Beverly, Margot y Elsie son tres
mujeres diferentes. La primera es de clase alta; ha sido educada para ser una
buena esposa que acepta todo lo que dice y hace el marido, por lo que en los
planes de su madre no entraba otra cosa que no fuera el matrimonio a una edad
temprana; es tanta la presión que acepta casarse con un fontanero, simplemente
porque es el primero que se lo pide. No descartamos que el chico en cuestión
viera un futuro brillante con ella.
Margot fue criada, con su hermano, por
su madre, que no dudó en prostituirse para sacar adelante a los niños. Margot
ha aprendido la lección, así que aprovecha su físico espectacular para atraer a
un renombrado maduro político. Elsie se dejó seducir por su profesor de
instituto, con quien se casó. Sin embargo él nunca le perdonó que lo expulsaran
del centro por abusar de una alumna «al
principio, la piel blancuzca y el vello corporal de Albert le resultaban
repulsivos […] Pero no se suponía que ella debiera disfrutar. Era su esposa.
Aquel era su trabajo, a fin de cuentas». Económicamente no está tan bien
como las dos anteriores, así que trabaja en un periódico de secretaria, aunque
pueda ejercer de periodista.
Beverly, Margot y Elsie son diferentes
y, sin embargo, tienen algo en común, han sido maltratadas por sus maridos que,
además, son asesinos.
Si juzgamos por la portada del libro
podemos pensar que el ambiente en el que se desarrolla es glamuroso. Puede que
haya cierto glamur en la novela, siempre mucho menos del que sugiere. Es cierto
que la sociedad de los años 60 está perfectamente reflejada. La sociedad de
clase media-alta. Un ambiente en el que la mujer era poco más que un objeto; se
la educaba para serlo y se la castigaba cuando algo no iba bien. Lo que fuera.
Por eso las protagonistas quedan
reducidas al ostracismo cuando salen a la luz los asesinatos, cometidos por sus
maridos, de mujeres que, por supuesto, «han
facilitado, cuando no buscado, su muerte. Por darse a conocer. Por quedarse
fuera hasta tarde. Por besar al chico. Por llevar un vestido corto. Por ser
guapas. Por no ser lo suficientemente guapas. Por ser gordas. Por ser bajitas.
Por ser llamativas…».
Elizabeth
Arnott explora la superficialidad de algunas
mujeres de los 60. Casi cien años después y tras avanzar en un camino que
abrieron mujeres como nuestras protagonistas, da miedo comprobar la regresión
que algunas empiezan a experimentar. Para todas ellas es recomendable este
libro; es ficción pero real como la vida misma. No nos hemos desecho del
maltrato «Henry la había regañado delante
de todos. Cuando estuvieron de vuelta en casa él le impuso su castigo. Ahora se
retuerce la muñeca como si aún pudiera sentir el pinchazo de las pinzas o
pudiera oír todavía el sonido sibilante de su propia carne al chamuscarse».
Las vidas secretas de las mujeres de
los asesinos explora en profundidad el pensamiento
social machista de la época ¿De los 60?
Aun hoy hay quien está de acuerdo con
Alice, la madre de Bev quien, tras haber sido acusado de asesinato y
encarcelado Henry, insta a su hija a que vuelva a casarse «Dice que es perjudicial para los niños no tener una figura masculina
en su vida, que los vecinos respetarían más a Beverly si tuviera pareja».
Este juicio es el responsable del gran conflicto emocional que arrastraban las
mujeres del siglo XX. Las de clase alta aportaban cierto glamur en algunas
situaciones; las otras eran objetos de los que se servía el hombre para tener
una vida más fácil y placentera.
Hay algo turbio en esa importancia
extrema de la apariencia externa, en esa preocupación excesiva por el qué
dirán. Y, en medio de esta situación, la decisión de tres mujeres vapuleadas
cuyo único pecado fue haber estado casadas con asesinos. Mujeres que resuelven
con entereza descubrir quién es el nuevo homicida en serie de cuatro chicas;
afianzan una relación de solidaridad entre ellas y de empatía con el sexo
femenino; un reconocimiento de alianza frente a la opresión masculina y al
menosprecio social «”Tienen que detenerla
a ella también por cómplice”, oía susurrar. “No entiendo cómo no la consideran
tan culpable como él. No hay forma de que no lo supiera”».
El estilo de Arnott es sencillo,
claro, de ritmo ligero; la asequibilidad estilística no es obstáculo para
meterse de lleno en la psicología femenina de la época, para denunciar la
discriminación sexista y la falta de seguridad en sí misma que tenía la mujer.
Es como si el sexo femenino no pudiera
llevar a cabo nada sin contar con el hombre; su aprobación era todo lo que
hacía falta. «Ella estaba allí para
satisfacer sus impulsos y hacerlo feliz, incluso si eso significaba hacer algo
que no quería hacer». Pero las protagonistas aprenden durante la novela y
atisbamos un conato de esperanza para las mujeres. Eran los años 60, la lucha
por la igualdad empezaba con fuerza, sobre todo empezaban a no culpabilizarse
ellas mismas «Él nunca lo hubiese hecho
si tú no hubieras sido tan coqueta —balbuceó— ¡Lárgate!».
No solo quedan remarcadas en la novela
frases como esta que denotan el pensamiento de la mujer sobre la propia mujer.
Encontramos una estética social del último cuarto del siglo XX
«se aplica debajo enérgicamente crema solar Coppertone»«colocaba los huevos rellenos en las bandejas»«la casa era casi un palacio, con varios Ford Thunderbird en la entrada»«…prendas con estampados tie-dye y tofu?»
Por otro lado, el misterio sobre quién
puede ser el asesino que viene actuando por la zona se mantiene hasta el final.
Las tres protagonistas se unen para investigar actuaciones en común de sus
exmaridos y sacar un posible patrón del criminal. La lectura es ávida porque la
tensión va en aumento con diferentes recursos propios del noir: prolepsis interrogantes, analepsis falsamente sospechosas,
cambio de personaje en el siguiente capítulo, cambio de situación, que deja
abierta la anterior, intercalación entre los 50 capítulos, titulados según
secuencia numérica, de seis cuyo título hace referencia a algo que ocurre a
otra mujer. La voz de esta secuestrada surge en primera persona para mantener
la esperanza durante su tortura.
Me pondré ropa interior limpia.
Moveré el cuerpo con libertad, sentiré
el sol en la cara.
Lavaré tu olor de mi ropa, de mi piel.
Volveré a respirar aire fresco.
Desenlace que no sabremos hasta el final.



No hay comentarios:
Publicar un comentario