No cabe duda de que estamos ante una
novela negra diferente. Es cierto que tiene aires mediterráneos pero nada que
ver, o casi, con la saga de Rocco Schiavone, aunque también fuera escrita por Antonio Manzini y aunque en esta aparezcan
guiños a las del subjefe de la policía de Aosta, como las comparaciones entre
humanos y animales «con la sombra
desdibujada en torno a los ojos, parecía “un mapache”»; el gusto por los
zapatos caros «¿De verdad se pueden
desembolsar 200 € por unos mocasines?»; la misma metáfora para referir algo
irritante «La típica tocada de pelotas
del director»; y, por supuesto las continuas ironías hacia la clase alta.
Lo que está claro es que el autor se
ha consagrado como uno de los mejores noirs
actuales. Con una estructura original, una trama inquietante y un final
sorprendente, La verdad oculta de Walter Andretti se hace imprescindible para
este verano.
Comienza la novela con un prólogo en
el que Andretti envía a una desconocida un «voluminoso
pliego» con una historia, el 25 de octubre de 2018.
La Primera Parte da paso a la lectura
que esta desconocida realiza del testimonio de Andretti, en el que comienza con
una reflexión para advertirnos de que a veces se nos pasan por alto detalles de
la verdad de un hecho porque «La
arrogancia es nuestra peor enemiga». Andretti se presenta: era un
periodista deportivo hasta que lo trasladan a “sucesos”, momento del comienzo
de la historia. El periodista advierte que además envía un manuscrito que no es
suyo. Y, con esta incertidumbre, la mujer da comienzo a la lectura y nosotros
también.
Con una minuciosa descripción nos
situamos en una vetusta casa en decadencia. Tuvo su momento de esplendor, pero
ahora, un narrador en tercera persona se ocupa de ponernos al día de quién y
cómo vive ahí «porque en su despacho,
vetado para el mundo, Carlo Cappai usaba focos halógenos y mantenía ventanas y
postigos cerrados a cal y canto».
El narrador deja a Cappai trabajando y
retoma el relato con Flavio Zigon, un empresario racista y sin escrúpulos al
que quitan la vida de un tiro mientras una nigeriana le practica una felación.
El narrador omnisciente regresa a
Cappai, así conocemos que trabaja desde hace 30 años en el Archivo Judicial,
por lo que está informado de todos los casos que pasan por allí. Una de sus
funciones es destruir los expedientes de las sentencias absueltas, algo que el
funcionario no lleva a cabo con según qué casos, como el de Luigi Sesti quien «sonreía siempre. La vida era para él un
camino de rosas, la vivía con la ligereza de quien se sabe superior, importante
y al margen de la ley de los hombres». También conocemos de Cappai su vida
privada, tiene 58 años y vive solo en una casa en la que no ha cambiado nada,
ni siquiera tras la muerte de sus padres.
La narración va haciendo sitio al
diario de Andretti, que comienza el 5 de febrero, cuando ocurrió el asesinato
de Zigon y él es enviado a cubrir el suceso. Andretti, a pesar de ser un
novato, va uniendo cabos al relacionar a Zigon con el asesinato sin resolver de
su excompañera Laura Faruk, algo que no se pudo comprobar judicialmente.
También resultaron absueltos los
sospechosos de asesinato de Giada, su amiga, durante una manifestación
estudiantil cuando tenía 16 años y de los padres de Daniele Martellini cuando
estos decidieron compartir la herencia con su hermana Luisa.
Asesinatos de los que Cappai tiene los
expedientes y se los va dejando a Andretti, por lo que el periodista va sacando
conclusiones al ir a «buscar las fuentes
de primera mano». Una labor minuciosa que coloca a Walter por delante de la
investigación policial mientras se da cuenta de la farsa que los jueces
representan ante según qué personas. Algo que Carlo Cappai sabía de primera
mano «Crece, Carlo, y ¡lo entenderás! Él
desencadenó la tormenta y salió de su casa dando un portazo bajo la mirada
gélida de su padre».
Quien crece, y mucho, a lo largo de la
historia es Walter Andretti que empieza como vacilante periodista de sucesos a
ir desarrollando al máximo la sagacidad y la responsabilidad en las investigaciones
criminales que lleva a cabo, si bien es cierto que pone el colofón a cada paso
que da con símiles deportivos que describen su punto en la investigación, algo
que acerca al lector y consigue una total empatía, «la esfera está en el centrocampista que supera a un adversario, sirve
al ala en el área de penalti […] un tiro zurdo que va a besar la escuadra y…
¡gol! ¡Andretti dos, Cabrona uno!».
Varios narradores, cada uno con un
estilo diferente, consiguen que Manzini demuestre, como Andretti, un trabajo
juicioso desde el que el lector puede tener diferentes perspectivas de un mismo
hecho. Lo personajes son de una psicología profunda, capaz de introducirse en
la mente del lector y en el corazón. Los entendemos, los queremos aunque
debamos reflexionar si sus actos son moralmente aceptables; si la justicia no
lo es tanto según las leyes o es que hay leyes diferentes para cada uno. ¡Cómo
es el hombre! capaz de olvidar actos deleznables y recordar otros clamando
venganza.
Lo importante de la novela de Antonio
Manzini no es la intriga, no es descubrir al asesino mientras leemos; lo
fundamental es que el autor nos obliga a reflexionar sobre aquello que puede
hacer que traspasemos los límites éticos que marcan la moral.
La justicia se tambalea, la verdad periodística también. Es normal el favoritismo en una sociedad que proclama derechos humanos imparciales. Con un estilo periodístico, Andretti puede ser el iniciador de una saga en la que los temas estén relacionados con la culpa, fruto de venganzas agazapadas con el principal objetivo de obtener justicia.



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