jueves, 5 de febrero de 2026

MIAU

 

No sé si había leído Miau o simplemente la estudié en su día, de lo que estoy segura es que no había percibido la idea de la inmoralidad del estado, puede que ahora la situación, pese a no ser la misma, nos haya hecho ver como normal que los gobernantes sean imperfectos, causantes directos de los problemas que nos aquejan.

En 1888, Benito Pérez Galdós expuso a través de Ramón Villaamil la relación entre el deseo de libertad del hombre y las restricciones sociales. Lo curioso es que parte de la culpa de la situación en la que se encuentra el protagonista es de su mujer; de hecho, él reniega de ella y de su hija culpándolas de haber malgastado su dinero. Y es que, después de treinta y cuatro años trabajando como cesante en Hacienda, no tiene dinero ahorrado. En un suspiro, a dos meses de la jubilación, es despedido del trabajo, sin la promesa del ascenso y en unas condiciones mendicantes pues no le corresponde paga hasta que no vuelva a ser contratado. Pero de Ramón se ríen todos, de las mujeres de su casa y de él, por consentir que dilapidaran el dinero en superficialidades. Cuando su puesto se lo dan a su yerno, Víctor Cadalso, un mujeriego estafador, causante de la muerte de su hija mayor y de la desgracia de la menor, al enamorarla, Villaamil se vuelve loco «—Amigo Ventura —indicó Villaamil con dolorosa consternación—, acuérdate de lo que te anuncio. Tú lo has de ver, y si lo dudas apostemos algo… ¿A que ascienden a Víctor y a mí no me colocan? Otra cosa sería justicia y razón y la razón y la justicia andan ahora de paseo por las nubes».

Miau es una novela que expone la situación de España en un momento determinado de revueltas constantes; a través de Villaamil, Galdós anima a otra revolución. Las Miau es como llaman, por sus rostros algo felinos, tanto a su mujer, Pura, como a su cuñada, Modesta, como a su hija, Abelarda. Sin embargo, en esta onomatopeya residen en forma de acróstico los temas tratados en la novela y por los que Ramón Villaamil lucha de manera infructuosa: Moralidad, Impuestos, Aduanas y Unificación de la deuda. Este “miau” no conseguido es lo que lleva a Ramón a la desesperación total y a la locura frente al sistema corrupto en el que vive, «Villaamil era delicado, y sufría lo indecible con tales desaires; pero la imperiosa necesidad le obligaba a sacar fuerzas de flaqueza y a forrar de vaqueta su cara. Con todo, a veces se retiraba consternado, diciendo para su capote: “No puedo, Señor, no puedo. El papel de mendigo porfiado no es para mí”».

La restauración borbónica queda en entredicho, también la honradez y la decadencia de una sociedad en la que el entorno puede ser determinista; de hecho, Luisito, el nieto de Villaamil ve afectada su salud física y mental al estar en un ambiente poco propicio donde falta qué comer, donde se le hace depositario de los problemas del abuelo y donde su formación escolar pasa a un segundo plano. En esta situación, Luisito se aferra a un dios que se le aparece para prometerle que todo se solucionará si estudia y se esfuerza, consiguiendo que el niño solo piense en ordenarse sacerdote.

La familia de Villaamil podría ser una metáfora de la sociedad española: no está bien económicamente, formada por un granuja, alguna despreocupada, alguna frívola, un trabajador en conflicto y una infancia desprotegida. Los flashbacks en los que vemos tiempos mejores critican la situación actual.

Los personajes son extremos, como esperpentos sociales; al no haber término medio la denuncia social es más evidente: la sociedad abandona al hombre dejándolo a su suerte. Todos están desequilibrados, solo Luisito, en su inocencia, es capaz de vislumbrar un mundo más justo, aunque no deja de ser curioso que la paz y la justicia vengan de la mano de la iglesia, pues también la hija, enamorada y engañada por su cuñado Cadalso al tiempo que estaba prometida por conveniencia a un hombre con dinero, abandona la vida que lleva para ingresar en un convento.

El tema de la honradez choca con la lógica del español. Y el deseo de los protagonistas choca con la realidad en la que viven: ni las Miau tendrán las riquezas que anhelan, ni Luisito tendrá un padre como es debido ni Ramón tendrá el trabajo que merece. Los sueños se desvanecen en una sociedad que se presenta implacable y que toma la religión como un bálsamo para sus penas «Verás, verás —le decía—, qué cosas tan monas te tiene allí la tía Quintina: Santos magníficos, grandes como los que hay en las iglesias y otros chiquitos para que tú enredes con ellos; vírgenes con mantos bordados de oro […] candeleros, cristos, misales, custodias, incensarios…».

Y dentro de esa sociedad religiosa el suicidio no estaría permitido, de ahí que el final sea abierto, poco claro, «¿Apostamos a que falla el tiro? ¡Ay! Antipáticas Miaus, ¡como os vais a reír de mí!... Ahora, ahora… ¿A que no sale?».

Y por eso Luisito confirma a Ramón que sus intenciones de quitarse la vida son aprobadas por «el hacedor de la vida».

La muerte es contemplada como una liberación. Cuando la madre de Luisito, la hija epiléptica de Villaamil, muere, se libera tanto de su padecimiento físico como mental pues Cadalso la engañaba constantemente. Cuando Ramón no puede soportar la miseria y humillación a las que se ha visto abocado cree que solo podrá liberar su sufrimiento a través de la muerte.

Es verdad que la situación no es la misma, pero la base continúa parecida: los que quieren trabajar y estudiar más para contribuir a una sociedad mejor, son ignorados, se cortan las subvenciones a la enseñanza y la medicina, por ejemplo. Los que no se han esforzado sino que están en el poder con mentiras y corruptelas, se les deja el campo libre para que sigan medrando. Gobiernan el mundo desquiciados del poder que pretenden anular la libertad de acción del pueblo a costa de lo que sea.

No pasa nada si tenemos un país menos o desaparecen miles de personas. No encuentro el avance respecto del siglo XIX. Todo lo contrario.




miércoles, 28 de enero de 2026

ODISEA

Parece increíble que hace casi tres mil años, alguien, Homero, por ejemplo, escribiera en verso un poema que ha sobrevivido hasta hoy. No solo eso, probablemente la Odisea sea uno de los libros más conocidos en el mundo. Vivir una odisea es una expresión de lo más normal cuando queremos referirnos a las adversidades que pasamos como consecuencia de un suceso. Es notorio el canto de las sirenas que atraen, el ataque del gigante Polifemo, Penélope y su función de tejedora, la hechicera Circe… Son pasajes de esta gran historia que aun no habiéndola leído, se conocen.

Por eso la Odisea es universal; ha resistido el paso del tiempo y las diferentes culturas. Sin embargo, Blackie Books ha inaugurado una colección: «Clásicos liberados» con esta historia y, no podía ser de otra forma, lo ha hecho a lo grande. Basada en la versión de Samuel Butler, Miguel Temprano García ha elaborado la traducción del inglés. Por cierto, fantástica; los hexámetros en los que fue escrita en su día han sido sustituidos por la prosa, de esta forma el ritmo solemne y cuantitativo de la poesía griega se adapta a la prosa sencilla natural y armónica del castellano. Cualquiera puede leer Odisea, la adaptación es tanto de la estructura como de los términos, Temprano utiliza un vocabulario usual para narrar las hazañas de Ulises; aunque no debemos olvidar el acierto de introducir «La versión de Penélope» de Margaret Atwood. Una joya en la que Penélope, una vez muerta, nos cuenta su visión de los hechos, desde que fue casada con Ulises hasta que él llegó de su aventura, 20 años después. Asimismo el microcuento de Augusto Monterroso «La tela de Penélope o quién engaña a quién» merecería ser historia y no literatura y el poema de Javier Krahe «Como Ulises», saca más de una sonrisa.

No termina ahí la edición. No puedo dejar de mirar las ilustraciones de Calpurnio: trazos sencillos en los que cada personaje tiene su sello personal para poder “leer” las imágenes con facilidad. En los márgenes, como en los grandes libros, encontramos acotaciones informativas que guían al novel en la materia sobre quiénes fueron algunos de los personajes que aparecen: Méntor, Calipso, Ulises…, y sobre algunos comentarios que otros autores elaboraron de la obra. ¿Podemos despistarnos? No. Los 24 cantos marcan además la fecha, desde que comenzó el regreso Día 1. 8 de marzo 1178 a.C, hasta que llegó a casa dispuesto a matar a los pretendientes Día 41. 17 de abril 1178 a.C.

No se le puede poner ninguna pega. La edición es una maravilla, atractiva y actual. Y, a pesar de estas novedades, Odisea (liberada) mantiene ciertos recursos de la épica griega que le confieren su característica. No debemos olvidar que estamos ante una epopeya por lo que los héroes continúan encarnando ideales como el honor y el valor, aunque la edición de Miguel Temprano haga hincapié en el carácter pícaro y embustero del protagonista «Lo dijo para confundirme, pero yo era demasiado astuto para dejarme engañar y respondí con una mentira […] El muy cruel y miserable no me respondió una palabra sino que, con un gesto brusco, atrapó a dos de mis hombres…».

Los dioses intervienen en los asuntos humanos; la adaptación de Blackie Books incide en la ayuda de Atenea que guía a Ulises, lo aconseja transformándose en Méntor, o de forma invisible lo ayuda para que conserve la vida. Al final tenemos la impresión de que Ulises no era para tanto, al menos sin la ayuda de la diosa le habría sido imposible el viaje, tal como lo fue para sus hombres. Pero es épica, por lo que las enseñanzas sobre la condición humana están presentes en todo momento, como la tradición oral de la que parte; así el vocabulario sencillo es el dominante, las fórmulas repetitivas «Llegamos entonces… Cuando llegó la mañana… Cuando casi había llegado… Cuando llegaron a la casa de Circe… Cuando llegué al bosque…» van aportando continuidad a la narración y enfatizan los sucesos que se cuentan.

Por supuesto, el epíteto épico no podía faltar «Cuando apareció la hija de la mañana, Aurora de dedos sonrosados». Fórmulas de transición para indicar los cambios de escena o de narrador, normalmente acompañadas de verbos dicendi que favorecen el discurso directo y la atención

Entre tanto Euríloco había estado dando malos consejos a los hombres

—Oídme —dijo—, mis pobres compañeros […]

Así habló Euríloco y los demás aprobaron sus palabras.

De esta forma la cadencia de la epopeya griega se mantiene, así como la claridad de lo narrado que, unido a los comentarios antes referidos y las ilustraciones, hacen de esta edición la perfecta para que todos sepamos los hechos de la Odisea sin perder detalle.

Odisea liberada me la prestó Amaya, la de espíritu clásico y mente clara. Yo compraré la siguiente historia de esta edición de Clásicos Liberados.

jueves, 22 de enero de 2026

TABBY

Esta novela no es mía; es de mi hijo y me la dejó mientras estuve en su casa. No sabía si la comentaría o no; solo leía por tener la mente en otra cosa que no fuera un martilleo constante que me la dejaba vacía.

Él está en su casa ya y yo en la mía, y con este triunfo suyo he recordado esta mañana, cuando me he despertado en mi cama con una alegría infinita, que lo ocurrido a Tabby Saint es digno de ser contado, y digna de alabanza la facilidad con la que Sarah Mian cuenta, con una base de ternura, algo de humor y toda la convicción del mundo, el giro que puede dar una vida deshecha. Maltratada desde su más tierna infancia por un padre alcohólico, cuyo cerebro, dañado a su vez por los golpes recibidos de su padre, no le permitía comportarse de manera afectiva con su familia; confiada por su madre a una mujer para que se hiciera cargo de ella y luego la dejó en un internado para chicas problemáticas «El tutor que me asignaron en Raspberry tenía veintimuchos años y no era feo […] Después de eso todas mis “tutorías” consistieron en hacerle pajas […] En cuanto se relajó y cerró los ojos, saqué la pesada grapadora de debajo del jersey y le incrusté tres o cuatro grapas metálicas directamente en los huevos». Cuando abandona el centro a los 18 años, Tabby es capaz de llevar una vida más o menos normal, con más problemas y menos oportunidades pero sabiendo salir siempre adelante. Después de diez años apartada de su hogar, vuelve a Solace River y ve la casa donde se crio, destruida. Ella ha sabido sobrevivir mejor que el resto de su familia: su hermana pequeña es drogadicta y madre de dos niños pequeños; su hermano menor solo tiene en mente vengarse de los que dejaron a su hermano mayor parapléjico de una paliza y su madre, ya viuda, es casi una sombra que, malviviendo, continúa haciéndose cargo de todos.

Pero una vez en el pueblo, Tabby conoce a West, el dueño de un bar, que la ayudará a dar un giro de 180 grados a la vida de la familia Saint. Todo puede cambiar, a veces de la forma más inesperada.

No hay que perder de vista a Sarah Mian, esta es su primera novela y ya ha sido premiada. Al leer Tabby, no eres ninguna perdedora, nos adentramos en nuestros propios traumas y buscamos el sentido de nuestros propios orígenes. El estilo de Mian se desmarca del realismo social al escoger una voz narrativa en primera persona inmensamente humana, con gran dosis de sarcasmo que no elimina la ternura «Intento pensar en qué más decir —Me gusta cómo suena su voz al teléfono. Como un pastel de ángel».

La familia Saint es el escándalo social; en un ambiente arruinado, los niños actúan como adultos y los adultos se olvidan de que son humanos «Poppy se ha ido por drogas. Ha dejado a los niños en el coche en casa de un camello y Janis se ha quedado dormida. Swimmer ha desaparecido del asiento trasero y nadie sabe nada de él».

La protagonista debe luchar con los demonios del pasado para hacer frente a un futuro cuyo presente no permite que se cumpla. El final, aunque parece cerrado, no lo es; nos gustaría pensar que sí, que todo irá bien a Tabby porque su lucha lo merece, pero sabemos que deberá seguir esforzándose cada día.

Creo que este es el mensaje de Sarah Mian, la vida es una prueba constante que debemos pasar mientras vivimos en un mundo que se presenta destrozado, en el que, a pesar de las contradicciones hay cariño, en el que, a pesar de la hostilidad podemos encontrar válvulas de escape que nos hagan llevaderos algunos momentos y nos recuerden que merece la pena seguir luchando.

La narrativa es ágil, los diálogos contienen un punto de humor que suaviza el dolor, la exclusión social y las aberraciones por las que debe pasar una familia marcada y despreciada


—¿Drogas?

—No. Lo otro. Lo que tienes que hacer para conseguirlas. Ni los temblores ni los vómitos, nada puede ser peor que vender tu cuerpo. Si eres capaz de soportar eso noche tras noche, puedes pasar el mono sin problema

Historia marginal repleta de violencia y optimismo. Una novela que enciende una luz en la oscuridad que nos asusta en algún momento. Historia que debe ser leída porque la vida, aunque dura, es lo mejor que tenemos. Quienes hemos estado a punto de perderla, lo sabemos «—La música está en todas partes». Alberto, Antonio y yo hemos visto música en Amaya, en Lara, en Francis, en Erin, Darío y Carlota y, sobre todo, en todos y cada uno de los componentes del personal sanitario del IMED de Elche; gracias a ellos, hoy sonreímos.

miércoles, 17 de diciembre de 2025

LAS LOCURITAS DE ÚRSULA

De nuevo gracias a Babelio porque, a través de su Masa Crítica, me ha dado la oportunidad de conocer a autores nuevos. He disfrutado el libro y voy a pasarlo a alguien muy importante para mí para que lo disfrute.

Este libro es un libro para Amaya, no es que ella se parezca a Úrsula aunque comparten preocupaciones e inquietudes por hacer lo que creen que está mejor. No se dejan llevar por trivialidades, por modas superfluas ni cosméticos avanzados. Se preocupan por su bienestar interior, por hacer más fácil la vida a los que tienen a su alrededor. Úrsula, como Amaya, son mujeres que tienen un sueño laboral mientras hacen bien su trabajo; mujeres a las que les gusta pasear por la calle, por el parque cercano a su casa y se fijan en todo, sienten cada olor, cada objeto que las rodea y lo viven porque su sensibilidad está a flor de piel. Úrsula es traductora y en sus ratos libres, sueña e intenta escribir una novela «MMM… Quizá debería intentar escribir una novela histórica… Quizá… Un caso de asesinatos y trepidante intriga en el Antiguo Egipto». Es soltera.

Amaya es profesora y todo el tiempo, libre y ocupado, lo dedica a que su familia sea feliz y sueña con un futuro ideal para sus hijos. Ambas tienen amigas con las que pueden contar y son imprescindibles para ellas. Son de gustos sencillos y se emocionan con cualquier detalle que una amiga, o la propia naturaleza, tenga con ellas. Úrsula es una sufridora nata, e incapaz de decir que no a quien quiere aunque ella salga perjudicada; puede quedarse con el perro de una amiga los días en que esta esté fuera; puede aguantar a su hermano los días que él decida que se va a quedar en su casa. El hermano de Úrsula es el único personaje de Las locuritas de Úrsula con el que no empatizamos. Es un vividor, machista, creído de sus tonterías, de mente plana; es capaz de no calentarse la cabeza con problemas porque su personalidad es superficial. Y a eso se dedica. A hacerse la vida más fácil «Sinceramente, huyo tanto del tema que preferiría no estar pensando esto ni si quiera. ¡Borrar, borrar! venga, piensa en algo agradable. En dinero o algo así…».

Esta es la mayor diferencia entre Amaya y Úrsula. Amaya tiene un hermano maravilloso. Como ella.

Sergi Puyol ha realizado esta novela gráfica estupenda y ha dado en el clavo. La imagen de Úrsula ya nos dice mucho de su personalidad, pero al leerla, encontramos la intimidad de Úrsula y nos gusta. Úrsula se hace de querer con sus convicciones y sus dudas, con los consejos que ofrece a sus amigas aunque a ella, seguirlos le cuesten pesadillas. Úrsula es humana, sensible y crítica consigo misma, puede que la mayor crítica con la que se va a encontrar, «Esto es espeluznante, pero no en el sentido que esperaba».

Puyol ha escrito una novela gráfica dividida en viñetas que pueden leerse por separado o en continuidad; si lo hacemos así nos enteramos, paso a paso, del día a día de la protagonista. Si lo leemos de manera suelta, cada página va titulada con el tema que luego tratará Úrsula: echar de menos a su hermano, cuando este por fin se va, escribir una novela de terror, dejarnos ver su “mundo interior” cuando lo expresa de manera edulcorada a sus amigas para no hacerles daño…

La narrativa es muy visual aunque el texto escrito es importante y ayuda a darle movimiento a las viñetas pues los dibujos son más bien estáticos, algo que ayuda a entender el lento día a día en el que la actividad más importante es la que realiza el cerebro. Hay alguna onomatopeya: ja ja ja, bla bla bla pero no es lo que predomina. Úrsula y sus amigas son creíbles, mujeres jóvenes que habitan en un contexto social medio y poseen cierta formación e inquietud cultural.

La lectura del cómic es sencilla pues la estructura de la página es bastante regular: Dividida en tres partes, cada una de ellas se distribuye a su vez en dos o tres viñetas que se leen como la escritura, de izquierda a derecha. El estilo es realista, algo caricaturesco, que favorece la idea que tenemos de la personalidad de los personajes; eso es lo que importa realmente. El color da vida a las viñetas y cierta alegría a la vida de los protagonistas, en la que vemos cómo va evolucionando, con sus dudas constantes, hasta tener confianza en sí misma, superar sus fobias y valorarse como debe. Es una historia clara, con principio, desarrollo y final. Es un personaje creíble; sus amigas también y, aunque nos pese, también el hermano es creíble, quiere parecer fantástico pero suena impostado.

Los dibujos comunican una ambientación caótica, descuidada, reflejo de sus experiencias en las que nimias obsesiones no la dejan creer en sí misma. Los lectores conectamos desde el primer momento. Las lectoras seguro porque encontramos en su intimidad algo de nosotras mismas. Contrariamente a lo que podría parecer, al no haber calles entre las viñetas tenemos la sensación de claridad, de continuidad con el pensamiento de Úrsula, que no para. En los dibujos encontramos primeros planos, que resaltan la ironía con la que la protagonista vive la convivencia con su hermano. La ausencia de mirada en sus amigas, tapados los ojos por las gafas, da el protagonismo absoluto a Úrsula.

Encontramos planos americanos cuando el autor quiere resaltar la relación de Úrsula con el contexto; y plano de detalle para enfocar algunos vínculos como los establecidos por el móvil, donde lo que decimos no tiene el filtro de la comunicación directa «No lo conoces bien. Solo hace beber cervezas todo el día, sentado en mi butaca juzgándome».

El arco narrativo de Las locuritas de Úrsula despierta conciencias al revelar las cotidianeidades y preocupaciones de una mujer de 40 años válida e insegura hasta que es consciente de su valía.

sábado, 13 de diciembre de 2025

MINNESOTA

Hay amigos, mis amigos, que saben que me gusta la novela negra y, si hablamos de Jo Nesbø el nivel sube bastante; así que gracias Mari Carmen, Alfonso, Jesús, gracias porque he disfrutado desde la primera página. Dicho así parece un poco sádico pero es lo que ha ocurrido. Mi mente se puso en marcha para ver quién podría ser ese narrador protagonista que en 2022 se acerca por Minneapolis en busca de documentación sobre el caso de Tomas Gomez, un hombre enigmático que en 2016 protagoniza una serie de asesinatos mientras la policía, homicidios y el propio FBI van tras él. También Bob Oz, un detective policial suspendido por no poder controlar la ira, investigará, con ayuda de algún compañero, el paradero del asesino. Pero sobre todo, para dar con él deberá entender por qué lo hace. Casi toda la historia sucede en octubre de 2016, cuando un narrador en primera persona va contando los hechos desde que dispara a Dante, uno de los jefes de la mafia de Jordan, sin importarle que lo hayan visto por las cámaras de una tienda de animales a la que se dirige después, «El coche pasó, supe que me habían visto. Del mismo modo que sabía que me habían captado las cámaras de vigilancia […] y sabía una cosa más. Sabía que estaba muerto».

Después, el narrador en primera persona, Tomas Gomez, va alternando los capítulos con otro narrador en tercera, que va contando los hechos según suceden, de esta forma las causas de Gomez adquieren otro punto de vista más objetivo.

Pero no nos engañemos, Nesbø es un maestro para darle mil vueltas al asunto, de manera que lo que creíamos haber entendido es justo lo contrario, o al revés. Nada es lo que parece, puede que sí, así que lo mejor es dejarse llevar por una narración sencilla que, debido a los diálogos sugerentes, a los capítulos cortos y a la acumulación de figuras literarias consigue complicar cada situación; de pronto encontramos en un mismo párrafo antítesis sugeridas, comparaciones necrofílicas, pleonasmos evidentes, hipérboles y sinestesias. Todo a la vez. El amor y la muerte planean constantemente en la novela de manera intensa, expresiva. Hay muertes en Minnesota pero la escritura está viva y entra en el lector produciendo no solo un efecto estético sino adictivo. Queremos más, «Al entrar sonó una campanilla sobre la puerta, pero, cuando paró y la puerta se cerró a su espalda, se dio cuenta del silencio que reinaba. Era más silencioso que la ausencia de sonidos. Silencioso como una tumba, pensó, y observó los cadáveres callados de los animales».

El autor mantiene un ritmo rápido, dotado de cierta tensión que, indudablemente va en aumento y hace que los lectores no podamos dejar el libro. Porque todo lo que parecía inexplicable tiene su explicación. No hay superhéroes en Minnesota, si acaso supervillanos y personas dolidas a las que les ha sido arrebatado todo y son capaces de todo. ¿Hasta dónde llega nuestro afán de venganza? ¿Es necesario infligir un escarmiento para quedarnos en paz?

Es verdad que soy una apasionada de Jo Nesbø, pero Minnesota no da tregua. Tampoco Bob Oz, ese detective descendiente de noruegos «Piel blanca de la que nunca se broncea, solo se quema. Cabello pelirrojo denso y rebelde», que, desde que se quedó solo, cura su dolor con sexo y alcohol. En Minnesota importa la trama, por supuesto; importa el estilo, del que podemos destacar el humor negro con el que, aprovechando incluso la muerte, sabe sacar una sonrisa del lector, «Bob se volvió incrédulo al canario, que seguía igual de inmóvil y rígido en su palo. Ahora veía el altavoz microscópico que había bajo el columpio». Destacamos también el humor sarcástico, del que se vale para realizar alguna que otra crítica social: «—Se echó a reír—. Creo que fui yo quien dio marcha atrás. Creía en los ovnis y era terraplanista. Esa combinación se me hizo un pelín demasiado rara». Y por supuesto, la ironía que, en boca de los pobres, resulta desoladora «…que ni tenemos suerte suficiente para hacernos ricos ni estamos lo suficientemente mal para vivir de las ayudas. Dice que va a votar a Donald Trump»

Pero lo que más llama la atención es cómo el autor se hunde en sus personajes para sacar hasta el más mínimo rasgo de su personalidad. Conocemos a Bob Oz y empatizamos con él, llegamos a quererlo. También a Alice, a Liza y Mike. Son personas que han sufrido y anestesian su dolor como mejor saben en un espacio adverso reservado, sin duda, para la gente pobre, en su mayoría inmigrantes, desechos de una sociedad que no los protege. El problema de la inmigración es evidente y la denuncia hacia la sociedad también «El vietnamita que regentaba la licorería en la que compraba Bob explicaba que, cuando has sobrevivido a una travesía marítima en bote huyes del agua salada lo que te queda de vida».

Y si hay alguna denuncia explícita es a la tenencia de armas por personas que no tienen licencia, no están capacitadas o sí. Da igual, cualquiera puede adquirir una pistola o un fusil y, a quien lleva un arma en su poder solo puede convencérselo de que no la use, usando otra arma. A las muertes por tiroteos hay que sumar las de tráfico de drogas. Es una rueda, vender una da para comprar otra.

La novela puede que tenga menos carga emocional que las del detective Hole pero yo la he disfrutado igual. La tensión va en aumento; los personajes son creíbles de tan descabellados y el argumento no puede ser más actual. Una sociedad que establece la violencia como solución a cualquier obstáculo es algo que estamos viendo no solo en EE.UU., también nuestro país va camino de ello. Minnesota expone uno de los problemas más inmediatos sin querer educarnos, no pretende convencer a nadie, solo expone las causas y las consecuencias. Pero es muy duro comprobar el estado mental de la sociedad actual.

Las ruinas a las que ha llegado el país al que todos aspiraban a imitar se están expandiendo por el mundo. El peligro es que destroza a todo lo que lo rodea. Leer Minnesota es replantearse la moral aunque Jo Nesbø mantenga la esperanza en el ser humano (al menos en alguno).

viernes, 5 de diciembre de 2025

ORIGAMI. EL EXPERIMENTO DE METAFICCIÓN

De nuevo agradezco a Babelio la posibilidad de conocer a un nuevo escritor y a su ópera prima.

En toda obra hay un autor que crea una historia en la que se mueven los personajes. Imagino que enfrentarse a la página en blanco es más difícil para unos que para otros, sobre todo porque esta página puede ser la antítesis de lo que en realidad representa. El autor puede sentirse constreñido por los límites del papel, sentirse asfixiado en un espacio que no es sino la simulación de una realidad inmensa, a la que se le puede dar la forma que se quiera y donde se pueden introducir los personajes. En ocasiones el autor, indeciso, no sabe por cuál decidirse, y cuando lo consigue no tiene claro qué hacer con ellos; debe pensar entonces en el lector, a quién va a dirigir su obra para que los personajes se muevan en una u otra dirección. O al revés, la finalidad de la creación es que se convierta en un best-seller, por lo que los personajes funcionarán según las expectativas. Parece que con un guion de cine pasa algo parecido. El guionista tiene en cuenta distintas opciones, diferentes actores que podrían resultar efectivos y diferentes acciones que llevarían a la película a ser un éxito. Esto es lo que nos enseña Antonio San Lorenzo en Origami.

La novela pretende ser un conjunto de conflictos que mantienen los personajes entre ellos y las personas reales que los representan, sobre todo con el autor-guionista. Un conflicto es fundamental, porque permite acontecimientos que marcan cierta tensión, pero Origami está elaborada como una figura de papel, con paciencia, sin apenas sucesos y sin tensión. La novela está caracterizada por la lentitud, los personajes dan vueltas en un espacio blanco en el que no hay tiempo ni espacio conocidos; es como el principio de toda creación. Los personajes apenas luchan en los escasos obstáculos con los que se encuentran. Creo que es porque, en realidad, no está escrito el guion; solo quieren representar 4 papeles que la crítica literaria del siglo XX expuso como fundamentales para los cuentos: protagonista-antagonista-héroe-villano. El interés del lector decae algo al no conectar con esos personajes, en realidad aún no son nadie definido, y al no saber a qué guion atenerse.

El lector no sabe con certeza de qué hablan, por lo que no hay misterio «Quizá, como Fidel, también necesite un periodo de adaptación o, quién sabe, quizá le vendría bien que forzásemos ligeramente la situación. De todas formas, ya veremos qué ocurre cuando las tornas comiencen a cambiar —sugiere misterioso». Pero para que el misterio funcione debe haber un planteamiento claro, mantener la información con pistas —reales o falsas— e ir revelando poco a poco la información.

En Origami podemos asumir el inicio como una serie de personas que no saben dónde están ni por qué. Enseguida conocemos que son personajes y, como aquellos de Pirandello que, en 1921, fueron en su busca para quejarse, estos se dirigen a Armando, el guionista, para que les diga cuál será su papel en la película. Gloria, Fidel y Marco tienen miedo a quedarse en un cajón y no dar el salto a la gran pantalla. Los personajes de San Lorenzo quieren un destino favorable, según sus intereses, pero Armando tiene otros, aunque no cuenta con que ellos pueden actuar de forma autónoma.

Es la magia de la ficción, cuando estos entes imaginarios se van despojando de la dictadura del autor para moverse libres, estableciendo un conflicto en la situación. Sabemos que no quieren someterse a nadie, pero no conocemos realmente la situación, no conocemos el argumento que quieren vivir, si acaso una escena. Origami, el experimento de metaficción, es algo parecido a la técnica del origami, cuyo objetivo es encontrar serenidad en cada pliegue, en cada giro del papel hasta que nos autoconocemos en profundidad; el origami literario podría tener un giro argumental en cada pliegue, en cada rol que van a representar. Es lo que he echado en falta en esta novela, el construir y reconstruir secuencias hasta llegar a una historia elaborada. Pero no hay escenario, después de dar muchas vueltas, siguen en el espacio en blanco; no he podido entrar en él y ponerme en su lugar, no se me han hecho creíbles, ni los reales a que hacían referencia ni los ficticios, porque son figuras marcadas por un determinismo inicial impuesto por el creador. Siempre hay alguno que confía en que puedan llegar a más, a moverse por sí mismos, «No somos un producto de la imaginación, sino la imaginación en sí misma tratando de abrirse camino». Esto, en teoría, es fabuloso, pero al momento siguiente reconocen que «la historia sigue sin avanzar», una historia de la que no sabemos la trama. Las dudas que tienen los personajes se refieren a si deben, o pueden, actuar como personas autónomas o como personajes, pero no sabemos qué quieren hacer. Ven incluso, en algún momento, ventajas de ser imaginarios «Fuera la vida no concede segundas oportunidades ni permite retroceder para deshacer errores», (algo muy discutible, por cierto).

Incluso Gloria, la famosa actriz, decide olvidar a su prometido real y tener una aventura con alguno de sus compañeros de reparto, llegando a amenazar al elegido cuando este no acepta y, la razón que le da es que en la vida real él no habría tenido esa oportunidad. ¿Por qué? ¿Porque ella es guapa y famosa y él debilucho? ¿En la realidad solo los guapos se atraen entre ellos? En fin, son conclusiones algo tópicas, o mucho, o reflejan una sociedad superficial, y es una pena, «Cualquier otra estrella o aspirante podría encarnar su papel y todo tu esfuerzo sería aprovechado por una Gloria más joven y ambiciosa». ¿Nos dejamos manejar sexualmente por dinero? Espero que no.

Sí es cierto que al final los personajes se dan cuenta de que no son plenamente libres, se sienten intimidados por el guionista o por el productor o por el director o por el público.

Esta es la verdad, al final hay lectores, espectadores, que juzgan a unos personajes y se sienten o no atraídos por ellos. De ahí que no todo el cine sea para todos los públicos. Y, para esta lectora, la novela estaría perfecta con algún pliegue menos en su estructura, algo menos de teoría y algo más de acción… Pero es solo una opinión.

martes, 25 de noviembre de 2025

UNA HISTORIA DE AMOR


Ricardo y Liduvina son los eternos novios de comienzos del siglo XX, cuando determinadas actitudes no estaban permitidas por considerarse indecorosas socialmente. Sobre todo, la mujer no debía solo ser honesta sino “parecerlo” por lo que el noviazgo era una espera en la que las mentes de los jóvenes imaginaban situaciones que se harían realidad en un futuro. El problema llegaba cuando el futuro disponía otros arreglos. Los matrimonios se encontraban entonces con pocas opciones de felicidad conyugal. Miguel de Unamuno expone otra situación de amor familiar en la primera mitad del siglo XX.

Una historia de amor comienza con un narrador que, en tercera persona, notifica al lector la penosa situación por la que está pasando una pareja. El pesimismo inicial es presagio de un final desgraciado aunque habremos de llegar a él para ser testigos de lo que ocurrirá, «Hacía tiempo ya que a Ricardo empezaban a cansarle aquellos amoríos. Las largas paradas al pie de la reja pesábanle con el peso del deber, a desgana cumplido». En este comienzo observamos ya el desamor de Ricardo, el despectivo “amoríos” da fe de ello así como el campo semántico “negativo” de amor (largas paradas – reja – peso – deber). La relación parece impuesta, aunque sea por el acomodo de ellos mismos.

Ricardo y Liduvina se vieron envueltos en una relación, llevados por la urgencia de salir de sus casas y empezar una nueva vida instaurando su propia familia. Ambos tienen buenas intenciones aunque les falta la pasión amorosa. Pensando que Liduvina se escandalizará y romperá la relación, Ricardo le propone fugarse y ella, lejos de rechazarlo, acepta, con la esperanza de que la pasión vendrá con el día a día. De esta forma se van de casa y, solo les hace falta un día para confirmar que no están enamorados. Ricardo cree que realmente tiene vocación religiosa y Liduvina entra en un convento de ursulinas porque pocas opciones más le quedan. En sus respectivos conventos tendrán tiempo de reflexionar sobre el amor familiar, el romántico y el divino; sobre el egoísmo humano; sobre el sacrificio que hemos de hacer para seguir las normas sociales; sobre el conflicto existencial entre las necesidades del alma y del cuerpo.

En esta novela corta, Miguel de Unamuno dejó el estilo caracterizador de sus grandes novelas. El existencialismo del autor se refleja en Ricardo y Liduvina, en la lucha personal que mantienen. No se ven a sí mismos sino que se pierden en pensamientos angustiosos que dejan asomar en todo momento el conflicto entre la razón y la fe que el propio autor sostenía, «Había nacido para apóstol de la palabra del Señor y no para padre de familia; menos para marido y, redondamente, nada para novio».

La narración nos cautiva desde el primer momento por el humor, la ironía y el misterio. A esto se le suma algún ejemplo de la realidad, que aporta una prosa clara y visual. El ritmo pausado del narrador, se acelera con los diálogos y en ocasiones con anáforas paralelísticas que se van alargando mientras remarcan un tiempo infinito, «…aun cuando no se viesen, aun cuando no volviesen a cruzarse […] aun cuando no volviesen a saber el uno del otro».

A lo largo de la trama aparecen emociones antitéticas que se acercan bastante a las inseguridades del hombre; cuando Ricardo y Liduvina se van juntos, se sienten separados, mientras que cuando se separan se sienten cada vez más unidos y comprenden las razones del otro para actuar como lo hizo. La tensión entre la pasión espiritual y la corporal va creciendo conforme avanza la novela. También aumenta el conflicto entre vocación, soberbia y egoísmo, «Creíase un nuevo Agustín, habiendo pasado, como el africano, por experiencias de pasión carnal y del terrestre amor humano […] Parecíales que fray Ricardo buscaba singularizarse, y que en su interior los menospreciaba». Realmente la soberbia de Ricardo vence a la envidia del resto de frailes, seduce a todos quienes escuchan sus sermones pero él y Liduvina saben que en el fondo no hay más, es simplemente un buen orador, esa era su ambición, esa ha sido la causa por la que se han visto privados de una vida en familia, y esa es la razón de que se sienta admirado pero no querido.

Solo cuando fray Ricardo va a predicar al convento de sor Liduvina, el sermón se convierte en un examen de conciencia en el que metafóricamente le pide perdón y ella es capaz de interpretarlo todo y reflexionar tanto sobre su actitud como sobre la de él. Cuando ambos llegan al amor divino es cuando entienden el humano. La novela es un relato intimista de la pareja pues hay una introspección constante de los personajes, que trasladan al lector quien, en todo momento reflexiona sobre lo ocurrido. El Unamuno filósofo está presente, dejando que sea Liduvina, sobre todo, la que aborde la existencia con un sentido más pesimista «Fuése a la lejana y escondida villa de Tolviedra, colgada en un repliegue de la brava serranía, y se encerró entre las cuatro paredes de un viejo convento que antaño fue de benedictinas. En la huerta había un ciprés hermano del […] ciprés de sus mocedades». No solo su vida es monótona y apartada. El ciprés, símbolo de unión con el cielo en un intento de igualar la vida terrenal a la eterna, es lo que la representa, ella ansía «un mundo sin tanto lodo y tanta falsía, sin silencio de madre, sin ceño de hermana sin egoísmo de novio, sin envidias de compañeros», de hecho los lugares que ocupa ella en la novela son símbolos de falta de libertad: su casa, las paredes de la fonda donde se hospedan, la tapia del convento, la reja, la cortina de la capilla… La mujer acusa la prisión terrenal frente a la eterna imaginada. Ella reside en el mundo como una transición a la libertad que da la mortandad. Está para sufrir un duelo constante del que tendrá el consuelo en la vida eterna.

El narrador, en tercera persona omnisciente, es apasionado, directo, con un razonamiento que marca la naturaleza cambiante del ser humano. Es un narrador movido por la mano del autor que relata cómo sor Liduvina adopta la posición que vimos en La tía Tula, obsesionada con la maternidad como forma de persistencia. Un narrador que juega con el lenguaje a su antojo, con aliteraciones que resaltan el significado de los conceptos «rivalidad ingenua de madres marradas»; sinestesias que intensifican uno de los sentidos, «oscura tristeza»; comparaciones con predicadores reaccionarios, fuertes, que aportan verosimilitud a la historia: Savonarola, Monsabré, Lacordaire. El diálogo es menos prosopográfico que de identidad porque importa, ante todo, el espíritu.

El vocabulario está salpicado de palabras cultas, que se entienden a la perfección, y de neologismos, como el impuesto por Juan Ramón Jiménez «recojimiento, recojida».

Por todo ello, es bueno leer a Unamuno y reflexionar con él sobre el sentido trágico o cómico de la vida. No defrauda.