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lunes, 17 de julio de 2017

MACBETH



A. COMENTARIO CRÍTICO

El argumento de Macbeth está tomado de las Chronicles of England, Scotland and Irland (1578), de Raphael Hilinshed; según éste, Macbeth vivió en el siglo XI y fue primo de Duncan, un rey cuya excesiva blandura dio lugar a numerosas insurrecciones. Esta situación llevó a poner las tropas escocesas bajo el mando de Macbeth y Banquo —de quien desciende la casa de los Estuardos—. Restaurada la paz en Escocia, cuando Macbeth y Banquo cabalgaban hacia la residencia del rey, salieron a su encuentro «tres mujeres de atuendo extraño y singular».

Aquí es donde empieza la obra de Shakespeare, y en ella, el lugar, Escocia, no es lo importante, sino la forma de vida que impregna de primitivismo, de violencia tribal, de brujería y superstición, un ambiente en el que predomina un concepto mágico del mundo: brujas, ritos, la noche, el mal y la muerte, asociados al principio femenino (donde se incluye la esterilidad).

El simbolismo aparece con fuerza en Macbeth. Las imágenes asociadas a la muerte y las tinieblas se extienden a una naturaleza quebrantada como la crueldad humana, la dolencia y la esterilidad: la tierra que tiembla enfebrecida, el bebé estrellado por su propia madre, los caballos que se devoran entren sí, el alma llena de escorpiones... Frente a estos símbolos hay otros grotescos que aluden a la realeza de Macbeth vestido «como ropa de gigante /sobre ladrón enano», y otros esperanzadores, cuando el ejército inglés avanza cubierto con ramas verdes del bosque de Birman, símbolo de la fuerza regeneradora de la naturaleza (hemos de tener en cuenta que la obra se estrenó en tiempos de Jacobo I, de la casa de los Estuardo).

El futuro es una obsesión, que se enmarca especialmente en la descendencia de Banquo y, sin embargo, esta descendencia nos lleva al símbolo de vida más significativo de toda la obra: el niño, con todas sus asociaciones: el recién nacido que, denudo «cabalga el vendaval», el ensangrentado, el coronado con su árbol en la mano, la criatura sacada del vientre de su madre... El niño representa fecundidad, vida nueva, y evidencia la esterilidad de Macbeth «Ciñeron mi cabeza con estéril corona / y me hicieron empuñar cetro infecundo». No es extraño que Macbeth mande asesinar a la mujer y los tres hijos de Banquo, es la represalia de un tirano obsesionado con la infecundidad.

El recién nacido, Macduff, nacido por cesárea y por lo tanto símbolo de fuerza invencible, será quien más tarde dé muerte a Macbeth.

Pero a esta visión positiva del niño se opone la negativa que expresa Lady Macbeth; para ella la perfección es el hombre (que puede cometer el acto más sangriento) mientras que el niño es un obstáculo para sus planes, por lo que es imperfecto. El niño aparece opuesto al hombre, es la fantasía del poder materno frente a la de escapar de ese poder.

Lady Macbeth personifica las fuerzas del mal; como la Eva bíblica tienta a su marido para que cometa el crimen. Las brujas con sus ritos, también aseguran el concepto trágico de la magia que envuelve la obra, pues eligen el momento para despertar los deseos secretos de Macbeth. Las profecías consiguen sacar a flote todos los vicios del nuevo rey, convirtiéndolo en alguien temido por todos y siendo objeto de todas las sospechas de los crímenes cometidos; él mismo se delata en su fiesta de coronación al ver al espíritu de Banquo. La mujer ha cumplido su misión, por eso Lady Macbeth no vuelve a aparecer hasta que se suicida, enloquecida por el remordimiento. Su marido, ante la noticia, se muestra del todo insensible, su «mañana, y mañana, y mañana...» expresa el nihilismo al que ha llegado.

Las ideas religiosas de Shakespeare, sus convicciones espirituales, su fe en el más allá forman un Tema presente en sus obras, y en Macbeth más que en cualquier otra pues hay referencias bíblicas «LADY MACBETH.- ...Parécete / a la cándida flor, pero sé la serpiente que hay debajo», y otras admiten una interpretación católica «LENNOX.- ¡Que vuele un santo ángel / a la corte de Inglaterra y anuncie su mensaje / antes que él llegue». Sin embargo es escéptico, racional y reflexivo. Macbeth representa la lucha consigo mismo en la que cualquier rastro de ética es anulado por la ambición; en esa lucha vencerá siempre el lado oscuro, el mal es un hecho inevitable en el ser humano (el final abierto, pero similar al principio de la obra, así lo manifiesta). La fatalidad, el destino adverso, la predestinación bíblica marcan la suerte de quienes se dejan llevar por pasiones desbordadas (Macbeth, lady Macbeth, Duncan...) y de los seres más indefensos, en este caso la figura del niño y la mujer (encarnada en la esposa de Macduff); son pues, temas fundamentales en esta tragedia. Es terrible la imagen del niño siendo asesinado por su madre «cuando estaba sonriéndole, habría podido / arrancarle mi pezón de sus encías / y estrellarle los sesos si lo hubiese / jurado como tú has jurado esto». Es terrible la escena del hijo de Macduff rechazando a su madre para que no la maten como a él «HIJO.-  Me han matado, madre. ¡Huye, te lo ruego!» La falta de infancia, la esterilidad es otro tema importante «Ciñeron mi cabeza con estéril corona / y me hicieron empuñar un cetro infecundo / [...] he manchado mi alma por la prole de Banquo / ...”» Macbeth no tendrá frutos, su semilla maligna no se esparcirá por el mundo, sin embargo, cuando al final, el nuevo rey, Malcolm, nombra aleatoriamente condes a todos los que lo han ayudado, tal como lo hizo su padre Duncan al principio, da que pensar en que el mundo seguirá igual y la maldad permanecerá presente en el ser humano.

La dualidad sueño–realidad es otro tema recurrente en el Siglo de Oro, en Shakespeare y, por supuesto, en Macbeth «Es menor / un peligro real que un horror imaginario», aunque aquí el sueño vaya asociado a la muerte «¡Sacudid el grato sueño, / imagen de la muerte, y mirad / la muerte verdadera!» y ésta a la tranquilidad del que la sufre: «Más vale estar con los muertos, / a quienes por ganar mi paz, mandé a la paz». Sin embargo, el remordimiento hace que los protagonistas confundan el sueño con la realidad, suponiendo para ellos una tortura constante, de hecho Macbeth se autoinculpa ante todos en su cena de coronación «MACBETH (al espectro).- Tú no puedes decir que he sido yo. / ¡No sacudas contra mí tu melena ensangrentada» y Lady Macbeth termina suicidándose tras enloquecer al verse las manos ensangrentadas siempre; incluso durante el sueño ella permanece sonámbula delatándose ante los criados y el médico: «LADY MACBETH.- Lávate las manos ponte la bata, no estés tan pálido: te repito que Banquo está muerto; no puede salir de la tumba».

La confusión, la ambigüedad, se establecen a lo largo de la tragedia «Nada temas hasta que el bosque de Birnam / venga a Dunsinae, y ahora un bosque / viene a Dunsinae», de ahí que cuando Macduff va a Inglaterra a pedir ayuda a Malcolm para destronar a Macbeth, éste crea que es una trampa y le miente confesándose como violador, codicioso y malvado, hasta que comprende que está pidiendo su ayuda de verdad. La confusión hace que Lady Macduff, sabiendo que va a ser asesinada, no intente huir de un lugar en el que «suele alabarse el hacer daño / y hacer bien se juzga locura temeraria. / Entonces, ¿a qué acogerse a la defensa mujeril / diciendo que no he hecho ningún daño?». Y la confusión es la consecuencia de que el cuervo, animal dual pues, ha sido asociado a la sabiduría y a la muerte, debido a que en la Edad Media aparecían en los campos de batalla para “limpiar” los restos de los cadáveres, sea nombrado proféticamente tanto por Lady Macbeth «Hasta el cuervo está ronco de graznar / la fatídica entrada de Duncan / bajo mis almenas», como por el protagonista «La noche se espesa / y hacia el bosque tenebroso vuela el cuervo».

El paso del tiempo es otro de los temas que aparecen de forma obsesiva en Macbeth. El tiempo es fundamental para que Macbeth lleve a cabo su plan, acuciado por su mujer, de ser rey, por eso mata rápidamente al rey Duncan. Pero el tiempo actúa en su contra puesto que las Tres Hermanas vaticinaron que Banquo sería el patriarca de la estirpe de reyes, de ahí que no pueda disfrutar de su reinado y decida asesinar a su amigo y su hijo (que logra huir) la misma noche de su coronación como rey. El paso del tiempo es circular, todo volverá a la miseria del ser humano. Lady Macbeth se lo comunica a su marido cuando lo ve tras enterarse por carta de los designios que tenían las brujas para él «Tu carta me ha elevado por encima / de un presente de ignorancia, y ya siento / el futuro en un instante». Lo paradójico es que el futuro se igualará al presente en todo: Si Macbeth asesina al insurgente Macdonald al comenzar la obra, «lo descosió del ombligo a las mandíbulas / y plantó su cabeza en las almenas», al final es Macduff quien, tras matar al usurpador, le entrega la cabeza al nuevo rey, Malcolm «(Entra Macduff con la cabeza de Macbeth)».

La aparición de las brujas, Tres Hermanas, realza el ambiente de crueldad que se respira en la obra, pues sitúan la tragedia en el primitivismo y determinismo propios del siglo XI, época histórica en la que transcurre todo. Hablan con enigmas y conjuros, acentuando la superstición. Son la encarnación del mal, por eso se aparecen a Macbeth, y por eso él, a veces, también habla con acertijos «Antes de que dé fin el enclaustrado / vuelo del murciélago y a la llamada / de la negra Hécate el zumbido del inmundo / escarabajo anuncie la noche soñolienta, / se habrá cumplido una acción de horrible cuño». Y, desde el propio mal, desde Macbeth, presenciamos la tragedia; su punto de vista es el dominante, por eso penetramos en él y a veces nos sentimos tentados por lo prohibido e identificados con su degradación.

A.1. Personajes

Hemos comentado el carácter de los personajes principales al analizar los temas y el simbolismo, pero elenco es numerosísimo, podríamos llegar a contar hasta más de cuarenta teniendo en cuenta a los soldados, mensajeros o criados que queramos poner en escena. Algunos de esos personajes existieron de verdad, Fleance, Malcolm, Duncan,... prácticamente los principales; otros, como las brujas, o Hécate son producto de la imaginación del autor, representantes de la superstición y la maldad, tal como hemos comentado. Sólo aparecen en tres ocasiones pero esas escenas son relevantes para el desarrollo del argumento. Los asesinos de Lady Macduff o los de Banquo, incluso el nuevo rey Malcolm son personajes episódicos, aparecen con un fin específico, los asesinos para mostrar el poder de convicción de Macbeth mediante la amenaza o malas artes, y Malcolm para confirmar ese eterno retorno al que aludíamos. Aparece un anciano, o la Dama de Lady Macbeth, que funcionan como personajes colectivos pues él representa al pueblo, testigo de lo que está ocurriendo y ella encarna el papel discreto de todas las criadas. Encontramos asimismo personajes secundarios como Ross, Angus o Siward, cuyo papel se basa principalmente en ayudar a Macduff a conseguir su objetivo de acabar con Macbeth. Absolutamente todos son personajes dinámicos, redondos, van cambiando de parecer y de comportamiento a lo largo de la obra, todos rodean a Macbeth, y hasta sus hombres de confianza llegarán a recelar de él, por eso preparan una insurrección. Macbeth se representa al principio como valeroso y bueno, pero la ambición hace de él un ser despreciable que va pasando desde la cobardía (tiene que ser alentado por su mujer para cometer el primer crimen) hasta la desesperación que le causan el remordimiento y la excesiva confianza que ha puesto en su destino. Esto aporta asimismo otra característica de la obra: la dualidad, pues frente a la acción constante la función que tiene ante el espectador es la de introspección, reflexiva, por supuesto, a la vez que catártica. Las brujas como hemos comentado, entrarían en la clasificación de personajes alegóricos al representar la maldad de forma incluso hiperbólica.

A.2. Espacios

Igualmente los espacios son numerosos, sin embargo en las acotaciones explicativas no se nombran; sabemos dónde se realiza la acción por alguna réplica de un personaje «ANGUS.- Venimos a darte las gracias en nombre del rey / y a conducirte a su presencia».

Por supuesto esto deja total libertad al director de escena para establecer el decorado, incluso el vestuario. Una vez tenido esto en cuenta nos encontramos espacios tanto interiores: palacios de Escocia, de Inglaterra, casas de Macduff, de Macbeth... como exteriores: caminos, bosques... Son símbolos que funcionan como soporte de todos los signos creados en el argumento: la dualidad, la ambición, la superstición, la maldad, porque, al establecerse casi todos durante la noche, propician la brujería, el mal, la confusión, la degeneración y demás características negativas antes analizadas. Es decir, los espacios nos dan a entender tanto funciones prácticas como simbólicas. Debido a la cantidad de personajes y acciones, encontramos también ticoscopias, es decir, espacios que no vemos por estar fuera de escena, pero que un personaje nos los comunica; estos decorados verbales fijan el esquema espacial en el que se mueven los personajes, organizan las acciones y proyectan dimensiones simbólicas que iluminan el sentido de la obra al completarse con signos físicamente presentes en el escenario:

REY.-    Noble barón, ¿de dónde vienes?
ROSS.- De Fife, gran rey, donde las banderas
              noruegas se mofan del cielo y con su soplo
              escalofrían nuestra gente.
              El rey noruego, con un aluvión de hombres
              y el apoyo del traidor más desleal,
              el Barón de Cawdor, emprendió un aciago ataque
              ...
Así pues, bien sean espacios escenográficos múltiples o narrados, tienen función expresiva y simbólica

Macbeth ha sido representada constantemente desde el siglo XVII. Una de sus últimas adaptaciones la pudimos ver en el Festival de Teatro de San Javier, en agosto de 2016, a cargo de la compañía Alquibla.

Pero no sólo el teatro, Orson Wells tampoco pudo resistirse a llevarla al cine en 1948 y protagonizar él mismo el papel de Macbeth. Akira Kurosawa, en 1957, traslada la acción y el lugar al siglo XVI en el Japón feudal. También Polanski lo adaptó en 1971, y una de las últimas adaptaciones, es la dirigida por Justin Kurzel, con Michael Fassbender y Natalie Portman como protagonistas, y que se estrenó en 2015 en el Festival de Cannes.

En música destaca la ópera de Verdi en 4 actos, cuya última representación sirvió para que Placido Domingo cerrara la temporada del Teatro Real en 2017.

En pintura destacan los grabados de las tres brujas o Lady Macbeth sonámbula, de Fuseli, y la aparición del espectro de Banquo en el banquete, de Gustave Doré.

Y es que precisamente, por la ambigüedad y la confusión que reinan en esta obra, sea Macbeth la que mejor podamos identificar con el enigma que gira en torno a su autor. La grandeza de Shakespeare es innegable, lo de menos es que se cuestione su existencia, puesto que el genio trasciende al individuo. La genialidad es personal y las obras de Shakespeare son geniales; si fueron escritas por otro, sólo cambiaría el nombre. El legado es la obra, y ésta es universal, sigue viva en la cultura.

B. DIÁLOGO ESCÉNICO

Un director de escena debe caracterizarse por su gran percepción y sensibilidad para encontrar el significado de las palabras y expresiones de la obra y conseguir que llegue al espectador el verdadero carácter del personaje.

El diálogo de Macbeth es revelador pues lo que le interesa al autor no es tanto la época, el espacio o el tiempo en los que se desarrolla la obra, ni siquiera tienen demasiada importancia las réplicas; hay ocasiones en las que en una situación sumamente grave introduce expresiones populares, irónicas o casi humorísticas

REY.-    Asustaría a nuestros jefes, Macbeth y Banquo
CAPITÁN.- Si, como el gorrión al águila o la liebre al león

LADY MACBETH.- ...¿Quieres lograr
              lo que estimas ornamento de la vida
              y en tu propia estimación vivir como un cobarde,
              poniendo el “no me atrevo” al servicio del “quiero”
              como el gato del refrán?

El vocabulario está plagado de antítesis que refuerzan la confusión del personaje y gradúan la tensión dramática «Echando hiel en el cáliz de mi paz».

La utilización del verso permite, con aliteraciones, antítesis y el ritmo propio, acentuar las situaciones de brujería «cuando acaben brega y bronca / y haya derrota y victoria» y simbolismo adverso «Bello es feo y feo es bello / flota en bruma aire espeso» Las perífrasis antitéticas, y las paradojas que utiliza Lady Macbeth refuerzan la contradicción de la obra, y por ende, la oposición constante que se da en su marido. Ella ayuda al espectador a comprender la lucha entre el bien y el mal que tiene lugar en el interior del protagonista:

MACBETH.- ...¿Qué hora es?
LADY MACBETH.- La hora en que pugnan noche y día
              [...]
              Te falta la sal de la vida, el sueño.

Hay gran variedad de recursos literarios; además de las antítesis y contradicciones «Esta incitación natural / no puede ser mala, no puede ser buena», destacan las aclaraciones que, a modo de monólogo, el protagonista revela en Apartes al público para que, al tiempo que crece su tensión emocional, pueda penetrar perfectamente en la mente de Macbeth y empatice con su evolución desde el principio:

MACBETH (aparte).- ...
              La idea del crimen, que no es sino quimera,
              a tal punto sacude mi entera humanidad
              que la acción se ahoga en conjeturas
              y solo es lo que no es.

Las hipérboles engrandecen al personaje hasta que casi no parezca humano

REY (a Macbeth).- ...Ojalá fueras digno
              de menos: te habría dado la justa medida
              de premio y gratitud. ...

Irónicamente, conforme avanza la obra vemos que, efectivamente, alcanza niveles inhumanos de crueldad y ambición.

Las metáforas cumplen con una función adivinatoria, que no deja de ser irónica

REY (a Banquo).- ...Deja que te abrace
              y te estreche contra mi corazón.
BANQUO.- Si crezco en él, vuestra es la cosecha.

Los juegos de palabras, en los que abundan aliteraciones, anáforas, paranomasias y onomatopeyas, van encaminados a provocar una sensación intensa de ritmo y a aumentar la confusión del personaje

MACBETH.- Si darle fin ya fuera el fin, más valdría
              darle fin pronto; si el crimen
              [...]
              ... y atrapar
              mi suerte con su muerte

¡Pum, pum! ¿Quién es... (repetido hasta cuatro veces).

Frente a este desasosiego, el lenguaje popular, con inclusión de leyendas populares o refranes modificados «Falso rostro esconda nuestro falso pecho» no hace sino acentuar el caos interior.

Las imágenes históricas, que igualan las acciones de Macbeth con las de personajes de la Antigüedad contribuyen a elaborar un estilo culto al tiempo que funcionan como aviso de que todo vuelve, de que el paso del tiempo es circular, y la maldad no desaparecerá del ser humano «...y el crimen descarnado / [...] ...con los pasos de Tarquino el violador, camina hacia su fin / como un espectro...».

Otras veces la mezcla de tiempos verbales aporta rapidez a la acción y efectividad a la misma al conseguir un aspecto perfectivo, acabado «Voy y está hecho».

La pérdida de la razón de Macbeth llega al clímax al principio de la obra cuando, tras cometer el primer crimen, el del rey Duncan, él mismo se autoinculpa y se maldice utilizando los tres nombres que adquiere en la tragedia «...¡No durmáis más! Glamis ha matado el sueño, y por eso Cawdor ya no dormirá, Macbeth ya no dormirá».

Por último, es necesario señalar que las acotaciones son bastante escasas. Mantienen la finalidad de servir de guía para la escenificación de la obra «Salen nobles (y acompañamiento)» y consiguen remarcar el ambiente de brujería, magia, noche, muerte y confusión que veníamos comentando

Truenos. Entran las tres brujas al encuentro de Hécate

Entra el espectro de Banquo y se sienta en el sitio de Macbeth.

Entran Banquo y Fleance con una antorcha

Casi todas tienen un carácter objetivo. La parquedad de acotaciones cronoespaciales tiene sentido debido a que al autor no le interesa dónde ni cuándo se desarrolla la obra, sí es minucioso en los sonidos que destacan la grandeza del personaje «Clarines...» frente al temor «truenos» que conlleva la ambición.

Por el contrario, los apartes son los que aclaran la subjetividad del personaje y completan la intención de Shakespeare al escribir Macbeth.

C. ROLES TEATRALES

Para que la representación tenga éxito, es decir, el texto dramático se convierta en texto espectacular, debemos tener en cuenta diversos factores. Los roles son las funciones y responsabilidades que cada persona asume dentro del grupo.

Los actores deben asumir el rol del personaje que interpretan incorporando técnicas corporales como:

—   La kinésica. Es una disciplina que estudia los gestos de la expresión facial, la mirada, las manos, brazos y piernas con finalidad expresiva, apelativa o comunicativa. Hay determinados gestos que ayudan a la comunicación verbal:

     Gestos emblemáticos, son conocidos y comprendidos sin explicación, como llevar la mano a la sien para saludar o colocarla en el pecho al oír un himno nacional.

     Gestos ilustradores, son los que acompañan el discurso y lo enriquecen, representan visualmente lo que se dice (con las manos, la cara...).

     Gestos reguladores, facilitan la interactuación y comunicación, como cuando indicamos, con la mirada, que esperamos una respuesta, levantamos la mano para “frenar” a nuestro interlocutor o la damos en señal de saludo.

     Gestos adaptadores, están vinculados al manejo de emociones, los realizamos tocando nuestro cuerpo o manejando algún instrumento. Son como tics y se incrementan con la tensión, el estrés o la concentración.

     Gestos emocionales, son los que sirven para comunicar nuestras emociones y sentimientos, intervienen sobre todo, el rostro, los brazos y la proxémica.

—   La proxémica. Es la disciplina que estudia la distancia interpersonal como manifestación social y significante; las posturas, la ausencia o existencia de contacto físico pueden indicar desde intimidad hasta rechazo, temor, confianza...

Estas disciplinas ayudarán al lenguaje verbal. Todos estos gestos, tanto faciales como corporales, en movimiento o estáticos, permitirán al espectador visualizar en escena no al actor sino al personaje.

Tipos de personajes

—   Principales. Núcleo de la acción dramática, sin ellos no habría conflicto que es el motor que pone en funcionamiento los diálogos y relaciones.

—   Secundarios. Aunque no estuvieran el conflicto seguiría existiendo, pero normalmente apoyan a los principales a lograr su objetivo.

—   Episódicos. Aparecen en episodios específicos sin alterar el conflicto entre el protagonista y su antagonista.

—   Alegóricos. Su participación no pretende representar a un ser humano sino darle cuerpo a aquello  que no lo tiene, a conceptos abstractos.

—   Colectivo. Aunque sea uno, representa a un grupo humano, por lo que encarna su forma de hablar, de ser, sus costumbres, sus creencias...

Por supuesto, la dicción y pronunciación son fundamentales, así como el tono o intensidad de cada parlamento, para revelar la forma de ser del personaje y su evolución ante determinadas circunstancias.

El rol teatral está definido por el texto dramático y a su vez define las relaciones con el resto de personajes, aunque también se impregnará de lo subjetivo de un actor, de ahí la cantidad de Macbeth (por ejemplo) diferentes que podemos observar.

El escenógrafo es muy importante puesto que pone a la vista las acotaciones espaciales y ambientales que reflejó el autor, aportando credibilidad a la representación. Actualmente se prefieren decoraciones no tan realistas sino más sencillas visualmente, con plataformas móviles o desniveles que faciliten el movimiento de los actores. La tramoya y la iluminación están muy relacionadas al escenógrafo; entre todos conseguirán transformaciones y efectos especiales que lograrán una atmósfera apropiada para que el espectador capte el sentido total de la obra.

Con la música y sonidos se consigue resaltar determinadas acciones o el clímax de algunas escenas.

El maquillador actual aporta mayor realismo a la obra o, en caso que interese como en la aparición de brujas o espíritus, transformará los rostros de los actores para conseguir la imagen deseada. En el teatro griego el maquillaje era compensado con máscaras que identificaban y diferenciaban a los actores.


Por último, para una exitosa puesta en escena tendremos en cuenta aquellas acotaciones que indiquen los rasgos de la escenografía y características de los personajes.

miércoles, 12 de abril de 2017

LA CASA DE BERNARDA ALBA


Si hay alguna obra que tiene trascendencia universal es sin duda La casa de Bernarda Alba. García Lorca consiguió elevar a tragedia un drama rural. La función coral de María Josefa o de la Poncia en ocasiones, es premonitoria del trágico final, y otras veces sitúa con sus comentarios al espectador en el porqué de esa realidad que se está representando.

Poco podemos aportar a los numerosos estudios de esta obra, conocemos la disposición fotográfica de unos personajes que, por mucho que lo intenten, no pueden salir de ese marco que las oprime, y que funciona como una cárcel que limita sus movimientos o como un convento que limita sus pensamientos.

Conocemos el realismo que impregna el argumento, lleno de recuerdos infantiles del autor. Conocemos el simbolismo que envuelve la obra, desde los nombres de las protagonistas hasta el color (blanco-negro-rojo-verde) pasando por metáforas simbólicas de la vida, la muerte o el sexo.

Conocemos los temas predominantes de la obra: la opresión, la dictadura, el sometimiento, las habladurías la hipocresía, el conflicto autoridad-libertad, la envidia...

Conocemos, en fin, la fuerza inequívoca de Federico García Lorca y su determinación tan valiente al denunciar una situación intolerable para el ser humano en general y para la mujer en particular.

Por ello, ahora, intentaremos la realización del comentario crítico de una escena:

Adela:      Por eso procuras que no vaya con él. No te importa que abrace a la que no quiere. A mí, tampoco. Ya puede estar cien años con Angustias. Pero que me abrace a mí se te hace terrible, porque tú lo quieres también, ¡lo quieres!
Martirio:  (Dramática.) ¡Sí! Déjame decirlo con la cabeza fuera de los embozos. ¡Sí! Déjame que el pecho se me rompa como una granada de amargura. ¡Le quiero!
Adela:      (En un arranque, y abrazándola.) Martirio, Martirio, yo no tengo la culpa.
Martirio:  ¡No me abraces! No quieras ablandar mis ojos. Mi sangre ya no es la tuya, y aunque quisiera verte como hermana no te miro ya más que como mujer. (La rechaza.)
Adela:      Aquí no hay ningún remedio. La que tenga que ahogarse que se ahogue. Pepe el Romano es mío. Él me lleva a los juncos de la orilla.
Martirio:  ¡No será!
Adela:      Ya no aguanto el horror de estos techos después de haber probado el sabor de su boca. Seré lo que él quiera que sea. Todo el pueblo contra mí, quemándome con sus dedos de lumbre, perseguida por los que dicen que son decentes, y me pondré delante de todos la corona de espinas que tienen las que son queridas de algún hombre casado.
Martirio:  ¡Calla!
Adela:      Sí, sí. (En voz baja.) Vamos a dormir, vamos a dejar que se case con Angustias. Ya no me importa. Pero yo me iré a una casita sola donde él me verá cuando quiera, cuando le venga en gana.
Martirio:  Eso no pasará mientras yo tenga una gota de sangre en el cuerpo.
Adela:      No a ti, que eres débil: a un caballo encabritado soy capaz de poner de rodillas con la fuerza de mi dedo meñique.
Martirio:  No levantes esa voz que me irrita. Tengo el corazón lleno de una fuerza tan mala, que sin quererlo yo, a mí misma me ahoga.
Adela:      Nos enseñan a querer a las hermanas. Dios me ha debido dejar sola, en medio de la oscuridad, porque te veo como si no te hubiera visto nunca.

(Se oye un silbido y Adela corre a la puerta, pero Martirio se le pone delante.)

Martirio:  ¿Dónde vas?
Adela:      ¡Quítate de la puerta!
Martirio:  ¡Pasa si puedes!
Adela:      ¡Aparta! (Lucha.)
Martirio:  (A voces.) ¡Madre, madre!
Adela:      ¡Déjame!

Es una de las escenas finales de La casa de Bernarda Alba en la que Adela y Martirio se enfrentan, pues finalmente sale a la luz el conflicto surgido entre ambas. Las dos quieren a Pepe el Romano pero mientras Martirio lo ama de forma platónica, Adela es la que está con él, y él va todas las noches a verla a pesar de que se casará con Angustias sólo por su dinero. Angustias es la mayor, la que ha heredado más a la muerte de su padre primero y de su padrastro después.

El luto, que le viene durando toda la juventud, parece terminar con su boda inmediata, sin embargo esta escena es el preludio de la continuación del dolor que oprime a las cinco hijas de Bernarda.

Martirio sabe que Pepe el Romano se ve con Adela y está dispuesta a evitarlo por celos; no le importa que Angustias se case pues sabe que él no la ama, ni siente pasión por ella (las perlas que le regala como anillo de compromiso son evidentes), pero con Adela es diferente, Martirio siente celos de su hermana pequeña, no puede soportar saber que otra lo gozará y le advierte que no la dejará. Sin embargo Adela no está dispuesta a obedecer a Martirio, le dan igual las malas lenguas del pueblo y engañar a su hermana pues se ha enamorado. Adela ha determinado salir de su casa y vivir libre con Pepe el Romano. Martirio, desesperada, llama a su madre cuando comprende que Adela se irá tras su enamorado.

A las voces acuden todas, Bernarda dispara aunque Pepe logra huir, pero Martirio afirma que lo ha matado. Adela, rota de dolor, se suicida dejándolas sumidas a todas en el luto perenne. Bernarda avisa del silencio al que seguirán sometidas todas, después de amenazar con dar muerte a Pepe el Romano en cuanto lo vea.

Así pues, nos encontramos ante una escena decisiva para el desenlace de esta obra por lo que se convierte en una de las más trágicas. En ella salen a la luz el odio, el rencor, la rivalidad, los celos entre las hermanas y el ansia de libertad que tienen todas.

Asimismo aunque Bernarda no aparece, las connotaciones de la represión que ejerce hacia sus hijas, se explicita en la llamada de Martirio: necesita a su madre para que la ayude a controlar a su hermana y ponga fin a sus deseos.

A pesar de ser un diálogo realista, en el que podemos apreciar alguna expresión popular «mientras yo tenga una gota de sangre en el cuerpo», la poesía lorquiana aparece en el texto, bien en forma de símbolo erótico, de libertad sexual «Él me lleva a los juncos de la orilla», bien como metáfora «no quieras ablandar mis ojos» o como imagen dramática metaliteraria «Déjame que el pecho se me rompa como una granada de amargura» o bíblica «me pondré delante de todos la corona de espinas».

El tono que emplean las dos hermanas es desesperado, ambas quieren que sus deseos prevalezcan y ninguna está dispuesta a dar su brazo a torcer. A pesar del dramatismo la entonación se adivina contenida, pues en principio no quieren despertar a nadie, sobre todo para no ser descubiertas y por lo tanto, para dejar sus sentimientos encerrados como hasta ahora. Pero la decisión de Adela «yo me iré a una casita sola donde él me verá cuando quiera» y la llamada de Pepe «(Se oye un silbido...)» consiguen que Martirio se asuste de verdad y grite buscando ayuda «(A voces) ¡Madre, madre!».

Los gestos son fundamentales en toda la tragedia; en esta escena encontramos que los movimientos de Martirio son de acentuado dramatismo, por lo que al avisar a su hermana de que quiere a Pepe podría realizar un gesto ilustrador como abrirse el pecho, para dar credibilidad a los celos que siente.

Igualmente apartaría a Adela, en un gesto regulador para indicarle que no quiere su abrazo, no quiere seguir interactuando con ella. Al final de la escena compondría otro gesto regulador, al impedirle el paso por la puerta. Con los gestos, el carácter  rencoroso de Martirio y su odio hacia Adela quedan patentes. Sin embargo, la hermana pequeña, en medio de la discusión tiene un momento de ternura y mediante el gesto emotivo del abrazo pretende unirse a ella; tampoco quiere ser la causante del encontronazo familiar, por lo que ante la orden de Martirio «¡Calla!» podría encogerse de hombros, en un gesto adaptador con el que pueda manejar la tensión del momento «(En voz baja) Vamos a dormir». Sus gestos indican que Adela no ha acumulado aún desprecio por su familia, sólo lucha por su libertad.

La intención de Lorca al escribir la obra fue poner de relieve la condición inferior de la mujer en general y lo que se puede conseguir al privarla de libertad de acción, libertad de palabra, libertad sexual o incluso libertad de pensamiento, que no es otra cosa que obtener seres sumisos pero llenos de odio y de ansias de venganza, seres embrutecidos incapaces de razonar. En esta escena, Martirio es la que representa estas consecuencias. Asimismo la actitud de Adela tiene la función dramática de advertir que lo importante para el ser humano no está en la realidad, si ésta se presenta rodeada de cadenas.

El espacio de actuación es reducido. Ambas hermanas están juntas, no tanto por las leyes universales de la proxémica, que regulan la distancia denotativa de intimidad, sino por la situación: es de noche y no quieren despertar al resto de la casa. Así pues, la distancia entre ellas es mínima, excepto cuando se oye el silbido de Pepe el Romano; entonces Adela corre hacia la puerta con gesto abierto y liberador, siente que la opresión experimentada hasta ese momento desaparece y corre hacia la libertad pero Martirio se lo impide invadiendo ese espacio que ella busca y por el que incluso se decide a luchar, olvidando por momentos su naturaleza pacífica.

El peinado será también connotativo de la situación de cada una. Martirio llevará el pelo recogido, como todas en la casa, cubierto por un velo, según ordena Bernarda al principio de la obra, mientras que Adela lo lleva suelto (tal y como podemos leer en la acotación que abre la escena) y algo despeinado, índice evidente de haber estado en el establo con Pepe. El contraste entre las hermanas es notorio, Martirio es el símbolo de la represión sexual mientras que Adela representa el amor, el goce y la pasión erótica.

A pesar de ser durante la noche la diferencia en el vestuario refuerza lo anteriormente comentado. Ambas hermanas habían oído llegar a Pepe el Romano, ambas salen en camisa de dormir, pero mientras Adela va de blanco, color que llevará puesto hasta el final de la obra, Martirio se echa por encima de las enaguas un mantón negro. (En ese momento aparecerá María Josefa que entretendrá a Martirio dando lugar a que Adela pueda estar con Pepe y a la discusión que ocupa esta escena.) Así pues el contraste entre la pureza y sencillez de carácter de Adela y la oscuridad y complejidad del resto queda puesto de manifiesto en el escenario por los movimientos, por las palabras, el gesto, peinado o vestuario. Si tenemos en cuenta que el escenario, con las puertas cerradas, representa la opresión sufrida por la mujer en su propia casa, podemos concluir que ese espacio es símbolo de la sumisión y dominio a los que se ve sometida tanto física como psicológicamente.

Por todo lo analizado podemos evidenciar que la iluminación de la escena es escasa, no sólo por encontrarnos de noche sino también por las puertas cerradas y por el temor a ser descubiertas. En esta oscuridad se hará patente un juego de luz y sombra, ilusión y realidad, reforzado por el efecto de la luna, que será connotativo de la muerte según afirma Adela «Ya no aguanto el horror de estos techos», y denotativo del ahogo opresor que se deduce de las palabras de Martirio «Déjame decirlo con la cabeza fuera de los embozos». Es la denuncia de Lorca a la soledad de la mujer, que ni siquiera encuentra consuelo en la religión «Dios me ha debido dejar sola en medio de la oscuridad».

De hecho, y como curiosidad, el estreno mundial de L C B A fue el día internacional de la mujer de 1945, en Buenos Aires, con Margarita Xirgu en el papel de Bernarda.

Aquí, en España, Ángel Facio dirigió con éxito en 1976 a Ismael Merlo representando a Bernarda.

Algo más tarde, en 1987, Mario Camus realizó una versión cinematográfica con Irene Gutiérrez Caba como protagonista.


Por último, en 2010, podemos destacar la representación que, en el Teatro Español de Madrid, llevaron a cabo las mujeres analfabetas, y de etnia gitana, del poblado chabolista de El Vacíe de Sevilla; dirigidas por Pepa Gamboa estas actrices no profesionales llevaron la obra a las tablas con gran autenticidad y energía.