sábado, 21 de marzo de 2015

CABARET BIARRITZ

Se mire por donde se mire, esta novela es una genialidad. Creo que, si me lo propusiera, podría elaborar otro libro comentando éste de José C. Vales, porque todas las páginas contienen algo digno de mención: De entrada es un magnífico ejemplo de perspectivismo múltiple que George Miet transcribe con el objeto de escribir una novela, por encargo del editor de La Fortune, Philippe Fourac, sobre los dramáticos sucesos ocurridos en Biarritz en 1925.

Esta polifonía no implica un narrador que recoja las múltiples visiones de un mismo hecho porque en Cabaret Biarritz las interpretaciones de lo sucedido, las vivencias o recuerdos de los residentes se transcriben fielmente sin que aparezca la voz del entrevistador. Se da el caso, además, que Miet murió sin editar dichas conversaciones, por lo que en ningún momento ejerce de cronista que reconstruya los hechos que le van contando… No existe el narrador. Y nos enteramos de los acontecimientos en el orden en que el editor ha querido publicar las entrevistas que Gerard Miet realizó durante seis años (1938-1944).

Este perspectivismo múltiple aparece como un puzle gigantesco formado por 33 piezas que, en un principio no tienen nada que ver; así pues empezamos a leer la novela sin saber muy bien a dónde nos llevará, pero una vez “reconstruido” el rompecabezas podemos percatarnos de su perfección. Efectivamente, llega un momento en el que, donde parecía que leíamos retazos sueltos, percibimos colores que casan, formas que se ajustan a las que las rodean y, de pronto, cobran sentido pensamientos aislados y expresiones dispersas como pistas que favorecen el descubrimiento de la trama. El puzle aparece ante nosotros reconstruido, con una claridad total.

Pero la novela es algo más que la resolución de un enigma. Llama la atención el vocabulario caracterizador de personajes, a través del cual el autor retrata una determinada sociedad; los diminutivos despectivos conviven con el tono engolado de los mediocres “en cuanto terminen el poemita”, “mi novísimo teléfono de mesa, aún brillante y lustroso, con sus broncíneos remates…”; los tecnicismos apuntan a los renovadores y audaces de principios del xx “el enorme balón de hidrógeno comenzó a balancearse perezosamente…”; los coloquialismos y vulgarismos se centran en un nivel social bajo “… y yo le digo que a una servidora no le gusta hablar… si es para hablar bien más virtud que pecado será… El caso: que yo entré en casa de…”, mientras que expresiones paternalistas y falsas quedan en boca de la alta sociedad “Decían que aquella mujer había perdido el juicio porque un amante que tuvo la abandonó por su hermana. Eso decían, que yo no lo sé”.

Además la novela es un homenaje a la cultura en general y en particular a las vanguardias
literarias. No extraña, pues, encontrar guiños a Berceo y los Milagros, más concretamente El clérigo y la flor: “¿Por qué cree que los santos huelen a flores cuando se mueren?... han tenido que abrir las fosas de los santos varones… se han constatado vaharadas de… rosas y jazmines…”.

Alusiones a Dante “Siempre pensé que en aquella relación (entre Vilko y Beatrix) había algo dantesco…, perdone la broma”.

Referencias a Julio Verne “El Victoire era un precioso globo de hidrógeno”.

Mención a los clásicos “… si compusieron esos libros fue porque habían leído y estudiado a Homero, a Cicerón, a Séneca, a Tito Livio, a Horacio, a Virgilio…”

Indicaciones sobre el cubismo “Ese amigo tuyo, Picardo o Picasso o como se llame, se volvería loco si tuviera que dibujar con líneas rectas a Beatrix”.

Y, por supuesto, alusiones a la mitología. No sólo se especifica el mito de Hero y Leandro “… la librera enamorada se arroja a los acantilados pensando en convertir su aventura en una renovada versión del mito de Hero y Leandro”, sino que podemos considerar la novela como una moderna versión del mito de Pandora.

El mito de Pandora representa el sufrimiento que debe pasar la humanidad por causa de la curiosidad de la mujer… En fin, siempre a vueltas con lo mismo. Este mito se forma durante la creación del mundo; Prometeo y Epimeteo eran titanes que debían crear a los hombres y animales y dotarlos con algún don especial, pero cuando Prometeo modeló al hombre, Epimeteo ya había gastado todos los dones en los animales, así que robó el fuego a los dioses y el hombre pudo cazar, alimentarse y sobrevivir; pero Zeus montó en cólera y como castigo mandó crear a Pandora, la “omnidotada”, la primera mujer, modelada por Hefesto (dios del fuego) a semejanza de los inmortales. Cada uno de los dioses le otorgó una cualidad: belleza, gracia, sensualidad, persuasión… Finalmente Zeus le entregó una caja para que se la diese a Epimeteo al casarse con él; por supuesto no podía abrir la caja y por supuesto la abrió, de manera que todos los males encerrados salieron inundando a la humanidad. Cuando se dio cuenta del error cerró la caja dejando dentro la esperanza.

En Cabaret Biarritz, Beatrix es la omnidotada: bella, inteligente, divertida, sensual, deportista, alegre, rica, noble… y como Pandora, curiosa. Prácticamente es la que abre las investigaciones de los hechos ocurridos en 1925. El mal queda encerrado en la novela, subtitulada Los pecados estivales. De esta forma, al abrirla, como si de una caja de Pandora se tratase, van saliendo todos los males de la sociedad:

La curiosidad malsana que algunos periodistas, como Montagnard, manifiestan; las orgías y bacanales celebradas en locales con ínfulas, como Villa Belza; los rumores y maledicencias que algunas criadas, como Martine, difunden de sus señores; el placer del voyeurismo, aparece con el fotógrafo Marcel Galet; la incultura y superstición vienen de la mano del noble Gedeón Wilcox; la homosexualidad de Gina-Jane sale unida a la decrepitud social; el sadomasoquismo lo trae Lili; la deshumanización de los burócratas se ve reflejada en el secretario judicial; el robo y la extorsión aparecen con Gastón el enterrador; la usura con el joyero; la pintora Sara Chambers nos acerca a la amoralidad social, el juego y el nazismo; los chismorreos tienen su fuente en la cocinera Matilde Prie; la pornografía se cobija en el empresario cultural GG; la xenofobia aparece con Fevert y las estafas de la iglesia con Margulee Du Pont; los males alcanzan a los niños, el abandono infantil, la humillación y el maltrato traumático vienen con Olivia Czewolski y Pascaline; la explotación de trabajadoras se manifiesta en Honorine Pel; la incompetencia policial o la negligencia de los funcionarios; el rechazo a lo nuevo de los mandatarios culturales ; Khalil Kimal es representante de la corrupción policial y el cohecho; el juez Du Pont refleja el encubrimiento de delitos por parte del Consejo Superior de la Magistratura; con Pauline Bellay, femme distinguée, sale la envidia… ¿Y la esperanza?

Las “entrevistas a-la-Miet” desparraman los males por la sociedad de Biarritz, y el periodista se queda con la esperanza, don que toma Beatrix para partir a Nueva York con Vilko.

Y, aunque parezca increíble, todo lo anterior no constituye lo más apasionante del relato. ¿Cómo es posible que en una novela sobre asesinatos y corrupción destaque sobre todo el Humor? Pues lo es; el humor aparece en todas sus modalidades:

Humor absurdo, puede que con alguna influencia de Eduardo Mendoza “Se ignora por completo dónde se alojó en Burdeos, —probablemente en la estación de ferrocarril—“.

Humor en la enumeración de sinónimos contextuales “Se habían perdido, o se habían extraviado, o se los habían comido los gusanos o las polillas, o se encontraban en tan lamentables…”.

Humor en la elección de insultos “llamándolos cariñosamente escoria de pollos muertos”.

Humor derivado de lo que Miet pretende y la realidad circundante (Miet pretende que Fourac le publique su libro y Fourac) “había estado publicando panfletos para las SS… el cadáver ahorcado de Fourac estuvo colgado en la fachada de La Fortune durante tres días…”

Humor en las entrevistas transcritas literalmente pero sólo lo que dice el entrevistado “Bueno, si no le interesa… ¿y qué le interesa entonces? Ah, sí… eso. Ya. Hum…” El lector deduce la pregunta por lo que continúa contestando el interpelado.

Humor en las descripciones morosas de elementos imposibles de percibir “… entre el numeroso público… dos señoras aferradas a sendas porciones monumentales de tarta de nata y bizcocho con fresas, frambuesas, grosellas y arándanos…”.

Humor en la transcripción de recetas de cocina, con imágenes y comparaciones del lenguaje coloquial “…lonchas arrodilladas (pasadas por el rodillo) de carne de buey, que se enrollan con el menudillo dentro y una vez atadas como criminales se doran bien…”.

Humor en la descripción de actos para enterarse de conversaciones “Bueno, señor, a mí no me parecía formal que se pusieran a hablar de cuentos infantiles… así que conseguí que aquel ataque lumbálgico se me pasara de inmediato, cogí la cucharilla, bajé a la cocina y eso fue todo”.

Humor irónico en la religión "Margulée Du Pont ya no existe… Yo ocupo su nauseabundo cuerpo, pero otro espíritu habita su alma”, que llega a veces al sarcasmo “cuando crucé ese sagrado portalón de ancianísimas y venerables maderas, me juré no volver la mirada a las podredumbres del mundo…”.

Sarcasmo que deviene en humor grotesco cuando aparece la hipérbole “Todo se lo contaré… no utilice mis palabras, ni cite mi apellido, ni… este monasterio, ni la orden a la que pertenezco… o rogaré al Dios del cielo que descargue contra su malhadada cabeza toda la furia del Todopoderoso…”.

Humor en el equívoco “Que Dios lo perdone (a mi padre, digo; al secretario Judicial no se le podrá perdonar)”.

Humor en expresiones populares “Creo que fue mi propia madre la que…consiguió difundir aquellos rumores contra mi padre… hacían bromas soeces «el señor juez ha perdido el juicio por una vieja que ha perdido la cabeza»”.

Humor en la pedantería “Venit honos auro… Y si lo decía Ovidio ¿lo vamos a negar nosotros?”.

Humor en obviedades “… aparte de las dificultades que se me platean a la hora de detener a un ahogado como sospechoso…”.

Humor, en fin, para todo, incluso en las notas a pie de página, en las que continúa la narración tal y como la dejó en el argumento. El humor, el mito, el perspectivismo, el puzle, consiguen que Cabaret Biarritz sea una novela redonda, de las que empiezas, además, leyendo con una sonrisa y terminas de la misma manera.


Puede que me haya extendido algo más de lo habitual, pero no hace mucho hablaba con una compañera, creo que amiga, del mito de Pandora. Y de pronto aparece esta novela, así que, sin dudarlo, Patro, te la recomiendo porque sé que vas a pasar un rato fantástico leyéndola. Por supuesto la buena literatura la recomiendo a todos.

lunes, 23 de febrero de 2015

NO LLAMES A CASA

Nada puede salir bien en la miseria. Nada bueno de ella.

No llames a casa se desarrolla durante cuatro días, pero mediante flashback, recuerdos, analepsis y prolepsis penetramos en la vida de tres protagonistas.

CarlosZanón despliega todo un arsenal de recursos, a veces rozan en lo poético, para introducirnos en la destrucción del ser humano. Encontramos anáforas paralelísticas que ponen de manifiesto la paradoja de los protagonistas, “Recordará cuando la droga fluía…Recordará cuando la luna se quedaba…”. Las frases nominales quitan importancia a las acciones. Los epítetos épicos, “La de las calles mojadas… La eterna derrotada…” se muestran despiadados con los espacios en los que transcurre la historia.

Encontramos guiños a canciones y grupos de la movida barcelonesa de finales del xx, “Hola mi amor, yo soy tu lobo… Le hemos reventado la vida a ese tío… Pero si necesitas que lo rematemos, sigo siendo tu hombre”.

En los personajes destaca la ausencia de valores, la caída absoluta, la condición determinista del ser humano, por eso las descripciones son feas, ya sea en prosopografías, “es una desgarbada y delgada mujer de metro setenta que nunca lleva sujetador y, a juicio de Bruno, necesitaría usarlo, porque sus pechos caen como odres, y se estiran y siguen cayendo como suicidas contra el elástico de camisetas…”; en etopeyas “…tiene muchos defectos y algunas virtudes. Entre estas últimas está la deportividad con la que afronta las mil desgracias que siempre padece, derivadas de su buen tino para elegir a los hombres…”; o en retratos “«Las hembras se tranquilizan si te las follas bien» le decía Llort una noche dentro del auto, en penumbra, con aquellos ojos cirróticos de hombre vencido por la nostalgia de demasiadas mujeres perdidas”.

Todo es feo y sórdido en la novela, el amor no es amor sino posesión, las palabras son insultos, los gestos intentan demostrar quién controla la relación, degradan. La amistad no existe, sólo desconfianza. Entre los tres protagonistas, Cristian, Bruno y Raquel no hay nada de valor que merezca ser atesorado. El futuro es algo lejano que los empequeñece, el pasado queda difuminado entre drogas y alcohol y el presente se convierte en pasado antes de vivirlo. No es extraño que abunden comparaciones animalizadoras “y en la barbilla, una empalizada de pelos irritados, como púas de jabalí”; metáforas empequeñecedoras “con la cabellera bamboleándose como un elefante borracho” o expresiones que consiguen hacer más miserable a la gente “A esas horas, palomas y borrachos están ajenos a todo”. De la misma manera, las descripciones, en ese presente mordaz, de frases breves, se van acortando hasta quedar en palabras sueltas que conectan con pensamientos divididos, escuetos, inconexos.

Gracias al estilo indirecto libre llegamos a conocer a la perfección a todos los protagonistas; ellos también se conocen y, a pesar de eso no se separan pues han entrado en un laberinto del que no pueden escapar. Aunque las acciones pretenden una dirección lineal hacia el futuro, sus pensamientos van retrasando ese momento con paradas, vueltas, o frases inacabadas, al tiempo que los diálogos, con expresiones del lenguaje oral, realizan el presente… Todo queda embrollado, confundido; las metáforas igualan tiempo y espacio, las personas narrativas mezclan, hasta equiparar, al narrador omnisciente con el monólogo interior, técnica que el autor utiliza para que afloren los pensamientos más ocultos, aquéllos que formaban parte del subconsciente y que, ahora, a modo de burla, acuden para recordarles que son marionetas, que no pueden elegir el papel representado. Por eso Max es, desde el principio, la imagen de la soledad y el rencor, esto lo lleva a tomar decisiones penosas y abominables. Ya en el capítulo 3 aparece como una patética condición de ser humano, constantemente se lamenta al tiempo que pretende justificar sus errores. Regatea situaciones como si fuera un adolescente egoísta. Max es inmaduro, busca una relación estable, adulta, pero sus actos insensatos impedirán todo lo que implique un sacrificio por la otra persona, por eso mismo no acepta que el amor de Merche haya desaparecido. Max es la decadencia, cada paso que da es más cruel que el anterior pues lo va haciendo desaparecer. A fuerza de fingir va desvaneciéndose el ser humano.

Merche, la amante de Max, tampoco ha madurado, es insegura, lo que tiene claro es que no quiere abandonar las comodidades ganadas por derecho propio. No actúa limpiamente. No quiere a su marido, tampoco a Max, quiere mantener intactos sus intereses. Es indecisa, le teme al cambio y, por eso, cambia constantemente de opinión y sentimientos.

La pareja se ve envuelta, desde el principio, en una sucia situación que funciona como aviso aunque no se percaten de ello ninguno de los dos. Más tarde, las frases nominales acentuarán el ritmo rápido y poco elaborado de sus encuentros, ofreciendo una relación antitética de la belleza.

El autor no desaprovecha ni una ocasión para sacar lo feo del ser humano, con expresiones duras que, a veces, se convierten en vulgares. Las frases cortas sin grandes descripciones se ajustan al recuerdo doloroso que se trunca de repente y renace para terminar de nuevo, sin dar tiempo a saborear lo bueno.

Los personajes son animales enjaulados en su propia vida; no pueden huir de lo que los acorrala para destrozarlos poco a poco, por eso caen, a veces tan bajo que utilizan incluso los malos tratos para sacar provecho de las situaciones. Max, Bruno y Cristian se van introduciendo de forma rápida en una espiral de chantajes que los oprime y asfixia. Son perdedores, amenazados incluso por quienes amenazan. Todo se mezcla en No llames a casa, hasta la estructura es confusa. Normalmente en la novela negra hay un asesinato y el argumento es la resolución por parte de detectives o de policías o de jueces o de todos, pero aquí el asesinato ocurre al finalizar la narración; nadie investiga nada porque el inframundo no existe. El lector conoce las causas de ese asesinato porque ha ido leyendo un argumento que pretendía ser lineal y resulta anafórico.

Las secuencias narradas oscilan; la vida de estos antihéroes del inframundo queda expuesta sin pudor hasta que parece que ya no importa la caída en picado, entonces cobra fuerza el desheredado social, aquél a quien nada le importa porque nada le han dejado, éste destruirá por rencor y justificará sus actos con el estilo indirecto libre o con la segunda persona. De nuevo la forma del texto en perfecta armonía con el contenido, de hecho es lo único armónico de la novela.

Y cuando estamos preparados para asistir a la caída de este desheredado retomamos la de aquél que nunca tuvo nada. Así pues las acciones cambian, los personajes también, el espacio y el tiempo se muestran de manera caprichosa, pero en la mente del lector aparece una tensión al comienzo de la novela que permanece, implacable, con el transcurso de la trama. A veces hay que dejar de leer para tomar aire porque mientras lees no quieres si quiera respirar, todo rezuma olor a podrido.


Novela de difícil definición. Una vez leída todo cobra sentido; el final conecta a la perfección con el principio, es un relato redondo y, sin embargo, es de final abierto. La mente del lector se ha estado asomando a ese abismo por el que circulan los personajes, a ese pozo sin fondo, hediondo, por el que los ha visto caer sin posibilidad de salvación. El final abierto queda pues, totalmente cerrado.

viernes, 30 de enero de 2015

LONDRES DESPUÉS DE MEDIANOCHE

Cuando me enteré de la existencia de esta novela, y de su contenido, me acordé de Alberto Sáez, probablemente el mejor crítico cinematográfico actual. La verdad es que yo no entiendo de cine, así que puede que algún purista me contradiga pero sí que sé que, de vez en cuando, me gusta entrar en El Antepenúltimo Mohicano y leer las críticas de este español afincado en Dublín, porque disfruto con el estilo intelectual, casi poético, que imprime a sus comentarios, salpicados la mayoría de ocasiones de citas literarias. Probablemente este crítico se deleite con Londres después de medianoche, imagino que por supuesto con la película, espero que también con la obra literaria porque es el negativo, o positivo, de su trabajo. Una novela salpicada de citas cinematográficas. Todo un lujo.

El mexicano Augusto Cruz debuta como escritor con un relato sorprendente; no podría encasillarlo en un subgénero concreto y eso me gusta. Cuando terminé el libro pasé toda la noche (y esto es literal) pensando en las conclusiones. La finalidad de la trama tiene que ver con el azar. Nuestro destino está marcado por la cadena causa-consecuencia, y todo aquello que creemos producto de la suerte no es sino la influencia de sucesos aleatorios que se escapan de nuestro control. Sólo nos queda vivir siguiendo nuestros impulsos, sin esperar otra cosa que poder utilizar el presente.

Sin embargo, dentro de este determinismo feroz, un toque de magia, de inocencia infantil, proporciona el apasionamiento necesario para que la aventura surja en los espacios más inverosímiles; al mismo tiempo, aquellos escenarios reales o convencionales están tocados por la varita del Realismo Mágico, apareciéndose ante nosotros como algo extraído de los Cuentos Maravillosos que, si bien siguen un cliché, presentan el toque dulce de la nostalgia.

No podemos hablar de novela de terror porque el humor aparece en todas sus vertientes. Encontramos en diferentes situaciones el humor irónico, incluso el protagonista se ríe a veces de sí mismo, pero también saca partido de la incultura, de ahí que sonriamos ante nombres con los que son bautizadas algunas personas o ante la expectación que provocan las novelas seriadas de los medios de comunicación; las creencias supersticiosas son tratadas en ocasiones con humor crudo; por supuesto hay algo de humor negro al describir pequeños pueblos o la falta de recursos; con mezcla de sarcasmo y juegos de palabras el autor incide en la falta de profesionalidad. El humor ocasional del misterio aligera circunstancialmente la tensión emotiva. También aparecen diálogos cargados de incógnitas que quedan en entredicho con alusiones cómicas; actos humorísticos en momentos de suspense recuerdan películas parodiantes del cine de terror, guiños cariñosos a El jovencito Frankenstein o a Abott y Costello contra los fantasmas.

Las comparaciones ingeniosas rompen, de forma esporádica, el suspense que deriva de descripciones casi fotográficas. Asimismo, a modo de película de misterio, encontramos escenas, como la del flash mob, que se salen de la trama principal con la finalidad de despistar al lector, al tiempo que lo hace  el protagonista, aunque también consigue relajar la tensión con la visión humorística de una sociedad —la nuestra— en decadencia.

Londres después de medianoche es una novela que podría ser perfectamente el argumento de una película de aventuras en la que el protagonista es el héroe que debe luchar con monstruos, enfrentarse al villano y ser ayudado por un superhéroe para poder regresar a su vida normal, aunque probablemente después nada sea lo mismo.

El relato está rodeado, como la cinta a la que alude, de misterio, empezando por el narrador protagonista, Mc Kenzie, un ser un tanto aislado, con una vida hermética; su madre lo abandonó de niño, su padre fue asesinado el día que cumplía 16 años, su mujer y su hija desaparecieron misteriosamente cuando él pasa a ser el hombre de confianza de Hoover, creador del FBI y su director durante 37 años. Mc Kenzie no ha dejado huellas, su vida ha transcurrido en el anonimato, por lo que los flashback que a veces interrumpen la narración lineal permiten al lector ser testigo privilegiado de su intimidad…Y cuando su nombre podría salir a la luz como detective privado, contratado  por Ackerman para encontrar la película maldita, todo el misterio que pesa sobre ella envuelve a Mc Kenzie hasta que, irónicamente, una vez que resuelva el caso, Ackerman lo defina como “El hombre invisible”.

Y en realidad Mc Kenzie es un personaje algo mágico, por eso perfectamente puede rodearse de personas verdaderas como Hoover o Ackerman que cooperan en la resolución de un suceso real; puede llegar hasta lugares existentes e introducirse en espacios auténticos, como el castillo de James, y conseguir confundir al lector al mismo tiempo que sus sueños se entremezclan con episodios paranormales o surrealistas para acentuar el suspense de la realidad de la trama.

Todo en la narración va encaminado a acrecentar el misterio y la intriga: las preguntas de Malka amplían la incertidumbre que rodea la vida del detective; la creencia en supersticiones se manifiesta imbuida del Realismo Mágico hispanoamericano; antagonistas que aparecen y desaparecen, como el Jocker de Batman, de manera crítica en los momentos más inesperados; las respuestas enigmáticas van cobrando sentido a lo largo del argumento; los personajes van surgiendo con la trama para aumentar la intriga; hay historias paralelas, como la de Rocío Garza, con aspecto de cuento, pero con todo el terror que les aportarían los hermanos Grimm; los 28 capítulos terminan de forma misteriosa, a veces fruto de la casualidad. Y para que todo mantenga un halo de oscuridad, la narración, continuada como en una conversación, se nos muestra sin paradas entre dos temas diferentes, la puntuación no marca de qué personaje se trata o el turno de palabra, por lo que a veces cuesta distinguir a los interlocutores y a estos del narrador, quien cambia de primera a segunda persona según necesite describir acciones o pensamientos que se van sucediendo en episodios; los detalles son de gran precisión, en algunos momentos nos sorprendemos incluso de la profundidad psicológica con la que puede ser tratado algo encuadrable en la ciencia-ficción. Cuando se mezclan las voces del narrador en primera persona o tercera, y del personaje también en primera o tercera persona, se dificulta el seguimiento de dichas escenas, sin embargo favorece la unión de dos géneros: novela y cine, lo que facilita la lectura, que se va plagando de imágenes, algunas incluso de películas que luchan por acudir a nuestra mente. Una experiencia extraña, fantástica, la lectura de esta novela, no sólo por lo que acabamos de comentar; el vocabulario está salpicado de mexicanismos, que aportan la dulzura del idioma: mi carnal, serpientes de concreto, quesos de tuna, celular, se secretearon, malosos, traer la duela, no les gustan ni tantito los fuereños…

Y la narración está plagada de curiosidades: trucos de maquillaje en el cine mudo, de escenografía, datos de películas de todos los tiempos, artimañas de directores, o la cruda realidad de actores que, sin aspavientos, destruyen el halo mágico en el que aparecen.

Llama la atención el punto de vista sobre la formación de los mitos: “mantener vivo el recuerdo de algo haciendo que reaparezca cada cierto tiempo, o fingiendo que aparece…” ¿Habrá contribuido al mito de Drácula la Count Dracula Society y su entrega de premios Ann Radcliffe? Puede ser, lo que está claro es que esta novela ayudará a mantenerlo; así como el final, demoledor, revivirá en el lector otro mito: el eterno retorno, que como en una película de terror adquiere trazas sobrenaturales.

“Pensé que la vida es una madeja que los necios desenredan sólo para descubrir que al final no hay nada que no hubiéramos visto al principio”.

Mc Kenzie

miércoles, 7 de enero de 2015

LOS ÚLTIMOS DÍAS DE NUESTROS PADRES

Conocí a Joël Dicker a través de mi amigo Jesús. Me regaló La verdad sobre el caso de Harry Quebert, la novela negra por excelencia receptora de diferentes premios; la trama, impresionante hasta el final, se va multiplicando para que el lector vaya sorprendiéndose a lo largo de la lectura.

Ahora Alfaguara ha publicado otra novela de este jovencísimo autor, que no es la siguiente sino la primera que escribió y por la que recibió en 2010 el Premio de los Escritores Ginebrinos, y de nuevo ha sido Jesús el que me la ha regalado (no lo quiero sólo por eso). Teniendo en cuenta que Dicker es de 1985, podemos afirmar que estamos ante un genio literario. De hecho, conmigo ha conseguido lo que muy pocos autores han logrado, que leyera una novela sobre la guerra.

Desde hace muchos años soy incapaz de leer algo de guerra, de ver un film bélico, o incluso seguir detalladamente noticias reales que tengan  que ver con las diferentes contiendas. No lo puedo remediar, se me hace un nudo en el estómago, me pongo en el lugar de los afectados y me embarga, al momento, una sensación de angustia que me impide pensar en otra cosa que no sea la animalización del hombre. No dejo de sobrecogerme ante la violencia, y cada vez más, me pasmo ante la maldad del ser humano.

Por eso prefiero leer otro tipo de novelas. Se podría pensar que la novela negra puede ser más brutal que la bélica. Probablemente, pero el daño físico se pasa, incluso la tortura es un momento, más o menos prolongado y con mejor o peor final, pero se vence. Lo que creo que no se puede superar es la tristeza que llena a todos aquellos que han vivido una guerra. Y esa tristeza es lo que no puedo soportar.

Así que empecé a leer Los últimos días de nuestros padres convencida de que era novela negra (la mente juega malas pasadas, porque leí la contraportada y pensé que sería un hecho aislado que sucedió durante la 2ª Guerra Mundial). Cuando me quise dar cuenta no pude dejar de leerla, y he sufrido con los protagonistas, me he entristecido con ellos y por todos los supervivientes reales, pero he disfrutado con el autor. De nuevo, su estilo me ha cautivado. En medio de la más absoluta miseria humana, Los últimos días de nuestros padres es un canto a la inteligencia, al valor, a la disciplina y, sobre todo, a la amistad. La escritura fluye (imagino que el traductor Juan Carlos Durán, tiene mucho que ver) en un estilo dinámico, con pinceladas de humor,
Pablo se quedó de piedra: Gordo se había enamorado de veras. […]
—¿Y vas a verla?–preguntó, incrédulo.
—Sí. Todas las noches. Salvo cuando tenemos que hacer saltos nocturnos. ¡Qué asco de saltos nocturnos! Nos pasamos el día haciendo eso y, plas, por la noche volvemos a las andadas. ¿Cómo me has visto marcharme?
—Gordo, pesas más de cien kilos. ¿Cómo quieres que no te vea?
—Mierda, mierda. Tendré que ir con más cuidado la próxima vez.
pinceladas de fina ironía,
Con la vista vuelta hacia el gran estanque, como si quisiera esparcir sus palabras hasta los confines de la tierra, Claude recitaba plegarias a media voz. Murmuraba, para no incomodar a los no creyentes.
pinceladas poéticas,
Que se abra ante mí el camino de mis lágrimas.
Porque ahora soy el artesano de mi alma.
[…]
Yo, […] que no soy más que las cenizas del viento, el polvo del tiempo.
Tengo miedo
y toques de un realismo atroz
Deberían tener cuidado con todo, en especial con los detalles, porque no se necesitaba gran cosa para despertar sospechas […] Un agente se había comprometido ya al pedir simplemente un café solo; el café solo era el único que se servía en los cafés, porque la leche estaba racionada.
La estructura de la novela sigue la creación de un grupo de jóvenes que son reclutados para formar una nueva sección de servicios secretos durante la 2ª Guerra Mundial.

Así, al comienzo, de manera lineal, el narrador relata el aprendizaje del grupo, cómo por encima de los individualismos prevalece el conjunto. Una vez que los personajes están preparados para actuar, la narración se desdobla en los diferentes espacios a los que son destacados; a veces encontramos saltos temporales que aclaran hechos al lector, al tiempo que son aclarados a los protagonistas. Sin embargo, en ningún momento se pierde la noción del argumento. El autor tiene el don de dar la vuelta a un suceso, trasladar un personaje, cambiar el espacio sin que surja extrañamiento en el lector, las imágenes se van continuando con total nitidez, las descripciones detalladas ayudan a que vayan pasando por nuestra mente como si se tratara de una película cinematográfica.

He leído las dos novelas de este autor. No tienen nada que ver entre sí, ni en época, ni en cuanto al número de lugares en los que se desarrollan, ni en el subgénero; sin embargo hay algo que les confiere el sello Dicker, el profundo amor que siente por sus personajes. Los protagonistas son tratados con respeto, todos y cada uno de ellos, en esta novela no hay buenos ni malos, no hay un bando de vencedores ni de vencidos porque en todos los personajes hay algo que los dignifica aun a pesar de cometer actos reprobables, y es el hecho de que son tratados como hombres, y para el autor, el hombre tiene un punto de raciocinio que le permite ser bueno, un punto de bondad que le permite empatizar con otro y un punto de empatía que le permite SER.

No quiero desvelar nada de la trama, mucho menos del final, pero me encantaría comentar esta novela más detalladamente con alguien que la haya leído, así que si os animáis estaré encantada de retomarla.


¡A ver si publican las otras cuatro novelas de Joël Dicker!

jueves, 1 de enero de 2015

AÑO NUEVO, PORTADA NUEVA

AÑO NUEVO, PORTADA NUEVA

Está claro que, a lo largo de la Historia, la mujer ha leído más literatura que el hombre, aún hoy las estadísticas reflejan que son las mujeres quienes leen más libros. La verdad es que no sé cuánto hay de cierto en esta afirmación, pero da igual. Lo importante es que leemos, hombres, mujeres, niños, todos; porque es fundamental para nuestro desarrollo mental, porque de vez en cuando tenemos que evadirnos, porque necesitamos aprender algo nuevo. Las razones son múltiples, pero todos leemos. Ahora viene probablemente la fiesta con más magia del año, y desde el blog aurisecular deseo que todos recibáis al menos un libro, creo que debería ser un regalo obligatorio; puede que todo funcionase mejor.

Con este sueño damos la bienvenida al 2015

Ojalá este blog se llene de vuestras experiencias e ilusiones. Yo intentaré seguir compartiendo con vosotros las mías.

¡Felicidades!

lunes, 29 de diciembre de 2014

LA CELESTINA

Hablar de La Celestina es hablar de vida. En una época llena de represión social, de miseria para el pueblo, de decaimiento en la nobleza, de omisión de la mujer, aparecen unos personajes, de la clase más baja, reivindicando un salario por su trabajo, requiriendo igualdad de trato, demandando dignidad, pidiendo honra según los méritos de cada uno. Disfrutamos leyendo La Celestina porque observamos en la protagonista una mujer inteligente de la más baja escala social a la que todos, por diversos intereses, solicitan, en Melibea, aun hoy, rasgos de una mujer fuerte, en Pleberio, señales de un padre moderno, en el autor, demostración constante de sabiduría; si bien esto puede ser un inconveniente a la hora de oír a los sirvientes, pues a veces usan refranes, y otras se basan en citas de autoridad, también es cierto que es un lujo observar comparaciones de diferentes situaciones cotidianas o de diversos sentimientos, con pasajes mitológicos o de la literatura clásica.

Es fabuloso leer La Celestina y darnos cuenta de la influencia que el mito de Ulises ejerció en Rojas (porque confirmamos la convicción de que la literatura es algo vivo y tan importante para el ser humano como los alimentos). Y, por supuesto, es fantástico leer a Shakespeare y observar rasgos de Celestina en la nodriza de Julieta.

Pero estamos en las postrimerías de la Edad Media, no debemos olvidar que El Renacimiento es incipiente, la Inquisición acerca posibles caídas, la exclusión social puede ser habitual para los discrepantes, y el racismo y la conciencia de clase están presentes en la sociedad. El autor lo sabe, puede que por eso se ocultara en los acrósticos iniciales (o no, pues fue una ocultación manifiesta) o puede que finalmente se sintiera temeroso de las consecuencias, el caso es que con la muerte de todos aquellos que incumplieron las normas, terrenales o divinas, la modernidad de la obra queda en un segundo plano, tras la intención moralizadora. Pero, mientras tanto, ahí queda, e imaginamos que hizo pensar, pues, desde muy pronto los ataques de los moralistas fueron constantes. Incluso el humanista Juan Luis Vives desaconsejó su lectura en 1524. En 1632 se incluyó en el Índice de libros prohibidos y se censuraron algunas escenas, hasta que en 1792 se prohibió por completo.

Por todo esto, y pese a la intención moralizadora, es una obra moderna. De hecho hoy se lee como una novela, las descripciones son tan detalladas que en ningún momento perdemos el hilo argumental; hoy se ha llevado al cine, Penélope Cruz y Juan Diego Botto estuvieron bien como Calisto y Melibea, pero Terele Pávez bordó el papel de Celestina. Y hoy se ha llevado al teatro; Gemma Cuervo ha sido una de las últimas en interpretar la adaptación de Mariano de Paco.

Y sin embargo, o precisamente por ello, tuvo problemas para su clasificación en 1492, no sabían si incluirla en los géneros Narrativos pues es todo dialogado, no hay narrador, o en los Dramáticos, por la cantidad de espacios y tiempos diferentes, por la gran extensión, por la falta de acotaciones… Obra polémica, pues, desde que vio la luz, y obra universal desde entonces porque sus temas son universales: sexo y corrupción.

No voy a desvelar el argumento, al menos por ahora, pero quiero comentar del estilo algo que considero la eleva a obra de arte: el vocabulario empleado. Los conceptos se repiten hasta la saciedad mediante sinónimos en monólogos minuciosos que ralentizan el ritmo y acrecientan la curiosidad; hay más de dos páginas para relatar los diferentes oficios de Celestina,
PÁRMENO.- …Tenía una cámara llena de alambiques, de redomillas, de barrilejos, de vidrio, de alambre, de estaño, hechos de mil facciones. Hacía solimán, afeite, cocido, argentadas, bujelladas, cerillas, lanillas…
destacan las largas enumeraciones para definir el amor con oxímorons,
CELESTINA.- …una agradable llaga, un sabroso veneno, una dulce amargura, una deleitable dolencia, un alegre tormento…
los encadenamientos causales que atestiguan el paso del tiempo;
CELESTINA.- …Pero bien sé que subí para descender, florecí para secarme, gocé para entristecerme, nací para vivir, viví para crecer, crecí para envejecer, envejecí para morirme…
las comparaciones vulgares conviven en un mismo personaje con las más alambicadas del amor cortés o las cotidianas del refranero;
CALISTO.- …Melibea es mi señora, Melibea es mi Dios, Melibea es mi vida; yo su cautivo, yo su siervo…
         …No se dice en balde que mal ajeno de pelo cuelga.
         …Señora, el que quiere comer el ave quita primero las plumas.
destaca el abanico de palabras cultas, cultismos, arcaísmos, vulgarismos, términos de literatura, de medicina, de religión, de leyes, de filosofía, de sexo, de acciones cotidianas… Todo tiene cabida en La Celestina, unas veces el léxico sirve para denunciar situaciones con crudeza, otras con humor y otras, las más, con ironía.

Al leer La Celestina de nuevo, he recordado refranes que apenas se manejan, otros se siguen empleando. Sería conveniente investigar sobre ellos y observar si el sentido es el mismo que hace 500 años, porque es curioso pensar en lo que han cambiado los medios de comunicación durante 5 siglos y, sin embargo, la base de esa situación comunicativa apenas ha evolucionado.

Podríamos entablar un debate aquí sobre este tema.


Otro podría referirse a los personajes. Los personajes de La Celestina están vivos, descritos con gran profundidad psicológica muestran la dualidad del ser humano. De hecho, como en la comedia antigua grecolatina, aparecen por parejas (excepto Celestina, protagonista indiscutible y compleja y Lucrecia, símbolo de la represión, complementaria a Celestina); el lector no termina de conocerlos hasta que han terminado su intervención, porque van conformando el carácter según actúan ¿Tienen sus nombres algo que ver en su personalidad?

Sería fantástico abrir otro debate sobre esto.


ESQUEMA:

Obra polémica  ] Engloba todas las características que la convierten en una obra cumbre de la literatura universal. Podemos partir de cualquier elemento o de cualquier punto de vista y sólo tendremos originalidad:

· Época ] Finales del siglo XV por lo que tiene trazos medievales aunque parezca una obra revolucionaria Renacentista (De hecho se prohibió a finales del XVIII).

· Autor   ] Parece que el primer acto fue obra de un humanista (Juan de Mena o Rodrigo de Cota). El bachiller Fernando de Rojas lo encontró (sin firmar) y terminó la obra. Lo realmente importante es ¿por qué no aparece firmada directamente?

· Título ] Empezó siendo Comedia de Calisto y Melibea, después pasó a llamarse Tragicomedia de Calisto y Melibea, hasta que se quedó con La Celestina, nombre de la alcahueta (en vez del de los nobles como era usual).

· Género ] No puede ser teatro porque es excesivamente larga, tiene numerosos espacios y saltos temporales. Y no puede ser novela porque está dividida en Actos, no capítulos, es completamente dialogada sin narrador y con escasa acción. Es una comedia humanística (escrita para ser leída).

· Temas   ] Amor – Lujuria – Muerte – Codicia.

· Personajes ] El nombre alude a su condición. Tienen profundidad psicológica. Aparecen por parejas, para complementar el carácter, excepto Celestina y Lucrecia (criada de Melibea) que no tienen correspondencia porque su oposición es vertebral en la historia. Celestina es la causante de la tragedia, pues desencadena el desenfreno, la lujuria; Lucrecia es totalmente reprimida.

o   Calisto: “de gran belleza”. Sin embargo no es eso lo que atrae a Melibea, sino la mediación de Celestina. Asimismo no es el prototipo de amante, no quiere casarse con Melibea, sólo gozar de su cuerpo.

o     Melibea: “de la voz melosa, dulce” “de apariencia frágil”. Pero es la que toma las decisiones; es enérgica y racional.

o   Celestina: “celeste”. Pero no es celeste ni pura sino todo lo contrario: alcahueta, avariciosa. El nombre tiene que ver más con la condición de astróloga y hechicera, alguien que tiene en sus manos el destino de los demás.

o   Sempronio: “eterno”. Sin embargo morirá pronto en la obra. Es el criado de Calisto.

o     Elicia: “verdadera”. Pero es infiel a Sempronio. Es una prostituta de Celestina.

o   Tristán: “consuelo”. Sin embargo no lo será para Calisto pues éste muere al poco de tenerlo como nuevo criado.

o    Pleberio: “plebeyo”. Mas es un noble, padre de Melibea.

o   Alisa: “bondadosa”. No es la típica cualidad de la nobleza, es madre de Melibea.

Todos los personajes atentan contra la moral, son innovadores, sin embargo todos morirán (¿cómo castigo? ¿tiene la obra una finalidad educativa?)

lunes, 8 de diciembre de 2014

TE ESPERO DENTRO

Se me ocurre, después de leer este libro, que sólo dentro de nosotros está el mundo; la vida humana es un fracaso, abierto quizás a una otredad trascendente a la que únicamente podremos llegar si nos miramos y nos escuchamos a nosotros mismos.

Éste puede ser el tema, algo existencialista, que actúa como hilo conductor de los once cuentos que componen Te espero dentro. Los personajes han tocado fondo por diversas razones y, en su mayoría, emergen de la nada para dirigirse a ella de forma que el punto de partida y el de llegada configuran un círculo perfecto, una unidad que percibo, tras la lectura, demoledora.

En la reseña de la contraportada se destaca el humor que aparece en los cuentos; no lo he encontrado, ni una sola vez he sonreído, y suelo hacerlo con facilidad en la lectura. Puede que sea yo, que esté pasando por un momento de “frágil intensidad”. Puede que sea uno de esos momentos muelle que no llevan a ningún sitio. Incluso creo que yo misma podría ser la protagonista del cuento número 12 de esta serie. Puede que lo escriba… aunque mi estilo nunca será tan impecable y limpio como el de Zarraluki. La lectura ágil ha influido, por supuesto, en las sensaciones que me han ido asaltando pues he sufrido con todos ellos como si formara parte de la historia.

Si el tema general es el fracaso del ser humano, se va particularizando en cada cuento.

Con los ojos cerrados destaca que una niña enseña a su padre a hacerse el dormido para escapar de las situaciones sin salida, sin embargo creo que permanece latente la insatisfacción con uno mismo y la falta de coraje para encarar aquello que no funciona, de ahí que se vea normal el antitético establecimiento de una familia en la que padres y padrastros, en armonía, caminan al son de los hijos.

En espera del milagro representa la postura cobarde del ser humano cuando la opresión es demasiado fuerte, por eso Sonia, que supone un milagro para los que atraviesan situaciones límite, vive en una vorágine interior que no la deja escucharse tranquilamente para poder actuar en consecuencia. Miente para que otros tomen decisiones por ella sin darse cuenta de que se miente a sí misma para no tener que soportarse.

La historia en un rincón es triste; de una tristeza absoluta. No podemos escapar del destino; es un círculo en el que todo vuelve, el eterno retorno noventayochista que oprime al recordarnos quiénes somos y de dónde venimos… Y si esto no lo podemos olvidar ¿dónde podremos ir?

Yo sé que están buscando a un loco está ambientado en un pueblo, pero igualmente el espacio pudiera haber sido otro porque lo importante es tomar conciencia de la monotonía; todos los días pasan sin sorpresas. Siempre es lo mismo. Todo se repite, por eso dos gemelos, diferentes en el carácter, en el sexo y en el físico, llegan a comportarse de la misma manera, quedando atrapados no sólo en un pueblo tedioso, sino en una familia oscura y en lo que, probablemente, más odiarán de ellos mismos.

Teoría del saltamontes me ha impactado porque enciende en nosotros la imperiosa necesidad de pensar, de opinar, de ilusionarnos, de vivir. En una factoría ballenera cerrada, Marcelina queda casi abandonada a su suerte. Su vida consiste en ver pasar los días sin otro entretenimiento que el paisaje circundante. Un extrabajador va a verla al cabo de un año y le lleva algo para aliviar su soledad, una televisión; aparato al que se enfrentará por primera vez en su vida.

La niña vuelve retrata el más típico machismo en la relación que mantienen Claudia y Jaime; se intuyen malos tratos, de palabra, obra y omisión. Desgraciadamente aún hay mujeres dispuestas no sólo a mantener (en el sentido más peyorativo) a sus parejas sino también a tolerarles desplantes, órdenes y humillaciones, y, afortunadamente, estas situaciones empiezan a cambiar.

Suite para una sola voz. Es el azar que, una vez más, se ceba en dos mujeres; ambas anhelan que una misma situación acabe pronto, Antonia, para no pensar en la vida desgraciada que le ha tocado en suerte, Rosita para retomar los buenos momentos. El destino le ha traído un tiempo muerto en un momento en el que estaba preparada para jugar un buen partido… En una de las dos hay un resquicio de esperanza.

Razones para marcharse. De nuevo los malos tratos encubiertos, la degradación, la falta de respeto a uno mismo, el llenar una vida vacía con agujeros causantes de que la caída sea constante. Si no podemos poner parches a un agujero, no debemos tomar la vida como un juego en el que se permiten trampas una y otra vez. Nos quedamos solos.

No lo hagas. Este cuento representa la ironía del ser humano. Miguel se preocupa por dejar de fumar, tiene que hacerlo. También tiene que perder peso. Estas dos circunstancias, que debe abandonar, son las causantes de su deterioro físico… Miguel tiene otras dos circunstancias causantes de su deterioro psíquico: su familia y él mismo. No ha sabido mantener a la primera porque no se ha valorado; es débil, pusilánime, cobarde, por eso intenta comprar lo que no puede obtener, el respeto de su hija y el de una adolescente que podría ser su hija.

Ahora mismo estamos siempre vivos. La monotonía de Clara, viuda que no sabe qué hacer con su vida, la lleva a imaginar otras vidas leyendo de forma compulsiva. La monotonía de Andrés, librero resentido, hace que estalle en el momento menos oportuno. Esta explosión, fuera de lugar, le traerá nefastas consecuencias y afectará a Clara en otro estallido de rebelión contra ella misma.

Te espero dentro. Después de aguantar una vida familiar en la que rondaba el temor a la violencia, el miedo al castigo, la opresión de la soledad, dos hermanos deciden liberarse. Hasta aquí bien, pero mi lectura sigue siendo fatídica porque entiendo que se ven obligados a liberarse.

Tras el análisis de los cuentos llego a una conclusión. Es verdad que el hilo conductor es el fracaso de la vida del ser humano; es cierto que todos los personajes tocan fondo en un momento de sus vidas, pero también lo es que las mujeres se presentan más débiles, más propensas a hundirse, hechas con trazos tan sutiles que, a la menor ocasión, se pueden borrar. Marcela ha aprendido a cerrar los ojos. Sonia se escuda en la mentira. La niña superviviente de Nagasaki no ha podido olvidar su pasado a pesar del éxito. Es cierto que Pablo correrá la misma suerte que Elena (¿porque son gemelos?) Marcela es la única de la factoría ballenera incapaz de salir de la nada. Claudia es víctima de malos tratos. Antonia es víctima de su marido y Rosita del destino. Marta no se respeta como mujer, no lo hace como persona. Natasha es víctima de todos y a nadie le importa. Clara no es nadie sin su marido. Y Ana no supo liberarse de la tortura de su vida.


Llamada de atención, pues, a todas las mujeres en particular. Debemos leer, debemos escucharnos a nosotras mismas y poner solución en cuanto se encienda la luz de alarma. Siempre hay otra salida que nos hará sentir mejor.