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martes, 9 de junio de 2026

BAILANDO ENTRE CAMPOS DE COLORES

Cuando me llegó el paquete de Masa Crítica pensé que era un libro muy grande, pero no, es que contenía dos ejemplares así que uno de ellos se queda en mi librería y el otro lo disfruta mi nieta, que le ha encantado; lo abre una y otra vez para ver los colores.

Gracias una vez más a Babelio; sus iniciativas me han permitido conocer diferentes editoriales, autores y, en el caso de la literatura infantil, diferentes ilustradores. Y gracias, por supuesto, a Bellaterra Música Ed. una editorial especializada en música infantil, algo que la hace idónea para trabajar en colegios o desde la propia casa.

A finales de 2024 recibí y comenté Un botón, cuento que le encantó a Erin con catorce meses. Cada vez que encontraba el botón reía y disfrutaba. Bailando entre campos de colores lleva la música integrada a través de un código QR, para oírla mientras colores y sentimientos se van instalando en los pequeños lectores. La imaginación se pone en marcha desde el primer momento.

Bailando entre campos de colores es apropiado para niños de 3 a 6 años e incluye, además, una actividad de pintura y una ampliación de la vida y obra de la pintora Helen Frankenthaler, protagonista del cuento y clave en el expresionismo abstracto del siglo XX.

La cubierta es perfecta. Una Helen niña aparece de puntillas, estirada como si quisiera tocar el cielo, en el cuadrante inferior izquierdo, con un pincel en sus manos con el que llena la tapa blanca de colores azules, rosas, lilas, verdes, amarillos y anaranjados. Una explosión de color, una expansión de alegría que apreciamos en la cara de la niña y en los dibujos que han formado esos colores. La ilustración se ajusta perfectamente al título, tanto en la forma, Bailando entre campos de colores con letra redondilla, como en el fondo. Helen es feliz con esos colores que sugieren césped, flores, mariposas y aire. No hay nada encerrado. La libertad y la alegría rodean a la protagonista y ella la traslada a los lectores.

Las guardas del libro, tanto anteriores, volantes y posteriores, con líneas, círculos y manchas en diferentes tonos de lila, nos impactan al abrirlo. Un cuento grande, como las pinturas de Helen Frankenthaler, de tapas duras y hojas de alto gramaje.

Después nos encontramos con una página inicial que actúa de portadilla, con el título, los nombres de la autora e ilustradora, Elizabeth Brown y Aimée Sicuro, la editorial y un dibujo que representa a Helen Frankenthaler rodeada de manchas de los mismos colores que la portada.

Una vez pasadas las páginas iniciales entramos en el cuerpo de la historia de la expresionista. El cuento no lleva fechas «En una época en que se enseñaba a las niñas a estarse quietas…», Es como si la autora quisiera dotar a la obra, a la suya y a la de Frankenthaler, de universalidad; el pasado nos alerta de que no es actual, sin embargo sigue vigente.

Tampoco las páginas van numeradas. Nada constriñe; podemos abrir el libro por donde queramos y los dibujos, grandes, ocupando las dos páginas que tenemos delante, son los que nos cuentan lo que pasa a través del color.

El texto escrito es una breve explicación de lo que vemos pero perfectamente podemos saltar páginas; importa ver la sensación de libertad del mar, la alegría de un día en familia tanto en casa como en el parque; los largos collares de cuentas de colores que realizan Helen y su madre unen ambos momentos. También quedan subordinados al dibujo los paseos por la naturaleza que disfruta la familia; los sueños felices que depara el dormitorio; la ternura y calidez del malva y ocre contrastan con el dolor del negro cuando muere su padre. Conforme Helen crece, lo hace también la amplitud de movimientos con la pintura y los colores hasta que quedan unidos a ella y su pintura a la tierra, la lluvia, el viento, el mar y el sentimiento. Helen y su pintura son una misma idea. Ambas están vivas y hacen sentir a quienes las observamos esa vida. Sus cuadros son ternura, alegría, dolor, amor, optimismo y afecto hacia lo que nos rodea.

Los colores bailan, pasean y se expanden por el cuento hasta que llegamos a las páginas finales donde, con letra más pequeña, la autora nos informa sobre momentos de su vida, preparación y técnicas artísticas que utilizó. Ahora sí, siguiendo una cronología precisa a lo largo de los 83 años que vivió esta norteamericana, pionera del arte abstracto.

Otros anexos incluyen una actividad propuesta para que hagan los niños, una selección bibliográfica sobre la pintora y notas de la autora Elizabeth Brown.

Una gozada de libro.

sábado, 28 de diciembre de 2024

UN BOTÓN

Agradezco enormemente, como siempre, a Babelio, la oportunidad que me da de conocer nuevos escritores, nuevas tendencias y nuevas lecturas. Me gusta participar en Masa crítica y procuro hacerlo en todos los géneros para estar un poco al día de diferentes literaturas. Masa crítica infantil y juvenil me atrae, lógicamente por razones familiares, así que en esta ocasión el cuento Un botón me trajo el recuerdo de la canción «Debajo de un botón» que le he cantado a mis hijos cuando eran pequeños y lo sigo haciendo con mis nietos. Un botón, por el texto persuasivo de Babelio, es un cuento para niños muy pequeños.

Asimismo en la contraportada podemos comprobar que es idóneo para edades entre uno y tres años, por lo que me decidí a pedirlo y me tocó. Gracias.

Al tenerlo en mis manos me di cuenta de que no hay más argumento: a Rita le falta un botón del vestido con el que iba a bailar y debe encontrarlo para su actuación. La letra y las imágenes intentan que los niños lo busquen con ella, sin embargo los dibujos son más indicados para niños mayores de un año pues, aunque sencillos, no reflejan con suficiente claridad lo expresado en el texto, el armario donde debe buscar apenas se ve y cuando dice que lo busca arriba y abajo, las ilustraciones se refieren a las acciones inversas.

Rita pasa por las emociones de sorpresa, tristeza y rabia hasta que cae dormida antes de encontrarlo. Sí hay sorpresa final.

Pero el cuento tiene las páginas muy finas, algo que costará trabajo manejar a un niño pequeño sin romperlas y es una pena porque los dibujos son preciosos, en tonos suaves, color pastel, fomentan la relajación. Igual que la música, maravillosa, donde podemos deleitarnos con fragmentos del Arabesque nº1 del maestro decimonónico Claude Debussy o del Aria la Bergamasca del compositor Marco Uccellini. Asimismo es una gozada recordar una parte de Singin’in the rain del letrista Arthur Freed y el compositor Nacio Herb Brown.

Todas, piezas fabulosas que invitan a la tranquilidad. Junto a ellas otras no menos importantes del famoso musicoterapeuta actual Santi Serratosa y de la pedagoga de la música y el movimiento Marta Canellas, a quien acompañan las letras escritas y cantadas por Anna Vega.

Encontramos, intercalados entre las piezas musicales, sonidos de pasos apresurados y de diversos objetos que mueve la protagonista para encontrar su botón.

Todo un conjunto inmejorable; sin embargo, aunque el contenido es ideal para niños pequeños, la forma no lo acompaña, tanto por el tamaño del cuento, pequeño y con hojas finas, como por la posibilidad de oír la música, solo a través de un CD. He visto cuentos para los pequeños que, con páginas gruesas, llevan la música incorporada y el sonido es francamente bueno.

Solo hago este apunte porque hubiera sido fantástico que el propio niño pudiese manipular su regalo.

Por cierto, la idea de poner las siluetas de los protagonistas y de algunos objetos de Un botón al final, para que los niños las rellenen con colores, es muy buena y completa la atención didáctica de la Editorial Bellaterra Música.

sábado, 23 de enero de 2021

BEETHOVEN Y LOS NIÑOS

Cuando tenemos en las manos algo pequeño, manejable, que despierta nuestra imaginación, nuestro buen humor, nuestras ganas de mejorar, que contiene texto escrito, imágenes, texto oral y música, podemos afirmar que hemos encontrado una joya. Esto es lo que pasa con Beethoven y los niños. Un cuento pequeño que tiene mucha gente detrás. Y muy buena. La historia narrativa, Beethoven y el amigo inventor, es de Anna Obiols, las ilustraciones son de Subi. En la parte auditiva encontramos a Inés Moraleda como Narradora y la música está interpretada al piano por Antoni Besses y Xavier Pardo Sabartés.

Todos tienen tal categoría que no necesitan presentación. Por sí solos merecería la pena comprar el cuento, pero si alguien aún no conoce a alguno de ellos, la editorial Bellaterra Música responde por todos. Esta editorial lleva casi 50 años difundiendo obras de carácter científico y desde 2002 edita libros relacionados con la música y la danza. La garantía está asegurada.

En fin, mi ilusión es tal que se me amontonan las palabras, las ideas, las imágenes y la música… Es un libro para leer más de una vez, para verlo de vez cuando y para oírlo siempre. Así que voy a intentar analizarlo de manera ordenada empezando por el cuento: Beethoven y el amigo inventor comienza in medias res presentando una acción del personaje, «Aquella tarde, Ludwig van Beethoven estaba en casa tocando el piano». Probablemente los niños hayan oído algo sobre el músico, incluso tarareen melodías sin saber que es su autor. Al ser un cuento dirigido a los pequeños podría haber contado la infancia del músico y sus comienzos. Sin embargo, Anna Obiols ha preferido centrarse en un momento especialmente doloroso para él, cuando nota que se va quedando sordo, algo terrible para quien se dedica a la música. Esta circunstancia le permite introducir a otro personaje, real también, que desempeñó un importante papel en la vida de Beethoven y en la historia de la música, pues Johann Mäzel inventó el metrónomo tal como lo conocemos ahora, algo que a nuestro protagonista le permitió sentir la música, «la oía en su cabeza». De esta forma, el músico alemán consiguió seguir componiendo hasta su muerte para «indicar a los músicos el tempo exacto para cada obra».

Sólo dos personajes, dos amigos que se ayudan el uno al otro y quedan retratados como ejemplo de compañerismo, de esfuerzo y tesón. También se nombra al médico, quien le confirma la sordera y al pastor, a quien, pese a tocar la flauta, no lo oía; pero estos personajes están en la historia para confirmar el problema del protagonista. No intervienen.

He leído el cuento, y el estilo sencillo dirigido a los más pequeños, no a un público ignorante, me ha cautivado.

El problema de los niños de hoy (y no tan niños) es que están descontentos con lo que les rodea. Puede ser porque en general, disfrutan de casi todo sin esfuerzo. Por eso es normal también que vivan con la sensación de saberlo todo. Para todos esos niños es perfecto este libro por la cantidad de recursos de que dispone. El humor, el buen humor se centra en la ingenuidad, el doctor aconseja a Ludwig que vaya al campo y Mäzel le fabrica trompetillas cada vez más grandes hasta que llega un momento que suponen otro problema añadido. Los personajes, tipificados, captan mucho mejor la atención de los lectores.

Cualquier asunto es susceptible de contarse en forma de cuento y, si alguien no estaba seguro, Anna Obiols lo demuestra en Beethoven y el amigo inventor, una joya que alienta a que los más pequeños desarrollen sus capacidades y se esfuercen por conseguir lo que desean. El cuento es otra historia de superación a partir de las carencias que conlleva la vida real. Es un regalo perfecto.

Además, los recursos visuales son extraordinarios. Las imágenes, de grandes dimensiones, estimulan la visión y aportan otro punto de vista desde el que enfocar la realidad; una percepción distinta a la cotidiana y experiencial del niño. Con formas grandes, atractivas, el ilustrador tiende un puente entre lo representado por él y las emociones que surgen en el lector, que participa de la alegría, el enfado, la curiosidad o el temor de los protagonistas.

Los tonos oscuros y las sombras nos acercan al tiempo del compositor; el siglo XVIII aparece entre carros, calles sin asfaltar, luces amarillentas e insuficientes de los quinqués que provocan contrastes con las sombras, difuminadas entre líneas apenas visibles capaces de dotar de movimiento y velocidad a personas y objetos. El color no solo decora, identifica espacios, tiempos y ánimo del protagonista. Está claro que las propiedades del dibujo participan de la hipérbole y la confrontación, (por algo Subi es uno de los mejores dibujantes de nuestro país), las grandes narices encuadradas en los ojos simplísimos y pequeños, comunican parte de la personalidad de cada personaje. Las ilustraciones dominan la página, algo relevante para despertar el interés por la narración. Es obligado mirar, leer el libro más de una vez porque los dibujos son tan completos que siempre se encuentra un nuevo detalle y significado que a primera vista no son evidentes.

Subi toma al niño por un ser complejo, capaz de traducir en palabras las imágenes, que puede educar el gusto por la estética y por el juego.

La relación texto-imagen se complementa. Y la sencillez de la historia se nivela con la grandeza musical del CD que contiene el libro. De este modo el cuento se convierte en una aventura tanto para niños como para mayores.

Las piezas musicales son fragmentos de Bagatelas Op. 33, Sonata nº 14, Sonata nº 20, Bagatela en La menor, Sonata nº 8, Bagatelas Op. 119, interpretadas por Antoni Besses y la Sonatina en Sol mayor ejecutada al piano también, por Xavier Pardo Sabartés. Estas piezas, conocidas por casi todos, contribuyen a desarrollar la afectividad y las emociones del niño. Lógicamente la música, además, cumple con la función didáctica, ya que estimula la memoria y el razonamiento. Al tratarse de movimientos de corta duración resultan ideales para mantener la atención del niño.

La magia de la palabra y de la imagen se multiplica con la música, capaz de persuadir y fomentar la empatía.

Desde la Edad Media existe la literatura didáctica, pero este cuento responde al nuevo concepto de aprendizaje, en el que el conocimiento se comparte, no se imparte. El niño, una vez leído, oído el cuento y la música puede ampliar sus conocimientos sobre el autor con la breve biografía que aparece al final. En Beethoven y los niños, el niño no es un mero observador que acepta una visión única y cerrada; puede asumir un papel activo, ir de allá para acá, decidir qué quiere y en qué momento, darse cuenta de que hay muchas posibilidades en lo que nos rodea que pueden hacernos sentir bien, sin olvidar que todo requiere esfuerzo, sentido común y conocimiento.