Cuando me llegó el paquete de Masa
Crítica pensé que era un libro muy grande, pero no, es que contenía dos
ejemplares así que uno de ellos se queda en mi librería y el otro lo disfruta
mi nieta, que le ha encantado; lo abre una y otra vez para ver los colores.
Gracias una vez más a Babelio; sus
iniciativas me han permitido conocer diferentes editoriales, autores y, en el
caso de la literatura infantil, diferentes ilustradores. Y gracias, por
supuesto, a Bellaterra Música Ed. una editorial especializada en música
infantil, algo que la hace idónea para trabajar en colegios o desde la propia
casa.
A finales de 2024 recibí y comenté Un botón, cuento que le encantó a Erin con catorce meses. Cada vez que
encontraba el botón reía y disfrutaba. Bailando
entre campos de colores lleva la música integrada a través de un código QR,
para oírla mientras colores y sentimientos se van instalando en los pequeños lectores.
La imaginación se pone en marcha desde el primer momento.
Bailando entre campos de colores
es apropiado para niños de 3 a 6 años e incluye, además, una actividad de
pintura y una ampliación de la vida y obra de la pintora Helen Frankenthaler,
protagonista del cuento y clave en el expresionismo abstracto del siglo XX.
La cubierta es perfecta. Una Helen niña
aparece de puntillas, estirada como si quisiera tocar el cielo, en el cuadrante
inferior izquierdo, con un pincel en sus manos con el que llena la tapa blanca
de colores azules, rosas, lilas, verdes, amarillos y anaranjados. Una explosión
de color, una expansión de alegría que apreciamos en la cara de la niña y en
los dibujos que han formado esos colores. La ilustración se ajusta
perfectamente al título, tanto en la forma, Bailando
entre campos de colores con letra redondilla, como en el fondo. Helen es
feliz con esos colores que sugieren césped, flores, mariposas y aire. No hay
nada encerrado. La libertad y la alegría rodean a la protagonista y ella la
traslada a los lectores.
Las guardas del libro, tanto
anteriores, volantes y posteriores, con líneas, círculos y manchas en
diferentes tonos de lila, nos impactan al abrirlo. Un cuento grande, como las
pinturas de Helen Frankenthaler, de tapas duras y hojas de alto gramaje.
Después nos encontramos con una página
inicial que actúa de portadilla, con el título, los nombres de la autora e
ilustradora, Elizabeth Brown y Aimée Sicuro, la editorial y un dibujo
que representa a Helen Frankenthaler rodeada de manchas de los mismos colores
que la portada.
Una vez pasadas las páginas iniciales
entramos en el cuerpo de la historia de la expresionista. El cuento no lleva
fechas «En una época en que se enseñaba a
las niñas a estarse quietas…», Es como si la autora quisiera dotar a la
obra, a la suya y a la de Frankenthaler, de universalidad; el pasado nos alerta
de que no es actual, sin embargo sigue vigente.
Tampoco las páginas van numeradas.
Nada constriñe; podemos abrir el libro por donde queramos y los dibujos,
grandes, ocupando las dos páginas que tenemos delante, son los que nos cuentan lo
que pasa a través del color.
El texto escrito es una breve
explicación de lo que vemos pero perfectamente podemos saltar páginas; importa
ver la sensación de libertad del mar, la alegría de un día en familia tanto en
casa como en el parque; los largos collares de cuentas de colores que realizan
Helen y su madre unen ambos momentos. También quedan subordinados al dibujo los
paseos por la naturaleza que disfruta la familia; los sueños felices que depara
el dormitorio; la ternura y calidez del malva y ocre contrastan con el dolor
del negro cuando muere su padre. Conforme Helen crece, lo hace también la
amplitud de movimientos con la pintura y los colores hasta que quedan unidos a
ella y su pintura a la tierra, la lluvia, el viento, el mar y el sentimiento.
Helen y su pintura son una misma idea. Ambas están vivas y hacen sentir a
quienes las observamos esa vida. Sus cuadros son ternura, alegría, dolor, amor,
optimismo y afecto hacia lo que nos rodea.
Los colores bailan, pasean y se
expanden por el cuento hasta que llegamos a las páginas finales donde, con
letra más pequeña, la autora nos informa sobre momentos de su vida, preparación
y técnicas artísticas que utilizó. Ahora sí, siguiendo una cronología precisa a
lo largo de los 83 años que vivió esta norteamericana, pionera del arte
abstracto.
Otros anexos incluyen una actividad
propuesta para que hagan los niños, una selección bibliográfica sobre la
pintora y notas de la autora Elizabeth Brown.
Una gozada de libro.



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