Si hay algo que llena, de verdad, es
leer a quien juega con la lengua como quiere, hasta formar un texto impecable. Punto
de araña lo tiene todo La extensión justa, porque con más, la autora
habría sobrepasado los márgenes del suceso. Y, sin embargo, está tan bien
hilado que el suceso rebasa los límites del hecho que da lugar a la novela.
Palabra adecuada. No importa que se
refiera a historias reales «en 1965, con
el naufragio del Banora» o a las que forman parte de fábulas míticas, «por eso te estaba gustando tanto aquel
encargo que os habían hecho las arañas»; a términos cultos «pedipalpos» o referida al lenguaje
popular «habían nacido pa ricas»,
«chismorreando tonterías». No importa que se imponga la pulsión sensual, «Él le había dibujado con la punta de la
lengua una línea de saliva que se abría entre el salitre de la piel y le
cruzaba el cuerpo entero» o denote la más absoluta violencia, «Pero qué oficio quieres tener tú, había
dicho él fuera de sí, como si querer trabajar cobrando le fuera a él un
fracaso, una ofensa propia, ¿y luego ser mi mujer no te es oficio suficiente?,
había dicho antes de que tus manos tuvieran que parar las suyas». Palabras
que sacan la ternura de la mujer, «Echabas
palabras como cascabeles para espantar presagios» y la crudeza de ser
mujer, «Las manos de las comadres […]
hendidas de trabajos, con la carne replegada en ríos. Eran manos viejas cuando
aún erais jóvenes».
Palabras técnicas, «enseñarles el pique de medio par, el
casadillo, el nido de abeja y la antena» o metafóricas, «Un hilo les tiró a todas del estómago».
Palabras en latín, «Nunc est
obliviscendum ut recordetur»; escritas con la gheada propia del gallego o
el seseo, «ghato y gharabullo y sereixo y
samburiña» o en castellano, «la que
tejen». Lenguaje adolescente, «y tú
en plan tía, tranquila […] pensando rápido en las divas de dancehall» o
lenguaje marinero, «tronzó a punta de
cuchillo las redes de los berberechos […] dos piezas de redes de pesca por
entrallar»…
Todo para que entendamos «de dónde venía el lenguaje y por qué, para
poder tener voz y para que el mundo […] funcionase».
Pues todo lo ha dicho Nerea Pallarés, poco hay que añadir. O nada.
Solo quiero decir que Punto de araña es un canto alegórico a
la riqueza del lenguaje; a través de él vemos un mundo abundante, más complejo.
Por eso ha ido cambiando con el paso de los años y los diferentes lugares. Por
eso conforma el universo, donde no podemos excluir ni una sola palabra. Y todos
los que usan una lengua tienen el mismo mundo, con los mismos derechos, los
mismos miedos, las mismas penas e idénticas alegrías.
Nerea Pallarés advierte que no puede
existir un mundo diferente para hombres y mujeres porque ambos requieren los
mismos cuidados, las mismas labores y las mismas holganzas.
La novela es un canto a la mujer en
general, a la mujer gallega en particular, y a la mujer gallega marinera en
exclusiva, representante del duro existencialismo que ha sobrellevado gracias a
la unión con las demás. Solo pensando como un nosotras, que se iguale al
nosotros, es capaz de erradicar la soledad. Los símbolos utilizados en la
novela están encaminados a conceder la importancia de la conexión: La red, fundamental
para los pescadores, ha sido elaborada por mujeres.
El encaje, símbolo de elegancia y
poder, reaviva el esfuerzo de las mujeres que, con precisión, marcan su
trabajo.
El mutismo al que son sometidos los
habitantes es un símbolo que utilizan las mujeres para que todos sientan la
importancia y la inhibición social experimentada por ellas desde tiempos
inmemoriales; de esta forma, los símbolos acrecientan el tono crítico con el
que denuncia la explotación de la mujer y la injusticia social. En Punto de araña observamos tradición y
feminismo. Cómo la mujer puede insertarse en el mundo marinero.
Las mujeres de Nerea Pallarés son
tradicional-progresistas y utilizan el poder de lo atávico para hacerse valer.
Son mujeres que se han visto desaparecer en los ámbitos familiar, laboral y
social a pesar de haber estado presentes en todos ellos, siendo el fundamento
de cada uno. Ari, Lita, Xela, Catuxa… todas denuncian la criminalización a la
que pueden llegar a ser sometidas, abusos y agresiones físicos o psicológicos
ante los que el hombre ha destacado por su pasividad.
Punto
de araña es una narración de diferentes yoes que
cobra sentido cuando se unifican en un nosotras.
La presencia de Ari es fundamental en
la historia. Es la que acerca la magia de la mitología al pueblo; es la
portavoz del mito de Ariadna; gracias a ella las mujeres “matan” al hombre
antiguo y lo liberan de su egoísmo y brutalidad a través de la tejedura de
palabras.
Las tejedoras ponen en marcha el mito
de Penélope, usando la astucia para, sin violencia, destejer una identidad con
la que no estaban conformes y crear un texto que exprese una historia nueva.
Los mitos de Ariadna y Penélope
simbolizan la causa y consecuencia de este despertar de la mujer, capaz de
crear un mundo nuevo que siga la musicalidad y movimiento de los palillos; un
universo armónico movido esta vez, no por las esferas sino por las palilleras,
creadoras de una vida celestial reflejada en el mar que las acompaña.
¿Y nos preguntamos si existe la magia? Solo hemos de leer Punto de araña, una novela difícil de escribir y muy fácil de leer, una novela que recrea un nuevo estilo, algo que podríamos considerar como feminismo mágico.




















