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sábado, 13 de julio de 2019

NUNCA PASA NADA


En Nunca pasa nada, realmente ocurre de todo, es una reflexión coral de la vida, del día a día, de cómo afecta a nuestra forma de comportarnos, de entendernos y entender a los demás. Es la vida misma, la rutina en la que estamos inmersos y que, sin darnos cuenta, hace de nosotros lo que somos. Desde pequeños.

La obra es un conjunto de reflexiones que unos veinteañeros se hacen durante un fin de semana alejados de la civilización, al menos de lo que hoy entendemos por civilización, internet. No hay conexión y, mientras que para algunos no supone ningún problema, para otros es una catástrofe, algo que los apartará de sus costumbres y podrá tener consecuencias indeseadas.

Todos nos vemos reflejados en alguno de los ocho personajes; aunque no tengamos 20 años nos sentiremos identificados con determinadas situaciones, porque a pesar del lenguaje totalmente actual, que lógicamente hace referencia a conceptos actuales, las circunstancias son universales: la confianza, la traición, el trabajo, los estudios, el amor, los padres. Momentos a los que, con el paso del tiempo no les concedemos importancia y, sin embargo, estaban ahí, en nuestra mente, erosionando nuestra vida en pareja, o la amistad, o nuestro trabajo.

¿Quiénes somos en realidad? Es la pregunta que nos hacemos al leer Nunca pasa nada. ¿Sabemos comunicarnos o simplemente hablamos?

Los personajes son jóvenes pero la obra no va dirigida sólo a ellos. Los de más edad podemos eliminar prejuicios ante esa generación, no tan vacía ni falta de ideales como pueda parecer. Los de más edad también nos hemos encontrado con acoso escolar en su momento (antes no se llamaba así, eran “bromas” que había que aguantar o perrerías del matón del grupo que había que esquivar), o acoso laboral, con suicidios o intentos de suicidio por diversas razones, con rechazos a determinadas personas por diferentes motivos, con angustias por no haber sabido educar a los hijos o por verlos partir de nuestro lado, lejos, porque han de buscar trabajo donde sea.

A pesar de ser situaciones usuales, Nando López, el autor, consigue engancharnos desde el comienzo porque aporta un punto de vista diferente a cada personaje. No todos están de acuerdo en todo. Y lo más importante, no hay moraleja ni benevolencia, de forma que es el lector, o espectador, quien se construye su propia versión, según se la haya aplicado a sí mismo.

No cabe duda de que hay exigencias por parte de todos, de que hay críticas a la sociedad actual pero el autor nos fuerza a ver la solución en nosotros mismos.

La obra está dividida en cuatro actos. La primera innovación formal, aparte de que no es muy usual este número de actos, es que cada uno está provisto de un título, como si fueran los capítulos de una novela y, aunque todos se mezclan, en cada acto predomina lo que le da nombre: Ideas (que tiene cada uno), Planes, Juegos (o formas de pasar el tiempo) y Fotos (recuerdos que quedan, en realidad, de cada uno).

Otra innovación es la cantidad de analepsis y prolepsis que encontramos, lo que dificulta algo la representación. Comienza en el presente y en el recuerdo del fin de semana que ocho amigos, de unos 20 años, pasan en la casa de campo de uno de ellos. Al final todo vuelve al presente. Las prolepsis van dirigidas al espectador, de manera que dos o tres personajes pueden estar en escena monologando consigo mismos, sin que el otro influya para nada en sus afirmaciones aunque entre todos vayan aclarando al lector lo que va a ocurrir, lo que ocurrió, pues todo queda ya en un pasado

OLIVIA.-  Aitana no rompió con César
NORA.-   Íker no me pidió perdón
OLIVIA.-  Dice que va a dejarlo.
                 Pero en cuanto él dice que lo siente, ella cede
NORA.-   Ni siquiera me dijo que lo sentía
                

A veces son dos escenas diferentes las que se representan simultáneamente. Incluso los diálogos están intercalados, como si el problema fuese el mismo, o uno de ellos continuidad del otro. Lejos de confundir, esto nos ofrece una idea de lo que pasa en tiempo real en la casa.

(En una de las habitaciones, Hugo está leyendo y entra Teo.
En la otra, Luna se besa con Olivia.)
LUNA.-    ¿Te confieso algo? he venido al cumple de mi hermana sólo por esto
TEO.-       ¿Se puede?
OLIVIA.-  ¿Sabías que iba a pasar?
HUGO.-   Iba a dormirme ya
OLIVIA.-  Quería que pasara
TEO.-       No me lo creo

Las acotaciones tampoco siguen la regla general. Al comienzo de la obra, en el Acto I hay también dos acotaciones, una que indica el día en que comenzó la salida y la otra que encabeza la escena 1, nos trae al presente, y nos ofrece una imagen general de Nora y lo que hace en ese momento.

Las acotaciones de Nunca pasa nada suelen aludir a referencias objetivas que son percibidas por el lector/espectador, por lo que explicitan una polifonía informativa de los temas y el pensamiento de los personajes. El texto contiene numerosas acotaciones sobre qué hacen, dónde van, el momento en el que sucede… incluso encontramos algunas emotivas de carácter omnisciente, a medio camino entre una acotación teatral y una narración intimista, difícil de llevar a cabo en la representación pero clave para el lector pues le permite conocer mejor a los personajes.

(Teo y Hugo se miran. El primero, muy quieto, con miedo a hacer algo que incomode al segundo. Hugo se acerca a él y lo abraza. A lo mejor el viaje sí ha valido la pena, piensa Teo. A lo mejor Teo tiene razón y hay algo en él que no es tan gris, piensa Hugo)

Las situaciones de la obra llevan a fortificar la amistad entre algunos de ellos, entre otros empieza a diluirse; se dan cuenta de que el instituto fue el impulsor para el cambio experimentado en su recién comenzada vida de adultos. Y el espectador reflexiona con ellos sobre los temas que le interesan, la amistad, la dificultad de la homosexualidad, la dificultad de olvidar a un ser querido si, con el acoso y maltrato emocional hace de nosotros alguien dependiente, el desequilibrio afectivo que nos hace buscar, de forma obsesiva, la atención de quienes nos rodean, aunque sea autolesionándonos, la conciencia de grupo entre los colectivos más débiles «Somos todas una, Nora», los complejos personales ante el triunfo de los demás, el desempleo, los trabajos basura que hay que asumir, la crítica hacia la desigualdad de oportunidades según las clases sociales «empeñas a tus padres para poder pagar el grado y luego ese maldito máster que parece que le regalan a otros», la soledad en la propia familia, el machismo, la crítica hacia el falso progresismo que algunos abanderan porque queda bien, la falta de implicación de los propios jóvenes «Hashtag estoy sentado en mi sofá pero soy rebelde que te cagas», la presión de los padres hacia sus hijos para que sean especiales, el sistema nefando educativo, la obsesión por la muerte como medio de desaparecer, la igualdad entre los sexos… En fin, no es cierto que nunca pase nada, pues en esta obra aparecen todos los temas que preocupan a una sociedad que puede parecer algo superficial, por sus expresiones “instagramer, rayantas, viejóvenes, followers, casting, friendzone, maistream, next”, pero que sufre, y trabaja por conseguir sus ideales como siempre ha ocurrido. De diferente manera, porque la sociedad es diferente.

jueves, 6 de abril de 2017

LUCES DE BOHEMIA



He terminado de leer Luces de Bohemia y, mi admiración por Valle-Inclán ha aumentado. Había leído de él alguna Sonata, una de sus Comedias Bárbaras, Cara de Plata, y Divinas Palabras, que me impactó bastante. Pero creo que Luces de Bohemia es su obra cumbre, por representar un extracto de la historia de España de final del siglo XIX, un compendio del pensamiento más sarcástico y crítico del autor y una síntesis de su producción literaria; Luces de Bohemia no es sólo teatro, es ensayo, narrativa y, sobre todo, la lírica que Valle, tras esa imagen dura y exaltada, llevaba dentro.


Formalmente la obra es innovadora. Está dividida en 15 escenas, sin actos que las agrupen. El número de personajes es elevadísimo, hay 52 que en algún momento mantienen parlamentos más o menos largos, más voces del pueblo. El tiempo en el que transcurre la acción es una tarde-noche, aunque durante la mañana del día siguiente tenga lugar el entierro; sin embargo los espacios son múltiples, hay trece ambientes diferentes: la casa de Max Estrella, la calle, la librería, la taberna, la gobernación, la cárcel, el cuartel de la policía, una plaza, el cementerio... Esto hace que algunas escenas sean cortas y se pase de un espacio a otro sin tregua. Difícil puesta en escena para solucionar los espacios alusivos a la representación e introducir ruidos y sonidos que a su vez vienen de otros lugares, como voces, sirenas, disparos que actúan a modo de ticoscopias para situar perfectamente al espectador.

El contenido, en principio, es sencillo —contrastando con la forma— Max Estrella es un escritor, poeta fracasado que, a la desgracia de quedarse ciego hacía un año, se le suma el despido del periódico en el que trabajaba. Casado con una francesa, Madame Collet y padre de una hija, Claudinita, ve con horror la imposibilidad de seguir manteniéndolas. Su amigo, don Latino de Híspalis, se ofrece a empeñarle unos libros pero con la única intención de sacar provecho, tanto él como el librero a quien se los lleva, Zaratustra. Al comentarle a Max a quién se los ha entregado, éste se espera lo peor y sale de su casa a recuperarlos «¡Claudina, mi palo y mi sombrero!». Así empieza la odisea: no obtiene los libros, y se van a una taberna, en la que Max consigue empeñar su capa para comprar un décimo de lotería. Se encuentran con un grupo de modernistas, terminan borrachos  y es detenido y encarcelado por faltarle el respeto al inspector. Los modernistas acuden al periódico a pedirle al director que interceda para sacarlo de la cárcel. Lo consigue, pero Max quiere ir al Ministerio de la Gobernación a quejarse formalmente. El ministro, antiguo amigo, le ofrece una pensión para su mujer y su hija, y él, humillado, acepta. En la calle, el frío de la noche y los espejos de la calle del Gato consiguen que se vaya deformando la realidad y Max Estrella, acurrucado en el portal de su casa, sin abrigo, muere aterido de frío. Don Latino lo deja allí y le roba la cartera. El décimo toca al día siguiente y, tras el entierro de Max, don Latino se gasta el dinero en la taberna y paga la deuda de la noche anterior, mientras la mujer y la hija de Max Estrella se suicidan.

Estructuralmente la obra es redonda, cerrada; las palabras de Max, al principio, serán vaticinadoras del final

Max.- [...] Podemos suicidarnos colectivamente»
Madame Collet.- A mí la muerte no me asusta ¡Pero tenemos una hija Max!
[...]
Max.- [...] Es una lástima la obcecación de Claudinita. Con cuatro perras de carbón, podríamos hacer el viaje eterno.

El trasfondo real de esta “odisea” es un viaje dantesco de Max Estrella, poeta andaluz guiado por Latino de Híspalis, durante la noche por diferentes lugares de Madrid, representantes de toda la sociedad española de principios de siglo. Como en la Divina Comedia, la mayoría de personajes con los que se encuentra son reales, coetáneos de Valle-Inclán, Max Estrella es la figura de Alejandro Sawa, poeta que murió pobre, olvidado, loco y ciego en Madrid en 1909. Zaratustra representa al librero Pueyo, editor de los modernistas (Gálvez, Rubén Darío, Dorio de Gadex). Tras el “Ministro” se esconde Julio Burell, ministro que ayudó a los intelectuales de su tiempo. Otros están sacados directamente de la literatura de Valle, para adoptar la figura de su creador y asistir al entierro de Max Estrella, porque a diferencia de Dante, Max no logra salir del infierno; así, abandonado a su suerte, sin recursos, sin reconocimiento, decide morir. Es curioso que la ceguera le sobreviniera un año antes de su muerte, como si no quisiera ver la caricatura en la que se había convertido España, con sus políticos que querían, ante todo, figurar, con sus administrativos inmorales, con sus bohemios inútiles, con gente sin fuerzas para luchar, sin cultura, sin futuro. España entera se convierte en la protagonista principal de Luces de Bohemia. Valle consigue una queja colectiva por lo que, únicamente, el país como colectivo podrá salir de ese vivir estúpido, frívolo, insolidario y angustiado (algo que un siglo después aún no hemos entendido).

Al ser un personaje colectivo no hay espacio para profundizar en él, pero esto a Valle-Inclán no le interesaba; la finalidad principal es ironizar sobre la situación a la que había llegado el país: los modernistas no viven en la realidad sino que literaturizan la vida y rechazan la cultura oficial, la realidad sociopolítica era propicia a la miseria material y moral. El autor no añade vicios ni inventa costumbres, sólo los deforma para que la crítica sea más evidente. En esta deformación reside el esperpento por eso Max Estrella, poeta arruinado, casi indigente, se expresa con un lenguaje refinado, con latinismos e ironías que requieren cierto nivel cultural para entenderlas. Max es un esperpento residente en una situación esperpéntica, en la que, por supuesto, todos los personajes son esperpentos. Sólo el preso político y la madre del niño muerto están vistos desde una óptica real para reforzar la reflexión amarga sobre el país.

En esta sátira el tema de la muerte y el suicidio son fundamentales; el pesimismo propio de la generación del 98 ante el problema de España no sólo es evidente sino hiperbólico.

El problema mayor es la decadencia cultural, la imposibilidad de la vida literaria en la sociedad española. No hay lugar para el genio creador ni para el que quiere trabajar, sólo progresan los canallas. Situación esperpéntica, de la que no nos hemos librado aún puesto que esta imagen deformada de España es la que siguen teniendo en Europa.

Función de las acotaciones.

Luces de Bohemia es una obra teatral épica, por la grandeza de sus recursos, por la visión global de España, que aparece en el corto viaje de Max Estrella por Madrid, y por la demostración general de todo tipo de vocabulario.

Valle deja poca libertad a la hora de representar su texto teatral, de hecho, el lector puede imaginar, gracias a las acotaciones, todo lo que tiene lugar en escena y, en algunos casos en los que se vale de ticoscopias, fuera de ella; mediante las ticoscopias amplía los límites del escenario y crea un espacio para acciones que no pueden desarrollarse materialmente en las tablas

...Ante el mostrador, los tres visitantes, reunidos como tres pájaros en una rama, ilusionados y tristes, divierten sus penas en un coloquio de motivos literarios. Divagan ajenos al tropel de polizontes, al viva del pelón, al gañido del perro...

Asimismo utiliza los deícticos para delimitar los lugares de la acción, organizar los movimientos y la estructura espacial de la proxémica

...Entra un vejete asmático, quepis, anteojos, un perrillo y una cartera con revistas ilustradas. Es don catalino de híspalis. Detrás, despeinada, en chancletas, la falda pingona, aparece una mozuela: claudinita.

Las acotaciones de Luces de Bohemia dotan a la representación de polifonía informativa gracias su carácter funcional. A veces cargan la importancia en los gestos de los personajes, pues aportan más información al espectador que las propias palabras

El librero, al tiempo que habla, recoge el atadijo que aún está encima del mostrador, y penetra en la lóbrega trastienda, cambiando una seña con don latino. Reaparece.

Otras veces van cargadas de sinestesias que, unidas a las cosificaciones, mezclan humorísticamente lo lírico y lo real, adoptando todo un aire prosaico

Zaguán en el Ministerio de la Gobernación [...] Aire de cueva y olor frío de tabaco rancio [...] Policías de la Secreta —hongos, garrotes, cuellos de celuloide, grandes sortijas, lunares rizosos y flamencos— [...] hay [...] un pollo chulapón de peinado reluciente, con brisas de perfumería, que se pasea y dicta humeando un veguero [...] Dando voces, la cabeza desnuda, humorista y lunático, irrumpe Max Estrella [...] Detrás asoman los cascos de los guardias. Y en el corredor se agrupan, bajo la luz de una candileja, pipas, chalinas, y melenas del modernismo.

En general, las acotaciones funcionan como verdaderos textos narrativos con finalidad estética, incluso simbólica que, aunque facilitan la puesta en escena, influyen sobre todo en la construcción imaginaria del lector, esto es una característica del estilo esperpéntico.

En ocasiones son explicaciones propias de un narrador omnisciente que ayudan a caracterizar al personaje

Don Latino interviene con ese matiz del perro cobarde, que da su ladrido entre las piernas del dueño.

o caracterizan al personaje, animalizándolo con el fin de denunciar la vida del pueblo

Escapa la chica salvando los charcos con sus patas de caña.

o lo hacen desaparecer mediante juegos de palabras

Máximo Estrella y don Latino de Híspalis, sombras en las sombras de un rincón...

En ocasiones las acotaciones utilizan la descripción para introducir al espectador en sucesos anteriores

Sale de la tiniebla el bulto del hombre morador del calabozo. Bajo la luz se le ve esposado, con la cara llena de sangre.

Y casi siempre son verdaderos poemas que se mezclan con líricas descripciones para dar a conocer los sentimientos el autor

...Faroles rotos, cerradas todas, ventanas y puertas. En la llama de los faroles un igual temblor verde y macilento. La luna sobre el alero de las casas, partiendo la calle por medio.
De tarde en tarde, el asfalto sonoro [...] Soldados Romanos. Sombras de Guardias...

En general las acotaciones contienen bastantes expresiones subjetivas, por lo que más que acotaciones son connotaciones de sus emociones

Sobre las campanas negras, la luna clara [...] A lo largo del coloquio se torna lívido el cielo [...] Remotos albores de amanecida [...] Despiertan las porteras.

Y, por supuesto, no debemos olvidar el humor negro, hiperbólico que aparece en aquellas acotaciones cuya finalidad es intensificar el esperpento mostrado en los diálogos

Aparece en el marco de la puerta el cochero de la carroza fúnebre: Narices de borracho, chisterón viejo con escarapela, casaca de un luto raído, peluca de estopa y canillejas negras.

Tampoco podemos pasar por alto aquellas que aluden, poéticamente, a la identificación del autor con uno de sus personajes novelescos, quien, rizando el rizo, aparece en el entierro de otro personaje teatral

...el marqués, benevolente, saca de la capa su mano de marfil y reparte entre los enterradores algún dinero.

Finalidad del diálogo.

Ante esto llegamos a la conclusión de que el texto dramático de Luces de Bohemia tiene un protagonismo desmedido; es una obra teatral que se va componiendo perfectamente en la mente del lector. El léxico es de una riqueza enorme y gran variedad; podemos encontrar palabras típicas del calé como «chanelar» (entender), «cañí» (gitano), «cate» (golpe), «dar mulé» (matar), «gachó» (hombre), «parné» (dinero), «pirante» (juerguista), «manque» (yo)...; voces típicas madrileñas como «vivales» (fresco, desaprensivo), «rezumar el ingenio» (caspa en los hombros), «naturaca» (naturalmente); expresiones populares «sombrerera» (cabeza), «tabernáculo» (taberna), «rufo» (chulo), «pájara» (astuta), «pan de higos» (partes sexuales de la mujer), «pescarla» (emborracharse), «pindonga» (mujer callejera), «iluminado» (borracho), «fiambre» (cadáver), «dar un mitin» (armar jaleo)... y vocabulario mitológico como «Estigia», «Buey Apis», «Artemisa, «Mausoleo», junto a palabras cultas , en desuso como «albando»(muy caliente) o «kermés» (fiesta al aire libre). Además encontramos el acortamiento propio de aquellas palabras que el pueblo utiliza a diario: «la propi», «la Delega», «un pipi» (pipiolo), «un jipi» (jipijapa – sombrero panamá), «la Preve» (Prevención). Este acortamiento, con expresiones irónicas, permite un uso humorístico:

El Capitán Pitito.- ¡Por borrachín, a la Delega!
Max.- ¡Y más chulo que un ocho! Señor Centurión, ¡yo también chanelo el sermo vulgaris!

Encontramos definiciones que funcionan como greguerías lúgubres: «La muerte(es), una carantoña ensabanada que enseña los dientes».

Hay expresiones costumbristas que hacen algo humorístico de situaciones amargas:

El sereno.- Camine usted
Max.- Soy ciego
El sereno.- ¿Quiere usted que un servidor le vuelva la vista?
Max.- ¿Eres Santa Lucía?
El sereno.- ¡Soy autoridad!
Max.- No es lo mismo

Asimismo en las citas literarias de Max aparecen alusiones metateatrales (a Ibsen, Calderón) y líricas, en las que se deja ver el desprecio a todos al considerarse a sí mismo el primer poeta de España, infravalorado (teniendo en cuenta que Max es un trasunto de Alejandro Shaw, la crítica social es feroz).

Dorio de Gádex.- Maestro, preséntese usted a un sillón de la Academia.
Max.- No lo digas en burla, idiota ¡Me sobran méritos! Pero esa prensa miserable me boicotea. Odian mi rebeldía y odian mi talento. Para medrar hay que se agradador de todos los Segismundos [...] ¡Y soy el primer poeta de España! ¡Y ayuno! [...] ¡Y no me parte un rayo! ¡Yo soy el verdadero inmortal, y no esos cabrones del cotarro académico! ¡Muera Maura!

Está claro que el vocabulario es rico, connotativo y amplio; las metáforas, metonimias y animalizaciones consiguen a veces arrancarnos una sonrisa, por la ironía que encierran

Max.- Don Latino de Híspalis: Mi perro

Y otras veces, nos hacen pensar, con horror, en el embrutecimiento al que puede llegar el español, capaz de ver en un mismo plano pérdidas materiales y la muerte de un niño

El tabernero.- El pueblo que roba en los establecimientos públicos, donde se le abastece, es un pueblo sin ideales patrios
Madre del niño.- ¡Verdugos del hijo de mis entrañas!
Un albañil.- El pueblo tiene hambre
El empeñista.- Y mucha soberbia
Madre del niño.- ¡Maricas, cobardes!
Una vieja.- ¡Ten prudencia, Romualda!
Madre del niño.- ¡Asesinos! ¡Veros es ver al verdugo!

De lo que no hay ninguna duda es del ritmo ágil de los diálogos, que contrasta con la lentitud y minuciosidad de las acotaciones. Esta rapidez en los parlamentos le aporta velocidad al tiempo en el que se desarrolla la acción, una noche es suficiente para dar un repaso a esa España atrasada, para reír ¿por qué no?, llorar y morir.

DON FILIBERTO.- !Para ustedes no hay nada respetable: iMaura es un charlatán!
DORIO DE GADEX.- El Rey del Camelo!
DON FILIBERTO.- Benlliure un santi boni barati!
DORIO DE GADEX.- Dicho en valenciano.
DON FILIBERTO.- Cavestany, el gran poeta, un coplero.
DORIO DE GADEX.- Profesor de guitarra por cifra.
DON FILIBERTO.- Qué de extraño tiene que mi ilustre jefe les parezca un mamarracho!
DORIO DE GADEX.- Un yerno más.

No sólo la ironía puebla las páginas del texto, el absurdo llega a límites insospechados; si en la librería de Zaratustra, éste mantiene un diálogo con los animales (ratón, gato y perro), en el entierro de Max, el periodista anarquista Basilio Soulinake proporciona una imagen surrealista haciéndose pasar por médico para impedir que se lleven el féretro.

MADAMA COLLET.- ¡Y si no estuviese muerto!
LA PORTERA.- ¿Que no está muerto? Ustedes sin salir de este aire no perciben la corrupción que tiene.
BASILIO SOULINAKE.- ¿Podría usted decirme, señora portera, si tiene usted hecho estudios universitarios acerca de medicina? Si usted los tiene, yo me callo y no hablo más. Pero si usted no los tiene, me permitirá de no darle beligerancia, cuando yo soy a decir que no está muerto, sino cataléptico.
LA PORTERA.- ¡Que no está muerto! ¡Muerto y corrupto!


Indudablemente el humor no deriva sólo de las palabras, la situación escénica es fundamental: la esposa y la hija estaban abrazadas, fundidas en el dolor cuando la portera aparece resollando para anunciar que está abajo la carroza fúnebre. El toma y daca de ahora cogemos al difunto, ahora lo dejamos, unido a los gestos de dolor de la familia con los de incredulidad de la portera conforman un cuadro esperpéntico, surrealista, digno de una escena cinematográfica más que teatral, por la movilidad de personajes. De hecho, Luces de Bohemia está considerada el primer esperpento, voz tomada del habla popular para designar lo feo, lo llamativo por escaparse de la norma, lo ridículo o grotesco. A partir de 1924, año en que aparece esta obra, esperpento designa un nuevo subgénero literario, el que devuelve una visión deformada de la realidad. Podemos encontrar, en el cine español, películas como El verdugo, de Berlanga o Así es Madrid de Luis Marquina. Incluso Luces de Bohemia fue llevada al cine en 1985, protagonizada por Paco Rabal, Fernán Gómez e Imanol Arias entre otros. (Aunque el elenco de actores era formidable, la película no funcionó. Como tantas otras veces, segundas partes no fueron buenas. Y es que pocas obras teatrales pueden igualar a Luces de bohemia, no en vano la Academia concede los premios Max de las Artes Escénicas desde 1998.