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martes, 28 de julio de 2026

LA VERDAD OCULTA DE WALTER ANDRETTI

No cabe duda de que estamos ante una novela negra diferente. Es cierto que tiene aires mediterráneos pero nada que ver, o casi, con la saga de Rocco Schiavone, aunque también fuera escrita por Antonio Manzini y aunque en esta aparezcan guiños a las del subjefe de la policía de Aosta, como las comparaciones entre humanos y animales «con la sombra desdibujada en torno a los ojos, parecía “un mapache”»; el gusto por los zapatos caros «¿De verdad se pueden desembolsar 200 € por unos mocasines?»; la misma metáfora para referir algo irritante «La típica tocada de pelotas del director»; y, por supuesto las continuas ironías hacia la clase alta.

Lo que está claro es que el autor se ha consagrado como uno de los mejores noirs actuales. Con una estructura original, una trama inquietante y un final sorprendente, La verdad oculta de Walter Andretti se hace imprescindible para este verano.

Comienza la novela con un prólogo en el que Andretti envía a una desconocida un «voluminoso pliego» con una historia, el 25 de octubre de 2018.

La Primera Parte da paso a la lectura que esta desconocida realiza del testimonio de Andretti, en el que comienza con una reflexión para advertirnos de que a veces se nos pasan por alto detalles de la verdad de un hecho porque «La arrogancia es nuestra peor enemiga». Andretti se presenta: era un periodista deportivo hasta que lo trasladan a “sucesos”, momento del comienzo de la historia. El periodista advierte que además envía un manuscrito que no es suyo. Y, con esta incertidumbre, la mujer da comienzo a la lectura y nosotros también.

Con una minuciosa descripción nos situamos en una vetusta casa en decadencia. Tuvo su momento de esplendor, pero ahora, un narrador en tercera persona se ocupa de ponernos al día de quién y cómo vive ahí «porque en su despacho, vetado para el mundo, Carlo Cappai usaba focos halógenos y mantenía ventanas y postigos cerrados a cal y canto».

El narrador deja a Cappai trabajando y retoma el relato con Flavio Zigon, un empresario racista y sin escrúpulos al que quitan la vida de un tiro mientras una nigeriana le practica una felación.

El narrador omnisciente regresa a Cappai, así conocemos que trabaja desde hace 30 años en el Archivo Judicial, por lo que está informado de todos los casos que pasan por allí. Una de sus funciones es destruir los expedientes de las sentencias absueltas, algo que el funcionario no lleva a cabo con según qué casos, como el de Luigi Sesti quien «sonreía siempre. La vida era para él un camino de rosas, la vivía con la ligereza de quien se sabe superior, importante y al margen de la ley de los hombres». También conocemos de Cappai su vida privada, tiene 58 años y vive solo en una casa en la que no ha cambiado nada, ni siquiera tras la muerte de sus padres.

La narración va haciendo sitio al diario de Andretti, que comienza el 5 de febrero, cuando ocurrió el asesinato de Zigon y él es enviado a cubrir el suceso. Andretti, a pesar de ser un novato, va uniendo cabos al relacionar a Zigon con el asesinato sin resolver de su excompañera Laura Faruk, algo que no se pudo comprobar judicialmente.

También resultaron absueltos los sospechosos de asesinato de Giada, su amiga, durante una manifestación estudiantil cuando tenía 16 años y de los padres de Daniele Martellini cuando estos decidieron compartir la herencia con su hermana Luisa.

Asesinatos de los que Cappai tiene los expedientes y se los va dejando a Andretti, por lo que el periodista va sacando conclusiones al ir a «buscar las fuentes de primera mano». Una labor minuciosa que coloca a Walter por delante de la investigación policial mientras se da cuenta de la farsa que los jueces representan ante según qué personas. Algo que Carlo Cappai sabía de primera mano «Crece, Carlo, y ¡lo entenderás! Él desencadenó la tormenta y salió de su casa dando un portazo bajo la mirada gélida de su padre».

Quien crece, y mucho, a lo largo de la historia es Walter Andretti que empieza como vacilante periodista de sucesos a ir desarrollando al máximo la sagacidad y la responsabilidad en las investigaciones criminales que lleva a cabo, si bien es cierto que pone el colofón a cada paso que da con símiles deportivos que describen su punto en la investigación, algo que acerca al lector y consigue una total empatía, «la esfera está en el centrocampista que supera a un adversario, sirve al ala en el área de penalti […] un tiro zurdo que va a besar la escuadra y… ¡gol! ¡Andretti dos, Cabrona uno!».

Varios narradores, cada uno con un estilo diferente, consiguen que Manzini demuestre, como Andretti, un trabajo juicioso desde el que el lector puede tener diferentes perspectivas de un mismo hecho. Lo personajes son de una psicología profunda, capaz de introducirse en la mente del lector y en el corazón. Los entendemos, los queremos aunque debamos reflexionar si sus actos son moralmente aceptables; si la justicia no lo es tanto según las leyes o es que hay leyes diferentes para cada uno. ¡Cómo es el hombre! capaz de olvidar actos deleznables y recordar otros clamando venganza.

Lo importante de la novela de Antonio Manzini no es la intriga, no es descubrir al asesino mientras leemos; lo fundamental es que el autor nos obliga a reflexionar sobre aquello que puede hacer que traspasemos los límites éticos que marcan la moral.

La justicia se tambalea, la verdad periodística también. Es normal el favoritismo en una sociedad que proclama derechos humanos imparciales. Con un estilo periodístico, Andretti puede ser el iniciador de una saga en la que los temas estén relacionados con la culpa, fruto de venganzas agazapadas con el principal objetivo de obtener justicia.

martes, 2 de junio de 2026

EL FRAUDE ES EL FUTURO

Cada vez que leo una novela de Petros Markaris me siento como si estuviera ante un periódico o un noticiario televisivo; el tema es real, actual y predictivo, es algo que, al menos yo, considero no solo que está pasando sino que irá a más. El protagonista, Kostas Jaritos, es un policía sencillo, totalmente anclado en la cotidianeidad; no es la típica figura principal de la novela negra. Kostas necesita a sus subordinados para resolver los casos, a sus superiores para enfadarse sin perderles nunca el respeto y a su familia para sobrellevar el día a día. La familia de Jaritos y los verdaderos amigos, que también son familia, consiguen que su salud mental no se resienta después de todo lo que ve en la calle; consiguen que sea un hombre feliz.

El Jefe de las Fuerzas de Seguridad del Ática es un hombre discreto que no se ha visto atrapado por el poder ni el dinero, por eso es capaz de hablar con un comunista recalcitrante sin ningún tipo de problema. Zisis y él son amigos y, cada uno desde un lado de la política, quieren el bienestar de la sociedad. Así de fácil. Ojalá aprendiéramos de estos personajes en los que intuyo mucho del propio Márkaris, un hombre de bien, compenetrado con los perdedores de este sistema capitalista en el que vivimos que no pierde la oportunidad de denunciarlo.

El fraude del futuro lo tenemos ya con nosotros; la inteligencia artificial escribe tesis a aquellos alumnos que no quieren esforzarse, libros a escritores mediocres que pretenden ser reconocidos por algo que no han hecho. Siempre han existido personas que trabajaban para la gloria de otros pero la inteligencia artificial está alcanzando unos niveles de perfección tales que, en unos años cambiará la concepción que tenemos del arte. El fraude es el futuro nos introduce en ese mundo cuando un vigilante de seguridad del yacimiento arqueológico de Elefsina aparece muerto y varias piezas de la Antigüedad han sido sustituidas por réplicas elaboradas mediante I.A. Para algunos, lejos de suponer un problema, implica una medida de enriquecimiento. El equipo de Jaritos debe resolver hasta cuatro asesinatos y la recuperación de las piezas. Cuando la ciencia y la tecnología quedan en manos de redes ilegales artísticas se nos presenta, ante todo, un problema moral.

El punto de vista de la novela es el del protagonista, el jefe de policía Jaritos quien, eligiendo los momentos para él fundamentales, nos va contando su día a día desde la mañana hasta que llega a casa, habla con Adrianí, su mujer, cena, ven un rato la televisión y se acuestan. Otros días va al refugio de inmigrantes, que ahora es Adrianí quien dirige mientras que Zisis se repone de su ataque al corazón; allí lo esperan normalmente sus amigos, su hija, su yerno y su nieto Lambros para pasar un rato agradable y cenar antes de finalizar la jornada. Son momentos felices que Kostas agradece por muy cansado que esté «Cuando termina de cenar, Fanis se pone de pie. —Se acabó el recreo por hoy —le dice a Zisis—. Ahora tú te irás a tu habitación y nosotros, a casa. La velada de la alegre subversión ha concluido y subimos a los coches para poner rumbo a nuestras casas… y a nuestras camas».

Creo que esta es la decimosexta entrega de la saga Jaritos y Márkaris se mantiene fiel a la estructura en la que uno de los apartados más importantes del día a día es el final de la jornada. También los lectores estamos deseando conocer en qué consistirá la cena, cómo disfrutarán los mayores con el pequeño Lambros y cómo estarán dispuestos siempre para una palabra amable hacia el otro.

La voz de Kostas aporta su versión íntima de lo que sucede. Con ello nos priva de saber la interpretación de los demás, hemos de confiar en sus impresiones y lo hacemos porque empatizamos desde el primer momento con el protagonista, porque a través de los diálogos intuimos que el resto de personajes está a gusto con él «Mi intuición demostró ser acertada. Adrianí me contó las buenas noticias del refugio y me describió el primer paseo de Zisis por la cocina y el vestíbulo».

Todo es asequible en la novela de Petros Márkaris, el vocabulario natural ayuda a la lectura, las comparaciones cotidianas favorecen que los lectores entendamos la situación «Como nos estamos ahogando en mar abierto, hasta unos manguitos de niño nos serían de ayuda», los platos que preparan, de los que dan buena cuenta, no pueden ser más sugerentes: pulpo al vino, arroz con mejillones, albóndigas con salsa de huevo y limón, tomates rellenos, bocaditos de pollo con jilopites… Y las frases hechas, de carácter popular, también tienen su lugar en el estilo, «nos agarramos a un clavo ardiendo».

Hay otros lugares comunes en la saga: la denuncia al tráfico nefasto por causa de las obras constantes poco eficaces; la introducción de cartas a la policía o a altos cargos políticos en las que los delincuentes piden llegar a acuerdos para salir indemnes


Señor ministro:

[…]

Atentamente,

Grupo de Revitalización del Legado Antiguo

En otras ocasiones la policía recibe comunicados anónimos para instarla a decidirse.

Asimismo, el que la policía vea coaccionada su actuación a causa de intereses políticos representa una situación habitual en las novelas, «Sé que el director está de mi parte pero esto no me supone ningún alivio, puesto que mi superior es rehén del ministro, igual que yo».

No faltan, por supuesto, costumbres sociales que van cambiando para estresarnos más en general, al “obligarnos” a un consumismo desmedido «la mamá de Nikos su amigo, había organizado una fiesta de cumpleaños perfecta. Claro que eso al final me pasará factura —añadió […] en algún momento ella también tendrá que organizar una fiesta».

Y, sin duda alguna, no podemos terminar la novela sin la visita obligada de Kostas Jaritos al Dimitrakos que, aunque parece algo aislado, no solo a él, también a nosotros nos ayuda a entender mejor las expresiones que usamos para nombrar algunos conceptos


inteligencia. f.  Capacidad de comprender o entender / Habilidad, destreza y experiencia.

En fin, siempre es un placer compartir la sencillez e inteligencia de Petros Márkaris.

viernes, 13 de junio de 2025

LA IRA DE LOS HUMILLADOS

Petros Márkaris, después de treinta años, sigue denunciando las injusticias sociales. En la última entrega de la saga de Kostas Jaritos, La ira de los humillados, hay mayor carga de sátira social que de intriga policial; desde el primer momento casi, el Jefe de las Fuerzas de seguridad del Ática, junto a Antigoni Ferleki, la jefa de la Brigada de Homicidios, sospechan de quiénes podrían ser los asesinos de un profesor de matemáticas en la Facultad de Economía. El caso se va complicando cuando también matan a un profesor de instituto y, más tarde, atentan contra un jefe de una empresa tecnológica extranjera con sede en Atenas.

Los miembros de la policía no necesitan violencia ni engaños para que los culpables confiesen. Jaritos y Ferleki preguntan, razonan y los responsables hablan sobre lo sucedido. No hay violencia en la novela a pesar de los asesinatos. Sí hay crítica sociopolítica en las causas de la desaparición del estudio de las Humanidades; de la apatía que muestran los jóvenes hacia la cultura y las tradiciones: «La razón no es únicamente la reducción del interés de los estudiantes, sino también la progresiva marginación de los estudios humanísticos». Y hay crítica en las consecuencias: estamos creando sociedades sin arraigo, «El conocimiento de la historia y de la civilización es la base sobre la que se sustenta una ciudadanía concienciada».

Está claro que la denuncia le interesa a Márkaris, y además tiene razón. El problema del desprecio por las humanidades no es solo en Grecia; estamos acostumbrándonos a que vayan desapareciendo de los institutos el Latín, el Griego, la Cultura Clásica o las horas de Lengua y Literatura. Al mismo tiempo vamos asumiendo con relativa normalidad la corrupción; no solo en España, no solo en los políticos. La corrupción alcanza a todas las esferas y llega a todos los lugares. No nos importa que el mundo esté en manos de pederastas, asesinos o genocidas mientras no toquen nuestra escasa parcela. Nos vamos habituando a chillar sin pensar… Así nos va. Pero esto es otro tema que habría de ser tratado y cortado de raíz.

En La ira de los humillados, el autor expone qué ocurre cuando unos chicos han sufrido acoso en el instituto: un atosigamiento por parte de los profesores para que elijan ciertas materias tecnológicas porque son el futuro; burlas de los compañeros hacia los que destacan en “letras” por ser considerados “raritos”. Y ocurre que esos chicos terminan estudiando, trabajando en algo que no les gusta, algo que aumentará su frustración y el deprecio y odio hacia una sociedad a la que no aman. Algo que irá abarcando otras esferas hasta crear un nudo gordiano casi imposible de deshacer. Pero Kostas Jaritos tiene por bandera el respeto y el amor a la familia, a los necesitados y a los oprimidos. Solo con estos valores podrá resolver unos delitos que ya vamos admitiendo como parte del sistema «El miedo a ser víctimas los convirtió en victimarios».

Para este policía no hay partidos políticos sino personas y él sabrá distinguir quién merece la pena y tendrá en cuenta sus consejos. La novela está relatada por Jaritos, en primera persona del presente, momento a momento; de esta manera no olvida contar actos o hechos que podrían ser innecesarios porque no aportan nada para la resolución del caso pero confirman el carácter humilde de este jefe de Policía al que tampoco su último ascenso se le ha subido a la cabeza «Yo estaré presente, pero el interrogatorio lo haréis vosotros. Solo intervendré si es necesario».

Creo que su sencillez es lo que le hace no dar nada por sabido; por eso continúa, a pesar de los años, utilizando el diccionario cada vez que duda sobre algo; solo así podrá resolver un dilema sabiendo con seguridad a lo que se enfrenta. Solo así ironiza sobre un amor por la lengua que se mantiene intacto: «tecnología. f. […] Pobre Dimitrakos, algo sabes de economía, pero en tecnología eres un desastre, pensé mientras cerraba el diccionario».

La crítica social se amplía con cierto sarcasmo al referirse al ámbito político; el Ministro del Interior no se lo pone fácil y entre él y el Ministro de Educación no hay colaboración. Es una competición para ver quién sale indemne de los desórdenes sociales. No importa tanto la solución como ser culpabilizado. Sin embargo, se trata de Márkaris, fiel reflejo, creo, de su personaje, por lo que no incide demasiado en la dejación de responsabilidades de los políticos. No hace «leña del árbol caído»; se limita a exponer la realidad de una sociedad en la que destacan la escasez de recursos policiales, la mala estructuración urbanística y educativa o la falta de recursos para los inmigrantes…, lugares comunes que trata en su obra, que pueblan las páginas de sus novelas una y otra vez. En esta ocasión aparece algo nuevo que parece también de carácter universal: los pakistaníes que emigran a otros países y solucionan su vida con pequeños comercios de frutas y verduras, abiertos con horarios imposibles para el descanso «Ellos abren sus tiendas a primera hora de la mañana y cierran bien entrada la madrugada. Lo sé por un africano que tiene una tienda similar cerca de mi casa. El pakistaní nos ha dicho que vio…».

Pues sí, en este caso un pakistaní, que no es griego, ayuda a la policía griega a resolver el caso. Fuera de la novela, otro pakistaní llamó por teléfono al dueño de un bar, en Cartagena, cuando por la noche entraron a robarle aprovechando que había tenido que ir al hospital gravemente enfermo. No tiene que ver con La ira de los humillados pero al leer este pasaje me vino a la mente este suceso que viví en primera persona. A veces los humillados nos dan lecciones de civismo y convivencia.

Está claro que Márkaris escribe una novela cercana en la que detalla la forma de vida de Kostas Jaritos, una cotidianeidad que puede no ser tan usual, aunque sigue siendo envidiable, y una forma de trabajar que no requiere de héroes pero tampoco acepta canallas que pongan zancadillas


—Hay otro camino […] —dice Askalidis.

—¿Qué camino? —pregunto.

—…quizás debamos empezar por…

—Te felicito, Zanos. Es una idea muy buena…

—Hay un problema —interviene Kollas…

—En eso tienes razón —reconoce Antigoni.

Márkaris es el autor de la novela negra de intriga, social, política. Leyendo a este casi nonagenario de mente lúcida aún creemos en la justicia social y deseamos que sea leído por todos para que nos inculque su apoyo a los perdedores sociales.

Leyendo a este estambulí entendemos temas actuales y transformaciones sociales que han saltado de Grecia para conformar, al menos, un panorama europeo que va perdiendo valores morales y tradicionales.

miércoles, 17 de julio de 2024

LA REVUELTA DE LAS CARIÁTIDES

Si decidimos leer el último libro de Petros Márkaris no pensemos que nos vamos a encontrar con una novela negra. Al menos, no una novela negra al uso. Cuando comenté La hora de los hipócritas la califiqué de novela roja, me dejé llevar por la ideología del autor. También hay una llamada a la movilización de los trabajadores en Ética para inversores.

Larevuelta de las cariátides no defrauda a quienes buscamos, de este autor casi nonagenario, la constante denuncia social y su persistente llamada en favor de la unidad familiar. Una familia que no tiene por qué estar compuesta por personas que llevan la misma sangre, sino por los que se ayudan, se quieren y comparten lo que tienen. Un modelo familiar que empieza a quedar alejado de las ciudades.

En la última entrega de Kostas Jaritos, el ahora jefe de las fuerzas de seguridad del Ática debe enfrentarse de nuevo a una protesta, pero Márkaris da un paso más y en La revuelta de las cariátides coloca a la mujer como principal protagonista. El autor cede su voz a las manifestantes y pide justicia para los asesinatos ocurridos, porque quienes se quejan, quienes levantan la voz para advertir de posibles engaños son mujeres; porque es hora de que la mujer ocupe un lugar en la sociedad que solo le era permitido al hombre y hay hombres, muchos todavía, que no toleran esta igualdad, «Es materialmente imposible ofrecerles protección policial a todas ellas […] ser cautas y evitar circular solas por la calle […] serán objeto de mofa del personal masculino […] recibirán comentarios hostiles…». La violencia machista está tras las páginas de La revuelta de las Cariátides y para combatirla, nada mejor que una mujer, Antigoni Ferleki, la nueva jefa de homicidios, secundada por Jaritos y con la colaboración al completo de su departamento.

Ni Ferleki ni Jaritos descartan pedir ayuda a todos los que pueden colaborar para esclarecer los problemas, ya sean emigrantes, abogados o profesores de universidad. Estamos en el siglo XXI, así que las redes sociales son las más indicadas para efectuar un llamamiento, tanto en contra como a favor de cualquier situación, «…y esta vergüenza no recae solo sobre esa persona que lo ha aplaudido, sino también sobre nosotros, los que componemos el mundo de la arqueología, porque es uno de nuestros colegas».

En esta novela llegan a Atenas unos empresarios estadounidenses que pretenden remodelar la ciudad para atraer al turismo y proponer a la Grecia Antigua como modelo. La Inteligencia Artificial construirá en el espacio una réplica de la Hélade y de sus guías, personajes famosos del mundo clásico, también, «Grecia podría convertirse en uno de los países económicamente más pujantes de Europa […] la seguridad de estos empresarios es crucial […] preparen un plan para su protección».

La respuesta no se hace esperar, un grupo de chicas, estudiantes de Historia del Arte, se disfrazan de Cariátides y se manifiestan mostrando su disconformidad. Cada lugar de Grecia tiene una historia, no hay que crearla artificialmente porque, además, las mujeres de la Antigüedad eran tratadas como madres, objetos sexuales o esclavas y no hay que volver a eso, «Recordad a Ifigenia, […] Acordaos de Antígona […] Casandra […] Todos estos crímenes han sido olvidados, pero permanece indeleble el recuerdo de una única asesina, Clitemnestra, que mató a Agamenón, para que luego su propio hijo la matara a ella».

A raíz de esta protesta, son asesinadas dos manifestantes y otra mujer muere a consecuencia de una paliza. Por otro lado, los problemas sociales se ensañan con los desfavorecidos, el refugio para los sintecho deberá ser desalojado porque el edificio será vendido para otros propósitos.

Está claro que da igual que el lugar sea Grecia; también al leer esta novela vemos reflejado el problema que tenemos aquí con la violencia machista y con la intolerancia y falta de humanidad que estos días se está manifestando en la Conferencia Sectorial de Infancia y Adolescencia en Tenerife para acoger a quienes vienen buscando un lugar donde vivir en paz.

La narración de Márkaris no es novedosa; encontramos un vocabulario coloquial que consigue que todos lo entendamos. El autor quiere llegar a todos y, de forma directa quiere que su opinión quede clara. No hacen falta símbolos ni metáforas y si es necesario hacerse entender por todo el pueblo, coloca algún que otro refrán «Al hierro candente, batirlo de repente». Petros Márkaris denuncia con la paciencia de Kostas Jaritos, con la disposición de su mujer Adrianí, con la inteligencia de su hija, Katerina y la comprensión de su yerno, con el gran corazón de sus amigos, Melpo y su marido ucraniano, Yuris, y con Lambros Zisis el eterno sindicalista desvivido por ayudar a los demás en el Refugio que dirige, un hombre íntegro; tanto, que Katerina decidió que su hijo llevase el mismo nombre en su honor.

Novela emotiva, no cabe duda; utópica, por supuesto. Pero capaz de llevar a cabo el modelo que propone porque prima ante todo la sensatez, la responsabilidad y la madurez de quienes dirigen. Hay una gran lección de honestidad que nos invita a seguir leyendo desde la primera página

…se me cae un trozo de marisco encima de la camisa, que deja una mancha enorme.

—Menos mal que no llevo el uniforme nuevo —me consuelo.

—No te preocupes. Aunque llevaras el uniforme, siempre sería una mancha de comida. Jamás sería una mancha en tu historial, como un soborno —me responde mi mujer con ironía.

Y hay una lección de sencillez y amor hacia las cosas sencillas que a muchos de nosotros nos gustaría llevar a cabo.

Petros Márkaris es otra persona que dedica su vida, muy larga, a exigir el bien común y la igualdad. Y todo lo hace, como su personaje, con naturalidad, sin perder el humor aun en las situaciones más complicadas «Llamo al subdirector y le informo del encuentro con los periodistas, principalmente para engañarme a mí mismo y fingir que me ocupo de algo».

Todos sabemos que, si Jaritos se preocupa por el bien de Atenas, Márkaris se preocupa por el bien de la humanidad. ¡Bravo!

sábado, 19 de agosto de 2023

LA LÓGICA DE LA LUZ

Gusta leer una novela ambientada en un pueblo, casi idílico, donde las calles dan al mar y los vecinos están para acompañarte y echar una mano cuando es necesario. En este escenario se desenvuelve Vanina Garrasi, una subinspectora siciliana que cuenta con un equipo de confianza, que la aprecia, sabe su valía y no duda en trabajar lo que haga falta. Menos mal, porque el caso que llevan entre manos en La lógica de la luz es algo enrevesado. Leí Arena negra, de Cristina Cassar Scalia, básicamente porque había oído que era la sucesora de Camilleri, y disfruté con la novela, así que el segundo caso de esta policía de Catania me apetecía muchísimo.

La autora continúa con el sello de la novela negra clásica italiana, el gusto por la comida de la subinspectora es evidente; en esta ocasión se encuentra con el pediatra Manfredi Monterreale que supera incluso las dotes culinarias de Bettina, por lo que Vanina va a disfrutar de los mejores platos sicilianos.

Las alusiones a Arena negra son casi constantes, de esta forma nos enteramos de la vida privada de la subinspectora, el asesinato de su padre, «el inspector, Giovanni Garrasi, asesinado veinticinco años atrás por un comando de la Cosa Nostra delante de sus propios ojos»; su relación sentimental, que promete eterna e inconclusa, con el juez Paolo Malfitano «la precipitada boda de Paolo con Nicoletta Longo solo había sido una consecuencia más de esa gilipollez»; el respeto y cariño que finalmente le tiene a la nueva pareja de su madre y el aire fresco del contexto que, curiosamente, viene de la mano del comisario octogenario Biagio Patané quien a pesar de estar jubilado juega de nuevo un papel esencial en la resolución del caso.

La intriga está servida: Una chica, Lorenza Iannino, desaparece al tiempo que encuentran una maleta en el mar, vacía y con restos de sangre. Monterreale y el periodista Sante Tammaro, amigos del inspector Spanó, ven a alguien la noche anterior transportando una maleta pesada que deja en las rocas del acantilado. Todo indica que se trata del mismo asunto, así que el equipo de Garrasi se pone en marcha para descubrir lo que pasó realmente.

En esta novela nada es lo que parece, Iannino recibía dinero de su hermano y su cuñada para poder llegar a fin de mes, pero tenía alquilado un apartamento de lujo y era dueña de un vestuario exclusivo de gran valor. Además, todos los personajes implicados van complicando la resolución incluso, como en Arena negra, el sospechoso los lleva a otro caso de cuarenta años atrás, en el que a pesar de haber sido acusado por la hermana de la víctima, sale indemne por el testimonio de los propios padres de las chicas. Aquí, la labor de Patané es clave, por lo que finalmente solucionarán ambos casos y sacarán a la luz asuntos en los que, cómo no, la mafia está implicada.

La trama mantiene la expectación, hay varios giros finales que ayudan a que el lector permanezca en vilo a pesar del ritmo lento del principio. Habremos de pasar el ecuador de la novela para que la acción surja. Las primeras cien páginas contienen información sobre el entorno de la desaparecida y ciertas digresiones sobre la vida y fracaso familiar de algunos de los policías de Catania. Con la llegada de nuevos personajes, lo que parecía sencillo se complica, hasta dar la impresión de que no va a ser posible resolver el problema del inicio, pero Vanina tiene un sexto sentido que se acrecienta con el trabajo constante, «Esta vez, sin embargo, había algo distinto, una urgencia que la obligaba a pisar el acelerador […] la pista justa, seguida con la determinación de un perro de caza que corre hacia su presa siguiendo algo que sólo él capta».

El asunto engancha pues, si el crimen es casi perfecto, la investigación también. Además siempre es agradable recordar argumentos del maestro Camilleri en las denuncias a la mala gestión que los políticos realizan en los municipios aunque, en lo referente a las costumbres, Cassar Scalia mantiene la ironía oculta en un cariño absoluto por su tierra «Casi echaba de menos la mugre de las escaleras de hierro, empinadas e incómodas; la imagen del mostrador repleto de arancine que chorreaba aceite, medio aplastadas en bandejas que llevaban meses sin ver un estropajo […] ¡Ah, Sicilia! ¡Ah, Italia!».

El método Camilleri se mantiene en el título y la leyenda que lo rodea, que siempre arroja cierta claridad en la resolución del caso, «La pesca al candil tiene su propia lógica. Hay que encender la luz…». Y, por supuesto, el buen humor entre compañeros no falta en ningún momento. Probablemente, por el buen hacer de todos y una profesionalidad intachable, por el papel tan igual que la mujer y el hombre juegan en el trabajo y en la vida privada de la novela, me llama la atención la forma en que Vanina se dirige a su equipo «—A ver, niños, vamos a hablar claro», en más de una ocasión. Asimismo rechinan faltas de concordancia y ortografía, fruto, no me cabe duda de un defecto de traducción, pero no favorecen a la autora. «Incluida el comisario», «sino podrían haber parado a cenar», «Ni un aspirante a sacerdote que resulta ser alérgico a las ostias».

Aun así, la novela es entretenida y recomendable.

sábado, 25 de marzo de 2023

HAGAN JUEGO

¡Vaya! Hacía tiempo que no leía un final de novela tan estresante; el caso es que el desenlace de Hagan juego sabe a poco, puede que porque hay algún cabo suelto. Incluso al protagonista le preocupa esto, así que imagino que retome ciertos asuntos en la siguiente entrega. No cabe duda de que Antonio Manzini escribe para que queramos seguir leyendo. Los incidentes sucedidos a Rocco Schiavone tienen la apariencia de una serie que termina en el clímax para continuar en el próximo capítulo que, por supuesto, si lo vieses en cualquiera de las plataformas televisivas no esperarías al día siguiente. Pero esto es una novela y además las traducciones al español no van todo lo rápidas que quisiéramos.

Desde que el subjefe de policía Schiavone llegó a Aosta, en Pista negra, ha mantenido su abrigo Loden, a pesar de que no le abrigue en la montaña, y los zapatos Clarks, a pesar de tener que comprar unos nuevos en cada entrega. Lleva ya un año y medio fuera de Roma y continúa haciendo gala de un trato brusco, grosero en ocasiones, derivado probablemente del miedo a abrirse a los demás. Un año y medio en los Alpes italianos y aún tiene problemas con su equipo para entenderse con determinados términos propios de Roma y los más típicos del valdostano

—Eso opino, señoría. Se engresca con Michelini…

—¿Engrescarse quiere decir pelearse?

—Eso es

[…]

—…Quiero hablar con el sacacuartos…

—Se refiere usted al usurero, ¿verdad?

—Sí

—Pues, caray, ¡hable usted en cristiano!

Dieciocho meses entre nosotros y Rocco continúa dando pistas de cómo es y de su manera de investigar. La primera impresión de quien tiene delante es animalizadora; conoce el comportamiento de los animales más extraños y no duda en atribuirlos a una persona si esta mantiene algún rasgo físico en común con la bestia, «Guido Roversi era una Martes foina […] “garduña” y perteneciente a la familia de los mustélidos, carnívora y depredadora nocturna. Pese a su modesta estatura debía pesar más de noventa kilos, tenía los ojos pequeños y separados, oscuros, la cabeza un poco aplastada y dos orejas grandes que parecían salirle directamente de las sienes». Con sus hipérboles adversas no cabe duda de que acrecienta su rechazo, en general, por la especie humana, pero al mismo tiempo se define como un observador nato, característica que lo favorece en su labor de detective.

Pero en Hagan juego, algo está cambiando en Rocco. Aunque le cueste admitirlo vuelve a nosotros más débil de ánimo; es consciente de que está solo. Sigue hablando con Marina, su mujer asesinada seis años atrás, que ahora lo conmina a que siga con su vida y la deje marchar definitivamente. ¿Nos enfrentaremos a un Rocco más independiente y liberado? Puede ser, por ahora decide que seguirá en Aosta por un tiempo y, aunque no piense abandonar a sus amigos romanos, Manzini consigue que el subjefe establezca otros lazos de cariño que le va a costar desatar, aunque aún no sea consciente


—…¿Para qué amargarnos la noche? Hablemos de la pizza…

Rocco salió y Gabriele y Loba lo siguieron por el rellano

Schiavone ha evolucionado en las desapacibles montañas. Al fantasma de Marina se le han sumado el de Adèle, la mujer de su amigo Sebastiano, y el de Caterina Rispolli, la policía que huyó después de traicionarlo. El desengaño de los primeros meses se ha convertido en desencanto y frustración. Rocco está hundido; es como si hubiera de luchar contra una conspiración que no lo deja vivir en el mundo real, de ahí que acuda constantemente a Marina.

Sin embargo, en Hagan juego, el señor Favre, contable jubilado del casino, aparece muerto en su casa. El caso supone un misterio para la policía de Aosta pues no había móvil aparente, hasta que algunas pistas revelan una red de blanqueo de dinero que el muerto hubiera querido parar. Podría ser, pero no es todo tan sencillo. Por lo pronto Rocco detendrá al asesino de Favre y, con ayuda de su amigo Brizio conseguirá desenganchar al policía Italo Pierron del juego, adicción que le iba a costar el puesto y la vida.

Manzini introduce en esta novela a dos bandas, la ludopatía y sus consecuencias. Roco sabe por experiencia hasta dónde puede destrozar el juego al ser humano, así que hará todo lo posible, económica y moralmente, por salvar a dos personas que le importan de verdad. Como un moderno Robin Hood italiano se rodea de sus amigos, algo maleantes, para ayudar a los pobres y oprimidos, sin meditar las consecuencias que pudieran suponerle el saltarse la ley, robar a los corruptos enriquecidos y socorrer a los arruinados. Nuestro subjefe no juzga el comportamiento de quienes han robado para sobrevivir, pero sí el de quienes lo hacen para enriquecerse.

—¿Y si esa gente no me los quiere revender?

—¿Llevas encima la pistola reglamentaria?

—Claro

—Enséñasela y verás cómo se convencen…

[…]

Rocco Schiavone se tomaba los casos como algo personal […]

“Claro que sí —se dijo—, sí que vale la pena”.

En su relación con los demás, los flashback acuden alentados por la soledad y tristeza por las que pasa, la memoria funciona para que la amistad se intercale en su vida y su trabajo, «la llamada de su amigo, con quien no hablaba desde hacía tiempo, le devolvió las ganas de saber más». En realidad Rocco es un privilegiado que recibe el respeto, la lealtad y el compromiso de quienes consiguen ver más allá de lo que su fachada dura y sarcástica permite.

Y, por supuesto, es un buen policía que tiene claro cuáles son los límites de su profesión, sabe que el mundo real es imperfecto, y conoce hasta dónde es conveniente actuar para no empeorarlo. No nos extraña pues, que a pesar de tener la oportunidad de disolver la red de blanqueo de dinero negro, no lo haga; está seguro de que esta solución no será permanente, «Hay una especie de acuerdo tácito entre las partes, amigo mío. Uno de cada tres euros que pasan por tus manos proviene del tráfico ilegal».

Antonio Manzini ha vuelto a conseguir que la comisaría de Aosta sea única, que empaticemos con sus integrantes y simpaticemos con el subjefe Schiavone a pesar del humor escatológico que en ocasiones se gasta, el que deriva de la bondad del equipo o de su ingenuidad, el que roza el sarcasmo en las referencias a la brigada o del que se vale para contravenir las normas


—Dígamelo usted. —Rocco se encendió un cigarrillo

—¿Se puede fumar? —preguntó esperanzada Cecilia

—No —respondió Rocco, echando el humo hacia el techo —¿Entonces? ¿Ha cometido algún delito?

El autor es un maestro del uso del lenguaje con el que juega constantemente para aportar un ritmo ágil a los diálogos, consiguiendo hacer de la lectura una actividad casi audiovisual.

El significado negativo de algunas proposiciones se acrecienta al sustituir el conector discursivo de precisión por otro contraargumentativo, «dio un sorbo al café. Estaba caliente pero sabía a quemado».

Y, entre tanta risa podemos relajarnos con alguna que otra descripción poética, triste, nostálgica, que cuadra a la perfección con el carácter de Rocco «…y la luna no era más que un recuerdo». No hay demasiadas; es novela negra. Y de las mejores.

sábado, 30 de abril de 2022

LA PRESIDENTA

Alicia Giménez Bartlett ha vuelto para poner el dedo en la llaga, esta vez a través de Berta y Marta Miralles, un par de principiantes que entran en el Cuerpo General de Policía por la puerta grande, aunque permanezcan, a todos los efectos, en el anonimato.

La presidenta de la Comunidad Valenciana, Vita Castellá, aparece muerta en su habitación del hotel un día antes de ser juzgada, en Madrid, por malversación. Ha sido envenenada, pero esto no puede salir a la luz por miedo a que altas instancias del estado y del partido en el poder queden implicadas. El caso se llevará en absoluto secreto y será investigado por algún novato, como un caso sin importancia. Al nuevo no le darán la información oportuna y a los medios de comunicación se les dirá que la presidenta ha sufrido un infarto.

Las altas esferas policiales envían el cadáver a Valencia y allí pondrán a trabajar en su nuevo cargo como inspectoras a «Dos hermanas, Berta y Marta Miralles. De treinta y dos y treinta años […] las reclamará el comisario Pepe Solsona, que es mi hombre de confianza, de la comisaría de Russafa».

Pero las hermanas no son tontas, aunque piense lo contrario la cúpula policial, así que con sus pesquisas lograrán quebrar los nervios de un importante militante corrupto del partido, devenido asesino que, cuando se ve acorralado, termina suicida.

Hasta que no resuelven el caso, con ayuda del exjefe de prensa de Vita Castellá, el forense y el inspector Sales, las novatas pasan unos días bastante estresantes, haciendo turnos larguísimos de vigilancia, casi sin comer, descansando apenas, pagando gastos de la investigación de su bolsillo, inventándose informes para un juez que, dejándose llevar por el jefe de la policía, los firma sin leer o buscando colaboradores en los bajos fondos. Sus vidas llegan a estar en peligro. Sus puestos de trabajo también.

Aunque Giménez Bartlett lo niega, no cabe duda de que los hechos y personajes están basados en la realidad. Hace unos años Valencia fue conocida por el alto nivel de corrupción. Hoy le sacarían ventaja otras comunidades, «Nombramientos y adjudicaciones a dedo, recalificaciones de terrenos por interés, financiación ilegal, desfalcos, sobornos, eventos multitudinarios donde el dinero pasaba como un rayo de lo público a las arcas del partido».

En realidad da la impresión de que el territorio español, ávido de protagonismo, lucha por obtener el dudoso primer puesto de perversión, «para velar por el bienestar general no siempre se podía transitar por el camino de la ortodoxia».

Y es en este ambiente del partido, al más puro estilo degenerado, donde aparecen dos jóvenes policías que no se dejan comprar, que ponen en juego sus puestos y sus vidas, para destapar una trama en la que la inmoralidad llega hasta las más altas esferas. Berta y Marta no obtendrán felicitaciones, tampoco reconocimientos, pero van eliminando a todos los cargos implicados en el proceso. Un devenir que acaba con la vida de los donnadies, meros peones atraídos por el dinero, esa avaricia que siempre rompe el saco; y con la de mujeres inapreciables, inservibles en la mente de poderosos que las consideraban desechos por los que no valía la pena preocuparse.

Asistimos a cinco crímenes en La presidenta, la última novela de Alicia Giménez, escrita con una ironía que saborea al máximo para denunciar la corrupción de un partido que no ha podido caer más bajo (y sin embargo ahí continúa, acogiendo en sus filas a los reyes del mambo, o eso parece)


Ya has visto la que nos ha caído encima con lo de Vita. El ministro está de los nervios

—Pobre Vita, no se merecía semejante final aunque […] era como una especie de bomba ambulante que campaba por ahí […] ¿Tú crees que se la han cargado los del propio partido para que estuviera calladita?


y para evidenciar la corrupción de los altos cargos policiales preocupados, sobre todo, por mantener el puesto a costa de lo que sea «Hay que enfriar el tema de cara al exterior […] No sabemos quién ha sido ni nos interesa saberlo. Fue un infarto y en paz».

Ojalá vivamos en una realidad en la que haya más Bertas y más Martas capaces de observar, analizar, deducir cuándo las órdenes de los jefes son un sinsentido; más policías sin miedo a las represalias, que no toleren la impunidad de hechos delictivos. Ojalá la autora continúe con sus investigadoras porque, a pesar de los crímenes, la novela está marcada por el optimismo. Es realista aunque grandes esperanzas planean en la Comunidad Valenciana, probablemente porque Giménez Bartlett ha dado la vuelta a la novela policial: Es cierto que se parte de un crimen –encubierto–. Es cierto que hay delitos muy graves –que no se especifican del todo–. No hay uno sino dos investigadores, son mujeres, novatas tratadas con paternalismo, humillación y suficiencia. Hay un sospechoso, desde el principio, que va anulando las pistas mientras enreda a otros. Las pistas son verdaderas aunque, por increíbles, no lo parecen; por lo tanto, hasta el final de la novela, las hermanas Miralles no dejan al lector ser consciente de lo que ocurre, cuando tiran del hilo y van cayendo los implicados como fichas de dominó, porque el criminal tampoco es al uso. Ese ser inteligente que preside la novela negra es, en La presidenta, un chapucero que se rodea de inexpertos para llevar a cabo sus planes.

La autora no se anda con tapujos, «todos esos nuevos ricos, horteras, maleducados, convencidos de que podían hacer cualquier cosa porque tenían el poder. ¡Gente de la política que debía dar ejemplo a los demás!», pero el humor hace gala desde la primera página, en la que descubrimos quién es la asesinada. Humor en la ironía con la que se toman las órdenes, en la propia actuación policial, en la falta de confianza que los jefes muestran hacia las investigadoras


—¿Tú crees que sospecha algo? (el juez)

—¡Qué coño va a sospechar! Nos toma por dos floreros decorativos

Humor en las actitudes machistas de los altos cargos policiales y del gobierno, con el que refuerza, al final, el verdadero valor de la mujer «¿Será posible? ¡Este Pepe Solsona es más estúpido de lo que parecía! […] ¡Mujeres, mujeres! ¿Hay algún animal más dañino en el mundo?». Humor en las hipérboles irónicas y en la concatenación del lenguaje con los sentimientos


—Otro corazón puro ganado para la causa –clamó

—Para puro el que nos va a caer

[…]

—¡Joder, qué buena frase! Deberías haberte hecho abogada en vez de policía

—Un buen abogado es lo que vamos a necesitar

Pero no lo necesitan porque si su lenguaje es efectivo, sus hechos también. Solo esperamos que este sea el principio de una saga. Las Miralles lo merecen.

sábado, 9 de abril de 2022

SOL DE MAYO

En la cuarta historia de Rocco Schiavone, la trama está unida a la de Una primavera de perros. De hecho, en Sol de mayo han pasado solo dos semanas desde la liberación de Chiara Berguet. Dos semanas desde que Loba está con Rocco y parece que se conocen de toda la vida, «Estoy aquí porque me he quedado sin casa. Pero en cuanto encuentre una, me largo. Sobre todo por ella —Señaló a Loba— Esto se le queda pequeño». Dos semanas desde que Adele fue acribillada a balazos; por eso en esta entrega, el subjefe de policía está viviendo en una pensión, desconectado totalmente de lo que ocurre en la comisaría hasta que Marina le ayuda, como siempre, a tomar una decisión «—¡Haz algo ya, por Dios! —estalla, y desaparece tras la puerta».

Probablemente el causante del atentado de Adele ha salido de la cárcel en los últimos meses. Así pues, Rocco se multiplica esta vez para que Antonio Manzini convierta esta entrega en una trama rizomática que le da al subjefe la oportunidad de evadirse de su desgracia; es lo que tiene el trabajo intensivo.

Uno de los secuestradores de Chiara, Corrado Pizzuti, trabaja en un bar de Francavilla al Mare; a pesar de llevar una vida decente, es aniquilado. En la cárcel de Varallo, aprovechando una reyerta, el que fuera mano derecha de Berguet para luego venderlo y dejarlo casi en la ruina, Mimmo Cuntrera, también es asesinado de forma misteriosa con un veneno difícil de conseguir «Abrió la caja: dentro había tres ampollas de cristal. Con la misma etiqueta: “etilcarbamato”. Etiluretano».

Mientras tanto, Berguet, sin adjudicaciones para sus negocios, sospecha de Turrini, el nuevo empresario al que le han concedido todos los privilegios. En esta ocasión Rocco contará, en Aosta, con la ayuda inestimable de los hijos de los capitalistas, Chiara y Max «—Vamos a hacer una cosa, Chiara. Yo me llevo esto al juzgado. No digo nada ni de ti ni de Max y tú a cambio haces algo por mí […] —Vivir».

En Roma, el agente De Silvestri, fiel a Rocco, continúa buscando a recién salidos de la cárcel, también sus amigos Brizio, Furio y Seba se mantienen alertas para encontrar al asesino de Adele «—Seba… está convencido de que como encuentres tú al asesino acaba delante del juez. Y a él, en cambio, le gustaría tener antes una pequeña charla...».

Las diferentes investigaciones llegan a un punto muerto en el que Schiavone decide introducirse en la cárcel para descubrir al asesino de Cuntrera; de esta forma el lector que se enfrenta por primera vez a las entregas del subjefe Rocco Schiavone, no tiene dificultad para entender los sucesos anteriores y enlazarlos al de Sol de Mayo


—…Y ahora le ruego la máxima discreción

—¡Qué coño se cree Schiavone! —gritó Costa— ¡Que soy el jefe superior, no la portera!

—Perdone, tiene razón […]

—…Pero es posible que esté relacionado también con la historia de los Berguet y la licitación

Y a estos casos de asesinato y corrupción se le añaden a Rocco el tener que ayudar a Chiara a vencer el trauma que le ocasionó el encierro donde casi muere, ayudar a Italo Pierron en su relación imposible con Caterina, ayudarse a sí mismo diciendo adiós ¿definitivo? a Marina y buscar una nueva casa en Aosta para dejar la pensión.

Rocco Schiavone es rotundamente un héroe humanizado por su mal humor, sus deslices en las relaciones interpersonales, su visión algo retorcida de la situación en la que se encuentra y el sarcasmo con el que afronta la vida. Todo esto será una ventaja para dar con la verdad y poder solucionar los casos. Es cierto que, el principal objetivo no está conseguido, tendremos que continuar la serie; pero también lo es que, al buscar el origen de la culpa, encuentra las causas de sus propios rencores. De ahí la seducción-rechazo hacia Anna, el freno que se impone ante la atracción que siente por Caterina y la resolución, aunque forzosa, de dejar marchar a Marina.

Entendemos a este héroe humano y somos capaces de asumir la realidad en la que vive porque también en la nuestra oscilan lo sórdido del ambiente y lo escabroso de situaciones en las que se desata el mal sin control, de pronto, en una sociedad que afecta tanto a los más necesitados como a los poderosos, aunque por desgracia estos consigan salir mejor parados, a pesar de que lo más mezquino se prepare en las altas esferas.

Antonio Manzini escribe una novela de tendencia thriller en la que combina el negro con la corrupción. Los personajes depravados, sacados de una realidad que no hace falta imaginar, se mueven en una trama de suspense en la que lo de menos son los homicidios, porque lo más negro es lo que ocurre alrededor.

Sol de mayo puede leerse de forma autónoma, independiente, pero no es una lectura cerrada si tenemos en cuenta que tanto la sociología como la psicología tienen diferentes perspectivas. Por eso los lectores descubrimos, a través de la ironía, el humor (mal humor) y el sarcasmo del subjefe, las diferentes transformaciones que pueden aparecer en la estructura mental del hombre. Y gracias a la estancia de Rocco en la cárcel somos conscientes de que la base de una sociedad puede tambalearse hasta transformarse en otra estructura socioeconómica que es políticamente incorrecta.

La moral de Schiavone es ambigua, el subjefe se mueve bien en el submundo que pertenece a otros aunque él mantenga su vida y costumbres inamovibles. Esto puede deberse a su principal característica: la tenacidad, tanto si se mueve por amor, venganza, odio o dinero: «a las relaciones hay que darles tiempo para madurar, ¿no lo sabes?».

Pues creo que también los lectores debemos ser tenaces como Rocco y continuar leyendo las siguientes entregas. La intriga está asegurada, el humor también, así que mejor seguir sus pasos, «El subjefe estaba siguiendo una tertulia política en televisión. Sin volumen. Los participantes parecían peces en un acuario».