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martes, 28 de agosto de 2018

HISTORIA ARGENTINA



Acabo de leer un libro que no sé cómo catalogar, ¿de cuentos?, ¿narrativa breve?, ¿novela? Y es que resulta complicado, pues formalmente son dieciséis cuentos cuyo contenido no sólo se refiere a Argentina, aunque marque la historia de ese país y se centre sobre todo en el periodo de la dictadura de Videla. Plagado pues, de horrores, como los vividos en cualquier régimen dictatorial, Historia argentina representa la realidad atroz, sangrienta y despiadada que le tocó vivir a este pueblo tan cercano y tan alejado de nosotros al mismo tiempo. Y, como esta realidad geográfica, física, los cuentos se superponen unos a otros y se van acercando o alejando en el tiempo, de manera que analepsis y prolepsis aparecen entre ellos para advertirnos de que no es sólo la historia de un país, o el espanto vivido en él; Argentina es una metáfora, la gran metonimia de la familia como institución universal que acoge, o debería, y protege a los seres que pertenecen a ella.

De este modo, Blanco fue ennegreciéndose hasta convertirse en el primer caballo/libro de toda la historia argentina, de toda la historia de este mundo que ahora es redondo como una naranja china, me dicen.

Rodrigo Fresán compone la historia del ser humano, su inocencia, su bondad, transformadas fácilmente en perversión, en avaricia, en egoísmo. Los cuentos que forman el libro son una representación de lo más oscuro del hombre, hasta dónde es capaz de llegar, de corromperse, de embrutecerse. No hemos cambiado tanto con el paso del tiempo. Podemos manifestar toda la alegría del mundo mientras escondemos los pensamientos más siniestros. La realidad y la ficción se confunden, somos incapaces de distinguir dónde empieza una y termina la otra porque a veces los sueños se producen estando despiertos, y otras, lo real está difuminado por una capa embustera que no nos deja verlo. De ahí que el autor haga constantes referencias al cine; para el protagonista es significativa la película Fantasía (1940), de Walt Disney, que supuso todo un éxito por su carácter experimental. No había diálogos, estos quedaron sustituidos por piezas de música clásica que conseguían expresar todo lo que ocurría en la película. Ésta comienza como si estuviésemos en un teatro en penumbra; las siluetas de los músicos se van acomodando para afinar sus instrumentos. Otros instrumentos salen a la luz y tocan tres tipos de música: narrativa (que cuenta), ilustrativa (que evoca) y absoluta (existe por sí misma). En Fantasía aparecen abstracciones que mezclan el cielo con elementos geométricos. El nuevo universo va acomodándose a la perfección en la tierra, los peces, las flores, la nieve, las hadas… hasta que Mickey Mouse toma el gorro del mago y consigue que una escoba acarree agua desde una fuente, pero se queda dormido y todo se inunda. Mickey destruye la escoba para eliminar el conjuro pero cada pedazo se convierte en otra escoba que realiza el mismo trabajo hasta que el alboroto, el caos resultante despierta al mago y termina el hechizo. Cuando todo parece volver a la normalidad, aparecen seres mitológicos y animales de la tierra que se unen bailando y terminan en otro estropicio, las montañas se convierten en demonios hasta que cesan las pesadillas y la película llega a su fin con antorchas en procesión que penetran en un bosque catedral.

He comentado, por encima, la película porque cuando el protagonista de Historia argentina la ve, siendo un niño de ocho años, múltiples veces, intenta hacer en su casa lo mismo que el aprendiz de brujo y consigue algo parecido en su vida, traer el caos, retomar cierta armonía y establecerlo de nuevo

Cuando ocurre esto, nada mejor que ponerse a pensar en “El aprendiz de brujo. Escobas y baldes fuera de control ante la mirada perpleja de un ratón que acaba de alterar el orden del universo. Por más que el psiquiatra decía que no tengo que pensar en eso, juro que me siento mucho mejor cuando lo hago. En serio.

El problema es que la película de Disney pertenece a la fantasía; la realidad es mucho más cruel, en los sueños que la ocupan van apareciendo monstruos, fantasmas del pasado y otros del presente, que no le darán tregua, hasta que él mismo se ve atrapado por todos ellos y se convierte en otro monstruo; torturas, personas arrojadas desde los aviones, secuestros, desapariciones, dolor… la realidad es mucho más dura que la ficción.

Belushi empieza y termina en sí mismo. Igual que Javier, pero con otro estilo. El solipsismo de Belushi es consecuencia del profundo desinterés que siente por todo lo que le rodea […] sabe poco acerca del planeta donde vive. Ni siquiera sabe que el verdadero Belushi murió reventado por las drogas.

Por eso, el protagonista, con nombres diferentes en cada cuento, decide escribir una biografía, que resulta ser la suya propia, metáfora de la de su país. Él, como un aprendiz de mago invoca palabras que, si en un principio salen de forma ordenada, sin dificultad, pronto se mezclarán, las fechas, los lugares, los sentimientos, lo real y lo imaginario, aquellas sensaciones que invaden al ver un cuadro, al escuchar una música se unen de manera que no sabe distinguir qué pertenece a la literatura, al sueño, a la imaginación o a la realidad, reflejando en la escritura el mismo caos en el que vivimos.

Como verá, amigo, crecí entre mentiras y me nutrí de ellas hasta llegar a ser quien soy. No hay día en que, repasando la historia familiar, no salte una imprecisión sospechosa, una errata perfectamente invisible para todos aquellos que no conocen el exquisito método de esta disciplina.

Rodrigo Fresán tiene muy presente la guerra y sus consecuencias; el protagonista está obsesionado con El aprendiz de brujo hasta que veinte años después ve Lawrence de Arabia, la otra película que marca su vida; considerada una de las mejores de la historia, comienza con la muerte de Lawrence a causa de un accidente de moto. Tras el funeral un periodista recaba información sobre el personaje, con pocos resultados: tenía un carácter inadaptado y grandes conocimientos; este oficial británico es enviado al desierto para apoyar a los árabes contra Turquía. Los árabes tienen plena confianza en él, pero sus superiores británicos creen que se ha vuelto loco. Lawrence termina con éxito su misión aunque fracasa en el intento de una Arabia independiente.

En Historia argentina también el protagonista es un inadaptado aunque quiere ayudar a su país escribiendo su historia, empresa en la que fracasa; no hay final feliz para ella.

El hombre descubre que ha llegado a México diez años ante que Cortés […] salvar el Imperio azteca. El hombre se hace amigo de Moctezuma, le enseña español […] Cuando Cortés desembarca en las playas de México, el emperador de los aztecas le pregunta en perfecto español cómo anda la reina […] Cortés se enfurece, quema sus naves y destruye el Imperio azteca.

No hay final feliz para el hombre si olvida las equivocaciones, pues volverá a caer en las mismas, si olvida los errores y las tropelías porque volverá a cometerlos. De ahí la importancia de la palabra escrita y de la memoria histórica. Creo que eso es lo que nos quiere transmitir Rodrigo Fresán, y lo hace mediante una escritura caótica, los cuentos se continúan, se superponen, se adelantan, se quedan aislados; el protagonista se desdobla, los personajes no tienen identidad propia, y se vuelven a cometer los mismos fallos, por eso los dos primeros personajes que abren el libro, y mueren en un naufragio, aparecen después. Todo es un ciclo que vuelve al mismo sitio, al horror, la desesperación y la muerte. ¿Cómo es posible que no nos demos cuenta?

Mi historia personal, como la historia de mi país de origen hoy inexistente, está confundida. Las fechas se superponen […] Quizá convenga aclarar aquí que casi toda la gente nacida en un hoy inexistente país de origen no sólo tenía pésima memoria sino que también parecía enorgullecerse de ello.

Formalmente, sin embargo, la escritura hace gala de una fresca ironía, de una lucidez maravillosa, en la que se conjuga el humor de los hermanos Marx con el absurdo y el realismo mágico

Discutíamos por todo […] porque me pasaba todo el tiempo levitando en mi cuarto (no levitaba tanto, apenas unos centímetros) […] Empecé a correr como un loco hasta casa, agitando los brazos —típico síntoma de craniostenosis—, y llamé a mi novia a Buenos Aires. A mi otra novia, la de antes, la que iba al taller literario conmigo, la que se llamaba Mariana […] me dijo que estaba embarazada […] le dije que me había cambiado el color de los ojos […] Yo iba a tener un hijo, iba a escribir un libro. Así que salí a buscar un árbol, de pronto se hizo impostergable que alguien me viera plantando un árbol.

Es la única esperanza que vemos para el hombre en Historia Argentina, vivir el presente con inocencia, con humor, pues si lo meditamos demasiado, podríamos volvernos locos… aunque bien pensado puede que un mundo de locos funcionase mejor que el nuestro.

Libro más que recomendable; a pesar de que podamos liarnos con los cuentos y los protagonistas, es posible leer cada historia de manera independiente y en nuestra cara aparecerá una sonrisa, por la sencillez de planteamientos y el humor ingenuo, aunque en ocasiones se transforme en una mueca de dolor, porque la realidad es siempre atroz y el hombre, el ser capaz de las mayores atrocidades.

Dios existe, estoy seguro de ello; la existencia de alguien superior es la única explicación posible para tanta prueba y error.

jueves, 23 de agosto de 2018

EL GUARDIÁN INVISIBLE



Creo que la última novela que he leído ha sido llevada a la pantalla; cuando me lo dijeron pensé que probablemente sería una de las pocas obras literarias que funcionase mejor en el cine o en televisión, porque las imágenes de El guardián invisible son espectaculares, con la naturaleza asfixiante y liberadora a la vez del valle del Baztán, salvaje, misteriosa, protectora u opresora pero siempre bella, majestuosa. No he visto la película aunque me han comentado que no ha tenido el éxito esperado y es una pena porque en la novela lo que falla es la narración precisamente. En algunos casos el uso del polisíndeton alarga ceremoniales descritos, de por sí extensos, como el echar las cartas, que consiguen mantener la inquietud en el lector hasta ver cómo o en qué acaba todo «Amaia tocó la baraja […] y a su mente acudieron […] y la pacífica comunión […] y la pregunta se formulaba […] y el ceremonial con que les daba la vuelta […] y el misterio resuelto […] era tan sencillo y tan complicado…»

Sin embargo, en general la narración es bastante simple, con abundancia de repeticiones; aunque la categoría de la palabra no sea la misma, a veces pronombre, a veces conjunción, el sonido reiterado consigue cierta monotonía en la lectura

plagado de terrazas que se asomaban sobre un plazoleta que hacía las veces de parking y en las que resultaban […] pero que la Dirección […] más propio de un hotel playero mexicano que de un establecimiento de montaña. A pesar que hacía horas que había […] coches que se hacinaban […] en los parroquianos que atestaban…

…un oso se haya despertado de la hibernación […] no han hibernado este año […] listas para la hibernación a tiempo.

Además de repeticiones innecesarias la narración cuenta con algún fallo de concordancia, que sería bueno subsanar para posibles entregas posteriores «El aparcamiento del hotel se veía […] se veían varios coches […] las sillas se veían […] y un par de mujeres fregaban el suelo.»

Aun así, y a pesar de alguna que otra incongruencia, de la que ahora hablaremos, Dolores Redondo consigue entretener con El guardián invisible. La novela se lee fácilmente porque la trama es interesante, los asesinos en serie siempre han dado mucho juego a la literatura; lo curioso es que en esta obra hay dos argumentos paralelos, el de los asesinatos y el de la infancia de la protagonista, Amaia Salazar, de la que nos vamos enterando por analepsis, pensamientos o sueños de la inspectora y que consiguen intrigarnos casi más que los casos que lleva entre manos; de hecho da la impresión de que estos no son más que una excusa para que Amaia regrese al pueblo de su infancia, Elizondo, y se enfrente a ella de manera catártica para salir curada —o casi, porque imagino que de un trauma así no se cura nadie nunca—. Y lo más extraordinario de estos dos argumentos es que aunque corren paralelos a lo largo de la novela se juntan al final, consiguiendo que el desenlace tenga un sentido especial. No quiero desvelarlo aunque si los asesinatos y su familia eran los dos temas, algo ha quedado ya exteriorizado.

El argumento principal es de lo más sencillo. En Elizondo, pueblo de Navarra, aparece el cadáver de una adolescente, Ainhoa Elizasu, meses después de que el de otra chica, Carla Huarte, fuese descubierto con los mismos vestigios. Dado que el presunto asesino, novio de Carla, está en la cárcel, la policía piensa que se ha equivocado y está ante un asesino en serie. Amaia Salazar, inspectora de policía, es de ese pueblo, por lo que queda designada para llevar la investigación. Amaia decide ir a casa de su tía Engrasi para poder estar allí más tiempo con los habitantes y solucionarlo lo antes posible. James, el marido de Amaia, un escultor norteamericano, de renombre, decide acompañarla. James y Amaia tienen una fantástica relación de pareja.

…Te conozco, si tienes frío en los pies no puedes dormirte, y eso va fatal para la investigación.
—James…
—Si quieres yo podría acompañarte para calentártelos —dijo alzando una ceja
—¿En serio vendrás conmigo?
—Claro que sí, llevo el trabajo muy adelantado y tengo ganas de ver a tus hermanas y a tu tía

En esta relación, casi idílica, sorprende que Amaia tome decisiones sin consultar con James, por cuestiones morales, como anular la cita para comenzar el tratamiento de fertilidad «Al principio temí tener el mismo problema que Flora, las trompas obstruidas, pero me dijeron que todo está en orden, aparentemente. Me recomendó uno de esos tratamientos de fecundación […] —No hemos ido, sólo pensar en tener que someterme a uno de esos tratamientos me pone enferma […] siento una especie de rechazo ante la idea de concebir un hijo así». También sorprende que sea James quien decida si su mujer, la inspectora jefe del caso, ha de llevar o no el arma reglamentaria, a pesar de tener que enfrentarse a un asesino en serie

—No voy a dejarlo, James, no puedo, y aunque pudiera no lo haría […] James se puso en pie situándose frente a ella
—Está bien, pero sin arma […]
—Vale —admitió—. Sin arma

La narración no es lineal pues mezcla el sueño con la realidad y el pasado con el presente en el sueño. Esto, que ninguna de las tres hermanas pueda concebir, ni la tía Engrasi tampoco, que Amaia no haya querido volver a su pueblo desde que se marchó a estudiar, y que sus hermanas estén marcadas por problemas matrimoniales, consiguen que la vida de la inspectora Salazar esté rodeada por un halo de intriga, por una sensación de oscuridad y muerte unida a la naturaleza circundante; el entorno consigue atrapar a su familia y a los que la rodean.

Al afirmar mediante una negación, la sensación de oscuridad, de muerte, se acentúa

A través de los amplios ventanales de la nueva comisaría el día amenazaba con no llegar a serlo. El nivel de luz, muy bajo, y la fina lluvia que no había dejado de caer desde la noche anterior, contribuían a oscurecer los campos y los árboles…

Sin embargo, el misterio que envuelve a Amaia pierde fuerza al estar narrado en tercera persona. Los sentimientos de la protagonista nos llegan debilitados, en ocasiones, por el narrador omnisciente

Cuando llegó a casa […] Un breve “te quiero” junto al nombre de James la hizo sentir sola y alejada de la realidad en la que la gente salía a comer y hacía excursiones mientras ella interrogaba a asquerosos violadores de sus propias hijas.

Asimismo, si tenemos en cuenta la infancia traumática de la protagonista, causada por la locura de su madre, que vivía exclusivamente para matarla, no se sostiene que tanto el padre que la adoraba, como tía Engrasi, que la crio a partir de los nueve años, después de que su madre llegó a enterrarla viva en harina, dejen que la niña siga viendo a su madre, en vez de recluir a ésta directamente en un psiquiátrico y, con el tiempo, sus hermanas continúen arropándola, como si hubiese sido la niña la culpable de todo.

—No Flora, no fue un accidente, Intentó matarme, sólo paró porque creyó que lo había conseguido, y cuando creyó que estaba muerta me enterró en la artesa de la harina.
Flora se puso en pie golpeando la mesa con la cadera y haciendo tintinear las copas.
—Maldita seas, Amaia. Maldita seas el resto de tu vida

Puede ser por toda esta realidad perversa, amenazadora, por lo que Dolores Redondo opte por llevar el hilo narrativo hacia la fantasía aunque pretenda verosimilitud con notas auténticas, como enunciar las ventajas y desventajas, las confusiones que provocan en las personas las series de televisión sobre policías, o aportar datos reales de arquitectura que llenan de interés la narración «—Pues se equivoca, jefa, el origen de los cruceros es tan antiguo como incierto […] la Iglesia más bien los cristianizó, para absorber una costumbre pagana que veían difícil erradicar».

El vocabulario típico de la zona, salpica las páginas con bastante fortuna «En una borda abandonado», «txikitos», «aita», «ama», «aizkolari», «amatxi»…

La gastronomía del valle es fundamental para el caso

—Es un txantxigorri […] Manteca, harina, huevos, azúcar, levadura y chicharrones fritos para hacer una torta, una receta ancestral.

Compró unos trozos de urrakin egiña, el chocolate tradicional de Elizondo, elaborado de forma artesanal con avellanas enteras.

Igualmente la fauna del lugar revive en la novela «¡Joder! No soporto a las ratas, y luego el cabo me ha dicho que eran un… no sé qué. —Un coipo —aclaró el policía […] son inofensivos, de hecho son herbívoros nadadores, como los castores».

Pero si hablamos de naturaleza opresora, de asesinos psicópatas, de ambiente supersticioso, y de una inspectora marcada por un trauma infantil, es casi lógico pensar que la ayuda para resolver el caso le venga de las leyendas que rodean a la zona ofreciendo, de este modo, un final novelado que se balancea entre la realidad y la ficción

También hay un genio, como los que aparecen en Las mil y una noches, poderoso, caprichoso y terrible, que además es femenino y se llama Mari. Ella vive en las cuevas y en los riscos, siempre en lo alto de los montes.

Un basajaun es una criatura real, un homínido que mide unos dos metros y medio de alto, con anchas espaldas, una larga melena y bastante pelo por todo el cuerpo […] actúa como entidad protectora.

No hay que perder de vista a estos seres que formarán parte de la resolución del caso.

miércoles, 22 de agosto de 2018

EL TALENTO DE MR. RIPLEY



He leído este verano El talento de Mr. Ripley, y no sé cómo empezar a hablar sobre esta novela que tiene tanto de tradicional como de contemporánea. La clave está en el personaje principal, Ripley es el antihéroe por excelencia de la novela moderna inaugurada con El Lazarillo, pues como Lázaro, es un pícaro dotado de un talento increíble para hacer cualquier cosa por sobrevivir, y esto se lo ha enseñado la vida, tan injusta con él en su infancia, que le causó un trauma de calibre suficiente como para no poder salir adelante en la sociedad que le rodea. Tom se siente asqueado con la gente, por eso apenas tiene amigos y se rebela hacia lo que él considera una injusticia, la vida que le ha tocado en suerte. Está harto de que lo miren por encima del hombro, de ahí que se meta en problemas de deudas que llegan a ser insalvables en un determinado momento, justo cuando aparece en su vida Mr. Greenleaf, un millonario que le propone traer de vuelta a su hijo, que lleva un tiempo considerable en Italia, y no regresa. Greenleaf cree que Tom Ripley y su hijo son amigos, por lo que le paga la estancia en Mongibello para que lo convenza a volver con su familia. Pero la sensación de soledad no desaparece con el dinero ni la popularidad que consigue, porque Tom es un ser huidizo, desolado en lo más profundo de su alma, sin consuelo con nada ni con nadie «Resultaba extraño sentirse tan solo y, al mismo tiempo, sentirse parte de todo cuanto le rodeaba, como acababa de sucederle en la fiesta».

En realidad, Ripley no tolera a la gente en general, necesita mantenerse al margen pues cualquier contratiempo consigue despertar en él pensamientos homicidas aunque, como perfecto psicópata, es capaz de controlarlos planeándolo todo hasta el último detalle «Tom apretó las mandíbulas y frunció el entrecejo, escuchando a medias lo que decía el anfitrión […] inmerso en sus propios pensamientos se decía que tal vez era cierta la historia del detective […]. Se hizo el propósito de que ni el más leve parpadeo revelase sus temores.»

El protagonista no es malvado, es un desequilibrado, con pensamientos surrealistas que provienen de su mente trastornada «Marge le contestó dando muestras de entusiasmo y a Tom le dio la impresión de que si Dickie volvía junto a ella y le publicaban el libro antes del siguiente invierno, la muchacha estallaría de felicidad, explotaría como una bomba y nunca más se sabría de ella». Una mente incapaz de distinguir lo metafórico de lo real, una mente traumatizada en su niñez, que lo tortura incansablemente y lo acompleja hasta que se siente escoria, «Finalmente, cuando consiguió subir al coche, con lágrimas de frustración y rabia corriéndole mejillas abajo, la tía Dottie le había dicho alegremente a su amiga: —¡Es un mariquita! ¡Un mariquita de arriba abajo! ¡Igual que su padre!».

Cuando es capaz de salir de Estados Unidos cree que otro país, otra gente y otro ritmo de vida serán el remedio con el que conseguirá cambiar su suerte; pero la confusión en la que se encuentra no proviene del exterior sino de su psique, de ahí que, ante el temor de ser abandonado por Dickie Greenleaf, ante el desconsuelo de verse desamparado de nuevo por quien él cree que es su amigo, lo mata aun jugándose él mismo la vida. En ese momento comenzamos a cerciorarnos del talento de Patricia Highsmith pues consigue mantenernos en vilo hasta la última línea. La escritora conforma una novela negra de enredo en la que los personajes —y a veces el lector— no saben ante quién se encuentran ya que Ripley adopta la personalidad de Dickie cuando le interesa para retomar la suya propia en otras ocasiones; de hecho él mismo se confunde en alguna conversación y se designa en primera persona con el nombre del asesinado.

—¿Dónde estuviste este invierno?
—Pues no con Tom, quiero decir no con Dickie —dijo Tom, riendo y sintiéndose confundido al percatarse de su equivocación.

En el Siglo de Oro encontramos obras de teatro en las que un personaje adopta la personalidad de otro; La vida es sueño de Calderón o Don Gil de las calzas verdes, de Tirso de Molina serían dos ejemplos en los que el personaje femenino se hace pasar por hombre para exigir un derecho fundamental de las mujeres: tomar decisiones por cuenta propia. El talento de Mr. Ripley parece la versión macabra de estas representaciones. Tom se disfraza y llega a creerse su propio disfraz al que finalmente hace desaparecer para mantenerse —por el momento— como Ripley; con este juego Highsmith exhorta al lector a introducirse en ámbitos de la clase media para empatizar con ellos y valorar el esfuerzo por hacer desaparecer a la clase alta. Pero resulta desconcertante pues en la novela hay un asesino real, muy inteligente y con mucha suerte ya que parece increíble que nadie acierte a ver la burla, a pesar de que varias pruebas lo delatan… ¡Llegan incluso a sospechar del asesinado!

Está claro que estamos ante una novela negra diferente. El asesino queda impune pues consigue engañar a las policías italiana y francesa, a un detective irlandés de gran renombre, a Marge, la mejor amiga del asesinado, que aunque sospecha de sus actos desde el principio y alerta a Dickie de que sólo quiere su dinero, al final cree todo lo que dice, incluso consigue que interceda por él ante el propio padre de Dickie; de esta forma, incluso Mr. Greenleaf llega a dudar de su propio hijo

—¿Cree usted en la posibilidad de un suicidio, míster Greenleaf? —preguntó con voz tranquila.
Míster Greenleaf suspiró
—No lo sé. Creo que es posible, sí. Nunca tuve una gran opinión de la estabilidad de mi hijo, Tom.

Los diálogos son fabulosos, propios de una obra de suspense, que recrean el ambiente cargado capaz de atrapar en cualquier momento al culpable e incluso conseguir que se complique su situación puesto que los pensamientos asesinos vuelven una y otra vez

Marge bajaba por la escalera descalza […]
—Acabo de encontrar los anillos de Dickie aquí dentro
[…]
Tom dio un paso atrás y tropezó con un zapato […]
—Y él ¿qué pensaba hacer? ¿por qué te los dio a ti?
[…]
De pronto, por su mente […] Diría que ella se había caído al resbalar en el musgo…

Incluso el monólogo interior del protagonista es un diálogo consigo mismo en el que puede doblar su personalidad para convencerse de que necesita un castigo o de que es merecedor de una vida mejor pues sus crímenes fueron «fortuitos».

En esta doblez encontramos el tema de la homosexualidad no terminada de asumir, que la autora trata con total delicadeza durante la novela aunque a veces la ironía aparezca para apuntalarlo

¡Un mariquita de arriba abajo! ¡Igual que su padre!
Resultaba en verdad penoso que aquella forma de tratarle no le hubiera causado un trauma imborrable.

Y de este tema pasamos al otro presente, el límite que desdibuja la razón de la locura, que nos hace ser refinados, amantes del lujo, del arte, a pesar de estar rodeados de suciedad; una suciedad que acecha para abalanzarse en la realización del individuo ya que es la causante de la pasión ejercida en los actos. El límite se desdibuja en esta novela psicológica, de suspense, hasta conseguir que el asesino sea el héroe, el antihéroe ejecutor del crimen perfecto que se apodera incluso de nuestros sentimientos.

viernes, 10 de agosto de 2018

CONVERSACIONES ENTRE AMIGOS



Dos de las personas que más quiero, estuvieron viviendo y trabajando en Dublín durante más de cinco años. Esto supuso que viajara a la capital irlandesa una o dos veces cada año. Será porque iba a ver a Lara y Alberto o será porque la ciudad tiene magia, el caso es que me encantó Dublín, me encanta; su sólo recuerdo hace que me sienta bien. Ahora ya no voy, ellos están en España, pero me han regalado un libro de una irlandesa, jovencísima, con el deseo de que rememorase instantes allí vividos; y con ese espíritu empecé a leer Conversaciones entre amigos. Al principio me decepcionó un poco porque lo que ocurría en la novela podría pasar en cualquier parte del mundo; después fui encontrando datos y direcciones que me trajeron a la mente mis propias conversaciones allí, pero en realidad eso no es lo importante. Lo fundamental de Conversaciones entre amigos es cómo engancha Sally Rooney desde el principio con su forma de narrar y con el argumento expuesto.

La novela apenas tiene acción; casi todo se desarrolla en interiores: diferentes casas, algún pub y la biblioteca de la facultad a la que pertenece Frances, la protagonista de 20 años, estudiante y con escasos recursos económicos, por lo que debe encontrar algún trabajo extra para poder subsistir. Sin embargo el ambiente en el que se mueve es opuesto al suyo. Su amiga, examante Bobbi vive de manera holgada, no tiene problemas para vestir bien, comer bien y estudiar sin estrecheces; es feliz y se le nota, sincera, despreocupada en los asuntos triviales del día a día y sin embargo activista en contra de todo aquello que huela a tradicional y políticamente correcto. A Frances le gustaría parecerse a Bobbi, y de alguna forma le guarda rencor por haber sido ella quien decidió dejar la relación de pareja y mantener sólo la amistad, hasta que conoce a Nick, un treintañero que está pasando por una mala racha en su matrimonio y en su trabajo como actor, y del que se enamora perdidamente. Frances acepta verlo sin que él deje a su mujer, Melissa, quien conoce a las chicas en una velada poética y las lleva a su casa para hacer un artículo sobre la poesía de Frances, incluso las invita a pasar una temporada en casa de unos amigos en Francia. Ahí empiezan los verdaderos problemas, porque Frances, ingenua y debutante en ese tipo de relaciones, no se da cuenta de que está siendo utilizada por Melissa, hasta que, cuando Nick se recupera de su depresión, decide recuperarlo ella también. En realidad esa era la intención verdadera de Melissa, conseguir que alguien le devolviera a su marido con la misma energía del principio, alegría que, entre otras razones, se le fue porque ella, su mujer, estuvo acostándose con otro. Melissa es fría, calculadora y no le importa herir a quien sea para obtener lo que quiere.

Formalmente la novela está dividida en dos partes. La primera se compone de 17 capítulos que abarcan desde que conocen al matrimonio hasta que termina la estancia en Ètables, y la segunda consta de 14 capítulos, del 18 al 31 en los que todo vuelve, o se pretende, a la normalidad; el verano ha terminado y, poco a poco, las relaciones también.

Ambas partes se caracterizan por la inclusión dialógica en la narración, a veces sin guiones, a veces sin el nombre de la persona que habla ; es más, cuando se trata de reproducir mensajes o correos electrónicos, puede que cambie de línea aunque sea la misma persona quien escriba, no la que responde como cabría esperar. En ocasiones, sin embargo, la reproducción es exacta:

Nick: estás despierta?
Yo:   
Nick: a ver, escucha
Nick: no sé qué quieres
Nick: es evidente que no podemos vernos muy a menudo…

El uso de la minúscula en todo momento evidencia también la modernidad de la escritora, adaptada a las redes sociales actuales.

Así pues, la diferencia reside básicamente en el contenido. En la primera parte Frances oculta a todos su relación con Nick, incluso viviendo en la misma casa, hasta que Bobbi se entera por él, y Melissa se entera porque es obvio.

No, no lo hagas, dijo Nick. Frances está… eeeh… Oh, Dios. Está aquí conmigo.
Hubo un largo silencio. Yo no alcanzaba a ver la cara de Bobbi, ni la de Nick…

Nick aún estaba en la cama cuando Bobbi y yo nos marchamos a la mañana siguiente. Melissa nos acompañó […] y nos observó en silencio mientras subíamos al autobús.

En la segunda, a Frances se le complica todo, su salud, la relación con sus amigos, empeora el vínculo con su padre, alcohólico, que saca a flote su desgraciada infancia y afecta aún más a su situación económica y, por supuesto, baja su rendimiento académico, hasta que, como en un tiempo circular, todo vuelve a estar como antes

Al caer la tarde paseábamos por Phoenix Park resguardadas bajo un paraguas cogidas del brazo y fumando al pie del monumento a Wellington

También está lo mío con Bobbi, que es importante para mí.
A mí me lo vas a decir, repuso Nick. Yo estoy casado […] Ven a buscarme, dije.

Indudablemente lo mejor son los diálogos, con expresiones completamente vigentes:

No había demasiadas imágenes de Melissa en internet […] No sabía cuánto tiempo llevaba casada con Nick. Ninguno de los dos era lo bastante famoso para que esa información circulara por la red.

Resulta muy raro […] descubrir que es muy observador y no se le escapa nada. En plan: ¿Dios, qué habrá visto de mí?

La locución comodín «en plan» está de total actualidad, bien como en el caso anterior, como la síntesis de una comparación, o bien como explicativa

Pero al mismo tiempo me hacía sentir muy poderosa, en plan, si vas a dejar que te bese, ¿qué más me dejarás hacer?

Mediante la narradora protagonista, Frances, vamos descubriendo sus miedos, sus traumas, su carácter… el de los demás aparece en la agilidad de esos diálogos, que llegan a ser por completo reflexivos y profundos en ocasiones, sobre todo para manifestar a la nueva mujer:

Bobbi:  si piensas en el amor como algo más que un fenómeno interpersonal
Bobbi:  y tratas de entenderlo como un sistema de valores social
Bobbi:  es lo antitético al capitalismo […] pero al mismo tiempo se pone al servicio del capitalismo y lo perpetúa
Bobbi:  p. ej. las madres que crían abnegadamente a sus hijos […] pero en realidad solo sirve para proveer gratuitamente de trabajadores al sistema

Hay mucho de novela actual, de hecho el asunto recuerda a la mitología cultural ya que es, si lo reflexionamos bien, un ensayo fundacional de la sociología contemporánea. Frances es un mito de femineidad actual, solitaria, algo excéntrica, pues se autoinflige dolor físico para hacer desaparecer el espiritual que la atormenta constantemente sólo por el hecho de que le falta seguridad en sí misma, de ahí que se repliegue en ella misma y no quiera ser controlada por nadie, ni siguiera por su mejor amiga, su amante —quizás porque se vio abocada a ello por falta de autoestima— Bobbi, la otra cara de la moneda en el mito femenino entre las chicas actuales, guapa, bulliciosa, intelectual, reivindicativa y mimada por su familia acomodada; no quiere manejar a nadie y va con la verdad por delante pues ha asumido su sexualidad y su condición y la pone como escudo ante posibles daños. Frances y Bobbi vivieron una relación de pareja, que luego quedó en pura amistad, y Frances cambió de orientación sexual hasta que Nick salió de su vida. En realidad no se da cuenta, o no quiere hacerlo, de su bisexualidad, hecho que de haberlo asumido la habría ayudado a madurar, y sin embargo deja su situación como al principio aunque asegure ir con la verdad por delante.

Conversaciones entre amigos es una novela que, aun basándose en la literatura tradicional, el triángulo amoroso lo hemos visto en abundantes obras; la chica rica feminista, amiga íntima de la pobre necesitada de amor, entre las que crecen sospechas, reproches y arrepentimientos nos recuerda, grosso modo es cierto, a Jane Austen y Emma y nos la recuerda en su total plenitud si atendemos a la ironía de Rooney «Soy normal, pensé. Tengo un cuerpo como todos los demás. Luego me rasqué el brazo con saña hasta sangrar», es una novela contemporánea, con una antiheroína actual, inmune a todo porque sólo disfruta con lo que le gustaría tener y es incapaz de hacerlo con aquello que ha conseguido, aunque sea el amor «Su piel estaba sudorosa y jadeaba con fuerza. Sentí que mi cuerpo se abría y cerraba como un vídeo en stop-motion de una flor […] y la sensación era tan real que creí estar alucinando».

El resto de personajes también son coetáneos, actúan con un concepto diferente al tradicional de moralidad «En cierta ocasión, mientras nos preparaba la cena, lo oí hablar por teléfono con Melissa […] Ese era el papel en el que parecía sentirse más cómodo, el de escuchar y hacer preguntas inteligentes que demostraban que había estado escuchando».

El caso es que mediante sus conversaciones llegan a conocerse a la perfección y nos hacen partícipes de ello a los lectores. ¿Será este el mensaje de la autora, que se debería hablar más en esta sociedad individualista y egoísta para encontrar que podemos no ser tan particulares ni ególatras como nos gusta creer? «Melissa me sostuvo la mirada y sacó un paquete de cigarrillos. No creo que Frances idolatre a nadie, dijo. Me encogí de hombros, impotente.»

El otro mensaje, que subyace en toda la novela, es uno de los problemas más graves de la sociedad moderna aunque aquí esté reflejado en Irlanda, el alcoholismo es una epidemia que entra las familias, en las ciudades y sólo sirve para destruir «No es fácil describir con exactitud en qué consistían aquellos cambios de humor de mi padre. A veces se iba de casa un par de días y cuando volvía lo encontrábamos vaciando mi hucha del Banco de Irlanda, o descubríamos que se había llevado la tele».

La introducción de coloquialismos y la banalización de la violencia contra uno mismo o hacia los demás, las ubicaciones reales, las meditaciones concretas, alejadas de cualquier metáfora, confirman una redacción auténtica con estilo directo, sincero y, por lo tanto, elevado. El lector intuye una crítica de la multitud que conlleva la actualidad, la deshumanización social, y sin embargo la autora pretende que asumamos, cada uno, el punto justo intermedio en el que nos movemos. «Subestimas tu propio poder porque así no tienes que sentirte culpable cuando tratas mal a los demás».

Hay multitud de temas en la novela para mantener verdaderas conversaciones entre amigos. Yo me he sentido identificada con alguna situaciones (¡creo que todas negativas!), ante otras, sin embargo no he mostrado empatía, pero ninguna deja indiferente.

Si Conversaciones entre amigos es la primera novela de Sally Rooney creo que nos encontramos ante un nuevo mito de la literatura que servirá para engrosar, aún más la larga lista de autores irlandeses que tanto nos ha dado al resto de mortales.