He vuelto a leer Diabulus in musica. En 2002 compré el libro, en una edición de tapa blanda y lo leí. Ya había quedado encandilada con Melocotones helados e Irlanda, así que en cuanto salió esta novela la compré, la leí y me gustó. Espido Freire se convirtió por aquellas fechas en mi autora preferida. Además, su aspecto físico, un tanto etéreo, contribuyó a que me encantase ella como persona también. Tengo el libro dedicado por la autora. Una dedicatoria que se nota desde el afecto; estéticamente, también es la más bonita que conservo; la letra pequeña contrasta con las mayúsculas, desmesuradamente altas, así como los largos trazos verticales del resto de palabras. Me encanta. Su dedicatoria ocupa toda la página. Incluso de su mano, en la última página está anotado un correo y un teléfono para ponerme en contacto con ella cuando quisiera. Nunca lo hice, quizás por vergüenza, no sé.
El caso es que leí que Diabulus in musica fue reeditado por
Bocket, en 2020, y con algunos cambios porque la propia Mª Laura Espido Freire
consideraba que en aquella edición algo no quedó claro y el lenguaje resultaba
un tanto confuso. He vuelto a leer mi edición y la he vuelto a encontrar
perfecta. Es literatura fantástica, puede que a principios de los dos mil no se
llevase tanto, no sé, pero esta novela introduce elementos sobrenaturales que
intensifican las dudas respecto de lo que pasa en el argumento: una chica de
Bilbao se enamora de un compañero, apasionado por la música y apasionado por el
personaje de Balder; se viste como él e intenta imitarlo en todo. Esta actitud
hace que ella lo siga a todas partes hasta que se da cuenta de que es como un diabulus in musica, que rompe el orden
natural de su vida, así que decide continuar solo con su amistad. Nuestro amigo
Balder, Mikel en realidad, se suicida al poco tiempo. Ella se va a Londres y
allí conoce a Christopher Random un actor cuya fama, sobre todo, es por
representar el papel de Balder en la serie televisiva Ragnarok.
Cuando ella está con él, es como si
estuviera con Mikel. En realidad está atraída también por el personaje. Se
produce entonces una relación, en su mente, a tres personas, mientras que en la
realidad es una prisionera de Chris; hace lo que él quiere en todo momento,
aguanta su mal humor, sus desplantes, cualquier cosa por una caricia.
No se da cuenta de la relación tóxica
en la que está inmersa hasta que un director de teatro, amigo de ambos, quiere
llevar a escena El caballero de Olmedo.
Surge la duda en la asignación del papel para Chris. En la reflexión de si es
conveniente que haga de don Alonso o don Rodrigo, es cuando ella se da cuenta
de su verdadera relación con Balder, Chris, Mikel; y toma una decisión.
Probablemente la única de su vida.
Creo que la clave de la novela está en
la unión de la literatura, la tradición, la religión, los mitos… todo gira en
un orden perfecto y termina con quien intente desbaratarlo.
Los protagonistas llevan un demonio
interior que intenta interferir en su evolución; que no quiere cambiarla sino
destruirla, por eso la realidad aparece fuera de toda lógica convencional.
Ella duda ante los hechos, no sabe si
pertenecen al sueño o a la realidad. Los lectores tampoco; las constantes
analepsis y prolepsis en un presente, en el que fenómenos extraordinarios
irrumpen con total normalidad, consiguen una constante lucha Bien–Mal en el
interior de ella, Chris y Mikel frente a Balder, «…el futuro quedaba por cumplir. Ahora habitaba en el reino del frío y,
a menudo, me sentaba en el borde de la bañera […] frente al espejo, y estudiaba
mi rostro hasta que los rasgos se desdibujaban y terminaba observando algo
mucho más allá de mí».
La protagonista solo está bien en el
silencio de su sueño, de su mente, como si no quisiera habitar en la realidad;
de hecho no tiene nombre, es invisible, más que para los demás, para ella
misma. Constantemente necesita que le digan qué hacer, que no es otra cosa que
servir a Balder a cambio de su atención absoluta. Pero llega un momento en que
es consciente de estar siendo manejada, primero por Mikel y luego por Chris.
Cuando tiene esa certeza está segura de que su único futuro es con Balder, para
no romper del todo su orden establecido.
Final sorprendente en el que también
encontramos un interesante punto de vista sobre la tragedia de Lope de Vega, en
el que la fatalidad de la obra viene causada por la ruptura del orden
establecido; por eso muere don Alonso, el extranjero que ha ido a romper el
orden, y muere don Rodrigo, que se «opone
a ese fatum, al destino ya trazado, porque el anterior, en el que él triunfaba,
era el correcto. Él es por tanto, el auténtico héroe griego».
Y para que la
novela tenga un orden cósmico, ha pasado el tiempo; todo ha girado para volver
donde empezó. Encontramos al final las mismas réplicas de diálogos que al
principio, aunque dichas por diferentes personajes
—No
vas a desaparecer, ¿verdad? (Chris a ella)
—No
vas a desaparecer, ¿verdad? (Balder)
—Es
curioso —repetía él—. Al menos a mí me parece curioso (Chris a ella)
—Es
curioso. Al menos, a mí me parece curioso (Balder)
—Me
has envenenado —dijo—. Me estás convirtiendo… (Chris
a ella)
—Me
has envenenado, mujer (Balder)
Es el tiempo circular contra el que nadie puede luchar sin quedar lastimado. Ella tiene una obsesión, encontrarse a sí misma. Ha intentado ser la que domine su mente y su cuerpo, oponiéndose a Mikel y Chris y enfrentándose a sus necesidades mediante la bulimia «No comías bien, te alimentabas de naranjas y jamón cocido, y comenzaste a saltarte el vaso de leche tras el almuerzo, la merienda». Pero en este universo no lo consigue. Por eso, tras un viaje interior, lo hace en el sitio en el que se encuentra cómoda, allí donde le permite ser etérea, espiritual siempre.



















