Tres épocas diferentes en La
pintora de piedras; una de ellas alejada de nosotros unos cinco mil
años, la más interesante. Su protagonista, Ata, nos muestra una mujer joven,
muy joven según la clasificación actual, que es capaz de enfrentarse al jefe de
la tribu, Gur, e intentar matarlo, para quedarse con Tucu y con el poder al
derrocar al dictador.
Tres épocas diferentes en La
pintora de piedras; una de ellas alejada de nosotros unos cinco mil
años, la más interesante. Su protagonista, Ata, nos muestra una mujer joven,
muy joven según la clasificación actual, que es capaz de enfrentarse al jefe de
la tribu, Gur, e intentar matarlo, para quedarse con Tucu y con el poder al
derrocar al dictador.
No lo consigue, así que es expulsada
de la tribu tras apalearla hasta casi matarla «Sigue notando los latidos en las heridas abiertas, en los hematomas
que le cubren el cuerpo y sobre todo en el abdomen, donde la molestia que
sentía hace un rato está pasando a convertirse en dolor». Pero Ata se ayuda
de plantas para curar sus heridas y, tras muchos días de camino por las
montañas, llega a otro poblado más avanzado que el suyo. Sus habitantes usan un
material rojizo que no conoce. Allí, Ata es cuidada por Rona quien le enseña
otra lengua diferente a la suya y otra forma de vida más efectiva. Sin embargo
su ilusión es regresar con los suyos y, a ser posible, adoptar la nueva forma
de vida con aquellos a quienes quiere. Ata dibuja bien, en el suelo, en las
piedras… algo que permanecerá oculto por el paso de miles de años, quedando,
como único testigo de todo, un olivo que llega a la actualidad casi seco, pero
donde una anciana, última habitante de ese pueblo, desea ser enterrada. Será
cuando el hijo de la mujer cave bajo el árbol para respetar su último deseo,
cuando encuentre restos prehistóricos y avise a las autoridades. El lugar será
referente para los antropólogos interesados en el hallazgo. También Quim,
famoso arqueólogo aquejado de un cáncer terminal pide que entierren allí, bajo
el olivo milenario, sus cenizas,
—Le has encargado
una lápida. Qué detallista.
—No es para él.
Está enterrada la antigua dueña del terreno. Murió hace unos meses. Quería
estar aquí, sola. No se imaginaba que iba a estar más acompañada que en ningún
otro sitio.
Los alumnos de Quim, Natalia y Darío,
continuarán durante años con las excavaciones, que se verán interrumpidas por
distintos intereses económicos, de prestigio y políticos.
La historia de Natalia se va
intercalando con la de Ata, siendo el lector capaz de localizar el lugar en el
que esta joven, valerosa, independiente, artista y superviviente recibe, una
tras otra, las dolorosas lecciones de la vida y también las felices.
La lentitud de la narración remarca la
intensidad de la vida en el Calcolítico, cómo sus habitantes se van
especializando en quehaceres, cómo mejoran la agricultura y comienzan los
contactos comerciales, «Mientras caminan
uno de ellos le pregunta por su poblado y ella le cuenta cómo se organizaban
para traer agua del río, para curtir las pieles de los uros, cómo cocinan los
hongos que recogen del bosque. Les habla del mijo y de la cebada que cultivan…».
A través de Ata asistimos a los comienzos de una sociedad compleja, lejos aún
del afán de poder de sus ciudadanos; algo que Natalia, Quim y Darío
experimentarán por ellos mismos.
Miguel
Torija no ha escrito una novela al uso. La pintora de piedras relata, como si se
tratase de un documental, en presente, la vida dura de una mujer en la
prehistoria. Marcada por la desgracia de no ser madre, también se ve privada de
adoptar a una recién nacida huérfana. El jefe de la tribu es el que decide qué
hará cada uno y cuándo. Pero Ata no está dispuesta a dejarse dominar; sabe lo
que quiere e intenta conseguirlo.
Una novela expone hechos ficticios o
basados en una realidad, pero ficticios al fin y al cabo. La pintora de piedras está compuesta por una serie de descripciones
de hechos reales que el autor recrea según la ficción novelada. Y en esa
realidad, que no es historia, va introduciendo una novela actual sobre el
descubrimiento de esa pre-historia. Es curioso pero, en las partes que
podríamos llamar como “más novela”, donde hay más diálogo, donde hay una trama
más compleja, es donde encontramos más simplicidad. Creo que, a pesar del paso
del tiempo que experimentan los personajes de la actualidad, no han
evolucionado; continúan siendo egoístas, ajenos al sentimiento de los otros. En
la parte más descriptiva encontramos más belleza, es como si el autor tuviera
una finalidad: causar cierto placer estético a quienes leamos estas
descripciones. Somos conscientes del ambiente del calcolítico y, en pocas
líneas, tenemos una imagen más profunda de sus personajes. Conocemos cómo es
Gur y qué pretende, al igual que Ata e incluso Tucu; llegamos a empatizar con
ella a pesar de su actitud. Los entendemos. Ata es la personificación del amor.
Su deseo es querer y lo arriesga todo por cumplir ese deseo. Ella, también la
niña Tucu, experimentan el miedo, así que no es de extrañar que surja la
traición, aunque Ata sea capaz de perdonar en favor de una sociedad más
organizada y justa.
En la novela de Ata encontramos una
profunda conexión con la naturaleza; los personajes están dotados de un
instinto primario para sobrevivir en entornos adversos, incluso en los ámbitos
favorables deben enfrentarse a luchas por el poder.
En la parte actual apenas hay sorpresas,
las reacciones de Natalia y Darío son infantiles, no demuestran la inteligencia
que se les supone; son niños egoístas, enrabietados, incapaces de decirse la
verdad a la cara «En la vida vas vendido.
No puede uno aspirar a mucho más que transitar entre frustraciones».
Es una pena. Tampoco ayuda a su historia los errores ortográficos o gramaticales que, muy de vez en cuando, llaman nuestra atención.




















