martes, 28 de julio de 2026

LA VERDAD OCULTA DE WALTER ANDRETTI

No cabe duda de que estamos ante una novela negra diferente. Es cierto que tiene aires mediterráneos pero nada que ver, o casi, con la saga de Rocco Schiavone, aunque también fuera escrita por Antonio Manzini y aunque en esta aparezcan guiños a las del subjefe de la policía de Aosta, como las comparaciones entre humanos y animales «con la sombra desdibujada en torno a los ojos, parecía “un mapache”»; el gusto por los zapatos caros «¿De verdad se pueden desembolsar 200 € por unos mocasines?»; la misma metáfora para referir algo irritante «La típica tocada de pelotas del director»; y, por supuesto las continuas ironías hacia la clase alta.

Lo que está claro es que el autor se ha consagrado como uno de los mejores noirs actuales. Con una estructura original, una trama inquietante y un final sorprendente, La verdad oculta de Walter Andretti se hace imprescindible para este verano.

Comienza la novela con un prólogo en el que Andretti envía a una desconocida un «voluminoso pliego» con una historia, el 25 de octubre de 2018.

La Primera Parte da paso a la lectura que esta desconocida realiza del testimonio de Andretti, en el que comienza con una reflexión para advertirnos de que a veces se nos pasan por alto detalles de la verdad de un hecho porque «La arrogancia es nuestra peor enemiga». Andretti se presenta: era un periodista deportivo hasta que lo trasladan a “sucesos”, momento del comienzo de la historia. El periodista advierte que además envía un manuscrito que no es suyo. Y, con esta incertidumbre, la mujer da comienzo a la lectura y nosotros también.

Con una minuciosa descripción nos situamos en una vetusta casa en decadencia. Tuvo su momento de esplendor, pero ahora, un narrador en tercera persona se ocupa de ponernos al día de quién y cómo vive ahí «porque en su despacho, vetado para el mundo, Carlo Cappai usaba focos halógenos y mantenía ventanas y postigos cerrados a cal y canto».

El narrador deja a Cappai trabajando y retoma el relato con Flavio Zigon, un empresario racista y sin escrúpulos al que quitan la vida de un tiro mientras una nigeriana le practica una felación.

El narrador omnisciente regresa a Cappai, así conocemos que trabaja desde hace 30 años en el Archivo Judicial, por lo que está informado de todos los casos que pasan por allí. Una de sus funciones es destruir los expedientes de las sentencias absueltas, algo que el funcionario no lleva a cabo con según qué casos, como el de Luigi Sesti quien «sonreía siempre. La vida era para él un camino de rosas, la vivía con la ligereza de quien se sabe superior, importante y al margen de la ley de los hombres». También conocemos de Cappai su vida privada, tiene 58 años y vive solo en una casa en la que no ha cambiado nada, ni siquiera tras la muerte de sus padres.

La narración va haciendo sitio al diario de Andretti, que comienza el 5 de febrero, cuando ocurrió el asesinato de Zigon y él es enviado a cubrir el suceso. Andretti, a pesar de ser un novato, va uniendo cabos al relacionar a Zigon con el asesinato sin resolver de su excompañera Laura Faruk, algo que no se pudo comprobar judicialmente.

También resultaron absueltos los sospechosos de asesinato de Giada, su amiga, durante una manifestación estudiantil cuando tenía 16 años y de los padres de Daniele Martellini cuando estos decidieron compartir la herencia con su hermana Luisa.

Asesinatos de los que Cappai tiene los expedientes y se los va dejando a Andretti, por lo que el periodista va sacando conclusiones al ir a «buscar las fuentes de primera mano». Una labor minuciosa que coloca a Walter por delante de la investigación policial mientras se da cuenta de la farsa que los jueces representan ante según qué personas. Algo que Carlo Cappai sabía de primera mano «Crece, Carlo, y ¡lo entenderás! Él desencadenó la tormenta y salió de su casa dando un portazo bajo la mirada gélida de su padre».

Quien crece, y mucho, a lo largo de la historia es Walter Andretti que empieza como vacilante periodista de sucesos a ir desarrollando al máximo la sagacidad y la responsabilidad en las investigaciones criminales que lleva a cabo, si bien es cierto que pone el colofón a cada paso que da con símiles deportivos que describen su punto en la investigación, algo que acerca al lector y consigue una total empatía, «la esfera está en el centrocampista que supera a un adversario, sirve al ala en el área de penalti […] un tiro zurdo que va a besar la escuadra y… ¡gol! ¡Andretti dos, Cabrona uno!».

Varios narradores, cada uno con un estilo diferente, consiguen que Manzini demuestre, como Andretti, un trabajo juicioso desde el que el lector puede tener diferentes perspectivas de un mismo hecho. Lo personajes son de una psicología profunda, capaz de introducirse en la mente del lector y en el corazón. Los entendemos, los queremos aunque debamos reflexionar si sus actos son moralmente aceptables; si la justicia no lo es tanto según las leyes o es que hay leyes diferentes para cada uno. ¡Cómo es el hombre! capaz de olvidar actos deleznables y recordar otros clamando venganza.

Lo importante de la novela de Antonio Manzini no es la intriga, no es descubrir al asesino mientras leemos; lo fundamental es que el autor nos obliga a reflexionar sobre aquello que puede hacer que traspasemos los límites éticos que marcan la moral.

La justicia se tambalea, la verdad periodística también. Es normal el favoritismo en una sociedad que proclama derechos humanos imparciales. Con un estilo periodístico, Andretti puede ser el iniciador de una saga en la que los temas estén relacionados con la culpa, fruto de venganzas agazapadas con el principal objetivo de obtener justicia.

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