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viernes, 24 de mayo de 2019

EL ANTECRISTO



La temática religiosa ocupó un lugar relevante en el teatro del Siglo de Oro, probablemente para catequizar al público y demostrar la esencia de una educación predominantemente católica.

El Antecristo de Lope de Vega ha estado rodeado de esa “maldición” que aporta el título. No sólo ha sido una de las comedias menos conocida del autor sino que está inmersa en la polémica de plagio con respecto a la obra homónima de Juan Ruiz de Alarcón. No he investigado a fondo el tema, pero la de Lope es de 1615 y el autor mexicano la estrenó en 1623. Además, Alarcón apenas realizó teatro religioso, no así Lope de Vega. En El Anticristo de Ruiz de Alarcón aparece el Anticristo como Mesías y le encarga al anciano Elías que predique la llegada. La figura del gracioso reside en el pastor Balán. Simbólicamente, Sofía es quien encarna la Sabiduría y desenmascara al Mesías impostor con la ayuda del verdadero profeta Elías. Al final, el falso Elías asesina a Sofía y a Balán y el Anticristo es arrojado al infierno.

Por otro lado, en el siglo XVII era habitual que los autores teatrales escribieran sus obras durante la representación de otros autores para inspirarse en futuras comedias con las que ampliar su repertorio y, por lo tanto, sus ingresos económicos. Así que deberíamos saber con exactitud la fecha de representación de la comedia de Lope, y aun así no sería relevante para hablar de copia. Casi todas las comedias tienen un trasfondo parecido; la idea de plagio no se entendía como hoy. ¿O no nos recuerdan estos primeros versos de El Antecristo al monólogo de Segismundo?

¿En qué interno lugar, en qué caverna
del centro obscuro he vivido yo oculto,
que ignoro el ser que me acompaña y rige?
¡Cielos! ¿Quién soy?...

Y sin embargo tampoco hay estafa, al menos por parte de Lope pues La vida es sueño es de 1635. En realidad son topoi de la época. No creo que debamos buscar mayores incidencias.

Sí es cierto que hay coincidencias pues ambos Anticristos se presentan como monstruos, ambos encarnan el mal y en ambas obras hay un despliegue hiperbólico de recursos tramoyísticos: apariciones, desapariciones, imágenes en espejo, subidas al cielo, bajadas a las profundidades, elevaciones de los personajes y descenso al infierno de los dos anticristos, previo golpe que un ángel les da con una espada de fuego.

Es la derrota del demonio; pero en esta obra creo que lo que predomina y a lo que se le da más valor es a la puesta en escena, espectacular si tenemos en cuenta los medios que había en la época (incluso para hoy sería difícil llevarlo a cabo de forma física) «Parece en tramoya la LUNA en un caballo, y desciende de lo alto a lo bajo».

Los versos siguen la estructura dictada por el propio Lope en El arte nuevo de hacer comedias en este tiempo, publicado en 1609. Así El Antecristo comienza con unos endecasílabos sueltos mediante los que Titán refuerza el dolor que siente al no saber en realidad quién es ni de dónde viene. La gravedad del asunto requiere el arte mayor, por eso se dirige, angustiado, al cielo con un ritmo cambiante, según su incredulidad al reconocer sus cualidades o su dolor por no saber con exactitud su cuna.

Los versos, unos en esticomitia, otros encabalgados, ayudan a este cambio de ritmo y emociones. Si es capaz de saber «las causas más ocultas», de «parar los aires», de conseguir que el sol «se suspenda en su carrera», es lógico pensar «… que yo soy el mismo Dios,…».

Después de esta situación problemática, aparece la Luna para recordarle que es hijo del pecado, del incesto que ella misma cometió. De ahí que aparezca el romance para cantarle, con multitud de antítesis, cómo surgió, qué ocurrió y qué le va a pasar. Las contradicciones en este ser fantástico «hombre y Dios, en ti se han visto» quedan resaltadas con los paralelismos «ser de hombre y ser de demonio». Como Dios va a gozar de todo el poder. Como hombre tiene un final asegurado «te concede Dios de vida / solo tres años y medio».

En fin, que no hay crueldad mayor que con la que se trata a este ser que, desde una perspectiva actual, no era tan horrible, concedía todo lo que le pedían los hombres a cambio de adorarlo y afirmar que era Dios. ¿No es lo que pretende cualquier religión y encima no regala nada, al menos material? Esto es una valoración mía, pues desde este punto de vista encontramos hoy cierto sarcasmo hacia la Iglesia.

La parte cómica de esta alegoría, en la que la Luna o la Música, o el propio Titán son personajes, viene de la mano del labrador Baulín, quien se permite algún que otro chiste, a costa de su bobería

Pues decid, ¿cómo se llama
María, que es mi mujer?
Si lo acertáis quiero ver
y el crédito de su fama

Las oposiciones y los juegos de palabras favorecen el humor «Sí: pero no quiero yo / que de ese nombre se nombre».

Los cambios de estrofa marcan la seriedad de los personajes, de ahí que el diálogo amoroso entre Luna y el Príncipe de Babilonia esté en liras, propicias, con su cadencia, para resaltar el erotismo

Suspende ahora tu voltario curso
porque goce a mi Luna

Y así entre seriedad y humor, tragedia y comedia, amor puro y sexualidad transcurren los días finales de estos tres años que fueron ofrecidos simbólicamente por Dios al Antecristo para que fracasara; porque no hay otro dios que alabar, ya se encarga él o sus ángeles de derrotar a quien lo intente, a pesar de haber sido capaz de realizar todo lo que hace el propio dios, desde resucitar, hasta convertirse a la religión: «acertada»

De circuncidarme vengo
de la gran Jerusalén;
tengo apóstoles también,

Incluso Titán nos hace ver las contradicciones del propio Dios y cómo piensa arreglarlo:

Amó Cristo la pobreza:
opuesto a Dios es el pobre;
riqueza os daré que os sobre,
yo soy la misma riqueza

El Anticristo Titán es más pasional, mientras que Dios es más espiritual, de ahí los juegos de palabras con “amor”

TITÁN.-
              Que pasiones de Dios son
              amar, y ama Dios, en fin;
              abrasado amor es Dios,
              y amo así a la infanta Luna

Ante tal sentimiento Baulín le aconseja que se deje de melindres

enviad dos ganapanes
de los ángeles del cielo,
y subid a la Luna arriba
y así la podéis gozar

Como Titán cree que aún no es el momento, Baulín le responde con algo que, provocaría risa, pero daría que pensar

A fe que sois dios al uso,
que entráis por hipocresía

Pero los cristianos más recalcitrantes, Elías y Enoc, aparecerán para demostrar, a través de su propio martirio, que Titán no es dios verdadero. Así pues, ellos son sacrificados y resucitan un momento al tercer día para regresar felices al cielo

(Veránse muertos a Elías y Enoc)
[…]
(Levántanse)
[…]
ENOC.- Titán es falso Antecristo
              Cristo es el Dios verdadero

(La tramoya sube a los dos arriba…)

Está claro que juegan con diferencia de fuerzas. Da igual que haya conseguido a la Luna haciéndose pasar por el propio Príncipe de Babilonia (¿Se puede pensar aquí que también Dios consiguió a María haciéndose pasar por paloma?).

Da igual que la Luna haya visto al Príncipe y a la imagen de éste a la vez y haya decidido quedarse con los dos

aunque para dos esposos
el cielo me dio dos manos

Decisión que el Príncipe achaca al carácter voluble de la mujer y a la facilidad con la que ésta puede perder su honor, por lo que no duda en hacerse valer:

Quien ofende
con infamia su honor, muera
entre mis brazos

Da igual que sea el propio Titán quien salve a la Luna de morir a manos del Príncipe, confesando a éste lo que hizo y siendo rechazado por ello por su amada.

Yo tu figura tomé
para que veas que puedo
en varias formas dar miedo

Da igual que lleguen persas, alemanes, romanos, etíopes, franceses, españoles, indios, exicios… todo el mundo, para adorarlo. Ha perdido el amor de Luna, no le interesa nada por lo que decide emplear la fuerza y matar al causante de su dolor. Pero no es creíble, porque el humor, aunque sea negro, aparece en la decisión: ante la queja del Príncipe alegando que no puede matarlo pues fue el primero en adorarlo, Titán, desesperado, contesta que le hará un favor

que vida eterna solicito darte
quitándote la vida.

Da igual que Titán entable una batalla dialéctica con Elías, antitética de si Cristo es Hombre o Dios, al final ganará Elías pues, al terminar las razones «Saca una cruz» y se la pone delante como si fuese un endemoniado. De esta forma va perdiendo fuerza ante todos, incluso Elías consigue resucitar por un momento al príncipe para que confirme

Divino y Santo Profeta
tú predicas la verdad
              (Vase)

Si a esto añadimos la muerte y resurrección de Elías y Enoc antes comentada, nos damos cuenta de que ningún ser es capaz de sustituir a Dios, de que la religión católica es buena con quien lo adora y perversa para quienes no creen en él.

ÁNGEL.- ¡Fiero monstruo de la tierra,
              el plazo ha llegado! El cielo
              al abismo te condena.
TITÁN.- Hoy me da sepulcro el centro.
              (Húndese: haya gran ruido)

Es cierto que esta alegoría no es de lo mejor de Lope, pero desde el siglo XXI es, al menos, inquietante.

jueves, 16 de mayo de 2019

GENTE ESTÚPIDA



Estamos ante una obra novedosa en cuanto a la forma: Son cinco escenas separadas por cinco intervenciones de un profesor que, basándose en el ensayo del historiador económico italiano, Carlo María Cipolla comenta, apoyado en un Power Point, los cinco casos de estupidez que se representan en las escenas. La idea es original porque aúna dos tipos de representación, la teatral y la académica ya que el profesor simplemente expone y razona dónde y por qué se han comportado de forma ridícula o tonta los personajes que hemos visto antes. El caso es que esta comedia adquiere tintes  didácticos con el profesor, pues es quien nos hace ver que hay más estúpidos de los que pensamos; según Cipolla, un estúpido es aquél que con sus actos causa un daño a otros o a sí mismo, por lo que pueden llegar a ser los más peligrosos.

La escenografía de Gente estúpida, como viene siendo habitual en el teatro actual es muy sencilla, dejando el peso principal de la representación en la fuerza con la que los actores deben llegar al público: Unas sillas en la Escena I «Reunión de padres», otras sillas, esta vez de hospital, para introducirnos en la Escena II «Quién tuviera 80 años»; un sofá en «Las redes del amor», una comisaría de policía en «No con mi hijo»; y a modo de cierre y unión, una rotonda en la última escena cuyo protagonista es el mismo que en la primera. De esta forma la obra queda unida formalmente, y a través del contenido, pues Juanjo se encarga de demostrar que, en contra de lo previsto, se puede ser cada día y en cada ocasión, un poco más imbécil, hasta el punto de perjudicarnos muy seriamente, cuando la imbecilidad roza el engreimiento «Yo ya no me entero de nada porque hace tiempo que perdí el conocimiento». En esta última escena los dos personajes, Juanjo y Lola, escenifican a veces y otras cuentan al público lo que les va pasando.

JUANJO (A público).- Voy hacia la rotonda, meto la mano en el agua y saco mi teléfono completamente empapado. Lo miro desolado. (A Lola) ¡¡Hija de puta!!

Así pues estamos ante una obra innovadora en cuanto a la estructura, creo que el punto cinematográfico de Daniela Frejoman tiene mucho que ver en esto, y es de aplaudir porque ha resultado original, estimulante; el ritmo va in crescendo según se suceden las escenas, así como las intervenciones del profesor disminuyen. Al final casi no tiene nada que decir. El público se ha dado cuenta de lo ocurrido y probablemente se haya visto identificado, en mayor o menor medida, con alguno de los personajes o situaciones. Son las consecuencias de la vida moderna, el tener que tenerlo todo cuando nos apetece, el estrés del día a día, el malcriar a los hijos hasta el punto de lanzarlos con total tranquilidad al peligro:

ANDREW.- ¡Este país perfecto para escoria de toda Europa! Vendéis venir aquí por dos duros, alcohol muy barato, sexo free y vosotros provocáis niños tiren por balconing

o el no valorar lo que tenemos, descuidarlo por el mero hecho de querer siempre algo nuevo

MADRE (Off).- Escuchadme, no os enfadéis, pero… Me voy porque quiero pasar el verano sola y tranquila… y porque no puedo con vosotros, hijos míos.

Los diálogos son bastante ágiles. El contraste entre citas reales del profesor y chistes u obviedades de los personajes favorece la eficacia, «reflexión de Claude Chabrol, eminente director de cine “la tontería es infinitamente más fascinante que la inteligencia. La inteligencia tiene sus límites, la tontería, no”»

MARGA.- Es verdad, es una puta mierda.
ANTONIO.- ¿Ves? Me estás dando la razón, vamos por buen camino.
MARGA.- No, no. Vamos por un camino fatal.

El vocabulario usual, de estilo coloquial, contribuye a aumentar el dinamismo y, sobre todo, a retratarnos psicológicamente con pocas palabras pero con hechos bastante usuales de la sociedad actual: robo, fraude, uso de drogas y alcohol, estrés laboral por ambición económica o social… Todo aparece ante el espectador como una vorágine que contrasta con la calma, los estudios y el razonamiento del profesor… Si nos parásemos a reflexionar actuaríamos de otra manera. Los gestos y movimientos están bastante marcados en las acotaciones, la mayoría para guiar y orientar la escenificación; casi todas son descriptivas de acciones «lee y le mira». Pero en ocasiones aparece, a modo de aparte, alguna de autorreflexión del personaje «para sí misma» o para indicar que el personaje no es necesario que entre a escena «off». En otras ocasiones las acotaciones marcan el tipo de gesto conveniente ya sea emblemático «Hace gesto de dinero», o emotivo «la mira escandalizado».

También intuimos, detrás de ciertas acotaciones «(Cortándola)» determinados gestos ilustradores, pues acompañan la palabra que pronuncia el personaje, enfatizándola e imponiendo un ritmo determinado en el diálogo, así al cortar a la policía y decir Andrew «¡Yo voté no Brexit!» puede acompañarse de un gesto brusco con las manos que dé por finalizada la conversación (aunque en este caso no lo consiga).

Asimismo Juanjo, posiblemente el más estúpido de todos, deberá acompañar sus palabras con gestos adaptadores que recalquen su nerviosismo y pongan en duda lo que va diciendo momentos antes o después de gesticular,

JUANJO.- ¡Yo no he robado nada, joder, puta hostia ya!
MAESTRA.- ¡Sin tacos Juanjo!
JUANJO.- ¡Me cagüen la puta! ¡Me cagüen la puta! (se da un golpe en la frente)

En fin, obra totalmente expresiva, enérgica en la que la calma irónica narrativa del profesor contrasta con la representación vertiginosa de las escenas para acentuar la fuerza de éstas.

Un acierto, no podía ser de otra manera, siendo su autora Licenciada en Psicología, guionista de televisión y directora de cine. Y por supuesto, el hecho de que la editorial sea Antígona es otro signo de buen teatro. Había comprado por correo libros de esta editorial, pero mi sorpresa fue mayúscula cuando, en el último viaje a Madrid, para ver teatro, me encontré con el establecimiento, un local pequeño, lleno de libros, tantos que me costó decidirme, desde los clásicos hasta las últimas novedades, desde firmados por autores consagrados hasta por noveles. Un paraíso. Los responsables, verdaderos profesionales, me aconsejaron con una paciencia y amabilidad extraordinarias. Además me regalaron una obra hasta ahora inédita de Lope de Vega (haré la crítica más adelante). Pues sí, merece la pena pasarse por la calle Prim y entrar en este local. Para mí ya es una visita obligada en los siguientes viajes.

martes, 14 de mayo de 2019

LA LLAMADA



Obra desenfadada, creo que demasiado bajo mi punto de vista porque al final no sabemos si la intención de los autores, Javier Ambrossi y Javier Calvo, es que el público admita que hay que dejarlo todo ante la llamada del primer amor, estudios, familia, amigos y salir corriendo tras aquél en quien tenemos fe, nos gusta o admiramos. Al menos a mí no me ha quedado claro, me parece que todo es demasiado explícito, una mezcla, tópica por otro lado, de vocación religiosa, arrobamiento súbito o capricho por alguien.

La idea de ópera rock menor está bien. Dado que una de las grandes óperas rock de todos los tiempos fue Jesucristo Superstar —aun hoy se representa, cuarenta años después— es lógico estar atraído por la mezcla morbosa religión-sexo.

Las palabras metafóricas nos han impactado siempre, el «Amada en el Amado transformada» de San Juan de la Cruz ha dado mucho de sí, pero claro, cuando a un campamento religioso acuden alumnas como María, Susana, Fátima, Covadonga, Mariluz o Feli, las asociaciones están inmersas en los tópicos y si las monjas encargadas de dirigir las actividades de las niñas son Milagros y Bernarda, los chistes fáciles se ven venir desde el principio «La música hace milagros, Milagros».

El caso es que el milagro consiste en que una adolescente siente la llamada de Dios y en dos días lo deja todo y se va con él. A ver ¿estamos en la era de la razón o en la de la fe medieval? Porque la otra cara es que hay un señor entrado en años llamado Dios que atrae a las jovencitas para que suban a su guarida, que es mucho peor, casi prefiero la entrega espiritual.

En fin, no debo haberlo entendido, porque esta obra se ha llevado varios premios, el de Teatro Musical 2014, el Libertad Teatro 2014, el Fotogramas de Plata 2013, Premio El País mejor espectáculo 2013… No sé, creo que intentamos que los adolescentes acudan al teatro como sea, puede que esté bien, a modo de llamada, para que se conviertan, con el tiempo en amantes del arte de Melpómene y Talía.

Pero escribir teatro, creo, es una de las actividades artísticas más difíciles de llevar a cabo, por lo fácil que parece. No es una sucesión de chistes —en el caso de la comedia— sino que en un tiempo restringido los actores han de representar una historia en la que los clímax delimiten los momentos de máxima tensión para el espectador y siga, apasionado, el espectáculo. En los musicales los diálogos (algunos) se sustituyen por bailes y cantos, pero en esta obra las canciones, exceptuando las de Whitney Houston, son la burda expresión del reguetón. ¿Regresamos a épocas pasadas? ¿Y la libertad de la mujer? ¿Y la igualdad de Susana?

(Rapeando)
Cuatro esquinitas tiene mi cama
cuatro chulazos que me la guardan
cierro los ojos, grito tu nombre,
si bailas tan rico toda la noche
(De repente en la escalera aparece Dios)
María.-   Mueve la cintura,
              empieza la locura
              […]
              Papi esto te va a gustar
              Me entrego al ritmo de la noche
              Si quieres me subo a tu coche.

A lo mejor los autores no cayeron en la cuenta de que tanto Susana como María son adolescentes, están en el instituto, y Dios «Es un hombre maduro y atractivo que parece una estrella pop trasnochada».

A lo mejor no cayeron en la cuenta pero al final María se va con Dios

(María y Dios se abrazan.
Oscuro final)

Y yo sí caigo en la cuenta y pregunto que por qué una sociedad premia espectáculos que representan lo que en la realidad se castiga. ¿Son las incongruencias del ser humano? Puede, pero es inaudito, encima de que no hay nada que destacar como texto literario, La llamada es una apología del machismo.

domingo, 12 de mayo de 2019

LA VIDA A RATOS



Hay veces en las que no es posible introducir algo en una clasificación. Son pocas, es cierto, pero en esta sociedad organizada y reglamentada no todo encaja. Cuando esto ocurre decimos de ese algo o alguien que está fuera del sistema. Puede ser, pero Juan José Millás ocupa un lugar importante en el sistema, en la sociedad y en la literatura para negarle su pertenencia por el mero hecho de que no encaje del todo.

Su último libro es como una novela de autoficción en forma de diario en la que el narrador, Juanjo Millás, se inventa a sí mismo (al menos en ocasiones) para poder realizar un viaje interior en el que reafirma algunas de sus obsesiones, el paso del tiempo, la soledad, la muerte o el proceso de la escritura.

No cabe duda de que La vida a ratos refleja completamente a su creador. Con su particular visión de la realidad, ésta queda mejorada casi siempre, al menos se nos presenta más sorprendente, con más sentido que el aportado desde la objetividad pretendida «comprender que entre la noticia publicada en la página dos y la publicada en la página cuarenta hay un hilo secreto que las une». Este concepto es uno de los que caracterizan la estructura de esta novela-diario, es decir, a pesar de que son sucesos que van ocurriendo en la vida del protagonista, a veces se unen los más estrambóticos como si fuera una señal con la que avisara al lector de algo importante; por ejemplo, la pérdida de un miembro del cuerpo humano supone un cambio drástico, traumático y el consecuente miedo a no poder afrontarlo; el narrador se encuentra, en la semana 76 con una chica preciosa a la que le falta una pierna aunque eso no le impide viajar en el metro y mostrarse socialmente como si su cuerpo fuese igual al de los demás. En la semana 81 le amputan una pierna a un conocido y el drama familiar se centra sobre todo en qué hacer con ese miembro. En la semana 86, a un amigo le amputan el brazo izquierdo; a un alumno de su taller de escritura, de apodo Cervantes, le falta un brazo; él mismo pasa el resto del día fingiendo que no tiene brazo izquierdo, para intentar aproximarme a su experiencia…Esto es lo que pretende, que salgamos de nuestra zona de confort, que afrontemos los giros inesperados con los que nos sorprende la vida porque todo está unido y en cualquier momento podemos encontrar alguno de estos giros; debemos estar dispuestos a combatir miedos, inseguridades y ser del todo independientes, haciendo gala de un razonamiento que no se deje llevar por lo evidente.

Pero esta llamada no se produce en tono serio, didáctico o moral, al contrario, Millas hace gala, como de costumbre, de un estilo vivo, que facilita la lectura de casi 500 páginas, y deviene a veces en jocoso y otras se transforma en dramático, cuando la lucha mantenida entre dos actitudes resalta la idea central «nos pidió consejo acerca de su madre, a quien no sabía si ingresar o no ingresar en una residencia. Comprendí que el mundo está mal, muy mal, y me juré (en vano) que el mundo no lograría contagiarme su malestar».

Aunque la forma de su escritura oscile entre divertida y aparatosa, el procedimiento con el que escribe es siempre introspectivo, onírico, de forma que el simbolismo se abre paso en esa escritura autobiográfica que no relata tanto el suceso en sí mismo como el efecto que produce en su emotividad, en su memoria; con este recurso es capaz de abordar cuestiones indirectamente, en espiral, como traídas a lo largo del tiempo «Ya no he de estar enfermo para ella, para nadie […] Mis novelas tienen fiebre, se trata de un rasgo estilístico que no todos los lectores advierten» Y con este recurso se da cuenta, y nos hace ver, que en la vida predomina el sufrimiento, el esfuerzo, a pesar de los buenos ratos «Me viene a la memoria, y a la lengua, el gusto de los primeros lunes de mi vida, cuando había que volver al colegio, una tortura».

Hemos comentado que podríamos clasificar La vida a ratos como una novela de autoficción, aunque esté dividida en 194 semanas y de cada una de ellas aclare lo más llamativo de algún día, pero no cabe duda de que las metáforas, comparaciones, asociaciones presentes constantemente, aportan las pinceladas estilísticas necesarias para saber que estamos ante una obra literaria «Domingo. La esquina es la parte luminosa del rincón», una novela de carácter reflexivo en la que el autor nos invita a observar lo que nos rodea para recapitular cómo podemos interpretar la realidad o reflexionar sobre por qué nuestra realidad está conformada desde un punto de vista determinado, que no siempre es el más lógico «Ocurre con cierta frecuencia que vengan hombres a comprar libros para sus madres o novias haciéndote ver de un modo u otro que su nivel intelectual es superior al de estas mujeres que leen narrativa».

La novela, pues, constituye una deliberación de lo absurda y dolorosa que puede llegar a ser la vida cuando, entre tanta gente, estamos en realidad solos, a veces tan solos que no nos tenemos ni a nosotros mismos porque somos incapaces de recapacitar, de realizar una mirada introspectiva que nos libere de la tensión continua «Cuando vas muy deprisa de un sitio a otro, corres el peligro de llegar aquí antes de que tu cuerpo haya salido de allí […] He quedado conmigo a las cinco de la tarde, pero no llego». Es irónico que para pararnos a pensar, a razonar, debamos acudir a psicólogos quienes, cobrando, simplemente nos fuerzan a encontrar una respuesta a nuestras penas y miedos «Le cuento a mi psiconanalista el sueño de ayer. —¿Qué cree que significa? —me pregunta […] —No sé quizá la muerte. —Quizá la muerte –repite ella».

El protagonista es un compendio de sus personajes anteriores, aquellos que cuestionan su situación, su proceder en la vida; es conformista y, al mismo tiempo, o precisamente por eso, está en perpetuo conflicto con el exterior y consigo mismo «Le pregunté si el muerto había sido fumador y me dijo que no, lo que hacía, si cabe, más incomprensible su muerte. Puerco gobierno».

Juanjo aprovecha el día a día, durante más de tres años y medio para reflejar la ironía de muchos de nuestros actos y preocupaciones; no nos gusta esta vida, estamos agobiados, pensamos alguna que otra vez en el suicidio, en desaparecer, pero nos atiborramos de medicamentos e intentamos llevar una vida sana porque en realidad no queremos irnos, al menos no por ahora. El valor que determinados objetos han llegado a tener en la sociedad actual queda expuesto de forma punzante, tanto, que tras la risa comprendemos el dolor que causa conceder a éstos mayor importancia que a las personas «Le ruego al empleado que elija por mi (una televisión) […] —Se trata de una decisión muy personal —dice—, es usted quien va a convivir con ella.»

Y tras la risa, estamos de acuerdo con él, en que la lectura, la reflexión y la escritura son buenas terapias para afrontar el estrés (de hecho, lo primero que recomienda un psicólogo es que escribas) «En tales situaciones me doy cuenta de lo mal que estoy y regreso voluntariamente a la meditación. O a la escritura». Y es que, para entender la realidad, para poder afrontar el día a día, hemos de «desconfiar de la realidad». Es bueno tomar siempre otra perspectiva; cuando alguien nos agrede es normal guardarle rencor pero si nos autoagredimos no sentimos autoanimadversión, es más, incluso nos seguimos queriendo. ¿Surrealismo?

jueves, 2 de mayo de 2019

SEÑALES CAPTADAS EN EL CORAZÓN DE UNA FIESTA



Este cuento forma parte de una antología recogida por Alberto Fuguet y Sergio Gómez en McOndo, editada en 1996. Indudablemente el título ya es provocador pero el prólogo, escrito por los autores y editores mencionados arriba, lo es más. Este prólogo supone una denuncia a la imagen anticuada que EE.UU., y el resto del mundo, tiene, o tenía de Latinoamérica; en la mente de los sudamericanos no entra que surjan momentos mágicos ni que nazcan niños con rabo de cerdo, ni mucho menos que las lágrimas caídas a la masa de un pastel consigan emocionar a todo aquél que lo coma. Latinoamérica es un continente formado por países diferentes con tradiciones distintas y recorridos políticos desiguales. Por eso la antología da cabida a escritos de Argentina, Bolivia, Colombia, Chile, Perú… Y como el resto del mundo han evolucionado. A punto de entrar en el tercer milenio las preocupaciones de los escritores eran otras; ahora algunos jóvenes viven en ciudades que tienen gran influencia de EE.UU.; otros, debido a la migración residen en España, escriben en español y denuncian lo que ocurre en el mundo.

No hay una literatura toda igual para ellos, no la quieren; pretenden que las voces sean individuales, que cada autor aporte sus vivencias, su intimidad, la evolución surgida en su país desde ese Macondo de los 60. De hecho, la literatura de cualquier lugar se va transformando con el paso del tiempo ¿Por qué se le exige a todo un continente que permanezca anclado en el pasado?

Pero se formó un grupo, posterior al Boom, que intentó perpetuar el realismo mágico y sólo consiguió obras menores. Si llegamos a creer en los Cien años de soledad de la familia Buendía, porque intuíamos la metáfora de hechos y sentimientos de distintas generaciones, la magia de Como agua para chocolate no es creíble, de manera que, al leerla, tenemos la impresión de estar efectivamente ante una obra menor; una comedia romántica con la que lloramos pero estamos seguros de que es ficción.

Esto es lo que quieren evitar las nuevas generaciones. Por eso en McOndo hay cuentos diferentes, unos más acertados que otros, es cierto, pero en todos se nota que en sus personajes no hay ingenuidad. Son personajes actuales, del mundo, atrapados por la globalización que nos envuelve y que, queramos o no, está presidida por EE.UU., está presidida por la era virtual.

Cuentos que quieren ser publicados en su lugar de origen porque las propias capitales latinoamericanas publican literatura estadounidense o española pero no las autóctonas. Es curioso cómo, de forma callada, pero inteligente, desde el año 2000 se han levantado voces argentinas, bolivianas, chilenas, mexicanas… sin necesidad de usar el realismo mágico, y han conseguido el reconocimiento mundial, Guillermo Martínez, Martín Castagnet, Luciana Souza, Carlos Manuel Álvarez, Natalia Borges, Felipe Restrepo, Diego Zúñíga o Claudia Ulloa entre otros son una muestra de ello.

Autores que han abierto al mundo el realismo actual de sus países de origen, surrealista y alucinante, mezcla de razas y culturas.

De todos ellos me gustaría comentar un cuento de Rodrigo Fresán, Señales captadas en el corazón de una fiesta, cuento que indudablemente pertenece a la generación mcondiana, no sólo por encontrarlo en esta antología, sino porque es un fiel reflejo de los rasgos del nuevo grupo, y de su autor, portador de una escritura totalmente personal; casi podríamos decir que este cuento constituye una seña de identidad. La característica más sobresaliente de este argentino es la descripción de un mundo ilógico. Esto lo consigue con una técnica opuesta a la del iceberg, usada por Hemingway. Fresán, al contrario, saca a la luz una cantidad ingente de detalles desordenados (aun en la narrativa corta) a los que luego el lector es capaz de dar forma en su mente, hasta que adquieren una coherencia y orden cronológico asombrosos.

Así pues el narrador innominado de Señales captadas desde el corazón de una fiesta, o Willi, da igual puesto que en un determinado momento ambos se integran en uno, se siente solo desde su nacimiento, vive en el seno de una familia con gran vida social pero no tiene amigos. Sus padres, quienes conviven de forma fría, por convencionalismos, consiguen que su soledad sea más patente. Sólo entiende a sus progenitores cuando su padre muere y su madre ya se había ido de casa, angustiada. Entiende el porqué de sus comportamientos, por qué ha debido ocultar su homosexualidad, por qué se ha inventado un amigo, una pareja con la que tampoco termina de ser él mismo, doblegado siempre por condicionamientos sociales o educacionales. Una vez que comprende que la vida es peor que la muerte decide suicidarse para ser libre. En otra realidad espera encontrar a alguien que oiga sus llamadas de socorro.

Lo esencial de Fresán es que crea su irrealidad privada dentro de lo verdadero

las señales […] Sísifo separándolas […] por color y peso […] meto las señales en una botella […] latidos digitales, fuegos de san Telmo en la oscuridad de la noche de los años luz

La vida, lo real, está llena de choques contradictorios, como el efímero latir palpitante de la fiesta frente al largo momento de la soledad y la derrota, remarcado con el polisíndeton «éstas son, las señales captadas en el corazón de una fiesta. Las metálicas y frías y monocordes señales». De hecho lo que tiene mayor sentido es lo que no posee vida, lo estático, «Miro las fiestas como si fueran cuadros».

Y así, en esta ausencia de movimiento, de actividad, el narrador protagonista va conformando su realidad con toques mágicos y trágicos, él es «Ese que está parado casi en el borde de la foto mirando hacia afuera, como si quisiera escaparse con un adieu siempre flotando en los labios del negativo». Para él lo real es surrealista, de ahí que necesite unir el arte a la vida para que tenga sentido «Yo quiero estar libre de toda biología, concluye David Byrne […] yo soy el hombre invisible».

El protagonista, como tantos otros, vive en un ambiente desencantado pero estable, el de «aquellos exquisitos marginados que nunca podrán creer en los placeres del sol o las virtudes del día». Por eso se inventa a otro yo que, al reflexionar, le ayuda a percibir lo ilógico de lo real, la falsedad de la vida; el ser humano no es tal sino «el síntoma inequívoco del comienzo de la decadencia de un party-animal agonizante, baby».

La sociedad actual es un compendio de momentos y situaciones desorganizadas que nos trae, por efecto de los mass media, una imagen idealizada del pasado, la que vemos en el cine, la que leemos, la que recordamos; pero no es cierto, el pasado no era mejor, es el hombre quien, con el paso del tiempo, va estando peor en el presente, «Ahora son todos jóvenes, gente con muchas fiestas por delante». Mediante una reflexión filosófica expone una paradoja que entiende a través de un silogismo basado en las premisas muerte-vida. La muerte no existe para los muertos, luego los muertos viven. Por eso decide quitarse la vida, ésta está llena de confusiones y el narrador lo demuestra mediante un estilo impresionista, múltiples descripciones que reflejan diversas perspectivas y voces narrativas. Todas ellas se hacen eco, a través de la ruptura de la escritura lineal, de las conciencias privadas de los personajes. Los diferentes narradores exponen, en un solipsismo, su yo unido al universo, no al resto de seres humanos; de hecho todos los narradores conforman uno solo, del que sólo existe su propia mente «Mi nombre es Willi y nunca nadie me amó y nunca amé a nadie». La tristeza de esta soledad lo lleva a abrazar en unos momentos a un amante imaginario, en otros a un final imaginario para la película de su vida, en otros al dios imaginario que le presenta la religión… Pero nadie aparece «¿Puede oírme alguien?».