jueves, 6 de abril de 2017

LUCES DE BOHEMIA



He terminado de leer Luces de Bohemia y, mi admiración por Valle-Inclán ha aumentado. Había leído de él alguna Sonata, una de sus Comedias Bárbaras, Cara de Plata, y Divinas Palabras, que me impactó bastante. Pero creo que Luces de Bohemia es su obra cumbre, por representar un extracto de la historia de España de final del siglo XIX, un compendio del pensamiento más sarcástico y crítico del autor y una síntesis de su producción literaria; Luces de Bohemia no es sólo teatro, es ensayo, narrativa y, sobre todo, la lírica que Valle, tras esa imagen dura y exaltada, llevaba dentro.


Formalmente la obra es innovadora. Está dividida en 15 escenas, sin actos que las agrupen. El número de personajes es elevadísimo, hay 52 que en algún momento mantienen parlamentos más o menos largos, más voces del pueblo. El tiempo en el que transcurre la acción es una tarde-noche, aunque durante la mañana del día siguiente tenga lugar el entierro; sin embargo los espacios son múltiples, hay trece ambientes diferentes: la casa de Max Estrella, la calle, la librería, la taberna, la gobernación, la cárcel, el cuartel de la policía, una plaza, el cementerio... Esto hace que algunas escenas sean cortas y se pase de un espacio a otro sin tregua. Difícil puesta en escena para solucionar los espacios alusivos a la representación e introducir ruidos y sonidos que a su vez vienen de otros lugares, como voces, sirenas, disparos que actúan a modo de ticoscopias para situar perfectamente al espectador.

El contenido, en principio, es sencillo —contrastando con la forma— Max Estrella es un escritor, poeta fracasado que, a la desgracia de quedarse ciego hacía un año, se le suma el despido del periódico en el que trabajaba. Casado con una francesa, Madame Collet y padre de una hija, Claudinita, ve con horror la imposibilidad de seguir manteniéndolas. Su amigo, don Latino de Híspalis, se ofrece a empeñarle unos libros pero con la única intención de sacar provecho, tanto él como el librero a quien se los lleva, Zaratustra. Al comentarle a Max a quién se los ha entregado, éste se espera lo peor y sale de su casa a recuperarlos «¡Claudina, mi palo y mi sombrero!». Así empieza la odisea: no obtiene los libros, y se van a una taberna, en la que Max consigue empeñar su capa para comprar un décimo de lotería. Se encuentran con un grupo de modernistas, terminan borrachos  y es detenido y encarcelado por faltarle el respeto al inspector. Los modernistas acuden al periódico a pedirle al director que interceda para sacarlo de la cárcel. Lo consigue, pero Max quiere ir al Ministerio de la Gobernación a quejarse formalmente. El ministro, antiguo amigo, le ofrece una pensión para su mujer y su hija, y él, humillado, acepta. En la calle, el frío de la noche y los espejos de la calle del Gato consiguen que se vaya deformando la realidad y Max Estrella, acurrucado en el portal de su casa, sin abrigo, muere aterido de frío. Don Latino lo deja allí y le roba la cartera. El décimo toca al día siguiente y, tras el entierro de Max, don Latino se gasta el dinero en la taberna y paga la deuda de la noche anterior, mientras la mujer y la hija de Max Estrella se suicidan.

Estructuralmente la obra es redonda, cerrada; las palabras de Max, al principio, serán vaticinadoras del final

Max.- [...] Podemos suicidarnos colectivamente»
Madame Collet.- A mí la muerte no me asusta ¡Pero tenemos una hija Max!
[...]
Max.- [...] Es una lástima la obcecación de Claudinita. Con cuatro perras de carbón, podríamos hacer el viaje eterno.

El trasfondo real de esta “odisea” es un viaje dantesco de Max Estrella, poeta andaluz guiado por Latino de Híspalis, durante la noche por diferentes lugares de Madrid, representantes de toda la sociedad española de principios de siglo. Como en la Divina Comedia, la mayoría de personajes con los que se encuentra son reales, coetáneos de Valle-Inclán, Max Estrella es la figura de Alejandro Sawa, poeta que murió pobre, olvidado, loco y ciego en Madrid en 1909. Zaratustra representa al librero Pueyo, editor de los modernistas (Gálvez, Rubén Darío, Dorio de Gadex). Tras el “Ministro” se esconde Julio Burell, ministro que ayudó a los intelectuales de su tiempo. Otros están sacados directamente de la literatura de Valle, para adoptar la figura de su creador y asistir al entierro de Max Estrella, porque a diferencia de Dante, Max no logra salir del infierno; así, abandonado a su suerte, sin recursos, sin reconocimiento, decide morir. Es curioso que la ceguera le sobreviniera un año antes de su muerte, como si no quisiera ver la caricatura en la que se había convertido España, con sus políticos que querían, ante todo, figurar, con sus administrativos inmorales, con sus bohemios inútiles, con gente sin fuerzas para luchar, sin cultura, sin futuro. España entera se convierte en la protagonista principal de Luces de Bohemia. Valle consigue una queja colectiva por lo que, únicamente, el país como colectivo podrá salir de ese vivir estúpido, frívolo, insolidario y angustiado (algo que un siglo después aún no hemos entendido).

Al ser un personaje colectivo no hay espacio para profundizar en él, pero esto a Valle-Inclán no le interesaba; la finalidad principal es ironizar sobre la situación a la que había llegado el país: los modernistas no viven en la realidad sino que literaturizan la vida y rechazan la cultura oficial, la realidad sociopolítica era propicia a la miseria material y moral. El autor no añade vicios ni inventa costumbres, sólo los deforma para que la crítica sea más evidente. En esta deformación reside el esperpento por eso Max Estrella, poeta arruinado, casi indigente, se expresa con un lenguaje refinado, con latinismos e ironías que requieren cierto nivel cultural para entenderlas. Max es un esperpento residente en una situación esperpéntica, en la que, por supuesto, todos los personajes son esperpentos. Sólo el preso político y la madre del niño muerto están vistos desde una óptica real para reforzar la reflexión amarga sobre el país.

En esta sátira el tema de la muerte y el suicidio son fundamentales; el pesimismo propio de la generación del 98 ante el problema de España no sólo es evidente sino hiperbólico.

El problema mayor es la decadencia cultural, la imposibilidad de la vida literaria en la sociedad española. No hay lugar para el genio creador ni para el que quiere trabajar, sólo progresan los canallas. Situación esperpéntica, de la que no nos hemos librado aún puesto que esta imagen deformada de España es la que siguen teniendo en Europa.

Función de las acotaciones.

Luces de Bohemia es una obra teatral épica, por la grandeza de sus recursos, por la visión global de España, que aparece en el corto viaje de Max Estrella por Madrid, y por la demostración general de todo tipo de vocabulario.

Valle deja poca libertad a la hora de representar su texto teatral, de hecho, el lector puede imaginar, gracias a las acotaciones, todo lo que tiene lugar en escena y, en algunos casos en los que se vale de ticoscopias, fuera de ella; mediante las ticoscopias amplía los límites del escenario y crea un espacio para acciones que no pueden desarrollarse materialmente en las tablas

...Ante el mostrador, los tres visitantes, reunidos como tres pájaros en una rama, ilusionados y tristes, divierten sus penas en un coloquio de motivos literarios. Divagan ajenos al tropel de polizontes, al viva del pelón, al gañido del perro...

Asimismo utiliza los deícticos para delimitar los lugares de la acción, organizar los movimientos y la estructura espacial de la proxémica

...Entra un vejete asmático, quepis, anteojos, un perrillo y una cartera con revistas ilustradas. Es don catalino de híspalis. Detrás, despeinada, en chancletas, la falda pingona, aparece una mozuela: claudinita.

Las acotaciones de Luces de Bohemia dotan a la representación de polifonía informativa gracias su carácter funcional. A veces cargan la importancia en los gestos de los personajes, pues aportan más información al espectador que las propias palabras

El librero, al tiempo que habla, recoge el atadijo que aún está encima del mostrador, y penetra en la lóbrega trastienda, cambiando una seña con don latino. Reaparece.

Otras veces van cargadas de sinestesias que, unidas a las cosificaciones, mezclan humorísticamente lo lírico y lo real, adoptando todo un aire prosaico

Zaguán en el Ministerio de la Gobernación [...] Aire de cueva y olor frío de tabaco rancio [...] Policías de la Secreta —hongos, garrotes, cuellos de celuloide, grandes sortijas, lunares rizosos y flamencos— [...] hay [...] un pollo chulapón de peinado reluciente, con brisas de perfumería, que se pasea y dicta humeando un veguero [...] Dando voces, la cabeza desnuda, humorista y lunático, irrumpe Max Estrella [...] Detrás asoman los cascos de los guardias. Y en el corredor se agrupan, bajo la luz de una candileja, pipas, chalinas, y melenas del modernismo.

En general, las acotaciones funcionan como verdaderos textos narrativos con finalidad estética, incluso simbólica que, aunque facilitan la puesta en escena, influyen sobre todo en la construcción imaginaria del lector, esto es una característica del estilo esperpéntico.

En ocasiones son explicaciones propias de un narrador omnisciente que ayudan a caracterizar al personaje

Don Latino interviene con ese matiz del perro cobarde, que da su ladrido entre las piernas del dueño.

o caracterizan al personaje, animalizándolo con el fin de denunciar la vida del pueblo

Escapa la chica salvando los charcos con sus patas de caña.

o lo hacen desaparecer mediante juegos de palabras

Máximo Estrella y don Latino de Híspalis, sombras en las sombras de un rincón...

En ocasiones las acotaciones utilizan la descripción para introducir al espectador en sucesos anteriores

Sale de la tiniebla el bulto del hombre morador del calabozo. Bajo la luz se le ve esposado, con la cara llena de sangre.

Y casi siempre son verdaderos poemas que se mezclan con líricas descripciones para dar a conocer los sentimientos el autor

...Faroles rotos, cerradas todas, ventanas y puertas. En la llama de los faroles un igual temblor verde y macilento. La luna sobre el alero de las casas, partiendo la calle por medio.
De tarde en tarde, el asfalto sonoro [...] Soldados Romanos. Sombras de Guardias...

En general las acotaciones contienen bastantes expresiones subjetivas, por lo que más que acotaciones son connotaciones de sus emociones

Sobre las campanas negras, la luna clara [...] A lo largo del coloquio se torna lívido el cielo [...] Remotos albores de amanecida [...] Despiertan las porteras.

Y, por supuesto, no debemos olvidar el humor negro, hiperbólico que aparece en aquellas acotaciones cuya finalidad es intensificar el esperpento mostrado en los diálogos

Aparece en el marco de la puerta el cochero de la carroza fúnebre: Narices de borracho, chisterón viejo con escarapela, casaca de un luto raído, peluca de estopa y canillejas negras.

Tampoco podemos pasar por alto aquellas que aluden, poéticamente, a la identificación del autor con uno de sus personajes novelescos, quien, rizando el rizo, aparece en el entierro de otro personaje teatral

...el marqués, benevolente, saca de la capa su mano de marfil y reparte entre los enterradores algún dinero.

Finalidad del diálogo.

Ante esto llegamos a la conclusión de que el texto dramático de Luces de Bohemia tiene un protagonismo desmedido; es una obra teatral que se va componiendo perfectamente en la mente del lector. El léxico es de una riqueza enorme y gran variedad; podemos encontrar palabras típicas del calé como «chanelar» (entender), «cañí» (gitano), «cate» (golpe), «dar mulé» (matar), «gachó» (hombre), «parné» (dinero), «pirante» (juerguista), «manque» (yo)...; voces típicas madrileñas como «vivales» (fresco, desaprensivo), «rezumar el ingenio» (caspa en los hombros), «naturaca» (naturalmente); expresiones populares «sombrerera» (cabeza), «tabernáculo» (taberna), «rufo» (chulo), «pájara» (astuta), «pan de higos» (partes sexuales de la mujer), «pescarla» (emborracharse), «pindonga» (mujer callejera), «iluminado» (borracho), «fiambre» (cadáver), «dar un mitin» (armar jaleo)... y vocabulario mitológico como «Estigia», «Buey Apis», «Artemisa, «Mausoleo», junto a palabras cultas , en desuso como «albando»(muy caliente) o «kermés» (fiesta al aire libre). Además encontramos el acortamiento propio de aquellas palabras que el pueblo utiliza a diario: «la propi», «la Delega», «un pipi» (pipiolo), «un jipi» (jipijapa – sombrero panamá), «la Preve» (Prevención). Este acortamiento, con expresiones irónicas, permite un uso humorístico:

El Capitán Pitito.- ¡Por borrachín, a la Delega!
Max.- ¡Y más chulo que un ocho! Señor Centurión, ¡yo también chanelo el sermo vulgaris!

Encontramos definiciones que funcionan como greguerías lúgubres: «La muerte(es), una carantoña ensabanada que enseña los dientes».

Hay expresiones costumbristas que hacen algo humorístico de situaciones amargas:

El sereno.- Camine usted
Max.- Soy ciego
El sereno.- ¿Quiere usted que un servidor le vuelva la vista?
Max.- ¿Eres Santa Lucía?
El sereno.- ¡Soy autoridad!
Max.- No es lo mismo

Asimismo en las citas literarias de Max aparecen alusiones metateatrales (a Ibsen, Calderón) y líricas, en las que se deja ver el desprecio a todos al considerarse a sí mismo el primer poeta de España, infravalorado (teniendo en cuenta que Max es un trasunto de Alejandro Shaw, la crítica social es feroz).

Dorio de Gádex.- Maestro, preséntese usted a un sillón de la Academia.
Max.- No lo digas en burla, idiota ¡Me sobran méritos! Pero esa prensa miserable me boicotea. Odian mi rebeldía y odian mi talento. Para medrar hay que se agradador de todos los Segismundos [...] ¡Y soy el primer poeta de España! ¡Y ayuno! [...] ¡Y no me parte un rayo! ¡Yo soy el verdadero inmortal, y no esos cabrones del cotarro académico! ¡Muera Maura!

Está claro que el vocabulario es rico, connotativo y amplio; las metáforas, metonimias y animalizaciones consiguen a veces arrancarnos una sonrisa, por la ironía que encierran

Max.- Don Latino de Híspalis: Mi perro

Y otras veces, nos hacen pensar, con horror, en el embrutecimiento al que puede llegar el español, capaz de ver en un mismo plano pérdidas materiales y la muerte de un niño

El tabernero.- El pueblo que roba en los establecimientos públicos, donde se le abastece, es un pueblo sin ideales patrios
Madre del niño.- ¡Verdugos del hijo de mis entrañas!
Un albañil.- El pueblo tiene hambre
El empeñista.- Y mucha soberbia
Madre del niño.- ¡Maricas, cobardes!
Una vieja.- ¡Ten prudencia, Romualda!
Madre del niño.- ¡Asesinos! ¡Veros es ver al verdugo!

De lo que no hay ninguna duda es del ritmo ágil de los diálogos, que contrasta con la lentitud y minuciosidad de las acotaciones. Esta rapidez en los parlamentos le aporta velocidad al tiempo en el que se desarrolla la acción, una noche es suficiente para dar un repaso a esa España atrasada, para reír ¿por qué no?, llorar y morir.

DON FILIBERTO.- !Para ustedes no hay nada respetable: iMaura es un charlatán!
DORIO DE GADEX.- El Rey del Camelo!
DON FILIBERTO.- Benlliure un santi boni barati!
DORIO DE GADEX.- Dicho en valenciano.
DON FILIBERTO.- Cavestany, el gran poeta, un coplero.
DORIO DE GADEX.- Profesor de guitarra por cifra.
DON FILIBERTO.- Qué de extraño tiene que mi ilustre jefe les parezca un mamarracho!
DORIO DE GADEX.- Un yerno más.

No sólo la ironía puebla las páginas del texto, el absurdo llega a límites insospechados; si en la librería de Zaratustra, éste mantiene un diálogo con los animales (ratón, gato y perro), en el entierro de Max, el periodista anarquista Basilio Soulinake proporciona una imagen surrealista haciéndose pasar por médico para impedir que se lleven el féretro.

MADAMA COLLET.- ¡Y si no estuviese muerto!
LA PORTERA.- ¿Que no está muerto? Ustedes sin salir de este aire no perciben la corrupción que tiene.
BASILIO SOULINAKE.- ¿Podría usted decirme, señora portera, si tiene usted hecho estudios universitarios acerca de medicina? Si usted los tiene, yo me callo y no hablo más. Pero si usted no los tiene, me permitirá de no darle beligerancia, cuando yo soy a decir que no está muerto, sino cataléptico.
LA PORTERA.- ¡Que no está muerto! ¡Muerto y corrupto!


Indudablemente el humor no deriva sólo de las palabras, la situación escénica es fundamental: la esposa y la hija estaban abrazadas, fundidas en el dolor cuando la portera aparece resollando para anunciar que está abajo la carroza fúnebre. El toma y daca de ahora cogemos al difunto, ahora lo dejamos, unido a los gestos de dolor de la familia con los de incredulidad de la portera conforman un cuadro esperpéntico, surrealista, digno de una escena cinematográfica más que teatral, por la movilidad de personajes. De hecho, Luces de Bohemia está considerada el primer esperpento, voz tomada del habla popular para designar lo feo, lo llamativo por escaparse de la norma, lo ridículo o grotesco. A partir de 1924, año en que aparece esta obra, esperpento designa un nuevo subgénero literario, el que devuelve una visión deformada de la realidad. Podemos encontrar, en el cine español, películas como El verdugo, de Berlanga o Así es Madrid de Luis Marquina. Incluso Luces de Bohemia fue llevada al cine en 1985, protagonizada por Paco Rabal, Fernán Gómez e Imanol Arias entre otros. (Aunque el elenco de actores era formidable, la película no funcionó. Como tantas otras veces, segundas partes no fueron buenas. Y es que pocas obras teatrales pueden igualar a Luces de bohemia, no en vano la Academia concede los premios Max de las Artes Escénicas desde 1998.

martes, 7 de marzo de 2017

DON JUAN TENORIO


¿Qué tiene Don Juan Tenorio para continuar en escena? Es cierto que ya no de forma regular, lo que indica que, al menos su contenido, ha quedado obsoleto en el siglo XXI. No están las cosas para venir con actitudes machistas o bravuconas ahora que, por todos los medios, intentamos una sociedad igualitaria en cuanto al sexo o una sociedad en la que quede erradicada la violencia. Pero aún no ha desaparecido de los escenarios, aún sigue en los planes de estudio, así que intentaremos analizarlo con objetividad.

Es, en principio, un drama romántico; José Zorrilla perteneció, por la época en que vivió, a ese movimiento y sin embargo el héroe se aferra al final a la Iglesia implorando perdón. Creo que ahí está la clave, en la finalidad didáctico-propagandista eclesiástica. Siempre es reconfortante saber que todos podemos salvarnos si lo consigue hasta el ser más despreciable. Realmente don Juan Tenorio es abominable, él mismo se define

que el orbe es testigo
de que hipócrita no soy,
pues por doquiera que voy
va el escándalo conmigo.

A veces, oyéndolo, tenemos la impresión de estar ante un personaje del Siglo de Oro

Las romanas caprichosas,
las costumbres licenciosas,
yo gallardo y calavera,
¿quién a cuento redujera
mis empresas amorosas?

El lenguaje, la ambientación de la época y las costumbres representadas nos recuerdan a alguna tragedia barroca aunque exagerada en extremo

Yo a las cabañas bajé,
yo a los palacios subí,
yo a los claustros escalé
y en todas partes dejé
memoria amarga de mí.

Además, a Ciutti le falta el punto cómico del criado, pero en las circunstancias en las que se encuentra no es de extrañar; en ningún momento hace burlas o recrimina a su señor, siempre lo obedece limitándose a efectuar lo que le ordena, incluso en momentos en los que lo considera una locura

DON JUAN.-       Déjale franca la entrada,
                            pero a él solo.
CIUTTI.-                                   Mas señor...
DON JUAN.-       Obedéceme.                       (Vase Ciutti)

Así que si hoy no empatizamos con este mito está claro que el éxito debe venir de otra parte, puede que de la puesta en escena.

Don Juan Tenorio es quien abre la representación, y en su parlamento ya deja claro, amenazante, qué características lo definen; maldice al pueblo y en su imprecación va implícito el valor que muestra ante la muerte.

¡Cuál gritan esos malditos!
¡Pero mal rayo me parta
si en concluyendo esta carta,
no pagan caros sus gritos!

La pasión por el diablo tuvo un punto álgido en el Romanticismo, así como la obsesión por la juventud, el desprecio a la vida y a todo lo que encerrase normas terrenales o divinas, por lo que no es de extrañar que una vez que Don Juan ha hecho su advertencia, ha salido de escena y ha vuelto a entrar como integrante de la apuesta con don Luis Mejía, lo haga de manera totalmente efectista, adelantando en este caso la fuerza escénica que va a tener. «(Se oyen dar las ocho; varias personas entran y se reparten en silencio por la escena; al dar la última campanada, don Juan, con antifaz, se llega a la mesa...)».

Como tampoco son raros los juramentos y expresiones alusivas al infierno que pueblan el texto dramático «¡voto a tal!», «Por la cruz de San Andrés!», «¡Por Satanás...!», «Reportaos, por Belcebú!», «pero él es un Satanás», «Mas lleva ese hombre consigo / algún diablo familiar».

Sin embargo analizaremos si este drama es verdaderamente romántico o va un punto más allá.

La Primera Parte se desarrolla en una tarde-noche, y las acciones quedan divididas en cuatro actos; cada uno va subtitulado y aporta, con ello, información; así el Acto Primero «Libertinaje y escándalo» descubre las costumbres licenciosas que los protagonistas, don Juan Tenorio y don Luis Mejía, tienen,

Don Juan Tenorio se sabe
que es la más mala cabeza
del orbe,...

Cómo su presencia va seguida del escándalo y cómo, no contentos con haber pasado un año cometiendo tropelías, se apuestan que don Juan conseguirá esa noche a la prometida de don Luis, doña Ana de Pantoja y seducirá a doña Inés de Ulloa, su propia prometida, aunque don Gonzalo de Ulloa acude a la posada y anula el casamiento

mas, a ser cierta
la apuesta, primero muerta
que esposa suya la quiero

En este acto, don Juan se define en toda su plenitud como mito machista

Uno para enamorarlas,
otro para conseguirlas,
otro para abandonarlas,
dos para sustituirlas
y una hora para olvidarlas

y típico romántico que no teme a la muerte «Largo el plazo me ponéis».

El Acto Segundo, como reza el subtítulo «Destreza» es una muestra de las habilidades de don Juan para conseguir lo que se propone, aunque está claro que estas mañas se ven reforzadas por el dinero

Con oro nada hay que falle;
Ciutti, ya sabes mi intento:
a las nueve en el convento;
a las diez, en esta calle.

con el que soborna al tesorero real para que lo saque de la cárcel, y al alcaide

ya viste cuán fácilmente
el buen alcaide prudente
se avino, y suelta me dio

(¡Qué cerca nos queda, eso sí, la corrupción!).

Asimismo, entre sus destrezas destacan la de asesino sin escrúpulos «entonces, de un tajo, rájale» y, ante todo, depredador de la mujer, a la que ve como una conquista «La dama entrambos tenemos / sitiada».

El lenguaje que utiliza para referirse a la mujer es soez «mientras le soplo la dama, / él se arrancará los pelos». Pero lo preocupante es que incluso la mujer es ofendida y animalizada por las propias mujeres

BRÍGIDA.-           [...]
                            que irá como una cordera
                            tras vos.
DON JUAN.-                     ¿Tan fácil te ha sido?
BRÍGIDA.-           ¡Bah, pobre garza enjaulada,
                            [...]
DON JUAN.-       ¡Oh! Hermosa flor, cuyo cáliz
                            al rocío aún no se ha abierto,
                            a trasplantarte va al huerto
                            de sus amores don Juan.

Pero en el Acto Tercero, «Profanación» aparece lo que debió ser verdaderamente escandaloso para la época y que, sin embargo, habíamos tenido tiempo de leer mucho antes pues el Arcipreste de Hita, inspirado en la comedia latina, ya enfrenta al protagonista en su duodécima aventura —todas fallidas— a la monja Garoza. Así, don Juan, como el Arcipreste, con la Iglesia ha topado y sólo podrá recibir de doña Inés un amor limpio «que en profesando, es preciso / renunciar a cuanto amé». El acto deja a doña Inés como otro mito de la escena pues asocia la pasión que le transmite don Juan al fuego predestinado del infierno «¡Ay! Se me abrasa la mano / con que el papel he cogido».

También el tópico del amor a primera vista está presente en la literatura de Ovidio, pero lo normal es que sea el hombre quien se enamore sólo con ver a la dama y aquí es doña Inés la que

desde que le vi
Brígida mía, y su nombre
me dijiste, tengo a ese hombre
siempre delante de mí

Con esto, la propia doña Inés es la que quita credibilidad a la carta que vimos escribir a don Juan al principio de la obra y, sin embargo, con sus gestos, le añade dramatismo

“Doña Inés del almas mía.”
¡Virgen Santa, qué principio!

Otro tópico de este acto es el tan analizado sueño-realidad y en el que doña Inés profundiza, incrédula, ante lo que sucede «¿Es realidad lo que miro, / o es una fascinación?», dejando la posterior intervención de don Juan en algo irrisorio por la ruptura filosófica de la profundidad que pretende la enamorada «¡Ea! No desperdiciemos / el tiempo aquí en contemplarla...» y terminando el acto, de forma casi humorística ante tanta evidencia obviada

ABADESA.-        ¿Dónde vais, Comendador?
D. GONZALO.-   ¡Imbécil! Tras de mi honor,
                            que os roban a vos aquí

El Acto Cuarto de la Parte Primera «El diablo a las puertas del cielo» abre lo que promete ser lo más interesante. Brígida le da al viaje hacia la casa de don Juan un punto onírico

los árboles como en alas
llevados de un huracán,
tan apriesa y produciéndome
ilusión tan infernal

y a lo que ha sucedido, un matiz de ficción, pues miente a doña Inés quien se cree salvada de un incendio y no raptada (hemos de recordar que ella se desmaya convenientemente, como lo hizo en su momento Leocadia, la protagonista de La fuerza de la sangre escrita en 1613 por Cervantes).

En la segunda parte, mucho más corta, los efectos especiales dignos del más fiero romanticismo se multiplican, hasta borrar por un instante la imagen renacentista que adquiere doña Inés como intercesora del hombre ante Dios:

Su amor me torna en otro hombre
regenerando mi ser,
y ella puede hacer un ángel
de quien un demonio fue.

algo exagerado teniendo en cuenta que en ese instante mata de un disparo a su futuro suegro y de una estocada a su rival en bravuconerías

D. LUIS.- (cayendo)
                            ¡Jesús!
D. JUAN.-                       Tarde tu fe ciega
                            acude al cielo, Mejía

Acaba de demostrar que no es un ángel sino un verdadero romántico que abomina de todo lo que no lo deja en primer lugar

Llamé al cielo y no me oyó,
y pues sus puertas me cierra,
de mis pasos en la tierra
responda el cielo, y no yo.

Y así, continúa con sus fechorías desoyendo las advertencias que la sombra de Inés le hace hasta el último momento «y que tienes que morir / mañana mismo, don Juan.»

Por fin, el Capitán Centellas lo mata para que, ¡después de muerto!, se le vuelva a aparecer la Estatua del Comendador y le recuerde que todo ha terminado «El capitán te mató / a la puerta de tu casa.»
Pero don Juan no es un verdadero romántico sino que se acoge a la comodidad que le ofrece la Iglesia para tener asegurada una eternidad feliz «¡Clemente Dios, gloria a Ti!»

Don Juan muere a manos de Centellas, aun así habla con la Estatua y con doña Inés, que ordena a todos los fantasmas regresar a sus tumbas, a las estatuas a sus lugares y a los ángeles a que vengan a por sus almas. Vuelven ambos a morir y hay que reconocer que, con justicia poética, queda mitificada doña Inés como la propia Virgen que ordena a su Hijo lo que tiene que hacer.


El mito de doña Inés o el surrealismo de Zorrilla.

martes, 28 de febrero de 2017

EL BURGUÉS GENTILHOMBRE


Otro clásico que no falla, Molière, un hombre de gran talento cómico que, a pesar de tener en su contra a toda la iglesia, parte de la nobleza y algunas compañías teatrales de su tiempo, alcanzó la simpatía y el reconocimiento del propio Luis XIV, de hecho gozó hasta su muerte de un sueldo como director de la corte de Versalles, dado por el rey.

Fue acusado de obsceno e irreverente por sus comedias. Tartufo, por ejemplo, tuvo prohibida su representación durante años, y sin embargo el teatro se llenaba en el siglo XVII cada vez que estaba en cartel una de las obras de Molière. Lo curioso es que hoy también se llena.

¿Cómo es posible que más de trescientos años después sigamos riendo con las comedias de Jean-Baptiste Poquelin?

La respuesta es sencilla, no han perdido nada de la frescura inicial y, lo más importante, son perfectamente trasladables a nuestra sociedad actual; cualquier comedia de Molière es exagerada, histriónica, de ridículos hiperbólicos: El enfermo imaginario (curioso que la compusiera estando ya enfermo de tuberculosis), Tartufo, El médico a palos... no son más que ejemplos desmedidos de hipocondríacos, hipócritas o incompetentes; caracteres universales que, por desgracia seguirán existiendo mientras el hombre sea hombre.

No había leído El burgués gentilhombre, tampoco la he visto representada, pero pasé una tarde de las más divertidas últimamente al leerla. El diálogo ágil, plagado de ironías, de dobles sentidos y de directas acusaciones consigue que hoy nos enfrentemos a ella sin tener la impresión de estar ante algo obsoleto. Lo que en un principio fue pensado como comedia-ballet, encargada por el propio rey como pieza teatral y de ballet, para diversión de la corte, hoy podría ser representada como moderno musical. Un musical delicioso en el que la risa es la protagonista. El tono que predomina durante toda la obra es festivo, por lo que, en principio, puede parecer que nos enfrentamos a una obra de menor trascendencia que la que encontramos en las grandes tragedias; los personajes no luchan contra un fatídico destino como en Romeo y Julieta, sino que quieren alcanzar una serie de privilegios casi superficiales, y sin embargo el lenguaje desenfadado oculta feroces críticas a las falsas amistades, a todos aquellos que, olvidando lo que realmente tienen de bueno, como la familia o la vida tranquila, se lanzan a una existencia vacía y superficial que promete ser próspera y glamurosa, porque lo que prima es que, Sus bolsillos están llenos de discreción

El burgués gentilhombre es una llamada a la búsqueda de la honradez, a la moderación de pasiones y excesos. Si en el siglo XVII denunció los defectos de la corte, como la falta de dinero, mediante ironías humorísticas, Gracias a él podremos darnos a conocer en la corte; él pagará por los demás y éstos elogiarán por él; hoy nos recuerda que es mejor disfrutar de lo que somos y sentirnos orgullosos de nuestros orígenes, que hacer el ridículo con pretensiones de fama o grandeza. En este sentido es una obra didáctica; alerta del peligro que corremos si nos dejamos adular por toda una cohorte de aprovechados y oportunistas cuya única finalidad es conseguir beneficios sin el menor escrúpulo hacia la profesión que ejercen.

MAESTRO DE MÚSICA.- [...] M. Jourdain, con sus ínfulas de cortesano, que se le han subido a la cabeza, es para nosotros una finca.

El burgués gentilhombre es una sátira contra las ansias desmedidas de grandeza. Sin embargo esta intención viene rodeada de una finalidad evasiva y de diversión, no debemos olvidar que la obra iba dirigida a la corte y que quien sale más ridiculizado es Jourdain, el hijo de un tendero que pretende entrar en ella a toda costa. Nos reímos de Jourdain y su falta de exquisitez, de delicadeza, de conocimientos...

No es una tontería este baile. Además esa gente se zarandea bien.

Pero entre líneas, de forma implícita se posa la falta de delicadeza, de conocimientos y de realidad que ostenta la nobleza, puesto que este burgués gentilhombre confunde el ser con el parecer, pierde el sentido de la realidad. Jourdain no tiene malas intenciones, llevado por un desmesurado afán de quedar bien en la alta sociedad, termina siendo un necio que confunde la dignidad con el dinero, por eso no alcanza a ver la burla final cuando (para no cometer más imprudencias) deben nombrarlo «Mamamuqui» que, según la farsa ideada por Covielle, «en nuestro idioma quiere decir paladín [...] no hay distinción de más alta nobleza en el mundo».

Y así, «(la ceremonia turca para armar caballero a Jourdain se realiza bailando al son de la música)», por un momento nuestro protagonista recuerda a aquel otro hidalgo que fue armado caballero para fines más nobles que la pretensión de entrar en la nobleza.

Los personajes son arquetipos, representan las debilidades de la naturaleza humana, por lo que, en su conjunto, forman un retrato de la sociedad. Sólo con oírlo un par de veces descubrimos en Donante a la nobleza sin escrúpulos

Tenía verdadera impaciencia de veros. Sois el hombre a quien más estimo en el mundo, y esta mañana he vuelto a hablar de vos en la cámara de su majestad [...]
He venido a que ajustemos nuestras cuentas [...]
¡Justo, justo! ¡Quince mil ochocientas libras! [...] agregad ahora doscientos doblones que me vais a dar y tendremos diez y ocho mil francos en cuenta redonda que os pagaré en la primera ocasión.

Los profesores de música, danza y filosofía, representan a la base humanística de la sociedad, que incongruentemente sólo se preocupa por vivir bien. El trabajo docente no es vocacional sino una excusa para ganar dinero.

Con el lenguaje quedan todos ridiculizados. El maestro de esgrima deja en entredicho una de las disciplinas más solicitadas por la nobleza «todo el secreto de la esgrima consiste solamente en dos cosas: en dar y en no recibir».

El sastre encabeza al sector comercial con intereses muy alejados de ofrecer un buen servicio. Lo que más interesa a la gente de la ciudad es el enriquecimiento personal y el ascenso social.

JOURDAIN.-(Reparando en el traje que trae puesto el maestro sastre) —¡Ah, demonio! ¿Qué es esto señor sastre? Esta tela es mía; la que os llevé para el último traje que me hicisteis. La conozco muy bien.
MAESTRO SASTRE.- Es que la tela me pareció de un gusto tan extraordinario que quise tener yo un traje igual.

Por el contrario, los criados son el símbolo del pueblo llano, y en el contraste entre ellos y los personajes anteriores se puede ver reflejado el tópico “menosprecio de la corte, alabanza de aldea”, usual en el Renacimiento y Barroco. La sirvienta Nicole representa el sentido del humor y la espontaneidad de los habitantes del campo

NICOLASA.- Perdóneme el señor; pero es que no puedo contener la risa viéndole tan ridículo ¡Ji,ji,ji!
[...]
NICOLASA.- Por lo menos, no deberíais dejar entrar a cierta gente.

Covielle no es sólo el sirviente de Cleonte sino que simboliza la inteligencia y el sentido común del pueblo, al urdir la trama con la que  finalmente engañan a Jourdain.

Los enamorados son, como no podía ser de otra manera, fieles y de comportamiento intachable

MME. JOURDAIN.- ¡Estas extravagancias os han hecho perder el juicio! Y todo ello viene desde que os dio por la nobleza.
[...]
CLEONTE.- Señor [...] os suplico que me concedáis ser vuestro yerno.
JOURDAIN.- Antes de responderos os suplico que me digáis si sois noble.
CLEONTE.- [...] os digo francamente que no soy noble.
JOURDAIN.- Dadme la mano ... Mi hija no es para vos.

Cleonte sólo consiente en engañar a Jourdain para conseguir casarse con su enamorada, quien a pesar de ser la fragilidad misma de la inocencia se aviene a mentir a su padre sólo por una vez, para obtener la felicidad con Cleonte.

Por último, el personaje de Madame Jourdain es sumamente curioso; cuando Molière escribió la comedia pensó en un hombre para representar a Mme. Jourdain y, sin embargo, en ningún momento queda en ridículo, antes al contrario representa la cordura y la razón que le falta a su marido, y no teme decirle constantemente que se están riendo de él, aunque reciba por respuestas insultos y amenazas.

¡Malditas sean todas las mujeres! ¡No han de callar jamás, y cuando abren la boca es para echarlo todo a perder! [...] Si vuestro padre fue tendero, peor para él [...] Y basta ya: lo único que he de manifestaros es que quiero tener un yerno noble.

Comedia divertida en la que predomina el lenguaje coloquial, con frases hechas «habla a tontas y a locas», «dar un mal paso» expresiones populares «te toma por una vaca de leche» e insultos que apenas ofenden «Es un verdadero truhan» pero que espolean a la nobleza y sus intereses «¡Os chupará hasta el último maravedí».

El vocabulario es totalmente actual y mantiene la ingenuidad del juego infantil en escenas como la del turco, donde Cleonte y Covielle hablan con palabras inventadas que, de forma llamativa, algunas pasaron a formar parte de expresiones populares francesas.


Es cierto que el pueblo lo admiró y sin embargo, por ser comediante, no fue elegido miembro de la Academia Francesa, ni recibió los últimos sacramentos antes de morir. Fue sepultado de noche sin ningún tipo de ceremonia. Hoy la lengua francesa es la lengua de Molière y, al crear arquetipos, sus comedias están de plena actualidad por la crítica social que desprenden.

sábado, 18 de febrero de 2017

ROMEO Y JULIETA


De vez en cuando está bien leer, o releer, algunos clásicos, y si son auriseculares no defraudan, y si es Shakespeare, no sólo no desengañan sino que ilusionan.

Cada vez que me enfrento a una obra del genial inglés me admiro de la frescura del lenguaje utilizado, y eso que lo leo traducido; pero aun así apreciamos la soltura de los diálogos, la ironía, el humor que es capaz de aparecer hasta en las más trágicas situaciones. Apoyando esta afirmación encontramos la Escena V del Acto IV de Romeo y Julieta: Cuando ya está todo preparado para la boda de Julieta y Paris, se perciben de que ella ha muerto

CAPULETO.- Todas las cosas que habíamos preparado para fiesta, cambian de su función al negro funeral

Pero los músicos reaccionan de manera inusitada, con juegos de palabras algo inapropiados por la gravedad del momento

A fe, si todo se ha fundido, enfundemos.

La confusión se acrecienta con la llegada del criado, quien pretende que toquen Alivio del corazón para consolarlo; ante la negativa de los músicos, el criado inicia un altercado algo inusual, que empieza con la pretensión de usar las armas «Pues yo te meteré mi puñal de criado por tu cholla», y termina con un debate poético «Entonces, ¡en guardia contra mi ingenio! Os dejaré secos con mi ingenio acerado y guardaré el puñal acerado».

Los registros que utiliza Shakespeare en el teatro dramático son variados, aunque no siempre se ajustan al personaje, es decir, nuestro autor barroco incumple la norma de Lope de respetar el decoro en el lenguaje. En Romeo y Julieta destaca el vocabulario de Teobaldo, con claras connotaciones negativas, aumentadas por presagios «Odio esa palabra, como odio el infierno y a vosotros los Montescos» «Me retiraré: pero esta intrusión, que ahora parece dulce, se ha de volver amarga hiel.»

El de Capuleto, personaje distinguido socialmente, es extrañamente coloquial, obtenido de la modalidad oral, con repeticiones, interjecciones, vocativos, exclamaciones, frases sin terminar... En todo momento predomina la función expresiva, con fuertes connotaciones a su categoría; está acostumbrado a mandar y a que se cumpla su voluntad. Desentonan sus expresiones en su estatus social, pues los variados insultos, amenazas o términos soeces e hirientes lo vulgarizan «¡Que te ahorquen, joven maula, miserable desobediente!»Es curioso cómo habla con benevolencia de Romeo «Tranquilízate, amable sobrino, déjale en paz: se porta como un caballero decente», mientras que es despiadado con su única hija «no me vengas con [...] orgullitos [...] ¡Quita, carroña clorótica! ¡Fuera, so maula, cara de sebo!».

Los enamorados utilizan, por lo general, un registro culto caracterizado por un fuerte lirismo que consigue estilizarlos, sin embargo entre ellos hay diferencias pues Romeo gusta del lenguaje ampuloso, a veces incluso se dirige a él mismo en tercera persona, y abusa de las expresiones típicas renacentistas de tradición petrarquista, con repeticiones, interrogaciones retóricas, exclamaciones hiperbólicas o metáforas de clara alusión religiosa —usual en la época— «¡Ah, destierro! Ten misericordia, di muerte [...] llamando destierro a l muerte, me cortas la cabeza con hacha de oro, y sonríes al golpe que me asesina [...] el cielo está aquí, donde vive Julieta [...] más nobleza reside en las moscas de la carroña que en Romeo [...] ¿y dices aún que el exilio no es muerte? [...] ¡Que ahorquen a la filosofía! Mientras la filosofía no pueda hacer una Julieta [...] no hables más». En sus devaneos, en su constante lamentar por su desgracia, exhibe una personalidad débil; sólo muestra decisión cuando se entera de que ha muerto Julieta, y la resolución que toma también viene revestida de debilidad puesto que se ve incapaz de vivir sin ella y se quita la vida. Julieta es más realista, más fuerte e inteligente, sabe lo que quiere desde el principio y no cede absolutamente nada ante nadie. Tiene unas expectativas que se cumplirán. «¡Vieja condenada! ¡Demonio perverso! No sé si es más pecado desear que sea yo perjura, o hablar mal de mi señor con la misma lengua con la que lo había elogiado [...] Vete consejera; mi pecho y tú desde ahora estarán separados. Iré a ver al fraile a saber cómo lo remedia: si falla todo lo demás, yo misma tengo fuerza para morir».

Realmente el manejo del lenguaje es espectacular, frente a tópicos epítetos «mi dulce amor» aparecen paradojas «¡Ah, que el engaño resida en tan lujoso palacio», metáforas eróticas «paraíso mortal de tan dulce carne», oxímoron «¡Demonio angelical!», comparaciones «¡Cuervo de plumas de paloma!», frases nominales que inciden en el concepto «todos son perjuros, todos renegados, todos nada, todos fingidores», onomatopeyas «¡Chac! hizo el palomar», hipocorísticos «¿Verdad que sí, Juli?», uso del diminutivo afectivo «qué tontita», juegos de palabra humorísticos sobre el paso del tiempo «¡Lunes! Bueno, el miércoles es pronto: digamos el jueves», o expresiones románticas que igualan el día a los sentimientos «esta noche está sujeta a su tristeza», o los emparejan con personificaciones de manera paralelística y paradójica «Entonces, ventana, deja entrar el día y deja salir la vida».

El tratamiento del tiempo es fundamental, juega constantemente con él, con conclusiones absurdas que inciden en el tiempo interior «en un minuto hay muchos días» «¿Qué tristeza alarga las horas de Romeo?» o en el real «sé decir qué edad tiene, hora más, hora menos.»

El paso del tiempo circular está presente en todo momento, y siempre con un presagio negativo «la inconstante luna, que cambia de mes a mes en su esfera circular», que se intensifica con las constantes alusiones a la noche «esta noche lo verás en nuestra fiesta» «la cena ha terminado y llegaremos tarde» «nunca he visto verdadera belleza hasta esta noche». La premura es fundamental, el desasosiego de los amantes los convierte en irreflexivos, circunstancia que tiñe de negros augurios a la relación «los heraldos del amor deberían ser los pensamientos, que se deslizan diez veces más deprisa que los rayos del sol».

Las menciones persistentes a la noche y a la muerte aún abren otro tema. Shakespeare no sólo trata en Romeo y Julieta el amor como fatalidad, la rivalidad familiar o el paso del tiempo; también el destino adverso marca la suerte de aquéllos que se dejan llevar por pasiones desbordadas; pensemos en los celos de Othello, en la ambición de Macbeth, en el amor filial del Rey Lear o en la duda de Hamlet, todos, como Romeo y Julieta, están abocados a la muerte.Esta predestinación se potencia en esta obra con expresiones de la Biblia que igualan la situación dolorosa de la pasión de Jesucristo a la que vivirán las familias; el propio Capuleto vaticina: «¡Vamos, moveos, moveos, moveos! El segundo gallo ha cantado».

La estructura de la obra participa de la tradición pues está dividida en 5 actos. La aparición del Coro recuerda asimismo a la tragedia griega, aunque de forma contraria ya que en la Grecia Clásica el coro llegó a estar formado por 50 bailarines y cantantes cuya función era ir poniendo en situación al espectador, dado que lo normal es que sólo hubiese un actor. En Romeo y Julieta aparecen veintisiete personajes, más los figurinistas ciudadanos de Verona, parientes, o pertenecientes al séquito del Príncipe, y el coro es un solo personaje que, al principio de la obra la presenta de forma general, y vuelve a aparecer al comienzo del Acto II por última vez, anunciando un cambio: Romeo ya no está enamorado de Rosalinda sino de Julieta. La importancia y la solidez de los nuevos sentimientos se refuerza mediante la personificación de los mismos: «Deseo yace en un lecho de muerte y un joven Cariño abre la boca...». A partir de ahora, el amor será puro, (de tinte renacentista), sin cambios, por lo que no tiene sentido que el Coro vuelva a aparecer.

Todo este enfoque tradicional queda modernizado en la estructura interna, a través de la cual la obra se divide en tres partes, que coinciden con las tres apariciones del Príncipe: al principio, en la primera reyerta de Capuletos y Montescos, para administrar la paz «Si volvéis a agitar otra vez nuestras calles, vuestras vidas pagarán la ruptura de la paz». La segunda aparición es providencial, pues evita la muerte física de Romeo, aunque sentimentalmente éste muera de dolor «Pues por ese delito, inmediatamente le desterramos de aquí». Finalmente actúa de juez ante el horror de las muertes de los amantes, culpando de todo al resentimiento existente entre las familias, un odio capaz de igualar amor y muerte «el cielo encuentra medios de matar vuestras alegrías con el amor».

El Príncipe es la voz de la autoridad, que adquiere tintes divinos al aparecer entre los cinco encuentros de Romeo y Julieta: antes del primer encuentro, que tiene lugar en la fiesta, para advertir; antes del tercer encuentro, con sede en la celda del fraile, para castigar y tras el último encuentro, en la tumba, para administrar la paz.Los encuentros segundo y cuarto de los amantes se dan en el balcón, por lo que la estructura queda perfectamente ordenada, aportando sentido y unidad a toda la obra.

La técnica utilizada es igualmente novedosa puesto que al introducir elementos cómicos en un ambiente trágico aumenta la tensión. Las escenas del balcón son innovadoras, no sólo porque los espacios exteriores —también los del balcón— aportan una dimensión pública a la historia privada, sino porque le sirven al autor para agilizar el paso del tiempo y mostrarnos la fuerte personalidad de Julieta (ella sola declara su amor por Romeo y no duda en tomar la iniciativa para defender ese amor).


Así pues estamos ante una obra totalmente actual, de ahí que su influencia sea notable en todas las artes: óperas, cine, pintura, escultura... Y es que, el amor imposible, el rencor o el miedo son universales.