jueves, 29 de octubre de 2026

LA BAILARINA Y EL INGLÉS

Hace diecisiete años una alumna, María José, me regaló este libro; en 2009 fue finalista del Premio Planeta. En realidad no recuerdo el motivo, sería por un Amigo Invisible; no sé.

Sé que me gustó porque las anotaciones que tengo son, en su mayoría, positivas. Hoy lo he releído y sigo pensando que hay momentos buenos pero, en general me ha costado la lectura.

He tenido que ir constantemente al diccionario: términos cultos, latinismos, hinduismos, galicismos, tecnicismos…, unido a lugares de la India hacen que debamos parar para asegurarnos de que vamos entendiendo la trama.

En La bailarina y el inglés ponemos más expectativas al principio, por el título; en realidad Lolita Kadori, aunque tenga un papel relevante para la solución del misterio, no sale demasiado en la novela.

Emilio Calderón, el autor, es historiador y se nota. Abundan espacios reales y situaciones reales. El ambiente de la India poco antes de su independencia está expuesto a conciencia y sin tomar partido por los ingleses o los indios; de hecho, el protagonista es indio, aunque de padres británicos, algo totalmente normal a comienzos del siglo XX.

Con el corazón dividido, Henry Masters es nombrado jefe de la policía de Jay Town y, en cuestión de días pasa de ser un buen amigo del marajá, se crió en su palacio, a estar acusado de haberlo asesinado con un rifle de su amigo, el cazador Lewis Wilson, al que también asesinan y luego es devorado por un tigre. Masters es declarado “culpable” de varios asesinatos, relacionados con el robo de valiosas joyas de diversos marajás.

A consecuencia de estos hechos es encarcelado durante dieciocho años, hasta que alguien aparece con la explicación de lo que ocurrió y las pruebas necesarias para liberarlo. Le quedaban dos años para cumplir la condena pero al menos su honor queda “intacto” y él puede viajar a Londres, uno de sus sueños que, sin embargo, no es tan atractivo como suponía.

Está claro que el “síndrome de la patria cambiada” es evidente. Niños que nacen en países diferentes a los de sus padres y, bien sea por sus rasgos, bien por las costumbres que viven en casa y conocen por sus familias, tienen un conflicto espiritual o lo tienen quienes los rodean, pues no los ven realmente como paisanos suyos. Este conflicto atormenta a Masters, aunque al final se dé cuenta de que la verdadera patria es donde uno se cría.

Los hechos reales abundan en la novela y la invención está tan bien traída que es difícil separar ambos conceptos. A esto contribuye la cuidada ambientación; la ropa, la comida están descritas con todo detalle, así como las creencias, supersticiones, proverbios, dichos populares, costumbres… Al final nos sumergimos de lleno en la sociedad india. El vocabulario, coloquial en su mayoría aunque plagado, como hemos dicho, de términos cultos: «horrísono rugido», «Aguas procelosas», «defender las vastas», «nuevas levas» «la vesania de una banda...», «por mor de», «trocha», «fisonomía apoplética», «plétora de fatuos espectáculos», «tejadillos bengalíes», «cúpulas bulbosas»… consigue ralentizar la lectura, hecho al que se une la utilización de latinismos, galicismos e hinduismos, «sine die», «el beau monde», «avoir du charme», «stricto sensu», «El coup de grâce», «Quid pro quo», «el drag», «motu proprio».

No cabe duda de que la lectura de la novela es lenta y algo enrevesada debido, sobre todo, a la gran cantidad de digresiones que en forma de historias vividas por el protagonista en tiempos pasados, sucesos históricos reales, proverbios indios y fábulas de la India, son contadas para esclarecer acciones o pensamientos. 

En realidad algunos son muy interesantes, pero dan a la obra un tinte didáctico en exceso más propio de la novela juvenil, puesto que hay dichos o proverbios que no necesitan aclaración para un adulto. Todo esto obstaculiza la inmersión en la trama. «Como decía Wilson: “La selva es a la naturaleza lo que el movimiento cubista a la pintura. Todas las partes del objeto…».

Tampoco ayudan las excesivas aposiciones en el sujeto, pues retrasan sobremanera lo que esperamos saber «McLeod, un escocés de rala cabellera, piel ajada llena de manchas (no sabría decir si a causa de…) y aspecto inofensivo, nacido en…».

Sin embargo, algo positivo es la ambientación exótica y el trasfondo histórico, totalmente fieles a la realidad, algo que junto al pensamiento de Masters ayudan a conformar su conflicto de identidad.

La primera persona alude a la voz íntima de Masters, mientras que la tercera persona testigo, con una mayor impresión de realidad, enriquece la perspectiva y le da algo de ritmo a la historia, ampliando el mundo narrativo. Los personajes secundarios ayudan a mantener la intriga hasta el final; esto conseguirá que el lector, solo cuando termine de leer, conozca a todos y cada uno de ellos.

La bailarina y el inglés comienza en primera persona por el final de la historia. El cambio de nombres de los implicados en los sucesos acaecidos en 1944 aporta sensación de realidad a lo que vamos a leer a continuación.

Asimismo, Las llamadas al lector para implicarlo en los acontecimientos ayudan a creer en lo que dice el narrador «Ahora imagine el lector a un corredor de fondo danto vueltas…».

También los datos son reales «A finales de 1942 […] sesenta mil detenciones de independentistas, la mayoría de ellas en las zonas gobernadas por los británicos».

Emilio Calderón consigue una visión bastante objetiva de las dos sociedades sin tomar partido por ninguna. Esto ayuda a formar el carácter dubitativo del protagonista y la falta de confianza en sí mismo que aporta el desarraigo; puede que los fantasmas que permanecen en su mente sean los que lo lleven a abusar de citas o proverbios comparativos con lo que está narrando, consiguiendo una moralización elevada y una carga sociopolítica menor.

Pero, en general nos adentramos en la novela con total empatía hacia el protagonista y, con la ayuda de los secundarios, terminamos por mirarlo con simpatía al final.

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