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lunes, 2 de marzo de 2026

7777

P. L. Salvador ha construido en 7777 una trilogía: 2222, 4444 y la última, la que da título al conjunto. Podría haberlas sacado de manera individual, como lo hizo en 2020 con 2222, pero, al introducir la primera de la serie en este libro, la historia ha encontrado otro sentido; al menos los lectores podemos leerlo como el planteamiento, el nudo y el desenlace de la evolución del ser humano.

Los personajes son recurrentes; esto no es nuevo en Salvador; tampoco sus autorreferencias a obras anteriores, literarias o musicales, «Sus textos y su música adquirieron la popularidad que en su día se le negara». Son claras alusiones, vigentes en cada momento, que nos ayudan a conectar con los personajes. Otra técnica propia del autor, la de introducirse en sus novelas, está también presente. Porque “Salvador” es un recurso del propio P. L. Salvador para enriquecer su obra. Es un personaje más, con el que juega a presentar de forma humorística una ficción, que no lo es tanto, mientras novela la realidad «Salvador anda escribiendo un ensayo. Kest le puso el nombre de su artista favorito y nos ha salido escritor. No hace otra cosa. Y nosotros, la Comunidad, se lo agradecemos, pues así podemos leer literatura contemporánea».

Encontramos, sin embargo, que en 7777 ha dado una vuelta de tuerca pues no solo ha continuado con los personajes reiterados, algunos han evolucionado gracias a la tecnología. El millonario Zalt, de 2222, se ha desarrollado en el androide humanizado Zult; la ginoide de última generación Kest se ha unido a la profesora Exla para regenerarse en el drévor Kestla.

Pasamos del siglo XXIII al XLV o al LXXVIII en un abrir de página. No necesitamos grandes descripciones de cómo quedó la situación en una época determinada; condiciones un tanto extrañas, alejadas de nuestra moral actual, si cabe, ejecutadas de manera más simple que ahora o más inocente o menos ético, «El pólag me preguntó si sabía quién era Doj Zérep. Le dije que sí, que conocía bien a la chica. Y me lo soltó. Sus padres acaban de fallecer. ¿Se encarga usted de la chica? Le dije que sí».

Todo ocurre rápido, todo es inmediato. También la sintaxis que, en ocasiones se acorta tanto que tenemos la impresión de leer poesía. Solo cuentan los sentimientos de los personajes, no las razones, no la narración de acontecimientos. Importa el momento


¿Y dónde voy a vivir?

Nos vamos de viaje.

¿Usted y yo?

Tutéame.

¿Tú y yo?

Sí.

¿Por qué?

¿No te apetece?

Me parece raro

…

Y en la sucesión de estos momentos encontramos una profunda sensibilidad que coloca nuestras emociones, y las de los personajes, a flor de piel; es como si hubieran evolucionado a lo largo del tiempo hasta descubrirse a ellos mismos en el instante actual, el único que importa; cuando toman conciencia de lo que son realmente «La naturaleza se comió los restos de civilización […] yo, entonces era un ángif ignorante de mi condición. Qué raro es vivir sin saber quién eres […] Volvimos a ser cazadores-recolectores».

7777 es una sucesión de momentos en los que los personajes redundantes, (incluso aunque cambien de nombre) actúan como dobles de los principales y entre los que Salvador es el protagonista, el foco desde el que se van creando los demás, el “Tataradeudo”. Con este recurso, el carácter ficticio se volatiliza en una realidad brutal a la que, no nos engañemos, ya hemos llegado. Somos millones en un planeta que no tiene recursos para todos, porque la tecnología ha ayudado a eliminarlos, no cabe duda, pero también nuestro egoísmo o incultura. Pandemias, epidemias forzadas o naturales consiguen cada cierto tiempo dejar a unos pocos para que regeneren el planeta y se restablezcan como seres vivos. Pero no tiene arreglo, volvemos al punto de partida una y otra vez. Da igual que queramos excluir de la sociedad la política o la religión; da igual que el autor elimine palabras para hacer una sintaxis contundente; que cambie la ortografía para conseguir que lo escrito sea más aclaratorio; todo tiene un final y, al igual que la sociedad sufre matanzas o epidemias para poder continuar, la literatura de Salvador requiere la tabula rasa para empezar de nuevo. Y de nuevo nos encontramos con los motivos del autor: las repeticiones de palabras y de signos ortográficos reproducen situaciones y personajes «Hay dos camas, me pido la dówsied, y yo la set, todo estaba dicho, todo estaba decidido, con Doj necesité sentirme madre tres veces antes de sentir que en verdad era su madre, pero Hed (tan pequeña, tan fuerte, tan intensa) no podía esperar tanto»; el proceso de escritura sin convencionalismos aceptados nos acerca a maneras de actuar alejadas de la norma social; la brevedad de oraciones, de capítulos o de partes de la etapa novelada es paralela a la brevedad del tiempo real; los comienzos de acción de las tres novelas permiten empezar directamente con un suceso en curso, sin contexto previo, técnica que emplea Salvador para implicar a los lectores, para que entiendan lo que pasa según van leyendo.

Asimismo los capítulos actúan como diarios de los personajes, obtenemos un perspectivismo múltiple de los hechos que en ocasiones se contradice, se distorsiona la realidad. En 2222 destaca la imposibilidad de que la tecnología construya un mundo ordenado; es inmediata, por lo tanto caótica y compleja. El mundo necesita de una unión, por eso, en 4444 aparece de nuevo la granja como catalizador psicológico. Es el estímulo para iniciar la vida desde un cambio profundo en el comportamiento y la mentalidad; los personajes actúan libres de la lógica o de la moral que entendemos por racional, por lo que no tenemos claro si se mueven en un mundo real o surrealista. El tabú actual es norma social en el futuro en el que los avances tecnológicos tampoco funcionan. Los que quieren prevalecer se aíslan en pleno contacto con la naturaleza «creo que siguen siendo un millón. Ahora son granjeros. Aunque no se meten en nada ni con nadie, los gobiernos llevan siglos arrinconándolos […] no conozco a ninguno».

Por eso, en 7777 encontramos nuevamente una sociedad que parece sacada del pasado, un universo involucionado en el que lo raro es la virtud «Era mentiroso. Falso. Sibilino. Cruel. Cobarde. Y peligroso. Siempre fue peligroso, incluso cuando parecía vulnerable». Sin embargo siempre existirá la esperanza del amor, lo único capaz de desafiar a la deshumanización de un mundo masificado en el que el odio nos lleva al aislamiento social y este al desamparo. Porque estamos hechos para estar en compañía, necesitamos el contacto de otro ser humano y necesitamos saber que tenemos fecha de caducidad, aunque duela.

martes, 18 de noviembre de 2025

MADRID: DISTRITO INDEPENDIENTE

El noir denota una marcada oscuridad; con esta novela de Rafael Javier Pérez Bielsa, nos vemos sumergidos en la zona más oscura de Madrid: pasadizos subterráneos permiten a los habitantes de 2137 vivir como en una colonia de hormigas. Solo pueden residir, en pisos de 30 metros cuadrados, sin ventanas, aquellos que han tenido la suerte de seguir adelante. Poco a poco, desde finales del siglo XXI la población ha ido disminuyendo, indudablemente por la climatología extrema que ha conseguido la desaparición de animales, de alimentación tal y como hoy la entendemos y de comunicación, como acostumbramos en el presente. Los habitantes llevan un chip mediante el que son controlados y conviven con diferentes tipos de androides que, no cabe duda, facilitan las funciones de investigación.

Los nuevos madrileños —algunos— también trabajan en la superficie aunque marcados por la oscuridad; solo se puede acceder durante la noche, cuando las temperaturas bajan de los 60º que soportan durante el día y hacen imposible la existencia.

En este noir, el ser humano, tal como lo entendemos, ha desaparecido y el bien y el mal tampoco están claramente definidos según nuestra normativa, a pesar de que la población intente abrazar una roboética emocional.

Estamos en un contexto imaginario, aunque posible, donde el autor especula sobre avances científicos y su impacto social. Gracias a sus conocimientos, los lectores vislumbramos una Humanidad que ha acelerado su destrucción. Sin embargo, el ambiente que se respira es tranquilo; se intuyen injusticias e inseguridad y la corrupción de altos cargos se mantiene como en la realidad actual.

¿Estamos ante una distopía? Puede ser, aunque posible; de hecho ya estamos notando las consecuencias del cambio climático; los jóvenes acusan la falta de puestos de trabajo y, por lo tanto, de independencia para hacer frente a los gastos más elementales; hay viviendas que parecen colmenas y ostentan precios inaccesibles; los animales empiezan a emigrar o a extinguirse; la obsesión por el poder elimina cualquier rastro de empatía con los demás, especialmente con los que consideramos diferentes.

En fin, tras leer Madrid, distrito independiente, tenemos la impresión de que hemos comenzado a crear esa quimera porque Rafa Pérez especula desde una base científica.

La novela está dividida en capítulos, cada uno encabezado por un suceso “histórico”, extraído de la Enciclopedia Global de las Federaciones Unidas, donde, con estilo didáctico, se presenta una situación en la que descubrimos circunstancias posibles: «Para completar la demanda de agua, también se recurre a plantas y algas modificadas genéticamente, capaces de generarla en su metabolismo…». No cabe duda de que la precisa información, «solo el 0,4% de los desplazados…»; el vocabulario técnico, «recursos hídricos», «entorno simbiótico», «hidroponía» y soluciones verosímiles, «ha ido ganando terreno la dieta conocida como pescetariana» dejan ver al biólogo que ha escrito la novela y aportan grandes dosis de realismo. Estamos ante el mundo distópico que nosotros mismos vamos construyendo. Sin embargo, incluso esta parte más técnica se lee con facilidad por ciertos toques de humor irónico en donde descubrimos a personas actuales a los que espera una justicia poética, «Era hijo de un magnate del siglo XXI obsesionado con la colonización de Marte, un sueño que se frustró cuando murió en un accidente […] De niño, X-AP-11 visitó la Casa Blanca a hombros de su padre y, al parecer, aquella visita lo marcó para siempre».

Después de cada apartado informativo, toma la palabra Nía, una policía humana, en primera persona, o Lukas, un androide de quinta generación, su compañero, también en primera persona. De esta forma, a través de puntos de vista alternos vamos introduciéndonos en la historia; reconocemos algunas calles emblemáticas que sobreviven en el Madrid del siglo XXII, hasta donde llegan las fotografías de personas del XXI que acompañan a cadáveres actuales. Todo apunta a un asesino en serie; pero la investigación se irá complicando para Nía y Lukas, a pesar de que ponen en marcha técnicas científicas propias de la época, «analizadas mediante espectrometría de masas, cromatografía líquida […] verificar la pureza del carfentanilo…».

Las muertes van aumentando, también el enigma de las causas de esos asesinatos, pero Nía y Lukas mantienen por encima de sus poderes mentales o físicos una confianza mutua absoluta, lo que les permite aclarar los sucesos, al menos hasta donde es posible. Habrá que terminar de leer para llegar a las conclusiones con deducciones que también hoy empiezan a ser habituales. En fin, Rafael Javier quiere dejar en el Epílogo un rastro de esperanza para el «hombre bueno», por lo que un narrador en tercera persona cuenta de manera objetiva el final feliz artificial creado para esta pareja, lo que nos deja cierta inquietud en nuestras expectativas.

A pesar del vocabulario científico, la prosa es bastante clara, con lo que el autor consigue un estilo sencillo y directo. Vamos entendiendo la trama según ocurren los hechos. Los diálogos son básicamente el eje de la novela y sus funciones son variadas. La más importante es que, gracias al predominio de la distensión entre los protagonistas, consiguen una trama entretenida a pesar de que los sucesos narrados vayan aumentando la presión. La principal finalidad de Madrid, distrito independiente es hacernos pasar un rato agradable mientras se acrecienta nuestra curiosidad y nos obliga a formularnos preguntas para interpretar los acontecimientos. Algunos enmarcan la situación de cada personaje, lo que nos permite, como lectores, conocerlos mejor «Se suponía que formábamos parte de la élite: personas capaces de trabajar junto a ese reducido grupo de androides como vosotros…». Después iremos concienciándonos de hasta qué punto son realmente una clase privilegiada. Y seremos conscientes del rol que la mujer continúa teniendo socialmente «¿por qué crees que todos los vehículos autónomos tienen voces masculinas de serie, mientras que los sistemas de mantenimiento y atención a los inquilinos en los apartamentos siempre tienen voces femeninas?». Pues sí, esto me lo pregunto yo en el siglo XXI y parece que otra mujer del XXII continúa con la incógnita.

Los vehículos son autónomos, el trabajo robótico quita bastante cometido a los humanos, que viven rodeados de máquinas dispuestas a servir y facilitar la vida, sin embargo la comunicación humana sigue siendo necesaria «Mi implante neuronal me permitía […] no haber hablado nunca […] yo prefería poder hablar con él».

Rafa Pérez Bielsa utiliza el diálogo, casi constantemente, para explorar también conceptos científicos, por lo que en este sentido, la colaboración de Lukas es fundamental «¡Joder, Lukas! Lo que me cuentas es bastante sospechoso. No nos queda otra opción que dar aviso a la Central».

Y, por supuesto, a través de los diálogos conocemos las tres leyes fundamentales de la robótica formuladas en 1950 por Asimov. En esas leyes intuimos la moral de un estado vigilante; los derechos humanos, tal como los conocemos hoy, han variado. No hay libertad intelectual, ni de decisión, ni de acción, a veces el ser humano está limitado por la propia naturaleza y otras, por los actos de quienes controlan a la población «“recordad siempre que todas las conversaciones con vuestro compañero están siendo grabadas…” Todos asentíamos al unísono pero, en realidad, lo olvidábamos rápidamente».

Madrid, distrito independiente es una reflexión sobre los peligros de un estado totalitario en el que bajo una aparente felicidad se esconde el conformismo, la dependencia razonadora, la opresión y la amenaza.

martes, 23 de septiembre de 2025

EL CANTAR DEL PROFETA

¿Distopía? Actualidad.

Situación en la que la derecha más fanática se permite un golpe de estado, entrando sin hacer apenas ruido hasta masacrar a todo el que no esté dispuesto a acatar la forma de vida que impone.

Los sistemas democráticos no valen nada desde que todo vale: se puede insultar, mentir, perseguir, encubrir, implicar sin que pase nada. Se puede ser cómplice de un genocidio porque no se le da ese nombre (la importancia del nombre, que se nos olvida) sino el de guerra, intentando justificar con ello actos deleznables impropios de seres humanos.

Y, a los que no nos toca de lleno, seguimos con nuestras vidas, nuestras fiestas, despropósitos, sin tener en cuenta a los que, incluso a nuestro alrededor, necesitan de ayuda mental, económica o social. Porque también están a nuestro lado. No necesitamos ir demasiado lejos.

Cuando terminamos de leer El cantar del profeta quedamos en shock; al menos, con la sensación de que no recibimos el flujo suficiente de sangre y pasamos la página y no hay más.

Emocionalmente, El cantar del profeta nos somete a una ansiedad constante, desde que damos comienzo a la lectura y somos conscientes de que no habrá salida para los protagonistas, «Esa sensación de que algo ha entrado en la casa […] Ahora, el jardín cada vez más oscuro ya no es algo que desear, pues parte de esa oscuridad ha entrado en la casa». La esperanza no tiene cabida en esta novela, catalogada como distopía pero que no es sino un fiel reflejo de la realidad.

Paul Lynch escribió de forma profética en 2023 lo que sería un futuro casi inmediato para determinadas personas y el pasado y el presente de otras miles que, a lo largo de la historia, se han visto perseguidas por gobernantes hipócritas, por locos del poder o, simplemente, malvados con dinero.

Este autor irlandés analiza, a través de la familia Stack, las circunstancias y características fundamentales que nos definen como seres humanos, desde el nacimiento hasta la muerte, pasando por la alegría, el sufrimiento, la felicidad, el sufrimiento, el amor, el sufrimiento, la humillación, el sufrimiento, el terror. El paso del tiempo se detiene en el horror que vive Eilish Stack, bioquímica, desde que su marido, Larry Stack, profesor, salió para una reunión con la policía y ya no volvió, Larry ejercía como sindicalista y estaba negociando mejoras para el gremio.

Eilish busca la verdad entre la realidad brutal en la que se ha visto inmersa: están desapareciendo vecinos de su barrio residencial; otros alardean de banderas en las ventanas; su hijo mayor, Mark, será llamado a filas en cuanto cumpla los diecisiete años; él no quiere, ella tampoco, pero mientras Eilish lo insta a que vaya a la universidad, Mark está decidido a luchar con los rebeldes contra el gobierno impuesto.

Los habitantes que pueden salen de Irlanda, los que no, se adaptan a la nueva realidad o desaparecen. Eilish tiene la oportunidad de escapar, pero no hasta que no vuelva Larry. Su padre, con principio de Alzheimer, no soportaría separarse de su hogar; sus otros hijos, sin embargo, Molly, Sidney y el bebé, Ben, corren peligro donde están y ella no sabe qué hacer. Conforme van sucediendo barbaridades, Eilish las difumina en su imaginación, donde «habla con Larry» constantemente a pesar de que él no puede ayudarla. La protagonista vive en un caos continuo en el que no existe el orden, la huida no es una opción, tampoco puede valorar la muerte por sí misma sino por el reflejo de lo que muestran los demás. Ya nada es como antes, «Si dices que una cosa es otra y lo repites lo suficiente, entonces debe ser así, y si sigues diciéndolo una y otra vez la gente lo acepta como verdad».

La prosa de Lynch es precisa, dura, sin embargo la leemos mientras la poesía que emana de ella nos contiene el aliento; a pesar del impacto consigue que profundicemos en nuestros propios sentimientos. Todos somos Eilish, todos somos capaces de experimentar lo que ella está viviendo porque todos hemos visto imágenes parecidas, «se repite la imagen de un profesor al que unos hombres de paisano llevan a rastras a un coche sin distintivos […] se ve a sí misma hace media hora comiéndose un sándwich mientras el tiempo estaba corriendo, el tiempo ya la había dejado atrás […] la larga caída de su corazón y aun así sigue cayendo […] El paso a tientas tras todos los pasos a tientas, tanteando la larga noche que se avecina».

A partir de una imagen, los sentimientos se suceden a través del lenguaje: el gerundio nos anuncia que es real, todo sucede a su alrededor y no va a parar; la aliteración de fonemas líquidos laterales crea un efecto sonoro que embellece la prosa al tiempo que acentúa el mensaje; la reiteración de fonemas nasales y oclusivos refuerza su destrozada emoción y la tensión propiciada por el doloroso desorden que está viviendo.

Molly está experimentando unas condiciones nuevas, un estado totalitario que no se aviene a sindicatos o derechos, unas circunstancias en las que nadie puede ayudar a nadie. Cuando es consciente, se hace una con Larry, quiere transmitirle la fuerza necesaria para afrontar lo que le espera y que él se la pase a ella, «ahora nota su fuerza y la conoce, se adentra en ella y la estrecha contra su propio cuerpo».

El tema de violencia desmedida propaga por la novela que el ser humano no puede vivir en armonía. Todo es una larga lucha que finalizará, probablemente, con la muerte. El estilo es implacable, los largos capítulos no dan tregua, la ausencia de marcas en los diálogos son reflejo del desorden interior de los protagonistas. Sin embargo, la voz de Lynch es directa, de manera que la crítica social es significativa y evidente, con cierta ironía en un tono poético cargado de rechazo hacia el abuso de poder.

La narrativa es de fácil lectura, a pesar de las metáforas o precisamente por ello. Busca objetividad en lo que expone pero la emotividad invita a la reflexión crítica. El estilo pues, marca la incongruencia entre la ética y la justicia. Los antónimos dan fe de ello. Las anáforas asindéticas, también: «las noticias son la verja de la entrada cerrada por última vez, la casa oscura […], el semáforo constantemente en rojo[…], el coche al que no franquean el paso, las noticias son el aire cada vez más escaso […], las tiendas sin abrir…».

El cantar del profeta es el día a día, momento a momento de una guerra sobrevenida tras un golpe de estado; cómo van amedrentando a los rebeldes hasta dejarlos sin identidad, sin alimentos, sin casas… Si no te avienes al nuevo régimen no existirás.

¿Distopía? No sé. Empezamos a vivirlo. Unos antes que otros. El profeta, no cabe duda, es Paul Lynch. El poeta, también.

jueves, 3 de abril de 2025

NO SOY YO

El 23 de marzo de 2025, Juan José Millás razonaba en El País un deseo nada descabellado: Todos deberíamos empezar a caminar dándonos la espalda, dormir boca abajo; de esta forma no habría guerras, sería imposible. Así, al volver a mirarnos, a quedar frente a frente, sentiríamos para qué sirven los brazos y los labios. Esta reflexión me vino a la mente cuando empecé a leer el último libro de Belén Conde Durán: «La gente ya no se tocaba pero el caso de Soren era especial, el tacto era su forma de ver el mundo, de relacionarse con las cosas y con las personas».

Ahora que he terminado No soy yo –2081– dedico este análisis a Héctor y a Toñi y, con el permiso de Belén, traslado a ellos su dedicatoria, porque también ellos «valen todo el amor y toda la pena».

Quien haya leído algo de esta autora descubrirá en su última novela una serie de constantes:

Los protagonistas no se ajustan a la norma, aunque pueden desenvolverse sin problemas en la sociedad.

Las revueltas políticas son evidentes, no obstante el triunfo del bien tendrá lugar gracias al amor hacia los demás.

Los antihéroes no tienen cabida en la sociedad soñada.

Los nombres de los personajes recuerdan a los utilizados en sociedades inmemoriales de los cuentos maravillosos: Kalevi, Soren, Melkent, Alia, Élea, Klaus, Sven, Jonella… 

En la narración aparece cierto tono didáctico enfocado a promover valores morales «…lo saludó Kalevi con cortesía. Estaba resuelto a hacer las cosas bien desde el inicio, porque entendía que así tenía más posibilidades de conseguir lo que quería».

La lectura de No soy yo es cómoda; con un vocabulario coloquial, el narrador cuenta en tercera persona cómo Kalevi, el 1 de enero de 2081, tiene una reunión con su padre, Melkent de Nalis, archiduque de la región de Neo Svithiod, en la que le recuerda que, al ser mayor de edad debe casarse con una chica a la que han pagado para que lleve en su vientre al siguiente heredero, sin desvelar el secreto que, de salir a la luz, impediría mantener el archiducado. Los hechos son narrados de forma lineal hasta que Kalevi, ayudado por Soren, su primo lejano y enamorado, consigue sincerarse con el pueblo.

Kalevi y Soren serán testigos del asalto a la región por el ejército de la vecina Tasavolta, que toma Neo Svithiod hasta que pague la deuda contraída. Cuando el futuro archiduque es consciente de la ruina de su tierra, se compromete a reponer la situación anterior al desastre, al tiempo que hace público su secreto para empezar una nueva era de paz, igualdad y cooperación entre todos.

Estamos en 2081, la psicosis de las guerras vividas y las pandemias, unida al aumento de la tecnología, han hecho que la sociedad sea más individualista. El miedo a sufrir algún daño es el causante de que los habitantes vivan encerrados en sus casas, con todo tipo de comodidades, manteniendo contacto con el exterior a través de los medios informativos que, por supuesto, solo emiten lo que dicta el gobierno y lo que todos quieren oír. Fuera quedan los desheredados, gente sin posibles que malvive porque «así es la sociedad».

Los personajes representan tipos actuales. Los protagonistas presentan una “discapacidad” a la que han hecho frente de distinta manera; mientras Soren vive perfectamente integrado a pesar de su ceguera, Kalevi es obligado por su familia a ocultar su feminidad desde el momento en que nació mujer. Ser mujer no le permite tomar decisiones, ni estar al frente de un territorio en donde las relaciones sexuales apenas tienen lugar por miedo a contagios; los embarazos son a través de fecundación in vitro a demanda de los padres, quienes creen que tener una niña es como cualquier otra desgracia. Por eso Melkent y Alia deciden que esa hija será educada y tratada como un chico; pero este chico guarda para sí, en su angustia, más de una sorpresa.

Kalevi experimenta una disforia de género al enamorarse de Soren y mantener relaciones íntimas; no se siente cómodo con sus rasgos sexuales. Hasta ese momento no había supuesto ningún problema pues, a finales del siglo XXI el individualismo ha llegado a su grado máximo, los roces personales son inexistentes. Estamos en 2081 y la sociedad ha involucionado. La tecnología ocupa el eje por el que se mueven los humanos; los coches pueden autoconducirse o ser conducidos mediante información de coordenadas, «Kalevi iba en silencio escuchando la voz del intercomunicador. Era la que avisaba a Soren cada vez que tenía que girar hacia uno u otro lado y emitía chasquidos cuando ejecutaba una maniobra, para dar constancia de que se había llevado con éxito».

El ser humano vive de puertas para adentro, cada uno con sus circunstancias, rodeado de máquinas que aportan necesidades y caprichos, «Kalevi pasó el resto de la tarde cuidando de su bonsái digital». Es lógico pensar que las irregularidades de la actual sociedad vayan en aumento; empezamos a notar falta de empatía y amor hacia el ser humano, esto fomenta el egoísmo; solo pensamos en lo que recibimos a cambio de nuestro esfuerzo o de nada; los niños ya utilizan tamagotchis en los que cuidan a sus mascotas virtuales sin peligro de que en realidad mueran o sufran; la indiferencia hacia los animales y las personas va en aumento; con el aumento de la tecnología vamos destrozando el planeta, no es extraño que en unos años, los árboles y plantas sean también, en realidad, virtuales. Los adelantos sin embargo, nos hacen ser conscientes de los beneficios que tenemos a nuestro alcance; ya conocemos la función terapéutica de la luz, sabemos que la luz roja acelera nuestra recuperación muscular, reduce la fatiga y aumenta el rendimiento deportivo. La verde, además de regular el consumo energético, es relajante y tiene efectos calmantes en la migraña y el sueño; probablemente, dentro de 50 años algunas personas deban depender de ella por la falta de contacto con la naturaleza «…el recibidor, que estaba iluminado por una extraña luz verde. —La luz normal me molesta— le explicó Siv».

Belén Conde expone un mundo reducido a microentornos complacientes que hacen creer que los hombres forman parte de una comunidad en la que no existen problemas. Un mundo en el que no existe la libertad de expresión y donde las diferencias de clases son insalvables, «La gente iba a la cárcel por robar comida […] o por protestar contra las normas. Esto nunca era mostrado en los medios, de modo que técnicamente no existía». Cuando Kalevi sale de su zona de confort es consciente de las necesidades del pueblo. La diferencia de clases es enorme; también las de género. La mujer ha retrocedido hasta casi una época medieval; está en un plano inferior al del hombre. Kalevi necesita a Soren para que le haga ver el mundo desde otra perspectiva, solo así puede adaptarse a su entorno, cambiar su autoestima y llegar a la conclusión de que no merece la pena vivir presionado por la exigencia social y el sufrimiento individual, por eso termina aceptándose como es, alguien que puede desempeñar diversas funciones físicas y mentales, asumidas con gusto y amor: «Soy Kalevi de Nalis, un joven engañado durante mucho tiempo […] que va a instaurar cambios».

Los temas de esta novela son totalmente actuales: La ausencia de reflexión en una sociedad que, al no cuestionar las leyes, ve perjudicado el desarrollo económico, así como el bienestar emocional individual. Una sociedad en la que el arte no es importante, por lo que la imaginación se verá incapacitada para concebir un futuro mejor.

Una sociedad en la que no todos encajan; la angustia de los adolescentes los aboca al suicidio como salida a sus problemas; no se sienten identificados con las imposiciones y no saben cómo salir. La autora les propone, a través del narrador, que acudan a quien los quiere: «No tenía por qué sufrir, pero era egoísta tomar decisiones irreversibles sin antes pedir ayuda».

El problema de la identidad de género ha existido siempre, pero ahora se empieza a vivir no como tal sino como liberación. No todos se sienten identificados con su género de nacimiento; podemos experimentar atracción eróticoafectiva por personas del mismo género, de distinto al que somos o al que nos asociamos. Entramos en la pansexualidad, donde lo que importa son las personas «A mí no me gustan los hombres […] Tampoco las mujeres. Me gustas tú, ¿no lo entiendes?».

A lo largo de No soy yo, la autora discurre sobre las imposiciones sociales, familiares o personales. Todas son la causa de vidas sin afecto y, cuando obviamos los sentimientos, dejamos de ser personas «llegó a la conclusión de que una vida sin afecto no merecía la pena».

domingo, 16 de febrero de 2025

ANIMALES DIFÍCILES

Siempre es reconfortante leer a Rosa Montero; su imaginación va más allá de la realidad que encontramos en páginas de ciencia ficción incluso, como es el caso de su última novela, la última (por ahora) de la saga de Bruna Husky, Animales difíciles.

Bruna es una androide re-reprogramada. Primero la hicieron como rep de combate, alta, fuerte, poderosa… pero su ingeniero le introdujo su memoria humana por lo que Bruna estaba dotada de unos sentimientos que, todo hay que decirlo, no tienen todos los hombres.

Por causas de su trabajo, a punto de morir, es salvada por el inspector Lizard in extremis.

Ahora, en Animales difíciles, aparece reconstruida de nuevo como rep de cálculo. Su cuerpo no es el que era, pequeño, sin fuerzas, casi invisible para los demás. Tampoco su cerebro, capaz de investigar lo que sea, resolver mentalmente cualquier problema matemático, geométrico o físico y recordar en momentos clave hechos definitivos para la humanidad, ocurridos tiempo atrás, miles de años incluso. Husky lo recuerda todo y nos lo recuerda, porque no es bueno vivir con pretensiones de progreso o poder cuando se ataca sin piedad a los más vulnerables, a los que no tienen nada. Porque las limpiezas étnicas no han traído más que sufrimiento y, además, no han dado resultado, aunque insistamos.

En la época de Husky hay una Zona Cero donde se hacinan los humanos de categoría inferior, sin apenas oxígeno para vivir. En la nuestra encontramos demasiadas zonas cero, donde los habitantes menos afortunados mueren sin que los privilegiados resolvamos con efectividad esta situación «Gabi era la niña rusa de la Zona Cero que Husky había rescatado sin querer en una frontera con los territorios contaminados».

Bruna tiene presente más que nunca la memoria histórica. Y como su memoria no deja de funcionar, recuerda su cuerpo anterior, su fuerza, su capacidad de reacción inmediata… y se enfurece con esta Bruna débil que tiene miedo, es insegura y puede ser derrotada con facilidad. La memoria de Rosa Montero y su imaginación y sus señas de identidad y ese temor constante a la muerte que ve tan cercana están en Bruna Husky. Es como si en Animales difíciles, Rosa le hubiera insuflado una parte de sí misma a su protagonista.

También la ha dotado con su capacidad de amar; estoy convencida, por lo que leo de Rosa Montero, de que el amor hacia todo preside su vida, hacia animales, personas, naturaleza… Hablar de Rosa es hablar de amor por la vida y rechazo a las injusticias y a las manifestaciones soberbias de poder.

Desde que leí Historia del rey transparente he intuido a la autora en sus novelas. En esta más que nunca, puede que porque, a pesar de ser ciencia ficción, es la más realista de las que ha escrito. Cuando en 2011 escribió la primera novela de esta saga, Lágrimas en la lluvia ya advirtió de que aunque era ciencia ficción, también se trataba de su novela más realista y política; siguió la línea con El peso del corazón y Los tiempos del odio. Las imágenes de Animales difíciles podrían ocupar las pantallas de un informativo actual.

La autora no se reprime. En el argumento hay un presidente de los EUT, Dong, que en realidad solo se mueve para fortalecer a empresas que le aportarán el control total del universo, que solo les interesa a él y a quienes como él quieren ostentar el poder aunque sea de pequeñas porciones del pastel, «irregularidades laborales, denuncias del trato de favor fiscal y legal que la empresa recibe en todo el mundo, falta de transparencia en sus movimientos […] es una megaempresa terrible, manda más que el gobierno de los EUT, ella es quien pone y quita presidentes, Dong es su esclavo y Ortiz, la esclava de Dong».

Montero está exponiendo una sociedad de 2111 y resulta que la vivimos casi exacta en 2025. Hoy triunfa quien más dinero tiene, la cultura es lo de menos (tenemos políticos que no han estudiado, apenas han trabajado, pero envenenan las conciencias asegurando que solo vale lo que ellos dicen, haciendo creer a las masas que son los elegidos, por lo que deben desprenderse de los que se diferencian en la piel, religión o estatus económico). Es necesario estar ante una sociedad crédula que no razona, para manejarla. Una sociedad que se contente con ser joven; es muy fácil asociar juventud, belleza y bondad «casi nadie, excepto los muy pobres o unos pocos frikis como Yiannis, dejaba que su cuerpo envejeciera tanto sin aplicarle remedios estéticos»

La autora advierte de que en la historia puede triunfar el mal pero es momentáneo, todo se ajusta tarde o temprano porque no puede triunfar el dinero de manera permanente si la gran mayoría no lo tiene.

Rosa Montero remueve conciencias en Animales difíciles, también otros escritores, otros artistas (la entrega de los Premios Goya es una muestra)… el problema es que quienes «eligen esa forma de suicidio que es la ignorancia» no leen, viven aferrados a los bulos que lanzan por las redes sociales «grupos radicales para crear conflictos sociales de los que puedan beneficiarse»; viven adorando a personas que ofrecen imposibles para el bienestar común: «La presidenta […] aprobar un decreto ley que permitiría que todos los ciudadanos de la región española pudieran convertirse en Kéfalos, si ese era su deseo […] nuestro gobierno siempre luchará por la libertad —peroró, enardecida. Y luego pestañeó con coqueta complacencia».

En fin, esto lo estamos viendo y no hemos llegado al siglo XXII ¿A nadie más le da miedo?

Pero afortunadamente Rosa Montero recibió en 2017 el Premio Nacional de las Letras, por su trayectoria literaria y periodística comprometidas y sobre todo esperanzadoras. Por eso en Animales difíciles Husky, acompañada de sus fieles Paul Lizard, Bartolo y el inolvidable archivero Yiannis, abren una puerta a la ilusión y al optimismo, una puerta que nos permitirá vivir en paz. Solo cuando se consiga, podremos ver la muerte como parte de un proceso natural «Es posible que haya perdido el miedo a morir».

En fin, no sé vosotros, yo le daría el Nobel de la Paz a Rosa Montero.

martes, 23 de abril de 2024

EL DILUVIO ANÓNIMO

Cuando nos disponemos a leer El diluvio anónimo tenemos la sensación de habernos retrotraído a comienzos del siglo XX, tal es la contemporaneidad que se deja ver en sus páginas. La novela comienza con un capítulo que es en realidad el Libro Primero –Infancia de Si tanto me amas. En este libro conocemos pues, la infancia de Zora Nerva. Su fatídico nacimiento, durante el que muere su madre, presenta una situación habitual en la que podemos distinguir el entorno económico, político y social de los protagonistas. Son el testimonio de una época, relativamente objetivo, pues el punto de vista de la narradora protagonista refleja su posición individual burguesa, «recordé que Lina, durante la merienda-cena, había estado lamentándose del deterioro del orden público de Barcelona, de los disturbios que estaban ocasionando los catalanistas radicales y del enrarecido clima social que se vivía en la ciudad».

No cabe duda de que la mujer es la protagonista de El diluvio anónimo; no solo porque comienza por el relato de la infancia de Zora, también porque desde el principio intuimos que los personajes que la rodean serán fundamentales para que lleguemos a conocerla. Aunque el estilo narrativo y las expresiones empleadas, en este primer capítulo, sean propios del Realismo, sabemos que no será una novela decimonónica al uso, «Estaban levantando La Valenciana, empresa de condimentos alimentarios y embutidos que hoy, cien años después, todavía me reporta beneficios». Este empleo del presente inquieta o, al menos, confunde; y sin embargo es normal; P. L. Salvador no iba a escribir simplemente una historia a modo del XIX, por eso anuncia El enigma de la casa Munther, un libro escrito por un psiquiatra y publicado póstumamente. Este será El libro Segundo de nuestra novela.

A partir de aquí, Salvador va intercalando entre la adolescencia, la juventud y la madurez de Zora, el libro escrito por el psiquiatra Ralf Heller, donde relata cómo encontró a Robert Munther cuando era un niño, cómo lo ocultó de la marabunta que lo buscaba para matarlo y cómo dedicó su vida a estudiar las peculiaridades que este chico presentaba. Como otro capítulo-libro, P. L. también inserta la autobiografía novelada de Emilio Nerva, padre de Zora; al leerla, somos testigos del empeño de Emilio por ascender socialmente solo para estar a la altura de Celia Tumbler y ser merecedor de ella a ojos de sus padres que, como pertenecientes a una de las casas más reputadas de Valencia, no aprobaban la relación de su hija con un simple carnicero. Una verdadera historia de amor que revelará más de una sorpresa al lector y a través de la que podremos entender aún más la actitud de Zora y su condición.

Otro libro intercalado es el de Robert Munther. El tiempo va pasando en El diluvio anónimo, pero ahora volvemos a comienzos del XX, cuando una nave de los Laskloítas aterriza en Dehián, así bautizaron en su día a La Tierra, «idéntico en todos los aspectos a Laskloi». Nos enteramos entonces de cómo viven los laskloítas, de dónde vienen y cuáles son sus características actuales, «intercambio de energía […] esta facultad solo funciona al cien por cien entre ellos, siendo perjudicial para el resto de las especies conocidas».

La circunstancia de que Laskloi y La Tierra se parezcan es la que aprovecha Salvador para reflexionar sobre hacia dónde nos dirigimos, «tiempos de miserias e injusticias». Los laskloítas estudian mediante una tecnología avanzada, el comportamiento de los humanos en Washington, Curitibia, Traunstein, Segorbe y Shangái, y llegan a la conclusión de que en general falta espiritualidad, sobra egoísmo, miseria, violencia, soberbia e ignorancia, por lo que están seguros de que La Tierra va camino de una destrucción, tal y como ocurrió con su planeta en tiempos de sus antepasados. Como intuyen que hay gente buena, deciden dotar con sus poderes a unos pocos, nueve, que serán los encargados de ir trasladando los genes de manera exponencial. De esta forma nacen el mismo día de 1915, el barón Robert Munther y Zora Nerva, niños que dejan viudos a sus padres cuando tanto Anja Munther como Julia Tumbler mueren en el parto.

Zora Nerva y Robert Munther, a pesar de ser felices, no encuentran sentido a sus vidas. Están contentos por las familias numerosas que han conseguido pero se sienten tristes. Zora es consciente de lo que le falta. Robert no lo sabe. Todos, los protagonistas y los lectores, tendremos que llegar al último libro de El diluvio anónimo, Cien años, para estar seguros del destino de los personajes y de la única salida para el ser humano.

¿Es posible cuadrar en una historia romántica la ciencia ficción? ¿Es que en la actualidad hablar de amor es sinónimo de fantasía? ¿Se presta la literatura decimonónica a plantear un mundo imaginario? Esta novela contiene todas las respuestas, aunque en El diluvio anónimo no llueve, mucho menos diluvia pero, de forma anónima, va calando en los lectores, en todos; en ocho capítulos y algo más de cien años, tres historias se unifican; P. L. Salvador se consagra como uno de los mejores escritores actuales con una creación novedosa, aunque sin dejar de ser fiel a sus constantes: historias paralelas que confluyen al final (Neel Ram); la independencia forzada de los protagonistas con la consecuente búsqueda incansable de una familia verdadera, pues en las relaciones de consanguinidad predomina el amor-odio «Flora […] era a todos los efectos mi madre adoptiva. A mi madre biológica no la vi en todo el año. Y a mi padre y a mi hermano Eloy, tampoco»; el protagonista escritor (La prodigiosa fuga de Cesia); el problema editorial… Todas las características figuran en la novela en la que, en esta ocasión sin embargo, Salvador no aparece de manera evidente sino que se oculta tras los personajes.

El diluvio anónimo es una obra cuya adaptación al cine es perfectamente plausible. Extraterrestres, terrícolas de diferentes épocas y lugares encajan en un mundo cinematográfico donde los diálogos dejan a la vista las preocupaciones del creador, sobre todo, el dolor por la pérdida de los seres queridos y la revalorización del amor —en todas sus manifestaciones— como el único sentimiento capaz de mantener al hombre como ser humano a pesar de las transformaciones que sufra con el paso del tiempo.

Al analizar Nocturno de Calpe confesé conocer a Salvador a través de su obra literaria. Tras leer El diluvio anónimo una inmensa paz me ha inundado. No me cabe la menor duda de que un escritor que deja una estela de optimismo, alegría, felicidad, aun tras el dolor, el sufrimiento y la muerte, es una buena persona; alguien que para ser feliz solo exige (¡nada menos!) trabajar en lo que a uno le gusta y amar «¿Qué van a hacer una campesina y un hombre de letras? Y yo le replicaba: Amarse».

P. L. Salvador es un hombre de bien que se ha ido retratando en su obra con las pequeñas transformaciones que el paso del tiempo hace inevitables. En su última novela no aparece nominalmente como autor, como sucedía en Neel Ram pero su esencia está ahí, fuertemente anclada. El amor por la música de Celia, Zora y Robert es la pasión que Salvador demuestra con Prolýmbux. La búsqueda incansable del amor, de Zora, es la misma que ha llevado a cabo nuestro autor. La reflexión y la demanda de la justicia de Emilio son herencia de Salvador. La sencillez del mundo ficticio de El diluvio anónimo es una traslación del deseo de realidad de P. L., tomado a su vez del Libro Cuarto, Robert Munther, «viven en una zona llana, seca, poco poblada […] Les hemos habilitado un trozo de tierra colindante con el campo para que no se echen de menos […] Lo he construido tomando como patrón el hogar de los invitados».

Y, por supuesto, las ginoides de 2222 quedan reflejadas en los laskloítas, «Es una ginoide ataviada al estilo de Adela […] tan humana como la que más», para reivindicar una ética que el ser humano olvida constantemente.

Personalmente, como lectora, agradezco que existan editoriales independientes como Última línea, sin ellas sería muy difícil encontrar nuevos buenos escritores. No entiendo sin embargo, cómo las consideradas “mejores editoriales” rechazan buenas novelas y prefieren publicar otras de dudosa calidad solo porque sus autores ya están consagrados o simplemente son personajes conocidos. Yo no lo entiendo ni lo apoyo. Tampoco P. L. Salvador quien, una vez más, lo denuncia en su obra, «La novela no encajaba en su línea editorial».

Así pues, agradezco a Última línea que apueste por nuevas narrativas y agradezco a Salvador, al que considero un amigo por lo que descubro en sus novelas, que escriba.

sábado, 20 de mayo de 2023

TODO VA A MEJORAR


La dictadura perfecta tendrá la apariencia de una democracia, una cárcel sin muros en la cual los prisioneros ni siquiera soñarían con escapar. Un sistema de esclavitud donde, gracias al sistema de consumo y entretenimiento, los esclavos amarían su servidumbre

 

(Aldous Huxley. Nueva visita a un mundo feliz)

 

No cabe duda de que la influencia de Un mundo feliz ha sido universal y evidente en la novela de ciencia ficción. Es tentador presentar un mundo en el que el Estado controle la totalidad de los movimientos y pensamientos de sus habitantes. Incluso Huxley analizó su propia obra para, en 1958, razonar sobre sus aciertos en las tendencias políticas que amenazaban la libertad del ser humano.

Almudena Grandes también quiso dejarnos una novela que tratara sobre este tema; para ello plantea una distopía en la que el Estado planea la vida de los españoles, gobernados por hombres sin escrúpulos cuyo mayor interés es el poder. Hombres en la sombra que manejan mequetrefes, rostros aparentes que defenderán lo que les ordenen, rostros que no interesa que piensen y quieren también dinero y poder: «…había insistido en ponerle de número uno por Madrid porque parecía un actor de cine y la belleza masculina siempre había dado buenos resultados electorales en España».

Lo curioso de Almudena es que ella, inteligente, sensata, amante del pueblo español en general y del madrileño en particular, defensora de los derechos humanos en cualquier circunstancia, escribió una novela distópica pero no tanto; una novela en la que advierte de algunos peligros que ya estamos viviendo. A lo mejor es que nos encontramos en la antesala de un apocalipsis. No vivimos una dictadura, pero la libertad se resiente al hablar de justicia. Estamos presenciando discursos de gobernantes que sólo quieren dañar esta democracia de forma que la mayoría de ciudadanos no se entere, discursos que pretenden conducir al pueblo a través del engaño y que suponen un ataque a nuestra inteligencia, porque lo que plantean de forma individualista desembocará en una falsa justicia.

En Todo va a mejorar, a través de un virus informático, el Movimiento Ciudadano ¡Soluciones ya! dirigido por el empresario megalómano Juan Francisco Martínez Sarmiento, produce un gran apagón que deja sin internet a la población. A esto se van sumando tres pandemias sospechosas que privan a los españoles de libertad de movimientos. Martínez Sarmiento consigue que esta crisis lo sea para según qué estrato social, por lo que asume, como el Gran Capitán de los Reyes Católicos, reconquistar el reino para aquellos que, seguro, le rendirán pleitesía. Sólo tiene que emplear una fórmula utilizada ya en la antigüedad. El panem et circenses romano se transforma, en nuestro futuro inmediato, en una sociedad de consumo organizada en la que no faltan alimentos, no falta diversión, pero falta libertad.

Da igual, estamos en la era de no pensar y dejamos las grandes decisiones en manos de quienes no están dispuestos a que bajen sus rentas ni su poder. El nuevo gobierno lo tiene todo bajo control, «La disolución por decreto de las oenegés se vio compensada por el anuncio de una institución nueva, El Cuerpo Nacional de Voluntarios para la Repoblación de la España Vaciada»; el ejecutivo está formado por personas que actúan de espaldas a los ciudadanos, personas que mienten pero apenas se nota porque a nadie le interesa cambiar su forma de vivir sin penurias; son falsos “proactivos” que actúan para prevenir los posibles problemas que atenten contra sus intereses.

Pocas mujeres han acumulado tanto éxito literario, en vida, como Almudena Grandes. El paso del tiempo fue tomando cuerpo en sus novelas, la memoria histórica, el recuerdo como parte de un pasado que nos pertenece y sin él no podríamos entender nuestro presente. Esta obra póstuma es una novela coral, los protagonistas son los futuros madrileños que viven las consecuencias de nuestro presente, en el que cada vez hay más usurpadores, corruptos, mala gente que se considera impune a sus fechorías, gente que está por encima del bien y del mal y trata al pueblo como si fuera idiota.

La literatura de Almudena está plagada de personajes complejos, secundarios que nos abren su mente y sus sentimientos a cada paso. Todo va a mejorar no podía ser menos porque la autora, con tanta vida, tan llena de amor por Madrid no podía permitir que una serie de desnaturalizados acaben con ella, por eso tras «una familia de virus mutantes capaz de generar sus propios antivirus que mutan al mismo ritmo», a la que sucedieron varias pandemias que dejan al pueblo como un títere en manos de dioses caducos, aparecen personas que aman, que quieren sentirse libres, que necesitan preocupaciones y conflictos para intentar, al menos, solucionarlos.

Como siguiendo la distopía propuesta en el cronotopo novelado, el narrador expone diferentes líneas informativas que en momentos determinados se unen a la continuidad del presente. Novela y vida van de la mano. El núcleo de la novela es el afán de superación que tienen «los parias de la tierra», pero para vencer hay que luchar unidos contra el sistema, «lo que se había propuesto era una tarea inabarcable, demasiado grande para una sola persona». Sólo en equipo podrán sacar a la luz las barbaridades cometidas por los gobernantes y conseguir que sean los ciudadanos quienes se vayan dando cuenta «y antes de aparcar la furgoneta en la puerta de la pastelería, ya habían descubierto tres pintadas más».

En Todo va a mejorar encontramos una advertencia al ser humano: No podemos dejar que los endiosados dirijan nada porque un dios decide cómo han de vivir los hombres y cuánto y, si algo se complica, sólo ha de mandar alguna plaga que ponga un remedio favorable a sus intereses «Dios creó el mundo en seis días y el séptimo descansó. Él había tardado mucho más tiempo, pero se había ganado el mismo descanso […] Alejandro Fernández sintió un escalofrío […] Su viuda tardó más de un mes en encontrarlo […] Una putada, concluyó el Gran Capitán para sí mismo […] no quedaba más remedio que ir pensando en provocar la cuarta (pandemia)».

También localizamos un consejo: Si queremos seguir viviendo como seres humanos hemos de tener cuidado con la Inteligencia Artificial, porque quien la controle, dominará el dinero, el poder y los movimientos del resto.

Almudena Grandes nos desea un futuro, mejor o peor, construido por nosotros, un futuro en el que los aciertos sean fruto de haber aprendido de los errores.

El estilo de la novela, a pesar de que el ambiente revela cierta ciencia ficción, es realista; el lenguaje mantiene la capacidad comunicativa reflejo de diálogos situacionales actuales cargados de gran fuerza y emoción «—…Todo el santo día dando la murga con la patria de los cojones, como si España fuera el jardín de su casa, como si los demás fuéramos unos parias que no tenemos dónde caernos muertos. Y lo peor es que los tenemos dentro».

Almudena nos conmina a no conformarnos, a luchar por un mundo que estrene cada generación y no deba vivir según los que están en el poder si anulan la capacidad de actuar por propia voluntad, porque «Votar cada cierto tiempo no te hace libre cuando tienes que regresar a casa de tus padres sin trabajo y con treinta años».

¡Qué grande, Almudena, hasta el último momento!

sábado, 5 de febrero de 2022

Y TODO ESO

Cuesta trabajo identificarse, hoy, siglo XXI, con los personajes de Y todo eso; los entendemos y, en el fondo comprendemos que aunque pertenezcan al comienzo del siglo XX y a Inglaterra, las peripecias que ocurren en la novela podrían pasar en otro lugar y otro tiempo.

De hecho Rose Macaulay ideó una sociedad que surge de las cenizas de la Primera Guerra Mundial, regida por fanáticos que pretenden levantarla utilizando la inteligencia, para conseguir que los hombres sean más listos y no vuelvan a caer en el horror de una contienda tan destructiva. Loable objetivo a no ser porque no todos los ciudadanos van a ser tratados de la misma manera. Las mujeres casadas seguirán cuidando de la casa y los hijos, con lo que apenas tienen tiempo para ejercitar el cerebro. De hecho, quien controla la ciudad es el Ministerio de Cerebros, cuyo ministro, Nicky Chester, dirige con mano dura todos los avances; para ello catalogan a la población según su grado de inteligencia y los ciudadanos solo podrán casarse entre los que difieran en un nivel como mucho, es decir, los A podrán contraer matrimonio con la modalidad alta de los B para asegurar el nivel mental, los C podrán casarse entre ellos pero no tendrán más de un hijo, para evitar la propagación de mentes inferiores. El nivel C lo conformará el proletariado y pagarán impuestos al gobierno por los hijos; impuesto que subirá exponencialmente cada vez que venga un niño nuevo a la familia, de manera que si los tienen quedan arruinados, en la más absoluta miseria.

Esto es solo el principio. La autora, que escribió la novela durante la guerra, expone un costumbrismo afectado por avances científicos que pretenden reforzar una sociedad instalada en grandes cambios, más inteligencia y menos sentimientos. Es un mundo organizado en exceso donde la libertad no existe y el amor, entre quienes quieren evolucionar, tampoco. Es una sociedad sin identidad influenciada por avances que anulan el concepto humanidad, los habitantes no se dan cuenta del papel que pueden jugar sus propias emociones pues no son tenidas en cuenta. De hecho, el estado de ánimo es uniforme, sin altibajos. Sin embargo ahí está Kitty Grammont para describir con delicada ironía cuál es el ambiente embrutecido para la mujer de clase baja, «se limitan a inspeccionarlo todo […]  Constituyen una raza extraña y maravillosa de seres, estas observadoras […] Son la porción de la comunidad que menos evidencia la marca de los acontecimientos públicos». Un ambiente en el que permanecen sin protestar, de acuerdo con lo que les ha tocado en la vida, «la doctora Cross señaló que, si se desarrollara la mente tardaría la mitad en hacer todas esas tareas domésticas. —Lo sé, señora […] la mayoría de las mujeres están demasiado ocupadas, y si no lo están deberían».

Un ambiente que, reconozcámoslo, ha cambiado en un siglo no a la velocidad que se ha desarrollado la tecnología. Y este mundo distópico, o tópico, es el que quiso recrear Rose Macaulay, apoyándose en una sátira ética que, como una profecía, anuncia la falta de sentimientos que traerá consigo el individualismo extremo. De hecho, hoy es fácil renunciar a la libertad individual en favor del desarrollo científico. Hoy, una planificación excesiva elimina la espontaneidad. Hoy exigimos una tremenda preparación de manera que no se ralentice el desarrollo social.

La ironía reside en que en Y todo eso, para demostrar que estamos preparados, se catalogan a los bebés –y a las personas– de forma equivocada «No era inteligente, ni siquiera para el nivel de un B3. De hecho tenía que haber un error con la categoría que se le había asignado. Sus hijos, si es que llegaba a tenerlos, poseerían un calibre mental que quedaría fuera de toda consideración. Lo más probable es que provocaran otra Gran Guerra».

Pues también somos testigos hoy de bastantes titulaciones falsas que catalogan a ciertos gobernantes como aptos para algo que no lo están. Así nos va.

Pero vamos a la novela. La situación es hiperbólica, como la de cualquier dictadura, por eso bastantes padres, agobiados por las tasas que deben pagar, abandonan a los bebés, para evitar que toda la familia muera de hambre, y llevan al Ministerio de Cerebros a un genocidio de niños pobres, en teoría idiotas, porque no saben qué hacer con ellos, no son aprovechables y ponen en peligro el glorioso avance social.

Hay otros temas que aparecen con la misma carga de humor crítico, como la intransigencia de la religión, la separación entre los evangelistas y católicos y la desavenencia entre Estado e Iglesia, por razones obvias. Por eso, Pansy, una actriz que vive con su compañero sin estar casados, no puede entrar en la iglesia


—La religión organizada no reconoce vuestra situación, ahora mismo.

—Ah, no, él sí la reconoció, ya lo creo –explicó ella– Ese es el problema; que no le gustó

Por eso, la fe juega a veces malas pasadas a los párrocos convirtiéndolos en el hazmerreír de quienes tienen un mínimo de cultura


¿Qué es un impío inteligente sino un necio desde el punto de vista de la eternidad? ¿Qué es un necio devoto sino un triunfo celestial?

—Lo que dice es sedición –le susurró Kitty a Prideaux– Haría mejor en ceñirse a los trenes.

Y en este mundo que no deja pensar por sí mismos a los ciudadanos, «patéticos e incultos hijos del momento que no miraban ni hacia atrás ni hacia delante», se abre una posibilidad que ridiculiza más si cabe a ese Estado, con un «cartel de la plaza del mercado. ¡DESARROLLAD VUESTRO CEREBRO! Así amanecía aquel Domingo de Cerebros sobre un mundo que realmente parecía necesitarlo». Con una concentrada y cáustica ironía, la autora consigue acercar al lector a lo que es un adoctrinamiento, que impide al hombre sublevarse utilizando técnicas de persuasión coercitivas. El Domingo de Cerebros recoge con humor irónico, para deleite del lector, los efectos de la publicidad engañosa, el ambiente machista y opresivo para la mujer, los chantajes que deben realizarse entre los medios de comunicación y el Ministerio… todo está comprado y todo es un sinsentido.

Como tal, llegará a su final cuando alguien de ese Ministerio de Cerebros incumpla sus propias normas y llegue a oídos del pueblo.

La autora realiza una novela que se adelanta a Un mundo feliz y a 1984, y con gran valentía denuncia la vigilancia tecnocrática y eclesiástica y el control de la información como medios para aniquilar al ser humano como individuo. Denuncia, con visión premonitoria, cualquier tipo de limpieza étnica.

Y todo eso no es un libro de ciencia ficción al uso, el subtítulo Una comedia profética lo dice todo. Es una ficción postmoderna que crea un mundo regido por un sistema cerrado, independiente, derivado de la realidad de una guerra que lo destrozó todo, «Irlanda había sido excluida de las leyes mentales […] incluirla en ellas cuando considerasen que era seguro».

Al leer la novela nos distanciamos de la realidad empírica y somos testigos de un espacio ficticio que se sostiene a sí mismo a pesar de ser divergente con la realidad. Asimismo reflexionamos sobre nuestra realidad actual, sobre lo que es o no moral o ético, a partir de la ficción que se establece.

Y todo eso, una comedia profética escrita con cierto humor irónico y elegante que se deja leer aun hoy, después de haberse publicado hace más de un siglo. A lo mejor resulta que el hombre no avanza tan rápido como debiera. O que tropieza una y mil veces en la misma piedra.