jueves, 22 de octubre de 2026

INVENTARIO DE SIEMBRA

En la última Masa Crítica recibí un libro pequeño que, como suele decirse, vale su peso en oro. Gracias, Babelio, por hacer que vaya conociendo gente nueva interesante y valiosa; en este caso, no solo he descubierto una nueva autora (para mí, por supuesto) sino catorce mujeres más que, pese a las desafortunadas circunstancias que las rodearon, consiguieron hacer lo que querían, aunque a alguna le fuera la vida en ello.

Un inventario es una relación de valores que se hace de forma precisa. La siembra es la acción y el efecto de esparcir algo para conseguir lo que interesa.

Thaïs Gamaza ha inventariado, para todos, la labor de catorce mujeres que, en épocas y lugares diferentes de la historia, sembraron una semilla con el fin de romper las normas que la sociedad tenía dispuestas para las mujeres.

Inventario de siembra es un libro que se lee rápido, o no, porque tras enterarnos de lo que sembró la protagonista, nos puede la curiosidad y vamos a buscar más información, por qué llegó a ese extremo. Y así somos conscientes de que algunas mujeres tuvieron que luchar con enfermedades mentales, otras, contra el ego desmesurado de maridos maltratadores, otras, contra la sociedad entera. Catorce vidas que lo dieron todo para que el mundo se enterase y no volviese a cometer otra injusticia.

Inventario de siembra no podía llegar en mejor momento, ahora que, tras haber conseguido determinados derechos, las mujeres vemos cómo pretenden que quedemos relegadas a expensas de la voluntad de algunos hombres; cómo vuelven a pisotearse los derechos de todas las personas que se salen de la norma, de la norma racial, de la norma sexual, de la norma intelectual.

Thaïs Gamaza divide su libro en catorce apartados, cada uno titulado con algo definitorio en la vida de la mujer a la que luego se va a referir. Tras el título, encontramos dónde se realizó aquella acción (vejatoria para la mujer) el momento en que ocurrió, el oficio de esa mujer y cuáles fueron sus logros. Después habla la protagonista en primera persona «Entreabro los ojos y la luz que traspasa las cortinas oscuras me llega a las pupilas y penetras en las terminaciones nerviosas de las sienes». En alguna ocasión aparece la segunda persona, que se dirige al hijo de la mujer fallecida; es otra forma de contarnos su vida. Hay niños que se criaron sin madre por culpa de la locura de una sociedad que siembra —aún hoy— odio y violencia «Muerde una manzana verde. Mira cómo mamá mancha de tinta la mesa y sale corriendo y gritando de alegría. Guarda debajo de la almohada tu primer diente». La segunda persona nos transforma, a los lectores, en testigos directos de la historia; vivimos lo ocurrido con cierta tensión porque somos conscientes del sufrimiento, nos introducimos en la intimidad familiar y deseamos, con todas nuestras fuerzas, que eso no vuelva a ocurrir.

A veces la segunda persona funciona como nuestra propia conciencia. Nos metemos en la piel de la protagonista y conseguimos identificarnos con ella, es como si estuviéramos ante un espejo que nos devuelve un dolor y una humillación que ni nosotros ni nadie merece «Antes no te preocupaba, pero ahora tienes pesadillas. No te gusta que los demás se vayan al otro lado del pasillo cuando te ven llegar […] y llegas cada día cansada a la escuela porque no puedes dormir como antes».

En alguna ocasión el relato se desdobla. Con la primera persona, la protagonista cuenta sus logros, sus sueños «La imagen de la Venus del espejo de Velázquez, construida desde su mirada masculina, me arroja el guante. Acepto el reto». Y con la tercera, un narrador testigo, externo, cuenta lo ocurrido a la protagonista por saltarse las normas. Es como si ella no tuviera voz ni sueños ni esperanza. Es un vegetal más que la sociedad ha olvidado «Una chica nueva recibe su hábito […] Se alegra de la suerte de tenernos y de lo hermosas que estamos desde que ella nos cuida […] antes de irse a su celda nos vuelve a regar con el agua de sus ojos».

También encontramos relatos que funcionan como atemporales, aunque todos lo sean. El uso del infinitivo constante crea una atmósfera mítica, casi irreal que, cuando menos lo esperamos, se cuela en nosotros al darnos cuenta de que es real. Dictée es el relato, en dos páginas, de la vida, violación y muerte de Teresa Hak Kyung Cha; una niña que tuvo que huir de Corea del Sur durante la guerra y llegar a Nueva York, allí se involucró en la nueva sociedad, triunfó como escritora, se enamoró de su marido y de su trabajo, donde reivindicaba la labor de la mujer… Y tuvo su castigo.

El efecto cinematográfico del infinitivo consigue que su vida quede reducida a la acción. No ha tenido tiempo de saborearla. El efecto de las oraciones encadenadas de manera asindética encierra una monotonía implacable, el personaje no tiene tiempo de reflexionar ni de decidir. La vida le ha sido arrebatada y ella no la ha saboreado.

Asimismo la escritora surrealista, inspirada en el sueño, aparece para contarnos el dolor de una vida, a la que hubo de renunciar para convertirse en otra «Comienzo mi obligado proceso de transformación, no hallo otra manera para que una mujer pueda dedicarse a la música» «Me acostumbro al olor del agua estancada al tiempo que persigo una sombra un tanto extraña que me incita a avanzar tras ella al ritmo de la música».

El desorden de esta vida queda plasmado en la escritura de Thaïs Gamaza, intentando en todo momento capturar el pensamiento puro de esta mujer.

Inventario de siembra es un homenaje a Nancy Cunard, Camille Claudel, Unica Zürn, Aurelia Navarro Moreno, Chaya Pinjasovna Lispector, Ruby Nell Bridges Hall, Zelda Sayre, Raquel Liberman, Emma Goldman, Sylvia Plath, Dorothy Lucille Tipton, Theresa Hak Kyung Cha y María Silva Cruz. Que no se olviden sus nombres, ni el de tantas mujeres que han luchado por querer un mundo mejor.

Gracias Babelio; gracias Editorial Dieci6 y gracias Thaïs Gamaza.






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