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martes, 9 de junio de 2026

BAILANDO ENTRE CAMPOS DE COLORES

Cuando me llegó el paquete de Masa Crítica pensé que era un libro muy grande, pero no, es que contenía dos ejemplares así que uno de ellos se queda en mi librería y el otro lo disfruta mi nieta, que le ha encantado; lo abre una y otra vez para ver los colores.

Gracias una vez más a Babelio; sus iniciativas me han permitido conocer diferentes editoriales, autores y, en el caso de la literatura infantil, diferentes ilustradores. Y gracias, por supuesto, a Bellaterra Música Ed. una editorial especializada en música infantil, algo que la hace idónea para trabajar en colegios o desde la propia casa.

A finales de 2024 recibí y comenté Un botón, cuento que le encantó a Erin con catorce meses. Cada vez que encontraba el botón reía y disfrutaba. Bailando entre campos de colores lleva la música integrada a través de un código QR, para oírla mientras colores y sentimientos se van instalando en los pequeños lectores. La imaginación se pone en marcha desde el primer momento.

Bailando entre campos de colores es apropiado para niños de 3 a 6 años e incluye, además, una actividad de pintura y una ampliación de la vida y obra de la pintora Helen Frankenthaler, protagonista del cuento y clave en el expresionismo abstracto del siglo XX.

La cubierta es perfecta. Una Helen niña aparece de puntillas, estirada como si quisiera tocar el cielo, en el cuadrante inferior izquierdo, con un pincel en sus manos con el que llena la tapa blanca de colores azules, rosas, lilas, verdes, amarillos y anaranjados. Una explosión de color, una expansión de alegría que apreciamos en la cara de la niña y en los dibujos que han formado esos colores. La ilustración se ajusta perfectamente al título, tanto en la forma, Bailando entre campos de colores con letra redondilla, como en el fondo. Helen es feliz con esos colores que sugieren césped, flores, mariposas y aire. No hay nada encerrado. La libertad y la alegría rodean a la protagonista y ella la traslada a los lectores.

Las guardas del libro, tanto anteriores, volantes y posteriores, con líneas, círculos y manchas en diferentes tonos de lila, nos impactan al abrirlo. Un cuento grande, como las pinturas de Helen Frankenthaler, de tapas duras y hojas de alto gramaje.

Después nos encontramos con una página inicial que actúa de portadilla, con el título, los nombres de la autora e ilustradora, Elizabeth Brown y Aimée Sicuro, la editorial y un dibujo que representa a Helen Frankenthaler rodeada de manchas de los mismos colores que la portada.

Una vez pasadas las páginas iniciales entramos en el cuerpo de la historia de la expresionista. El cuento no lleva fechas «En una época en que se enseñaba a las niñas a estarse quietas…», Es como si la autora quisiera dotar a la obra, a la suya y a la de Frankenthaler, de universalidad; el pasado nos alerta de que no es actual, sin embargo sigue vigente.

Tampoco las páginas van numeradas. Nada constriñe; podemos abrir el libro por donde queramos y los dibujos, grandes, ocupando las dos páginas que tenemos delante, son los que nos cuentan lo que pasa a través del color.

El texto escrito es una breve explicación de lo que vemos pero perfectamente podemos saltar páginas; importa ver la sensación de libertad del mar, la alegría de un día en familia tanto en casa como en el parque; los largos collares de cuentas de colores que realizan Helen y su madre unen ambos momentos. También quedan subordinados al dibujo los paseos por la naturaleza que disfruta la familia; los sueños felices que depara el dormitorio; la ternura y calidez del malva y ocre contrastan con el dolor del negro cuando muere su padre. Conforme Helen crece, lo hace también la amplitud de movimientos con la pintura y los colores hasta que quedan unidos a ella y su pintura a la tierra, la lluvia, el viento, el mar y el sentimiento. Helen y su pintura son una misma idea. Ambas están vivas y hacen sentir a quienes las observamos esa vida. Sus cuadros son ternura, alegría, dolor, amor, optimismo y afecto hacia lo que nos rodea.

Los colores bailan, pasean y se expanden por el cuento hasta que llegamos a las páginas finales donde, con letra más pequeña, la autora nos informa sobre momentos de su vida, preparación y técnicas artísticas que utilizó. Ahora sí, siguiendo una cronología precisa a lo largo de los 83 años que vivió esta norteamericana, pionera del arte abstracto.

Otros anexos incluyen una actividad propuesta para que hagan los niños, una selección bibliográfica sobre la pintora y notas de la autora Elizabeth Brown.

Una gozada de libro.

sábado, 28 de diciembre de 2024

UN BOTÓN

Agradezco enormemente, como siempre, a Babelio, la oportunidad que me da de conocer nuevos escritores, nuevas tendencias y nuevas lecturas. Me gusta participar en Masa crítica y procuro hacerlo en todos los géneros para estar un poco al día de diferentes literaturas. Masa crítica infantil y juvenil me atrae, lógicamente por razones familiares, así que en esta ocasión el cuento Un botón me trajo el recuerdo de la canción «Debajo de un botón» que le he cantado a mis hijos cuando eran pequeños y lo sigo haciendo con mis nietos. Un botón, por el texto persuasivo de Babelio, es un cuento para niños muy pequeños.

Asimismo en la contraportada podemos comprobar que es idóneo para edades entre uno y tres años, por lo que me decidí a pedirlo y me tocó. Gracias.

Al tenerlo en mis manos me di cuenta de que no hay más argumento: a Rita le falta un botón del vestido con el que iba a bailar y debe encontrarlo para su actuación. La letra y las imágenes intentan que los niños lo busquen con ella, sin embargo los dibujos son más indicados para niños mayores de un año pues, aunque sencillos, no reflejan con suficiente claridad lo expresado en el texto, el armario donde debe buscar apenas se ve y cuando dice que lo busca arriba y abajo, las ilustraciones se refieren a las acciones inversas.

Rita pasa por las emociones de sorpresa, tristeza y rabia hasta que cae dormida antes de encontrarlo. Sí hay sorpresa final.

Pero el cuento tiene las páginas muy finas, algo que costará trabajo manejar a un niño pequeño sin romperlas y es una pena porque los dibujos son preciosos, en tonos suaves, color pastel, fomentan la relajación. Igual que la música, maravillosa, donde podemos deleitarnos con fragmentos del Arabesque nº1 del maestro decimonónico Claude Debussy o del Aria la Bergamasca del compositor Marco Uccellini. Asimismo es una gozada recordar una parte de Singin’in the rain del letrista Arthur Freed y el compositor Nacio Herb Brown.

Todas, piezas fabulosas que invitan a la tranquilidad. Junto a ellas otras no menos importantes del famoso musicoterapeuta actual Santi Serratosa y de la pedagoga de la música y el movimiento Marta Canellas, a quien acompañan las letras escritas y cantadas por Anna Vega.

Encontramos, intercalados entre las piezas musicales, sonidos de pasos apresurados y de diversos objetos que mueve la protagonista para encontrar su botón.

Todo un conjunto inmejorable; sin embargo, aunque el contenido es ideal para niños pequeños, la forma no lo acompaña, tanto por el tamaño del cuento, pequeño y con hojas finas, como por la posibilidad de oír la música, solo a través de un CD. He visto cuentos para los pequeños que, con páginas gruesas, llevan la música incorporada y el sonido es francamente bueno.

Solo hago este apunte porque hubiera sido fantástico que el propio niño pudiese manipular su regalo.

Por cierto, la idea de poner las siluetas de los protagonistas y de algunos objetos de Un botón al final, para que los niños las rellenen con colores, es muy buena y completa la atención didáctica de la Editorial Bellaterra Música.

viernes, 21 de junio de 2024

DEL MONO AL SAPIENS

No cabe duda de que Babelio es una plataforma literaria importante. Los libros que recomienda son un referente. Las listas que elaboran los seguidores sobre subgéneros literarios resultan bastante fiables; además casi siempre encontramos alguna reseña sobre un título que nos interese leer. Por si esto fuera poco, cada cierto tiempo se abre una Masa Crítica donde tenemos la posibilidad de obtener un libro, elegido por nosotros, a cambio de realizar una crítica. Gracias a esta iniciativa he recibido Del mono al Sapiens, un libro fabuloso en el que los textos de Bengt-Erik Engholm y las ilustraciones de Jonna Bjōrnstjerna se complementan para que los jóvenes de la casa (y los no tanto) pasen ratos divertidos, agradables y de reflexión sobre quiénes somos.

Mi agradecimiento enorme a Babelio y a la editorial Harperkids.

Llaman la atención en este libro, el orden, la estructura y los dibujos que, no cabe duda, enriquecen el texto; en todas las páginas encontramos personajes de cómic que con onomatopeyas o bocadillos suplementan la historia. El diseño de los personajes es casi igual para todos, lo que nos recuerda que no somos tan diferentes como algunos se empeñan en proclamar. Pero hay color en las imágenes, un tono algo más o menos subido en la piel, un sombrero o la ausencia de él, un cabello más o menos rizado, ciertas prendas de vestir… Los personajes de Del mono al Sapiens van experimentando una evolución, tal como afirma el título, aunque las diferencias son mínimas, desde el principio de la historia nos vemos reflejados. Los dibujos son divertidos; los chicos reirán con las agudezas encontradas en el lenguaje elíptico de los globos o en las onomatopeyas, que quitan gravedad a los hechos ocurridos en realidad. Las ilustraciones conforman casi por sí solas un relato paralelo.

Como el concepto tiempo es abstracto, Bjōrnstjerna, tras un árbol genealógico en el que retrata las caras de los diferentes homínidos a partir del Autralopithecus, y en el que se permite terminar con el Homo Digitalis, dibuja la historia de la Tierra en la esfera correspondiente a los doce meses del año. La Tierra se crearía el 1 de enero y la historia completa del hombre ocuparía los 39 últimos minutos del 31 de diciembre. Visto así, nos damos cuenta de lo ínfimos que somos.

Las dos últimas páginas del libro están ocupadas por tiras cómicas que reflejan la cronología del Sapiens desde hace 70.000 años hasta el momento.

No cabe duda de que los colores son llamativos y los dibujos mantienen un tono humorístico y exagerado. Es una verdadera delicia pasear por las 167 páginas del libro. Y, por supuesto, no solo para recrearnos con las ilustraciones; el texto es bastante completo y fácil de leer. Engholm ha tenido en cuenta la edad de los lectores y ha dividido la historia en cinco grandes apartados; cada uno de ellos está formado por curiosidades (de una página) encabezadas por un título. Aunque siguen una  cronología general, los subapartados no continúan de forma regular; esto facilita la lectura de dos o tres páginas diarias o incluso ir directamente a aquello que les interesa en especial, A saquear en nombre de Dios o Las colonias.

No todo es diversión, al menos, los autores no pretenden solo la risa de los lectores. El libro trata temas muy variados como el racismo, «Tenemos aspectos diferentes porque nuestros predecesores han vivido en sitios diferentes», la xenofobia, la crueldad humana, la inmigración, «a eso se siguen viendo obligadas algunas personas hoy», o el concepto de amistad.

Es cierto que estos aspectos no se tratan en profundidad, pero no se trata sino de que el niño reflexione sobre la poca importancia del color de la piel, la poca importancia del sitio de procedencia y la gran importancia de utilizar la inteligencia, de tener claro que somos los únicos habitantes de la tierra que, al caminar erguidos, nuestro cerebro se desarrolló más que el del resto de especies, y que somos lo suficientemente capaces de evitar confrontaciones innecesarias. Si ahora nos parece inocente la creencia antigua de achacar las malas cosechas a castigos divinos, ¿por qué sentimos la necesidad de intercambiar favores con el dios de cada uno? ¿Aún no nos hemos dado cuenta de que hay poca intervención divina y mucho afán de poder humano? «Los mitos sobre un dios severo ayudaron a los gobernantes a acumular más poder sobre el pueblo».

Una vez leemos el libro, nos damos cuenta de que la supremacía de occidente no ha existido siempre; sin embargo, el hombre sí ha tenido cierta inclinación a la xenofobia, bien por su carácter egoísta, bien por las condiciones ambientales, políticas o económicas, «creíamos que los demás eran peores por el simple hecho de que provenían de otro lugar o de que tenían un aspecto diferente».

A esto hay que añadir otro problema: la superpoblación. Somos millones de personas viviendo en espacios donde antes lo hacían miles o cientos. Las condiciones de vida para la gran mayoría son peores: menos trabajo, menos espacio vital, menos actividades satisfactorias. Hemos sido capaces de inventar artilugios que nos hacen la vida más cómoda pero estamos llegando al punto de apreciar más a las máquinas que a los propios humanos. Tenemos “derechos humanos” pero no consideramos a todos dignos de estos derechos. Estamos consiguiendo una vida totalmente distinta en la que solo los afortunados podemos elegir, «Podemos colocarnos partes mecánicas en el cuerpo», pero Engholm advierte de algo que estamos olvidando, «que se erradicaran las guerras, la pobreza y las enfermedades; que pudiéramos salvar el medio ambiente». Cuando consigamos esto habremos demostrado ser verdaderamente un Homo sapiens.

miércoles, 3 de enero de 2024

MATHLAND

Comienzo el año 2024 agradeciendo de nuevo a Babelio su ayuda en mis lecturas. Con la última edición de 2023 de Masa crítica, he ampliado mi abanico leyendo un cómic fabuloso. Gracias de todo corazón y gracias a ECC, pues me ha introducido de lleno en el mundo de las historias ilustradas.

Usando un título que tiene algo de clásico, parte de un acróstico y terminación anglosajona, que ya tenemos asumido todos que indica país, nos encontramos en Mathland, el país de las matemáticas. De manera fantástica, a ese lugar llega Alan, un chico que se cree incapacitado para esta ciencia hasta que vive en persona lo que ocurre con las potencias, qué son, qué pasa con los números positivos y negativos, por qué hay unos números que son constantes, qué función tiene en nuestra vida diaria la forma de lo que nos rodea, la importancia de la razón y lo irracional… Con Alan nos damos cuenta de que ese mundo abstracto de las matemáticas es mucho más concreto de lo que creemos. Nada es porque sí, todo tiene una explicación y solo hemos de razonar para encontrarla.

Teniendo en cuenta que en el instituto, normalmente, las matemáticas suelen presentar un rechazo por parte de los alumnos, sería conveniente que, cuando terminasen su educación primaria, los niños leyesen Mathland, en verano, para familiarizarse con algunas operaciones y conceptos mucho más cercanos de lo que piensan.

El libro tiene 160 páginas de 21 x 15 centímetros, con tapa blanda y cubierta con solapa. Es manejable y atractivo. En la portada vemos a Alan, en actitud segura, rodeado del resto de personajes. Los colores son vistosos, predominando el blanco y el azul claro brillantes, donde la gama que va del verde amarillento al violeta aporta una total sensación de amplitud y frescura. Hay todo un mundo por descubrir en Mathland.

La contraportada mantiene los colores fríos blanco y azul de fondo, sobre los que hay escritas dos informaciones destacadas: una sinopsis y algunos datos de Pedro A. Martínez. En la solapa de la cubierta, el autor se presenta a sí mismo e informa de su intención al crear Mathland. También se presenta Sonia Müller, como dibujante de cómics y estudiante de física, carrera que abandonó por la de Art Gráfic, pues no entendía las matemáticas. Confiesa que esto fue antes de leer este libro.

Con Alan descubriremos por qué los números primos se llaman así y cuáles son, descubriremos nombres curiosos que podrán usar en la vida diaria «Os lo he dicho un gúgol de veces», descubriremos la magia del cuadrado y, por lo tanto, de las potencias «Pero no hay manera de construir un cuadrado con 2 o 3 piezas. Por eso 2 y 3 nunca serán cuadrados perfectos».

Cuando Alan llega a Mathland conoce a Zero y a las pequeñas unidades enteras, seres ambicionados por la reina Enteralia desde que fue consciente de sus propiedades mágicas. Alan ayudará a los habitantes de este país a conseguir un talismán, que podrá apartar a la reina de sus intenciones y devolver a nuestro protagonista a su mundo.

El argumento del libro tiene mucho que ver con el subtítulo: El enigma del talismán aritmético.

La Lógica hace que Alan discurra por Mathland para que todo gire como deba. Él cree que nada tiene sentido, sin embargo, Zero consigue que entienda el orden de las operaciones que pueden hacer con los números enteros y naturales. Una vez descubierto, podrá razonar con π diferentes acertijos e ir cambiando de lugar, hasta conocer el misterio del mago que ha apresado a Enteralia y Naturalia. También necesitará la ayuda de Aritmética y sus arcos vectoriales. De esta forma, uniendo a todos los que tienen que ver con la diosa Theano, Alan podrá hacer frente a sus inseguridades y entender su propio mundo, «Porque las mates están por todas partes».

ECC ediciones ha publicado este libro en diciembre de 2023 y constituye una revolución en la enseñanza (y acercamiento) de las matemáticas. El autor, Pedro A. Martínez, sabe de lo que habla: es doctor en Matemática Aplicada y profesor, en instituto y universidad, por lo que se habrá encontrado más de una vez ante el rechazo de esta asignatura por parte de los alumnos. Nos cuesta entender lo que no vemos, por eso es difícil aprovechar ciertos axiomas, leyes y reglas matemáticas a fuerza de memorizarlos. La idea de este profesor es magnífica, más aún cuando la propia estructura del cómic permite asimilar poco a poco los conceptos mientras disfrutamos del texto.

Mathland está dividido en once capítulos, cada uno protagonizado básicamente por un personaje, del que nos informarán, al comienzo del apartado, sobre alguna propiedad que tiene en el cómic y su importancia en la realidad del mundo matemático; así sabremos que Alan es un joven curioso aunque confíe poco en sus capacidades y, relacionado con las matemáticas, fue el nombre del que inventó uno de los primeros ordenadores, facilitando el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Conforme vamos leyendo capítulos, el nivel va creciendo; así, el capítulo 6, “El libro de Hipatia”, nos presenta a PHI, un personaje que puede volar a gran velocidad y camuflarse en la naturaleza; en Matemáticas, φ es un número irracional relacionado con la sucesión de Fibonacci.

Mathland es un libro didáctico, aprenderemos y comprenderemos muchas ideas nuevas como que el 0 es un número par, «¡Los pares son el resultado de multiplicar por 2 un número entero!», pero ante todo es un cómic, por lo que nos divertiremos con la aventura de Alan y nos asombraremos con las imágenes de Sonia Müller. Está claro que a esta ilustradora de Barcelona le gusta el manga. Los dibujos de Mathland participan de algunos de sus rasgos: La expresividad de los ojos es evidente, casi todos los personajes los tienen grandes pero con pupilas diferentes, es casi como una marca personal, desde las más redondeadas de Pi hasta los ojos sin pestañas de Zero; en cualquier caso a través de los ojos vemos de forma categórica sus emociones.

Las siluetas, sin tener la estilización de los mangas, son delgadas, aunque destaca Naturalia por sus formas redondeadas y generosas, haciendo indudablemente honor a su nombre. Y como Naturalia está en juego, los escenarios naturales conviven con aquellos que podemos denominar futuristas; asimismo encontramos personajes ataviados con ropas más antiguas y otros que van vestidos según especulamos cómo serán los soldados del porvenir.

Las ilustraciones son en blanco y negro, aunque a veces encontramos páginas coloreadas en las que el contraste es evidente, consiguiendo imágenes de gran fuerza y alegría. El cómic se hace agradable de leer. La narrativa visual es fundamental para Müller, las viñetas están perfectamente separadas y mantienen un orden lógico, destacan las onomatopeyas, escritas en grande para causar mayor impresión.

También algunos croquis o planos facilitan la resolución de los enigmas propuestos y la comprensión estructural de algunas figuras geométricas. No cabe duda, es un cómic diferente y recomendable.

sábado, 10 de junio de 2023

BESOS, BESITOS, BESOTES


Nuevamente quiero agradecer a Babelio y a su Masa Crítica, el inmenso regalo que supone recibir un libro. En este caso, al ser una edición infantil y juvenil, el reconocimiento viene acompañado de una enorme emoción: dentro de poco podré contar este cuento. Besos, besitos, besotes me atrajo, indudablemente, por el título; creo que, por muchos que demos o nos den, siempre son pocos.

El cuento consta de un texto en verso, ilustraciones y música. Tres apartados que no se pueden separar, aunque Laura Vila sea la responsable de la letra, música e interpretación y Violeta Cano la encargada de ilustrarlo. Ambas, Laura y Violeta, han demostrado una compenetración fantástica. La editorial Pijama Books debe sentirse afortunada por contar con ellas.

Los dibujos de Violeta abren un mundo en el que solo hay cabida para el amor. Un mundo que refleja a la perfección la poesía de Laura:


Pestañeas en mi moflete

y mi corazón explota como un cohete.

Los dibujos nos introducen en lo más íntimo del ser humano, ese espacio entrañable que nos parece exclusivo. La ilustradora, no cabe duda, cuenta con una sensibilidad especial pues ha captado, con sencillos trazos, la finalidad de la historia que cuenta la escritora: Acentuar la importancia del contacto físico desde el momento en que nacemos. Los niños crecerán más seguros, con menos miedos, más felices, menos caprichosos.

Los versos de Laura, plenos de ingenio y humor, dejan constancia de la alegría que supone estar con un bebé. Vemos la alegría de la madre que besa los pies de su hija porque nada le parece mejor


Me encantan tus besos

me saben a queso

Asistimos emocionados a la imagen de esa niña que, feliz, chupetea la cara de su padre hasta quedarse dormida en sus brazos con su canción preferida.

Presenciamos el besito de esquimal que la abuela comparte con su nieta hasta que, en ambas, arranca una sonrisa.

El beso en la cara, de un niño a otro, para que sienta cosquillas en forma de revoloteo.

El beso que de forma fugaz se dan los hermanos y aun así perdura.

Besos en la mejilla que, aunque algo molestos por absorbentes, van dirigidos a los que queremos, y ellos lo saben.

Son besos, besitos y besotes acompañados de abrazos y calor para que los niños se sientan alegres, aprendan qué es el cariño y encuentren el significado de protección; para que los padres y abuelos sean felices. Un beso dura un instante. Un abrazo, puede que dos. Un achuchón, a lo mejor, tres instantes. La sensación de plenitud en los niños y en los padres es para siempre.

Laura Vila sabe qué debemos hacer con los niños; nos recuerda que solo los niños abrazados podrán abrazar cuando sean adultos. Los niños felices serán los adultos que hagan felices a quienes tengan a su alrededor.

Y Violeta Cano nos muestra cómo hacerlo. Sus imágenes, redondeadas, perpetúan la inocencia del bebé a lo largo de toda la infancia. Los colores fuertes, vigorosos, aportan cierta grave sonoridad, profunda. Y el conjunto de la ilustración, las formas y sus tonalidades evocan al mismo tiempo rotundidad y suavidad; como los sentimientos que despiertan los niños.

El formato del libro es cuadrado, compacto, pequeño, de hojas gruesas y puntas redondeadas; adaptado para los párvulos de casa. Destaca, sobre todo, el color amarillo en su variedad más cálida, que confiere una total armonía al conjunto.

No hay sombras; no son necesarias para conseguir que las ilustraciones adquieran volumen; de esta manera el significado es el que es, sin matices; desaparecen las diferentes intensidades de color y con esto Violeta despierta sentimientos fijos, consolidados.

Los dibujos destacan sobre fondos bastante uniformes que recrean el ambiente: fondos de color rosa para acercarnos a la jovialidad infantil; fondos en verde, porque no se nos escapa la importancia del contacto con la naturaleza en los niños; fondos en rojo, para que la acción a la que invita ese color vaya siempre unida a los niños.

En las figuras, que resaltan de ese horizonte simbólico gracias al perfilado grueso, también predominan los verdes, rojos y amarillos por lo que asociamos rápidamente las imágenes al crecimiento infantil, al aire libre, a la actividad y pasión de los niños. Cada página se relaciona con la felicidad y la armonía presentes en el ambiente infantil. Y, para terminar con el color, llama la atención la piel de todos los humanos; tanto niños como adultos lucen un cutis rosado, símbolo de la jovialidad e inocencia propias de los más pequeños, cualidades con las que siempre deberíamos acercarnos a ellos.

Creo que si Laura Vila ha expresado a la perfección, con palabras, qué es los mejor que podemos ofrecerle a los niños:


Me plantas los morros en la mejilla

y pones cara de pescadilla

Violeta Cano ha reflejado gráficamente la idea para que, si el niño es muy pequeño, no necesite leerlo para entenderlo. A cualquier edad se pude manipular Besos, besitos, besotes para sentir la felicidad que han conseguido transmitir sus autoras.

Y, si el formato es bastante tradicional, encontramos un tercer lenguaje que lo hace más novedoso pues, al escrito y al gráfico se une el musical gracias al avance tecnológico. Con cualquier teléfono móvil actual podremos escanear el código QR que, en este caso, ha almacenado el texto, cantado por la propia Laura. Todo un acierto que contribuye a potenciar el desarrollo auditivo, sensorial, motriz y social del niño.

Estos beneficios influyen a su vez en la expresión emocional de los peques y, por supuesto, de los adultos que compartan este o cualquier otro libro de la editorial Pijama books.

Multidiversión y multiestimulación aseguradas.

Momentos mágicos para comunicarse con los más pequeños de la casa.

jueves, 24 de noviembre de 2022

SUNAKAY

El último libro que he recibido de Babelio es una obra de arte. Felicidades a la editorial Flamboyant por la magnífica y original edición, de tapas duras, páginas enormes, gruesas y colores inolvidables. Felicidades a los autores, Meritxell Martí y Xavier Salomó y muchísimas gracias a Babelio de nuevo.

Al abrir Sunakay echamos en falta la información que suele ir al principio, los copyrights, el año y lugar de edición, el ISBN, depósito legal,… pero no lo buscamos porque una imagen a doble página nos introduce de lleno en la historia. Nos sentimos atraídos desde el principio y queremos saber qué contiene el resto de páginas. Solo al final, cuando los autores han terminado de exponer la trama, encontramos la información, Martí es la autora del texto y Salomó es el ilustrador. Han trabajado juntos en más de 40 libros y su compenetración es evidente.

Sunakay es un libro perfecto para regalar esta navidad o en cualquier momento. Y es perfecto para regalar no solo a los niños. También los adultos deberían disfrutar de él, porque con el paso del tiempo y el énfasis que ponemos en la comunicación escrita, los adultos perdemos habilidades visuales que los niños tienen intactas.

Sunakay es un libro ilustrado que nos ofrece la oportunidad de ser (o intentar ser) más humanos; nos ofrece, como cualquier obra de arte, mayor conciencia ante lo que tenemos delante.

Y esta obra de arte representa una sociedad apocalíptica en la que el hombre ha llegado a un punto de no retorno en la acumulación de residuos y desperdicios, creando un submundo en el que sobreviven unos, trabajando duro para conseguir unas migajas que llevarse a la boca, otros, engañando a los más inocentes, aprovechándose de sus sentimientos.

Meritxell Martí y Xavier Salomó pretenden, con pocas palabras y grandes imágenes hacernos reflexionar sobre el mundo en el que vivimos y que, inexplicablemente, no cuidamos. La destrucción de ese mundo ha comenzado, la naturaleza no es lo que era, el clima tampoco y, como en Sunakay, lo estamos llevando al límite.

Si leemos la historia escrita sabremos que Sunan y Kay son dos hermanas que se han visto obligadas a vivir lejos de la costa, en una isla, “Sunakay”, formada por todos los desperdicios que los hombres hemos ido depositando en el mar. De hecho las palabras de Kay se prestan a la duda de la propia protagonista sobre qué es ella y dónde está «Yo era la única cosa viva».

La lectura de las imágenes tiene dos etapas. En la primera obtenemos una serie de estímulos visuales sobre la nueva visión del mar: el color no es el de siempre, es de un azul verdoso enturbiado por el que cuesta navegar y por donde Kay bucea para encontrar algo que canjear por alimentos. Las ropas de las protagonistas son despojos, hace tiempo que deberían haberlas sustituido por otras nuevas. Su vivienda es una covacha construida con materiales de desecho y está enclavada en la isla de basura. Ahí viven, dedicadas a buscar cualquier cosa que las ayude a sobrevivir. Al otro lado de ese mar se levanta la ciudad de donde vienen buscadores de tesoros. Una ola gigantesca se levanta, pero al pasar por Sunakay se convierte en un mar de basura que al llegar a la ciudad la entierra, quedando de nuevo las aguas limpias, como estaban en los orígenes.

Esta etapa supone ajustarse de manera literal a lo que nos muestra el ilustrador. Es la lectura objetiva en la que vemos dibujos figurativos, bastante sencillos y originales aunque redundantes en la representación de ese mar de desperdicios. Sunan y Kay viven allí, en la basura. Ellas son las que primero percibimos al mirar la imagen del libro, porque están dibujadas con luz; el chubasquero amarillo de Sunan atrae nuestra mirada, la linterna que guía a Kay por el mar vertedero también consigue que ella sea el foco de atención. En la oscuridad de la noche encontramos una luna llena, brillante foco de luz.

En las últimas páginas, la luz se acrecienta, Kay es la que lleva el chubasquero amarillo, luminoso, de Sunan; ya no navega en una tabla por entre la basura grisácea, ahora va en una barca, y otras barcas ocupadas por niños están en el mar azul, luminoso como el cielo. El punto de luz se ha extendido a la página. No hay plásticos, hay peces, y Kay sonríe con el resto de niños.

Al pasar a la segunda etapa de la lectura entramos en la interpretación de esas imágenes, lo que permanece en nuestra memoria. Lo que asociamos a los dibujos. Al principio nos provoca rechazo hacia ese mundo, pena por las niñas obligadas a vivir de esa manera, cierto rencor hacia los adultos que hemos dado lugar a un mundo sin luz, sin vida, indignación porque aun así, en esas condiciones, hay quienes se aprovechan para lucrarse a costa de empobrecer más a quienes no tienen nada. Pero nos queda una esperanza, la única, los puntos de luz que hemos ido observando; la actitud respetuosa y emotiva de los niños y de la propia naturaleza que, siempre compasiva, es capaz de regenerarse una y otra vez para que podamos vivir en ella; al menos las futuras generaciones, las que han comprendido que sin luz no hay vida.

La nuestra, que tanto daño está haciendo al planeta, debe leer Sunakay y repensarlo todo: la cultura de usar y tirar, la invisibilización de realidades ajenas a nuestro entorno, la avaricia insaciable de poseer a costa de lo que sea, el desastre al que estamos llevando a nuestros hijos.

Dura y maravillosa historia la de Sunakay.

viernes, 10 de junio de 2022

CUENTOS PARA NIÑOS Y NIÑAS QUE SUEÑAN CON LA PAZ

Cuentospara niños y niñas que sueñan con la paz no son cuentos. Son historias reales. O basadas en la realidad. No son para niños. Son para todos los que deseamos un mundo mejor, más justo, en paz. Es un libro alentador, sugerente; mientras lo leemos sentimos que nosotros podríamos hacer más para que todo funcionase como debiera. Estamos cansados de ver en televisión situaciones de corrupción, violaciones, asesinatos, vejaciones de guerra… y terminamos cambiando de canal, la mayoría de las veces con poco éxito porque todos tienen alguna miseria que ofrecer.

Y, entre todo este sinsentido, nos enteramos de que ha habido personas que han debido incluso cambiar su nombre para poder ayudar a los demás; la ministra republicana Federica Montseny, siguió trabajando con nombre falso desde Francia, durante nuestra guerra civil. Gerda Taro no es conocida mundialmente sino como Robert Capa, seudónimo que adoptó con su novio Endre Ernö para fotografiar los horrores de la guerra. Y si Gerda usó fotografías para denunciar el espanto, la enfermera Ellen Newbold publicó su diario, con brutales y sinceras descripciones de lo que ocurrió durante la 1ª Guerra Mundial.

Hay quienes han dado incluso su nombre sin importarles las consecuencias, como Mairead Maguire y Betty Williams quienes, a pesar de estar en bandos enfrentados se unieron contra el terrorismo y la guerra de Irlanda del Norte.

También Desmond Doss participó en la 2ª Guerra Mundial sin coger ninguna arma, solo estuvo en el campo de batalla para recoger heridos y ponerlos a salvo. Impidió, con este acto heroico, que murieran 75 soldados.

En fin, en estos Cuentos para niños y niñas que sueñan con la paz, encontramos cuarenta biografías escritas por José López y Rocío Niebla, quienes han destacado lo más interesante de personas que han dado su vida para que otras pudieran vivir en paz, como Berta Cáceres; personas que han hecho de su trabajo una llamada constante a la paz, como el chef José Andrés, o el científico Carl Sagan, quien, desde el espacio, envió a la Tierra unas palabras evidentes «Protejamos lo que queremos. De momento, no parece que nadie vaya a venir del espacio exterior a hacerlo por nosotros». Personas que son en sí mismas un símbolo de paz, por su trayectoria en favor de los oprimidos como el Dalái Lama, Gandhi, John Lennon, Martin Luther King o Nelson Mandela.

Personas que han inspirado con sus actos, a otros para llevar sus vidas al cine, como Oskar Schindler (La lista de Schindler) o Sadako Sasaki (Sadako y las 1.000 grullas de papel). Personas que han creado organizaciones y continúan llevando momentos de alegría a lugares en guerra, como Tortell Poltrona, fundador de Payasos sin fronteras, «titiriteros, bailarines, magos, músicos, clowns… todos unidos por algo tan serio como hacer que los niños olviden por un rato las balas y bombas». Niños como Iqbal Masih, mártir por su lucha contra la esclavitud infantil, sobre el que Miguel Griot escribió una historia perfecta, Iqbal Masih, lágrimas, sorpresas y coraje.

En este libro de Duomo ediciones, aparecen también algunas mujeres privilegiadas que abandonaron a sus acomodadas familias para proclamar, sobre todo, el derecho a la paz, como Bertha Von Suttner, amiga y secretaria de Alfred Nobel, que se convirtió en una líder del pacifismo; cuando Nobel descubrió la dinamita legó su fortuna «para quienes contribuyeran a fomentar la paz, la ciencia y la literatura: El Premio Nobel». La primera mujer en recibirlo fue Bertha.

También Jane Addams y su novia Ellen Gates dispusieron su fortuna para fundar una cooperativa y abrir las puertas a los que no tuviesen hogar, y durante la Gran Guerra, formaron en La Haya, la Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad.

La estructura del libro es bastante atractiva. El color es lo que predomina, y un papel grueso encuadernado en tapas duras. Al principio nos encontramos con un prólogo evocador sobre la historia de la diosa griega Irene, a la que luego los romanos llamaron Pax.

Las biografías de gente buena, escogidas por los autores del libro, contadas con un vocabulario coloquial y sencillo, de manera ágil, seleccionando momentos impactantes, ocupan una página, la de al lado está ilustrada por Mar Guixé, una estilista barcelonesa que ha dibujado a los personajes con características propias del pop. En un fondo monocromático resalta el rostro del biografiado, con la silueta delimitada en negro. Los colores son intensos y llamativos, creando un contraste entre el fondo y el dibujo, en el que los ojos reflejan, sin duda, el carácter del personaje. Los dibujos atraen de inmediato por la gran carga cromática. Grandes, ocupan toda la página y, a pesar de que apenas hay sombras, a pesar de los perfiles, a pesar de que no hay trazos en movimiento, los retratos son dinámicos, penetrantes, llenos de vida y expresividad.

Intercaladas entre las biografías encontramos a doble página diferentes curiosidades, como el nacimiento del símbolo de la paz en 1958, popularizado luego por el movimiento hippie; cómo el 25 de diciembre de 1914, los soldados de dos bandos diferentes de la 1ª Guerra Mundial hicieron un alto para celebrar la Navidad; por qué el 30 de enero se celebra el día de la Paz en los centros educativos; de dónde viene la tradición de fumar la pipa de la paz. Encontramos diferentes canciones referidas a la paz de músicos dispares; monumentos mundiales representativos de la paz; por qué se derribó el muro de Berlín en 1989…

Y entre biografías, dibujos, curiosidades, aparece de vez en cuando alguna frase célebre sobre la paz y quién la dijo, «La paz comienza con una sonrisa» (Teresa de Calcuta). Cierran el libro los treinta artículos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, firmada por la ONU tras la 2ª Guerra Mundial.

Como colofón, el niño propietario del ejemplar podrá escribir la biografía de alguien conocido, merecedor de estar en esta lista, y aportar ideas propias que él pueda llevar a cabo para que el mundo sea mejor.

La editorial propone participar, además, con mensajes sobre la paz, que luego compartirá en sus redes sociales.

Fantástico libro y ambicioso proyecto.

¡Enhorabuena!

domingo, 13 de febrero de 2022

DIARIO DE UN GATO ASESINO. EL RETORNO



Desde sus orígenes, el hombre ha contado cuentos para entretener, normalmente, a los más pequeños, para educarlos y transmitirles ciertos valores morales, pero…no cabe duda de que algo ha cambiado el contenido de los cuentos en la nueva sociedad. Y la forma.

El niño ya no es aquel ser minúsculo que obedecía sin pestañear a sus mayores y se creía, inocentemente, todo lo que le contaban. Ahora sigue siendo inocente pero pregunta, cuestiona e incluso llega a acuerdos con sus padres y profesores. La infancia ya no es lo que era. Los gatos tampoco.

Tuffy no es un criminal, tal y como nos quiere hacer creer Anne Fine al titular su cuento, aunque es bastante arrogante, o al menos esa es la imagen que reclama para sí con sus actos y palabras, pero si leemos Diario de un gato asesino. El retorno, nos damos cuenta de que Tuffy es bastante normal, tanto que podría parecer un niño. Puede que por eso el libro sea perfecto para que lo lean los más pequeños; se van a sentir identificados con muchas de las peripecias a las que se enfrenta este gatito, un verdadero torbellino que, como un pequeño dictador de su casa, consigue que su dueña se lo tolere casi todo.

Y en el casi está la cuestión, porque cuando la familia se va de vacaciones Tuffy se las promete muy felices «¿Una semana entera? Fantasía […] Una semana haciendo el vago sobre la tele sin tener que oír las quejas del padre de Ellie: “¡Tuffy! ¡Aparta la cola que no me dejas ver el partido!”». Sin embargo el encargado de cuidarlo será el cura, alguien estricto que no tolerará destrozos en los muebles ni gastos superfluos con la comida «No, Tuffy, no te abro una latita hasta que no termines la de ayer». Nuestro gato decide, por supuesto, escaparse de casa.

Para ello se esconde en el jardín (es un gato doméstico y su visión del mundo es bastante limitada), donde finalmente, tras sufrir algunas contrariedades con el cura, cae por azar en manos de Melanie, amiga y vecina de Ellie, quien confundiéndolo con una gatita la hace suya. Tuffy se acostumbra pronto a la buena vida y se convierte en un gato bastante vago y glotón.

Sus amigos se desconciertan porque no reconocen el él al verdadero Tuffy; por eso se burlan hasta que nuestro protagonista comienza una verdadera pelea de gatos, en la que Melanie cree que el gato de Ellie se ha comido a su dulce gatita, pues no la ve entre tanto pendenciero. Pero no hay que alarmarse, todo vuelve a su cauce (por ahora) cuando la familia regresa de vacaciones.

El protagonista es genial, puede convertirse en el ídolo de los más pequeños porque es un gato que ansía experimentar con la libertad y, cuando tiene la ocasión de vivir como quiere se da cuenta de que es satisfactorio tener un lugar cómodo rodeado de afecto, sin demasiadas responsabilidades. Tuffy aprende de sus errores aunque sea momentáneamente, algo que les ocurre a los niños casi de forma constante.

Además de sentirse identificados, no cabe duda de que desarrollarán la imaginación y, en muchos casos, harán las paces con el otro sexo. Se darán cuenta de que no es tan terrible ser una niña, o ser confundidos con alguna «El camisón de encaje me quedaba un poco grande. ¿Qué vais a hacer? ¿Nombrarme el gato menos fashion del mundo?».

Anne Fine ha escrito un cuento especial, carente de prejuicios, en el que expone acciones atrevidas y, otras, casi faltas de respeto pero que Tuffy, como cualquier gato, lleva a cabo con total normalidad


—Tuffy, no arañes los muebles

Eh… ¿Hola? ¿De quién es la casa, suya o mía? Si me apetece rascar los muebles, pues los rasco


Diario de un gato asesino. El retorno, cautiva a los niños porque expone temas de interés para ellos. Las expresiones irónicas y las acciones rebeldes ayudan a diferenciar lo que está bien y lo que no. Asimismo, con las travesuras del gato, distinguen que todos los actos tienen consecuencias y no todas son beneficiosas, algunas pueden llegar a ponerlos en peligro. No cabe duda de que las ideas ingeniosas contribuyen a organizar la mente y sobre todo, a disfrutar con los amigos, con quienes experimentarán la satisfacción de la amistad y perderán el miedo a romper con lo establecido, si causa deleite y no le hacen daño a nadie «Janet tenía calorcito, la tripa llena y un cojín en el que tumbarse ¡Cómo no iba a quedarme con el nombre de Janet!».

El egoísmo de Tuffy es evidente, al igual que sus engaños ante quien representa la autoridad. Pero su bondad también lo es y su inteligencia. Por eso aprende a evitar a quien puede hacerle daño y a querer incondicionalmente a quien lo protege. Realmente los gatos son como los niños.

La autora emplea en la narración un lenguaje totalmente actual, atrevido, con términos que, por causa de la televisión, se utilizan a menudo cada vez con menos edad, probablemente porque ayudan a exteriorizar las emociones con libertad. Al alargar las vocales o realizar preguntas que no requieren respuesta demuestran el extrañamiento o la sorpresa que les causan algunas órdenes y se reafirman en su negativa: «¿Peeerdona? ¿Pero con quién se pensaba este hombre que estaba hablando?»

El vocabulario es, como vemos, sencillo, algo gamberro en ocasiones pero ideal para atrapar de inmediato a los lectores.

El cuento está diseñado para que los primeros lectores lo lean en solitario, no obstante si los adultos quieren acompañar a los niños será una idea acertadísima pues, al tiempo que se estrechan lazos, contribuirá a que pasen ratos estupendos en familia. Además, siempre es bueno contar con ayuda para entender determinadas expresiones que aún no hayan empleado, «ojo, Ellie, no te vengas muy arriba que a lo mejor lo que te llevas no es un achuchón».

Y ante tal despliegue de imaginación, las ilustraciones no iban a ser menos. Son de gran creatividad. Fantásticas. El gato cobra vida a pesar de estar dibujado con pocos trazos pero totalmente descriptivos, expresando a la perfección diferentes connotaciones placenteras, de indiferencia, de sorpresa, expectación, bondad, alegría, dolor, enfado o miedo. Los ojos lo dicen todo, o casi, porque las líneas expresivas que rodean el dibujo aportan los movimientos del cómic.

Hay varios dibujos en el cuento, pero Alexandre Reverdin solo dibuja la figura completa del protagonista: el gato y del antagonista: el cura. Los gestos de ambos, perfectamente marcados, estimulan la capacidad de observación y concentración del niño; los colores lisos pero brillantes, naranja para el gato, negro para el cura, intensifican la personalidad de cada uno. Las ilustraciones complementan al texto y le aportan dinamismo. Este hecho ayuda a comprobar su finalidad, todo gira en torno a cómo nos comportamos con alguien que no empatiza con nosotros. Lo mejor es alejarnos.

miércoles, 20 de octubre de 2021

GUSTAVO, EL FANTASMA TÍMIDO

Que ningún niño sea invisible

Que los fantasmas acudan

a su mente para hacerlo reír

Que le digan caricias sonrosadas

Que lo acunen en la brisa

de la mañana

Que lo paseen por el cielo

en el tobogán de sabor añil

Que a su voz cantarina comparezcan

monstruos divertidos con

largas cadenas de regaliz

Que aprenda junto a otros niños

las letras del alfabeto

Que hagan la o muy abierta y

quepa todo el firmamento. Infinito

 

Infinito cariño

Saber infinito

Eterno beso

Estos son los sentimientos que despierta cualquier niño, y a nuestra mente acuden beatíficos para alegrarnos la vida y hacernos sentir mejores.

Pero… Dejemos lo idílico ficticio a un lado; no nos olvidemos del pequeño monstruito que todos llevan dentro; oculto para salir de cualquier lugar de la casa donde repose tranquilo un balón, de cualquier rincón del patio en el que sobresalgan las coletas recién hechas de la hermana pequeña, de ese mueble que pide a gritos ser escalado hasta lo más alto, de esa tienda en donde las chuches se alinean eficientes para ser devoradas por colores.

Monstruitos que, tras una sonrisa, vuelven a ser ángeles.

Flavia Zorrilla Drago conoce a los niños, por lo que, en un texto rebosante de encanto y sencillez expone las inquietudes de su protagonista, un fantasma que por su excesiva timidez se ve privado de la compañía de los demás. El miedo a ser rechazado, quizás, hace que Gustavo, el fantasma tímido no pueda relacionarse con los demás monstruos. A Gustavo le gustaría disfrutar de forma monstruosa. ¿Y cómo son los monstruitos del cuento? Flavia Z. Drago nos los descubre: revoltosos, divertidos, capaces de comportarse como un batallón con los amigos y desvalidos, tanto que pueden retener toda la tristeza del mundo cuando se sienten solos.

Recordemos, con la historia de Gustavo, ahora que se acerca Halloween, a esos monstruitos que nos rodean capaces de derretirnos el corazón. Los niños se van a divertir con este libro de Edelvives pues, estimulados por estos personajes y las acciones que realizan, pueden descubrir un nuevo disfraz favorito para esta fecha que, por supuesto, también les servirá para disfrutar en cualquier otra ocasión.

Es un cuento maravilloso en el que el protagonista, Gustavo, es el héroe sin saberlo, ya que se atreve a vencer sus miedos, al afrontar una situación que lo agobiaba. Decide mostrarse tal como es y eso gusta a los demás. A veces imaginamos problemas donde no los hay. En realidad la historia da mucho de sí, ya que una vez que conocemos la trama podemos representarla siguiendo al pie de la letra lo que ha escrito la autora o adaptándola a otras preocupaciones que puedan presentarse a los niños. El caso es que ninguno se sienta solo. Este es el mensaje que Drago nos da en su cuento, tanto al narrar como en sus ilustraciones. Las imágenes son totalmente enriquecedoras pues aportan detalles adicionales al texto escrito, incluso por sí solas añaden mensajes, consiguiendo una comunicación evidente y efectiva con los más pequeños.

Los que aún no saben leer seguirán, a través de las imágenes de la ilustradora, el hilo de la historia sin ningún problema. Además, como Gustavo adopta diferentes formas, la maleabilidad de los fantasmas es por todos conocida, el niño estimula a su vez la capacidad de atención, pues debe encontrarlo en cada página camuflado con el entorno. En realidad los dibujos son fabulosos, expresivos y capaces no solo de alentar la imaginación sino también de crear lazos entre los niños; es lo bueno de ser monstruos, todos son diferentes, así que los fantasmas conviven con Frankenstein, el hombre lobo, el invisible, la momia, el vampiro, el esqueleto… no hay iguales. Y conviven. Otro bello mensaje para razonar con los niños.

En la vida real es muy difícil vencer la timidez por eso Flavia Drago anima a los pequeños a que compartan sus experiencias con los otros, para que los demás puedan conocerlos, para que desde la guardería disfruten de amigos, valoren después la amistad y tengan más posibilidades de crecer sin contratiempos.

Agradezco cualquier libro que leo, al autor por escribirlo y mostrarme su punto de vista sobre infinidad de asuntos. Y a quien lo regala —cuando es el caso— porque me ofrece su amistad.

Los dos niños que más quiero, Darío y Carlota me trajeron este cuento de la Feria del Libro. El caso es que venía dedicado por el “nomo Roco” y me quedé algo descolocada pues de todos es sabido que los Gnomos vienen a casa el 24 de diciembre al mediodía ¿Será que han decidido hacer incursiones por su cuenta? En fin, leí el cuento con ellos y la poesía que encabeza esta reseña es el resumen de lo que siento.

Gracias, un día más, Darío.

Gracias, un día más, Carlota.