martes, 25 de agosto de 2026

LAS VIDAS SECRETAS DE LAS MUJERES DE LOS ASESINOS




Beverly, Margot y Elsie son tres mujeres diferentes. La primera es de clase alta; ha sido educada para ser una buena esposa que acepta todo lo que dice y hace el marido, por lo que en los planes de su madre no entraba otra cosa que no fuera el matrimonio a una edad temprana; es tanta la presión que acepta casarse con un fontanero, simplemente porque es el primero que se lo pide. No descartamos que el chico en cuestión viera un futuro brillante con ella.

Margot fue criada, con su hermano, por su madre, que no dudó en prostituirse para sacar adelante a los niños. Margot ha aprendido la lección, así que aprovecha su físico espectacular para atraer a un renombrado maduro político. Elsie se dejó seducir por su profesor de instituto, con quien se casó. Sin embargo él nunca le perdonó que lo expulsaran del centro por abusar de una alumna «al principio, la piel blancuzca y el vello corporal de Albert le resultaban repulsivos […] Pero no se suponía que ella debiera disfrutar. Era su esposa. Aquel era su trabajo, a fin de cuentas». Económicamente no está tan bien como las dos anteriores, así que trabaja en un periódico de secretaria, aunque pueda ejercer de periodista.

Beverly, Margot y Elsie son diferentes y, sin embargo, tienen algo en común, han sido maltratadas por sus maridos que, además, son asesinos.

Si juzgamos por la portada del libro podemos pensar que el ambiente en el que se desarrolla es glamuroso. Puede que haya cierto glamur en la novela, siempre mucho menos del que sugiere. Es cierto que la sociedad de los años 60 está perfectamente reflejada. La sociedad de clase media-alta. Un ambiente en el que la mujer era poco más que un objeto; se la educaba para serlo y se la castigaba cuando algo no iba bien. Lo que fuera.

Por eso las protagonistas quedan reducidas al ostracismo cuando salen a la luz los asesinatos, cometidos por sus maridos, de mujeres que, por supuesto, «han facilitado, cuando no buscado, su muerte. Por darse a conocer. Por quedarse fuera hasta tarde. Por besar al chico. Por llevar un vestido corto. Por ser guapas. Por no ser lo suficientemente guapas. Por ser gordas. Por ser bajitas. Por ser llamativas…».

Elizabeth Arnott explora la superficialidad de algunas mujeres de los 60. Casi cien años después y tras avanzar en un camino que abrieron mujeres como nuestras protagonistas, da miedo comprobar la regresión que algunas empiezan a experimentar. Para todas ellas es recomendable este libro; es ficción pero real como la vida misma. No nos hemos desecho del maltrato «Henry la había regañado delante de todos. Cuando estuvieron de vuelta en casa él le impuso su castigo. Ahora se retuerce la muñeca como si aún pudiera sentir el pinchazo de las pinzas o pudiera oír todavía el sonido sibilante de su propia carne al chamuscarse».

Las vidas secretas de las mujeres de los asesinos explora en profundidad el pensamiento social machista de la época ¿De los 60?

Aun hoy hay quien está de acuerdo con Alice, la madre de Bev quien, tras haber sido acusado de asesinato y encarcelado Henry, insta a su hija a que vuelva a casarse «Dice que es perjudicial para los niños no tener una figura masculina en su vida, que los vecinos respetarían más a Beverly si tuviera pareja». Este juicio es el responsable del gran conflicto emocional que arrastraban las mujeres del siglo XX. Las de clase alta aportaban cierto glamur en algunas situaciones; las otras eran objetos de los que se servía el hombre para tener una vida más fácil y placentera.

Hay algo turbio en esa importancia extrema de la apariencia externa, en esa preocupación excesiva por el qué dirán. Y, en medio de esta situación, la decisión de tres mujeres vapuleadas cuyo único pecado fue haber estado casadas con asesinos. Mujeres que resuelven con entereza descubrir quién es el nuevo homicida en serie de cuatro chicas; afianzan una relación de solidaridad entre ellas y de empatía con el sexo femenino; un reconocimiento de alianza frente a la opresión masculina y al menosprecio social «”Tienen que detenerla a ella también por cómplice”, oía susurrar. “No entiendo cómo no la consideran tan culpable como él. No hay forma de que no lo supiera”».

El estilo de Arnott es sencillo, claro, de ritmo ligero; la asequibilidad estilística no es obstáculo para meterse de lleno en la psicología femenina de la época, para denunciar la discriminación sexista y la falta de seguridad en sí misma que tenía la mujer.

Es como si el sexo femenino no pudiera llevar a cabo nada sin contar con el hombre; su aprobación era todo lo que hacía falta. «Ella estaba allí para satisfacer sus impulsos y hacerlo feliz, incluso si eso significaba hacer algo que no quería hacer». Pero las protagonistas aprenden durante la novela y atisbamos un conato de esperanza para las mujeres. Eran los años 60, la lucha por la igualdad empezaba con fuerza, sobre todo empezaban a no culpabilizarse ellas mismas «Él nunca lo hubiese hecho si tú no hubieras sido tan coqueta —balbuceó— ¡Lárgate!».

No solo quedan remarcadas en la novela frases como esta que denotan el pensamiento de la mujer sobre la propia mujer. Encontramos una estética social del último cuarto del siglo XX


«se aplica debajo enérgicamente crema solar Coppertone»
«colocaba los huevos rellenos en las bandejas»
«la casa era casi un palacio, con varios Ford Thunderbird en la entrada»
«…prendas con estampados tie-dye y tofu?»

Por otro lado, el misterio sobre quién puede ser el asesino que viene actuando por la zona se mantiene hasta el final. Las tres protagonistas se unen para investigar actuaciones en común de sus exmaridos y sacar un posible patrón del criminal. La lectura es ávida porque la tensión va en aumento con diferentes recursos propios del noir: prolepsis interrogantes, analepsis falsamente sospechosas, cambio de personaje en el siguiente capítulo, cambio de situación, que deja abierta la anterior, intercalación entre los 50 capítulos, titulados según secuencia numérica, de seis cuyo título hace referencia a algo que ocurre a otra mujer. La voz de esta secuestrada surge en primera persona para mantener la esperanza durante su tortura.


Me pondré ropa interior limpia.

Moveré el cuerpo con libertad, sentiré el sol en la cara.

Lavaré tu olor de mi ropa, de mi piel.

Volveré a respirar aire fresco.

Desenlace que no sabremos hasta el final.

miércoles, 12 de agosto de 2026

LA GENTE A VECES

A veces, la gente pasa por situaciones que la ponen a prueba. Un examen que hay que aprobar a toda costa porque se ha estudiado mucho pero la pregunta no se sabe… ¿Podríamos inventar una respuesta con los conocimientos que tenemos? Un ser querido que muere y no estamos preparados… Relaciones basadas en mentiras porque no queremos “defraudar”. Situaciones que fomentan la arrogancia, nuestro lado más prepotente, en un arrebato de falso orgullo que tiene más que ver con la soberbia del engreimiento y su desvanecimiento al ver a otros que la utilizan igual.

A veces, la gente imagina realidades paralelas anhelando una vida menos rutinaria, menos previsible. ¿Qué pasaría si viviéramos un sueño y quisiéramos salir de él al darnos cuenta de que es real? Un futuro marido debe enfrentarse a su prometida y suegra en el peor momento…

A veces, la gente estropea una y otra vez las oportunidades que le brinda la vida para terminar viviendo algo que no entraba en las expectativas. Porque somos así: absurdos e inseguros.

Esto es lo que ocurre en La gente a veces; relatos en los que podemos vernos reflejados en algún momento; si no en el todo, seguro que en parte. Son situaciones que se pueden presentar en la vida, situaciones corrientes pero que, por inseguridad o pedantería las resolvemos de forma penosa. Lorenzo Antúnez lleva el querer ligar, el planificar una familia, el no asumir responsabilidades en el matrimonio, el no desear hijos, el no querer hermanos…, al límite; de hecho, el impersonal “gente” se transforma en este libro en personas a las que conocemos, somos nosotros; los que habitamos una sociedad cada vez menos natural y más desquiciada. El autor emplea a veces el humor, a veces la armonía, el diálogo o la reflexión contenidos hasta que aparece el golpe decisivo, irónico, implacable, ese que nos advierte de lo que somos, en lo que nos hemos convertido.

Los personajes van transformando, con acciones, su forma de ser y los lectores nos vemos plasmados en alguna de esas actividades por lo que la lectura es un ejercicio para comprender la identidad del ser humano, que pasa a ser nuestra propia identidad gracias a la técnica que utiliza Antúnez: dirigirse a un lector-protagonista del hecho, «Por supuesto que adornaba un poco su currículum. No basta con un buen físico. Hay que proyectar la imagen de un hombre triunfador. El que no lo haya hecho alguna vez que se marche de la sala inmediatamente».

El lector deja de ser un mero observador para convertirse en el impulsor de la actuación del protagonista. Es una complicidad irónica porque nos refleja en el típico fanfarrón. Al mismo tiempo ofrece la posibilidad de que cada uno personalice el hecho narrado. De una u otra forma somos parte de estos relatos. En Crucero todo incluido lleva al extremo el machismo; la narración expresa una distancia deliberada entre lo que cuenta y lo que sucede sin revelar contradicciones. El narrador se convierte en alguien poco fiable y deja al lector para que sea quien interprete correctamente lo que ocurre. Sabemos, por el sarcasmo, que el autor no participa de los hechos, «Siete noches daban para mucho, que seis eran más que suficientes para cazar una cervatilla». Los términos peyorativos para referirse a la mujer pasan por la animalización, el abandono corporal «Las mujeres, como locas por volver morenas, se desparramaron por las piscinas» y la cosificación «Todas comiendo de tu mano. Que quieres una rubia con las tetas operadas, hecho. Que quieres una con curvas, hecho». En la realidad las mujeres van abandonando a este tipo de hombres, por eso solo quedan en ese crucero Wallys, hombres que no se cansan de jactarse, con hipérboles absurdas que solo las creen ellos y exponen el mundo vacío en el que viven «Mi nombre es Wally, lo ha hecho usted fenomenal […] Wally con pectorales. Wally montañero. Wally pintor vanguardista, Wally sin colesterol. Ningún diabético alrededor de Wally […] salvo Wally. Todos estaban borrachos de felicidad. Hasta el capitán Wally…»

En ocasiones, la ironía aparece en el contraste de expectativas entre los personajes y remarca los verdaderos sentimientos. Es lo que le ocurre a Tom cuando Vivienne lo abandona para siempre «Resultaba evidente que Vivienne seguía queriéndole. Tom no estaba enamorado desde hacía mucho».

El tipo de ironía que predomina en La gente a veces es la situacional; Antúnez hace que el destino se burle de los esfuerzos de sus personajes, incluso en el caso de los niños, a los que castiga terriblemente. Es una llamada de atención, no debemos descuidar a los más débiles «Que aquella vela cumpliera su deseo tal cual era, sin matices, sin metáfora». Y si hay alguien débil es el drogadicto. Para él, el cuento más duro del libro: Plan nacional sobre Drogas, un relato en poesía que rompe las convenciones. Son versos sin rima, libres, de medida irregular, desde bisílabos hasta alejandrinos. El ritmo se rompe constantemente al mezclar versos de arte mayor y menor. La mezcla de personas primera, segunda y tercera consigue separar los sentimientos del protagonista con los diálogos que mantiene, incluso consigo mismo «Estoy así de loco / Ya verás / ya verás, Petri / hija de puta».

En realidad, la primera y segunda personas aluden a sí mismo y con la tercera nos introduce a todos


                        Esto es lo que diría cualquiera

                        un poco borracho

                        un poco drogado

Los versos paralelísticos anafóricos inciden e igualan la importancia de ese poco. Los tetrasílabos y pentasílabos aportan el ritmo rápido, frenético, de una vida paralizada por tres circunstancias: droga – falta de amor – falta de trabajo. Los versos paralelos con epanadiplosis marcan la fuerza e importancia de esas circunstancias


Es la coca, que te atonta

Es la Patri, que te atonta

Es el paro, que te atonta

El uso de la derivación y la anadiplosis aumenta la premonición de la comparación «Temeroso / temerario / Se ha bajado del coche / un coche negro y brillante como un ataúd».

El cambio de pronombres y el del modo verbal marca el contraste de circunstancias:


Las tuyas: tu ex, el paro, la droga

Las suyas: Su mujer, el curro, el aburrimiento

Y muestra el mundo subjetivo del protagonista.

Todo es ambiguo, de ahí que por momentos no aparezcan comas. Todo es un continuo para él; su vacío es constante, como el tema que unifica el poema: la ineficacia del Plan nacional sobre drogas por el egoísmo humano, por la prepotencia de los que no han caído. El giro argumental que marca la ironía situacional rompe las expectativas del protagonista y las nuestras, justo cuando lo conocemos: «no cae en quién es ese Charli», y genera un desenlace opuesto a la lógica; invalida lo previsible e invita a la reflexión sobre quiénes somos y qué tragedias podemos generar.

Diferentes estilos en los catorce relatos pero en todos la escritura se relaciona con la vida y Lorenzo Antúnez la usa para denunciar a un ser humano cuestionable.

martes, 4 de agosto de 2026

NADA EN SU SITIO

Cuando una niña es simplemente una niña mientras todos sus compañeros de clase y amigos tienen nombre y apellidos, es que algo va mal; al menos para ella porque no es especial sino alguien que pertenece a esa generalidad, pero da igual su identidad, tal como corrobora el indeterminado que sirve para designarla. Ella es una niña inespecífica, desconocida. O así se siente. Esta es la idea con la que Natalia Cantero abre su libro de cuentos Nada en su sitio.

Estamos ante el dolor y la vergüenza de sentirse ignorada en una familia; algo que ella asume con culpabilidad y la acompaña allí donde va, durante toda su vida. ¿Qué hacemos los adultos cuando traemos hijos al mundo para escatimarles amor? ¿Qué hacemos cuando nuestras miserias son tan grandes que no podemos desprendernos de ellas y tenemos al lado un ser más frágil? Puede que le hagamos daño físico o psicológico o moral pero lo que está claro es que lo que conseguimos es marcar para toda la vida a esa criatura.

El estilo de los relatos es amable, casi infantil y por eso al leerlos duele más. La historia de Una niña… nos la cuenta un narrador en tercera persona con un razonamiento adulto, desde un punto de vista infantil. La repetición de “una niña” marca el ritmo del texto mientras conecta con el lector que, inmediatamente, siente el miedo de esa niña, su inquietud y desorientación cuando sabe que en su vida falta la magia de la fantasía.

En El sentido de la marcha, un usuario escribe una carta quejándose de la compañía ferroviaria por haberle dado un asiento a contramarcha. Símil totalmente gráfico de cómo vive en el pasado, sin poder olvidarlo ni permitirle afrontar un futuro mejor. El dolor de la separación de la amada queda atenuado por las metáforas religiosas que convierten a la mujer en un recuerdo definitivo. La comicidad de la imagen la desacraliza a ella mientras resalta la simpleza de él «…yo la he visto así, con los brazos en cruz, que parecía una virgencita […] más y más pequeña, pasando de estatua a medallita…».

En Pérez, aparece el ratoncito de manera algo escatológica porque interesa sobre todo conseguir el regalo prometido en el tiempo adecuado. El narrador, con tono desenfadado expone hasta dónde son capaces de llegar los niños para conseguir lo que quieren. La fusión léxica ocasional aporta a la situación gran fuerza expresiva, «a pesar del gesto de sorpresa de su madre peroadóndevas», «ha vuelto a llamarlo muertodehambre».

El Cambio climático nos va a traer otras consecuencias devastadoras que no tienen que ver con él y quienes saldrán perdiendo, lógicamente, serán quienes posean trabajos más precarios, menos dinero, menos comodidades… Con una prosa agobiante, más aún por el buen talante, Natalia Cantero nos va introduciendo en el infierno que sufre un hombre que ve cómo debe acostumbrarse cada vez a disfrutar de menos bienes «El interfono sonó y esta vez no contestó. Volvió a sonar. Otra vez. Oía las risas de los niños que se bañaban, el ajetreo de los fogones en la cocina, a los vecinos brindar con limoncello en la terraza […] Se tapó los oídos con las manos pero no sirvió de nada»

Son dieciocho cuentos. La lectura de Nada en su sitio es dinámica; la amabilidad de las palabras, el dinamismo generan sin embargo cierto estado de agitación emocional, que los lectores sentimos antes que los propios personajes. A veces la tensión es casi insoportable; bastan unos puntos suspensivos para advertir un cambio. Lo sabemos, pero no llega y, cuando lo hace, el final cobra una fuerza tan directa que elimina cualquier rastro de esperanza. La falta de comunicación en las relaciones amorosas, con el consiguiente riesgo, la falta de sentimientos en la comunicación con el posterior resentimiento consiguen que a una mujer le baste el amor hacia su hija, todo lo demás es superfluo. Por el contrario podemos llegar a cometer la locura de ofrecer nuestro cariño por un salario. Algo que a lo largo de la Historia no ha sido tan loco: matrimonios concertados, arreglos desesperados en parejas, intereses comunes… La convivencia no es tan romántica como nos han hecho creer «…insistiéndole, tal es mi empeño en estar a su lado, en que me haga un contrato. Hágamelo […] No se arrepentirá».

Por el contrario, podemos conseguir eliminar de nuestras vidas a quienes más nos quieren con tal de destacar. Es difícil la convivencia cuando se impone un jefe; todos pensamos que lo nuestro es lo importante, que somos imprescindibles y, para no quedar al margen, somos capaces de hacer cualquier cosa incluso lo que antes hemos considerado como atrocidad, «Pili me clavó sus ojos azules, sus ojos inundados de mar y me sentí realmente triste».

De la misma manera nos comportamos ante la fama; da igual que lo que se diga sea verdad o mentira, da lo mismo que alguien salga herido. Importa la inmediatez, el momento de gloria ante las cámaras, en las redes. Aunque sea efímero. Y esto contrasta con el dolor, el verdadero dolor, el que nos va a marcar para siempre. Son hechos corrientes los que se narran en Nada en su sitio pero detallados cada uno como si fuera especial. Hechos que se ven envueltos en el despropósito, en la angustia, en la culpa pero buscan ante todo la redención de poder estar tranquilos, solos o acompañados pero sin el agobio de la soledad.

El estilo tierno, inocente, con un punto de ironía, consigue hacer de la lectura algo placentero.

Me ha gustado mucho, más cuando he visto que Natalia es murciana, más cuando he leído que también su familia da los abrazos chillaos.

martes, 28 de julio de 2026

LA VERDAD OCULTA DE WALTER ANDRETTI

No cabe duda de que estamos ante una novela negra diferente. Es cierto que tiene aires mediterráneos pero nada que ver, o casi, con la saga de Rocco Schiavone, aunque también fuera escrita por Antonio Manzini y aunque en esta aparezcan guiños a las del subjefe de la policía de Aosta, como las comparaciones entre humanos y animales «con la sombra desdibujada en torno a los ojos, parecía “un mapache”»; el gusto por los zapatos caros «¿De verdad se pueden desembolsar 200 € por unos mocasines?»; la misma metáfora para referir algo irritante «La típica tocada de pelotas del director»; y, por supuesto las continuas ironías hacia la clase alta.

Lo que está claro es que el autor se ha consagrado como uno de los mejores noirs actuales. Con una estructura original, una trama inquietante y un final sorprendente, La verdad oculta de Walter Andretti se hace imprescindible para este verano.

Comienza la novela con un prólogo en el que Andretti envía a una desconocida un «voluminoso pliego» con una historia, el 25 de octubre de 2018.

La Primera Parte da paso a la lectura que esta desconocida realiza del testimonio de Andretti, en el que comienza con una reflexión para advertirnos de que a veces se nos pasan por alto detalles de la verdad de un hecho porque «La arrogancia es nuestra peor enemiga». Andretti se presenta: era un periodista deportivo hasta que lo trasladan a “sucesos”, momento del comienzo de la historia. El periodista advierte que además envía un manuscrito que no es suyo. Y, con esta incertidumbre, la mujer da comienzo a la lectura y nosotros también.

Con una minuciosa descripción nos situamos en una vetusta casa en decadencia. Tuvo su momento de esplendor, pero ahora, un narrador en tercera persona se ocupa de ponernos al día de quién y cómo vive ahí «porque en su despacho, vetado para el mundo, Carlo Cappai usaba focos halógenos y mantenía ventanas y postigos cerrados a cal y canto».

El narrador deja a Cappai trabajando y retoma el relato con Flavio Zigon, un empresario racista y sin escrúpulos al que quitan la vida de un tiro mientras una nigeriana le practica una felación.

El narrador omnisciente regresa a Cappai, así conocemos que trabaja desde hace 30 años en el Archivo Judicial, por lo que está informado de todos los casos que pasan por allí. Una de sus funciones es destruir los expedientes de las sentencias absueltas, algo que el funcionario no lleva a cabo con según qué casos, como el de Luigi Sesti quien «sonreía siempre. La vida era para él un camino de rosas, la vivía con la ligereza de quien se sabe superior, importante y al margen de la ley de los hombres». También conocemos de Cappai su vida privada, tiene 58 años y vive solo en una casa en la que no ha cambiado nada, ni siquiera tras la muerte de sus padres.

La narración va haciendo sitio al diario de Andretti, que comienza el 5 de febrero, cuando ocurrió el asesinato de Zigon y él es enviado a cubrir el suceso. Andretti, a pesar de ser un novato, va uniendo cabos al relacionar a Zigon con el asesinato sin resolver de su excompañera Laura Faruk, algo que no se pudo comprobar judicialmente.

También resultaron absueltos los sospechosos de asesinato de Giada, su amiga, durante una manifestación estudiantil cuando tenía 16 años y de los padres de Daniele Martellini cuando estos decidieron compartir la herencia con su hermana Luisa.

Asesinatos de los que Cappai tiene los expedientes y se los va dejando a Andretti, por lo que el periodista va sacando conclusiones al ir a «buscar las fuentes de primera mano». Una labor minuciosa que coloca a Walter por delante de la investigación policial mientras se da cuenta de la farsa que los jueces representan ante según qué personas. Algo que Carlo Cappai sabía de primera mano «Crece, Carlo, y ¡lo entenderás! Él desencadenó la tormenta y salió de su casa dando un portazo bajo la mirada gélida de su padre».

Quien crece, y mucho, a lo largo de la historia es Walter Andretti que empieza como vacilante periodista de sucesos a ir desarrollando al máximo la sagacidad y la responsabilidad en las investigaciones criminales que lleva a cabo, si bien es cierto que pone el colofón a cada paso que da con símiles deportivos que describen su punto en la investigación, algo que acerca al lector y consigue una total empatía, «la esfera está en el centrocampista que supera a un adversario, sirve al ala en el área de penalti […] un tiro zurdo que va a besar la escuadra y… ¡gol! ¡Andretti dos, Cabrona uno!».

Varios narradores, cada uno con un estilo diferente, consiguen que Manzini demuestre, como Andretti, un trabajo juicioso desde el que el lector puede tener diferentes perspectivas de un mismo hecho. Lo personajes son de una psicología profunda, capaz de introducirse en la mente del lector y en el corazón. Los entendemos, los queremos aunque debamos reflexionar si sus actos son moralmente aceptables; si la justicia no lo es tanto según las leyes o es que hay leyes diferentes para cada uno. ¡Cómo es el hombre! capaz de olvidar actos deleznables y recordar otros clamando venganza.

Lo importante de la novela de Antonio Manzini no es la intriga, no es descubrir al asesino mientras leemos; lo fundamental es que el autor nos obliga a reflexionar sobre aquello que puede hacer que traspasemos los límites éticos que marcan la moral.

La justicia se tambalea, la verdad periodística también. Es normal el favoritismo en una sociedad que proclama derechos humanos imparciales. Con un estilo periodístico, Andretti puede ser el iniciador de una saga en la que los temas estén relacionados con la culpa, fruto de venganzas agazapadas con el principal objetivo de obtener justicia.

miércoles, 22 de julio de 2026

DE BAILE Y DE SOMBRA

Muchísimas gracias a Masa Crítica de Babelio por su nuevo obsequio. En este caso se trata de poesía y, estoy totalmente agradecida por haber conocido a una autora venezolana. La poesía de Laura Cracco se mete muy dentro porque es totalmente sensitiva, en la que la memoria es fundamental; nos acompaña y nos transforma.

De baile y de sombra está dividido en dos partes: Y la luz se hizo en el Safari Club y La muerte viaja en las palabras. La primera parte son poemas relacionados con la discoteca Safari, donde se dan cita, al acabar el día, personas que reviven con las drogas y el alcohol. O mueren. Casi todas viven allí malas experiencias pero no pueden abandonar el club.

Un día tras otro se lamentan por la falta de libertad para actuar, pero siguen estando oprimidos mientras esperan una redención


pájaros sin vuelo, cueros de tigre, cebras rellenas de estopa

Son jóvenes y lo ignoran,

la juventud es un cigarrillo que se quema

sin pena ni gloria

[…]

Al fondo, música rock y cajas registradoras

La segunda parte refiere una época en la que también, de forma más generalizada, nos sentíamos oprimidos; nos faltaba libertad, vivíamos malas experiencias pero tampoco podíamos abandonar ese encierro, físico o psicológico. Anhelábamos liberarnos.

Las situaciones externas son muy diferentes. El contexto donde habitan los diferentes yoes es distinto, uno está marcado por las drogas y otro por el Covid; sin embargo en ambos casos salen a la luz vivencias íntimas que conectan el yo con lo sagrado.

Hay un yo en la poesía de Laura Cracco que se siente derrotado y abandonado por su dios, cualquiera que sea el que existe, porque lo único que lo abraza es la opresión, tanto, que no deja salidas para escapar


Los héroes no sobreviven al final de la jornada:

[…]

pulmones infectados de agua maldita

[…]

Al atardecer ojos azules despuntan en la bóveda gris:

¿serán los ojos de algún santo que de tanto ser hombre

se hizo Dios?

Cuando de un ser humano solo quedan despojos deja de ser humano para quienes lo rodean y, sin embargo, sigue teniendo sentimientos, sigue necesitando apoyo y comprensión «La concha de Venus se convirtió en cenicero»; De baile y de sombra es la búsqueda del amor que llevan a cabo esos que son considerados piltrafas y no lo consiguen «¿Está hecho dios a nuestra imagen y semejanza?».

Los poemas de Safari Club suponen un puente entre el yo poético y lo que lo rodea, por eso “relatan” la vida de


Erika le clava jeringas a la luna,

Glenda y Rose fueron a darse unos pases

Laura está hasta el culo de marihuana

el Pelón no es el mismo desde el accidente

Jóvenes que tienen necesidad de un compromiso moral; lógicamente no consiguen llevarlo a cabo; de ahí que el yo poético se comprometa con el lenguaje. El mundo es un espejo y al mirarlo nos devuelve imágenes estremecedoras pero necesarias para despertar conciencias y consciencias.

Son jóvenes que buscan la salvación moral a través del miedo. Laura Cracco encuentra una posible salvación social en poemas que son prosa, mediante los que reflexiona sobre la individualidad de aquellos que experimentan, a pesar de la muchedumbre, una profunda soledad en la vida y en la muerte. 

Las figuras retóricas están encaminadas a producir un choque emocional en el lector; primero nos asombramos con las paradojas, hipérboles, metáforas surrealistas… y luego quedamos sobrecogidos al darnos cuenta de que la fragilidad humana es inexplicable. A veces solo podemos ser testigos de esa fragilidad «Entre los huesos encontré una flor azul que me habló». Solo podemos darnos cuenta de que el mundo de la droga está compuesto de gente herida, pero son personas, tal como refuerzan las epanadiplosis, «Humanos demasiado humanos», son personas a punto de perderlo todo, ya no les quedan opciones; las hipérboles e imágenes imposibles aportan su nivel de insuficiencia «montañas que paren ratones / rascacielos de justificaciones»

Son personas que se han visto apresadas por lógicas que no lo son para ellas, de ahí que vean como solución desaparecer. El yo poético incide en los oxímoros para exponer su realidad «la bendición del salto», «el mundo rebosa de monstruosos tentáculos de amor».

No hay salida para los alcohólicos, drogadictos, porque han caído en un nivel que solo recoge trozos de ser humano; las metáforas degradantes lo confirman, haciendo de la poesía de Laura Cracco una poética del realismo sucio «las viejas ríen, las carcajadas brotan de los túneles de carne / profundas y desdentadas».

Son personas que se encuentran con experiencias repetidas una y otra vez sin una salida en esa rueda, en la que las anadiplosis, epanadiplosis, derivación y epifora se encargan de agobiar hasta el límite

…pensar,

pensar sobre lo pensado

que es a su vez destruir lo ya pensado

La muerte los va quitando poco a poco «Ahora que ni Ezequiel ni Erika están». No hay redención para ellos. Los poemas se van encadenando para contarnos la historia inevitable de esos jóvenes «Alguien que ya estaba muerto fue asesinado». Jóvenes que van formando una cadena con descendientes quebradizos, nacidos de la nada, sin proyectos «nací por una estafa / el desliz de una píldora que no se tomó».

La formación de sustantivos mediante la unión de adjetivos indica la esencia de estos seres y su fin «Ciegoviejosindestino, no existe mañana». Aunque aún renace la esperanza «Janis es distinta».

Poemas desoladores que nos golpean con lo más frágil.

La segunda parte, La muerte viaja en las palabras, representa otra situación de opresión, de falta de libertad, de muerte: El Covid. Mediante oxímoros la poética se ve fortalecida mientras desafía la lógica racional con una expresividad que capta inmediatamente nuestra atención y nos hace reflexionar y revivir las consecuencias de la epidemia: soledad «dos metros infinitos nos alejan»; paro «SE VENDE, SE ALQUILA»; necesidad «cualquiera puede matar al mensajero»; tranquilidad solo al dormir «y la mente se desembaraza de pensamientos»; acrecentamiento de situaciones xenófobas «fue mucha la sangre»; efectos nocivos de las redes sociales «desde que un dios fue desollado»; culpa, rencor, tristeza, impotencia… Para esto Cracco adopta ejemplos de la Grecia clásica en donde algunas situaciones vividas por Ulises, Áyax, Aquiles, Héctor, Edipo tienen algo que ver con las experimentadas durante la pandemia. Algo que, después de tantos siglos, avergüenza al hombre porque continúa el abandono al hombre


los niños se revuelcan en la tibieza del frío

martes, 14 de julio de 2026

HISTORIAS DE NADIE

Diez cuentos, diez relatos basados en la historia de España más incómoda: la que refiere el sufrimiento, el dolor, la injusticia, las torturas, las muertes de quienes han nacido en el lugar equivocado, en el bando contrario; los que han estado en contacto con los campos del país y han dejado sus restos en la tierra para que sirvan de abono a un suelo que los vio crecer y los ha acogido en su muerte mientras se beneficia de ellos. Así se ha formado este país, enriqueciéndose con las hazañas de los invisibles, glorificando a unos pocos que pueblan la historia de España con grandes acontecimientos.

Historias de nadie es la historia de la tristeza y del padecimiento del hombre como ser individual en la gran historia universal. Cualquier acto glorioso, o vergonzoso, es conocido por el lugar donde se llevó a cabo y el apellido del “prohombre” al mando. Así consta en los libros y manuales. Albert Merino ha querido destacar a las personas sencillas que se jugaron la vida, y en muchos casos la perdieron, sin importar demasiado a los próceres de la patria, porque en momentos de ofuscación no se piensa que la muerte de un hombre, de un niño, puede llevar a la miseria a una familia entera.

Historias de nadie es la historia de Ramiro, de Hialas, de Faustino, de Agustín, de Amparo, de Fray Marciano, de Santiago, de Narciso, de Madani, de Gaspar… de tantos que sería imposible nombrarlos a todos, porque son el país, dañado una y otra vez por diferentes causas. Ramiro, lucha terco en 1984 para poder ser enterrado al lado de su mujer, aunque sea cavando su propia tumba. Los asesinatos encubiertos por ideologías políticas terminan con la vida de los republicanos en 1934; también cae alguno de la CEDA «El militar quita la pistola de la boca de su víctima y se oye una carcajada generalizada, supongo que, del miedo, el pobre desgraciado se habrá meado o cagado encima, y esos degenerados lo celebran».

Ya en Soria, en 133 a.C., los celtíberos aguantan quince meses de bloqueo de las tropas romanas, hasta que prefieren un suicidio colectivo a rendirse a Escipión. Hialas es quien nos cuenta la decisión «Dejar un recuerdo que ni siquiera los romanos olvidarán, un recuerdo que los estremecerá generación tras generación […] ¿Qué decís? No digo nada pero tengo claro mi voto: la rendición».

No todos son héroes. O sí. Porque hay que ser muy valiente también para preferir ver el cielo cada mañana aun a costa de servir a otro toda la vida. La vida como bien único que todos poseemos y que algunos se creen con derecho a arrebatar las que les apetece. Como la guerra absurda y cruel que se vivió en España en 1936 y que detalles supersticiosos podían decidir en algunos casos si seguías con vida. Guerra que siguió en 1938 y en las montañas de Lleida se cobró las vidas de muchos jóvenes republicanos que nunca habían utilizado un arma «—Qué va, Garrido, a mí me alistaron a la fuerza en mi pueblo. Muchos huyeron, pero mi padre, que es de la FAI, me dijo que tenía que defender la libertad de España frente a los fascistas. Y aquí me tienes».

También el siglo XIX fue especialmente duro. Mendizábal ordenó suprimir las órdenes religiosas expropiando conventos para celebrar el triunfo de la revolución liberal, en 1835, de la 1ª Guerra Carlista. Lo de menos eran las vidas de los frailes agustinos, lo que contaba era la plaza de toros que levantarían al tirar el convento.

En 1836 las tropas carlistas deben apropiarse de ganados y tierras para consolidar «la causa del legítimo rey de España». No importa que haya una familia más o menos de pastores «No es posible. Es su medio de vida, y el de Luisa. Y Luisa está preñada». Y así se hicieron muchas guerras, muchas matanzas, sin organización, sin pensar en las consecuencias, «Y, sin más, apunta y descerraja un tiro en el pecho del pastor, que lo mira incrédulo mientras las cabras salen disparadas montaña arriba».

Antes, en el siglo XVI, cualquier mujer podía enfrentarse a la Inquisición por venganza de todo aquel al que no quiso complacer. No hacían falta pruebas para saber si decía la verdad «—¿Para mayor gloria de Dios? ¿Quieren ustedes que todo el pueblo me vea las tetas para mayor gloria de Dios? ¿Y después qué? ¿Qué creen que hará mi esposo después? Repudiarme, abandonarme […] ¿Podrán fornicarme Bartolomé y cuantos quieran del pueblo?».

En fin, ya en 1485, hizo falta una revuelta campesina para acabar con la servidumbre feudal. Los campesinos pagaron con sus vidas antes y durante la lucha. ¿Es este el objetivo de la historia de España? ¿Formar la patria con el dolor y la sangre de los débiles? Albert Merino, con un tono reflexivo, pausado, expone y razona sobre los horrores a los que podemos llegar.

Los diez cuentos son diez etapas diferentes que han formado la intrahistoria de nuestro país. Los temas giran, en todo momento, en torno al miedo, a la injusticia, al dolor de los trabajadores. Son cuentos que no están cerrados pero sí engañosamente abiertos para dejarnos meditando con unas voces narrativas que, ya sea en primera o tercera personas, mantienen la intensidad emocional.

Relatos detallados de un momento clave que aluden a un todo. Hay que leerlos, razonar con sus personajes y discurrir qué futuro queremos.

martes, 7 de julio de 2026

DE QUÉ HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE AMOR

Cuando hablamos de amor podemos estar refiriéndonos a engaño, a hartazgo, de la pareja o de la propia vida, a alcoholismo y sexo o imitación, a odio y violencia… No es necesario explicar en profundidad situaciones, no son imprescindibles copiosas descripciones para tener la certeza de que algo no va bien: «Baila conmigo —le dijo la chica al chico, y luego al hombre; y cuando vio que el hombre se levantaba, avanzó hacia él con los brazos abiertos».

Basta la repetición de un término que iguala oraciones y la insistencia de una palabra, para enfatizar la idea que se quiere destacar.

Basta con que no se diga nada para decirlo todo. Leemos a Raymond Carver en una tensión constante, desde la primera línea «Un hombre sin manos llamó a mi puerta para venderme una fotografía de mi casa». Y la angustia se instala en nosotros cada vez que empezamos a leer uno de los diecisiete cuentos que componen De qué hablamos cuando hablamos de amor; cuentos sin un final cerrado que, sin embargo no dejan lugar a dudas sobre cómo acaban.

Con pocas palabras, Carver expone, en El señor café y el señor arreglos, engaño, indiferencia, alcoholismo difícil de superar. Choca cómo el hombre se dirige a su mujer y lo que le dice; la falta de interés es evidente. No pedimos permiso para abrazar a la pareja, para besarla, para estar con ella, si todo funciona bien; por eso la respuesta de ella marca con evidencia el final de la relación. Aun así continúan juntos


—Cariño —le dije a Myrna la noche en que volvió al hogar—. ¿Qué tal si nos abrazamos un rato y luego preparas una cena apetitosa de verdad?

Y Myrna dijo:

—Lávate las manos.

Son personas de baja extracción social; viven con lo justo o pasando necesidades pero la mujer no puede independizarse porque no podría hacer frente a los gastos o por convicción social. Estamos en la segunda mitad del siglo XX, en la América profunda. Las dificultades, o alegrías, se celebraban con alcohol. Era la solución más barata que ayudaba a olvidar por momentos para darte de bruces con la realidad una y otra vez, poniendo a prueba, una y otra vez, la resistencia «Por la mañana me echa Teacher’s en la barriga y lo apura a lametones. Y esa misma tarde trata de tirarse por la ventana».

La actitud de los personajes es inquietante, también es turbadora la relación que mantienen con el ambiente, normalmente presidido por el alcohol, aun en las clases más pudientes, por eso Mel, doctor, no tiene problemas en mostrar su tedio hacia su mujer delante de una pareja de amigos e insinuarse a la novia. Todo puede empeorar en un momento determinado porque los personajes no tienen filtro. Beber una y otra vez los hace actuar de manera violenta.

El lector percibe el desencanto, el fracaso que arrastran, difícil de eliminar. Se han destrozado como personas, como sociedad, en un momento en el que “el sueño americano” que nos quisieron vender en películas y series de la época dorada de Hollywood, se deshace en la realidad. Personas acompañadas por sus parejas, hijos, amigos, totalmente incomunicados. Hablan con otros para oírse a sí mismos; la opinión del otro no importa, solo exponen sus miserias. Por eso, aunque no quede escrito el final de la situación, tenemos cierta seguridad sobre cómo acabará. En los personajes no hay comunicación, ni lo intentan siquiera; oyen al otro pero no lo escuchan, tampoco se escuchan a sí mismos, probablemente porque sus cerebros están del todo embotados. En los encuentros beben, de forma desmedida, así que el silencio es lo que marca la circunstancia. Parece que el autor quiere reseñar que no salen las palabras, simplemente no se comunican, da igual saber por qué y cómo han llegado a eso.

Descripciones escuetas, diálogos concisos y un silencio profundo que grita la amenaza latente que nos mantiene en vilo hasta que llegamos al final y nos damos cuenta de que todo termina como empieza. Los personajes están inmersos en una terrible tragedia que Carver expone con una ligereza alarmante «Lo que Bill había querido era follar con ellas. O verlas desnudas. Pero tampoco le habría importado mucho que la cosa no saliera. Nunca llegó a saber lo que quería Jerry…».

Lo que tienen en común los diecisiete cuentos es el alcohol, motor indiscutible de la violencia y decadencia y causa inmediata de decepciones. A través de la bebida, los personajes entran en un bucle de ofuscación irracional que conlleva un ambiente tenso, agresivo, en el que todo es posible excepto la esperanza que buscan.

El lenguaje es directo, escueto. Los lectores vamos dando forma al ambiente, a la personalidad de los protagonistas, conocemos su pasado y estamos seguros de su futuro. No hay empatía entre ellos, no se rigen por códigos morales. Viven en una sociedad marcada por el individualismo. Sociedad que podría representar perfectamente a la actual. ¿Realmente el hombre es un ser social? El hombre de los cuentos de Raymond Carver es el antihéroe americano del siglo XX. No tiene privacidad, lo íntimo y lo público se mezclan; observa y es observado; la violencia queda agazapada hasta que salta consiguiendo que todos sufran furia, traición y desesperanza. Pues eso, que con mínimas diferencias, seguimos igual.