sábado, 2 de julio de 2022

CAMINO SIN SEÑALIZAR

De nuevo descubro a un buen escritor. Jaime Molina García no es aficionado en el mundo de la escritura. Lo avalan dos novelas cortas premiadas, seis novelas, de las que a dos de ellas también se les concedió un premio y más de cuarenta cuentos. Pero yo no lo conocía. Una vez más me soy consciente de que por mucho que viva no leeré todo lo que merece la pena.

Camino sin señalizar es una novela negra, diferente; está presidida por prácticas sexuales que establecen vínculos de subordinación, prácticas eróticas con reglas, y sobre todo con castigos, roles dominantes y sumisos (acordados), sadismo y masoquismo.

El BDSM no me atrae, es más, siento un rechazo absoluto solo de pensarlo, puede que mi umbral del dolor, bajo mínimos, tenga algo que ver, pero precisamente por eso me extraña no haber podido dejar de leer hasta que he terminado la novela.

Jaime Molina sabe escribir, de eso no hay duda, y consigue atrapar al lector en una trama muy bien llevada en la que no todo lo que imaginamos es cierto. La historia gira en torno a un crimen cometido en circunstancias extremas de sadismo. El asesinado es un hombre a quien, los que lo trataban, veían como alguien anodino. Que hubiera muerto en esas circunstancias supuso una sorpresa para todos. Al comenzar la investigación nos enteramos de que las verdaderas víctimas eran mujeres. Él solo intentó evitar la muerte de una de ellas.

El personaje principal es una mujer policía, Marta, algo brusca en sus maneras, alejada del estereotipo femenino, que se mueve básicamente en un espacio en el que predominan los hombres, su pareja, sus compañeros, sus jefes… Su amiga Irene debía estar en la sesión de BDSM en la que aparece el asesinado, pero no hay ni rastro de ella. Marta, sorprendida por el poco empeño que pone la policía para encontrar a la que ya consideran asesina, y apostando por la inocencia de su amiga, decide buscarla de forma paralela a la investigación oficial.

La historia no cuenta los hechos sin más, debemos fijarnos bien en las reflexiones generales que abren determinados capítulos y que, después, irán corroborando determinadas formas de actuación.

Consideraciones sobre la conciencia, sobre los remordimientos que anulan evidencias «aparezco como una mujer brusca, exigente, seca, dura, distante, insensible. La tipa problemática que echa gasolina al problema. Y no siempre es así, no».

Consideraciones sobre el acto de recordar, en el que pueden aparecer datos con los que no contábamos, sobre la relatividad de aciertos y errores que damos por absolutos y pueden cambiar el curso de la historia, sobre la importancia de adaptarse o no a determinadas situaciones adversas para sobrevivir, sobre el premio o castigo de la supervivencia, «por haber sobrevivido gracias a la voluntad de otro y no a su fortaleza, sagacidad o adaptabilidad en sentido estricto». Podemos decir que la historia de Marta e Irene es un ejemplo de las vueltas que da la vida, un ejemplo de que, a veces, nos sorprendemos actuando de forma distinta a como habíamos pensado hasta ese momento, un ejemplo de la debilidad de la mente humana cuando se enfrenta a otra mente enferma.

Hay que ir recapacitando sobre estas observaciones del narrador para entender a los personajes. Marta no es la típica mujer como tampoco fue una niña característica; le gustaban los deportes de riesgo, era dura, independiente, apenas se preocupaba por su aspecto externo. A su lado, Irene era el contrapunto, débil, necesitaba la atención de Marta en todo momento, sentirse protegida.

El afán de independencia de Marta, la ha llevado a estar con Rodney, quien sabe cómo tratarla para no despertar en ella un malhumor que se manifiesta ante la debilidad del otro. A Marta le gusta tomar decisiones y reivindica con su actitud un papel que le ha sido designado al hombre tradicionalmente.

Los antecedentes familiares son la clave para entender su carácter. Tras la separación de sus padres se quedó a cargo de una madre drogadicta, alcohólica, que no supo transmitirle confianza, por eso no quiere formar una familia al uso, por eso fuma demasiado y por eso no teme a las consecuencias de sus actos. Los padres de Irene fueron su auténtica familia, el apoyo que no tuvo en su propia casa. La fuerza que desprende su comportamiento va envuelta en cierto erotismo para ambos sexos, pero cuando quiere a alguien de verdad queda atrapada en una inseguridad que no le permite establecer lazos sentimentales; es como si tuviese miedo a perder el control de sus emociones. Marta levanta una barrera ante los que la rodean como medida autodefensiva, para guardarse de posibles daños, aunque en el fondo está deseosa de que otros dirijan sus actos para variar. Irene es la única que la conoce de verdad, alguien de apariencia débil pero mucho más fuerte que ella, alguien que la ha doblegado sin que ella se percatara.

Irene es un ser complejo, en contra de lo usual en el ser humano, ella alcanza la felicidad librándose de lo que la debilita y poniendo por encima de su propio placer el dolor de los demás y el suyo. La relación entre ambas es peculiar. Desde el principio nos damos cuenta de que no hay transparencia en sus comportamientos, «en la realidad, en el despacho, a estas horas, no hay más audiencia que el calor, la duda y mi conciencia».

Desde el principio somos conscientes de las dudas de Marta frente a la debilidad impostada de Irene, a quien vamos conociendo por el narrador omnisciente, «El puesto era suyo dos semanas después, ni siquiera se molestó en negociar el sueldo […] Esa misma noche lo celebró con su misteriosa novia a la que nadie ponía cara. Ni siquiera Marta». A Irene nos la muestra también la dependienta de un sex shop y los clientes que andan por allí: «la dependienta, asumiendo su dulce derrota comercial […] comenzó a traer cajas […] conforme el pedido iba ganando volumen algunos clientes aprovecharon para desnudar a Irene imaginándola en acción con ese arsenal». Y a Irene nos la dan a conocer asimismo sus padres, de quienes aprende: «La madre de Irene […] intentó influir para que su hija se fijase más en los chicos […] Su padre […] bordaba ese rol de supuesto calzonazos ante su esposa y tejedor en la sombra».

A pesar de que lo que vertebra Camino sin señalizar es la sexualidad, la novela no es erótica porque el sexo no aparece como una función natural sino que revela las confusiones de mentes devastadas por el mal, mentes enfermas para las que erotismo, engaño, placer y dolor son partes de un mismo todo, transgresiones de la rutina que llevan a la perdición.

Haciendo gala de una redacción sarcástica en la que no faltan los momentos de humor, el estilo varía según el ambiente que describa y los diálogos pueden ser irónicos, duros o incluso sensibles y emotivos cuando el perro Truhan, clave para la resolución del caso, está presente; algo que dice bastante sobre el ser humano. Asimismo hacen gala de simpatía y claridad cuando aparece el ciberpolicía Pablo; algo que dice bastante del autor y su guiño a los informáticos.

Si la novela se lee con expectación, el final es trepidante y desalentador. En Camino sin señalizar no hay heroína, sí una psicópata que maneja las mentes de los demás, incluso las de otros perturbados. Los demás son sus víctimas, que sucumben ante el poder de su arma fundamental: la sumisión, «Dudó en ese instante del equilibrio mental […] los altibajos emocionales […] Observó la venda casera y disimuló el inminente dolor por los músculos y nervios rasgados».

Y la mente de Jaime Molina lleva a las de los lectores por donde le interesa hasta que somos conscientes del mensaje.

sábado, 25 de junio de 2022

SIETE DÍAS DE JULIO

Me ha agradado conocer la faceta de Jordi Sierra i Fabra como autor de novela negra. Durante un tiempo lo recomendé a los niños y adolescentes porque sus historias juveniles están muy bien contadas.

En su vertiente noir nos descubre al último inspector de policía de la República en Barcelona, Miquel Mascarell quien, en Cuatro días de enero debe soportar, en 1939 la muerte de su mujer, Quimeta, a causa de un cáncer y la de su hijo, en la batalla del Ebro.

Ahora, en Siete días de julio, tras haber sido encarcelado, condenado a muerte y conmutada su pena por trabajos en el Valle de los caídos, vuelve, ocho años después a una Barcelona que no conoce, y no le queda nada. Sin dinero apenas, sin casa, deberá hospedarse en la pensión de Rosa. En esas condiciones la primera pregunta que se nos viene a la mente es ¿Quiénes cayeron realmente en ese valle? «Cobrarán […] la cantidad de dos pesetas al día, de las que se reservará una peseta con cincuenta céntimos para manutención del interesado, entregándole los 50 céntimos restantes al término de la semana […] para comprarse botas o gorras […] calcetines, raídas mantas […] ¿En alguna guerra los vencedores habían sido tan crueles con los vencidos».

La novela comienza en julio de 1947 cuando aún permanecía en España el Estado de guerra. Creo que, para quienes lucharon en el bando perdedor fueron los peores años, palizas para que confesaran, mutilaciones, violaciones, muertes en las cárceles y fuera de ellas, hombres y mujeres se vieron acorralados. La novela de Jordi Sierra no ahonda en el miedo o la humillación, aunque se deja ver la falta de libertad, la brutalidad de la policía y el odio sin causa hacia quienes habían sido republicanos.

Una vida sin horizontes para los trabajadores «¡Y será niño, ya lo verá! ¡Niño, y nacerá el 26 de julio, sábado, para poder estar con él al menos el domingo!». Una vida donde el mercado negro era la forma en la que uno podía traspasar la barrera del hambre para instalarse en una ciudad en la que la abundancia llenaba los bolsillos «Una buena parte de Barcelona, del país, se moría de hambre […] Pero allí los ricos de Barcelona podían gastarse veinticinco, treinta o cincuenta pesetas comiendo como si el mundo continuase girando sin que hubiera pasado nada». Un mundo en el que los nuevos ricos alardeaban no solo de dinero, casas o coches sino también de prostitutas y queridas, cambiando cualquiera de estas cosas en el momento en que se cansaban de ellas.

A esta Barcelona llega el inspector Miquel Mascarell para enfrentarse al hambre y al miedo y sin embargo recibe un sobre anónimo con mil pesetas y el aviso de que investigue la muerte de Celia Arteta, una prostituta que cayó a las vías del tren. Hay algo turbio en esa caída que no pudo demostrarse por falta de testigos. El inspector hablará con antiguos contactos y sobre todo con Patro, la niña a la que 8 años atrás le salvó la vida. Patro continúa prostituyéndose, y conocía a Celia, por lo que ayudará a Mascarell a ponerse sobre la pista adecuada; aun a costa de jugarse la vida, conseguirá que los asesinos paguen sus fechorías sin necesidad de pasar por la policía franquista. No era de fiar. Un cuerpo denostado, corrupto, brutal que alentaba la prostitución, el estraperlo, el delito y la ilegalidad. Los grandes empresarios cuentan con el favor del Estado, pero Mascarell no se amilana; por sí solo hace justicia de nuevo, aunque estos arreglos no salieran verdaderamente a la luz ni sirvieran para solucionar el problema del país. Hubimos de esperar cuarenta años para poner las cosas en su sitio aunque algunos, otros cincuenta años después, aún no se hayan enterado.

La trama de la novela es realista, interesante, mantiene la atención. La historia está muy bien trazada, aunque la resolución sea circunstancial, con bastantes casualidades y, por supuesto, nada real, desgraciadamente sino fruto de la imaginación del autor.

Tal como reza el subtítulo, la novela se divide en siete capítulos, uno por cada día de julio en los que Miquel Mascarell “debe” resolver la muerte de Celia. Son bastantes personajes secundarios los que entran en juego y varios giros de actuación, pero el narrador consigue que el lector no se pierda en ningún momento porque en dos ocasiones resume lo ocurrido a través del pensamiento del inspector «…abrumado por los pensamientos que fueron surgiendo en su mente. Dos industriales peleados por una mujer. Uno pierde y otro gana…».

El estilo es sencillo, con descripciones significativas que ponen de manifiesto el sentimiento del protagonista, «Alvaro Gomis se parecía a su despacho […] con la cabeza más ancha por la parte de las mandíbulas que por el cráneo, impecable con su traje de buen corte». A veces el narrador es portavoz de las reflexiones del propio autor y de las de tantos españoles que vivieron atemorizados, «Si Dios existía desde luego no estaba en Barcelona ni en España, por mucho que el nuevo régimen lo blandiera como enseña de su victoria».

La novela refleja perfectamente el ambiente de humillaciones y opresión en que hubieron de vivir los vencidos y las condiciones de todos aquellos que, al terminar la guerra, se encontraron sin nada y, además, viviendo una falsa libertad


—He de tomar nota de sus datos –le informó.

—Lo sé. Hágalo.

—Y he de informar de su llegada

—También lo sé. Es la ley.

Pensiones y hoteles debían informar a la policía de quiénes se alojaban en sus establecimientos.

Control

Asimismo, en ocasiones aparece alguna alusión al libro anterior, de forma que, aunque no es necesario para entender este, estamos al tanto de la vida de Mascarell.

Siete días de julio refleja a la perfección los desequilibrios emocionales que sufrieron los españoles y sus causas; el comportamiento de unos y otros cambió. Se olvidaron convenios y moralismos. Sin embargo extrañan las mujeres que aparecen; mujeres de gran atractivo físico y sexual, tanto las de la alta burguesía como las prostitutas. Llama la atención que las chicas dedicadas a la prostitución sean todas de gran corazón, ya que a pesar de su profesión se considerasen libres. Es como si la dureza moral y social que las rodeaba no les afectase lo más mínimo. Creo que los personajes femeninos están tratados con menos realismo y más condescendencia que los masculinos. Son bellos objetos de deseo que seducen aun en las circunstancias más adversas.

sábado, 18 de junio de 2022

EL PELIGRO DE ESTAR CUERDA

El último libro de Rosa Montero no es un tratado sobre la locura aunque a lo largo de varios capítulos se refiera a ella especialmente, acercándose a la oscuridad que supone; nos da a conocer escritores esquizofrénicos, bipolares, sifilíticos, de los que, al ser conscientes de sus dolencias, entendemos el horror que debieron vivir. Cualquier cosa puede dañar irremediablemente nuestro cerebro, el maltrato físico o psicológico, las drogas, las medicinas autorizadas, los genes, el afán de perfeccionismo, la ambición… diversas condiciones que impiden la maduración mental, imposibilitan poder fijar la atención y crean realidades paralelas a las que el afectado se enfrenta confundiéndolas con la consiguiente angustia que da la inestabilidad.

El peligro de estar cuerda tampoco es un ensayo sobre la creatividad, aunque cuando alguien se enfrenta a variados estímulos externos a la vez y debe estar alerta a todos ellos, responde dispersando la atención con grandes dosis de lo que el resto llamamos inventiva. En realidad la autora habla de estas personas como PAS, personas altamente sensibles, conocidas por quienes las rodean como «maniáticas, quejicas», porque son más susceptibles de quedar afectadas por el entorno. El lector reflexiona y se pregunta si el cerebro creativo y el afectado por la locura estarán hermanados, ya que en ambos se da cierta regularización de algunos neurotransmisores, «quizá la diferencia entre la creatividad y lo que llamamos locura sea tan solo cuantitativa».

El peligro de estar cuerda no es un ensayo aunque Rosa Montero explora, analiza e interpreta el porqué de la locura con argumentos y opiniones de autoridades en la materia, combinados con su propia experiencia.

Está claro que tampoco es una novela porque la autora se presenta como personaje de su obra, incluso tiene otro desdoblado, pero no protagoniza hechos ficticios, al menos no como tal; la obra está formada por hechos que ella ha vivido en primera o tercera personas y tienen relación con la imaginación y el oficio de escribir.

Rosa Montero es un referente como novelista, ensayista, periodista y persona comprometida con la mujer, con los niños, con la igualdad y la educación. Incluso en sus novelas más ficcionales aparece su sensibilidad y la crítica social. Una de las constantes de su obra es la memoria, otra es la identidad; la muerte aparece asimismo en sus novelas; y el amor. El caso es que leer a Rosa Montero implica introducirse en su mundo interior que es, siempre, una llamada a la esperanza.

El peligro de estar cuerda es un canto a la vida aunque esté lleno de dolor; y un canto a la muerte como parte de la vida. Somos seres minúsculos, parte de un universo que gira y trae momentos inolvidables, otros no tanto y otros horribles. Los artistas, PAS, son más sensibles a la hora de salir de sí mismos, viven experiencias paralelas; Montero nos hace ver que todos somos capaces. El libro está basado en múltiples escritores, y ella por supuesto, que han tenido momentos de lucidez al querer establecer diferencias con su realidad triste o dolorosa. Algunos se vieron abocados al suicidio, encontraron en la muerte la única salida a la tortura que su cerebro estaba infligiéndoles. Cabe preguntarse si los cerebros más trastocados son más dados a escribir o escriben quienes, azuzados por el terror, intentan enfrentarse a otra realidad. Y la autora llega a la conclusión de que para escribir es necesario salir de la zona de confort, del yo. «Lo maravilloso es sentirse dentro de individuos diferentes de ti. La ficción es un viaje al otro y ese es el trayecto más fascinante que una persona pueda hacer».

La autora presenta a muchísimos escritores de infancia trastornada, perdida por la guerra, por quiebras económicas, por maltrato… y suscribe lo afirmado por la psicóloga Lola López Mondéjar. «La salida creativa tiene su origen en un encuentro precoz con lo traumático»; creatividad que han experimentado autores que han sentido su mente disociada entre el dolor y la bonanza, como si residiera en dos partes en las que una debe expresar lo que hace la otra para entenderla y «poder soportarlo».

En realidad, del subconsciente del escritor salen a la luz los diferentes lugares comunes que los lectores observamos más tarde en la novelas, aunque éste no los haya expuesto de forma deliberada, «son como elementos oníricos recurrentes». Nuestra autora señala, como algo que se repite en su obra, las mujeres pequeñas. Yo las he visto, aunque destacaría de su literatura a la mujer fuerte, optimista y de buen corazón; recuerdo las protagonistas de Historia del rey transparente, La loca de la casa, La buena suerte… recuerdo a Bruna Husky. Todas, mujeres que aun no siendo perfectas son bellas, tanto, que desearíamos ser como ellas sin dudarlo.

Otra constante de Rosa Montero es la muerte unida a la vida, el último paso que daremos y que, al pensar en ello, nos hace sentir tranquilos.

Además, la autora expone algo que tienen en común todos los escritores, o casi; el nerviosismo, el sacrificio durante la realización y las expectativas que abrazan una vez se produce la publicación. Son seres «terriblemente frágiles ante las críticas» pero, ante todo, son afortunados porque a través de la escritura ahuyentan sus miedos, el horror que les persigue en la vida real y afianzan momentos que nunca cambiarán en la memoria con el paso del tiempo. Escribir es permanecer en un momento determinado de la vida.

El escritor no juega con el alivio del olvido, probablemente entre ellos abundan los suicidas porque en determinados instantes son conscientes de que lo que vivieron ya no existe, «según un estudio sueco los escritores tienen un 50% más de posibilidades de suicidarse que la población general». Pero Rosa Montero también advierte que los nervios transmisores mandan al cerebro señales placenteras; solo hay que esperar un poco para que llegue la contraria a quitarse la vida «Aguanta hasta que baje el nivel del alucinógeno. Aguanta hasta que cambie la situación, porque inevitablemente cambiará». El suicidio tiene su base en un arrebato de locura, algo que supone «un enemigo que acecha durante toda la vida, un buitre que te ronda para devorarte». La escritura es un modo de ahuyentarlo porque, como Strindberg, se pueden delegar en los personajes las terribles pesadillas.

Si en La loca de la casa, la loca era la imaginación, El peligro de estar cuerda redunda en la pena de vivir sin ella. Con un estilo descriptivo y datos reales, la autora se enfrenta a su propia vida, por lo que es difícil delimitar dónde empieza o termina la identidad de Rosa Montero. Da igual; ella es tal como aparece en el libro, cercana y empática; leyéndola nos damos por aludidos y nos sentimos bien: «Deja de rechinar los dientes, criatura, que no es para tanto. Me refiero al capítulo anterior. Ya sé que te han entrado escalofríos. A mí también […] Pero esto me sucede cuando miro el mundo desde mi ombligo […] Si soy capaz de alzar la cabeza y salir de mí y volar un poco, entonces diría que hasta le puedo robar unas cuantas chispas a la eternidad».

domingo, 12 de junio de 2022

ENTREVISTA CON PACO SANTOS

Coincidiendo con la presentación de su último libro, entrevistamos a Paco Santos, un autor que siempre nos sorprende y crea adicción. Hoy trataremos de conocerlo un poco mejor.

P. Has ejercido como profesor de Filosofía ¿Lo dejaste por algo en particular? ¿Tienes de esa época alguna anécdota que puedas compartir? ¿Qué destacarías de esa época?

R. Me he dedicado a la docencia durante 15 años, aproximadamente. La filosofía ha sido mi segunda vocación, después de la literatura. Dejé las aulas por problemas de salud. Anécdotas de esa época hay muchas, como cabe imaginar. Empecé muy joven, recién licenciado (con 23 años). Si a eso añadimos mi aspecto informal y mi estatura, es fácil comprender que muchas personas me confundieran con un alumno. De esa época destacaría mi dedicación apasionada a la enseñanza, más allá de lo estrictamente programado en el curriculum y de los objetivos evaluables; mi relación próxima con el alumnado (sin menoscabo de mi autoridad); mi insistencia en las preguntas más que en las respuestas; mi utilización de recursos dramáticos para mis exposiciones (el teatro me parece una herramienta didáctica indispensable, y en todos los centros en que trabajé promoví proyectos teatrales); mi atención al cuerpo y a los sentidos, y no sólo a lo cerebral; mi idea abierta y colaborativa de la enseñanza, implicándome con otros departamentos tanto de humanidades como de ciencias. Tuve la suerte de coincidir en estos intereses con un grupo de colegas con más experiencia que yo, que me asesoraron, me acompañaron y colaboraron conmigo.

P. ¿Qué te aporta escribir?

R. ¿Qué me aporta respirar? Respiro porque vivo. Escribo porque vivo. No escribo para que me aporte algo. Otra cosa es mi objetivo a posteriori con el manuscrito. Escribir, como respirar, he escrito siempre. Desde muy joven, desde la niñez. Y, con el apoyo de mi familia, mis primeros cuentos me permitieron ganar concursos (muchos) de ámbito municipal y nacional, lo que me trajo confianza, dinero, y sobre todo colmó mi vanidad. Con esa edad, recibir los aplausos y el reconocimiento de los adultos es equiparable a ganar el Nobel. Gracias a eso, hoy puedo marcar distancia respecto de los premios que he ganado y que pueda ganar como adulto, sin “creérmelos”, sin volverme imbécil, asumiéndolos pragmáticamente como un mero recurso para promocionarme.

            Más allá de todo eso, que no deja de ser extrínseco a la escritura, la literatura significa para mí una comunión maravillosa con todos aquellos que una vez, hace cien años, mil años, contaron sus propias historias con las mismas palabras que yo he heredado, las compartieron junto al fuego, espantaron los miedos, avivaron otros, despertaron el asombro, la risa, el estremecimiento. Escribir para mí es un juego, y no hay nada más importante en la vida que el juego. Me exijo jugar con las palabras, jugar a cosas distintas en cada novela, a veces apostando por la sencillez, otras veces apostando por recursos más complejos, más sofisticados si se quiere. Pero nunca me aparto de contar una historia, de sentarme junto a un fuego.

P. ¿Recuerdas el primer libro que te impactó de verdad? Si es así ¿por qué lo hizo?

R. Probablemente no fuera un texto literario. Recuerdo un pequeño libro ilustrado sobre arácnidos, o uno sobre dinosaurios. Álbumes ilustrados que sacaba de la biblioteca, algunas lecturas del colegio. Si tuviera que decir títulos, “Las mil y una noches” rondó siempre por casa, y me fascinó antes de poder leerlo, por su título. La Biblia, desde una perspectiva estrictamente literaria. “Robinson Crusoe”, “La isla del tesoro”, “Drácula”, “El Quijote”, “Luces de bohemia”…

P. He leído tres novelas tuyas; en ellas aparecen directa o indirectamente escritores famosos como Galdós o José Martí, pero también pintores como Goya, actrices como Gloria Swanson o directores como Frank Capra ¿Crees que las artes son complementarias o cada una aporta sensaciones diferentes?

R. Cada disciplina artística tiene su propio lenguaje, sus propios recursos. Son medios distintos, como el aire, el agua, la tierra… Puede haber peces voladores que transiten de uno a otro. Pero incluso el pez volador, en el aire, debe reconvertir sus aletas en una especie de alas, debe adaptarse a las nuevas normas. Por supuesto que existe un diálogo enriquecedor y necesario entre todas las artes, pero cuando juegas a una de ellas, la literatura en mi caso, debes hacerlo con honestidad. Por ejemplo, puedes imitar narrativamente estructuras inspiradas en el montaje cinematográfico, pero no es honesto resolver la descripción de un personaje literario remitiéndote al personaje de determinada película (<<hizo una mueca como la de Humphey Bogart>>), a no ser que puntualmente esté muy justificado. Del mismo modo que no es honesta una película que delega absolutamente en la palabra.

P. Es evidente que amas a los clásicos ¿Hay alguno que recomiendes como imprescindible? ¿Por qué?

R. Un clásico es para mí cualquier libro que nunca deja de ser actual. “El Quijote”, por ejemplo, es eternamente actual (y por cierto, por eso no necesita que nadie “modernice” su vocabulario), y eso me permite sentirlo muy próximo y amarlo. Lejos de la pedantería de algunos que ante este tipo de cuestiones se sienten obligados a recomendarlo (aun no habiéndolo leído) para quedar bien, yo lo recomiendo por pura devoción. Creo que difícilmente se puede aspirar a ningún hallazgo novelístico que no esté ya contenido o anunciado en esa obra (en esas dos obras). Igualmente las tragedias de Sófocles, Eurípides y Esquilo. O el “Poema de Gilgamesh”. Leer eso es casi como pronunciar sortilegios en voz baja, vencer el tiempo, asomarnos a los misterios que nos constituyen como seres humanos. Porque un clásico no es actual en tanto que novedoso (lo novedoso pasa de moda), sino en tanto que original, es decir, en tanto que remite a lo originario, lo profundo que nos conforma.

P. Y de la actualidad ¿con qué autor te quedas? ¿Por qué?

R. En coherencia con lo anterior, diría que Cervantes. Ja, ja… Me importa muy poco estar a la última. Leo más muertos que vivos. Vivos que me gustan son Marta Sanz, Irene Gracia, Jesús Ferrero, Rafael Reig… Ninguno de ellos pertenece a eso que llaman “nuevas voces”. Me gustan por motivos diferentes, la experimentación con el género negro (M. Sanz), la evocación poética y fantástica (I. Gracia), la sensualidad y la inteligencia (J. Ferrero), la ironía y la ternura (R. Reig)… Mañana te diría otros.

P. Tus protagonistas son antihéroes por diferentes motivos, pero ¿Podrías señalar a cuál prefieres? ¿a Lucio, de Confidencias de un apestado, a Narcís, de El mérito de ser detective y no fumar o a Rosendo, de Manual de autoayuda para asesinos?

R. Más por simpatía que por preferencia, destacaría a Narcís. Más allá de su carácter caótico e impetuoso, su cultivo de la amistad y su amor a los libros reflejan dos principios rectores de mi vida. Antes me he referido a mi amor por “El Quijote”, y en Narcís asoman rasgos muy quijotescos (aunque no fue premeditado al escribir mi novela). ¿Cómo no voy a quererlo?

P. ¿Qué hay de Paco Santos en estos personajes? ¿Podrías decirnos una característica tuya que esté en Narcís, Lucio, Rosendo o, incluso, Merche?

R. De Narcís, en lo positivo, como acabo de señalar, el culto a la amistad y la relación casi connatural con los libros. En lo negativo, cierta impetuosidad que puede arrastrarme a mí mismo o a los demás al desastre. En Lucio, la vocación por el bien común y el desprecio por la cortesanía académica. En lo negativo, la cobardía, esas pequeñas cobardías en las que yo, como él, caigo a veces. De Rosendo, tomo para mí mismo su afán por proteger a quienes ama, y también, en lo negativo, la incapacidad para perdonar ciertas cosas que acaban lastrando. En Merche me reconozco en su socarronería.

P. ¿Existe algún personaje literario que te hubiera gustado ser?

R. No. No quiero dejar de ser persona. Parodiando las palabras de Aquiles en el inframundo (“La Odisea”), prefiero ser una modesta persona que un gran personaje. Aunque todos acabamos siendo nuestro propio personaje, me cuesta entrar en ese juego imaginativo del “yo quisiera ser otro”. Si fuera un personaje, desearía ser persona, como le ocurre a los personajes de Macedonio Fernández o de Unamuno (y como se sugiere al final del “Quijote”).

P. Además de escribir muy bien, lo haces con rapidez (cosa que los lectores agradecemos) ¡Una novela por año! ¿Tienes algún ritual para hacerlo o escribes según aparece la musa?

R. Es cierto que soy prolífico, pero no debe confundirse el ritmo de la producción literaria con el de las publicaciones. Mi última novela, “Manual de autoayuda para asesinos”, aparecida este año, la escribí hará tres, casi cuatro años. Lo que ocurre es que he pasado de una etapa en la que encontraba muchos obstáculos para publicar, a otra en la que gozo de buena predisposición de las editoriales. Respecto al ritmo, aunque resulte paradójico, escribo lento aunque con fluidez. Como he comentado en varias ocasiones, escribo casi al dictado, porque no me siento a escribir si no tengo la historia completa, de principio a fin en la cabeza. Me pongo de parto. Pero es un alumbramiento que no fuerzo. Sólo escribo cuando me siento en buena predisposición para hacerlo. Pero el hecho de que la historia ya “patalee” en mi cabeza, evita que se produzcan parones, recesos, y me permite escribir con fluidez. Esto no significa en ningún caso que no haya meditado sobre el lenguaje, el estilo, la forma de la obra. Cada palabra (y sobre todo cada palabra tachada del original) es fruto de una decisión, de una reflexión, y de un período de múltiples revisiones que siempre excede al de la redacción del primer manuscrito.

¿Rituales? Escribir a mano, a primera hora de la mañana y, cuando puedo, después de una breve siesta. Escribir a mano me parece determinante, por la pausa que impone al ritmo de la escritura, a la respiración. Las horas inmediatamente posteriores al sueño me parecen especialmente productivas para la escritura, porque estoy más fresco, pero también porque aún quedan abiertas rendijas, ventanitas al otro lado.

P. Te he oído comentar que la inspiración te viene con la historia completa ¿Qué grado de detalle percibes al sentarte para dar forma a lo imaginado?

R. La historia, el argumento, se me “presenta” completo, hasta el punto de que sé la primera frase y la última. En cuanto al grado de detalle, suelo usar el ejemplo de un barco que se aproxima al muelle, y sólo a medida que se acerca distinguimos las conversaciones de los personajes, sus peculiaridades… Por usar otro ejemplo, el edificio ya existe, con todos sus personajes. Yo me limito a recorrer sus estancias, a espiar, a pegar la oreja. Insisto en que esto no es incompatible con la reflexión detenida sobre el lenguaje y sobre el porqué de cada palabra y cada silencio, de la estructura, de los recursos utilizados.

P. ¿Qué novela tuya recomendarías para empezar a quien no haya leído ninguna todavía?

R. Cualquiera de ellas, puesto que en cada una juego a cosas distintas. No creo que ninguna sirva como iniciación a las siguientes, puesto que cada una es, o intenta ser, un nuevo comienzo.

P. ¿Por qué no hay una mujer protagonista en tus novelas?

R. Es una apreciación errónea. Angelina es la protagonista indiscutible de “L´amour, la merde…”, una nouvelle que es mi primer libro publicado. Pero es que además hay otras novelas en que el protagonismo recae en personajes femeninos. Si bien son novelas inéditas. En las restantes novelas los personajes femeninos no dejan de tener mucho peso, como ocurre en la última.

P. Está claro que los títulos de tus novelas son impactantes y los argumentos aún más. El lector tiene la sensación de que el verdadero héroe es el antihéroe, de hecho, la pareja antagónica está presente, bien como hermanos, Rasca y Gana, León y Rodrigo, o como novios, Lucio y Silvia. En las tres novelas hay un perdedor social que, en realidad, es el ganador moral. ¿Vivimos en una sociedad malvada o estúpida? ¿Crees que en la realidad ganan los malos o los tontos?

R. Creo que existe una inteligencia para el bien, y que en ese sentido el mal puede catalogarse como un modo de estupidez. La sociedad de la inteligencia artificial es la sociedad de la estupidez natural. Si en su día la Primera Guerra Mundial marcó “el fin de una ilusión” (la ilusión de una concepción idealizada de nosotros mismos), desde entonces cada acontecimiento histórico ha servido para desilusionarnos más. La reciente pandemia, por ejemplo, ha mostrado a las claras nuestra idiotez, nuestro egoísmo. Creo que la dinámica social es así, y que la obligación ética de cada uno es la de cobrar conciencia de ello, y combatirlo con las palabras y con los actos. Es ilustrativa la famosa “carta VII” de Platón, donde rebaja sus expectativas de un rey-filósofo, para acabar conformándose con la aspiración de un rey que se deje aconsejar bien.

P. Para terminar te pido unas respuestas rápidas, casi sin pensar. Imagina que vas a emprender un largo viaje y debes llenar tu maleta con:

Una película............................................ Dersu Uzala.

Una canción........................................... El sitio de mi recreo.

Un libro................................................... El Quijote.

Un cuadro............................................... El bufón “el Primo” de Velázquez.

Una palabra............................................ Amor.

Un sabor................................................. Albahaca.

Un olor.................................................... El olor a raíces y humedad del bosque.

Un color.................................................. Los colores del otoño.

Una estación del año.............................Otoño.

Un lugar donde perderte...................... Cualquier muelle de pesca.

Una prenda de vestir............................. Los sombreros (yo no puedo usarlos).

Un consejo para ti y para todos........... Hacerlo bien.







Agradecemos enormemente a Paco Santos su paciencia, su agrado, su escritura y esperamos verlo pronto en la terraza de un buen establecimiento, en la esquina de una plaza observando el transcurso de la vida.

viernes, 10 de junio de 2022

CUENTOS PARA NIÑOS Y NIÑAS QUE SUEÑAN CON LA PAZ

Cuentospara niños y niñas que sueñan con la paz no son cuentos. Son historias reales. O basadas en la realidad. No son para niños. Son para todos los que deseamos un mundo mejor, más justo, en paz. Es un libro alentador, sugerente; mientras lo leemos sentimos que nosotros podríamos hacer más para que todo funcionase como debiera. Estamos cansados de ver en televisión situaciones de corrupción, violaciones, asesinatos, vejaciones de guerra… y terminamos cambiando de canal, la mayoría de las veces con poco éxito porque todos tienen alguna miseria que ofrecer.

Y, entre todo este sinsentido, nos enteramos de que ha habido personas que han debido incluso cambiar su nombre para poder ayudar a los demás; la ministra republicana Federica Montseny, siguió trabajando con nombre falso desde Francia, durante nuestra guerra civil. Gerda Taro no es conocida mundialmente sino como Robert Capa, seudónimo que adoptó con su novio Endre Ernö para fotografiar los horrores de la guerra. Y si Gerda usó fotografías para denunciar el espanto, la enfermera Ellen Newbold publicó su diario, con brutales y sinceras descripciones de lo que ocurrió durante la 1ª Guerra Mundial.

Hay quienes han dado incluso su nombre sin importarles las consecuencias, como Mairead Maguire y Betty Williams quienes, a pesar de estar en bandos enfrentados se unieron contra el terrorismo y la guerra de Irlanda del Norte.

También Desmond Doss participó en la 2ª Guerra Mundial sin coger ninguna arma, solo estuvo en el campo de batalla para recoger heridos y ponerlos a salvo. Impidió, con este acto heroico, que murieran 75 soldados.

En fin, en estos Cuentos para niños y niñas que sueñan con la paz, encontramos cuarenta biografías escritas por José López y Rocío Niebla, quienes han destacado lo más interesante de personas que han dado su vida para que otras pudieran vivir en paz, como Berta Cáceres; personas que han hecho de su trabajo una llamada constante a la paz, como el chef José Andrés, o el científico Carl Sagan, quien, desde el espacio, envió a la Tierra unas palabras evidentes «Protejamos lo que queremos. De momento, no parece que nadie vaya a venir del espacio exterior a hacerlo por nosotros». Personas que son en sí mismas un símbolo de paz, por su trayectoria en favor de los oprimidos como el Dalái Lama, Gandhi, John Lennon, Martin Luther King o Nelson Mandela.

Personas que han inspirado con sus actos, a otros para llevar sus vidas al cine, como Oskar Schindler (La lista de Schindler) o Sadako Sasaki (Sadako y las 1.000 grullas de papel). Personas que han creado organizaciones y continúan llevando momentos de alegría a lugares en guerra, como Tortell Poltrona, fundador de Payasos sin fronteras, «titiriteros, bailarines, magos, músicos, clowns… todos unidos por algo tan serio como hacer que los niños olviden por un rato las balas y bombas». Niños como Iqbal Masih, mártir por su lucha contra la esclavitud infantil, sobre el que Miguel Griot escribió una historia perfecta, Iqbal Masih, lágrimas, sorpresas y coraje.

En este libro de Duomo ediciones, aparecen también algunas mujeres privilegiadas que abandonaron a sus acomodadas familias para proclamar, sobre todo, el derecho a la paz, como Bertha Von Suttner, amiga y secretaria de Alfred Nobel, que se convirtió en una líder del pacifismo; cuando Nobel descubrió la dinamita legó su fortuna «para quienes contribuyeran a fomentar la paz, la ciencia y la literatura: El Premio Nobel». La primera mujer en recibirlo fue Bertha.

También Jane Addams y su novia Ellen Gates dispusieron su fortuna para fundar una cooperativa y abrir las puertas a los que no tuviesen hogar, y durante la Gran Guerra, formaron en La Haya, la Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad.

La estructura del libro es bastante atractiva. El color es lo que predomina, y un papel grueso encuadernado en tapas duras. Al principio nos encontramos con un prólogo evocador sobre la historia de la diosa griega Irene, a la que luego los romanos llamaron Pax.

Las biografías de gente buena, escogidas por los autores del libro, contadas con un vocabulario coloquial y sencillo, de manera ágil, seleccionando momentos impactantes, ocupan una página, la de al lado está ilustrada por Mar Guixé, una estilista barcelonesa que ha dibujado a los personajes con características propias del pop. En un fondo monocromático resalta el rostro del biografiado, con la silueta delimitada en negro. Los colores son intensos y llamativos, creando un contraste entre el fondo y el dibujo, en el que los ojos reflejan, sin duda, el carácter del personaje. Los dibujos atraen de inmediato por la gran carga cromática. Grandes, ocupan toda la página y, a pesar de que apenas hay sombras, a pesar de los perfiles, a pesar de que no hay trazos en movimiento, los retratos son dinámicos, penetrantes, llenos de vida y expresividad.

Intercaladas entre las biografías encontramos a doble página diferentes curiosidades, como el nacimiento del símbolo de la paz en 1958, popularizado luego por el movimiento hippie; cómo el 25 de diciembre de 1914, los soldados de dos bandos diferentes de la 1ª Guerra Mundial hicieron un alto para celebrar la Navidad; por qué el 30 de enero se celebra el día de la Paz en los centros educativos; de dónde viene la tradición de fumar la pipa de la paz. Encontramos diferentes canciones referidas a la paz de músicos dispares; monumentos mundiales representativos de la paz; por qué se derribó el muro de Berlín en 1989…

Y entre biografías, dibujos, curiosidades, aparece de vez en cuando alguna frase célebre sobre la paz y quién la dijo, «La paz comienza con una sonrisa» (Teresa de Calcuta). Cierran el libro los treinta artículos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, firmada por la ONU tras la 2ª Guerra Mundial.

Como colofón, el niño propietario del ejemplar podrá escribir la biografía de alguien conocido, merecedor de estar en esta lista, y aportar ideas propias que él pueda llevar a cabo para que el mundo sea mejor.

La editorial propone participar, además, con mensajes sobre la paz, que luego compartirá en sus redes sociales.

Fantástico libro y ambicioso proyecto.

¡Enhorabuena!

sábado, 4 de junio de 2022

LA SECTA DE LOS ÁNGELES

En 1901 ocurrió en Sicilia un caso que, aunque parezca insólito, era usual en los pueblos de las grandes ciudades en los que el caciquismo era visto como normal, tanto si habías nacido en el lugar de los déspotas como en el de los oprimidos, y por normales se tomaban también las situaciones de cautiverio y dependencia de las mujeres, fueran de la condición que fueran. Situaciones de violencia extrema que siguen llevándose a cabo no solo en los pueblos. Y cuando son los propios padres quienes se convierten en verdugos, ¿qué queda? Espanto.

Pues en ese ambiente, un abogado, periodista y farmacéutico, intentó defender la los tiranizados y se enfrentó a la iglesia, a la nobleza y a la mafia, lógicamente sin buenos resultados. Amenazado de muerte hubo de emigrar a EE.UU. y allí dedicó sus esfuerzos a favorecer, sobre todo, a los inmigrantes.

Basada en este hecho real, La secta de los ángeles supone un perfecto retrato de la sociedad jerarquizada, en la que para salvaguardar el “honor” de violadores y criminales se anula la libertad de prensa, y a la mujer como ser humano; sociedad en la que la nobleza y la altas jerarquías eclesiástica y civil se reúnen en el Círculo de Honor y Familia, palabras que en la novela pierden por completo su significado literal. En este escenario tienen lugar conspiraciones contra quienes pretenden cambiar las leyes implícitas, contra los que no se ajustan a los deberes establecidos por la pirámide social. Hay una jerarquía con la que no se juega, «Pero yo a este capullo no lo dejaré salirse con la suya. Ahora voy a la oficina y telefoneo a Roma, a Ciccino Barrafranca, le informo y le ruego que intervenga de inmediato».

Andrea Camilleri regresa a España en 2022, como si resucitara al tercer año, con esta novela histórica, de la serie más negra, para defender a los débiles, para acusar a los asesinos.

El autor escribe una tragedia real en forma de comedia de enredo y penetra en los acontecimientos más dolorosos denunciándolos con ironía, con sarcasmo y cierto humor. Camilleri no pretende cambiar su estilo, no se acomoda a otra manera de escribir. Su método es auténtico y requiere un alto sentido de la moral, de la justicia y del humor. Camilleri es un icono de Italia, un representante fundamental de la novela negra, porque entre sus histrionismos e hipérboles aparece el compromiso con el ser humano:


…los curas subieron al púlpito…

El padre Eribert Raccuglia espetó

—¿No os había dicho que este pueblo acabaría como Sodoma y Gomorra?

[…]

El padre Alessio Terranova dijo:

—¡Debemos arrancar la mala hierba!

El padre Alighiero Saurra se burló:

—Ahora lloráis, ¿eh? Ahora rezáis, ¿eh? […]

El padre Libertino Samoná proclamó:

—¡Haced una santa cruzada!

El padre Angelo Marrafá amenazó:

—¡Juro que los supervivientes del cólera no volverán a poner un pie en la esta iglesia si no se han desembarazado de Matteo Teresi!


La cita, aunque algo larga describe el ambiente del pueblo de Palizzolo, una pequeña población rodeada de iglesias, curas, nobles y mafiosos. En ella, el único que se atreve a plantarles cara es el abogado–periodista Teresi; aunque no descansa en busca de pruebas de las violaciones y amenazas ocurridas y a pesar de que consigue que el capitán de la guardia civil, Montagnet, lo crea, ambos son expulsados y el pueblo, como la novela, queda cerrado.


Sus costumbres permanecerán y el tipo de vida impuesto por los poderosos perdurará bastante tiempo. Los pobres seguirán sin derechos y amedrentados, preferirán vivir encadenados a morir en libertad. Novela más amarga que negra. Aunque los crímenes, palizas, violaciones son expuestos desde la ironía y el humor de Camilleri, siguen doliendo y escociendo las imágenes que se nos vienen a la mente


—¿Qué coño dices?

—¡Se ha matado! ¡Se ha colgado de una viga! […]

—¿Ha dejado algo escrito?

—¡Yo no he visto nada! ¡Estaba muy asustado!

—¡Lávate la cara! […]

—¡Qué dice?

—Lávate la cara. Está toda ensangrentada

—Voy a la sacristía

—No pierdas tiempo. Lávatela aquí, con el agua bendita de la pila bautismal…


Diálogos ágiles, descripciones acertadas y un estilo inconfundible, La secta de los ángeles se lee con el deseo de que apareciera Montalbano y pusiera orden en ese pueblo podrido.

Deberán pasar unos años aún para que el concepto medieval del derecho de pernada de los curas y nobles quede erradicado. ¿Cuántos han de pasar para que los integrantes de la iglesia no queden impunes ante gravísimos delitos y sean castigados severamente por sus culpas? «Te hizo mucho daño? ¿y a ti te gustaba mientras…».

¿Cuántos para que la justicia haga honor a su nombre y trate por igual al obrero, al marqués o al rey? ¿Cuántos para que la jefatura de estado de un país se ostente por méritos propios y no por herencia como si fuera un piso? Lo que no cuesta obtener se valora menos. Puede que por eso existan actitudes caprichosas, volubles, irresponsables, de quienes lo han tenido todo sin dificultad.


—Qué… ¿Qué pasa excelencia?

—¡Unce otra vez la carroza! ¡Salimos!

[…]

—Pero, excelencia, como mínimo hay dos horas de viaje…

—¡Ya me estás cansando! ¡Unce! ¡Y luego ven a por los baúles!


Mientras no llegue ese día, agradecemos las voces de quienes se levantan para defender a los oprimidos, a las mujeres, niños, parados, a los diferentes a la norma, como la de Teresi, que vivió en el siglo XX o la de Camilleri, que murió hace tres años y aún nos sorprenden sus novelas acusadoras.

Andrea Camilleri juega con la escritura y somete a los personajes a un tratamiento caricaturesco, pero no quiere presentar una realidad distorsionada sino que pretende recuperar el pasado a través de su historia.

La reunión del Círculo, con la que comienza la novela estimula el ánimo del lector; el humor de los tópicos iguala las inclinaciones sexuales y políticas rechazadas en la sociedad tradicional machista «—Porque si este círculo hay un marica como el coronel Petrosillo no veo por qué motivo no puede haber un bakuniano como el abogado Teresi».

Una vez confiados y relajados, empezamos a temer que la novela no vaya por un camino de rosas, aunque la ironía y el sarcasmo permanezcan «En efecto, los carabineros habían usado argumentos muy convincentes: golpes de plano con el sable, latigazos y amenazas de arresto, todas las cosas que forman siempre parte de la sutil dialéctica de las fuerzas del orden».

Entre risas vamos llegando al final y con él, la desolación absoluta, a pesar de que esperamos el milagro de los sueños, el que tiene lugar en la literatura; pero esto, en realidad, es historia y en ella apenas surgen cambios, «Mafia, curas y nobles […] le estaban declarando que tenían la intención de reducirlo a la inanición».

Queda una novela póstuma de Camilleri aquí en España. Aún le queda algo por decirnos. Ojalá sea pronto.