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lunes, 9 de marzo de 2026

DIABULUS IN MUSICA

He vuelto a leer Diabulus in musica. En 2002 compré el libro, en una edición de tapa blanda y lo leí. Ya había quedado encandilada con Melocotones helados e Irlanda, así que en cuanto salió esta novela la compré, la leí y me gustó. Espido Freire se convirtió por aquellas fechas en mi autora preferida. Además, su aspecto físico, un tanto etéreo, contribuyó a que me encantase ella como persona también. Tengo el libro dedicado por la autora. Una dedicatoria que se nota desde el afecto; estéticamente, también es la más bonita que conservo; la letra pequeña contrasta con las mayúsculas, desmesuradamente altas, así como los largos trazos verticales del resto de palabras. Me encanta. Su dedicatoria ocupa toda la página. Incluso de su mano, en la última página está anotado un correo y un teléfono para ponerme en contacto con ella cuando quisiera. Nunca lo hice, quizás por vergüenza, no sé.

El caso es que leí que Diabulus in musica fue reeditado por Bocket, en 2020, y con algunos cambios porque la propia Mª Laura Espido Freire consideraba que en aquella edición algo no quedó claro y el lenguaje resultaba un tanto confuso. He vuelto a leer mi edición y la he vuelto a encontrar perfecta. Es literatura fantástica, puede que a principios de los dos mil no se llevase tanto, no sé, pero esta novela introduce elementos sobrenaturales que intensifican las dudas respecto de lo que pasa en el argumento: una chica de Bilbao se enamora de un compañero, apasionado por la música y apasionado por el personaje de Balder; se viste como él e intenta imitarlo en todo. Esta actitud hace que ella lo siga a todas partes hasta que se da cuenta de que es como un diabulus in musica, que rompe el orden natural de su vida, así que decide continuar solo con su amistad. Nuestro amigo Balder, Mikel en realidad, se suicida al poco tiempo. Ella se va a Londres y allí conoce a Christopher Random un actor cuya fama, sobre todo, es por representar el papel de Balder en la serie televisiva Ragnarok.

Cuando ella está con él, es como si estuviera con Mikel. En realidad está atraída también por el personaje. Se produce entonces una relación, en su mente, a tres personas, mientras que en la realidad es una prisionera de Chris; hace lo que él quiere en todo momento, aguanta su mal humor, sus desplantes, cualquier cosa por una caricia.

No se da cuenta de la relación tóxica en la que está inmersa hasta que un director de teatro, amigo de ambos, quiere llevar a escena El caballero de Olmedo. Surge la duda en la asignación del papel para Chris. En la reflexión de si es conveniente que haga de don Alonso o don Rodrigo, es cuando ella se da cuenta de su verdadera relación con Balder, Chris, Mikel; y toma una decisión. Probablemente la única de su vida.

Creo que la clave de la novela está en la unión de la literatura, la tradición, la religión, los mitos… todo gira en un orden perfecto y termina con quien intente desbaratarlo.

Los protagonistas llevan un demonio interior que intenta interferir en su evolución; que no quiere cambiarla sino destruirla, por eso la realidad aparece fuera de toda lógica convencional.

Ella duda ante los hechos, no sabe si pertenecen al sueño o a la realidad. Los lectores tampoco; las constantes analepsis y prolepsis en un presente, en el que fenómenos extraordinarios irrumpen con total normalidad, consiguen una constante lucha Bien–Mal en el interior de ella, Chris y Mikel frente a Balder, «…el futuro quedaba por cumplir. Ahora habitaba en el reino del frío y, a menudo, me sentaba en el borde de la bañera […] frente al espejo, y estudiaba mi rostro hasta que los rasgos se desdibujaban y terminaba observando algo mucho más allá de mí».

La protagonista solo está bien en el silencio de su sueño, de su mente, como si no quisiera habitar en la realidad; de hecho no tiene nombre, es invisible, más que para los demás, para ella misma. Constantemente necesita que le digan qué hacer, que no es otra cosa que servir a Balder a cambio de su atención absoluta. Pero llega un momento en que es consciente de estar siendo manejada, primero por Mikel y luego por Chris. Cuando tiene esa certeza está segura de que su único futuro es con Balder, para no romper del todo su orden establecido.

Final sorprendente en el que también encontramos un interesante punto de vista sobre la tragedia de Lope de Vega, en el que la fatalidad de la obra viene causada por la ruptura del orden establecido; por eso muere don Alonso, el extranjero que ha ido a romper el orden, y muere don Rodrigo, que se «opone a ese fatum, al destino ya trazado, porque el anterior, en el que él triunfaba, era el correcto. Él es por tanto, el auténtico héroe griego».

Y para que la novela tenga un orden cósmico, ha pasado el tiempo; todo ha girado para volver donde empezó. Encontramos al final las mismas réplicas de diálogos que al principio, aunque dichas por diferentes personajes


—No vas a desaparecer, ¿verdad? (Chris a ella)

—No vas a desaparecer, ¿verdad? (Balder)

—Es curioso —repetía él—. Al menos a mí me parece curioso (Chris a ella)

—Es curioso. Al menos, a mí me parece curioso (Balder)

—Me has envenenado —dijo—. Me estás convirtiendo… (Chris a ella)

—Me has envenenado, mujer (Balder)

Es el tiempo circular contra el que nadie puede luchar sin quedar lastimado. Ella tiene una obsesión, encontrarse a sí misma. Ha intentado ser la que domine su mente y su cuerpo, oponiéndose a Mikel y Chris y enfrentándose a sus necesidades mediante la bulimia «No comías bien, te alimentabas de naranjas y jamón cocido, y comenzaste a saltarte el vaso de leche tras el almuerzo, la merienda». Pero en este universo no lo consigue. Por eso, tras un viaje interior, lo hace en el sitio en el que se encuentra cómoda, allí donde le permite ser etérea, espiritual siempre.

sábado, 28 de diciembre de 2024

UN BOTÓN

Agradezco enormemente, como siempre, a Babelio, la oportunidad que me da de conocer nuevos escritores, nuevas tendencias y nuevas lecturas. Me gusta participar en Masa crítica y procuro hacerlo en todos los géneros para estar un poco al día de diferentes literaturas. Masa crítica infantil y juvenil me atrae, lógicamente por razones familiares, así que en esta ocasión el cuento Un botón me trajo el recuerdo de la canción «Debajo de un botón» que le he cantado a mis hijos cuando eran pequeños y lo sigo haciendo con mis nietos. Un botón, por el texto persuasivo de Babelio, es un cuento para niños muy pequeños.

Asimismo en la contraportada podemos comprobar que es idóneo para edades entre uno y tres años, por lo que me decidí a pedirlo y me tocó. Gracias.

Al tenerlo en mis manos me di cuenta de que no hay más argumento: a Rita le falta un botón del vestido con el que iba a bailar y debe encontrarlo para su actuación. La letra y las imágenes intentan que los niños lo busquen con ella, sin embargo los dibujos son más indicados para niños mayores de un año pues, aunque sencillos, no reflejan con suficiente claridad lo expresado en el texto, el armario donde debe buscar apenas se ve y cuando dice que lo busca arriba y abajo, las ilustraciones se refieren a las acciones inversas.

Rita pasa por las emociones de sorpresa, tristeza y rabia hasta que cae dormida antes de encontrarlo. Sí hay sorpresa final.

Pero el cuento tiene las páginas muy finas, algo que costará trabajo manejar a un niño pequeño sin romperlas y es una pena porque los dibujos son preciosos, en tonos suaves, color pastel, fomentan la relajación. Igual que la música, maravillosa, donde podemos deleitarnos con fragmentos del Arabesque nº1 del maestro decimonónico Claude Debussy o del Aria la Bergamasca del compositor Marco Uccellini. Asimismo es una gozada recordar una parte de Singin’in the rain del letrista Arthur Freed y el compositor Nacio Herb Brown.

Todas, piezas fabulosas que invitan a la tranquilidad. Junto a ellas otras no menos importantes del famoso musicoterapeuta actual Santi Serratosa y de la pedagoga de la música y el movimiento Marta Canellas, a quien acompañan las letras escritas y cantadas por Anna Vega.

Encontramos, intercalados entre las piezas musicales, sonidos de pasos apresurados y de diversos objetos que mueve la protagonista para encontrar su botón.

Todo un conjunto inmejorable; sin embargo, aunque el contenido es ideal para niños pequeños, la forma no lo acompaña, tanto por el tamaño del cuento, pequeño y con hojas finas, como por la posibilidad de oír la música, solo a través de un CD. He visto cuentos para los pequeños que, con páginas gruesas, llevan la música incorporada y el sonido es francamente bueno.

Solo hago este apunte porque hubiera sido fantástico que el propio niño pudiese manipular su regalo.

Por cierto, la idea de poner las siluetas de los protagonistas y de algunos objetos de Un botón al final, para que los niños las rellenen con colores, es muy buena y completa la atención didáctica de la Editorial Bellaterra Música.

sábado, 23 de enero de 2021

BEETHOVEN Y LOS NIÑOS

Cuando tenemos en las manos algo pequeño, manejable, que despierta nuestra imaginación, nuestro buen humor, nuestras ganas de mejorar, que contiene texto escrito, imágenes, texto oral y música, podemos afirmar que hemos encontrado una joya. Esto es lo que pasa con Beethoven y los niños. Un cuento pequeño que tiene mucha gente detrás. Y muy buena. La historia narrativa, Beethoven y el amigo inventor, es de Anna Obiols, las ilustraciones son de Subi. En la parte auditiva encontramos a Inés Moraleda como Narradora y la música está interpretada al piano por Antoni Besses y Xavier Pardo Sabartés.

Todos tienen tal categoría que no necesitan presentación. Por sí solos merecería la pena comprar el cuento, pero si alguien aún no conoce a alguno de ellos, la editorial Bellaterra Música responde por todos. Esta editorial lleva casi 50 años difundiendo obras de carácter científico y desde 2002 edita libros relacionados con la música y la danza. La garantía está asegurada.

En fin, mi ilusión es tal que se me amontonan las palabras, las ideas, las imágenes y la música… Es un libro para leer más de una vez, para verlo de vez cuando y para oírlo siempre. Así que voy a intentar analizarlo de manera ordenada empezando por el cuento: Beethoven y el amigo inventor comienza in medias res presentando una acción del personaje, «Aquella tarde, Ludwig van Beethoven estaba en casa tocando el piano». Probablemente los niños hayan oído algo sobre el músico, incluso tarareen melodías sin saber que es su autor. Al ser un cuento dirigido a los pequeños podría haber contado la infancia del músico y sus comienzos. Sin embargo, Anna Obiols ha preferido centrarse en un momento especialmente doloroso para él, cuando nota que se va quedando sordo, algo terrible para quien se dedica a la música. Esta circunstancia le permite introducir a otro personaje, real también, que desempeñó un importante papel en la vida de Beethoven y en la historia de la música, pues Johann Mäzel inventó el metrónomo tal como lo conocemos ahora, algo que a nuestro protagonista le permitió sentir la música, «la oía en su cabeza». De esta forma, el músico alemán consiguió seguir componiendo hasta su muerte para «indicar a los músicos el tempo exacto para cada obra».

Sólo dos personajes, dos amigos que se ayudan el uno al otro y quedan retratados como ejemplo de compañerismo, de esfuerzo y tesón. También se nombra al médico, quien le confirma la sordera y al pastor, a quien, pese a tocar la flauta, no lo oía; pero estos personajes están en la historia para confirmar el problema del protagonista. No intervienen.

He leído el cuento, y el estilo sencillo dirigido a los más pequeños, no a un público ignorante, me ha cautivado.

El problema de los niños de hoy (y no tan niños) es que están descontentos con lo que les rodea. Puede ser porque en general, disfrutan de casi todo sin esfuerzo. Por eso es normal también que vivan con la sensación de saberlo todo. Para todos esos niños es perfecto este libro por la cantidad de recursos de que dispone. El humor, el buen humor se centra en la ingenuidad, el doctor aconseja a Ludwig que vaya al campo y Mäzel le fabrica trompetillas cada vez más grandes hasta que llega un momento que suponen otro problema añadido. Los personajes, tipificados, captan mucho mejor la atención de los lectores.

Cualquier asunto es susceptible de contarse en forma de cuento y, si alguien no estaba seguro, Anna Obiols lo demuestra en Beethoven y el amigo inventor, una joya que alienta a que los más pequeños desarrollen sus capacidades y se esfuercen por conseguir lo que desean. El cuento es otra historia de superación a partir de las carencias que conlleva la vida real. Es un regalo perfecto.

Además, los recursos visuales son extraordinarios. Las imágenes, de grandes dimensiones, estimulan la visión y aportan otro punto de vista desde el que enfocar la realidad; una percepción distinta a la cotidiana y experiencial del niño. Con formas grandes, atractivas, el ilustrador tiende un puente entre lo representado por él y las emociones que surgen en el lector, que participa de la alegría, el enfado, la curiosidad o el temor de los protagonistas.

Los tonos oscuros y las sombras nos acercan al tiempo del compositor; el siglo XVIII aparece entre carros, calles sin asfaltar, luces amarillentas e insuficientes de los quinqués que provocan contrastes con las sombras, difuminadas entre líneas apenas visibles capaces de dotar de movimiento y velocidad a personas y objetos. El color no solo decora, identifica espacios, tiempos y ánimo del protagonista. Está claro que las propiedades del dibujo participan de la hipérbole y la confrontación, (por algo Subi es uno de los mejores dibujantes de nuestro país), las grandes narices encuadradas en los ojos simplísimos y pequeños, comunican parte de la personalidad de cada personaje. Las ilustraciones dominan la página, algo relevante para despertar el interés por la narración. Es obligado mirar, leer el libro más de una vez porque los dibujos son tan completos que siempre se encuentra un nuevo detalle y significado que a primera vista no son evidentes.

Subi toma al niño por un ser complejo, capaz de traducir en palabras las imágenes, que puede educar el gusto por la estética y por el juego.

La relación texto-imagen se complementa. Y la sencillez de la historia se nivela con la grandeza musical del CD que contiene el libro. De este modo el cuento se convierte en una aventura tanto para niños como para mayores.

Las piezas musicales son fragmentos de Bagatelas Op. 33, Sonata nº 14, Sonata nº 20, Bagatela en La menor, Sonata nº 8, Bagatelas Op. 119, interpretadas por Antoni Besses y la Sonatina en Sol mayor ejecutada al piano también, por Xavier Pardo Sabartés. Estas piezas, conocidas por casi todos, contribuyen a desarrollar la afectividad y las emociones del niño. Lógicamente la música, además, cumple con la función didáctica, ya que estimula la memoria y el razonamiento. Al tratarse de movimientos de corta duración resultan ideales para mantener la atención del niño.

La magia de la palabra y de la imagen se multiplica con la música, capaz de persuadir y fomentar la empatía.

Desde la Edad Media existe la literatura didáctica, pero este cuento responde al nuevo concepto de aprendizaje, en el que el conocimiento se comparte, no se imparte. El niño, una vez leído, oído el cuento y la música puede ampliar sus conocimientos sobre el autor con la breve biografía que aparece al final. En Beethoven y los niños, el niño no es un mero observador que acepta una visión única y cerrada; puede asumir un papel activo, ir de allá para acá, decidir qué quiere y en qué momento, darse cuenta de que hay muchas posibilidades en lo que nos rodea que pueden hacernos sentir bien, sin olvidar que todo requiere esfuerzo, sentido común y conocimiento.