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martes, 11 de mayo de 2021

FRANCISCO DE GOYA, HENRI ROUSSEAU Y VAN GOGH. DEL LIENZO AL CÓMIC

Hace tiempo quedé atrapada en los tebeos de Mortadelo y Filemón, luego me introduje en el mundo de Astérix y ahora no sabría por cuál decidirme. Sigo disfrutando de ambos. Hoy, de nuevo agradezco a Babelio el regalo de un libro que es una joya.

Acabo de leer Francisco de Goya, Henri Rousseau y Van Gogh. Del lienzo al cómic. Todavía estoy alucinando, no paro de abrirlo para reencontrarme con las imágenes. Me parecen una pasada. Son dibujos que cobran vida con ayuda de onomatopeyas, líneas, expresiones gestuales,… y releo, y encuentro algo nuevo en la historia que me asombra, y lo busco en los libros de pintura y descubro que lo que pone el cómic es cierto. En fin, es una genialidad, así que creo que merece la pena detenernos en detalles.

El cómic es magnífico porque es fruto de una perfecta simbiosis entre el texto de Inge Eguiluz y las imágenes de Moratha. El amor por el arte y la historia es evidente. Los gestos de los diferentes personajes afianzan el humor, la gracia del escrito y, por supuesto, restan gravedad a los golpes, caídas e incluso accidentes mortales.

Creo que la relación entre imagen y texto es bastante simple, lo que nos lleva a afirmar que el grado de iconicidad es de tipo realista, y los muchos contrastes sorpresivos que encontramos contribuyen a acrecentar el humor.

Como indica el título, son tres historias relativas a tres pintores de fama universal. Entre los aspectos globales destacamos el tamaño folio, usual en los libros de cómic, que permite incluir viñetas de diferentes tamaños, según lo que interese resaltar. Los autores han anulado los estereotipos pues, aunque los personajes son bastante identificables con la apariencia real que tenían en vida, en las tres historias se suprimen obviedades físicas o de carácter con diferentes técnicas. El resultado es una excelente labor de documentación impregnada de ironía y chispa, a partes iguales, para que tanto a pequeños como a mayores divierta, entretenga e informe.

La portada es muy llamativa pues los tres pintores aparecen dibujados, sobre un fondo blanco, con colores llamativos y portando algo identificativo de su obra, así Goya está en una escalera, Rousseau rodeado de vegetación y Van Gogh con un caballete. La distribución de los tres es equitativa y ocupan en diagonal toda la página quedando arriba Goya, el primero que nació, y abajo Van Gogh, el más joven. La atractiva portada invita desde el primer momento a adentrarnos en sus páginas.

Dentro, destaca el orden de las viñetas, además al haber una por acción contribuye a una lectura más fácil, incluso las onomatopeyas aparecen a veces para advertir de un cambio fundamental en la historia, otras, adquieren un sentido sinestésico por el que podemos relacionar el color (verde) con el pintor (Rousseau), y con otras Moratha sugiere la fuerza que pueden encerrar las palabras.

En cuanto a los globos o bocadillos cambian de forma según los sentimientos que se quieran expresar, así cuando algún personaje está enfadado el borde del bocadillo adquiere una línea quebrada, mientras que en el clásico borde liso, se introducen los diálogos que forman parte de la trama. A veces también la palabra se introduce en el globo en mayúsculas o negrita, enfatizando la conmoción sufrida por algún personaje. Y en otras ocasiones la palabra queda sustituida por un símbolo, de forma que, por ejemplo, al encerrar un corazón en el bocadillo establece una metáfora visual del amor que se pretende expresar.

Encontramos, además de los bocadillos, cartuchos, claramente diferenciados porque van en fondo amarillo; a veces apoyan lo que explicitan las imágenes, al actuar como narrador de la historia «Estudió teología en Amsterdam» «Pero ni el latín ni el griego eran su fuerte», y otras sirven de llamada informativa para que podamos seguir el hilo conductor.

—Espero que tengas más suerte que yo…

—¿Por qué dices eso?

—No, por nada, por nada…

Goya no obtuvo ningún premio en el concurso de pintura de tercera categoría…

Por supuesto abundan las líneas cinéticas, para que los giros, los movimientos, la rapidez, el mal humor, la sorpresa, el miedo o el dolor queden destacados.

Las imágenes aparecen tomadas desde diferentes planos. Encontramos, aunque no es habitual, alguno general con el que Moratha muestra una ciudad actual en la que resalta el vestuario de Goya, típico del siglo XIX. Cuando quiere presentar al personaje, lo hace con un plano entero, de esta forma el lector puede fijarse en los detalles de la vestimenta. Con el plano americano, el ilustrador encuentra libertad para mostrar a los actores interactuando; es usual que aparezcan los protagonistas de una escena determinada en un plano americano con un plano general detrás, desde el que otros personajes pueden observar la acción. En otras ocasiones prefiere el plano medio, en estos casos nuestra atención se dirige hacia la situación en la que se encuentran los personajes, es lo que ocurre entre Van Gogh y su hermano, y lo que ocurre también con el cuadro encargado de narrar la historia de Van Gogh, «El retrato del Dr. Gachet», de hecho el cuadro toma vida para explicar, en el entierro de su dueño, datos de la vida del pintor, «Ya que vais a incinerarme, creo que yo también tendré derecho a decir mis últimas palabras, ¿no?».

Por supuesto, abundan los planos detalle para que ninguna acción pase desapercibida, como un pie que pisa la cola de la serpiente o la boca de esta abriéndose desmesuradamente.

Moratha une el primer plano de la serpiente al plano medio de Adán y Eva; de esta forma ponemos toda nuestra atención en ella. En fin, en ocasiones quiere priorizar el escenario y empequeñecer a los personajes de manera que se nos presentan con toda su debilidad, utiliza entonces un plano picado, como en el que todos los habitantes de la selva son vistos desde arriba corriendo en busca de una “sombra”. Y, por supuesto también disfrutamos de planos contrapicados en los que, metafóricamente, se engrandece la pintura de Goya al presentarnos, desde abajo, el gigantesco edificio cuya fachada luego utilizará como “lienzo”.

No quiero terminar el análisis del ilustrador sin mencionar los contrastes, sobre todo en la historia de Rousseau, en la que a veces las figuras son meras siluetas en negro, con lo que la vegetación del cuadro del pintor destaca ostensiblemente.

Los componentes narrativos del cómic son igual de espectaculares que los visuales. Inge Eguiluz ha llevado a cabo una minuciosa labor de documentación para que los textos, además de divertir, resulten informativos. La veracidad histórica es importante. Las historias están contadas para niños, solo con datos significativos, pero un lego en la materia también puede hacerse una idea general de los pintores.

En la primera trama, aparece Ramón Bayeu, maestro y cuñado de Goya; sueña que es del futuro y allí sueña a su vez con las distintas etapas de la vida de Goya. Resulta gracioso presentarlo de joven cuando aún no había tenido éxito y acompañaba a Bayeu para trabajar. En los sueños, Goya y Bayeu deambulan por Madrid; nuestro pintor conoce sus primeros fracasos «Oye, ¿tú estás seguro de que sabes dibujar? ¿O aprendiste más tarde?», y también sus éxitos, expuestos en el Museo del Prado, hasta que con el tiempo llega a convertirse en un hombre famoso, «Casino Goya» «Apartamentos Goya» «Pub Goya». Cuando Ramón Bayeu despierta y se encuentra, en su época, con el joven Francisco de Goya, le cuenta sus sueños y el futuro autor de las pinturas negras le asegura divertido que él es el famoso.

Eguiluz empatiza con los personajes, se encariña con ellos y consigue que captemos las reflexiones del núcleo central de las historias, sobre todo destaco la humildad con la que estos monstruos de la pintura llegan hasta nosotros. Mensaje importante para cualquier lector.

La historia de Henri Rousseau es igual de curiosa. «La manzana de Douanier» lleva el apodo con el que era conocido Rousseau, por su trabajo en Aduanas. También ridiculizado en su época, pero respetado después, fue maestro de vanguardias por su pintura naíf. Sus obras, como el cómic, son de sugerente colorido.

Eguiluz se basa en un trabajo pionero del artista, Eva recibe la manzana que, si bien en el cuadro real la puesta de sol alude a la pérdida de la inocencia, en el cómic el paraíso se ha convertido en una jungla salvaje y divertida en la que la serpiente pretende que Adán coma la manzana mientras Rousseau lo plasma en su cuadro, pero múltiples interrupciones lo impiden «No puedo dar una pincelada sin rectificar. ¡¡¡Me tenéis harto!!!».

Aprovechando el significado onírico de la pintura, la guionista expone un maravilloso y ocurrente sueño surrealista en el que aparece Giuseppe Arcimboldo, cuyos retratos alegóricos a partir de vegetales quedan plasmados en el cómic con la extravagancia burlesca que pretendía. Arcimboldo quiere la manzana de la discordia para integrarla en su obra; también el polímata Leonardo da Vinci llega a la jungla con su ornitóptero inspirado en el vuelo de los animales alados, y queda prendado de un “cuadro fantasma” que tiene revolucionados a todos «es la sonrisa más espectacular que he visto en mi vida ¿Me permitiría pintarla?». El caso es que con tanto jaleo todos buscan la manzana, metáfora de las discrepancias, mientras que el pobre Rousseau intenta pintar su obra.

En La oreja de Van Gogh también el planteamiento es original pues, el Dr. Gachet, retratado por el pintor, narra el fracaso que este obtuvo pintando, su amistad con Gauguin, los estilos tan diferentes y formas de ver la vida tan dispares que, a pesar de su convivencia, los llevó a continuos altercados. Cada uno contrajo con la pintura un compromiso moral distinto, hecho que supuso consecuencias fatales para su relación.

La editorial Saure ha llevado a cabo una impresión a la altura de los creadores del cómic. Está claro que todo contribuye a despertar nuestra curiosidad por los pintores retratados y por las diferentes maneras de vivir en distintas épocas. Asimismo se instala en nosotros un respeto total hacia los artistas, lo que nos hace ser un poco mejores y sentir que el arte nos ayuda a vivir de forma más plena.

lunes, 1 de marzo de 2021

REBANADAS DE VIDA

Ante todo quiero agradecer a Babelio las constantes muestras de interés que tiene con sus seguidores. Cada cierto tiempo aparece una Masa Crítica, una puja en la que quienes queremos participar solicitamos, entre una lista considerable de libros, aquellos que nos gustaría leer (y luego comentar). Hasta ahora he disfrutado con los libros y me han hecho revalorar la literatura infantil y juvenil, género que tenía olvidado. También he descubierto autores increíbles de relatos, algo con lo que siempre me he sentido cómoda pues considero que escribir un buen relato entraña cierta dificultad. Por eso, en esta edición de Masa Crítica me decidí por Rebanadas de vida. Creí que eran relatos. Pero son observaciones que las autoras realizan sobre determinados temas. Los comentarios van dirigidos, ante todo, a los adolescentes. Es como un libro de autoayuda para los chavales.

Hay algo que me gustaría destacar del volumen: Los caligramas que aparecen en muchos de los relatos formando la imagen más representativa del mismo. Son ilustraciones formadas por palabras que expresan visualmente lo que dicen las propias palabras.

Al leer el texto, y ver al lado la lámina, aparece en la conciencia del lector cierta tranquilidad que relaja al tiempo que aporta una sensación de bienestar. Asimismo la imagen refuerza la idea, es la propia imagen la que enuncia el significado, por lo que ayuda a la comprensión.

Con esta estrategia, utilizada hace cientos de años por otras culturas diferentes a la nuestra, como la árabe, las autoras rompen la estructura narrativa y ayudan a que despierten en el lector diferentes sensaciones que alimentarán su inspiración o reflexión sobre el tema abordado.

En cuanto a la forma de los textos, Malen Agirrezabala e Isabel Eguía no escatiman recursos literarios hasta el punto en que, en ocasiones, parece que estamos ante poesía. Abundan las metáforas que incrementan el valor de los significados a los que se refieren, «nadie es tampoco esencialmente puro y somos, en cambio, cordillera». Las personificaciones conceden gran importancia a la naturaleza, avisando de hacia dónde deben derivar la atención los lectores, «Las montañas, como de costumbre, pese a ser pleno verano, yacían verdes». Las sensaciones que despierta la naturaleza se comparan con algo cercano a los jóvenes, como el cine, para que se sientan atraídos por ella, «como si de una secuencia de fotogramas se tratara». Y mediante epanadiplosis, se iguala la naturaleza a la felicidad «Olía a mar. A infancia, a libertad, a libertad. Pero sobre todo olía a mar».

El oxímoron es perfecto para expresar la pasión, «la gélida ventisca arde», y el estado caótico en que a veces se encontrarán esos jóvenes se adapta perfectamente a la acumulación de recursos, como anadiplosis, similicadencia, derivación y personificación en una misma oración: «El mar golpea los salientes, salientes como dientes que le salen a la tierra y la hacen llorar».

Los términos coloquiales «colonia barata», «kit» ayudan a la comprensión aunque encontremos algunos cultos «plétora» con los que aumentarán su vocabulario. El análisis que las autoras realizan de situaciones diarias cuenta con una voz en primera persona que atestigua lo gratificante que nos puede resultar un simple saludo y una sonrisa «me sentí tranquila, protegida e incluso feliz». Destacan lo importante y necesario de que nos demos cuenta de los efectos del paso del tiempo, algo que resulta inevitable y que nos hace ser más individualistas, egoístas incluso, por lo que es bueno hacer un alto en el día a día para reflexionar y recordar un pasado que es la base de la personalidad. En la sociedad actual vivimos de forma impetuosa y competitiva, por lo que estamos pendientes de gustar a los demás. Esta sensación nos agrada tanto que se convierte en una necesidad, «parecía recién salida de la pasarela», hasta que nos damos cuenta de que hemos perdido lo que realmente nos gusta, lo que nos hace felices, «le cogí la mano. Me miró extrañado. Se la apreté con fuerza. Sonrió. Sonreí».

Las autoras apuestan por una sociedad cuya educación no coarte la libertad de los niños, para que aprendan a ser independientes y necesiten buscar probabilidades que los hagan reflexionar; reclaman colegios abiertos que acaben con los métodos que cohíben. No es bueno encontrar a niños «despersonalizados, desposeídos de su fantasía innata y despojados de su yo» porque estos niños serán los adultos que seguirán manteniendo el sistema cerrado en el que vivimos. Un sistema que permite violar los derechos de algunas personas, siempre las más débiles; un sistema cargado de derechos «que no son los de todos sino de los que pueden». Un sistema que consigue sacar lo peor de nosotros, «cuando encendemos el televisor, porque nuestro intelecto sufre una dolorosa penetración que nos perfora las entrañas y nos hace violadores».

Por eso, Agirrezabala y Eguía proponen una sociedad en la que predominen las bibliotecas, lugares en los que «Entre las baldas se esconden universos repletos de realidades».

Los adolescentes viven preocupados por ser parte activa de un grupo, quieren triunfar y que los compañeros reconozcan sus éxitos, no desean mantenerse aislados, para ello se identifican con los modelos que suelen bombardear desde los mass media y, como en la mayoría de casos esos modelos no son reales sino inalcanzables, lo que consiguen es entrar en conflicto con esa irrealidad y con ellos mismos. Los antónimos ayudan a reflejar este sinsentido «prójimo-desconocido», «diestro-siniestro», «me regañase-me quería».

Debemos ser conscientes de que el mundo real es antagónico del ideal al que aspiramos, un ideal que despierta la mala conciencia, el malestar y la irritación que arrastramos en la realidad. Es muy difícil abandonar esos ideales, por lo que hemos de tener en cuenta que nos movemos entre ensayo y error. Si conseguimos mejorar nuestra autoestima, controlando nuestros actos, nos respetaremos más a nosotros mismos, nos valoraremos mejor, y esto hará que seamos capaces de respetar más a los otros, por lo que mejorarán las relaciones sociales.

Es difícil controlar la propia vida porque los desequilibrios entre las aspiraciones que se tienen y las oportunidades reales son evidentes, de ahí que las autoras propongan ayuda familiar, emocional y personal, es decir una autoayuda que podemos obtener al participar en diferentes eventos sociales para reflexionar sobre qué hace que nos sintamos bien, acontecimientos deportivos, literarios, científicos, manuales… Porque a veces vamos buscando algo y encontramos otra cosa que nos llena por completo, nos ayuda a sentirnos mejor, a ser felices, y hemos de tener en cuenta que en la vida hay pocas casualidades, lo que descubramos no será sino el fruto de un trabajo, un experimento, una lectura o una reflexión. «Este es el hálito que consigue reforzarnos para seguir».