Hace diecisiete años una alumna, María
José, me regaló este libro; en 2009 fue finalista del Premio Planeta. En
realidad no recuerdo el motivo, sería por un Amigo Invisible; no sé.
Sé que me gustó porque las anotaciones
que tengo son, en su mayoría, positivas. Hoy lo he releído y sigo pensando que
hay momentos buenos pero, en general me ha costado la lectura.
He tenido que ir constantemente al
diccionario: términos cultos, latinismos, hinduismos, galicismos, tecnicismos…,
unido a lugares de la India hacen que debamos parar para asegurarnos de que
vamos entendiendo la trama.
En La bailarina y el inglés
ponemos más expectativas al principio, por el título; en realidad Lolita
Kadori, aunque tenga un papel relevante para la solución del misterio, no sale
demasiado en la novela.
Emilio
Calderón, el autor, es historiador y se nota. Abundan
espacios reales y situaciones reales. El ambiente de la India poco antes de su
independencia está expuesto a conciencia y sin tomar partido por los ingleses o
los indios; de hecho, el protagonista es indio, aunque de padres británicos,
algo totalmente normal a comienzos del siglo XX.
Con el corazón dividido, Henry Masters
es nombrado jefe de la policía de Jay Town y, en cuestión de días pasa de ser
un buen amigo del marajá, se crió en su palacio, a estar acusado de haberlo
asesinado con un rifle de su amigo, el cazador Lewis Wilson, al que también
asesinan y luego es devorado por un tigre. Masters es declarado “culpable” de
varios asesinatos, relacionados con el robo de valiosas joyas de diversos
marajás.
A consecuencia de estos hechos es
encarcelado durante dieciocho años, hasta que alguien aparece con la
explicación de lo que ocurrió y las pruebas necesarias para liberarlo. Le
quedaban dos años para cumplir la condena pero al menos su honor queda
“intacto” y él puede viajar a Londres, uno de sus sueños que, sin embargo, no
es tan atractivo como suponía.
Está claro que el “síndrome de la
patria cambiada” es evidente. Niños que nacen en países diferentes a los de sus
padres y, bien sea por sus rasgos, bien por las costumbres que viven en casa y
conocen por sus familias, tienen un conflicto espiritual o lo tienen quienes
los rodean, pues no los ven realmente como paisanos suyos. Este conflicto
atormenta a Masters, aunque al final se dé cuenta de que la verdadera patria es
donde uno se cría.
Los hechos reales abundan en la novela
y la invención está tan bien traída que es difícil separar ambos conceptos. A
esto contribuye la cuidada ambientación; la ropa, la comida están descritas con
todo detalle, así como las creencias, supersticiones, proverbios, dichos
populares, costumbres… Al final nos sumergimos de lleno en la sociedad india.
El vocabulario, coloquial en su mayoría aunque plagado, como hemos dicho, de
términos cultos: «horrísono rugido», «Aguas
procelosas», «defender las vastas», «nuevas levas» «la vesania de una
banda...», «por mor de», «trocha», «fisonomía apoplética», «plétora de fatuos
espectáculos», «tejadillos bengalíes», «cúpulas bulbosas»… consigue
ralentizar la lectura, hecho al que se une la utilización de latinismos,
galicismos e hinduismos, «sine die», «el
beau monde», «avoir du charme», «stricto sensu», «El coup de grâce», «Quid pro
quo», «el drag», «motu proprio».
No cabe duda de que la lectura de la
novela es lenta y algo enrevesada debido, sobre todo, a la gran cantidad de
digresiones que en forma de historias vividas por el protagonista en tiempos
pasados, sucesos históricos reales, proverbios indios y fábulas de la India,
son contadas para esclarecer acciones o pensamientos.
En realidad algunos son muy
interesantes, pero dan a la obra un tinte didáctico en exceso más propio de la
novela juvenil, puesto que hay dichos o proverbios que no necesitan aclaración
para un adulto. Todo esto obstaculiza la inmersión en la trama. «Como decía Wilson: “La selva es a la
naturaleza lo que el movimiento cubista a la pintura. Todas las partes del
objeto…».
Tampoco ayudan las excesivas
aposiciones en el sujeto, pues retrasan sobremanera lo que esperamos saber «McLeod, un escocés de rala cabellera, piel
ajada llena de manchas (no sabría decir si a causa de…) y aspecto inofensivo,
nacido en…».
Sin embargo, algo positivo es la
ambientación exótica y el trasfondo histórico, totalmente fieles a la realidad,
algo que junto al pensamiento de Masters ayudan a conformar su conflicto de
identidad.
La primera persona alude a la voz
íntima de Masters, mientras que la tercera persona testigo, con una mayor
impresión de realidad, enriquece la perspectiva y le da algo de ritmo a la
historia, ampliando el mundo narrativo. Los personajes secundarios ayudan a
mantener la intriga hasta el final; esto conseguirá que el lector, solo cuando
termine de leer, conozca a todos y cada uno de ellos.
La
bailarina y el inglés comienza en primera persona por el
final de la historia. El cambio de nombres de los implicados en los sucesos
acaecidos en 1944 aporta sensación de realidad a lo que vamos a leer a
continuación.
Asimismo, Las llamadas al lector para
implicarlo en los acontecimientos ayudan a creer en lo que dice el narrador «Ahora imagine el lector a un corredor de
fondo danto vueltas…».
También los datos son reales «A finales de 1942 […] sesenta mil
detenciones de independentistas, la mayoría de ellas en las zonas gobernadas
por los británicos».
Emilio Calderón consigue una visión
bastante objetiva de las dos sociedades sin tomar partido por ninguna. Esto
ayuda a formar el carácter dubitativo del protagonista y la falta de confianza
en sí mismo que aporta el desarraigo; puede que los fantasmas que permanecen en
su mente sean los que lo lleven a abusar de citas o proverbios comparativos con
lo que está narrando, consiguiendo una moralización elevada y una carga
sociopolítica menor.
Pero, en general nos adentramos en la novela con total empatía hacia el protagonista y, con la ayuda de los secundarios, terminamos por mirarlo con simpatía al final.



No hay comentarios:
Publicar un comentario