sábado, 24 de junio de 2023

EL REINO


Está claro que el paisaje de esta novela queda alejado de cualquier tipo de vida conocido. Envueltos en un ritmo lento, los personajes parece que estuvieran atrapados a bastantes grados bajo cero y ese frío es el que despiden en las relaciones que mantienen. No encontramos cercanía en el trato; conforme nos vamos adentrando en El reino somos conscientes de que todos ocultan algo, como si una helada permanente hubiera congelado sus actos para que no pudieran manifestarlos a los demás.

La trama es impactante y oscura; nada es lo que parece, la calma narrativa se une a la personalidad sombría de un protagonista torturado por la culpa, traumatizado desde la infancia en un ambiente familiar tenebroso y espeluznante.

La montaña, majestuosa de apariencia aunque con un firme poco estable es la que preside ese reino, y el barranco, amenazante, no es sino su infierno particular «detrás de la curva un aro naranja enmarcaba la cima de Ottertind. Y una raja en la montaña de doscientos metros de profundidad, como si le hubieran pegado un hachazo».

Entre el lugar, los personajes y la acción se da una perfecta sintonía en la que la lentitud es fundamental para hundirnos en la armonía del conjunto y poder profundizar en la psicología de los protagonistas.

Nada es lo que parece en El reino y por eso todo resulta tan atroz, la calma es impostada, como los accidentes, como la unidad familiar, como la sonrisa atrayente del que seduce al resto, como las ganas de pelea del pendenciero, como la orientación sexual aparente, «Shannon se había asegurado de tener el Cadillac ese día. Pero Carl iría en el Cadillac a la ceremonia de inicio de las obras en el solar del hotel. O mejor dicho, hacia el solar».

Jo Nesbø escribe una novela negra monumental, no solo por sus más de seiscientas páginas sino porque aquello que rodea los páramos de Noruega forma parte de un thriller gigantesco que abarca todas las pasiones humanas, desde el amor al odio pasando por la amistad, el rencor, la empatía, la envidia, la corrupción, el maltrato, el miedo y, por supuesto, el asesinato «Aun así había algo que no cuadraba».

Ray y Carl Opgar son dos hermanos que, desde que cumplieron 16 y 17 años vivieron solos en su granja del monte Arrat debido al accidente de coche que sufrieron sus padres y a la muerte del tío Bernard, a causa de un cáncer terminal. Pero Carl, más exitoso en las clases, va a estudiar a la Universidad y se queda en Minnesota. Quince años después aparece con su mujer, Shannon, una arquitecta que ha realizado un proyecto para construir en la cima de la montaña un hotel que los hará ricos, a ellos y al pueblo «¡PARTICIPA EN ESTE SUEÑO!, rezaba el titular, y debajo: SPA HOTEL DE MONTAÑA DE OS. […] Ahí estaba, esa era la razón por la que Carl había vuelto a casa».

La unión de los hermanos vuelve a traer recuerdos y consecuencias. El agente Kurt Olsen cree que tanto su padre, como los de los hermanos no murieron accidentalmente. En la actualidad, la muerte del usurero del pueblo y el incendio del hotel cierran el círculo de sospechosos, pero nada se puede probar. Solo el lector, al final de la trama y casi sin respirar será testigo de lo ocurrido, porque es cuando Nesbø quiere que nos enteremos.

Es muy difícil construir una novela tan larga dando vueltas a un asunto sin cansar, y sin embargo esto es lo que ocurre porque en cada uno de esos giros aparece un nuevo suceso, se desvela un nuevo pensamiento que nos permite reemprender la lectura con una expectación mayor. Incluso las situaciones más desconcertantes dejan de serlo en lo más profundo de los personajes, por eso las aceptan reconociéndolas como previsibles «—Joder, Olsen, ¡saca el maldito alcoholímetro para que sople […] No has superado la prueba de equilibrio […] —Date la vuelta, Ray».

El protagonista es, en principio, Ray Opgard, su hermano Carl aparece como antagonista. Ray es pendenciero, Carl tranquilo; Ray es huraño, sin sentimientos, Carl se muestra simpático con todos, sumiso con su familia y necesitado de la protección de Ray. Conforme avanzamos en la lectura y las analepsis empiezan a sucederse nos damos cuenta de que la provocación que define a Ray no es sino una forma de ocultar su vergüenza y salvar la dignidad familiar, «La vergüenza por lo que has hecho, pero sobre todo la vergüenza por la propia debilidad, por no poder parar, por tener que hacer lo que no quieres».

El lector es consciente de que el espacio, apartado, enrarecido, es lo más destacable, es el verdadero protagonista; de hecho la fuerza narrativa del autor se agranda al trasladar la escabrosa naturaleza finlandesa a un ambiente novelesco intrincado, capaz de conseguir que los hermanos se muevan por laberintos de mentira y traición. Cuando nos percatamos de eso es demasiado tarde para albergar esperanzas. El pueblo entero es una red de engaños en la que los conflictos pueden pasar de unos a otros sin mediar ningún descanso. Nadie se libra de protagonizar actuaciones autodestructivas que golpean el interior de cada uno al tiempo que plantean problemas morales, «Esa mujer poseía algo de lo que Carl carecía […] Ese tipo de maldad por la cual el dolor que uno se procura a sí mismo siempre es menor que el placer de arrastras a otros en su caída».

Todos creen saber lo que no saben «—Según creo, tú todavía no has tenido novia, ¿verdad?».

Porque todos están dominados por El reino, que empieza encuadrado en la granja de los Opgard y termina gobernando a la montaña y a todos sus habitantes. El reino es un reino de humillación para los débiles y de falsos triunfos para los maltratadores porque, antes o después, la situación dará la vuelta «Y vi una sonrisa enfermiza abrirse paso por el rostro inflamado y lleno de mocos del tipo que tenía delante».

La novela está repleta de pinceladas de crítica social, hasta que llegamos al final y encontramos la verdadera denuncia al gobierno, a las autoridades que, impasibles, ven cómo aumenta el número de víctimas sexuales y por maltrato de género.

Jo Nesbø resalta la paradoja que vive un país que aun teniendo una de las legislaciones más avanzadas en igualdad de género mantiene estereotipos que favorecen la impunidad de los agresores sexuales «No sé por qué los tíos creen que tienen prioridad para beber en esta clase de reuniones, o por qué ellas se ofrecen a ser las conductoras sin que se lo pidan […] Cuando Carl y yo éramos pequeños la gente conducía borracha. Pero la gente ya no lo hace. Siguen pegando a la parienta, pero no conducen borrachos».

Conviene que no olvidemos esta reflexión.



sábado, 17 de junio de 2023

MISERIA

He terminado la segunda novela de Dolores Reyes y me ha transportado no solo a Cometierra sino a todo el continente latinoamericano. Siempre he tenido la sensación de que ese pueblo ha sabido explorar como ninguno el mundo del subconsciente. Dolores Reyes parte en Miseria de una visión fantástica para poder expresar su propia realidad, y la expresa de tal manera que todos la consideramos real porque el contenido lo es, la desaparición de tantas mujeres, y el sentimiento, también (la impotencia de la soledad).

Las imágenes reales y fantásticas se unifican con total normalidad para conseguir que los lectores las asociemos a la intención de la autora: denunciar la situación en la que viven los seres humanos en determinados suburbios en los que nada se tiene, en donde el cariño de un animal es a lo único que, algunos, pueden aspirar, «Paseo por un parque que no pisé nunca. Tanto buscar con Miseria una plaza y ahora se aparece en mis sueños […] Metida debajo de los bancos hay una perrita quieta […] —Susy, no salgas de acá. Enseguida te buscan. —Y cuando escucha su nombre, mueve la cola».

Para entender perfectamente estas imágenes, Reyes introduce a los personajes, representantes de una problemática sociocultural, en un mundo onírico. El espacio real ahoga a los protagonistas con falta de oportunidades, son desarrapados envueltos en una espiral de violencia y animalización cuyas consecuencias son nefastas, sobre todo para las mujeres, aterrorizadas en una sociedad que no pocos interesados aderezan con magia negra.

La mujer en Miseria, es la verdadera protagonista. Mujer que, como la tierra, es símbolo de vida, protección y muerte «Mi mamá tampoco tenía camisones. Ella me contó que cuando volvimos del hospitalito, solas nosotras dos, hacía frío y como ya no tenía nada que ponerme […] envuelta y pegadas, estuvimos esos primeros días juntas ella y yo». La figura del padre también es simbólica de ese machismo ancestral y animalizador. Para Cometierra, Miseria, la Tina, Florensia… el padre es una presencia odiada o ausente. Por eso, probablemente, el Walter es el personaje más entrañable. La autora pide, con él, un cambio. Walter es la nostalgia, el deseo de un padre cariñoso, un hombre capaz de actuar sin violencia, un hombre que no quiere venganza sino justicia.

La relación entre el Walter y el Pendejo marca la aspiración de acabar con el padre destructor de la familia.

No hace falta haber leído Cometierra para seguir el argumento de Miseria; a veces hay alusiones que facilitan al lector el significado que algunos personajes tienen en la historia, o permiten el recuerdo de sucesos anteriores que ahora se entienden como premonitorios, «Vino porque el viejo está enfermo y necesita guita […] Y no quiero que mi hermana se entere de que apareció […] Quiero darle lo que me piden y que se vayan para siempre […] Estoy terminando de juntarlo, se la mando y se acabó».

No hace falta haber leído Cometierra pero sí es aconsejable. En Miseria, Cometierra, que había prometido no comer tierra más, se instala en otro pueblo con su hermano y su cuñada Miseria, embarazada con 16 años. Pero tan necesario se hace el dinero cuando llega el niño y son tantas las niñas y mujeres desaparecidas que, de nuevo, se aviene a buscarlas. Sin embargo ya hay una vidente, una reina de la noche que practica la magia negra y no está dispuesta a que nadie le haga sombra, entre otras razones porque cuenta con gente capaz de aniquilar al que lo intente y con el beneplácito de los gobernantes.

Cometierra no se bastará para parar la barbarie. Las mujeres deberán unirse y reclamar el fin de tanto dolor con un fuego que, simbólico, pretende quemar el daño para que de las cenizas resurja una nueva sociedad. Cuando Aylén es consciente de ello se queda en ese nuevo lugar, se separa de su hermano, de su familia, por primera vez, con la promesa de volver a estar juntos cuando todo se solucione.

Miseria es una novela de sentimientos. Sus protagonistas son mujeres reducidas a un espacio seguro, la casa y sus inmediaciones. Cuando alguna falta, salta la alarma y comienza a imperar el miedo. Apenas hay acción; solo Marta, al ser consciente de que su hija lleva muerta varios años, convoca a todas las mujeres para quemar el Corralón, donde durante tanto tiempo las niñas, las jóvenes han sido torturadas, violadas, asesinadas, enterradas sin que las autoridades pusieran fin a esa atrocidad. La quema del Corralón es símbolo de la destrucción de la opresión. La mujer de Dolores Reyes pide libertad, pide la unión de todas para que se alce en una única voz que no está dispuesta a tolerar más abusos:

—Nosotras también tratamos de que nos devuelvan a las pibas, pero lo hacemos de otra forma […] Nuestra fuerza depende solo de nosotras. De organizarnos para salir a meter presión

En cuanto al estilo, la autora mantiene una perspectiva dual, Miseria y Cometierra se turnan para contar sus sentimientos mediante algún monólogo interior que se intercala en diálogos, capaces de dar fe del instinto de protección de ambas. A veces el flujo de conciencia da paso a una narración dura y espontánea, reflejo de la lengua oral. Los lectores empatizamos con ellas desde el principio, tanto que, el final nos sabe a poco; queremos más. Cometierra puede ser la protagonista de una serie de novelas dirigidas a concienciar de la situación que viven los desamparados y denunciarla. Dolores Reyes escribe novela negra testimonial de los barrios más desprotegidos de Argentina, representantes universales de cualquier lugar deprimido, «Mamá, acá estoy bien. Tengo agua, una pieza, heladera y amigos […] La enfermera pregunta por qué no vine antes. Suspiro y no digo nada».

En la historia, el límite entre lo real y lo imaginado se desvanece, es fácil pasar de uno a otro porque Reyes trata lo extraordinario como algo natural, usual, mezclando superstición, premonición, sueño e imaginación.

El lector no es testigo de todo lo que ocurre, hay sucesos que se quedan fuera de lo narrado y nos vemos obligados a imaginar, de esta forma quedamos implicados en la trama. Cometierra deforma las imágenes percibidas; su sensibilidad es tal, que puede convertir cualquier hecho en sueño y vivirlo, irrealizándose, para poder actuar en él: «¿En qué lado de la habitación estoy ahora? El sueño me dobla las rodillas. Madame escupe humo como el caño de escape de una moto y después apoya el pucho para quemar mi ojo izquierdo. Me caigo de dolor».

Cometierra es la creadora, espectadora e intérprete de sus sueños, pero las imágenes que percibe no solo son parte de su imaginación sino que pertenecen a una realidad deformada coherentemente para que ella pueda proyectar ahí su vida, porque la vida de Cometierra es la muerte de las demás mujeres. Creo que la novela es testigo del sentimiento real de Miseria y del onírico de Aylén «Ni bien cierro los ojos, la escucho […] Mañana te vengo a buscar […] y al final me da un beso hermoso, como si fuera una bendición y sale de mi sueño»; entre ambas surge el día a día de mujeres invisibles. Mujeres inexistentes en la sociedad, sin personalidad, sin nombre. Mujeres que, entre ellas, también se conocen por el apodo que las representa. El niño nacido de Miseria, el Pendejo, será nombrado así, como vulgarmente son llamados los muchachos en Argentina, pero su madre lo consagra con una seña de identidad que pertenecerá solo a él y a su familia, «Y ahí sí lloro mientras le digo su nombre despacito, mi boca pegada a su frente, porque él también viene a mí llorando y se lo repito dos veces […] Al oírme se queda tranquilo».

Espero que Cometierra, Miseria, el Walter y el Pendejo sigan luchando hasta hacerse visibles en una sociedad que los trate con justicia. Espero que en algún momento Aylén pueda dar fe del significado de su nombre.

sábado, 10 de junio de 2023

BESOS, BESITOS, BESOTES


Nuevamente quiero agradecer a Babelio y a su Masa Crítica, el inmenso regalo que supone recibir un libro. En este caso, al ser una edición infantil y juvenil, el reconocimiento viene acompañado de una enorme emoción: dentro de poco podré contar este cuento. Besos, besitos, besotes me atrajo, indudablemente, por el título; creo que, por muchos que demos o nos den, siempre son pocos.

El cuento consta de un texto en verso, ilustraciones y música. Tres apartados que no se pueden separar, aunque Laura Vila sea la responsable de la letra, música e interpretación y Violeta Cano la encargada de ilustrarlo. Ambas, Laura y Violeta, han demostrado una compenetración fantástica. La editorial Pijama Books debe sentirse afortunada por contar con ellas.

Los dibujos de Violeta abren un mundo en el que solo hay cabida para el amor. Un mundo que refleja a la perfección la poesía de Laura:


Pestañeas en mi moflete

y mi corazón explota como un cohete.

Los dibujos nos introducen en lo más íntimo del ser humano, ese espacio entrañable que nos parece exclusivo. La ilustradora, no cabe duda, cuenta con una sensibilidad especial pues ha captado, con sencillos trazos, la finalidad de la historia que cuenta la escritora: Acentuar la importancia del contacto físico desde el momento en que nacemos. Los niños crecerán más seguros, con menos miedos, más felices, menos caprichosos.

Los versos de Laura, plenos de ingenio y humor, dejan constancia de la alegría que supone estar con un bebé. Vemos la alegría de la madre que besa los pies de su hija porque nada le parece mejor


Me encantan tus besos

me saben a queso

Asistimos emocionados a la imagen de esa niña que, feliz, chupetea la cara de su padre hasta quedarse dormida en sus brazos con su canción preferida.

Presenciamos el besito de esquimal que la abuela comparte con su nieta hasta que, en ambas, arranca una sonrisa.

El beso en la cara, de un niño a otro, para que sienta cosquillas en forma de revoloteo.

El beso que de forma fugaz se dan los hermanos y aun así perdura.

Besos en la mejilla que, aunque algo molestos por absorbentes, van dirigidos a los que queremos, y ellos lo saben.

Son besos, besitos y besotes acompañados de abrazos y calor para que los niños se sientan alegres, aprendan qué es el cariño y encuentren el significado de protección; para que los padres y abuelos sean felices. Un beso dura un instante. Un abrazo, puede que dos. Un achuchón, a lo mejor, tres instantes. La sensación de plenitud en los niños y en los padres es para siempre.

Laura Vila sabe qué debemos hacer con los niños; nos recuerda que solo los niños abrazados podrán abrazar cuando sean adultos. Los niños felices serán los adultos que hagan felices a quienes tengan a su alrededor.

Y Violeta Cano nos muestra cómo hacerlo. Sus imágenes, redondeadas, perpetúan la inocencia del bebé a lo largo de toda la infancia. Los colores fuertes, vigorosos, aportan cierta grave sonoridad, profunda. Y el conjunto de la ilustración, las formas y sus tonalidades evocan al mismo tiempo rotundidad y suavidad; como los sentimientos que despiertan los niños.

El formato del libro es cuadrado, compacto, pequeño, de hojas gruesas y puntas redondeadas; adaptado para los párvulos de casa. Destaca, sobre todo, el color amarillo en su variedad más cálida, que confiere una total armonía al conjunto.

No hay sombras; no son necesarias para conseguir que las ilustraciones adquieran volumen; de esta manera el significado es el que es, sin matices; desaparecen las diferentes intensidades de color y con esto Violeta despierta sentimientos fijos, consolidados.

Los dibujos destacan sobre fondos bastante uniformes que recrean el ambiente: fondos de color rosa para acercarnos a la jovialidad infantil; fondos en verde, porque no se nos escapa la importancia del contacto con la naturaleza en los niños; fondos en rojo, para que la acción a la que invita ese color vaya siempre unida a los niños.

En las figuras, que resaltan de ese horizonte simbólico gracias al perfilado grueso, también predominan los verdes, rojos y amarillos por lo que asociamos rápidamente las imágenes al crecimiento infantil, al aire libre, a la actividad y pasión de los niños. Cada página se relaciona con la felicidad y la armonía presentes en el ambiente infantil. Y, para terminar con el color, llama la atención la piel de todos los humanos; tanto niños como adultos lucen un cutis rosado, símbolo de la jovialidad e inocencia propias de los más pequeños, cualidades con las que siempre deberíamos acercarnos a ellos.

Creo que si Laura Vila ha expresado a la perfección, con palabras, qué es los mejor que podemos ofrecerle a los niños:


Me plantas los morros en la mejilla

y pones cara de pescadilla

Violeta Cano ha reflejado gráficamente la idea para que, si el niño es muy pequeño, no necesite leerlo para entenderlo. A cualquier edad se pude manipular Besos, besitos, besotes para sentir la felicidad que han conseguido transmitir sus autoras.

Y, si el formato es bastante tradicional, encontramos un tercer lenguaje que lo hace más novedoso pues, al escrito y al gráfico se une el musical gracias al avance tecnológico. Con cualquier teléfono móvil actual podremos escanear el código QR que, en este caso, ha almacenado el texto, cantado por la propia Laura. Todo un acierto que contribuye a potenciar el desarrollo auditivo, sensorial, motriz y social del niño.

Estos beneficios influyen a su vez en la expresión emocional de los peques y, por supuesto, de los adultos que compartan este o cualquier otro libro de la editorial Pijama books.

Multidiversión y multiestimulación aseguradas.

Momentos mágicos para comunicarse con los más pequeños de la casa.

sábado, 3 de junio de 2023

PROGENIE

He leído una novela negra que me ha gustado por varias razones. Puede que la principal sea que la mujer tiene un papel bastante diferente al asignado en las novelas negras tradicionales. Hace tiempo que descubrimos a una mujer capaz de abandonar el papel de víctima y acogerse al de policía o eludir a la mujer fatal, usual en el género, para adoptar el de “normalita”. Pero Progenie sigue los pasos marcados por su título y la mujer se erige en personaje absoluto. En Progenie hay víctimas, mujeres que no son tan inocentes como cabría esperar o como daban a entender en el entorno en el que se desenvolvían; el equipo policial no está compuesto sólo de mujeres pero sí lo son la inspectora jefe, la comisaria, la forense, la policía más antigua y la novata; todo un plantel en el que podemos ver diferentes prioridades, diferentes causas por las que han elegido el trabajo y diferentes formas de entender la felicidad. Entre los personajes secundarios también encontramos alguna mujer que destaca por su inteligencia, incluso Nerea, guapa, despampanante, se aparta del cliché de secretaria algo limitada intelectualmente para todo lo que no sea su trabajo y aparece como una chica culta y capaz de tratar temas de diversas índoles.

Susana Martín Gijón ha dado una vuelta de tuerca a la mujer del siglo XXI y ha puesto el dedo en la llaga con Progenie. Las víctimas son mujeres, en principio poco sociables, con pocas relaciones sociales. Las víctimas han sufrido una muerte violenta, aparentemente sin motivación; no ha habido robo ni violación. Los asesinatos no siguen ritual alguno, sin embargo, todas las mujeres asesinadas aparecen con un objeto inquietante: 

Soledad Cabezas, recepcionista de la clínica Santa Felicitas, especializada en técnicas de reproducción asistida, donde trabajaba desde hacía dieciocho meses, desde que se había trasladado a Sevilla a vivir con su expareja, después de dejar a su padre en Madrid. «Me contó que se venía aquí a vivir con él. Así, por las buenas. Que habían hablado mucho sobre su relación y querían intentarlo […] Me enfadé tanto que dejé de hablarle […] Que se estaba cavando su tumba y que no contara conmigo».

Soledad aparece atropellada en la noche, con un chupete en la boca.

Lola Cuadrado, escritora de novelas. Sin pareja, entregada exclusivamente a su trabajo «Y Lola no tenía hijos ni sobrinos ni nada por el estilo […] —¿Ni un ex con el que pudiera haber vuelto? —No. Por lo menos desde […] hace más de diez años».

A Lola le abren la cabeza con su trofeo literario y le ponen un babero al cuello.

María de la Concepción Arjona, apuñalada en el abdomen y tirada en la fuente de un parque junto a unos patitos de goma.

Las tres mujeres, de edades diferentes, estaban embarazadas en el momento del crimen, incluso María Concepción, de 54 años. Las tres se han quedado embarazadas gracias a la clínica Felicitas, por lo que su directora, Natalia Matute, está desolada, cree que puede ser obra de «retrógrados que no se han enterado de que las mujeres tenemos tanto derecho como ellos a hacer lo que nos dé la gana».

También Camino, la inspectora, está soltera y ha dejado de pensar en traer hijos al mundo, algo que nunca le ha atraído y menos ahora, con 44 años.

Por el contrario, Lupe, la más joven del equipo, debe enfrentarse a su hijo casi adolescente y a un marido en el paro con sueños de escritor. Lupe debe luchar con la conciliación familiar esperando que la traten en serio y dejen de relegar su trabajo al papeleo.

Y, finalmente encontramos a Teresa, a punto de jubilarse, con hijos y nietos, feliz de su papel como ama de casa y cuidadora, y feliz de no haber deseado adquirir más responsabilidades en el trabajo para poder dedicarse a su familia.

Mujeres que realmente han debido elegir entre el trabajo (y las aspiraciones) y la maternidad. Mujeres que, como la forense, cuando se han visto instaladas social y laboralmente, se les ha hecho tarde para engendrar un hijo y deben pasar por la tortura física y psicológica que supone la fecundación médica «Micaela la mira desde el fondo de unos ojos acuosos, tratando de contener la rabia […] —Era un embarazo gemelar».

Otras, que han decidido no engendrarlo, y deben pasar por la culpa personal o social a la que serán sometidas, «No quiere un hijo ni dos ni tres, como no quiere un marido ni un gato ni un perro. Quiere su tiempo para ella, quiere ser buena en su trabajo […] quiere pasar por la existencia disfrutando en lo que pueda […] ¿Es mucho pedir?».

En cualquier caso son situaciones que el hombre no ha conocido, por lo que es difícil que todos sean capaces de entenderlo.

Susana Martín da cuenta con este argumento tan actual, de la sociedad española; el poder que da el dinero y el afán por controlar de quienes poseen un razonamiento asocial y egoísta. El grupo de sospechosos estaría en esta situación. El grupo de víctimas es el resultado de las dificultades con las que se encuentra hoy cualquier mujer, siempre apremiada a lo largo de los siglos por el reloj biológico y hoy, además, capaz de desmentir el instinto maternal. El grupo de policías es bastante resultón formado por mujeres y hombres diferentes, unos con más corazón que aspiraciones, pero todos capaces de realizar un impecable trabajo.

Si el tema de la maternidad es el principal, no debemos obviar otro, presente como fondo, la fertilidad como negocio. No todo en este mundo son buenas intenciones. Asimismo, hay trazos de violencia de género, no olvidemos que las huellas mentales, a diferencia de las físicas, apenas se borran con el tiempo.

El suspense de Progenie está desde el comienzo, en el que Soraya y Mª Jesús se dirigen felices a empezar su futuro, pero esta narración queda interrumpida por el dolor del padre de Soledad al enterarse de la muerte de su hija. Soraya y Mª Jesús irrumpirán de vez en cuando en el relato, con una letra en cursiva que las diferencia del resto de personajes, para generar una expectación creciente en el lector.

La lectura es fácil pues, a la personalidad diferente y atractiva de todas las mujeres, la autora añade una sugerente intriga que conseguirá hacer desaparecer a los sospechosos, por falta de motivos y por la manifestación de un secreto que saca a la luz el antiguo inspector. Con este personaje y este enigma la historia termina de enriquecerse y la estructura de la novela queda perfectamente encuadrada en cuatro partes y cuatro víctimas.

sábado, 27 de mayo de 2023

EN LA BOCA DEL LOBO


Elvira Lindo ha ido evolucionando en su narrativa de forma espectacular pero sigue conservando personajes inocentes, buenos, que piden a gritos que la vida les vaya bien o mejor o un poco menos peor. Aún estoy impactada con su última novela porque, aunque ya el título sugiere y el comienzo avisa de que la vida no es un camino de rosas, «la vida no te da armas para defenderte cuando eres niña, te las da cuando ya es demasiado tarde», En la boca del lobo espolea al lector hasta sacarlo del sillón confortable en el que está inmerso en la historia y lo obliga a reflexionar, a ver las cosas desde el punto de vista del niño, a plantearse una vez más si los seres humanos lo somos, si las mujeres venimos al mundo con el instinto maternal impuesto, si somos capaces de infligir daños irreparables y seguir viviendo.

No cabe duda de que Elvira Lindo se ha consagrado como una de las mejores escritoras actuales. En la boca del lobo es una novela dolorosa pero esperanzada. Es lo bueno que tiene la gente buena, siempre ve un rayo de luz por el que caminar en la oscuridad. El argumento es bastante sencillo, Julieta va con su madre, Guillermina, al pueblo de ésta, en el que se crio de pequeña y del que salió con quince años, embarazada, para volver únicamente durante algunas vacaciones. Han heredado la casa de su tío, una casa pequeña, en el monte, que a pesar de no ser acogedora el entorno consigue atrapar a la niña y, una vez transcurrido el tiempo de estancia inicialmente previsto, Julieta le pide a su madre que se queden allí.

Julieta no quiere volver a la ciudad, no quiere volver al colegio, sabe que va a repetir y aun así es incapaz de hacer lo que le han mandado para no quedarse más atrasada en el nivel educativo. Julieta no se centra en nada. Sólo pasea por el pueblo, habla con las mujeres, conoce a Virtuditas, la nieta de Virtudes y Leonardo, aprende de Emma, otra que, como lo fue su madre en su día, es criticada por las vecinas a causa de su comportamiento con los hombres. A pesar de todo, Julieta siente la conexión con la naturaleza y siente una relación franca, consecuente, lejos de la falsedad dolorosa, terrorífica que está viviendo en su casa de la ciudad. Julieta le pide a Guillermina que se queden allí, pero ésta tiene otros planes en los que su hija es un estorbo.

La autora emplea, en la narración, elipsis anisocrónicas para que tengamos presente que, aunque Julieta no se queda en el pueblo, vuelve de manera esporádica y sigue en contacto con sus habitantes, «Julieta los saluda tímidamente […] Virtudes, franca y sin reparos, se echa en brazos de su amiga, la reconoce como tal a pesar de esa década que las ha convertido en mujeres». Otros diez años después regresará al pueblo para quedarse, dispuesta a empezar una nueva vida con quienes la quieren de verdad y dispuesta, a pesar de todo, a querer.

La novela incide en lo más profundo de la mujer, expuesta a ser destruida en cualquier momento y a destruir. No hay ocasiones propicias para Guillermina o para la abuela Esmeralda, solo han tenido contacto con la soledad, con la rutina embrutecedora del campo, con la crudeza que supone una familia que no quiere otra familia como la que tuvieron. La naturaleza idílica, puede convertirse en algo asfixiante, en actitudes que no se corresponden con las palabras que agravian, que difaman. El monte, remanso de paz, puede transformarse en una trampa mortal de la que es difícil salir intacto si estás solo, «Me tendió la mano, me habló tiernamente, bonica, qué se te ha perdido a ti en el monte y en plena tormenta». La naturaleza alejada de la civilización, puede perseguir, silenciosa, a quienes se adentran en ella, a pesar de que también la civilización está llena de sombras. Son las sombras de los hombres, sus arrebatos, los que nos persiguen de verdad.

En En la boca del lobo aparecen rencores, vilezas, secretos innombrables cuyo recuerdo bastará para traicionar o castigar. Pero también lo hacen sentimientos de ternura en medio del dolor más absoluto.

La mujer queda retratada desde lo más profundo de unas heridas que no causarán sino miedo y venganza, heridas que no cicatrizan y la animalizan más que los propios animales, «antes la mata el zorro que permitir que sufra». El estilo, sobrio, se abre constantemente a la fantasía mezclando situaciones oníricas con el surrealismo para ahondar en la soledad y en las misteriosas relaciones entre Julieta y los habitantes del pueblo y con ella misma, «y entonces decía el melonero, ¿por qué te quieres deshacer de ella? Porque tiene un sapo en la barriga, contestaba mi madre».

Las mujeres de Elvira Lindo sufren; las niñas quedan atrapadas en cierta hostilidad recubierta de paternalismo hipócrita que las hunde en el dolor y la soledad. El campo es un ambiente cerrado, inquietante a pesar de aparecer abierto y atractivo. Un ambiente en el que el desamparo refleja la tensión y las emociones violentas de unos personajes en confrontación con ellos mismos, «sé que la herida no se va a cerrar nunca. ¿La ves? No es la quemadura de aquel metal al rojo vivo […] sino la cobardía de él […] ahora, ya enterrada esa pobre mujer, cuando me arrepiento de no […] mostrarle mi gratitud».

Los diálogos potentes retratan a los personajes y las analepsis y prolepsis continuas consiguen que los vayamos descubriendo poco a poco, que vayamos adivinando lo que piensan a través de las descripciones impresionistas, que dejan al aire los sentimientos y de otras, expresionistas, que deforman las situaciones con la intención de degradar a aquellos por quienes, en el fondo, sienten pena, «Virtuditas, de pronto, suelta una arcada profunda y sonora, y yo me echo para atrás para esquivar el vómito. Y ahora yace en el suelo, sobre su propio vómito de alcohol no digerido, como muerta».

Elvira Lindo es capaz de ampliar las miserias morales con duras exposiciones que reflejan el mundo desolado del campo, el estado puro del hombre, al mismo tiempo que especifica sus íntimas percepciones desde la sensibilidad más absoluta, «Los que han sobrepasado los ochenta años en estas condiciones […] Soportan el dolor de las articulaciones con resignación y viven con dignidad hasta el día en que dejan de tener hambre».

En esta novela encontramos presentes existencialistas fruto de pasados resentidos que, a pesar de todo, luchan para encontrar un futuro que borre el eterno día a día doloroso. Un futuro que viene de la mano de una mujer libre capaz de ser y hacer feliz.

sábado, 20 de mayo de 2023

TODO VA A MEJORAR


La dictadura perfecta tendrá la apariencia de una democracia, una cárcel sin muros en la cual los prisioneros ni siquiera soñarían con escapar. Un sistema de esclavitud donde, gracias al sistema de consumo y entretenimiento, los esclavos amarían su servidumbre

 

(Aldous Huxley. Nueva visita a un mundo feliz)

 

No cabe duda de que la influencia de Un mundo feliz ha sido universal y evidente en la novela de ciencia ficción. Es tentador presentar un mundo en el que el Estado controle la totalidad de los movimientos y pensamientos de sus habitantes. Incluso Huxley analizó su propia obra para, en 1958, razonar sobre sus aciertos en las tendencias políticas que amenazaban la libertad del ser humano.

Almudena Grandes también quiso dejarnos una novela que tratara sobre este tema; para ello plantea una distopía en la que el Estado planea la vida de los españoles, gobernados por hombres sin escrúpulos cuyo mayor interés es el poder. Hombres en la sombra que manejan mequetrefes, rostros aparentes que defenderán lo que les ordenen, rostros que no interesa que piensen y quieren también dinero y poder: «…había insistido en ponerle de número uno por Madrid porque parecía un actor de cine y la belleza masculina siempre había dado buenos resultados electorales en España».

Lo curioso de Almudena es que ella, inteligente, sensata, amante del pueblo español en general y del madrileño en particular, defensora de los derechos humanos en cualquier circunstancia, escribió una novela distópica pero no tanto; una novela en la que advierte de algunos peligros que ya estamos viviendo. A lo mejor es que nos encontramos en la antesala de un apocalipsis. No vivimos una dictadura, pero la libertad se resiente al hablar de justicia. Estamos presenciando discursos de gobernantes que sólo quieren dañar esta democracia de forma que la mayoría de ciudadanos no se entere, discursos que pretenden conducir al pueblo a través del engaño y que suponen un ataque a nuestra inteligencia, porque lo que plantean de forma individualista desembocará en una falsa justicia.

En Todo va a mejorar, a través de un virus informático, el Movimiento Ciudadano ¡Soluciones ya! dirigido por el empresario megalómano Juan Francisco Martínez Sarmiento, produce un gran apagón que deja sin internet a la población. A esto se van sumando tres pandemias sospechosas que privan a los españoles de libertad de movimientos. Martínez Sarmiento consigue que esta crisis lo sea para según qué estrato social, por lo que asume, como el Gran Capitán de los Reyes Católicos, reconquistar el reino para aquellos que, seguro, le rendirán pleitesía. Sólo tiene que emplear una fórmula utilizada ya en la antigüedad. El panem et circenses romano se transforma, en nuestro futuro inmediato, en una sociedad de consumo organizada en la que no faltan alimentos, no falta diversión, pero falta libertad.

Da igual, estamos en la era de no pensar y dejamos las grandes decisiones en manos de quienes no están dispuestos a que bajen sus rentas ni su poder. El nuevo gobierno lo tiene todo bajo control, «La disolución por decreto de las oenegés se vio compensada por el anuncio de una institución nueva, El Cuerpo Nacional de Voluntarios para la Repoblación de la España Vaciada»; el ejecutivo está formado por personas que actúan de espaldas a los ciudadanos, personas que mienten pero apenas se nota porque a nadie le interesa cambiar su forma de vivir sin penurias; son falsos “proactivos” que actúan para prevenir los posibles problemas que atenten contra sus intereses.

Pocas mujeres han acumulado tanto éxito literario, en vida, como Almudena Grandes. El paso del tiempo fue tomando cuerpo en sus novelas, la memoria histórica, el recuerdo como parte de un pasado que nos pertenece y sin él no podríamos entender nuestro presente. Esta obra póstuma es una novela coral, los protagonistas son los futuros madrileños que viven las consecuencias de nuestro presente, en el que cada vez hay más usurpadores, corruptos, mala gente que se considera impune a sus fechorías, gente que está por encima del bien y del mal y trata al pueblo como si fuera idiota.

La literatura de Almudena está plagada de personajes complejos, secundarios que nos abren su mente y sus sentimientos a cada paso. Todo va a mejorar no podía ser menos porque la autora, con tanta vida, tan llena de amor por Madrid no podía permitir que una serie de desnaturalizados acaben con ella, por eso tras «una familia de virus mutantes capaz de generar sus propios antivirus que mutan al mismo ritmo», a la que sucedieron varias pandemias que dejan al pueblo como un títere en manos de dioses caducos, aparecen personas que aman, que quieren sentirse libres, que necesitan preocupaciones y conflictos para intentar, al menos, solucionarlos.

Como siguiendo la distopía propuesta en el cronotopo novelado, el narrador expone diferentes líneas informativas que en momentos determinados se unen a la continuidad del presente. Novela y vida van de la mano. El núcleo de la novela es el afán de superación que tienen «los parias de la tierra», pero para vencer hay que luchar unidos contra el sistema, «lo que se había propuesto era una tarea inabarcable, demasiado grande para una sola persona». Sólo en equipo podrán sacar a la luz las barbaridades cometidas por los gobernantes y conseguir que sean los ciudadanos quienes se vayan dando cuenta «y antes de aparcar la furgoneta en la puerta de la pastelería, ya habían descubierto tres pintadas más».

En Todo va a mejorar encontramos una advertencia al ser humano: No podemos dejar que los endiosados dirijan nada porque un dios decide cómo han de vivir los hombres y cuánto y, si algo se complica, sólo ha de mandar alguna plaga que ponga un remedio favorable a sus intereses «Dios creó el mundo en seis días y el séptimo descansó. Él había tardado mucho más tiempo, pero se había ganado el mismo descanso […] Alejandro Fernández sintió un escalofrío […] Su viuda tardó más de un mes en encontrarlo […] Una putada, concluyó el Gran Capitán para sí mismo […] no quedaba más remedio que ir pensando en provocar la cuarta (pandemia)».

También localizamos un consejo: Si queremos seguir viviendo como seres humanos hemos de tener cuidado con la Inteligencia Artificial, porque quien la controle, dominará el dinero, el poder y los movimientos del resto.

Almudena Grandes nos desea un futuro, mejor o peor, construido por nosotros, un futuro en el que los aciertos sean fruto de haber aprendido de los errores.

El estilo de la novela, a pesar de que el ambiente revela cierta ciencia ficción, es realista; el lenguaje mantiene la capacidad comunicativa reflejo de diálogos situacionales actuales cargados de gran fuerza y emoción «—…Todo el santo día dando la murga con la patria de los cojones, como si España fuera el jardín de su casa, como si los demás fuéramos unos parias que no tenemos dónde caernos muertos. Y lo peor es que los tenemos dentro».

Almudena nos conmina a no conformarnos, a luchar por un mundo que estrene cada generación y no deba vivir según los que están en el poder si anulan la capacidad de actuar por propia voluntad, porque «Votar cada cierto tiempo no te hace libre cuando tienes que regresar a casa de tus padres sin trabajo y con treinta años».

¡Qué grande, Almudena, hasta el último momento!

sábado, 13 de mayo de 2023

SOLO HUMO

Me gusta el estilo de Juan José Millás; me gusta leer sus artículos porque tienen cierto aire habitual con el que te sientes identificado, o al menos queda la sensación de que van dirigidos a quien los lee. Me gusta la novela de Millás porque reina el absurdo; si no la tomásemos así muchos de sus argumentos serían calificados de espeluznantes.

Y espeluznantes son los cuentos traídos a su última novela, Solo humo, que me han llamado la atención por el papel que la mujer tiene en ellos. De todos es sabido, por la historia, por la experiencia y aun por el refranero que la mujer ha sido denostada de manera amplia y reiterada «Mujeres y malos años nunca faltaron». Y es raro que el hombre haya quedado como débil, tolerante, el que acepta los improperios de la mujer cuando ha sido ella la maltratada. En la literatura popular el consejo a los hombres es de desconfianza y precaución en su trato con las mujeres. Está claro que cuando ha circulado por todos los escritos ha sido para crear una conciencia social que sea asumida como cierta. Es una curiosidad que nombro porque en Solo humo recordamos a la madrastra de Cenicienta o a la madre de Hansel y Gretel, culpables del mal de sus hijos y de sus maridos y responsables del comportamiento negativo de estos «—Los abandonaremos en una parte aún más profunda del bosque, allí de donde no puedan regresar».

La literatura de Millás desconcierta en general, es como leer un sueño, una pesadilla de las que cuando despiertas te queda la impresión de que ha podido ser real. En su última novela se dan cita el terror y la fantasía de los cuentos tradicionales con lo peor de lo cotidiano y la ausencia de sentimientos en la vida real, «El cuento se refería a una época remota en la que las jóvenes se presentaban en palacio ofreciéndose como una mercancía a los príncipes, aunque en la vida real había ocurrido algo muy parecido con un productor de cine americano que abusaba de las aspirantes a estrellas». También ocurre aquí, no nos engañemos. Da igual que haya pasado en un tiempo remoto o en el actual, da igual que forme parte de la literatura o del día a día. La ausencia de sentimientos está latente en Solo humo, novela en la que Carlos recibe una herencia de su padre ausente el día de su decimoctavo cumpleaños. Carlos padre le deja su casa y unos ahorros. Carlos hijo decide irse a vivir allí y encuentra un libro de cuentos de los hermanos Grimm, en el que puede introducirse como fantasma y vivir la literatura de primera mano. Por allí se tropieza con el fantasma de su padre, que lo enseña a desenvolverse por el mundo de la imaginación, pero no lo ha perdonado, así que Carlos decide vengarse de él ocupando su puesto: se enamora de Amelia, la vecina de la que estaba enamorado Carlos padre, y tiene una hija con ella (que ocupará el lugar de Macarena, hija de Amelia y muerta unos meses antes de cumplir 10 años) ¿Es posible olvidar a una hija tan pronto? En Solo humo, sí, porque el problema de la identidad está presente en un caos absolutamente ordenado, como si Carlos tuviese el poder de decidir que sus fobias y deseos fueran cumplidos.

La idea de “matar al padre” está presente; sin embargo no he encontrado el clima de asfixia de otras novelas. Carlos no quiere una vida propia sino la que no tuvo con su padre. Partimos de un fracaso personal. Además se hace cargo de todo lo que supuestamente le hubiese gustado tener a Carlos padre: la mujer y la hija que hubiera deseado tener. Pero acepta las responsabilidades eludidas por el padre que le impidieron ser feliz.

Carlos decide vivir todo aquello que su padre imaginó pero no puso en marcha, por lo que siempre estuvo solo a pesar de estar acompañado de sus vecinas. También Carlos hijo se sintió solo a pesar de la compañía y atención de su madre. El hijo quiere redimir el dolor de la soledad de la ausencia paterna «Carlos miró el reloj […] En la vida, el tiempo discurría despacio […] imaginó la vida como una sucesión de destierros de uno mismo». El tema quevediano de la brevedad de la vida también ocupa las páginas de Solo humo y Carlos es, como el propio Quevedo, «presentes sucesiones de difunto».

Lo que Millás propone es vivir los sueños y aceptar las responsabilidades que conlleven, solo así se podrá tener un final de cuento, un final feliz, al menos así se verá desde el presente, porque si no somos capaces de vivirlos, se irá de nosotros la alegría, como a Carlos, «Porque era un hombre turbio».

El problema de la soledad también está presente. Carlos hijo y Amelia tienen un conflicto con la realidad que los ha privado de compañía; son personas con miedo a vivir una soledad constante. Mediante la literatura, Carlos se da cuenta de que su soledad viene del miedo de su padre a aceptar la responsabilidad «paternidad sin compromisos, clandestina», por eso decide remediar esa actitud haciendo frente a una situación inversa a la suya, la de la madre abandonada por su hija. Carlos se encierra voluntariamente en el mundo imaginario de su padre para vivir su propia realidad y ser, por fin, feliz. «Las vidas más intensas, toma nota de esto, hijo mío, son las extraoficiales.

Para remediar la soledad, el poder de la lectura es importante, «de un lado se reconoció a sí mismo sosteniendo el libro entre las manos, pero de otro se halló literalmente dentro de la alcoba de la mujer agonizante». Y si es importante la fuerza de la lectura es porque transmite esta energía al lector que se siente capaz de alcanzar lo que quiera «Yo puedo verlos y escucharlos a ellos, pero ellos no pueden verme ni escucharme a mí».

Está claro que Carlos madura a través de la lectura de sucesos que viven personajes, como Carlos. Esto es un círculo.

También es inquietante el inconsciente, representado en la dualidad de Macarena. La niña mariposa advierte de la necesidad de ciertas condiciones de vida adecuadas. Macarena niña, cuando se ve abandonada por su padre, anuncia su muerte como niña y su resurrección en mariposa blanca, símbolo de pureza y transformación por excelencia, «sus padres se separaron […] —Me salió una mariposa blanca del oído […] —…yo era esa mariposa». Una mariposa que morirá para dar paso a otra Macarena, esta vez, del hijo, no del padre.

De nuevo el círculo, el ciclo de la vida que nunca se hará realidad si no la hemos conformado en nuestra imaginación.