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domingo, 28 de noviembre de 2021

TE PARECERÁ RARO

Resulta complicado, más que en otras disciplinas, separar el arte de lo propiamente académico en literatura, sobre todo porque, como cualquier artista, el escritor se permite soslayar algunas de las normas que presiden el lenguaje no literario. La literatura es, ante todo, la garantía de que el lector disfrutará con el libro. Hay novelas que no enganchan y no presentan objeciones en su estilo purista, pero no proporcionan el placer que busca un lector cuando comienza la lectura. Todos sabemos hablar, más o menos, aunque no todos conseguimos que nos escuchen, que nos lean. Si a este contratiempo le sumamos el de hablar o escribir sobre mujeres, el asunto se complica aún más; de hecho es difícil aislar, para una mujer, la postura personal de otras más o menos asentadas que marcan enseguida la escritura femenina.

Rosa Sanmartín desecha la norma con la que se transcriben los diálogos, es decir, a una pregunta no contesta una respuesta del aludido sino que da paso a un narrador omnisciente al que se le suman otras voces narrativas en 1ª o 2ª persona, casi siempre de mujer


—¿No puedes ir a la playa con tus amigas? Si tienes una al lado de casa.

Es que la otra es diferente. Es la de cuando niña […] de eso hace mucho, pero Claudia se acuerda […] De sobra he pasado el ecuador de mi existencia  […] Pero ella tiene que hacer su vida.

Tampoco le interesa el modelo femenino que crearon los hombres para exhibir a una mujer sin profundidad, ni el de la nueva heroína, independiente, trabajadora, triunfadora, fuerte, que teme constantemente estar en el bando de los débiles, la que cultiva su mente con la misma precisión que su cuerpo para dar la imagen fresca y resolutiva que la sociedad requiere de ella, porque ya no vale escudarse en el hombre; hemos pasado de no tener recursos económicos a cargar con nuestra vida y la de quien haga falta.

Nuestra autora sabe que esto no es así, que entre la mujer dócil y nada problemática y la rebelde y poderosa hay muchas más. Estas son las que aparecen en Te parecerá raro. Mujeres que manejan el timón ayudadas por hombres que las quieren y confían en ellas, «De la necesidad no surge nada hermoso». Porque es difícil enfrentarse a la vida solo sin caer en la depresión o la angustia.

Creo que el libro de Sanmartín es como ella, posfeminista: no se limita a apoyar a las mujeres sino que se alza en defensa de las minorías sexuales, víctimas del poder hegemónico. Este fundamento apareció en Cuando la vida te alcance y reaparece en Te parecerá raro. «La puerta se abre. Agustín va acompañado y Claudia sonríe. Besa a Ernesto».

La novela es totalmente actual porque el tema no pasa nunca de moda; todo gira en torno al amor y la muerte. Son cuatro historias, o cinco, diferentes. Son historias de amor, en las que el desamor está implícito. En la de Daniel y Paloma la muerte de un hijo se encarga de desorganizar al resto de familiares. En la de Verónica y Mario, el miedo a perder a su única hija consigue desestabilizar a la pareja. En la historia de Laura y Félix el temor a no estar a la altura, a defraudar al otro casi da al traste con la relación. En la de Claudia y Dani, un comienzo fatal puede destruir un posible futuro para ellos, y en la de Agustín y Ernesto, el miedo a perder lo construido en la intimidad no permite sacar a la luz el amor que se tienen. Estas cinco historias de amor se relacionan por medio de la muerte. Y aunque haya dolor en ellas, lo destacable es la pasión, los sentimientos que nos empeñamos en sepultar y que por fin soltamos para experimentar un reenamoramiento.

Los protagonistas parecen ser Claudia y Dani, que acaban de enamorarse cuando un accidente les trunca el futuro, pero ahí están Verónica y Mario, y Daniel y Paloma, y Agustín, y Laura y Félix que, como el eje de todos ellos, no permiten que la muerte vuelva a desbaratar familias, «Qué ingenua. Había querido proteger a sus hijos y siempre le había salido mal. ¿Era ella o era la vida?» Indirectamente, no consentirán que se interrumpa el erotismo que renacía, tímido, en una pareja «A Mario le gustaba verla desnuda. Casi es lo que más, lo que más le excita. Hoy lo está. Mucho. Como hacía tiempo».

Laura y Félix han estado siempre. Se querían aunque, por causas del destino, se separan. También el destino, tras hacerles recorrer un largo camino de sufrimiento, les permite experimentar una anagnórisis para que vuelvan a encontrar su verdadera identidad. Este reconocimiento va acompañado del cambio en la fortuna del resto de personajes. Como en una cadena de favores el estado de unos repercute en el de los otros, personas normales que han sufrido por diferentes razones pero aprenden a afrontar la vida con entereza, aportando cada uno heroicidades casi idílicas, de ahí que en la novela aparezcan, diseminados, retazos líricos, «odia la noche, odia lo oscuro, odia el negro. El negro que se cernió sobre ella una tarde perfecta de un día perfecto. Se quedó en oscuro».

Te parecerá raro es una novela de ambición asimiladora que desafía cierto impulso a la unidad que plantea; frente a la linealidad del relato, se incrementan las posibilidades narrativas. La manera en la que la escritora presenta a los personajes podría tratarse de cinco comienzos, el de cuatro parejas y el de un chico unido a su familia temeroso de perderla y quedarse solo. Hasta que decide dar el paso. Curioso, tanto dolor oculto. Estamos ante una novela que cuenta diferentes historias que son solo una. Curioso, tanto estallido de sentimientos.

El lector es capaz de ver el texto como una mediación en su relación con Rosa Sanmartín y a la vez como un campo de juego en el que las narraciones aparecen inacabadas para reagruparse en la declaración final de intenciones de la autora, «Detrás de cada persona, hay una vida; hay un antes. Por qué tanta tristeza, […] Por qué y para qué […] qué corta para pasarla llorando».

La trama está creada desde un enfoque múltiple en el que cada personaje tiene una visión parcial de lo ocurrido, de esta forma los lectores percibimos la realidad tal como es, diferente para cada uno de nosotros y diferente en la historia. No todos los personajes conocen la verdadera historia de los otros, el lector tampoco ya que el narrador cambia; a veces recuerda los diálogos de los personajes y los expone en forma de diálogos internos que le aportan cierto autocontrol ante la situación reflejada. Pretende ser narrador objetivo y dar mayor importancia al personaje (que lucha por reforzar la memoria y regular su pensamiento). Quiere ofrecer un discurso mimético para que el sujeto cognitivo de los protagonistas aparezca en el discurso narrativo de manera dispersa: «Demasiado perfecta esa familia. Démosle un escarmiento, pareció decidir la vida. Y les quitó a Manuel, el hijo mediano. El que quería jugar al fútbol. Hijo, si eso es de ricos; nosotros, pues no. Venga, parece que no tengamos dinero».

El estilo varía a lo largo de la novela, a los diálogos interiores, pensados, se unen diálogos de forma directa con los que el relato adquiere la naturalidad de la inmediatez y la expresividad del dramatismo, al dejar las palabras a un interlocutor para que las interprete


—Que no hables así, Paloma. Que los niños…

—Delante de los niños no digo palabrotas.

—¿Cómo que no?

—¿Cuándo has oído tú a los chiquillos decir alguna?

—Nunca –Ya había caído en la trampa de Paloma…

Y al narrador en tercera persona se une el monólogo interior, en primera y en segunda personas, cuando el narrador renuncia a negociar y aporta cercanía a lo ocurrido pues lo iguala al tiempo de la actividad mental. El deíctico “te” añade la subjetividad del dolor; el pensamiento, rápido, se adelanta a los sucesos, interrumpiendo la coherencia con escasos conectores que formulan el proceso egocéntrico del personaje «Buen intento por engañar a tu cerebro, aunque él sabe cuál es tu estrategia, sabe jugar muy bien a ese juego que te acabas de inventar […] Se apodera de ti y de tus miedos […] se meterá dentro de ti, te martilleará con imágenes que no quieres ver».

Loa personajes informan al lector, mediante diálogos o monólogos, de sus sentimientos, intercalados en la tragedia de lo cotidiano. Todos pasan por ella, a unos les afecta más que a otros, o de distinta forma, pero el amor está ahí para todos, capaz de vencer cualquier contratiempo.

Aunque los protagonistas son de ambos sexos el punto de vista dominante es el de la mujer, es la que dota a la historia de perspectiva, es la que más cambios sufre durante la trama, es la más afectada. La sensibilidad de Rosa Sanmartín está en la novela. La indecisión. El miedo a que la relación padres e hijos, construida desde lo más profundo del corazón se rompa por la mayor de las desgracias. El miedo a un futuro que ya no lo es, a vivir en un presente de permanente vacío. La seguridad en el amor. Bello mensaje.

domingo, 21 de noviembre de 2021

EL NAVEGADOR DE CRISTAL


Antes de comentar este libro quiero, por supuesto y una vez más, agradecer a Babelio la labor tan fantástica para acercar la literatura a todo el mundo. Conseguir que editoriales de todo tipo se sumen a la empresa es un logro y conseguir la alta participación que obtiene en sus “Masas Críticas” un logro aún mayor. Me gusta leer casi de todo tipo de géneros, aunque la literatura juvenil nunca me ha llamado la atención (a pesar de que yo me inicié en la lectura a través de Enid Blyton). Esta vez, sin embargo, postulé por un título que resultaba interesante, y más el resumen de la contraportada. Todos los libros recibidos de Babelio me han gustado.

En realidad este es un género polémico; los lectores a quienes va dirigido son demasiado maduros para la literatura infantil (que mejora por días), pero hay una parte de adolescentes que no está preparada para enfrentarse a la literatura sin etiquetas, bien porque no le guste leer, bien porque el nivel de comprensión es aún limitado a la hora de interpretar mensajes que no se expongan de manera directa. Es lógico, por lo tanto, empezar por lo básico para salvar las posibles dificultades de apreciación. Desde este punto de vista, la literatura juvenil es buena, aunque creo que debe ser leída el menor tiempo posible para que la mente vaya madurando de forma adecuada.

Hecha esta reflexión, me enfrenté a El navegador de cristal con expectativas muy altas, por el argumento y la autora, pero me he llevado alguna desilusión.

La novela es totalmente de ficción; su protagonista, Lucy, algo acomplejada por no poder enfrentarse a una exposición oral ante sus compañeros de clase, entra en su particular país maravilloso en el que, con ayuda de un Navegador y un perro espacial, Wilbur, puede viajar a la época renacentista para conocer a Sandro Boticcelli, Leonardo da Vinci, Jacopo da Pontormo, Miguel Ángel Buonarotti y Vincent Van Gogh.

Los autores permitirán que entre en sus casas y en sus cuadros para explicarle los detalles que no entendía e, incluso, tendrán en cuenta los consejos que, una vez va recuperando la confianza en sí misma, se atreve a darles.

Los pintores son algo excéntricos y entran en este cuento de fantasía para conseguir que Lucy adquiera la capacidad de hacer volar su imaginación. Desde el sueño, la protagonista se apoya en Wilbur para volar por diferentes países, aunque deberán tener cuidado porque el Navegador puede fallar, si no tiene el cristal adecuado, y dejarlos en una tumba del Egipto faraónico o en los Alpes, mientras Aníbal intenta pasarlos con sus elefantes, «Lucy se lanzó al cielo estrellado con Wilbur en sus brazos y el Navegador agarrado en la mano».

La historia de Nancy Kunhardt Lodge propone la iconografía como algo fundamental en el arte, el porqué de la obra, los símbolos ocultos en el cuadro, las características de la pintura, el temperamento del autor… Este conjunto es lo que aporta la verdadera personalidad a la creación «—Siempre pinto retratos a la luz de las velas porque crea sombras hermosas, bordes suaves y misterio».

Es decir, el principal objetivo de la autora es que los chicos puedan escapar a la realidad para forzar la mente a descubrir otras posibilidades «—Vivimos a dos universos de aquí en un planeta llamado Wilwahren. Es un Jardín de Ideas. Allí no se mide el tiempo». Desde esta premisa, la realidad de la narración, formada por conceptos familiares al lector como son los amigos o los profesores del colegio, queda engarzada en la fantasía del viaje; de esta forma los preadolescentes a quienes va dirigido El navegador de cristal, aunque no creen ya en perros voladores sí disfrutan con las aventuras que, indudablemente, abren la puerta de la ciencia ficción. También es cierto que, en este sentido, el vocabulario puede prestarse a confusión ya que junto a términos científicos y técnicos hay palabras inventadas, por lo que puede resultar una ambigüedad, que probablemente resulte atractiva para los lectores.

La aventura pretende diversión, no cabe duda, pero el segundo objetivo de Nancy Kunhardt es didáctico, quiere que los jóvenes aprendan a amar el arte, «—…Nunca he visto algo así. Ves la grandeza y los colores brillantes del mundo y esa es la diferencia con respecto a cualquier otro artista».

El narrador, en tercera persona, es interno aunque adquiere el punto de vista de Lucy, por lo que abundan los registros de pensamiento en conductas que, con la ayuda de su “guía” Wilbur, desencadenan pensamientos alternativos. Wilbur pone a prueba la percepción y el razonamiento de Lucy, quien en los diálogos que mantiene con los artistas descubre que son víctimas de problemas parecidos. La niña puede, entonces, ponerse en su lugar y hacerles ver por qué son especiales, «Si fueras una de esas personas normales […] no serías capaz de pintar como lo haces […] Es bueno para tus cuadros que no seas una persona común».

El navegador de cristal ayuda a los lectores a que construyan un yo mejorado en relación con los sentimientos hacia los demás y hacia uno mismo, porque muestra cómo liberar las ansiedades generadas a los 11 o 12 años, por eso, a la vez que Lucy fortalece su autoestima, el perro Wilbur se debilita, aunque ella no lo sepa ya no lo necesita: «Su cabeza yacía temblando en el pecho de ella».

Es importante estimular la mente; la autora lo sabe y para establecer un paralelismo entre el mundo real y el imaginario, utiliza el Navegador, metáfora general para el mundo de las ideas. Pero al argumento le falta algo de gancho, la narración, lenta, recobra fuerza en los diálogos entre Lucy y los artistas, aunque por poco tiempo, ya que estos aceptan sin objeciones las sugerencias de la niña. El resultado no es creíble, Lucy convence fácilmente por lo que la intriga de qué ocurrirá, desaparece: «—Creo que sé cómo arreglarlo […] si de repente apareciera él, al verlo sus ojos se le llenarían de amor y brillarían, Leonardo asintió».

En El navegador de cristal faltan, en general, ambientes inquietantes; no se pueden solucionar todos los problemas en un momento, sin esfuerzo, porque la lectura pierde emoción. Tampoco Wilbur se enfrenta durante el viaje a verdaderos antagonistas que resalten los conflictos.

Lucy vive una historia en la que su búsqueda de la autoestima apenas tiene impedimentos. Todos los que se encuentran con ella empatizan de inmediato y ante la menor contrariedad que surge a los protagonistas pueden escapar sin dificultad, dejando sin resolver temas que precisamente Nancy Kunhardt, doctora en Historia del Arte del Renacimiento, podría haber tratado más extensamente, enriqueciendo el argumento con elementos misteriosos que hicieran de este Navegador un inolvidable viaje por los siglos XV y XVI.

domingo, 14 de noviembre de 2021

ARDORES DE AGOSTO


Llevamos ya diez aventuras de este comisario siciliano, por lo que a estas alturas poco se puede añadir a los comentarios anteriores. En Ardores de agosto llama la atención el título, un juego de palabras de doble sentido, que podemos entender tanto de forma literal, en el aspecto climático, como implícita, en el aspecto sexual. Esta dualidad se mantiene a lo largo de la novela y Salvo Montalbano se ve asediado constantemente por el calor insoportable de finales de verano y el profundo deseo que le trae el final de la madurez.

Como en las novelas anteriores, la realidad está detrás de la historia de Andrea Camilleri: fraudes inmobiliarios en connivencia con las familias que forman una mafia intocable «la empresa Ribaudo de Vigàta […] Materiales entregados sin factura, fraude del IVA, manipulación de los libros de contabilidad…».

Los personajes son asimismo un retrato de las personas de la época, con sus defectos y virtudes, algo que contrasta con la fantasía que se desprende de los diálogos, donde el humor y la exageración aportan un ritmo vertiginoso a la lectura. Cada nueva entrega conlleva una mayor complicidad entre sus protagonistas. Está claro que han ido creciendo juntos, Fazio sigue acumulando datos de los sospechosos a pesar del enojo que le provoca a su jefe, aunque ya ejerce, sin problemas, de conciencia del propio Salvo,


Luego se levantó, se despidió de Adriana […] Pero antes de salir miró a los ojos del comisario

—Dottore, piénselo bien antes de decir definitivamente que sí.

Algo que se mantiene intacto, desde el comienzo de la saga, es el enfrentamiento entre Montalbano y sus jefes, por lo que el comisario les pondrá cualquier trampa que se le ocurra cuando necesita su atención,


¿Ocupado? Y un cuerno. Aquel grandísimo cabrón quería hacerse de rogar […]»

—Soy el ministro plenipotenciario […] Páseme urgentemente al dottor Arquà.

La obsesión sexual del fiscal Tomasseo está tratada superficialmente, por lo que abundan las bromas hacia su comportamiento con las mujeres que, aunque hoy lo tomaríamos como acoso, en la Italia profunda, aun del siglo XXI, no pasa de ser una ofuscación sin peligro.

El casi esperpéntico forense Pascuano, que no tolera que lo importunen, se revuelve cuando no lo requieren con urgencia; Salvo, que lo sabe, juega a su favor


—Montalbano, ¿se encuentra bien?

—Sí ¿Por qué?

—Como esta mañana no me ha tocado los cojones, estaba empezando a preocuparme […] o la mataron sobre las seis…

Está claro que las conversaciones aportan un tono ligero, al que contribuyen las actuaciones grotescas de Catarella, las inconvenientes ocurrencias de algún personaje inculto «pegó una carrerilla y se dio un fuerte cabezazo contra la puerta cerrada del despacho» o las mentiras del propio comisario para conseguir que hablen los sospechosos.

La estructura de las novelas es similar, aunque en este caso Camilleri, siguiendo con la dualidad, ha introducido dos crímenes, uno, con el que denuncia las pésimas condiciones laborales de los inmigrantes y otro sexual, que se une al anterior de manera inteligente a través del propio asesino.

En Ardores de agosto, aparece Rina, una adolescente desaparecida seis años atrás, violada, asesinada, envuelta y encerrada en un baúl de un piso oculto bajo un chalet, alquilado por unos amigos de Livia, la eterna novia del comisario. Montalbano encuentra el cadáver y también el fraude inmobiliario, que sin embargo es visto con total normalidad en el ámbito de la construcción. Debido al tiempo transcurrido las posibilidades de encontrar al asesino disminuyen. Sin embargo, el comisario Montalbano ayudado por su equipo, por la hermana gemela de la víctima, Adriana, y por el entorno cotidiano en el que se desenvolvían, consigue dar con el culpable.

El autor, Andrea Camilleri, está presente en la novela. Encontramos una narración del yo, determinada por la época del relato, en la que imágenes del pasado se asoman según diferentes emociones que escapan del propio autor, el poder relajante y revelador del mar es aún más evidente en esta novela y la toma de conciencia del paso fugaz del tiempo, también. En general, a lo largo de la serie protagonizada por Salvo Montalbano descubrimos una ficción, que remite sin duda a la realidad de la naturaleza humana y otra fantasía, reveladora del propio autor.

Pero no hay tensión entre lo ficcional y lo real, o lo que pueda haber de biográfico de Camilleri, sino que al ser el propio Salvo el autor de sus pensamientos y sentimientos, que expone en forma de monólogos dialogados, se erige en portador de la moral de Camilleri, «¿por qué has cedido a esa parte de ti mismo que siempre habías conseguido mantener en su sitio? Porque ya no soy tan fuerte como antes».

Con las cartas dirigidas a sí mismo, Salvo reivindica el valor de la verdad de lo imaginado por el autor


Querido Montalbano:

Me veo obligado a constatar que, ya sea por un principio de chochera senil […] tus pensamientos han perdido brillo […] Hay que dar un paso atrás […]

Un abrazo y cuídate. Salvo

Puede parecer que la relación autor - lector permanece tambaleante bajo los efectos de una ambigüedad que debilita la realidad al generar determinadas incertidumbres, pero la sombra de Camilleri está en las páginas de Ardores de agosto, «Montalbano lo dedicó mentalmente a todos aquellos que no se dignaban leer novelas policíacas por considerarlas un mero pasatiempo repleto de enigmas». La especial sensibilidad del comisario hacia los más desprotegidos es reflejo del sentimiento del autor, del inconformismo que mostró hacia su país natal cada vez que intuía debilitar el compromiso con los ciudadanos de a pie «—En caso de que nos adjudicaran (una obra) yo debía encargarme de hacer unas cuantas cosas “entregar las consabidas comisiones…».

El proceder de Camilleri en su día a día, se distingue fácilmente en las paradas obligatorias que lleva a cabo Montalbano en su investigación para reflexionar sobre aquello a lo que no encuentra sentido. También los gustos del comisario son evidencias de las pasiones del autor «Se puso a cantar, desentonando de mala manera el O Lola de la ópera Caballería rusticana». Incluso, como si de una autosemblanza se tratara, Montalbano alude a la realidad de Camilleri


—Dime la verdad: ¿te gusta o no como historia?

—Me parece buena para la televisión

Leer una novela de Salvo Montalbano es poner atención en Camilleri como si fuese otro aspecto más del texto. Encontraremos en el relato la ficción del autor pero, si nos centramos en las imágenes sugeridas, descubrimos que aluden a la ideología de Camilleri, a cómo entendía la vida, con cierto pesimismo no exento de esperanza, incluso en el papel social que la mujer lleva a cabo pues, si bien es cierto que su novela, como reflejo social, es típicamente masculina, incluso machista, en Ardores de agosto Camilleri se guarda un as en la manga que es necesario descubrir.

domingo, 7 de noviembre de 2021

EL ZAHORÍ








Distopía, entropía, mitología, creación bíblica del universo, transmutación, transformismo, transmigración, alquimia, bioneuroemoción, ciencia ficción, sueño, metáfora.

He ido leyendo los relatos de Sonia, R. Altable y he llegado a todas las conclusiones que he enumerado antes.

El Zahorí es una colección de cartas y entradas de diario, escritas en 1912, que alguien de la actualidad encuentra y sube a Internet. La mezcla de tiempos, espacios y tipos de escritura es constante, por lo que la realidad y lo ideal se funden en una historia fantástica en la que la intriga le da la mano al humor, y los términos científicos se confunden con expresiones coloquiales: «estasis» «imágenes de nuestras cámaras etéricas multitemporales» «cualquier patio de vecinos»

Parece que todo comienza en Galway en 1912, cuando el octogenario Sukma Ngumbara (Alma errante), natural de la isla de Java, le escribe al profesor Armitage, desde la pensión de la señorita Kerrigan, para alertarle del quinto elemento que aparece cuando confluyen los otros cuatro en una ceremonia nocturna. Pero las cartas no llegan en su debido momento, problemas de Correos, lo que afortunadamente permite al lector enterarse de toda la historia a través de la Red. Como Ngumbara se encuentra débil transmigra al cuerpo de un gatito, salvado por Kerrigan de morir ahogado al nacer. El anciano queda catatónico pero, antes de que la dueña de la pensión se haga cargo de su cuerpo, acuerdan bautizar al gato como Félix Ochovidas. También se desvela el diario de la señorita Kerrigan, y por ella nos enteramos de que ahora está en posesión de la enorme fortuna que le dejó Alma Errante, «que no ha muerto, pero tampoco está vivo, sino suspendido, como la Bella Durmiente del cuento de Perrault» y que dedicará parte de su tiempo a seguir buscando los demonios que conspiran contra la Tierra.

A través del gatito, se comunica con Alma Errante y este le da las instrucciones para meterse en el Portal donde residen los demonios y poder rescatar a quienes queden vivos. Pero del portal salen seres extraños con apariencia humana y Kerrigan es alertada de que, al igual que en la Biblia, el mundo se enfrenta a «un egregor que nos convertirá a todos en nada».

Kerrigan se come el corazón del durmiente Alma Errante para transformarse en una mujer con conocimientos de hombre sabio. Cambia de nombre a Rodinia Maleod y viaja con Félix a Egipto. Han conseguido ser una trinidad, formada por Alma Errante, Srta. Kerrigan y Félix Ochovidas, en el cuerpo de Rodinia. En Oriente pretende, imbuida por una serpiente de fuego que le sale de su cabeza, unir todas las almas y mentes para que florezca la humanidad pero «Félix se ha abalanzado contra mi estómago […]  las almas […] salieron expulsadas por mí con gran fuerza y se han proyectado contra el busto». La Tierra, bajo el dominio del Sol Negro, es una cárcel para los asesinos y quienes defienden la cultura. Rodinia entra en una Nave atemporal, donde Félix la deja para que ahora la acompañe Gathulhu, gatito al que nombra así influenciada por el escritor de moda, Lovecraft. La aventura de Rodinia es producto de la imaginación de @coquinarte, quien le aporta un final apoteósico basado en la creación de un paraíso tras convertirla en la nueva mesías Salvadora. ¿De quién es esta historia? Lo de menos es si pertenece a la realidad, si está incluida en la caja de Pandora y se escapó con el resto de males o si pertenece al mundo de los sueños, ese tan fantástico que a veces no sabemos distinguir de lo real. Sonia R. Altable despliega la imaginación para hacer que se encuentren en su historia personajes de la cultura como Perrault, Dante y Lovecraft, todos brillantes, aunque con cierto punto de maldad hacia el ser humano.

Puede que, en el fondo, el hombre sea cruel, por eso, por encima de guerras reales o informáticas, es admirable la gente que, como Morrigang, aspira a crear un mundo mejor empezando por sí misma, «me reuniré a mí misma […] las veintidós partes de la Tierra me seguirán; todo se arreglaría».

Puede que la obra de una mujer sea el modelo a seguir para vivir en armonía. Después de leer a Altable somos conscientes de la solución que, con un humor envidiable, nos ha aportado en El zahorí.

Y si nos quedaba alguna duda de que la risa, o sonrisa, es terapéutica, al final del libro nos ofrece la versión de unas cuantas recetas en las que el ingrediente principal es el mismo y siempre, aunque cocinado diferente, apetecible.

La narración de Sonia / Morrigang es impecable, clara y, por supuesto, amena. Las prolepsis advierten del estado crítico del narrador «En cuanto recupere la salud […] buscaré y daré muerte a todas las personas involucradas», mientras que con analepsis relata los hechos exactos ocurridos anteriormente. La mezcla de cartas, narraciones, e-mails en distintos momentos estimula la imaginación del lector y favorece su incursión en la literatura de terror, pues trae a la memoria el horror cósmico de Allan Poe, la noche como escenario, la personalidad del gato y la insignificancia de la mente quebradiza del hombre ante un cosmos que se revela hostil.

Asombra ver la admiración de Morrigang por los lugares exóticos, envueltos en cierto aire erudito, que Lovecraft impuso en sus historias de miedo, pero afortunadamente con personajes exentos de traumas. Encontramos la misma tensión narrativa de Lovecraft, pero el tono humorístico confiere a Morrigang una ironía fresca y actual que se agradece. Por eso la locura, consecuencia de todo lo incomprensible, es la que nos permite escapar del destino fatal; bueno, la locura o el conocimiento directo del mito diabólico.

Altable crea un universo increíble con nombres que aluden a la personalidad de quienes los llevan, con coincidencias asombrosas, con ingeniosas comparaciones «un admirable conductor que frenó con una rapidez digna de la liebre del canódromo», con adjetivos imposibles «quedé mesmerizada», con evidencias humorísticas «Mi diminuto protector, Félix Ochovidas», con irónicas certezas «Los Pinkertons son en extremo eficaces cuando fluye el dinero» y con metáforas bibliocelestiales «El nivel 23 era una cúpula transparente con un sillón blanco en el centro».

Ante estos relatos, que conforman una deliciosa unidad, solo cabe estar agradecida por leerlos y, en mi caso, por tenerlos firmados por la autora que, indudablemente, contribuirá a que termine gustándome la ciencia ficción. Gracias Sonia. Un honor.

domingo, 31 de octubre de 2021

LOS PERROS DE RIGA

Está claro que la novela negra es un buen reflejo social, por eso es tan diferente la del norte respecto de la meridional. La manera de afrontar los casos tiene que ver con el temperamento de los habitantes, sin olvidar la importancia de las condiciones climáticas. Sin embargo después de leer novelas protagonizadas por detectives españoles, italianos o griegos debo reconocer que los fines para cometer asesinatos son similares en todo el mundo. La corrupción, que salpica a cualquier esfera, no tiene lugares predilectos. Las ansias de poder a cualquier precio, tampoco. El miedo a lo desconocido, menos aún.

Los perros de Riga no es una novela negra al uso, más bien es de intriga, y no es que necesite catalogarla pero llama la atención que, frente a una policía letona conspiradora, sin escrúpulos ni sentimientos se mueva Kurt Wallander, nuestro policía sueco preferido, en una posición excesivamente sensible. Va desarmado, se emociona con detalles de la vida de los que sufren pero en los que aún no se atreve a confiar, se enamora casi al instante de alguien que acaba de conocer y reflexiona sobre la vida espiritual a pesar del miedo que lo atenaza en todo momento. Creo que en este caso se sobrepone el plano existencial a la realidad, «La noche que pasaron en la iglesia fue un punto de inflexión en la existencia de Kurt Wallander».

Tras la segunda novela que leo, pienso que Henning Mankell ha dejado a la vista que en su obra prima el respeto por el ser humano, la denuncia a países que viven en pésimas condiciones y la acusación hacia su propio país, un lugar en el que se vive bien pero que queda lejos de esa imagen paradisíaca que tenemos de Suecia en nuestra mente.

Cerca de la costa de Ystad llega un bote con dos hombres muertos de un tiro en el pecho, sin embargo todo apunta a que fueron asesinados en otro lugar y metidos en el bote a la deriva.

Cuando el equipo de Wallander empieza a investigar se ve sobrepasado, pues aparecen especialistas de homicidios y narcóticos para colaborar, así como el Ministerio de Asuntos Exteriores. El caso se abre con aspectos intrigantes e inquietantes «Sus empastes están hechos por un dentista […] ruso. […] Antes de matarlos los habían torturado: los habían quemado, despellejado y además tenían los dedos machacados».

Al ser naturales de Letonia, envían de allí al mayor Liepa para que resuelva el caso y, después de trabajar unos días con Kurt Wallander, regresa a su país. Desde Letonia requieren al policía sueco, pues Liepa ha desaparecido nada más llegar. Al tomar contacto con los Estados Bálticos es cuando el caso se complica con un tema del que tanto sabemos por aquí: el intento de golpe de estado por parte de una facción policial avalada por Rusia.

Mankell esboza una imagen crítica de la Europa del este; encontramos un compromiso político-social con los países aquejados por una dictadura. El retrato de Letonia es lamentable, lleno de contrastes, donde la gran mayoría vive sumida en la pobreza y el miedo a expresar la propia opinión ante desconocidos. Nunca se sabe quién escucha o qué puede pasar. Las reflexiones que Wallander lleva a cabo sobre los países bálticos son constantes, «este es un país pobre […] Durante años hemos vivido encerrados en una jaula […] se abrieron las esclusas a una oleada de avidez, avidez por todo lo que antes nos habíamos visto forzados a contemplar a distancia».

¿Será cierto que los países que han pasado por una dictadura están más predispuestos a la corrupción?

El caso es que Wallander se fija en que mientras hay penurias para el pueblo, también circula —para determinados bolsillos— el alcohol «una copa de whisky que costó casi lo mismo que la cena», la prostitución y las drogas. La situación llega a ser tan agobiante para el policía, que le viene a la mente la entrada al Infierno de La  Divina Comedia cuando pretende salir de Lituania, «Kurt Wallander tenía miedo. Más adelante recordaría los últimos pasos que dio en tierra lituana frente a la frontera letona como un andar de paralítico hacia un país desde el que podría gritar las palabras de Dante: ¡Abandonad toda la esperanza los que entréis aquí!».

Seguro que lo recordará siempre, al igual que por su mente pasan las experiencias vividas en Asesinos sin rostro, «cuando luchaban mano a mano por resolver el brutal asesinato de los dos ancianos de Lenarp», y las reflexiones que su amigo y compañero, muerto de cáncer, compartía con él constantemente, «Intentaba imaginarse las respuestas y reacciones de Rydberg y unas veces lo lograba y otras solo veía ante sí su cara demacrada en el lecho de muerte».

En Los perros de Riga, la solidaridad y disposición de Wallander a ayudar a quien lo necesite es evidente y su rasgo más característico; su físico no es destacable, siempre en lucha por bajar de peso aunque no pueda dejar la comida basura y siempre en lucha por controlar su ira aunque no consiga dejar la bebida; sin embargo su preocupación por el bienestar de los demás es algo prioritario, por eso no duda en trasladarse a un país cuyas condiciones de vida son infinitamente peores y las posibilidades que tiene para desenmascarar el intento de golpe de estado, imposibles. Pero debe ayudar a aquellos dispuestos a dar su vida por un futuro mejor. Y la novela se nos presenta tan realista que tenemos la impresión de irrealidad. La investigación apenas avanza, ¿qué puede hacer uno solo contra todo un complot mundial? Los sucesos se ralentizan y el lector, durante un tiempo, solo es consciente del miedo de Wallander, «comprendió que iba a morir y cerró los ojos». Pero es una novela y en este caso, el protagonista se verá salvado por quien menos se lo espera. La trama está tan argumentada con la humanidad de Kurt Wallander que no deja traslucir en realidad su valentía. La imaginamos, aunque es evidente que cuenta con mucha ayuda y mucha suerte. Probablemente por eso es más humano que cualquier otro detective de novela negra. Probablemente Henning Mankell escriba una novela negra más realista que la de cualquier otro escritor. No le importa denunciar los problemas entre los funcionarios, sobre todo los del departamento policial en Suecia: el bajo sueldo, la escasa preparación o los escándalos judiciales, «desde el ministerio […] A veces me dejan de lado a mí, otras es al ministro de Justicia a quien engañan, pero la mayoría de las veces a quien no le dicen más que una ínfima parte de lo que realmente está sucediendo es al pueblo sueco».

Los perros de Riga no son perros, son sombras que se mueven, cobardes, detrás de Wallander, detrás de quienes intenten un mundo mejor, más justo. Y como sombras permanecen a pesar de los esfuerzos de Mankell, a pesar de los esfuerzos de tantos por denunciarlo. Porque, aunque sean muchos, la jauría es peligrosa y no tiene conciencia.

domingo, 24 de octubre de 2021

LA COSTILLA DE ADÁN

¡Qué título tan acertado! Hace tiempo vi en televisión una película protagonizada por Katharine Hepburn y Spencer Tracy; disfruto aún con cualquier película en la que salga esta actriz, creo que fue una adelantada a su tiempo y eso se notaba incluso en el mundo ficcional en el que nos introducía. La película, La costilla de Adán, es la lucha por la consideración de la mujer no sólo como señora de, sino como señora, profesional de cualquier campo laboral.

En fin, 65 años después, Antonio Manzini escribe La costilla de Adán, el segundo caso del subjefe Rocco Schiavone.

Leí el primero, Pista negra, y me declaré fan del autor y de su creación. He leído este segundo y pienso leer todo lo que escriba de este policía, destinado en Aosta tras darle una paliza (que lo dejó tuerto y cojo) a un violador de niñas. Pero Rocco se tomó la justicia por su mano y el padre del violador era un político importante.

En esta entrega, Schiavone sigue sin habituarse al frío de las montañas, entre otras razones porque su abrigo Loden no está preparado para esas temperaturas y sus zapatos Clarks no resisten la nieve. Sigue hablando con Marina, su mujer asesinada cinco años atrás, de la que aún está enamorado «Marina es celosa de su calor. Siempre lo ha sido. Yo del mío no. Se lo daría todo. Se lo daría todo con tal de volver a abrazarla». Sigue manteniendo su escala de «tocadas de cojones» con las que pueden molestarle en su trabajo, Sigue hablando mal a ciertos subordinados un tanto inútiles, aunque confíe plenamente en su equipo y sigue impartiendo justicia a pesar de que no entre en sus competencias «—No eres juez […] —No puedes hacer siempre las cosas a tu manera». Pero creo que no será la última vez pues todo en su vida gira en torno a Marina, alguien que ya no forma parte de la existencia, por lo que nada lo ata tan fuerte a esta realidad como para temer alguna represalia.

En La costilla de Adán una mujer aparece ahorcada en su casa, aunque por las marcas del cuello todo hace pensar en que primero fue asesinada y luego colocada para simular un suicidio. Las pruebas van apuntando a un culpable, sin embargo hay algo que no le cuadra al subjefe Schiavone. Curiosamente el propio diario de la muerta le dará la solución y será Rocco quien, una vez más, sentencie la pena.

Antonio Manzini denuncia esta sociedad deformada a través de otro “héroe” que se suma a todos aquellos que nos hacen soñar con un mundo mejor, a pesar de ser tan antihéroes que a veces cuesta encasillarlos en el lado correcto de la ley. Nadie es perfecto. Rocco Schiavone tampoco, pero hay en él un no sé qué sentimental adorable y tanta rabia contenida que lo hacen más atractivo todavía. «—Hazme un favor —[…] escupe ese chicle o hago que te lo tragues […] Y entonces, de improviso, le endilgó un puñetazo en la barriga; el chico se dobló en dos […] Fabio Righetti se había tragado el chicle».

El protagonista es el eje de la novela y la novela es más que Rocco; a su alrededor trabaja un equipo que retrata con ironía la sociedad actual, incluso esa que creemos idílica, entre montañas, donde la belleza del paisaje es directamente proporcional a su inclemencia y en la que las pasiones más bajas del ser humano desentonan sobremanera en un lugar que casi toca el cielo.

El autor aprovecha estas discrepancias para retratar cuadros sociales típicos que permiten adivinar su labor como director de cine. Manzini nos deja una literatura de calidad que además nos divierte, nos entretiene con una estructura actual influida por la técnica narrativa de los mass media. Los personajes adquieren significado en un emplazamiento duro aunque sublime, por eso necesitan ayuda, evolucionan, se adaptan, sufren, hasta que consiguen centrarse para cumplir su función, para trabajar con la miseria humana sin que el entorno pierda su encanto, «bajo aquella luz amarillenta los copos volaban como polillas, a centenares, lentos y majestuosos. Le cayó uno en la mejilla. Rocco se lo secó. Alzó entonces la vista al cielo color acero y los vio abalanzarse sobre él por decenas. Surgían de la oscuridad y tomaban cuerpo a pocos metros de él».

En ocasiones podemos pensar que en la trama se insertan datos, situaciones o hechos irrelevantes, pero están ahí con pleno derecho porque redundan en la fascinación del lector y en el conocimiento que este puede llegar a tener del protagonista. La novela policíaca de Manzini no usa la literatura como un laboratorio científico sino que, además de observar las complicaciones de la realidad les aporta vida y las empapa con la vida de Rocco Schiavone; de ahí que estemos ante una obra de arte que nos deleita e inspira y nos permite vislumbrar las sensaciones del autor para que reflexionemos con él.

No es que se dé una trinidad autor, narrador, personaje porque no es una autobiografía, pero sí hallamos un dúo narrador protagonista que denuncia no solo lo que ve y se demuestra legalmente, también evidencia las irregularidades intuidas por el autor, esas que quedan invisibles, por lo que si se castigan indirectamente el daño no puede salir a la luz, porque lo dañado es algo fantasma. «Rocco se despidió y salió del despacho pensando que un ciclotímico como aquél no debería estar en la fiscalía, sino en una casa de reposo para ponerse hasta las cejas de medicinas y curarse con largos paseos meditativos».

Con un final rápido e inesperado, Rocco lanza un guiño al lector al dejar encubiertas ciertas actuaciones no del todo legales. Son gestos textuales que tienen una correspondencia con la intención de Manzini para conseguir el efecto propuesto. En este caso la tolerancia cero ante el maltrato de sexo.

Ninguna mujer ha de quedar oculta entre las humillaciones, los golpes o los asesinatos de los hombres. Si ellas no tienen el valor para denunciarlo siempre debería haber alguien que las ayudase para que casos como el suyo no volviesen a ocurrir. El autor vuelca en Rocco la capacidad de conseguir este deseo, por eso el subjefe ficticio se nos hace tan real, tan cercano. Todos llevamos dentro algo de Schiavone, de ahí que desde el primer momento empaticemos con su ira, su sarcasmo, su dolor, sus actos intimidatorios y su compenetración con los débiles. Y quedamos atraídos porque estamos ante buena literatura, en la que los rigores formales de su construcción están supeditados a la posición ética de garantizar el placer del lector.

miércoles, 20 de octubre de 2021

GUSTAVO, EL FANTASMA TÍMIDO

Que ningún niño sea invisible

Que los fantasmas acudan

a su mente para hacerlo reír

Que le digan caricias sonrosadas

Que lo acunen en la brisa

de la mañana

Que lo paseen por el cielo

en el tobogán de sabor añil

Que a su voz cantarina comparezcan

monstruos divertidos con

largas cadenas de regaliz

Que aprenda junto a otros niños

las letras del alfabeto

Que hagan la o muy abierta y

quepa todo el firmamento. Infinito

 

Infinito cariño

Saber infinito

Eterno beso

Estos son los sentimientos que despierta cualquier niño, y a nuestra mente acuden beatíficos para alegrarnos la vida y hacernos sentir mejores.

Pero… Dejemos lo idílico ficticio a un lado; no nos olvidemos del pequeño monstruito que todos llevan dentro; oculto para salir de cualquier lugar de la casa donde repose tranquilo un balón, de cualquier rincón del patio en el que sobresalgan las coletas recién hechas de la hermana pequeña, de ese mueble que pide a gritos ser escalado hasta lo más alto, de esa tienda en donde las chuches se alinean eficientes para ser devoradas por colores.

Monstruitos que, tras una sonrisa, vuelven a ser ángeles.

Flavia Zorrilla Drago conoce a los niños, por lo que, en un texto rebosante de encanto y sencillez expone las inquietudes de su protagonista, un fantasma que por su excesiva timidez se ve privado de la compañía de los demás. El miedo a ser rechazado, quizás, hace que Gustavo, el fantasma tímido no pueda relacionarse con los demás monstruos. A Gustavo le gustaría disfrutar de forma monstruosa. ¿Y cómo son los monstruitos del cuento? Flavia Z. Drago nos los descubre: revoltosos, divertidos, capaces de comportarse como un batallón con los amigos y desvalidos, tanto que pueden retener toda la tristeza del mundo cuando se sienten solos.

Recordemos, con la historia de Gustavo, ahora que se acerca Halloween, a esos monstruitos que nos rodean capaces de derretirnos el corazón. Los niños se van a divertir con este libro de Edelvives pues, estimulados por estos personajes y las acciones que realizan, pueden descubrir un nuevo disfraz favorito para esta fecha que, por supuesto, también les servirá para disfrutar en cualquier otra ocasión.

Es un cuento maravilloso en el que el protagonista, Gustavo, es el héroe sin saberlo, ya que se atreve a vencer sus miedos, al afrontar una situación que lo agobiaba. Decide mostrarse tal como es y eso gusta a los demás. A veces imaginamos problemas donde no los hay. En realidad la historia da mucho de sí, ya que una vez que conocemos la trama podemos representarla siguiendo al pie de la letra lo que ha escrito la autora o adaptándola a otras preocupaciones que puedan presentarse a los niños. El caso es que ninguno se sienta solo. Este es el mensaje que Drago nos da en su cuento, tanto al narrar como en sus ilustraciones. Las imágenes son totalmente enriquecedoras pues aportan detalles adicionales al texto escrito, incluso por sí solas añaden mensajes, consiguiendo una comunicación evidente y efectiva con los más pequeños.

Los que aún no saben leer seguirán, a través de las imágenes de la ilustradora, el hilo de la historia sin ningún problema. Además, como Gustavo adopta diferentes formas, la maleabilidad de los fantasmas es por todos conocida, el niño estimula a su vez la capacidad de atención, pues debe encontrarlo en cada página camuflado con el entorno. En realidad los dibujos son fabulosos, expresivos y capaces no solo de alentar la imaginación sino también de crear lazos entre los niños; es lo bueno de ser monstruos, todos son diferentes, así que los fantasmas conviven con Frankenstein, el hombre lobo, el invisible, la momia, el vampiro, el esqueleto… no hay iguales. Y conviven. Otro bello mensaje para razonar con los niños.

En la vida real es muy difícil vencer la timidez por eso Flavia Drago anima a los pequeños a que compartan sus experiencias con los otros, para que los demás puedan conocerlos, para que desde la guardería disfruten de amigos, valoren después la amistad y tengan más posibilidades de crecer sin contratiempos.

Agradezco cualquier libro que leo, al autor por escribirlo y mostrarme su punto de vista sobre infinidad de asuntos. Y a quien lo regala —cuando es el caso— porque me ofrece su amistad.

Los dos niños que más quiero, Darío y Carlota me trajeron este cuento de la Feria del Libro. El caso es que venía dedicado por el “nomo Roco” y me quedé algo descolocada pues de todos es sabido que los Gnomos vienen a casa el 24 de diciembre al mediodía ¿Será que han decidido hacer incursiones por su cuenta? En fin, leí el cuento con ellos y la poesía que encabeza esta reseña es el resumen de lo que siento.

Gracias, un día más, Darío.

Gracias, un día más, Carlota.

jueves, 14 de octubre de 2021

LA VERDAD IGNORADA

De nuevo tengo que agradecer a Babelio un regalo. Me llegó en la penúltima edición de Masa Crítica y, aunque estaba segura de que era bueno (Cátedra es una garantía y el autor, un erudito en literatura), no me esperaba el tesoro que contenía.

La verdad ignorada saca a la luz asuntos, detalles de ciertos autores (representantes de tantos hombres) que, a principios del siglo XX hubieron de luchar contra sus sentimientos, sus deseos más íntimos, para que no se notaran en una sociedad marcada por las reglas de la moral religiosa. Reglas que, además, no se aplicaban de la misma manera, pues siempre era un seguro pertenecer a la clase social alta y, sobre todo, moverse en círculos culturales. Aun así, escritores como Benavente sufrieron  maledicencias por parte de intelectuales de izquierda, el punto ácido de Gómez de la Serna salpicaba a todos, que veían la homosexualidad casi como un esnobismo.

Porque en realidad, en lo más hondo de la sociedad, se pensaba (aún hoy en ciertas esferas) que al homosexual se le pasaban sus deseos con una buena mujer a su lado que supiera atraerlo. De esta manera tantos matrimonios desgraciados, tantas vidas perdidas, tantos ánimos deprimidos y tanta ira de aquellos que no tuvieron libertad de expresión.

Emilio Peral Vega ahonda en nueve escritores que dejaron en su obra, más o menos de forma evidente, su preferencia sexual y los sufrimientos que les acarreó a pesar de que a algunos, como Álvaro Retama, no les importara pasar temporadas en la cárcel por escándalo público; otros como Benavente, se acogieron al régimen para estar más o menos protegidos y otros como García Lorca, tuvieron un final perpetrado por mentes cobardes y envidiosas.

El estudio se lleva a cabo en orden cronológico, de manera que el primero que aparece es el Premio Nobel Jacinto Benavente, triunfador social que, sin embargo, ocultó sus deseos en metáforas modernistas o en referencias veladas a la antigüedad tomadas de los poetas uranistas, un grupo de poetas ingleses que, entre 1850 y 1930, plasmaron de forma idealizada, en poemas conservadores, las relaciones que en la antigua Grecia tenían lugar entre hombres adultos y adolescentes.

A lo largo de su obra asistimos a la desilusión por no gozar de un amor verdadero, «Y al asomarse a tus ojos, mis ojos, / viste el fuego y no viste la luz»; probablemente por esto decidió en su madurez, como Pigmalión, contemplar la belleza del amor, «Yo gozo con sus goces / y sus besos, que para mí no son».

Asume el dolor sufrido en silencio y destapa su ira contra aquello que lo hizo diferente para su propia angustia y la ocasionada a su madre, «yo sé que Dios ha de perdonarme; / pero yo a Dios, no».

En su teatro, el autor establece atracciones homosexuales, aunque todo se resuelva al final de forma heterosexual. Adapta las relaciones ambiguas, o explícitas, que Shakespeare estableció en Noche de Reyes, a su Cuento de amor, advirtiendo que no se busque lógica, pues todo pertenece a la imaginación. También usa la lejanía temporal y espacial, en La sonrisa de la Gioconda, para que una cohorte de jóvenes dance en torno al Senex, a modo de la poesía uranista. El travestismo de nuestro teatro del Siglo de Oro también es una buena solución para enmascarar la verdad.

Y, por supuesto, las insinuaciones homosexuales del viejo Crispín al joven Leandro (Los intereses creados), se hacen como obligación que tiene cualquier criado para escalar socialmente «puede ser criado de algún señor poderoso que se aficione a él y le eleve hasta su privanza».

Tristeza absoluta la de aquellos que no tuvieron libertad de palabra o de actuación y debieron hacerlo a través de sus personajes, «Mi arte fue un modo de vivir. Por eso fue tal vez mezquina expresión de mi vida»

Emilio Peral repasa la novela homoerótica de principios del siglo XX en tres autores probablemente no tan conocidos (la censura deja su huella), Antonio de Hoyos, Álvaro Retama y Alfonso Hernández Catá, para que seamos conscientes de las vueltas que tuvieron que dar si querían publicar. Los tres encarnaron la lucha contra los valores burgueses de la Restauración, satirizando una sociedad cerrada a los avances culturales europeos por causa de la Iglesia, la política o el sistema judicial. Autores que, preocupados por dotar al ser humano de identidad libre, tuvieron que disfrazar sus obras de misticismo o dotarlas del voyerismo surrealista que se impondría después o plagarlas de referencias mitológicas para, en El martirio de San Sebastián, encubrir las humillaciones y asesinatos cometidos con los homosexuales; marcar los sentimientos homoeróticos como prácticas depravadas en Locas de postín; o explicitar las autocensuras que los propios homosexuales se imponían para intentar evitar sus deseos en El ángel de Sodoma.

Tristeza absoluta que se deriva de una «existencia fracasada, alimentada por la culpabilización propia y ajena y condenada, por tanto, a una resolución fatal». A esta conclusión llega Peral Vega y parece que fue la misma a la que llegaron los Martínez Sierra. El autor de La verdad ignorada nos regala, al final del volumen, Sortilegio, obra de teatro inédita, firmada por el matrimonio, que representa cómo las vidas pueden echarse a perder por pecar de inocencia; es el caso de Paulina que, enamorada de Augusto, no quiere ver la homosexualidad de este a pesar de que no sea a ella sino a Francisco a quien dirija sus halagos, mientras que para ella tenga expresiones envueltas en el cariño más fraternal «hija», «mi niña». Por su parte Francisco sufre estoicamente el amor, no correspondido, que siente por Paulina. Beatriz, la madre de Augusto, arruinada, pretende casar a su hijo con Paulina, rica heredera.

En el segundo acto aparece un matrimonio raro, Augusto se aflige cada vez que deja a Paulina para ir en busca de Leonardo, su enamorado, y ella padece porque no quiere ver de dónde viene la falta de pasión de su marido. Cuando por fin él le dice que nunca sentirá nada sexual hacia ella, Paulina, tras pasar por una depresión-locura, intenta darle celos con Francisco, quien la rechaza pues sabe sus verdaderas intenciones, sabe la orientación sexual de Augusto y sabe que ella quiere utilizarlo. Augusto decide finalmente suicidarse para que Paulina pueda ser libre, ya que él había entrado en un círculo de “pecado” que no le permitía vivir sino dañando a quienes tenía a su alrededor.

Tragedia, indudablemente, que refleja el tormento sufrido por aquellos que se sentían diferentes y, lo que es peor, que la sociedad consideraba diferentes y no los aceptaba.

Alguien debería lleva a escena esta obra, pues aunque está escrita hace casi cien años, algunos siguen anclados en esa época.

En este estudio no podía faltar Federico García Lorca, quien del simbolismo europeo aprendió las posibilidades que ofrecían las fábulas para reflexionar sobre posiciones y vicios humanos. A los animales unió la simbología del color y la que se desprende de la Comedia del Arte italiana. Por supuesto, Shakespeare continúa siendo el maestro. Observamos cierto paralelismo entre Oberón (El sueño de una noche de verano) y Curianito (El maleficio de la mariposa) quien rechaza a su curianita enamorada para (travestido) acercarse a la mariposa que lo rechazará, provocando su suicidio. El deseo homoerótico, limitado al voyerismo, lo encontramos en El amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín. Cuando Perlimplín se ve incapaz de satisfacer a su mujer, se traviste de joven, pero al ser consciente de que no va a poder seguir la farsa hace que Perlimplín joven mate a Perlimplín viejo.

En los Sonetos del amor oscuro también encontramos el tinte trágico que adquiere la oscuridad, asociada a la enfermedad de amor. La dependencia emocional está latente en Lorca y prevalecen los momentos de contrariedad y desamparo por la ausencia.

Comparto la opinión de Peral Vega en que Cernuda sea quien «expresó con mayor rotundidad, dignidad y contundencia el deseo homoerótico en el arranque del siglo XX». Empieza describiendo placeres onanistas para luego asistir con temor surrealista a la excitación, aunque finalmente sea en el fluir del verso libre donde mejor expresa el pesar que siente. Si los espacios cerrados impedían al poeta avanzar «El afán, entre muros / […] / sin ayer ni mañana», verá en las estrellas la esperanza de su libertad sexual, «donde mis ojos, estos ojos, / se despiertan en otros». Luis Cernuda va haciéndose fuerte y, aunque la realidad hostil atemoriza su orgullo, se ve capaz de destruirla «Abajo, estatuas anónimas / sombras de sombras, miseria, preceptos de niebla». El poeta da comienzo al amor y da paso después a la tortura de la ausencia, al recuerdo y al olvido como única solución a la tristeza que lo embarga. Soledad, tristeza y poeta, términos que irán siempre juntos por ser «amor de justicia imposible».

Emilio Peral termina su recorrido del homoerotismo en la España de la preguerra civil con Eduardo Blanco-Amor, otro poeta homosexual, republicano que tuvo que afincarse en Buenos Aires, huyendo de la opresión que lo señalaba. Por una carta a García Lorca sabemos que fue en busca de un joven, que luego no le correspondió. Valiente a la hora de confesar sus sentimientos, no duda en desvelar escenas de masturbación, felación y «unión íntima de los dos cuerpos: … y los crujidos de tu carne tierna / te irán formando el alma en los adentros».

Sin embargo, la poesía de todos ellos, la literatura, queda cubierta por la melancolía del recuerdo, del deseo, de la opresión. Quizá por eso Blanco-Amor escribiera en un poema dedicado a su querido García Lorca, cuando supo de su muerte


Arcángel en tu nube nos esperas

en el portal del tiempo victorioso,

vivo en tu vida, más que nunca viva

Emilio Peral nos recuerda que no todo en la vida es blanco o negro, que no hay verdades absolutas y que los más bellos sentimientos pueden venir de todo lo que nos rodea.