente, por lo que dice. Es capaz de convencer a un adulto de algo que no es cierto sin que parezca una mentira, dando la dosis justa y creíble de realidad aunque le cueste trabajo enfrentarse o llevar la contraria a una amiga.

Marina es la voz de una adulta desde la perspectiva infantil. Es el pensamiento de una mujer en una cabecita inocente. Es la palabra de una niña que no quiere perder la esperanza. Es la rebelión de una pequeña ante su infancia traumática. Es la angustia de ser buena para que su vida sea más fácil. Es la congoja de una chiquilla al darse cuenta de que crecerá sola. Es la esperanza pueril al ser consciente de que puede encontrar una amiga. Es vivir una infancia dura, tormentosa que puede aliviar en su imaginación.

Hay muchas Marinas a nuestro alrededor, niñas y niños que viven con la incertidumbre de no saber qué ocurrirá mañana, quién cuidará de ellos ni dónde estarán. Para ellos la infancia pasa rápida y las ilusiones también


—Odio esperar a los Reyes Magos […] ya estoy pensando en lo que me voy a pedir.

—Venga, socia, no me digas que te tragas todavía esa pantomima.

Estoy sin argumentos, sin esperanza. No doy crédito a su brutalidad y sigo caminando

La vida está formada por momentos buenos y otros no tanto. Marina lo aprende a marchas forzadas y se aferra a los buenos con todas sus fuerzas porque es lo que ha visto en su madre y su abuela.

A la madre de Marina, soltera, le diagnosticaron una grave enfermedad cuando ella era muy pequeña, por eso ha tenido que pasar temporadas con su abuela esperando los resultados de las operaciones de su madre, los controles, las recaídas… Ha encontrado en Domingo, el novio de su madre, un amigo; alguien que la quiere, la divierte; es lo más parecido a un padre que conoce, pero no lo es y ella lo sabe. No tiene seguridad de lo que ocurrirá cuando su madre no esté definitivamente con ella. Por si acaso Marina madre ha dispuesto su bautizo y su comunión para el próximo año, de forma que pueda ingresar en un internado religioso si ella muriera. Y Marina lo acepta, lo asume y, dentro de su inocencia, intenta ver el mejor lado de la situación.

Vozdevieja es una novela dura aunque el humor fresco de la inocencia alivie en cierto modo las reflexiones que, por otro lado, están plagadas de terror y sexo, fruto de las revistas de Domingo, que ella descubre desde el primer momento, y de las películas que ven juntos.

Elisa Victoria ha supuesto para mí un descubrimiento. Con una narrativa dura y delicada pone en la voz de una niña de nueve años los pensamientos y vivencias de un interior algo adulto.

A través de Marina descubro la relación de la autora con su madre, un amor infinito y doloroso, una prisa por que pase el tiempo y todo haya quedado atado hasta que sea la niña la que le pida algo de calma. Disfrutan cada momento que pasan juntas aunque no hay relajación para ellas. La enfermedad, el sexo, la política, la inmigración, la soledad… Todo se despliega en la mente de una pequeña que no ha encontrado censura aunque, como la mayoría de los críos, la verdad que conoce sea a medias.

Su abuela no tiene problemas para hablarle de sexo, de partidos políticos o de su relación con su propia hija; son vivencias propias de adultos y aunque a su alrededor todos quieren que vaya a relacionarse con niños de su edad, Marina no se siente aceptada en ese ambiente.

Las experiencias de nuestra protagonista hacen que el lector mire hacia atrás y se vea reflejado en ocasiones. Siempre, el estilo fluido de Elisa Victoria es ameno, engancha y, aunque sepamos que el destino de Marina está escrito, estamos convencidos de que su madurez obrará el milagro final.

De manera algo brusca, su madre también la ha ido preparando para que salga ilesa de cualquier complicación «Mi madre empezó a prevenirme sobre los peligros de esta cueva desde que empecé a hablar. Me contó que algunos hombres se ponen locos por tocar a las niñas aquí y en otras partes […] que si tenía miedo me acercara a una mujer antes que a un policía en busca de ayuda…».

La autora plasma con facilidad algunas costumbres de un barrio de los noventa. La acción transcurre en Málaga pero creo que el verdadero espacio es interior, son las reflexiones de la niña ante lo que ocurre en un verano interminable de calor en el que las vecinas se relacionaban, hablaban y veían la televisión. A través de estas relaciones somos conscientes de los comienzos del socialismo y de la crítica obrera a la iglesia, pero es una crítica blanca, vista por una niña capaz de conectar con otra cuyos padres son de derechas y católicos.


Bueno, aquí están por fin los votantes del Partido Popular.

—¿En tu casa son del PSOE? —pregunta […] Pero son unos ladrones y unos sinvergüenzas.

—Mejor no te digo yo lo que pienso de tu abuelo, el general franquista en África.

—Sí, vale, mejor no, no me interesa.

Voz de vieja es un canto a la inocencia y a la convivencia total.

martes, 22 de abril de 2025

MOSTURITO

Después de leer Mosturito uno se replantea el pasado, reconsidera al ser humano como tal.

Al revisar tiempos pretéritos ahora, hartos de añorar el vivir en la calle, el tener amigos con los que divertirse, tener libertad de horarios, tener las tardes libres para disfrutar… es conveniente que pensemos en la soledad de aquellos con los que nadie quería jugar, en el miedo de tantos otros de llegar a casa cuando el ambiente no era acogedor. Mucha calle, mucha libertad, pero también drogas, alcohol, vejaciones que nadie denunciaba porque era lo normal… Los pederastas existían y vivían como perfectos ciudadanos, los curas, también. Los maltratadores podían matar a palos a su mujer o a su hijo. No había compensaciones para las víctimas. Y todos callaban.

Al reflexionar hoy sobre el ser humano, a lo mejor nos damos cuenta de que no tiene tantos buenos sentimientos como creíamos; o están mal repartidos. En cualquier caso, después de leer la novela de Daniel Ruiz, comparamos lo que sucede en 2025 con lo que ocurría en los 80 y llegamos a la conclusión de que el Hombre es más despreciable de lo que pensamos. ¿Cómo toleramos el machismo? «El ventura tiene canas a los lados del pelo y unas gafas grandes y en realidad es un enano que no tiene ni dos guantazos».

Mosturito es una novela sobre la vida en los barrios de los años 80. Son personajes literarios pero es un texto real.

He leído la vida de Mosturito, Pedro Gotor Fernande, y aún llevo dentro la rabia, la pena, la compasión y las ganas de venganza.

La pobreza, la violencia y la miseria han hecho de Mosturito, Mostu, un pícaro que aprende a callar, a robar, a pensar y a sobrevivir con lo que tiene en cada momento. El amor por la Tata y la amistad del Zurdo le enseñan a ser fuerte y enfrentarse a todo con valentía.

Pedro, Periquillo, es un niño de diez u once años que vive con su Tata desde que su padre mató a su madre de una paliza y a él lo dejó deformado. Lo único que tiene en el mundo es a su tía y ella sobrevive como puede para cuidarlo, para enfrentarse a aquellos que abusan de él, se burlan, «Mosturito, Carastrujá» o le pegan. Son dos perdedores que se protegen mutuamente hasta que el niño conoce al Zurdo, un chico mayor, de la alta sociedad, drogadicto, que le demuestra su amistad y le da la oportunidad de demostrarse quién puede llegar a ser.

La historia es dura y de una ternura infinita. Es imposible no querer a ese niño contrahecho y a su tata, gorda, demasiado aficionada al alcohol, y desbordada de amor hacia su sobrino.

Y es imposible no admirar a Daniel Ruiz. La narración es fantástica. El narrador es el protagonista quien, desde su punto de vista cuenta en primera persona, y con un lenguaje oral, su historia plagada de términos del argot, tantos que a veces hemos de parar la lectura y volver atrás para entender lo que dice: «fumete, jarto, moni, palique, quinco…»; lenguaje que lo instala en un nivel sociocultural bajo. A Mosturito no le importa nombrar palabras tabú: culo grasiento, el cogollo… Las irregularidades sintácticas logran que prevalezca el sentimiento o aquello que le interesa remarcar; la dicción correcta es lo de menos. Lo observamos en oraciones agramaticales en las que queda claro dónde está la importancia del enunciado, «Está todo el día fumando, la Tata, y las paletas las tiene grises…» «y alguna vez el bocata la Tata lo tira demasiado flojito y acaba en el taller».

En la sintaxis elimina el superlativo y lo sustituye por la repetición del adjetivo en grado positivo o con expresiones propias de la jerga coloquial, «siento dolor fuerte fuerte» «de tela de lejos».

Creo que uno de los rasgos que más llama la atención es el uso continuado en la escritura de la variedad oral; el autor consigue formar nuevas palabras con todos los medios a su alcance:

– Usando escritura fonética: sielo.

–Sufijaciones incorrectas, pintarraca, guapura, totalmente expresivas.

–Unión de palabras mediante haplología mentretenga, sahecho, carastrujá, pal otro lado, cagon tu madre.

–Palabras nuevas por asimilación de vocales dispierto, yanki (por yonki); o por disimilación, chiquetito.

–La composición según la fórmula verbo+ nombre también da resultado, agarraniños; o simplemente mediante apóstrofos, pal.

–Formación de palabras por supresión de sonidos, bien con aféresis: ira (mira), enga (venga), suntosociales, quillo; con síncopas: salío, hijosputa, masca (mastica), vi (voy) Gosgoblin (Go Go Goblin); con apócopes: zanca (zancadilla), pa (para), namenos; con la utilización de hipocorísticos: Puri, Periquín.

–Asimismo forma palabras mediante prótesis de sonidos: endiñarle. Y es común la trasposición, en la que usa metátesis: daleo la cabeza, mosturito, murciégalo.

–Forma palabras derivadas por similitud; así encontramos guarreosos, porquerioso… Pero no cabe duda de que la tendencia, sobre todo en la lengua oral, es a economizar sonidos y así podemos encontrar términos como oruta (eructa). Son palabras cargadas de sensibilidad que aportan una afectividad fuera de lo común en un niño por todo lo que lo rodea. A veces elimina signos ortográficos para incidir en la continuidad de lo que cuenta; esto unido al polisíndeton alarga el sufrimiento del protagonista, «y me ven de lejos y me dicen ira el mosturito ira el mosturito».

En los momentos más profundos, cuando habla de sí mismo en segunda persona nos proyecta hacia su propia intimidad y su propio dolor, «Tienen miedo. Todos tienen miedo de ti mosturito. La sensación es nueva, se parece a cuando estoy en la azotea y tengo vértigo y a la vez no me importaría tirarme».

El ritmo de la novela es ágil, influyen no solo las modalidades del lenguaje oral, también los capítulos cortos; las comparaciones con alusiones a la televisión de los 80; los latiguillos utilizados para terminar las frases, «también la Bombi, que es la de las tetas gordas y el pelo azul, quillo, Zurdo, llégate a por un litro, o qué», «y el padre cabrón tiene toda la cara de Gargamel»; al ritmo dinámico contribuyen, asimismo, la eliminación de la voz del narrador o la mezcla de exposición de hechos, pensamiento y diálogos, «la sujetan por detrás y le retienen el bate y ella sigue gritando y tranquila Tata, por dios Tata, tranquila».

A pesar de la historia despiadada, los recursos literarios bañan el argumento de dulzura, bien con elipsis, «A mi niño ni un pelo», bien con animalizaciones o cosificaciones «manos de choco gigante», «gran torre de carne». No cabe duda de que la pena es fundamental para exaltar el lirismo con metáforas «Me gustan las pecas de la Estrella, es como si alguien le hubiera echado una cucharada de canela en la nariz» o con oxímoros «Y el silencio es lo peor. Porque es un silencio lleno de ruido».

Y si no lloramos leyendo Mosturito es porque en este ambiente inhumano destaca el humor, la agudeza o la inocencia con la que Mostu describe los hechos, la ironía que emplea en momentos difíciles y su disposición para despreciar aquello que no le gusta, «vuelve con un mierdoso pastelito», «cara de burguer con extra de carne», «un cuadro de Jesucristo con los ojos azules y medio pelirrojo en el que Jesús parece un jipi gay», «es un tío calvo, encogido, bajito, se parece un poco a Filemón».

Y en esta ternura, con este humor, Daniel Ruiz pone en tela de juicio la desolación con la que los más pobres han de enfrentarse a la vida, al acoso que sufren los niños, el maltrato de género, el maltrato infantil, la pederastia, las pesadillas constantes de quienes los sufren, la pena, el miedo y la indefensión y sobre todo, el deseo de poder controlar sus vidas.

domingo, 16 de febrero de 2025

ANIMALES DIFÍCILES

Siempre es reconfortante leer a Rosa Montero; su imaginación va más allá de la realidad que encontramos en páginas de ciencia ficción incluso, como es el caso de su última novela, la última (por ahora) de la saga de Bruna Husky, Animales difíciles.

Bruna es una androide re-reprogramada. Primero la hicieron como rep de combate, alta, fuerte, poderosa… pero su ingeniero le introdujo su memoria humana por lo que Bruna estaba dotada de unos sentimientos que, todo hay que decirlo, no tienen todos los hombres.

Por causas de su trabajo, a punto de morir, es salvada por el inspector Lizard in extremis.

Ahora, en Animales difíciles, aparece reconstruida de nuevo como rep de cálculo. Su cuerpo no es el que era, pequeño, sin fuerzas, casi invisible para los demás. Tampoco su cerebro, capaz de investigar lo que sea, resolver mentalmente cualquier problema matemático, geométrico o físico y recordar en momentos clave hechos definitivos para la humanidad, ocurridos tiempo atrás, miles de años incluso. Husky lo recuerda todo y nos lo recuerda, porque no es bueno vivir con pretensiones de progreso o poder cuando se ataca sin piedad a los más vulnerables, a los que no tienen nada. Porque las limpiezas étnicas no han traído más que sufrimiento y, además, no han dado resultado, aunque insistamos.

En la época de Husky hay una Zona Cero donde se hacinan los humanos de categoría inferior, sin apenas oxígeno para vivir. En la nuestra encontramos demasiadas zonas cero, donde los habitantes menos afortunados mueren sin que los privilegiados resolvamos con efectividad esta situación «Gabi era la niña rusa de la Zona Cero que Husky había rescatado sin querer en una frontera con los territorios contaminados».

Bruna tiene presente más que nunca la memoria histórica. Y como su memoria no deja de funcionar, recuerda su cuerpo anterior, su fuerza, su capacidad de reacción inmediata… y se enfurece con esta Bruna débil que tiene miedo, es insegura y puede ser derrotada con facilidad. La memoria de Rosa Montero y su imaginación y sus señas de identidad y ese temor constante a la muerte que ve tan cercana están en Bruna Husky. Es como si en Animales difíciles, Rosa le hubiera insuflado una parte de sí misma a su protagonista.

También la ha dotado con su capacidad de amar; estoy convencida, por lo que leo de Rosa Montero, de que el amor hacia todo preside su vida, hacia animales, personas, naturaleza… Hablar de Rosa es hablar de amor por la vida y rechazo a las injusticias y a las manifestaciones soberbias de poder.

Desde que leí Historia del rey transparente he intuido a la autora en sus novelas. En esta más que nunca, puede que porque, a pesar de ser ciencia ficción, es la más realista de las que ha escrito. Cuando en 2011 escribió la primera novela de esta saga, Lágrimas en la lluvia ya advirtió de que aunque era ciencia ficción, también se trataba de su novela más realista y política; siguió la línea con El peso del corazón y Los tiempos del odio. Las imágenes de Animales difíciles podrían ocupar las pantallas de un informativo actual.

La autora no se reprime. En el argumento hay un presidente de los EUT, Dong, que en realidad solo se mueve para fortalecer a empresas que le aportarán el control total del universo, que solo les interesa a él y a quienes como él quieren ostentar el poder aunque sea de pequeñas porciones del pastel, «irregularidades laborales, denuncias del trato de favor fiscal y legal que la empresa recibe en todo el mundo, falta de transparencia en sus movimientos […] es una megaempresa terrible, manda más que el gobierno de los EUT, ella es quien pone y quita presidentes, Dong es su esclavo y Ortiz, la esclava de Dong».

Montero está exponiendo una sociedad de 2111 y resulta que la vivimos casi exacta en 2025. Hoy triunfa quien más dinero tiene, la cultura es lo de menos (tenemos políticos que no han estudiado, apenas han trabajado, pero envenenan las conciencias asegurando que solo vale lo que ellos dicen, haciendo creer a las masas que son los elegidos, por lo que deben desprenderse de los que se diferencian en la piel, religión o estatus económico). Es necesario estar ante una sociedad crédula que no razona, para manejarla. Una sociedad que se contente con ser joven; es muy fácil asociar juventud, belleza y bondad «casi nadie, excepto los muy pobres o unos pocos frikis como Yiannis, dejaba que su cuerpo envejeciera tanto sin aplicarle remedios estéticos»

La autora advierte de que en la historia puede triunfar el mal pero es momentáneo, todo se ajusta tarde o temprano porque no puede triunfar el dinero de manera permanente si la gran mayoría no lo tiene.

Rosa Montero remueve conciencias en Animales difíciles, también otros escritores, otros artistas (la entrega de los Premios Goya es una muestra)… el problema es que quienes «eligen esa forma de suicidio que es la ignorancia» no leen, viven aferrados a los bulos que lanzan por las redes sociales «grupos radicales para crear conflictos sociales de los que puedan beneficiarse»; viven adorando a personas que ofrecen imposibles para el bienestar común: «La presidenta […] aprobar un decreto ley que permitiría que todos los ciudadanos de la región española pudieran convertirse en Kéfalos, si ese era su deseo […] nuestro gobierno siempre luchará por la libertad —peroró, enardecida. Y luego pestañeó con coqueta complacencia».

En fin, esto lo estamos viendo y no hemos llegado al siglo XXII ¿A nadie más le da miedo?

Pero afortunadamente Rosa Montero recibió en 2017 el Premio Nacional de las Letras, por su trayectoria literaria y periodística comprometidas y sobre todo esperanzadoras. Por eso en Animales difíciles Husky, acompañada de sus fieles Paul Lizard, Bartolo y el inolvidable archivero Yiannis, abren una puerta a la ilusión y al optimismo, una puerta que nos permitirá vivir en paz. Solo cuando se consiga, podremos ver la muerte como parte de un proceso natural «Es posible que haya perdido el miedo a morir».

En fin, no sé vosotros, yo le daría el Nobel de la Paz a Rosa Montero.

sábado, 25 de enero de 2025

PIEL DE CORDERO

Al terminar esta novela me viene a la mente la idea de que parece que la mujer vino al mundo con un único propósito: el conformismo; cualquier intento de rebelión supone un sufrimiento al que sin embargo, cada vez se enfrentan más mujeres.

Empezamos a leer en Piel de cordero el parto de Marina con el corazón encogido. Continuamos leyendo el nacimiento de Catalina sin apenas mover un solo músculo. Terminamos de leer el reencuentro de Elvira y Catalina con una ira que sube desde lo más profundo de nuestras entrañas haciendo que queramos gritar y terminar la novela cuanto antes para enterarnos de si cumple su promesa.

No se puede parar una vez que abrimos la última novela de Ledicia Costas porque nos sumergimos en la naturaleza mágica de una Galicia ancestral, que debe convivir con violencia, denuncias, miedo, tortura y muerte asociados a la Inquisición, en contra de las mujeres (que aunque parezca increíble la tuvimos en España hasta comienzos del siglo XIX).

La trama es envolvente; la autora es capaz de conectar dos épocas diferentes y dos espacios distintos en dos mujeres fuertes, conflictivas, a las que nos rendiremos desde el primer momento. Catalina y Lola son las protagonistas de las dos partes en las que se divide Piel de cordero. Ambas secciones comienzan con el sufrimiento de una mujer. Mujeres separadas por 200 años y unidas por la sangre y el dolor a los que se enfrentan solas; sin embargo las dos están rodeadas por otras que actuarán como tabla de salvación en sus vidas: Marina, Elvira, Angustias, Victoria, Ernes, Sole, Chelo, la madre…

Todas tienen un papel fundamental en el comportamiento y toma de decisiones de las protagonistas, Catalina y Lola. Catalina se ha criado en la aldea de Merlo, a finales del siglo XVIII, con su abuela Elvira, quien le enseña todo lo que sabe sobre plantas y conjuros y, a sus catorce años, llega a ser tan buena como su maestra. A partir de ahí Catalina se verá sola, al amparo de los espíritus de su abuela y su madre, Marina, a quien no conoció, como tampoco conocerá a Lola con la que conectará a través de su hija a principios del siglo XXI.

Piel de cordero es un libro de realidad brutal envuelta en un realismo mágico enternecedor.

La narrativa de Ledicia Costas es desgarradora y al mismo tiempo nos envuelve, nos sentimos parte de esa palabra. Las comparaciones imposibles del narrador se unen a letanías que constantemente se agrandan en el pensamiento de las protagonistas. Una y otra vez se obligan a pensar en personas e injurias; no pueden olvidarlas. Elvira y su nieta Catalina se lo repiten a menudo, no saben leer ni escribir; el lector es, con las repeticiones, consciente de la lista interminable de personas que las necesitaban y odiaban al mismo tiempo, «Eladio, el del ojo retorcido, putas de Satanás; los ministros de la Maldita Inquisición, una colección de agravios; […] Maruja nos dijo locas, no toquéis a mi hija con esas manos puercas […] María, que me dejé penetrar por un animal de carga…».

La vida en Merlo suponía un calvario para las que nacían con cierta sensibilidad, para las que dedicaban su vida a aprender el lenguaje de las plantas porque les estaba prohibida cualquier otra formación. Mujeres apartadas que veían comprometidas sus vidas en cualquier momento. Mujeres que conocían el ambiente avasallador del miedo al poder y al dolor. Mujeres que ayudaban a los demás a pesar de todo.

Los diálogos en esta primera parte, sin marca ninguna, se unen a las exposiciones de un narrador en tercera persona para acrecentar la congoja del lector, inmerso desde el primer momento en ese entorno caótico «…un letrero escrito por un vecino a quien había curado un prurito […] porque era asiduo a la casa de las putas pero, por favor, que esto no llegue a oídos de mi mujer…».

Las comparaciones son constantes. A veces encadenan plantas, animales y humanos de manera tan efectiva que lo vemos todo como una misma naturaleza; la mujer es parte de ella, desde que nace hasta su fin «…como el humus que se conformaba en el bosque, como el canto de las cigarras […] como el instinto de tronzarles el pescuezo […] Entiérrame junto a tu madre […] Planta otro tejo junto al que hay y visítame cuando sientas que necesitas estar cerca de mí».

Las leyendas conviven con una realidad supersticiosa, fruto del miedo y la ignorancia, fruto de la desesperación, porque la creencia en las brujas (o su existencia) llega hasta hoy

—Pues yo te digo que había un cura que la ayudaba…

—Ahora dime que también has ido a esa bruja […]

—Me llevó mamá

En esta novela adictiva hay varios temas que hacen que pensemos en esos niños, no solos los de antaño, privados de infancia, que solo conocen realizar tareas para las que no están preparados o se disponen a realizarlas privándose de la inocencia que debe presidir la niñez.

El tema de la menstruación ha sido tabú hasta no hace mucho. Aun hoy se dan embarazos no deseados por falta de información, por ver un proceso natural como un estigma que hay que sobrellevar en silencio, «no debía quedar en la tela ni rastro del pecado».

El determinismo femenino va desapareciendo; desgraciadamente no en todos los ambientes; todavía hay lugares en los que nacer mujer es una desgracia, «no te librarás de esta sentencia por mucho que pienses que tu vida va a ser diferente a las de tus antecesoras».

El sistema patriarcal que ha reinado siempre ha conseguido anular a la mujer, que se crea o se muestre invisible aun siendo la base fundamental de la sociedad «De quién había que proteger al pueblo en realidad. ¿De las mujeres? […] de las barbaridades que había cometido en el pasado la Santa Inquisición en el nombre de Dios […] Ya no quemaban brujas en las hogueras pero tenían el beneplácito para continuar con las torturas». Todavía hoy la mujer es torturada en algunos lugares en nombre de la religión o bajo el silencio vergonzoso de los estados.

La poesía resalta en tanta inclemencia. Catalina es la bruja de los insectos, rodeada de ellos fortalece su invisibilidad y su poder de transformación. La niña es débil pero puede ser poderosa gracias a su energía constante, la necesita para sobrevivir; se aferra a los insectos para que la ayuden y huye de la Iglesia. Ella, como los insectos en la Biblia, será vista como una plaga abominable que hay que exterminar. Los insectos que protegen a Catalina son la metáfora de su propia fuerza, que irá creciendo conforme sepa más «A medida que cogía soltura leyendo y escribiendo, Catalina se sentía más poderosa». Así pasamos a la importancia de la escritura y la lectura, al placer que se obtiene de ellas. También Lola estará relacionada con el saber, es bibliotecaria, «Soy una privilegiada». A pesar de sentirse bien en su trabajo es consciente de la desigualdad laboral por ser mujer, otro tema aún sin resolver en nuestra sociedad «—…Acaba de contratar a un tío recién licenciado con mejor sueldo que yo. Ya van cuatro». La autora denuncia, a través de Lola, la injusticia salarial que se da en algunas empresas privadas y el caos de algunos hospitales públicos que no tienen más remedio que abandonar casos graves por falta de medios, de personal o de espacio.

Por unas u otras circunstancias el tema de la soledad de la mujer estará presente en la novela, porque es una soledad que está dentro de nosotras y nos reviste de pena «A veces agradeces estar lejos de esa casa envenenada de recuerdos y otras necesitas tu cama, tu manta, eso que para ti es hogar».

martes, 13 de agosto de 2024

UNA HISTORIA RIDÍCULA

El último libro que he leído de Luis Landero me ha hecho reflexionar bastante durante su lectura, prácticamente iba comentando las diversas acciones, algunas inclasificables, del protagonista; al finalizar la lectura me he reafirmado en mi idea de que se debe leer un libro hasta el final, te guste más o menos, porque solo así podremos hablar de él con conocimiento de causa. Otra cosa es que su lectura no sea gratificante, pero esa es otra historia.

Una historia ridícula empieza bien. Marcial Pérez Armel se presenta y se dispone a contar su historia. El caso es que tenemos la impresión de que lo que narra va dirigido a nosotros: «ustedes mismos, quienes lean estas letras, son para mí unos extraños y, por tanto, una amenaza en ciernes». Sin embargo nos iremos dando cuenta de que en realidad sus primeros receptores son oyentes, aunque en todo momento piense en los posibles lectores del libro que él mismo ha escrito aconsejado por el doctor Gómez: «seguro que a alguien, quizá al doctor Gómez, le faltará tiempo para ironizar… Aunque había decidido olvidarme del lector y del doctor Gómez, una vez más oigo la voz inquisitiva de alguno de los dos…»

El vocabulario es variado. Con gran surtido de términos el protagonista decide exponer sus confesiones. Aun admitiendo que no ha estudiado tiene un alto concepto de sí mismo y su cultura, «creo ser un buen conservador, profundo, versátil y por momentos (repito: solo por momentos, y cuando lo pide la ocasión), incluso divertido».

Todo en Marcial resulta paradójico, confiesa ser amante de la naturaleza y los animales pero ejerce de “matarife” en una empresa de productos cárnicos, se precia de saber más que cualquiera que haya estudiado en un centro oficial pero se enorgullece del único elogio que obtuvo de un profesor «y además en público, que es como lucen de verdad los elogios», se sabe querido por Merche pero decide terminar esa relación porque no tiene la gracia de Pepita, aunque es consciente de que ella no lo aceptará en su vida.

Y es que en realidad Marcial es un acomplejado, tímido, incapaz de resolver de pequeño las burlas infligidas por un profesor de su colegio; incluso sus compañeros se reían de él por su forma de ser introvertida, por su físico débil que no acompañaba a su altivo nombre…; este comportamiento llegó a traumatizarlo hasta conseguir que odiase a todos los que lo rodeaban. El temor a quedar en ridículo fue tan grande que terminaba haciéndolo constantemente aunque él no fuera consciente de ello.

Luis Landero usa un estilo también paradójico: fluido, de hecho su narración es ágil y entretenida pero adolece de excesivas repeticiones, analepsis y vueltas a lo mismo «Ya dije antes, y no me cansaré de repetirlo […] Claro que pensé en eso […] Repito: el placer que nuestra animadversión empezaba ya a proporcionarnos». Y así empecé a mostrar yo también cierta tirria por esta narración en la que apenas pasaban hechos; su lectura me llevaba con una y otra vuelta a la misma reflexión, consiguiendo que viera a Marcial como un egoísta vanidoso por el que no sentía ninguna simpatía. Tampoco él empatiza con nadie, porque está convencido de que todos se burlan, de que no hay comportamientos sinceros. Marcial cree que vive en un mundo que no lo acoge, por lo que constantemente se transforma para poder encajar y, de manera absurda, esto le hace adoptar un proceder ficticio.

Es necesario seguir leyendo para ir entendiendo a Marcial y descubriendo a Landero.

Marcial es el fruto de una sociedad que lo ha hecho soberbio y miserable, incapaz de mostrar sus sentimientos, alguien sin compasión que vive en un continuo divagar simplista, sin profundizar en lo individual sino en generalidades. Constantemente se da de bruces con sus complejos, algo que admite, pero su trauma le hace involucionar y lo relega al engreimiento y al patetismo.

Marcial es un hombre anodino que lleva una vida más o menos según lo esperado de su condición sociocultural, hijo de un albañil que nunca disfrutó de la vida y que «el único (consejo) que me dio en toda su vida: “No des que hablar”, me dijo».

Hasta que Marcial se encuentra a Pepita, una chica de clase superior y pretende, a toda costa, estar a su altura para enamorarla. Pero ¿qué es estar a la altura? Nuestro protagonista lo tiene claro y nos advierte al comienzo de la novela, «es una lucha de poder, y en esa lucha estamos todos, todos los días y a todas horas, de modo que la historia de esa lucha es la historia de nuestras relaciones sociales».

Marcial lucha por desprenderse de Natalia, de Merche, de todos aquellos que no le permiten relacionarse con los que representan el poder y conseguir a Pepita, pero el encorsetamiento al que se ha visto sometido desde pequeño no se lo va a permitir.

Marcial es fruto de una sociedad represora con los débiles, una sociedad que no soporta a los pobres y humilla a quienes pretenden acceder a un puesto que por tradición no les corresponde, así su comportamiento se vuelve violento cuando se da cuenta de que se había dejado llevar por una vida monótona, con unas acciones establecidas, una prostituta fija sin otra pretensión que la de desahogarse y que denota una total soledad, «Nos veíamos todos los sábados por la tarde a las siete en punto, y estábamos juntos durante dos horas. Siempre fue así», y una novia con la que mantuvo una relación de casi tres años, aunque parecía insulsa y representaba lo que él rechazaba, «Merche tenía […] mucha materia y poco espíritu […] carecía de cultura […] pero respetaba y valoraba mucho el saber…».

Conforme vamos conociendo a Marcial nos damos cuenta de que su periplo no va a terminar bien; se enamora de Pepita pero siente que no es correspondido. Este es el tema principal de su historia. Como subtemas hay muchos, infinidad de reflexiones sobre los abusos, la falta de aspiraciones de la clase social baja, sobre los enredos de la gente para aprovecharse de los demás, sobre las extorsiones admitidas, sobre el empobrecimiento de las relaciones personales, sobre los que ven el lado optimista de las cosas porque no se han parado a reflexionar, sobre los que juzgan y critican a los demás… Multitud de disertaciones en las que adivinamos «el sentimiento trágico de la vida» y por supuesto la tragedia que esconde la historia de Marcial que, en ningún caso es ridícula a pesar de ser grotesca. Una historia ridícula es el título del cuento que Marcial escribe de niño; una fábula en la que, cuando nadie sentía compasión por él, escribe un cuento en el que los insectos más repulsivos ayudan a un langostino que se siente separado de su familia. Un cuento que engloba la inocencia y debilidad de los niños, el realismo mágico literario, el drama de la existencia humana y el humor irónico de ciertas normas o la ausencia de ellas en nuestros actos «¿qué fue de […] mi concepto del honor? O bajando en el escalafón ¿qué fue de mi decoro? ¿y de mi teoría sobre la altura de las circunstancias? Porque ya en la camiseta iba yo pregonando la intención de sobrepasar esa altura, cualquiera que ella fuese».