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miércoles, 16 de octubre de 2019

SIETE OTRAS VIDAS



Siete otras vidas es un homenaje al teatro. ÁlvaroTato nos lo hace llegar desde diferentes modalidades, que este arte universal ha venido ejerciendo a lo largo de la historia. Con Ojos de agua nos adentramos en la Comedia Humanística de La Celestina; la alcahueta recuerda, orgullosa, a otras mujeres anteriores o posteriores a ella, personajes o autoras que vivieron en libertad, aunque lamente la soledad que han debido pagar por ello, “Solo las brujas hacemos nuestras leyes y nos pertenecemos a nosotras mismas. Nos persiguen, nos fuerzan, nos queman, pero nuestra magia siempre es más fuerte. Nuestra magia es pensar”. El género chico está representado en Zarzuela en danza, y la presencia de la mujer en el teatro del Siglo de Oro queda recogida en Nacida sombra, una sentida celebración para la mujer que durante tanto tiempo ha quedado oculta, por ello nada mejor que el lamento profundo del flamenco para acompañarla en su soledad.

El intérprete es casi un monólogo, o una obra de microteatro en la que un actor se apoya en los sonidos, música e imágenes que guarda desde niño, y cuenta cómo fue actor desde pequeño, cómo toda su vida ha girado en torno a un escenario, en torno al deseo de interpretar porque subir a un escenario es poder soñar una realidad distinta y vivirla, y ser feliz. En realidad todos interpretamos a lo largo de nuestra existencia; el actor es el afortunado que, pese a las oposiciones encontradas, hace lo que le satisface:

Seguiré haciendo lo mismo y os seguiré invitando a hacer lo que más queremos, lo que más nos avergüenza, lo que más deseamos y tememos. Guardadme el secreto amigos invisibles. Hasta mañana.

Mujeres y Asesinos son dos obras de microteatro protagonizadas por dos actores cada una. En la primera, un padre y su hijo se encargan de hacernos ver el sinsentido de un mundo sin mujeres. En tono humorístico, jugando con el lenguaje, se posicionan contra la violencia de sexo y reivindican la igualdad entre todos. Asesinos es un canto al teatro; los personajes pueden representar cualquier situación en total libertad, sin estar condicionados por reglas o sentimientos. El teatro es una fuente de sueños que se activan con cada representación para los espectadores

Timmy.- Hemos muerto en su imaginación
Ralph.-  Ellos son los verdaderos asesinos
Timmy.- ¿Y qué hacemos? ¿Matarlos?
[…]
Ralph.-  Así que vamos a esperar
Timmy.- ¿A qué?
Ralph.-  A los aplausos

Comedia multimedia nos recuerda con humor cibernético que vivimos una farsa. La tecnología pone a nuestro alcance tantas posibilidades y comodidades que nos estamos acostumbrando a no hablar con los demás, a dirigirnos a la máquina y esperar a que, eficientemente, cumpla nuestros deseos «¿Lo ves, querido cliente? No solo usamos la red para hacer la guerra; también para hacer el guarro.»

Nos estamos deshumanizando, sin el móvil no somos nadie, nos comunicamos más a través de él que personalmente; el problema es que constantemente aparece un modelo nuevo que nos atrae más que el anterior, porque ofrece más posibilidades. El resultado es una falta de apego total a nuestras pertenencias, porque esas posesiones no nos definen como personas, sino que nos masifican en un conjunto homogéneo cuya característica principal es igualar los sueños. Todos queremos lo mismo, lo que nos bombardea desde internet.

Hoy sigue habiendo delincuentes, activistas, revolucionarios, piratas. Seguimos queriendo distraernos, ir a la moda, comprar las últimas novedades, pero sin movernos de nuestro espacio, sin razonar, o luchar cara a cara. La sociedad se convierte en un ambiente cómodo que supera nuestras expectativas. Pero ni siquiera los deseos son sueños, porque se cumplen pronto y dejan de serlo.

Cero.-    ¿Ya no me quieres?
Uno.-     Afirmativo. Pero hemos caído en una rutina
Cero.-    Después de tres minutos juntos es normal que ya nada nos sorprenda

Comedia multimedia tiene una ventaja. Es una obra moderna, sus personajes principales son hologramas que van exponiendo diferentes situaciones de la vida actual hiperbolizada, es decir reflejan un futuro no tan lejano en el que la máquina sustituye al hombre. La paradoja es que nos advierten de este futuro con algo que está sucediendo en el presente. Vivimos sumergidos en los equipos informáticos:

Dama que tu vida programa;
si te enreda en su trama
ya no te escaparás

Sin embargo hay una esperanza, que viene de la propia estructura del espectáculo. Dividida en XI escenas, comienza por una Introducción en la que los hologramas Bit, Clic y Link nos presentan a Miss Web como la tejedora que mueve los hilos de nuestra sociedad. Después continúan haciendo un recorrido por las distintas ventajas que obtenemos de la Web: el GPS, del que no sabemos desprendernos para encontrarnos seguros en nuestros movimientos, las realidades virtuales que sentimos como materiales gracias al láser, y que poco a poco han conseguido que nos conformemos con una Creación salida de un laboratorio. Pero el espectador también experimentará a dónde nos lleva este tipo de vida. Para evitar el desastre apocalíptico, en la escena final, los hologramas muestran el último producto virtual, capaz de producir en el usuario el mayor efecto, una máscara teatral. Lo único efectivo que ha logrado enganchar al público a lo largo de la Historia «Llevas una hora viviendo dentro de nuestro producto. No estás mirando el móvil. No estás navegando en la red. Esto está pasando de verdad […] ¿Estás preparado para viajar al origen?» y así, con la interacción del público consiguen hacernos ver que podemos pasar un rato en un sueño que nos atrapará momentáneamente, porque al final, tal como aconsejaba Machado, «tú quizá despertarás en libertad».

Esta estructura en la que un personaje nos va mostrando diferentes casos ya se desarrolló en la literatura a través de los exempla medievales, donde los protagonistas, estereotipos, son esbozados a partir de unos rasgos generales para ofrecer determinados comportamientos al lector u oyente. Formaban parte de la prosa doctrinal. Álvaro Tato no propone un final moralizador sino obvio, el teatro es el primer mecanismo nacido con el hombre porque tenía —tenemos— necesidad de soñar, consiguiendo un público incondicional dispuesto a participar de los sueños.

Así pues, ante tanta deshumanización tecnológica, sólo nos queda una salida, regresar al teatro de los comienzos, alrededor del cual se formó una de las mayores civilizaciones, capaz de conseguir el progreso del hombre.

Tecné.-  El público es mi padre. Tú me diste a luz. Ni tu diosa ni tu esclava; humana soy, a humanos amo y ser para siempre humana es mi destino. Ya amanece. ¡Despierta, pueblo de Atenas!

El elogio del teatro como arte completa, universal y connatural al hombre quedó expuesto en la comedia Crimen y telón; con estructura similar, Ron Lalá (hablar de Ron Lalá es hacerlo de Álvaro Tato) eligió al propio Teatro para llevarnos por toda esa vida de sueños que nos ha dado este arte que engloba a las demás y que, aunque los gobiernos se empeñen en menospreciarlo, aunque la tecnología tiente con otras posibilidades, no puede desaparecer mientras exista el ser humano.

jueves, 18 de julio de 2019

LA EDAD DE LA IRA




Es una pena que La edad de la ira sea la adolescencia. Es la edad del inconformismo, del enfado, de la negativa, pero la ira que aparece en la obra de Nando López no es el sello identificativo de los jóvenes. Es una imagen equivocada. Para llegar a esos extremos, lo de la obra, antes se ha de pasar por una infancia agobiante, incluso traumática, y entonces la edad de la ira pasa a ser la de toda una vida.

Las situaciones que conforman el contenido de la obra están llevadas al límite, son exageradas, por lo que la rabia estalla en los personajes no porque estén en la adolescencia sino porque han llegado a la primera edad en la que se pueden manifestar así, su cerebro ha empezado a madurar y se ha rebelado respecto a lo vivido. Por otro lado, el cuerpo ha adquirido la suficiente fuerza como para acompañar y responder a la llamada de la razón. Si un niño pequeño es testigo del suicidio de su madre se queda traumatizado. Si es un adolescente, que además se da cuenta de que su madre, y él mismo, están viviendo un calvario, se rebela contra la familia, contra el sistema, contra todo. Probablemente igual que si fuera un adulto.

La realidad de esta obra teatral está demasiado forzada. Todo se mueve in extremis. El autor ha pretendido hacer una crítica al sistema educativo y, para ello, lo ha exagerado; además se ha llevado por delante el sistema judicial y los valores de la familia. Todo es hiperbólico. Si pretendía reflejar una determinada clase socio-cultural, vale, pero si no, es excesivo. No todas las familias obvian a sus hijos, algunos incluso tienen confianza y piden ayuda a padres o hermanos. No todos los hijos tienen estos problemas, porque además, eso debe ser cierto, por muchas dificultades que tengan se aferran a la vida con todas sus fuerzas. Y aunque tengan contratiempos no siempre se dejan llevar por lo trágico, al menos no todos. Eso es un tópico

BRENDA.- Es literatura. Y la literatura de verdad siempre es fuerte. Si no, es marketing
[…]
RAÚL.-       El cine de verdad siempre duele. Incluso cuando te ríes.
                   Y aquí hay mucha pasión.

También es hiperbólico el excesivo individualismo que ostentan. Precisamente la adolescencia es una etapa en la que el grupo cuenta más que la propia familia. Todo lo comparten, problemas, pensamientos, opiniones, por eso es extraño que, con esa conciencia de grupo, no lleguen a abrirse del todo.

MARCOS.-         (a Brenda) Cuenta conmigo
SANDRA.- Si ni siquiera sabes qué…
MARCOS.-         No necesito nada. Sólo que no quiero ser invisible
RAÚL.-       Marcos…
SANDRA.- ¿Ha pasado algo?
RAÚL.-       No
SANDRA.- ¿Y esa cara?
RAÚL.-       No lo sé. A lo mejor sí que ha pasado

La edad de la ira es aquélla envuelta en un dolor absoluto, en una completa soledad, «cuando la vida nos golpea no hay nadie más allí»; por eso mismo la afirmación de Marcos resulta sorprendente; tras haber estado deprimido durante toda la obra, tiene un momento en el que afirma sus ansias de superación, «Solo sé que el tiempo no podrá con nosotros. Y ellos tampoco», ansias que se verán desbancadas. Resulta sorprendente porque ese ellos puede que sean los adultos, pero apenas tienen papel en la obra; no sabemos en realidad cuál es ese mundo adulto que tanto daño les hace; como tampoco sabemos cómo se llevará a cabo «una luz cegadora que precede, viva y adolescente al oscuro». No se me ocurre cómo podría ser la luz adolescente. Desde luego, tras leer la obra, nunca la pondría viva.

El argumento es sencillo: Un grupo de amigos cuenta —o piensa— sus experiencias durante una temporada en el instituto, en la que una chica es acosada por un profesor al que no hay manera de culpar (hasta que lo consigue la dirección del centro). Por eso, los chicos, enfadados más con sus propios problemas, deciden romper el coche del profesor. Debido a este hecho, a uno de ellos le espera una bronca monumental en casa, hemos de tener en cuenta que al padre se le acaba de suicidar la mujer dejándolo con los cuatro hijos. El padre, harto del comportamiento del chico, pues va drogado a veces y mantiene sexo con hombres adultos, emprende una pelea con él en la que se interpone otro hijo que muere al clavarle unas tijeras (supuestamente el padre, por error) y muere también el propio padre al estrellarle uno de los hijos (supuestamente el protagonista) la máquina de escribir en la cabeza. Todos han tenido una vida dura y todos acabarán mal, eso se ve venir, pero en la obra, hay tantas analepsis, prolepsis, muertos que están monologando pero que nadie los ve, e incursiones de problemas de otros chicos: acoso escolar, miedo familiar, temor a confesar abiertamente la sexualidad… que realmente nos perdemos en algún momento. No sabemos si estamos antes, durante o después del presente en el que ocurren los hechos.

Pero eso es lo de menos, lo más llamativo es que si sabemos cómo son algunos de los protagonistas, pues no todos tienen el mismo peso y no todos quedan definidos, no es por los diálogos sino por sus pensamientos, por lo que dicen los que ya no están en este mundo o por las acotaciones «(sin decírselo ambos saben que su historia, tal como la conocían hasta ahora, acaba de terminar)».

La obra es una adaptación de la novela, escrita por el propio Nando López; si tenemos un narrador omnisciente nos puede guiar perfectamente por una narración, pero en el teatro son los diálogos, acompañados de gestos los que van marcando el carácter de los personajes, y La edad de la ira adolece de esto; de hecho hay personajes femeninos, Sandra, Brenda y Mari que apenas quedan dibujados, una es víctima de acoso por parte de un profesor, Mari es acosada por su propio chico y Sandra es la fanática de las redes. Pero no sabemos más de ellas ni cuál es su situación real ni, por supuesto, si su actuación sirve de algo en la obra.

Creo que es una obra menor, puede que haya sido una buena novela juvenil pero el teatro tiene otras exigencias. Al menos debería tenerlas.

El sistema estructural es el mismo o parecido al que utiliza en Nunca pasa nada, pero en esta obra da la impresión de que no funciona. No hay denuncia fuerte y los chicos de La edad de la ira no son representantes de la adolescencia. Son demasiado hiperbólicos.

sábado, 13 de julio de 2019

NUNCA PASA NADA


En Nunca pasa nada, realmente ocurre de todo, es una reflexión coral de la vida, del día a día, de cómo afecta a nuestra forma de comportarnos, de entendernos y entender a los demás. Es la vida misma, la rutina en la que estamos inmersos y que, sin darnos cuenta, hace de nosotros lo que somos. Desde pequeños.

La obra es un conjunto de reflexiones que unos veinteañeros se hacen durante un fin de semana alejados de la civilización, al menos de lo que hoy entendemos por civilización, internet. No hay conexión y, mientras que para algunos no supone ningún problema, para otros es una catástrofe, algo que los apartará de sus costumbres y podrá tener consecuencias indeseadas.

Todos nos vemos reflejados en alguno de los ocho personajes; aunque no tengamos 20 años nos sentiremos identificados con determinadas situaciones, porque a pesar del lenguaje totalmente actual, que lógicamente hace referencia a conceptos actuales, las circunstancias son universales: la confianza, la traición, el trabajo, los estudios, el amor, los padres. Momentos a los que, con el paso del tiempo no les concedemos importancia y, sin embargo, estaban ahí, en nuestra mente, erosionando nuestra vida en pareja, o la amistad, o nuestro trabajo.

¿Quiénes somos en realidad? Es la pregunta que nos hacemos al leer Nunca pasa nada. ¿Sabemos comunicarnos o simplemente hablamos?

Los personajes son jóvenes pero la obra no va dirigida sólo a ellos. Los de más edad podemos eliminar prejuicios ante esa generación, no tan vacía ni falta de ideales como pueda parecer. Los de más edad también nos hemos encontrado con acoso escolar en su momento (antes no se llamaba así, eran “bromas” que había que aguantar o perrerías del matón del grupo que había que esquivar), o acoso laboral, con suicidios o intentos de suicidio por diversas razones, con rechazos a determinadas personas por diferentes motivos, con angustias por no haber sabido educar a los hijos o por verlos partir de nuestro lado, lejos, porque han de buscar trabajo donde sea.

A pesar de ser situaciones usuales, Nando López, el autor, consigue engancharnos desde el comienzo porque aporta un punto de vista diferente a cada personaje. No todos están de acuerdo en todo. Y lo más importante, no hay moraleja ni benevolencia, de forma que es el lector, o espectador, quien se construye su propia versión, según se la haya aplicado a sí mismo.

No cabe duda de que hay exigencias por parte de todos, de que hay críticas a la sociedad actual pero el autor nos fuerza a ver la solución en nosotros mismos.

La obra está dividida en cuatro actos. La primera innovación formal, aparte de que no es muy usual este número de actos, es que cada uno está provisto de un título, como si fueran los capítulos de una novela y, aunque todos se mezclan, en cada acto predomina lo que le da nombre: Ideas (que tiene cada uno), Planes, Juegos (o formas de pasar el tiempo) y Fotos (recuerdos que quedan, en realidad, de cada uno).

Otra innovación es la cantidad de analepsis y prolepsis que encontramos, lo que dificulta algo la representación. Comienza en el presente y en el recuerdo del fin de semana que ocho amigos, de unos 20 años, pasan en la casa de campo de uno de ellos. Al final todo vuelve al presente. Las prolepsis van dirigidas al espectador, de manera que dos o tres personajes pueden estar en escena monologando consigo mismos, sin que el otro influya para nada en sus afirmaciones aunque entre todos vayan aclarando al lector lo que va a ocurrir, lo que ocurrió, pues todo queda ya en un pasado

OLIVIA.-  Aitana no rompió con César
NORA.-   Íker no me pidió perdón
OLIVIA.-  Dice que va a dejarlo.
                 Pero en cuanto él dice que lo siente, ella cede
NORA.-   Ni siquiera me dijo que lo sentía
                

A veces son dos escenas diferentes las que se representan simultáneamente. Incluso los diálogos están intercalados, como si el problema fuese el mismo, o uno de ellos continuidad del otro. Lejos de confundir, esto nos ofrece una idea de lo que pasa en tiempo real en la casa.

(En una de las habitaciones, Hugo está leyendo y entra Teo.
En la otra, Luna se besa con Olivia.)
LUNA.-    ¿Te confieso algo? he venido al cumple de mi hermana sólo por esto
TEO.-       ¿Se puede?
OLIVIA.-  ¿Sabías que iba a pasar?
HUGO.-   Iba a dormirme ya
OLIVIA.-  Quería que pasara
TEO.-       No me lo creo

Las acotaciones tampoco siguen la regla general. Al comienzo de la obra, en el Acto I hay también dos acotaciones, una que indica el día en que comenzó la salida y la otra que encabeza la escena 1, nos trae al presente, y nos ofrece una imagen general de Nora y lo que hace en ese momento.

Las acotaciones de Nunca pasa nada suelen aludir a referencias objetivas que son percibidas por el lector/espectador, por lo que explicitan una polifonía informativa de los temas y el pensamiento de los personajes. El texto contiene numerosas acotaciones sobre qué hacen, dónde van, el momento en el que sucede… incluso encontramos algunas emotivas de carácter omnisciente, a medio camino entre una acotación teatral y una narración intimista, difícil de llevar a cabo en la representación pero clave para el lector pues le permite conocer mejor a los personajes.

(Teo y Hugo se miran. El primero, muy quieto, con miedo a hacer algo que incomode al segundo. Hugo se acerca a él y lo abraza. A lo mejor el viaje sí ha valido la pena, piensa Teo. A lo mejor Teo tiene razón y hay algo en él que no es tan gris, piensa Hugo)

Las situaciones de la obra llevan a fortificar la amistad entre algunos de ellos, entre otros empieza a diluirse; se dan cuenta de que el instituto fue el impulsor para el cambio experimentado en su recién comenzada vida de adultos. Y el espectador reflexiona con ellos sobre los temas que le interesan, la amistad, la dificultad de la homosexualidad, la dificultad de olvidar a un ser querido si, con el acoso y maltrato emocional hace de nosotros alguien dependiente, el desequilibrio afectivo que nos hace buscar, de forma obsesiva, la atención de quienes nos rodean, aunque sea autolesionándonos, la conciencia de grupo entre los colectivos más débiles «Somos todas una, Nora», los complejos personales ante el triunfo de los demás, el desempleo, los trabajos basura que hay que asumir, la crítica hacia la desigualdad de oportunidades según las clases sociales «empeñas a tus padres para poder pagar el grado y luego ese maldito máster que parece que le regalan a otros», la soledad en la propia familia, el machismo, la crítica hacia el falso progresismo que algunos abanderan porque queda bien, la falta de implicación de los propios jóvenes «Hashtag estoy sentado en mi sofá pero soy rebelde que te cagas», la presión de los padres hacia sus hijos para que sean especiales, el sistema nefando educativo, la obsesión por la muerte como medio de desaparecer, la igualdad entre los sexos… En fin, no es cierto que nunca pase nada, pues en esta obra aparecen todos los temas que preocupan a una sociedad que puede parecer algo superficial, por sus expresiones “instagramer, rayantas, viejóvenes, followers, casting, friendzone, maistream, next”, pero que sufre, y trabaja por conseguir sus ideales como siempre ha ocurrido. De diferente manera, porque la sociedad es diferente.

sábado, 22 de junio de 2019

TODAS HIEREN Y UNA MATA


En el panorama teatral actual, hablar de ÁlvaroTato es casi imposible porque todo se ha dicho ya. Ha llegado a la cima. Es un referente en la construcción del espectáculo y en la elaboración del texto. Cuando leo algo con chispa pienso que ya está. La obra se hace sola. Empiezo a imaginar y soy capaz de ver en mi mente la representación. Claro, en mi mente. A la hora de la verdad hace falta un gran equipo creativo. Porque para representar a Álvaro Tato hay que estar a la altura de este poeta y dramaturgo de manera que el texto no desmerezca lo más mínimo. O simplemente intentarlo y, por supuesto, disfrutar. Este año, 2019, hemos tenido la suerte de contar con Todas hieren y una mata, título que alude al refrán referido al paso del tiempo: todas las horas hieren y una mata, y Tato juega con él para acercarlo al amor: Todas las flechas hieren y una mata.

Esta mezcla de sentidos queda asentada en el cronotopo de la obra; así pues, podemos estar en el Siglo de Oro, podemos pasar al siglo XXI, podemos ser actores, oyentes o espectadores… Es teatro, y su magia nos envuelve desde la primera palabra. La obra lo tiene todo. Todo lo necesario para cumplir con las funciones del teatro, entretener (con la originalísima puesta en escena), divertir (con el empleo de la palabra), admirar (con la combinación de registros y formas del lenguaje, en prosa o en verso), sensibilizar, o lo que es lo mismo, remarcar la función social (y la última obra de Tato, a través del humor, reflexiona e intenta comprender la complejidad del ser humano, el pensamiento del hombre y la mujer, y nos provoca para que nuestra opinión salga a la luz)y, por supuesto, la función catártica.

Todas hieren y una mata tiene algo de cuento de hadas pues alude al intimismo de la mujer, a su magia, al simbolismo del tiempo (y cómo influye en la mujer). Al ver a Alba, a Aurora, a Teresa y a la bruja no nos extrañamos de que puedan convivir, de que pertenezcan a siglos diferentes, sean la misma persona o su evolución a lo largo del tiempo. Los espectadores, o lectores, sentimos una especie de purificación del espíritu al conseguir ser nosotros, en nuestro interior, como esos personajes protagonistas definitivos de su destino, que no se han doblegado, que han llegado donde querían. Esta finalidad catártica es la magia del teatro y en esta obra está desde la primera página.

Siempre he creído que los clásicos son actuales, en alguna ocasión lo he dicho y he intentado demostrarlo, pero Álvaro Tato, con su obra, consigue que el verso sea la forma normal de comunicación, que la capa y la espada puedan convivir con los móviles, que exista un amor puro, verdadero, sin violencias en cualquier época y que la cultura, la palabra sea el arma que convence, apostando siempre por la libertad del más débil, que lamentablemente en la sociedad actual sigue siendo la mujer.

La obra está dividida en tres jornadas, como mandaba el Arte nuevo de hacer comedias en este tiempo; también como los grandes dramaturgos del siglo XVII combina el verso con la prosa, en este caso es un indicador del cambio de época y un guiño al más grande novelista de todos los tiempos

Os decía que algún imitador de Lope pudo escribir esta misteriosa pieza de la que solo nos ha llegado la primera jornada.

Asimismo, tal y como era usual en alguna representación del Siglo de Oro, encontramos el recurso del metateatro

Ya suena la música, ya comienza la escena del bosque.

Y como dictó el Fénix de los ingenios, la métrica se ajusta al personaje y al asunto tratado, aunque Álvaro Tato le da una vuelta, pues si el caballero utiliza el soneto para referirse a los asuntos amorosos

Dicen que es una flecha cada hora
que alza el vuelo cazándonos sin ruido

también lo hace su criado para, con humor, recordarle que es mejor preocuparse por el cuerpo que por el espíritu

No soy mágico, brujo ni profeta,
mas traigo este presagio en el coleto:
si me encuentran oculto bajo un seto
sajarán mi gaznate cual chuleta.

Los recursos literarios son variados, los juegos de palabras abundan, tal como era normal en el siglo XVII. El amor y la muerte que provoca el desengaño están a la orden del día del enamorado, mientras que el criado teme más por el sufrimiento corporal, que puede manifestarse en términos hiperbólicos

DON DANIEL.- […]
                          ¡ay si me amara la muerte
                          o diera muerte al amor!
                          […]
DON DANIEL.- Tengo el alma en carne viva
PICO.-               Tengo una astilla en un dedo
                          ¡Me rindo!

El legado que hace Pico al creer cercana la muerte es una suerte de anáforas y paralelismos con los que iguala, histriónicamente, los elementos enumerados y, cuando conocemos que aún está soltero, la carcajada es mayor:

Lego a mi esposa mi hacienda
lego a mi esposa mis huesos
[…]
Lego a mi esposa mis hijos
lego a mi esposa mis hijas
[…]
y mi ropa si estoy muerto
y no he de resucitar
[…]
mis gallinas, mis capones,
mis cabrillas, mis cabrones,
y otra cosa que me callo.

El quiasmo con su poder de extrañamiento, acrecienta el humor de la respuesta, y el encabalgamiento de algunos versos consigue unir el siglo XVII al XXI sin ningún tipo de asombro

BRUJA.-           […]
                          ¿sois cazadores furtivos?
PICO.-               Más bien furtivos cazados
BRUJA.-           Entonces sabréis decirme
                          en qué siglo nos hallamos
PICO.-               En el diecisiete, madre,
                          del calendario cristiano
BRUJA.-           Pues hoy la penicilina
                          aún no se habrá inventado
                          ni puedo llamar al uno
                          uno dos para llevaros
                          a urgencias en ambulancia.

El diálogo es ingenioso hasta no poder más, el juego metateatral sigue hasta el final de la obra, las metáforas aluden a la vida rural del siglo XVI «En su enagua la noche / guarda una estrella» y los guiños a Lope son enternecedores, pues si nos conmovió su definición del amor en un soneto, Tato nos entusiasma con su descripción del clásico, en un soneto totalmente paralelo al del Fénix:

Despertarse, soñar, estar contento
[…]
cumplir un sueño y no querer que acabe,
vivir miles de vidas. Esto es
un clásico. Quien lo probó lo sabe.

En cuanto a las acotaciones. Álvaro Tato pretende indicar cómo han de moverse los actores, pero no hay exceso de ellas, sólo para momentos cruciales en los que entra o sale de escena algún personaje «(Salen de su escondite don Daniel y Pico)» o momentos impactantes en los que el personaje debe utilizar algo específico «(Saca el teléfono móvil)», para otros en los que tiene singular importancia la proxémica «(Aparte a Pico)», o bien para marcar aquella información dirigida especialmente al espectador «(Aparte) (Ya el sol sale en mi corazón oscuro) (Se aleja)».

Asimismo, en ocasiones la acotación va dirigida a que el personaje realice un gesto ilustrador que acompañe a lo que está diciendo, de forma que la escena refuerce los tintes humorísticos expresados con la palabra

PICO.-               […]
                          ¿No me hizo él pecador?
                          (Al cielo) Conmigo no ha de valer
                          tan indigna triquiñuela,…

No quiero revelar el texto porque hay que leerlo o, si se puede, verlo representado. En cualquier caso es un seguro de diversión y asombro. Álvaro Tato mejora a cada paso, Cuando pensábamos estar ante una obra perfecta, escribe otra que la supera ¡Increíble!

lunes, 10 de junio de 2019

ROJA CAPERUCITA



El título es muy significativo, al utilizar el adjetivo como epíteto, recoge en su simbolismo toda la importancia que la protagonista va a tener en esta obra teatral. Lo importante del personaje es la fuerza, el apasionamiento, la voluntad que, de haber sido Caperucita roja, no hubiéramos encontrado. Sólo al leer Roja Caperucita ya sabemos que no será la niña desvalida que conocemos, por lo que el cambio experimentado en el título original advierte del cambio de contenido. En efecto, Caperucita no es una niña, es una adolescente que, al alcanzar los 15 años decide huir de la monotonía de su casa y cumplir su sueño, investigar en aquello que se le tenía prohibido. De esta manera irá a casa de su abuela atravesando el bosque prohibido en el que, como antítesis del paraíso, la claridad viene de la luna; no hay sol en ese bosque, pero todos acuden a él atraídos por la protección, la inconsciencia y el peligro que representa la luna. Este espacio tiene un jefe, asimismo contraposición del propio Dios, el Lobo, símbolo de valor, de fuerza, de la irracionalidad latente, de la libertad y del mal; es quien gobierna en ese bosque atípico, y su planteamiento vital consiste en adorar a la luna y en que lo obedezcan a él, por ello se rodea de los seres más anodinos. Liendres, su Amante y el Leñador han llegado a ese bosque pretendiendo olvidar algo de sus vidas y, desde entonces, se dedican a complacer al lobo: «Dejad de mendigar. Nosotros solo comemos lo que nos da el Lobo.»

Pero allí irá Caperucita, y ni los ruegos de su madre, ni la violencia de su abuela conseguirán que dé marcha atrás, al contrario, demostrará a todos que su valor es similar al del lobo, y sus ambiciones van más allá que las de éste: «Si tenéis miedo, subíos a los árboles». Caperucita intentará hacerse con el poder, pues este afán es atrayente e ilimitado. La lucha entre ambos candidatos por gobernar el bosque demostrará a los demás que todo puede devenir a peor cuando pensamos que hemos tocado fondo.

La obra es totalmente insólita, no sólo los personajes no son los mismos que en el cuento original, sino que son simbólicos. Todos representan un ser social real que, en un momento determinado, se da cuenta de sus actos, se desprecia por ellos e intenta evadirse en un mundo paralelo onírico, perteneciente al inconsciente, al sueño, a la muerte.

El bosque de Roja Caperucita es un bosque sin árboles «Porque el Lobo los mandó cortar […] Para ver mejor a la luna». Nos encontramos con un lugar paradisíaco al que le han eliminado la fuerza vital indestructible, eterna que simboliza el árbol, así pues ha sido desposeído de su característica sagrada. El lobo, símbolo irracional, se siente atraído por el poder femenino, pero algo le ocurrió con una mujer, por eso ha ido al bosque a refugiarse y por eso trata mal a su Amante, un personaje plano, lastimoso, capaz de hacer lo que sea con tal de que el lobo la quiera «Me llamarás Caperucita Roja. Y cuando hagamos el amor, cerrarás los ojos y te imaginarás que soy ella». Frase terrible con la que David Llorente quiere hacer una llamada de atención a la mujer: no hay que estar con un hombre a la fuerza, en el amor no se puede coaccionar a nadie, porque se cae en la posibilidad del desprecio, la humillación y el maltrato «Porque no eres nadie. Nada. Vete. No vuelvas a molestarme nunca más».

Ésta es la Amante, alguien despechado, por eso ayuda a Caperucita a que salga del bosque, para no tener rival, aunque ella no lo quiera y se lo advierta «Puedes guardártelo. No me interesa ese animal». La Abuela aparece también con un carácter opuesto al del cuento. Ya no es la ancianita indefensa, amable y digna de lástima. Es una mujer llena de rencor y odio que no duda en atacar a su propia nieta y decirle una verdad traumática la primera vez que la ve

Niña estúpida (salta sobre ella)
¡Qué hace! No, no, déjeme. No me toque. No, por favor. ¡No!

Por esta razón el lobo se comerá a la Abuela y no por simple crueldad como en el cuento original.

El leñador del cuento tradicional es el héroe que ahuyenta y mata a los malos, como el lobo. Es el salvador de Caperucita, el poseedor de la fuerza y la justicia. En la obra de Llorente el Leñador es alguien torturado por su pasado en el mundo real, que va al bosque para ocultar sus temores y termina obedeciendo al lobo, como todos. Caperucita lo sabe y se lo dice «Tú también eres un cobarde».

Liendres es el personaje que aporta algo de humor. De escasa inteligencia, está en el bosque porque se considera imprescindible para el lobo, por eso acata sus órdenes sin pensar. Sus respuestas, de doble sentido, son las que harán asomar una sonrisa en el espectador

Liendres, Liendres
Sí, mi señor
Tenemos que impedir que Caperucita salga del bosque
[…]
…nadie ha encontrado la salida del bosque, ¿por qué debemos suponer que Caperucita la encontrará?
[…] Porque todos vosotros sois unos imbéciles…
Claro, señor, claro […] ¡La encontraré antes de que encuentre el camino! Sí… y cuando la encuentre, señor, la agarraré de los pelos y la traeré arrastrando hasta usted.

Por último la Madre de Caperucita no quiere que su hija vaya al bosque, pero ésta no la obedecerá, como toda adolescente. Tampoco quiere que Caperucita se sienta atraída por la luna. Ahí reside su secreto y su temor. Y puede que al final se cumpla.

 Aunque parezca que el conflicto entre los personajes es externo, cada uno libra su propia batalla contra su propia alma. Desde este punto de vista la acción dramática es verosímil, los personajes describen una verdad sin necesidad de reproducir la realidad; son, pues, simbólicos. En ningún momento nos extraña que personas hablen con animales como si todos pertenecieran a la misma especie, y es que, en realidad, ya nos previene Caperucita cuando avisa al lobo, «Somos animales. Somos salvajes. Y libres. No tenemos que seguir las reglas de los hombres». Efectivamente, estamos en un cronotopo libre, el que da la literatura; podemos soñar con una verdad artística que, sin embargo, se aproxima peligrosamente al mundo real, gobernado también por la ambición, en el que los sentimientos van desapareciendo en favor de los intereses.

La combinación de humanos y animales, animaliza nuestra sociedad que, aunque parece que avanza, sigue un proceso de embrutecimiento cada vez más refinado. Una sociedad que se deja llevar por los impulsos de aquéllos que dominan.

Para resaltar la mezcla de animales y personas, el autor no coloca el nombre de quien habla en cada momento. No hace falta. Los diálogos son lo suficientemente explícitos como para indicar quién tiene la palabra en cada momento.

Sólo hay cuatro acotaciones en el texto y son para señalar movimientos diferentes que realizarán los personajes, sobre todo al final de la obra. El resto del libreto, probablemente porque el autor también es director teatral, permite una representación libre para los diferentes directores de escena que se atrevan a poner sobre las tablas esta obra fuerte, dura, valiente.