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sábado, 25 de diciembre de 2021

LA LUMBRE DEL BARQUERO

Vivimos tiempos contradictorios, estamos en incesante contacto con el mundo aunque ocupemos plenamente nuestro individualismo; podemos recorrer el planeta en solo unos días y asistimos impávidos a su destrucción sin acordarnos de que es nuestra morada; nos detenemos en las vidas de otros para olvidarlas al momento porque solo nos exigimos sacar adelante la nuestra. Queremos un presente triunfante pero olvidamos el pasado, fundamental, que nos recuerda la nada en que se convertirá el futuro. No somos eternos pero actuamos como si lo fuéramos. Estamos cómodos en esta sociedad global en la que la mentira, la violencia, el fraude son normales y también lo son la pobreza, la miseria y la enfermedad. Jorge Pérez Cebrián es consciente de esto y, en La lumbre del barquero, nos propone la palabra como verdad absoluta para vislumbrar el horizonte.

La poesía de Pérez Cebrián mantiene un fondo filosófico orientado a la libertad expresiva; es una estética individual que se acerca a la independencia del pensamiento, de esta forma conecta ética y estética encaminadas hacia la unidad armónica. Y la unidad total no es la realidad, porque esta no puede formar parte de la mente, lo real ya existe, no asume lo imaginado, solo aparece del modo en que es, no admite un reflejo, por eso el autor se aferra a la esperanza de un mundo que mantenga unidos los sueños a pesar de todo

Mañana no saldrá el sol, amor, pero tú eso ya lo sabes.

            Y tú aún sostienes

mi mano

            como un pájaro

                                 y las palomas sueñan con volar sin aire

La lumbre del barquero es un canto a la vida. Encontramos versos actuales, posmodernos, que revalorizan el discurso poético esencial a través de unas constantes, que ya lo eran desde los clásicos; las flores, la rosa como símbolo de juventud, belleza y caducidad, el amor, la muerte, el carpe diem, el paso del tiempo, la vida, la palabra. Son conceptos a los que poetas clásicos o renacentistas se han entregado, y en Jorge Pérez aparecen con ciertas variaciones neobarrocas que hacen de su poesía algo sólido, algo que parte de lo espiritual y toma cuerpo en lo material. El poeta no proclama el amor constante más allá de la muerte quevedesco, para Jorge hay «Amor a pesar de la muerte», y el carpe diem garcilasiano no consistirá en disfrutar las alegrías de la juventud sino en vivir intensamente las dudas o indecisiones que se nos presenten: «Deja / que la niebla nos dore de veranos / antes de que el invierno nos delate», en ser conscientes de que van pasando momentos duros que «te pueblen de tragedia el oleaje», en saber que podemos equivocarnos «tu derecho al quizás», y poder afrontar así el final, «que hace tiempo que tú has llegado antes».

En su poesía, Jorge reflexiona sobre la imposibilidad de vivir solo de sueños, de ideales; hay que poder recordar para conseguir que, como en la naturaleza, lo bueno del ayer permanezca en un destino esperanzador «De cómo el mundo sobrevive / continuamente a su belleza / sin decir nada». En el concepto de tiempo circular, no tienen por qué volver los errores del pasado si el hombre aprende de ellos, «aprender / a ser humanos».

Por supuesto, la humanización se lleva a cabo mediante una competencia exclusiva del hombre, la palabra; esta es la única verdad que nos hará seres auténticos, una verdad despojada de la inmovilidad encorsetada que representaba «el verbo se hizo carne» del cristianismo.

La palabra de Jorge Pérez no se transforma, son «los verbos que se mezclan a la carne»; el cuerpo, el gozo sexual son importantes en este proceso cambiante, que pasará por épocas de incertidumbre hasta que nos represente a nosotros como personas con capacidad para encarnar ideas, para ser a través del lenguaje, para materializar «en lúcidas teselas, la / sintaxis soñolienta de tus pasos?». Se trata de una ensoñación en la que es difícil alcanzar la plenitud como hombres, porque cualquiera puede vivir, basta con saciar el hambre y la sed,


Basta

acaso demasiado poco

para estar vivos

Para ser, deberíamos incluir lo relacionado con el cuerpo en el esclarecimiento interior, el que nos da la felicidad al sentirnos en paz, de ahí que la alegría del cuerpo quede encerrada en el marco de la armonía espiritual:

Tan poco basta…

[…]

para existir

con esa levedad con la que empujan,

noche tras noche, las estrellas

Puede que sea arriesgado aventurarse a opinar sobre poesía, puede que no todos los lectores tengan las mismas sensaciones, pero creo que Jorge Pérez Cebrián pretende sensibilizar al hombre y a la sociedad. Es una literatura actual que obvia el poder político aunque su poesía va más allá del yo íntimo, se introduce en el tú y en el nosotros, de forma que sus pretensiones no se quedan en expresar su sentimiento sino que nos exhorta a buscar un mundo mejor «Es tiempo de volver / […] / a sernos niños. / A ir cogiéndonos / sin querer la mano».

En esta poesía estimulante, provocadora, también encontramos recuerdos clásicos que atraen a la naturaleza, recordando, en una visión cíclica, su canto al amor. Lo cotidiano adquiere una complejidad aparentemente sencilla, capaz de moverse entre lo cercano y lo infinito.

El paso del tiempo no se percibe de forma lenta, casi amenazante, sino que aparece desde que desechamos un instante en el que no pensamos; son momentos que apartamos, a los que no concedemos importancia, para seguir caminando; instantes que marcan nuestro fluir sin que nos demos cuenta. El autor hace una llamada a la reflexión: todo es importante, incluso los momentos dolorosos, por eso no hemos de temer a las equivocaciones, todo nos formará como personas y marcará nuestro futuro.

Hay que saborear la vida como viene, con plena consciencia:


Recoge de la arena tus instantes,

que duelan

las sombras y las luces que estás siendo

y deja que la tinta te rubrique

haciendo de tu duda tu destino

La poesía de Jorge es sutil e inteligente, a veces ilógica, aunque unos poemas se unen a otros, con versos repetidos o conceptos similares, para desarrollar temas fundamentales. En Corredores, asistimos a la esperanza que surge de la obstinación cuando todo parece perdido, «De nuevo la promesa y / la mano sobre el hierro». Y en Ciudad nueva somos testigos de la tozudez necesaria para conseguirla, «El dócil picaporte / delataba el paso de tu mano sobre el hierro». La poesía es de los géneros más arduos porque trata de decir con palabras lo imposible, por eso provoca sentimientos encontrados, difíciles de experimentar fuera del poema. En La lumbre del barquero descubrimos, a pesar de tratarse de lírica actual, influencias de la poesía de oro renacentista; en sus versos se integran todo tipo de recursos, entre los que destacan, por la dificultad que supone desentrañarlos, los símbolos que sugieren la verdad, lo material, la obstinación, lo dificultoso, el placer, la duda… de ahí que esta obra esté poblada de «niebla», «hierro», «estrellas», «sol», «arena», «líneas de las manos», «lluvia»…

Pero su lectura no va dirigida exclusivamente a especialistas, para entenderla hemos de dejarnos llevar por el ritmo, de donde brotan la energía y cadencia necesarias que aportan el sentimiento. Es cierto que los paralelismos igualan momentos en los que el hombre puede enfrentarse con éxito a lo divino, «Volver el rostro / vencer la ley». También lo es que los oxímoros desestabilizan al lector, «instante eterno».

Los hipérbatos nos hacen dudar de la rapidez de la muerte «robarle al amor la muerte en un segundo» y el polisíndeton alarga esa eternidad de la nada «solo este crece y / bebe y / no respira».

Y es que el autor quiere que el lector se adentre en la holgura del pensamiento, e investigue y reflexione sobre las formas y símbolos, tan importantes en su poesía, para encontrar el compromiso con la naturaleza, la sencillez del hombre y su sensibilidad


Tan solo un par de cuerpos en la tierra

que viven,

                 y respiran

                          y se abrazan.

                          Como si solo fueran dos humanos.

domingo, 30 de abril de 2017

TODO ES REAL



Hay algo en Todo es real que me fascinó desde el primer poema, puede que sea el ritmo rápido del verso o puede que su vocabulario coloquial, salpicado, sin embargo, de algún término específico, culto, mitológico que paradójicamente consigue una lectura más fluida de la poesía de Misael Ruiz Albarracín.

Ahora viene la mayor incógnita, ¿dónde estaba este poeta hasta ahora? ¿o dónde estaba yo que no había oído hablar de él? De nuevo una alumna me ha sacado de la oscuridad; mi amiga invisible me ha regalado este XXX Premio Internacional de Poesía Antonio Oliver Belmás. Nunca podré agradecer bastante a los alumnos su alegría, disposición y bondad pero, cuando me abren los ojos a lo desconocido el agradecimiento se transforma en reconocimiento, en algo que, aunque a algunos les parezca imposible, nunca olvidaré.

Gracias, Carlota, por este libro, indudablemente merecedor del premio.

Todo es real es una colección de 51 poemas divididos, en principio, en tres partes:

Flujo o materia: 11 poemas
Ida y vuelta: 28 poemas
Todo es real: 12 poemas

Los poemas de Flujo o materia establecen desde el principio la belleza de lo efímero, el milagro de lo que es y deja de ser, lo que creemos que es nuestro verdadero mundo, formado por nuestras palabras, por aquellas que conocemos y en las que nos encerramos para no salir de él; el inesperado paraíso sólo nos acerca a la muerte, por el contrario, la vida nos obliga a sentir la angustia de lo que nos rodea, que, por supuesto, está fuera de ese paraíso. El verdadero no está formado de materia o de nuestro flujo de palabras y pensamientos, el verdadero paraíso mantiene la esencia de lo natural a pesar del paso del tiempo.

Los poemas de Ida y vuelta se recrean más en el individuo, en el ser capaz de penetrar en los demás a través de la naturaleza. El tiempo es circular, todo se repite, sólo hemos de contemplar a nuestro alrededor para darnos cuenta de que no somos dueños de nada

Ya he estado donde estoy,
en otro cuerpo, en otro tiempo.

Lo que somos es un compendio de sensaciones y palabras, que permanecen en la memoria mientras vamos siendo. La verdadera opulencia del ser está en la introspección; es lo que de verdad nos pertenece y es sólo nuestro

la del silencio y el vacío, la
del aire que apenas se mueve,
la del olvido, la de la vida
sin huella, la de lo nunca dicho

Como si fuéramos una ola podemos sentir la formación y el declive a partes iguales, en un momento:

                     ...y, un instante
es la ola en todo su esplendor.
En ese instante nace
su muerte...

Aunque de lo que nos haya hecho conseguir el esplendor sólo recordaremos secuencias, ficciones

Somos como una pequeña tribu de animalillos que disfrutan la vida a través del deseo:

Esta mañana, un petirrojo,
un mosquitero y una curruca
[...]
La abubilla sacude
su áspera corona.
No recuerda su crimen:
ha olvidado al vencejo
...

y lo hacen porque no se sienten más que nadie, no tienen conciencia de su identidad en la sociedad

es el mismo y no es el mismo
de hace un año.

Este tema que trata del ser como individuo social nos recuerda a los versos del maestro:

Creo que una brizna de hierba no es menos
que el camino que recorren las estrellas
y que la hormiga es perfecta
y que también lo son el grano de arena y el huevo del zorzal,
y que la rana es una obra maestra digna de las más altas,
y que la zarzamora podría adornar lo salones del cielo
...

Pues, si Walt Whitman cantó a la maravilla que es la vida humana, Misael Ruiz hace una llamada a que aprendamos a intuir las sensaciones de la naturaleza para que luego puedan calar, hondas, las palabras.

Si aprendemos a identificar las sensaciones que nos manda la vida estaremos también familiarizados con la muerte, como si se tratase de un ciclo natural, nada traumático

                     ...no siento
felicidad ni tristeza; solo
el frío en la yema de los dedos.

Este segundo apartado de Ida y vuelta nos advierte de que a veces vienen recuerdos, otras se van, a veces acuden imágenes que desaparecen enseguida, otras veces encontramos cosas que son realmente sombras de lo que fueron. Todo va y viene de forma efímera, por eso no debemos olvidar que la muerte está presente, no podemos evitarla aunque intentemos constantemente no hablar de ella

juega con él, deja que huya
allá donde lo espera.

No es traumático el dejar de ser materia puesto que

                                 Quedarán
sus cuerpos inútiles proyectados
hacia el interior de otro cuerpos,
[...]
                     Renacen en un gesto, una
 idea, un afán o un sueño injertado
 
Ruiz Albarracín continúa con el mismo optimismo que embargó a Whitman. Todo renace desde el momento en que una flor nos recuerda a otra que teníamos hace tiempo, en el instante en que una sonrisa o una lucha por conseguir un ideal nos lleva hasta otros que no están presentes pero siguen, como flujo, con nosotros. Sólo quienes olvidamos son los que mueren de nuevo.

La vida son recuerdos y deseos, si nos falta el deseo, el fuego que arde en nuestro interior, nos quedan sólo cenizas, estaremos muertos. El deseo es como un viento, es la potencia que nos empuja, si no hay deseo estamos acabados; nos dejamos llevar por él, por eso, cuando se desvanece porque ya se ha obtenido, se va hacia otros cuerpos

Veo el deseo
[...]
Me acerco
[...]
                     disuelto
ya en su carne, nada soy
sin él.
[...]
errático
hacia otros cuerpos
que se anudan
convulsos...

Nada puede perdurar ni detenerse. Todo pasa, hasta los buenos momentos

Igual que el sol
no puede detenerse a mediodía,

En esta Ida y vuelta la vida, así como la muerte, se encuentran en la naturaleza. Ella nos lo da todo y nosotros somos

         ...como la alimaña
que se oculta entre las zarzas

El secreto está en saber vivir y renacer en cada ocasión, fundiéndose en los demás, disfrutando, sin obsesiones preocupantes, dejando que pase el tiempo de forma constante

Ser la llama y el humo,
extinguirse: arder.

Me gustaría poder afirmar que en estos sentimientos del deseo aparece una gran influencia de los poemas de amor de Cernuda para quien «Donde habite el olvido» es «donde el deseo no exista»

En El pájaro celeste descubrimos gran influencia de la Generación del 27; la o igualadora de Cernuda en «canto o cuerpo», la elisión del verbo para dejar el concepto «tu oro, las estrellas», y por supuesto, «la sombra del paraíso» es como en Vicente Aleixandre, la naturaleza que recuerda a antes de estar mancillada por el hombre, por eso

seas sólo aire y, en el aire,
un tumulto de sueños,...

La voz poética de Misael Ruiz anhela el glorioso cosmos perdido. Asimismo el lenguaje se torna más surrealista aunque sin llegar al de principios del XX

Pájaro —canto o cuerpo—:
tu oro, las estrellas.

El final del libro Todo es real resuelve la disyuntiva del principio, también aquí es igualadora
la conjunción de Flujo o Materia, y viene a certificar lo expresado anteriormente. La realidad va cambiando, lo que se repiten son las sensaciones

                     las palabras
nacen sin saberlo entre los dedos:
nada vuelve, todo
es real.

La realidad, es personal, cada uno tiene su propia realidad y consiste en pasar por la vida como un elemento más sin conciencia de ser algo importante. Formamos parte de un todo desigual —no uniforme— en el que las cosas están porque sí. Si no intentamos sólo poseerlas podremos llegar al fondo de la esencia de cada una, que es la nuestra en realidad. Nosotros estamos en la esencia de las cosas.

El sueño no es sino el eco de la realidad, de la vida. Si el deseo nos hace espíritu todo se iguala, la vida y la muerte

En el vacío de una voz
resuena el eco de los muertos
tan real como el eco de la voz.

Misael Ruiz Albarracín, con un lenguaje totalmente natural realiza una poesía que refleja gran interés por el deseo, del que reafirma su brevedad. En las páginas de Todo es real define el amor y la muerte contrastando sensaciones. La actitud lírica que predomina es carmínica, en una expresión total de sentimientos.

Es cierto que el lenguaje es natural, sin embargo a veces emplea una sintaxis caprichosa con la que consigue aportar cualidades a verbos «¿por qué entonces no amar incontinente?» ;de esta forma el verbo se nominaliza y adquiere presencia de concepto.

Destacan metáforas «palabras labradas en el aire», algunos oxímorons que confieren el punto surrealista «autómatas animados», «el soplo de los muertos». Las sinestesias nos unen a la naturaleza «se alimentó del color de la tierra»; de hecho el vocabulario coloquial  se torna específico al tratarse de la naturaleza: páramo, zarzas, pastor-poeta, jacarandá, zarzaparrillas, encinas, algarrobos...

A veces incluso compara órganos del ser humano con elementos de la naturaleza para darles vida propia, libertad o fugacidad «El ojo [...] alza el vuelo como un ala». Otras veces  animaliza el mundo vegetal mediante perífrasis tan largas que se hacen imposibles «brisas / que llegan con la tarde a desovar / su tierra, su color, su aroma extraño».

Las imágenes mitológicas también aparecen: Aracne, Orión, Femio, el Cielo estigio de Caronte pueblan las páginas para recordarnos amores y muertes proyectados a través de sueños o ideas.

Todo es fluir, la vida fluye, los sentimientos, los deseos, y nada los podrá parar, se irán recomponiendo, reestructurando en otros para conseguir que la vida y la muerte sean imperdurables en el amor.

Bello Todo es real
Bella la poesía

Bella la amistad

viernes, 26 de agosto de 2016

DE AMOR Y FURIA. EPIGRAMÍSTICOS

Dicen que si lo bueno es breve, dos veces bueno. Eso debió pensar Marcial, allá por el primer siglo de la Era Cristiana que, nos guste o no, es la que se impuso de manera casi universal para contabilizar el paso del tiempo desde la Edad Media, pero esto ahora no viene al caso. El caso es que nuestro primer poeta conceptista español ya encontró hace dos mil años una sociedad miserable en la que tenían cabida sinvergüenzas, degenerados, hipócritas, aprovechados... y se propuso burlarse de ellos de la manera más hiriente, de forma directa, sin dar demasiadas explicaciones, sin moralizar. Probablemente Quevedo leyó a Marcial y Gómez de la Serna también. Indudablemente Minerva Margarita Villarreal lo ha leído. Y nos lo trae en dosis pequeñas. Pero no importa si no lo conocemos. Marcial, el que aparece en los poemas de Villarreal, puede convertirse perfectamente en cualquier nombre actual porque, ironías de la vida, la sociedad no ha cambiado tanto en este tiempo, al menos en cuanto al comportamiento humano se refiere.

Así pues, al leer De amor y furia. Epigramísticos, nos encontramos con 83 poemas que retratan diferentes aspectos de una sociedad universal para clavar un dardo certero en el maltrato a la mujer, en la humildad forzosa de las prostitutas, en la indiferencia, en el orgullo de ser mujer o en la fuerza de la palabra. Pues, con pocas palabras y una profunda observación, la autora extrae los sentimientos y nos los ofrece limpios, sin maquillar, para que encontremos en ellos sentencias humorísticas,

Repudias a las mujeres con razón:
tienen lo que a ti te falta.

agudezas satíricas,

Aseguras que los grandes no tienen lectores,
con razón montones te siguen a diario.

epígrafes líricos

Que desnuda vivo para la posteridad.

o pensamientos obscenos.

Más vale una chupada ajada
a que enmudezca el pajarito.

Todo cabe en la vida, por lo que el volumen adquiere un tono fresco, vital.

A ello contribuye el hecho de que aun en los casos más graves, en las denuncias más duras, no encontramos enseñanza. Puede haber sarcasmo en algunos, o ironía, pero la mayoría encierra un temperamento humorístico, un punto de agudeza; punto al que podemos  asirnos para escapar de la brutalidad que nos rodea. El mundo de la droga es algo que probablemente Minerva M. Villarreal tenga muy presente, todos sabemos el problema que están sufriendo en México, pero también nos salpica, y la beatería, y el querer aparentar, y los gobernantes que no hacen nada, y las ansias de poder a costa de lo que sea y la corrupción.

No es necesario ser mexicano para entender los poemas, el vocabulario es totalmente conversacional; aparecen algunos términos locales (basurales, Rayita de Abajo, tomo, tallereaba, moches, zíper) pero se entienden en el contexto.

En el estilo predomina el lenguaje usual, con numerosas connotaciones que ayudan a situarnos en una temática cotidiana.

La primera persona marca normalmente una expresión íntima de los sentimientos. En los epigramísticos no es el yo de la poeta el que aparece abiertamente, sin embargo advertimos una implicación total; incluso cuando la persona cambia a segunda para dialogar o a tercera para funcionar como observadora, encontramos el punto de vista de Villarreal en el interior de sus personajes hasta que consiguen mostrarnos una postura totalmente afectiva.

Llama la atención el amor a la vida. Sólo alguien que crea posible una vida feliz será capaz de denunciar, como el peor de los males, a la inercia ¿Es que no nos damos cuenta de que se imponen cambios en el mundo? ¿O es que también la abulia embota nuestros sentidos?

Sólo alguien segura de que existe la belleza en la poesía, y sabe de su poder seductor es capaz de afirmar rotundamente «Mas no escaparás de mis versos».

La estructura del libro es lineal. Los epigramas pueden leerse, lógicamente, separados, sin ningún orden, sin embargo algunos componen un todo. Esto es lo que ocurre con Aforístico, sentencia que bien podría ser la declaración de determinadas mujeres antes de casarse «Por la cuerda floja de mi inseguridad voy a lugar seguro». A esta decisión le siguen 9 poemas que cuentan la historia de su matrimonio,

Con tal de librarme de ti
haré construir un palacio

una unión basada  en la soledad, en las apariencias, en el engaño y la destrucción.

Otros redondean una idea expuesta cuatro o cinco poemas antes; así la homosexualidad a la que es alentado Flavio en En la lucha «No claudiques, Flavio», sirve para devolver a modo de burla brutal una crítica literaria negativa en Testimonio.

Visualmente, podemos enlazar dos poemas situados uno al lado del otro si, como ocurre en Inconforme y Trascendencia, ambos denuncian un tema común: la anteposición de la pasión por el dinero a la pasión por la literatura; en el primer epigrama afea el plagio para enriquecerse y en el segundo afea la vida del que es alabado por el dinero y no por su obra.

Hay estructuras que encierran una genialidad absoluta, prueba de ello son Inconveniente y Arrepentido, colocados asimismo al lado, en el espacio que forma la página abierta. De esta manera es más fácil percibir el punto de vista diferente de las dos voces que dan vida a los poemas, la de ella en el primero, la de él en el segundo. Ambos formados por siete versos, de estructura paralela entre sí, que sólo experimentan un cambio en el tiempo, modo y persona verbales, lo que refuerza aún más la diferencia de pensamientos, enlazados magistralmente por la similicadencia antitética de sus versos finales

más pronto te habrías alejado.

nunca te habría dejado.

Estructura diferente es la que encontramos en Self-confidence, pues funciona como una pequeña escena narrativa en la que el narrador omnisciente sitúa al lector, quien descubre en la sinestesia de ojos, que arañan, husmean, cierta personificación de los mismos, con la que pueden desposeer de discernimiento a la mujer «más allá de lo que imagina». Una vez expuesta la situación la persona narrativa cambia a segunda, como en un diálogo interior en el que la propia mujer se cosifica «sabes perfectamente la clase de ficha que eres» para desvelar la hipocresía de su matrimonio y el verdadero origen de los celos.

¿Qué estamos dispuestos a pagar por llevar una vida de lujo? Quizás nos exijan un precio demasiado alto; la enumeración animalizadora con la que Drusio define a su esposa

llamándote perra, flor de puta, insaciable
depredadora de sus bienes

da fe de ello en un epigrama totalmente prosaico, donde explica las consecuencias de un matrimonio cuyo pilar es la droga «llamada cristal». La violencia de esa vida tendría salida si Drusila fuera capaz de enfrentarse a ella con humor y «volvieras a tu puesto de cajera en el banco.»

Creo distinguir en los Epigramísticos cierto apego a la libertad poética, cierto rechazo a las normas o al encorsetamiento. Villarreal define la Poética como

caudal del río
que, súbitamente, brota entre las páginas

por eso, aunque «Puedes levantar monumentos con la hipérbole» (¿hay imagen más sugestiva?) considera que la poesía

no conoce de regla ni ley que detengan
la fuerza de su paso

Estoy de acuerdo, de hecho la poesía de Minerva M. Villarreal es fuerza en sí misma, pasión, y es precisamente la maestría en el uso de la palabra la que consigue que esa pasión se transforme en despecho y la fuerza en ternura. No quiero desvelar más epigramas, pero es justo señalar que la gran carga expresiva que contienen se ve reforzada a veces por la continuidad que aporta la aliteración de la nasal «tus versos me encadenan»; la fuerza de la vibrante consigue una imagen casi indestructible de la mujer «los ovarios no se presumen: / dentro crece su fuerza»; la aliteración del sonido lateral confiere una suavidad que contrasta de forma humorística con el significado, (para que no nos fiemos de las apariencias) «Ligia, eres feminista / salvo cuando / flecha en vuelo / un falo se cruza...»

Fantástico el eco de «Hiede hiena el cumplido» ya que multiplica la fetidez de lo hipócrita.

El poder vehemente de los epítetos marca con eficacia la finalidad perseguida, ya sea denunciar la riqueza material «poderoso oro», «lustroso mármol», como abogar por el sexo apasionado «selvática noche», «erecto pene». Asimismo la elocuencia del adjetivo queda reforzada al aparecer solo; el significado de ¿Fea? se hace patente con el verbo elidido.

Cuando dos términos opuestos (silencio, palabra) se colocan en una estructura paralela de gradación ascendente se acentúa el final demoledor. Es lo que ocurre en De hecho, epigrama que denuncia el maltrato.

Casi todo tiene un final. Pues el del amor se agudiza en Lección con la reduplicación humorística de dura.

Cuando encontramos una enumeración de apelativos para la mujer que la ignoran, como hija de ..., mujer de..., hermana de ..., amante, sabemos que la finalidad es empobrecer su existencia hasta negarla. Ante tamaña humillación sólo le queda, con buen criterio, «disfrutar los huevos de los vivos».

Los cohipónimos máscara y disfraz retratan la falsedad de la persona al connotar de manera negativa lo accesorio del hiperónimo ropa.

También queda en evidencia la hipocresía de los poderosos, al igualar en el plano semántico dos términos antitéticos humildad – soberbia.

Asimismo el juego de palabras, del que destacamos la unión de contrarios esclava – casi deidad y la complexión de una serie de versos formados por la ampliación de un mismo sintagma, refuerza humorísticamente el autoconvencimiento ficticio de dueña [,,,] de la finca para, con ironía, terminar en la miseria con lo que más deseaba, en libertad.

Puede que Catulo no aceptara de buena gana la proposición de Lesbia comprensiva, pero estaría bien que hubiera seguido su consejo «ve y pon mis medias en las piernas de otras»; estaría bien que, de acabarse el amor, tuviera un final humorístico, alejado de los celos y la violencia.

Por mi parte he disfrutado, y mucho, con este libro. Si el epigrama, tal como indica su significante, nació para ser escrito encima de algo, me encantaría ver en la puerta de una biblioteca, o en el cabecero de una cama, la soberbia definición que la autora da del amor, simplemente utilizando una epéntesis de venido

Porque has vencido

no te irás