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martes, 28 de julio de 2026

LA VERDAD OCULTA DE WALTER ANDRETTI

No cabe duda de que estamos ante una novela negra diferente. Es cierto que tiene aires mediterráneos pero nada que ver, o casi, con la saga de Rocco Schiavone, aunque también fuera escrita por Antonio Manzini y aunque en esta aparezcan guiños a las del subjefe de la policía de Aosta, como las comparaciones entre humanos y animales «con la sombra desdibujada en torno a los ojos, parecía “un mapache”»; el gusto por los zapatos caros «¿De verdad se pueden desembolsar 200 € por unos mocasines?»; la misma metáfora para referir algo irritante «La típica tocada de pelotas del director»; y, por supuesto las continuas ironías hacia la clase alta.

Lo que está claro es que el autor se ha consagrado como uno de los mejores noirs actuales. Con una estructura original, una trama inquietante y un final sorprendente, La verdad oculta de Walter Andretti se hace imprescindible para este verano.

Comienza la novela con un prólogo en el que Andretti envía a una desconocida un «voluminoso pliego» con una historia, el 25 de octubre de 2018.

La Primera Parte da paso a la lectura que esta desconocida realiza del testimonio de Andretti, en el que comienza con una reflexión para advertirnos de que a veces se nos pasan por alto detalles de la verdad de un hecho porque «La arrogancia es nuestra peor enemiga». Andretti se presenta: era un periodista deportivo hasta que lo trasladan a “sucesos”, momento del comienzo de la historia. El periodista advierte que además envía un manuscrito que no es suyo. Y, con esta incertidumbre, la mujer da comienzo a la lectura y nosotros también.

Con una minuciosa descripción nos situamos en una vetusta casa en decadencia. Tuvo su momento de esplendor, pero ahora, un narrador en tercera persona se ocupa de ponernos al día de quién y cómo vive ahí «porque en su despacho, vetado para el mundo, Carlo Cappai usaba focos halógenos y mantenía ventanas y postigos cerrados a cal y canto».

El narrador deja a Cappai trabajando y retoma el relato con Flavio Zigon, un empresario racista y sin escrúpulos al que quitan la vida de un tiro mientras una nigeriana le practica una felación.

El narrador omnisciente regresa a Cappai, así conocemos que trabaja desde hace 30 años en el Archivo Judicial, por lo que está informado de todos los casos que pasan por allí. Una de sus funciones es destruir los expedientes de las sentencias absueltas, algo que el funcionario no lleva a cabo con según qué casos, como el de Luigi Sesti quien «sonreía siempre. La vida era para él un camino de rosas, la vivía con la ligereza de quien se sabe superior, importante y al margen de la ley de los hombres». También conocemos de Cappai su vida privada, tiene 58 años y vive solo en una casa en la que no ha cambiado nada, ni siquiera tras la muerte de sus padres.

La narración va haciendo sitio al diario de Andretti, que comienza el 5 de febrero, cuando ocurrió el asesinato de Zigon y él es enviado a cubrir el suceso. Andretti, a pesar de ser un novato, va uniendo cabos al relacionar a Zigon con el asesinato sin resolver de su excompañera Laura Faruk, algo que no se pudo comprobar judicialmente.

También resultaron absueltos los sospechosos de asesinato de Giada, su amiga, durante una manifestación estudiantil cuando tenía 16 años y de los padres de Daniele Martellini cuando estos decidieron compartir la herencia con su hermana Luisa.

Asesinatos de los que Cappai tiene los expedientes y se los va dejando a Andretti, por lo que el periodista va sacando conclusiones al ir a «buscar las fuentes de primera mano». Una labor minuciosa que coloca a Walter por delante de la investigación policial mientras se da cuenta de la farsa que los jueces representan ante según qué personas. Algo que Carlo Cappai sabía de primera mano «Crece, Carlo, y ¡lo entenderás! Él desencadenó la tormenta y salió de su casa dando un portazo bajo la mirada gélida de su padre».

Quien crece, y mucho, a lo largo de la historia es Walter Andretti que empieza como vacilante periodista de sucesos a ir desarrollando al máximo la sagacidad y la responsabilidad en las investigaciones criminales que lleva a cabo, si bien es cierto que pone el colofón a cada paso que da con símiles deportivos que describen su punto en la investigación, algo que acerca al lector y consigue una total empatía, «la esfera está en el centrocampista que supera a un adversario, sirve al ala en el área de penalti […] un tiro zurdo que va a besar la escuadra y… ¡gol! ¡Andretti dos, Cabrona uno!».

Varios narradores, cada uno con un estilo diferente, consiguen que Manzini demuestre, como Andretti, un trabajo juicioso desde el que el lector puede tener diferentes perspectivas de un mismo hecho. Lo personajes son de una psicología profunda, capaz de introducirse en la mente del lector y en el corazón. Los entendemos, los queremos aunque debamos reflexionar si sus actos son moralmente aceptables; si la justicia no lo es tanto según las leyes o es que hay leyes diferentes para cada uno. ¡Cómo es el hombre! capaz de olvidar actos deleznables y recordar otros clamando venganza.

Lo importante de la novela de Antonio Manzini no es la intriga, no es descubrir al asesino mientras leemos; lo fundamental es que el autor nos obliga a reflexionar sobre aquello que puede hacer que traspasemos los límites éticos que marcan la moral.

La justicia se tambalea, la verdad periodística también. Es normal el favoritismo en una sociedad que proclama derechos humanos imparciales. Con un estilo periodístico, Andretti puede ser el iniciador de una saga en la que los temas estén relacionados con la culpa, fruto de venganzas agazapadas con el principal objetivo de obtener justicia.

martes, 16 de septiembre de 2025

LA AMIGA ESTUPENDA

Cuando se cuenta una historia dura sin aspavientos, la historia resulta más dura aún a ojos del receptor. Lenú es la narradora protagonista de La amiga estupenda. Su amiga es Lila, Rafaella Carullo y, probablemente, represente de la forma más descarnada la condición de la mujer en una época y en un nivel socioeconómico determinados. Lila es inquieta, libre, poco dada a seguir las normas, increíblemente inteligente


¿Quién te ha enseñado a leer y escribir, Carullo?

Carullo, pequeña, con el cabello, los ojos y la bata negros, el lazo rosa en el cuello y apenas seis años de vida, contestó:

—Yo

Mal cuidada por su familia, sale adelante sola pero, poco a poco van aplacando sus ansias de libertad, sus ganas de ser. La mente de Lila no para de idear hasta que a fuerza de golpes, de amenazas, de desprecios, en un momento determinado hace “clic” y queda sobrepasada.

Lenú, Elena Greco, hija de un conserje del ayuntamiento, cuenta la historia de su vida con Lila, la relación que tenían con sus vecinos de un barrio marginal de Nápoles. A mediados del siglo XX la educación era machista y ellas, las mujeres, lo asumían como algo natural. La mujer se limitaba a ser ama de casa o trabajar, además de en casa, en el negocio familiar. Las expectativas para los hijos eran que entrasen a trabajar lo antes posible para ganar dinero y, para las hijas, que se casasen pronto con un «buen partido» para suponer un problema menos en la familia.

A mediados del pasado siglo, en los barrios pobres se respiraba violencia, venganza, embrutecimiento y machismo. La escuela era algo secundario, los libros también. La envidia hacia las familias más pudientes estaba revestida de odio. Los celos hacia la pareja, también, «Anda, búrlate de mí, pero ¿te acuerdas de aquella vez que me amenazaste con la chaira? Si me entero de que te gusta otro, que no se te olvide, yo no me limito a amenazarte, te mato y punto».

La amiga estupenda es una novela que podría formar parte de las grandes obras del Realismo. Está firmada por Elena Ferrante aunque es un pseudónimo. El verdadero nombre, la verdadera identidad de la autora o autor no se sabe. Pues bien, pero la obra es magnífica. Ferrante se acerca de manera certera a detallar lo cotidiano. Los personajes son, más que verosímiles, reales; vamos conociendo su forma de pensar, el porqué de su manera de pensar, sus decepciones, sus amarguras, sus complejos… todo con un lenguaje directo. Los diálogos reflejan la problemática social de Nápoles en la posguerra.

No hay grandes temas en La amiga estupenda, o precisamente lo son, por imprescindibles: la vida de los distintos personajes, la falta de esperanza, la educación basada en métodos humillantes… No hay actitudes racionales sino machistas, oscuras, «sabíamos muy bien que los agresores habían sido solo tres y nos preocupamos mucho […] Los Solara, en cambio, maltrechos y despistados se pasaron una temporada moviéndose solo a pie […] verlos en esas condiciones me alegró. Me sentí orgullosa de mis amigos».

El retrato de las costumbres queda expuesto a la perfección, así como los tipos que pueblan los barrios marginales. Sin ninguna actitud moralizante. Puede que esto sea lo que aparta la novela del Realismo y la introduce en la novela intimista. Es lo que viven; la normalidad va de la mano de la violencia y el machismo.

Es el reflejo de una realidad social que muestra la opresión sufrida y asumida por la mujer y los niños, fruto de un patriarcado feroz y acomplejado que descarga su ira contra los más débiles mientras acata lo estipulado por quienes tienen el dinero.

La amiga estupenda es la primera de una serie de cuatro novelas. A su vez está dividida en cuatro partes. Como en todas las grandes sagas, la primera parte es una relación de todos los personajes: los componentes de nueve familias más los maestros y algún personaje suelto. Este apartado es de agradecer porque sitúa perfectamente al lector en todo momento. 

La segunda parte es un Prólogo, que viene a ser el epílogo de los hechos y el porqué de la novela, por qué Elena se decide a escribirla.

La tercera, Infancia, cuenta la historia de don Achille Carracci, el charcutero, hombre detestable al que, sobre todo los niños, temían como si fuera un ogro. Son dieciocho capítulos cortos que empiezan en 1944, cuando nacen las protagonistas y relatan la historia de su infancia hasta que Alfredo Peluso, el carpintero, es detenido por matar a Achille. En esta parte observamos la degradación del ser humano, la vida normal de violencia-venganza que llevaban en el barrio; el maltrato paterno, con consecuencias nefastas para los hijos, sobre todo a las niñas, cuya esperanza por salir de la miseria quedaba rota.

«El señor Peluso nos parecía la imagen de la imagen de la desesperación. Por una parte, lo perdía todo en el juego y por la otra, en público la emprendía a golpes con todo el mundo porque no sabía cómo darle de comer a su familia».

La cuarta parte, Adolescencia, cuenta la historia de cómo Lila, su hermano Rino y su padre fabrican zapatos novedosos con los que pretenden salir de la ruina. Lila idea modelos rompedores, excesivamente caros para el barrio. La vida del grupo de amigos de Lenú va tomando forma: algunos siguen estudiando, otros trabajan y Lila, con 16 años se casa con Stefano Carracci, de 23.

Aunque los capítulos siguen un orden temporal, la narradora introduce analepsis o prolepsis que más adelante podemos comprobar su veracidad o bien sirven de reclamo para siguientes novelas «Años más tarde, una noche de noviembre de 1980 —ambas teníamos treinta y seis años, estábamos casadas, con hijos—, me contó con todo detalle lo que le había pasado en aquella circunstancia».

Lenú explora los sentimientos de Lila a través de los diálogos, los de los demás personajes al describir sus acciones y los de ella misma, que brotan, mediante la primera persona, desde lo más profundo. Su voz pretende ser objetiva pero es completamente intimista. Lenú se desnuda ante el lector sin miedo a ser juzgada; ella es quien contantemente lo hace: cuestiona sus miedos, sus deseos… No le importa dejar expuesto su mundo interior. A veces se recrea en el dolor, pero sin aspavientos; simplemente deja que las sensaciones sobre ella misma, o las provocadas por las circunstancias de Lila, sean el motor de la narración. Retrata con precisión la atmósfera en la que vive, donde se acepta la muerte como parte de la vida y donde la mujer lucha continuamente por sobrevivir. Lucha que pasa por el conformismo cuando no se es consciente de otro mundo mejor y por la ocultación de tabúes, de crueldad física y psicológica a la que todos están sometidos y los moldea hasta hacer de ellos hombres rencorosos y vengativos, acomplejados; mujeres con rabia hacia sus propias hijas si ven que la vida les brinda oportunidades que ellas no tuvieron.

El desasosiego de Lenú es constante; ella, insegura aunque brillante, se ve silenciada en cada momento. También Lila es anulada. Ninguna obtiene la ansiada libertad que buscan. Les faltan armas para encontrarla y están acorraladas por los prejuicios, la violencia y el desprecio.

Sin duda, habrá que seguir con el segundo volumen de la saga Dos amigas.

jueves, 10 de abril de 2025

AY EL AMOR EL AMOR

La última entrega de Rocco Schiavone nos hace quererlo más. El narrador no se detiene en pequeños detalles, tampoco se alarga en descripciones exhaustivas, Rocco va directo al caso Y, curiosamente, no es él quien narra, pero a veces la figura del narrador se confunde con la del protagonista y con la del autor. Me gustaría preguntarle a Antonio Manzini qué tiene de Rocco, o viceversa. A lo mejor nada pero el personaje está pensado con tanto cariño que da la impresión de estar vivo.

Ay el amor el amor comienza con un narrador externo que, como si tuviera una cámara, va contando los últimos momentos de una operación de riñón. Todo va como debiera, «el doctor Negri se disponía a extirpar el riñón». Pero una hemorragia masiva, sin posibilidad de control, hace que, a pesar de todos los intentos, «A las 22 horas y 21 minutos, el cirujano Filipo Neri anunció la defunción del paciente».

La siguiente escena es una noticia periodística, «Muerte de un industrial» firmada por Sandra Buccelato, donde anuncia la disposición de la familia a denunciar la mala praxis del hospital por haber causado la muerte de Roberto Sirchia al ponerle sangre que no era de su grupo.

Seguidamente, pasamos a la resolución del caso. Schiavone también está hospitalizado; le han extirpado un riñón como resultado de un balazo durante un tiroteo en el que habían detenido a una banda de falsificadores. Rocco no cree que haya sido una negligencia por lo que, desde el hospital, ayudará a su equipo a resolver lo que parece un homicidio.

El subjefe sigue teniendo mal humor, sigue haciendo gala de cierta misantropía, pero está más vulnerable, puede que porque haya visto de cerca la muerte, puede que el hospital se preste a ello, aunque no ha sido suficiente para calmar su carácter dinámico. En el hospital se reúne con el equipo, en este caso algo cambiado, Antonio Scipione ha sido ascendido a subinspector. Su éxito profesional no lo va a librar de una hecatombe personal, que lo obligará a afrontar sus acciones de los últimos tiempos. Esto no quita para que como buen subinspector que admira a su superior, se haga eco de expresiones tan propias de Rocco «Lucrezia, perdóname, pero este fin de semana no puedes subir. Tenemos una tocada de cojones de décimo grado y debo estar operativo las 24 horas».

También habrá sorpresa para Ugo Casella, un agente de total confianza. D’Intino será el siguiente que nos sorprenda a todos hasta el final; su ineficacia va en aumento dando lugar a momentos histriónicos; y Deruta y Pierron continúan en su línea. La policía científica Michaela Gambino toma en este caso mayor relevancia. Ella y el forense Fumagalli, entre otros detalles, darán la clave para solucionar el caso. En la vida privada del subjefe Schiavone, Gabriele y su madre, Cecilia, también lo pillarán desprevenido, dejando abierta la relación que seguirán manteniendo. Habremos de esperar a la próxima entrega. No sólo estos personajes, los amigos de la infancia de Rocco protagonizarán, seguro, algún suceso. Por ahora, Seba nos ha tenido en vilo, sin saberlo, durante la trama causando al final un desconcierto considerable.

No hay problema si no se ha leído nada de esta saga, su poder de atracción es tal que no hace falta, además, a lo largo de la novela se van nombrando hechos de las anteriores que van poniendo en situación. Asimismo las apariciones de Marina, la mujer de Rocco, asesinada, son escasas. Continúan hablando aunque ella cree que debe rehacer su vida «El nuevo trato es que si hablas de recuerdos, me voy […] Se va de verdad».

En fin, como reza el título, todos quedan tocados por el amor, sentimiento que puede ser la causa de los actos más nobles o más abyectos. Así que habremos de leer la novela de Manzini para disfrutar del misterio, «una vez por el paraguas y otra vez por un gorrito de lana calado hasta las orejas, todavía no había conseguido verle la cara», de la ironía, de descripciones cargadas de comparaciones humorísticas y de los actos hiperbólicos de Rocco «Esa había sido su dieta desde hacía al menos tres días, café y cruasán para desayunar, café y cruasán al mediodía y café y cruasán para cenar, con una barrita de chocolate de postre».

Los hechos se van narrando básicamente en dos espacios, el hospital y la comisaría. Son dos centros de operaciones desde donde deciden qué hacer y adónde ir. No encontraremos grandes persecuciones, porque la resolución tendrá que ver con la inteligencia y los sospechosos están en su lugar habitual. Nadie desaparece. Todos están convencidos de su impunidad. Schiavone, por su parte, tiene tiempo de reflexionar sobre los riesgos del trabajo mientras recuerda a sus seres queridos y sus aficiones, «Y con un riñón menos […] la vida va quitándote pedazos uno a uno. ¿Cómo llego a la meta?».

También en los diálogos, Manzini deja su punto de vista en boca de Rocco «hazte a la idea de que esta operación te la han regalado todos los ciudadanos que sí pagan impuestos, so idiota. Te merecías haber nacido en Estados Unidos, donde las medicinas te las pagas tú solito»; reflexiones acertadas que describen la realidad con toda crudeza. Cuando le interesa algo, no frena y pone a su disposición todos los recursos de que dispone, incluso suplantación de identidad «—Comandante Minetti […] Guardia de finanzas. Se trata de una comprobación rápida». El humor no falta en el equipo. Todos han aprendido de su jefe, por eso, cuando es necesario, se saltan las normas que impedirían la resolución del caso, las de tráfico, las del juego o las del interrogatorio a los sospechosos: «El tercer golpe fue un puñetazo en el estómago que hizo que el técnico de laboratorio se desplomara en el suelo».

El fin lo permite casi todo si consiguen atrapar al culpable; para ello el narrador, con escenas más bien cortas, pasa de un personaje a otro sin terminar de aclarar nada. Los lectores sabemos menos que ellos, por eso crece nuestra tensión, pero como también crece el enredo, el disfrute está asegurado. Otro punto fuerte, sin duda, es el empleo del lenguaje: ironías, sarcasmo, polisemia, homonimia, mentiras, comparaciones hiperbólicas, epítetos que pretenden ser significadores de conductas, tecnicismos que responden a otros…


—El seiscientos por cien. Como máximo se puede decir el cien por cien.

—Lo sé, era una hipérbole.

—Sé que era una hipérbole, por eso le he respondido con una tautología.

—Cuántas cosas sabemos, ¿verdad señor Baldi?

—Bastantes…

Todo un arsenal de recursos literarios incisivos que se esfuman cuando se trata de las reflexiones íntimas de los personajes, en las que el amor y la amistad predominan sobre el interés.

sábado, 19 de agosto de 2023

LA LÓGICA DE LA LUZ

Gusta leer una novela ambientada en un pueblo, casi idílico, donde las calles dan al mar y los vecinos están para acompañarte y echar una mano cuando es necesario. En este escenario se desenvuelve Vanina Garrasi, una subinspectora siciliana que cuenta con un equipo de confianza, que la aprecia, sabe su valía y no duda en trabajar lo que haga falta. Menos mal, porque el caso que llevan entre manos en La lógica de la luz es algo enrevesado. Leí Arena negra, de Cristina Cassar Scalia, básicamente porque había oído que era la sucesora de Camilleri, y disfruté con la novela, así que el segundo caso de esta policía de Catania me apetecía muchísimo.

La autora continúa con el sello de la novela negra clásica italiana, el gusto por la comida de la subinspectora es evidente; en esta ocasión se encuentra con el pediatra Manfredi Monterreale que supera incluso las dotes culinarias de Bettina, por lo que Vanina va a disfrutar de los mejores platos sicilianos.

Las alusiones a Arena negra son casi constantes, de esta forma nos enteramos de la vida privada de la subinspectora, el asesinato de su padre, «el inspector, Giovanni Garrasi, asesinado veinticinco años atrás por un comando de la Cosa Nostra delante de sus propios ojos»; su relación sentimental, que promete eterna e inconclusa, con el juez Paolo Malfitano «la precipitada boda de Paolo con Nicoletta Longo solo había sido una consecuencia más de esa gilipollez»; el respeto y cariño que finalmente le tiene a la nueva pareja de su madre y el aire fresco del contexto que, curiosamente, viene de la mano del comisario octogenario Biagio Patané quien a pesar de estar jubilado juega de nuevo un papel esencial en la resolución del caso.

La intriga está servida: Una chica, Lorenza Iannino, desaparece al tiempo que encuentran una maleta en el mar, vacía y con restos de sangre. Monterreale y el periodista Sante Tammaro, amigos del inspector Spanó, ven a alguien la noche anterior transportando una maleta pesada que deja en las rocas del acantilado. Todo indica que se trata del mismo asunto, así que el equipo de Garrasi se pone en marcha para descubrir lo que pasó realmente.

En esta novela nada es lo que parece, Iannino recibía dinero de su hermano y su cuñada para poder llegar a fin de mes, pero tenía alquilado un apartamento de lujo y era dueña de un vestuario exclusivo de gran valor. Además, todos los personajes implicados van complicando la resolución incluso, como en Arena negra, el sospechoso los lleva a otro caso de cuarenta años atrás, en el que a pesar de haber sido acusado por la hermana de la víctima, sale indemne por el testimonio de los propios padres de las chicas. Aquí, la labor de Patané es clave, por lo que finalmente solucionarán ambos casos y sacarán a la luz asuntos en los que, cómo no, la mafia está implicada.

La trama mantiene la expectación, hay varios giros finales que ayudan a que el lector permanezca en vilo a pesar del ritmo lento del principio. Habremos de pasar el ecuador de la novela para que la acción surja. Las primeras cien páginas contienen información sobre el entorno de la desaparecida y ciertas digresiones sobre la vida y fracaso familiar de algunos de los policías de Catania. Con la llegada de nuevos personajes, lo que parecía sencillo se complica, hasta dar la impresión de que no va a ser posible resolver el problema del inicio, pero Vanina tiene un sexto sentido que se acrecienta con el trabajo constante, «Esta vez, sin embargo, había algo distinto, una urgencia que la obligaba a pisar el acelerador […] la pista justa, seguida con la determinación de un perro de caza que corre hacia su presa siguiendo algo que sólo él capta».

El asunto engancha pues, si el crimen es casi perfecto, la investigación también. Además siempre es agradable recordar argumentos del maestro Camilleri en las denuncias a la mala gestión que los políticos realizan en los municipios aunque, en lo referente a las costumbres, Cassar Scalia mantiene la ironía oculta en un cariño absoluto por su tierra «Casi echaba de menos la mugre de las escaleras de hierro, empinadas e incómodas; la imagen del mostrador repleto de arancine que chorreaba aceite, medio aplastadas en bandejas que llevaban meses sin ver un estropajo […] ¡Ah, Sicilia! ¡Ah, Italia!».

El método Camilleri se mantiene en el título y la leyenda que lo rodea, que siempre arroja cierta claridad en la resolución del caso, «La pesca al candil tiene su propia lógica. Hay que encender la luz…». Y, por supuesto, el buen humor entre compañeros no falta en ningún momento. Probablemente, por el buen hacer de todos y una profesionalidad intachable, por el papel tan igual que la mujer y el hombre juegan en el trabajo y en la vida privada de la novela, me llama la atención la forma en que Vanina se dirige a su equipo «—A ver, niños, vamos a hablar claro», en más de una ocasión. Asimismo rechinan faltas de concordancia y ortografía, fruto, no me cabe duda de un defecto de traducción, pero no favorecen a la autora. «Incluida el comisario», «sino podrían haber parado a cenar», «Ni un aspirante a sacerdote que resulta ser alérgico a las ostias».

Aun así, la novela es entretenida y recomendable.

sábado, 25 de marzo de 2023

HAGAN JUEGO

¡Vaya! Hacía tiempo que no leía un final de novela tan estresante; el caso es que el desenlace de Hagan juego sabe a poco, puede que porque hay algún cabo suelto. Incluso al protagonista le preocupa esto, así que imagino que retome ciertos asuntos en la siguiente entrega. No cabe duda de que Antonio Manzini escribe para que queramos seguir leyendo. Los incidentes sucedidos a Rocco Schiavone tienen la apariencia de una serie que termina en el clímax para continuar en el próximo capítulo que, por supuesto, si lo vieses en cualquiera de las plataformas televisivas no esperarías al día siguiente. Pero esto es una novela y además las traducciones al español no van todo lo rápidas que quisiéramos.

Desde que el subjefe de policía Schiavone llegó a Aosta, en Pista negra, ha mantenido su abrigo Loden, a pesar de que no le abrigue en la montaña, y los zapatos Clarks, a pesar de tener que comprar unos nuevos en cada entrega. Lleva ya un año y medio fuera de Roma y continúa haciendo gala de un trato brusco, grosero en ocasiones, derivado probablemente del miedo a abrirse a los demás. Un año y medio en los Alpes italianos y aún tiene problemas con su equipo para entenderse con determinados términos propios de Roma y los más típicos del valdostano

—Eso opino, señoría. Se engresca con Michelini…

—¿Engrescarse quiere decir pelearse?

—Eso es

[…]

—…Quiero hablar con el sacacuartos…

—Se refiere usted al usurero, ¿verdad?

—Sí

—Pues, caray, ¡hable usted en cristiano!

Dieciocho meses entre nosotros y Rocco continúa dando pistas de cómo es y de su manera de investigar. La primera impresión de quien tiene delante es animalizadora; conoce el comportamiento de los animales más extraños y no duda en atribuirlos a una persona si esta mantiene algún rasgo físico en común con la bestia, «Guido Roversi era una Martes foina […] “garduña” y perteneciente a la familia de los mustélidos, carnívora y depredadora nocturna. Pese a su modesta estatura debía pesar más de noventa kilos, tenía los ojos pequeños y separados, oscuros, la cabeza un poco aplastada y dos orejas grandes que parecían salirle directamente de las sienes». Con sus hipérboles adversas no cabe duda de que acrecienta su rechazo, en general, por la especie humana, pero al mismo tiempo se define como un observador nato, característica que lo favorece en su labor de detective.

Pero en Hagan juego, algo está cambiando en Rocco. Aunque le cueste admitirlo vuelve a nosotros más débil de ánimo; es consciente de que está solo. Sigue hablando con Marina, su mujer asesinada seis años atrás, que ahora lo conmina a que siga con su vida y la deje marchar definitivamente. ¿Nos enfrentaremos a un Rocco más independiente y liberado? Puede ser, por ahora decide que seguirá en Aosta por un tiempo y, aunque no piense abandonar a sus amigos romanos, Manzini consigue que el subjefe establezca otros lazos de cariño que le va a costar desatar, aunque aún no sea consciente


—…¿Para qué amargarnos la noche? Hablemos de la pizza…

Rocco salió y Gabriele y Loba lo siguieron por el rellano

Schiavone ha evolucionado en las desapacibles montañas. Al fantasma de Marina se le han sumado el de Adèle, la mujer de su amigo Sebastiano, y el de Caterina Rispolli, la policía que huyó después de traicionarlo. El desengaño de los primeros meses se ha convertido en desencanto y frustración. Rocco está hundido; es como si hubiera de luchar contra una conspiración que no lo deja vivir en el mundo real, de ahí que acuda constantemente a Marina.

Sin embargo, en Hagan juego, el señor Favre, contable jubilado del casino, aparece muerto en su casa. El caso supone un misterio para la policía de Aosta pues no había móvil aparente, hasta que algunas pistas revelan una red de blanqueo de dinero que el muerto hubiera querido parar. Podría ser, pero no es todo tan sencillo. Por lo pronto Rocco detendrá al asesino de Favre y, con ayuda de su amigo Brizio conseguirá desenganchar al policía Italo Pierron del juego, adicción que le iba a costar el puesto y la vida.

Manzini introduce en esta novela a dos bandas, la ludopatía y sus consecuencias. Roco sabe por experiencia hasta dónde puede destrozar el juego al ser humano, así que hará todo lo posible, económica y moralmente, por salvar a dos personas que le importan de verdad. Como un moderno Robin Hood italiano se rodea de sus amigos, algo maleantes, para ayudar a los pobres y oprimidos, sin meditar las consecuencias que pudieran suponerle el saltarse la ley, robar a los corruptos enriquecidos y socorrer a los arruinados. Nuestro subjefe no juzga el comportamiento de quienes han robado para sobrevivir, pero sí el de quienes lo hacen para enriquecerse.

—¿Y si esa gente no me los quiere revender?

—¿Llevas encima la pistola reglamentaria?

—Claro

—Enséñasela y verás cómo se convencen…

[…]

Rocco Schiavone se tomaba los casos como algo personal […]

“Claro que sí —se dijo—, sí que vale la pena”.

En su relación con los demás, los flashback acuden alentados por la soledad y tristeza por las que pasa, la memoria funciona para que la amistad se intercale en su vida y su trabajo, «la llamada de su amigo, con quien no hablaba desde hacía tiempo, le devolvió las ganas de saber más». En realidad Rocco es un privilegiado que recibe el respeto, la lealtad y el compromiso de quienes consiguen ver más allá de lo que su fachada dura y sarcástica permite.

Y, por supuesto, es un buen policía que tiene claro cuáles son los límites de su profesión, sabe que el mundo real es imperfecto, y conoce hasta dónde es conveniente actuar para no empeorarlo. No nos extraña pues, que a pesar de tener la oportunidad de disolver la red de blanqueo de dinero negro, no lo haga; está seguro de que esta solución no será permanente, «Hay una especie de acuerdo tácito entre las partes, amigo mío. Uno de cada tres euros que pasan por tus manos proviene del tráfico ilegal».

Antonio Manzini ha vuelto a conseguir que la comisaría de Aosta sea única, que empaticemos con sus integrantes y simpaticemos con el subjefe Schiavone a pesar del humor escatológico que en ocasiones se gasta, el que deriva de la bondad del equipo o de su ingenuidad, el que roza el sarcasmo en las referencias a la brigada o del que se vale para contravenir las normas


—Dígamelo usted. —Rocco se encendió un cigarrillo

—¿Se puede fumar? —preguntó esperanzada Cecilia

—No —respondió Rocco, echando el humo hacia el techo —¿Entonces? ¿Ha cometido algún delito?

El autor es un maestro del uso del lenguaje con el que juega constantemente para aportar un ritmo ágil a los diálogos, consiguiendo hacer de la lectura una actividad casi audiovisual.

El significado negativo de algunas proposiciones se acrecienta al sustituir el conector discursivo de precisión por otro contraargumentativo, «dio un sorbo al café. Estaba caliente pero sabía a quemado».

Y, entre tanta risa podemos relajarnos con alguna que otra descripción poética, triste, nostálgica, que cuadra a la perfección con el carácter de Rocco «…y la luna no era más que un recuerdo». No hay demasiadas; es novela negra. Y de las mejores.

sábado, 4 de junio de 2022

LA SECTA DE LOS ÁNGELES

En 1901 ocurrió en Sicilia un caso que, aunque parezca insólito, era usual en los pueblos de las grandes ciudades en los que el caciquismo era visto como normal, tanto si habías nacido en el lugar de los déspotas como en el de los oprimidos, y por normales se tomaban también las situaciones de cautiverio y dependencia de las mujeres, fueran de la condición que fueran. Situaciones de violencia extrema que siguen llevándose a cabo no solo en los pueblos. Y cuando son los propios padres quienes se convierten en verdugos, ¿qué queda? Espanto.

Pues en ese ambiente, un abogado, periodista y farmacéutico, intentó defender la los tiranizados y se enfrentó a la iglesia, a la nobleza y a la mafia, lógicamente sin buenos resultados. Amenazado de muerte hubo de emigrar a EE.UU. y allí dedicó sus esfuerzos a favorecer, sobre todo, a los inmigrantes.

Basada en este hecho real, La secta de los ángeles supone un perfecto retrato de la sociedad jerarquizada, en la que para salvaguardar el “honor” de violadores y criminales se anula la libertad de prensa, y a la mujer como ser humano; sociedad en la que la nobleza y la altas jerarquías eclesiástica y civil se reúnen en el Círculo de Honor y Familia, palabras que en la novela pierden por completo su significado literal. En este escenario tienen lugar conspiraciones contra quienes pretenden cambiar las leyes implícitas, contra los que no se ajustan a los deberes establecidos por la pirámide social. Hay una jerarquía con la que no se juega, «Pero yo a este capullo no lo dejaré salirse con la suya. Ahora voy a la oficina y telefoneo a Roma, a Ciccino Barrafranca, le informo y le ruego que intervenga de inmediato».

Andrea Camilleri regresa a España en 2022, como si resucitara al tercer año, con esta novela histórica, de la serie más negra, para defender a los débiles, para acusar a los asesinos.

El autor escribe una tragedia real en forma de comedia de enredo y penetra en los acontecimientos más dolorosos denunciándolos con ironía, con sarcasmo y cierto humor. Camilleri no pretende cambiar su estilo, no se acomoda a otra manera de escribir. Su método es auténtico y requiere un alto sentido de la moral, de la justicia y del humor. Camilleri es un icono de Italia, un representante fundamental de la novela negra, porque entre sus histrionismos e hipérboles aparece el compromiso con el ser humano:


…los curas subieron al púlpito…

El padre Eribert Raccuglia espetó

—¿No os había dicho que este pueblo acabaría como Sodoma y Gomorra?

[…]

El padre Alessio Terranova dijo:

—¡Debemos arrancar la mala hierba!

El padre Alighiero Saurra se burló:

—Ahora lloráis, ¿eh? Ahora rezáis, ¿eh? […]

El padre Libertino Samoná proclamó:

—¡Haced una santa cruzada!

El padre Angelo Marrafá amenazó:

—¡Juro que los supervivientes del cólera no volverán a poner un pie en la esta iglesia si no se han desembarazado de Matteo Teresi!


La cita, aunque algo larga describe el ambiente del pueblo de Palizzolo, una pequeña población rodeada de iglesias, curas, nobles y mafiosos. En ella, el único que se atreve a plantarles cara es el abogado–periodista Teresi; aunque no descansa en busca de pruebas de las violaciones y amenazas ocurridas y a pesar de que consigue que el capitán de la guardia civil, Montagnet, lo crea, ambos son expulsados y el pueblo, como la novela, queda cerrado.


Sus costumbres permanecerán y el tipo de vida impuesto por los poderosos perdurará bastante tiempo. Los pobres seguirán sin derechos y amedrentados, preferirán vivir encadenados a morir en libertad. Novela más amarga que negra. Aunque los crímenes, palizas, violaciones son expuestos desde la ironía y el humor de Camilleri, siguen doliendo y escociendo las imágenes que se nos vienen a la mente


—¿Qué coño dices?

—¡Se ha matado! ¡Se ha colgado de una viga! […]

—¿Ha dejado algo escrito?

—¡Yo no he visto nada! ¡Estaba muy asustado!

—¡Lávate la cara! […]

—¡Qué dice?

—Lávate la cara. Está toda ensangrentada

—Voy a la sacristía

—No pierdas tiempo. Lávatela aquí, con el agua bendita de la pila bautismal…


Diálogos ágiles, descripciones acertadas y un estilo inconfundible, La secta de los ángeles se lee con el deseo de que apareciera Montalbano y pusiera orden en ese pueblo podrido.

Deberán pasar unos años aún para que el concepto medieval del derecho de pernada de los curas y nobles quede erradicado. ¿Cuántos han de pasar para que los integrantes de la iglesia no queden impunes ante gravísimos delitos y sean castigados severamente por sus culpas? «Te hizo mucho daño? ¿y a ti te gustaba mientras…».

¿Cuántos para que la justicia haga honor a su nombre y trate por igual al obrero, al marqués o al rey? ¿Cuántos para que la jefatura de estado de un país se ostente por méritos propios y no por herencia como si fuera un piso? Lo que no cuesta obtener se valora menos. Puede que por eso existan actitudes caprichosas, volubles, irresponsables, de quienes lo han tenido todo sin dificultad.


—Qué… ¿Qué pasa excelencia?

—¡Unce otra vez la carroza! ¡Salimos!

[…]

—Pero, excelencia, como mínimo hay dos horas de viaje…

—¡Ya me estás cansando! ¡Unce! ¡Y luego ven a por los baúles!


Mientras no llegue ese día, agradecemos las voces de quienes se levantan para defender a los oprimidos, a las mujeres, niños, parados, a los diferentes a la norma, como la de Teresi, que vivió en el siglo XX o la de Camilleri, que murió hace tres años y aún nos sorprenden sus novelas acusadoras.

Andrea Camilleri juega con la escritura y somete a los personajes a un tratamiento caricaturesco, pero no quiere presentar una realidad distorsionada sino que pretende recuperar el pasado a través de su historia.

La reunión del Círculo, con la que comienza la novela estimula el ánimo del lector; el humor de los tópicos iguala las inclinaciones sexuales y políticas rechazadas en la sociedad tradicional machista «—Porque si este círculo hay un marica como el coronel Petrosillo no veo por qué motivo no puede haber un bakuniano como el abogado Teresi».

Una vez confiados y relajados, empezamos a temer que la novela no vaya por un camino de rosas, aunque la ironía y el sarcasmo permanezcan «En efecto, los carabineros habían usado argumentos muy convincentes: golpes de plano con el sable, latigazos y amenazas de arresto, todas las cosas que forman siempre parte de la sutil dialéctica de las fuerzas del orden».

Entre risas vamos llegando al final y con él, la desolación absoluta, a pesar de que esperamos el milagro de los sueños, el que tiene lugar en la literatura; pero esto, en realidad, es historia y en ella apenas surgen cambios, «Mafia, curas y nobles […] le estaban declarando que tenían la intención de reducirlo a la inanición».

Queda una novela póstuma de Camilleri aquí en España. Aún le queda algo por decirnos. Ojalá sea pronto.

sábado, 9 de abril de 2022

SOL DE MAYO

En la cuarta historia de Rocco Schiavone, la trama está unida a la de Una primavera de perros. De hecho, en Sol de mayo han pasado solo dos semanas desde la liberación de Chiara Berguet. Dos semanas desde que Loba está con Rocco y parece que se conocen de toda la vida, «Estoy aquí porque me he quedado sin casa. Pero en cuanto encuentre una, me largo. Sobre todo por ella —Señaló a Loba— Esto se le queda pequeño». Dos semanas desde que Adele fue acribillada a balazos; por eso en esta entrega, el subjefe de policía está viviendo en una pensión, desconectado totalmente de lo que ocurre en la comisaría hasta que Marina le ayuda, como siempre, a tomar una decisión «—¡Haz algo ya, por Dios! —estalla, y desaparece tras la puerta».

Probablemente el causante del atentado de Adele ha salido de la cárcel en los últimos meses. Así pues, Rocco se multiplica esta vez para que Antonio Manzini convierta esta entrega en una trama rizomática que le da al subjefe la oportunidad de evadirse de su desgracia; es lo que tiene el trabajo intensivo.

Uno de los secuestradores de Chiara, Corrado Pizzuti, trabaja en un bar de Francavilla al Mare; a pesar de llevar una vida decente, es aniquilado. En la cárcel de Varallo, aprovechando una reyerta, el que fuera mano derecha de Berguet para luego venderlo y dejarlo casi en la ruina, Mimmo Cuntrera, también es asesinado de forma misteriosa con un veneno difícil de conseguir «Abrió la caja: dentro había tres ampollas de cristal. Con la misma etiqueta: “etilcarbamato”. Etiluretano».

Mientras tanto, Berguet, sin adjudicaciones para sus negocios, sospecha de Turrini, el nuevo empresario al que le han concedido todos los privilegios. En esta ocasión Rocco contará, en Aosta, con la ayuda inestimable de los hijos de los capitalistas, Chiara y Max «—Vamos a hacer una cosa, Chiara. Yo me llevo esto al juzgado. No digo nada ni de ti ni de Max y tú a cambio haces algo por mí […] —Vivir».

En Roma, el agente De Silvestri, fiel a Rocco, continúa buscando a recién salidos de la cárcel, también sus amigos Brizio, Furio y Seba se mantienen alertas para encontrar al asesino de Adele «—Seba… está convencido de que como encuentres tú al asesino acaba delante del juez. Y a él, en cambio, le gustaría tener antes una pequeña charla...».

Las diferentes investigaciones llegan a un punto muerto en el que Schiavone decide introducirse en la cárcel para descubrir al asesino de Cuntrera; de esta forma el lector que se enfrenta por primera vez a las entregas del subjefe Rocco Schiavone, no tiene dificultad para entender los sucesos anteriores y enlazarlos al de Sol de Mayo


—…Y ahora le ruego la máxima discreción

—¡Qué coño se cree Schiavone! —gritó Costa— ¡Que soy el jefe superior, no la portera!

—Perdone, tiene razón […]

—…Pero es posible que esté relacionado también con la historia de los Berguet y la licitación

Y a estos casos de asesinato y corrupción se le añaden a Rocco el tener que ayudar a Chiara a vencer el trauma que le ocasionó el encierro donde casi muere, ayudar a Italo Pierron en su relación imposible con Caterina, ayudarse a sí mismo diciendo adiós ¿definitivo? a Marina y buscar una nueva casa en Aosta para dejar la pensión.

Rocco Schiavone es rotundamente un héroe humanizado por su mal humor, sus deslices en las relaciones interpersonales, su visión algo retorcida de la situación en la que se encuentra y el sarcasmo con el que afronta la vida. Todo esto será una ventaja para dar con la verdad y poder solucionar los casos. Es cierto que, el principal objetivo no está conseguido, tendremos que continuar la serie; pero también lo es que, al buscar el origen de la culpa, encuentra las causas de sus propios rencores. De ahí la seducción-rechazo hacia Anna, el freno que se impone ante la atracción que siente por Caterina y la resolución, aunque forzosa, de dejar marchar a Marina.

Entendemos a este héroe humano y somos capaces de asumir la realidad en la que vive porque también en la nuestra oscilan lo sórdido del ambiente y lo escabroso de situaciones en las que se desata el mal sin control, de pronto, en una sociedad que afecta tanto a los más necesitados como a los poderosos, aunque por desgracia estos consigan salir mejor parados, a pesar de que lo más mezquino se prepare en las altas esferas.

Antonio Manzini escribe una novela de tendencia thriller en la que combina el negro con la corrupción. Los personajes depravados, sacados de una realidad que no hace falta imaginar, se mueven en una trama de suspense en la que lo de menos son los homicidios, porque lo más negro es lo que ocurre alrededor.

Sol de mayo puede leerse de forma autónoma, independiente, pero no es una lectura cerrada si tenemos en cuenta que tanto la sociología como la psicología tienen diferentes perspectivas. Por eso los lectores descubrimos, a través de la ironía, el humor (mal humor) y el sarcasmo del subjefe, las diferentes transformaciones que pueden aparecer en la estructura mental del hombre. Y gracias a la estancia de Rocco en la cárcel somos conscientes de que la base de una sociedad puede tambalearse hasta transformarse en otra estructura socioeconómica que es políticamente incorrecta.

La moral de Schiavone es ambigua, el subjefe se mueve bien en el submundo que pertenece a otros aunque él mantenga su vida y costumbres inamovibles. Esto puede deberse a su principal característica: la tenacidad, tanto si se mueve por amor, venganza, odio o dinero: «a las relaciones hay que darles tiempo para madurar, ¿no lo sabes?».

Pues creo que también los lectores debemos ser tenaces como Rocco y continuar leyendo las siguientes entregas. La intriga está asegurada, el humor también, así que mejor seguir sus pasos, «El subjefe estaba siguiendo una tertulia política en televisión. Sin volumen. Los participantes parecían peces en un acuario».