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sábado, 31 de marzo de 2018

MARTÍN ZARZA




Ha recibido el Premio Prometeo de narrativa por lo que Miguel García Serna es una promesa novelística; andando el tiempo espero con absoluta sinceridad, que sea una realidad, pero por ahora, tras leer el primer tomo de Martín Zarza creo que estamos ante literatura juvenil. Aunque el protagonista, quien da nombre a la novela, tenga 28 años, su forma de pensar, sus expectativas, sus progresos truncados, su personalidad disparatada, sus problemas de comunicación, así como la desorientación que ostenta en sus ambiciones o en sus sentimientos son de un adolescente. Hay algo paradójico en sus actos y su razonamiento, No es habitual que un chico que trabaja en una televisión local y en una productora en la que realiza vídeos para cursillos en español lo deje, porque su sueldo es precario, sin tener nada a la vista y más cuando se va a ir a vivir solo a otra ciudad, donde no va a poder recibir ayuda de ningún amigo o familiar. Además Martín, ambicioso, aspira a un trabajo en toda regla, un trabajo en el que poder ascender, que se le tengan en cuenta sus conocimientos, titulaciones y demás elementos que suelen conformar un currículo; el suyo, casualmente está lleno de verdades a medias, no ha terminado la carrera y no ha hecho otra cosa que lo anteriormente citado. Esto es propio de una mente soñadora adolescente, que con cualquier evento construye un castillo en el aire que se derrumbará ante el más mínimo contratiempo.

El caso es que se veía venir; en poco tiempo Martín se queda sin ahorros y sólo cuenta con la fantástica casa de un tío que, repleta de buena música y literatura, le deja en herencia, por lo que decide alquilar la única habitación e instalarse él en el estudio. Hasta ahí voy a desentrañar la novela, sin embargo no me resisto a insistir en que las razones por las que se guía para alquilar la habitación, sin pedir referencias ni pago por adelantado ni cualquier garantía, son exclusivamente la atracción física que siente hacia una chica que quiere alquilarla

La única tía que se ha interesado era una estudiante de no sé qué ingeniería y, como corresponde a su gremio, era más fea que un tritón. […] Ella ha llegado hoy y se llama Julia. Julia es un ser perfecto, una criatura del Señor […] Me siento trastornado […] Hoy cuando le enseñaba el piso me dio por decirle que le iba a poner televisión […] que para mí ahora es lo que para alguien normal es un yate o algo así de superlujo.

De nuevo su edad natural contrasta con la mental. Para pensar es necesario utilizar únicamente el cerebro y lo sorprendente es que, con una chica delante, es lo que no usa. Por eso encuentro la novela ideal para adolescentes. Los temas son aquellos a los que se enfrentan los jóvenes de hoy, el paro, la soledad y la frustración; ese determinismo que parece hundirlos cuando algo no les sale bien, porque aunque creamos vivir en una población bondadosa con los chicos de clase media-alta, en realidad somos parte de una sociedad engañosa, que miente a los niños para no traumatizarlos: no se les puede llevar la contraria por si se deprimen, hay que respetar sus derechos para que se sientan importantes; pero es una sociedad blanda a la hora de exigirles esfuerzo hasta que, una vez abandonan el instituto, aparece la cruda realidad que rompe, de un mazazo, todos los sueños que tenían. O se trabaja duro, o se es constante o pierdes para siempre, porque es un mundo competitivo, que no va a regalar nada

Todos esos rollos psicológicos de complejos, rencores, trampas, manipulaciones… Todo eso impone una dinámica, una forma de relacionase y de vivir, la única que pueden llevar, que es insoportable y agotadora.

Así que el protagonista, como tantos otros, acorralado, miente y exige a los demás lo que no se ha exigido a él mismo. Esta contradicción, y esto es lo más triste, continúa hasta la madurez, de ahí que Martín Zarza, a pesar de sus años, sea un ejemplo bastante realista de lo que está ocurriendo en la actualidad. Puede ser que, como la esperanza de vida es mayor, también lo sea la infancia, la adolescencia y la juventud.

Todo lo que implique reconocer que debemos hacer algo, que tenemos deberes, se puede posponer hasta la eternidad; contradictoriamente los derechos se adelantan hasta casi la ridiculez, los niños tienen sus móviles, sus redes sociales, sus discotecas… y cada vez hay más parados, más borrachos y, aunque no aparezca en la novela sino que se insinúe, a veces de forma nítida, más machismo.

Mi ofensa a Roger fue una infamia sin valor basada en mentiras […] que se vuelve ahora contra mí […] ellos están allí fuera, haciendo lo que quieren, y tú estás aquí, solo, sin hacer nada. Pero… todo parece centrarse en ella, en la chica que estaba con ellos […] como si fuese la representación viviente de todo lo que nos separa a Roger y a mí

Las críticas sociales son abundantes, tanto de manera directa, hacia la precariedad de contratos y el aprovechamiento que las empresas suelen mostrar hacia sus contratados

Me dijo que lo reconsiderase, incluso puso sobre la mesa un contrato de ser humano libre, con vacaciones, alta en la seguridad social, con un “salario” de verdad y todos esos “privilegios” como ella los llamaba

como de forma implícita, en las dificultades que surgen al independizarse

Lo peor de todo ha sido el papeleo. Que si el empadronamiento que si la domiciliación de facturas, que si el médico (mil putos papeles, por cierto, como si viniese de otro continente o algo así. Les faltó ponerme en cuarentena)

Las alusiones a los sueños, enfrentados a la realidad de la manera más cruda se muestran matizadas mediante el humor, una característica constante en García Serna

Sé que esta vida de aristócrata tiene más de espejismo que de realidad, […] acabaré […] puteado como la mayoría con una vida insulsa, malgastada en trabajos de mierda, embalsamado en el conformismo

Al igual que los sueños se desvanecen al toparnos con la realidad, ésta nos hace pensar que lo vivido debe ser un sueño, puesto que también puede desaparecer en un momento determinado. Nada es seguro. Nada es para siempre. Y de nuevo, son las redes sociales, la escasez de humanismo que hay en ellas, las responsables de que el hombre no sea realmente libre; aunque nos creamos con poder absoluto de hacer lo que queramos, la carencia de intimidad, ligada a la falta de libertad y de pensamiento es una constante en aquellos que son fruto de la cibercultura

De vuelta a la carpeta donde se almacenaban las descargas […] Abrió una «Curriculum vitae» […] Entonces llegó al “curriculu” de un antiguo empleado de la construcción de cincuenta y seis años […] y al final de todo… una descripción de su situación familiar… que apelaba textualmente a la caridad de quien tuviera a bien contratarlo

Hay otra curiosidad de contenido, pues la novela empieza con el protagonista dentro del Mercamil, un supermercado de Sevilla, y termina prácticamente ahí. El Mercamil es el eje vertebrador de la novela, como representante de la sociedad actual y como parte de la vida de Martín, de ahí que en esa microsociedad aparezcan los tópicos representantes de una clase social, las típicas muletillas y las consabidas triquiñuelas para aprovecharse del más débil y reforzar así la falta de imaginación, de cultura y de libertad de nuestro país

Ser reponedor es una mierda […] la gente pasa por mi lado como si estuviese camuflado en la decoración […] He aquí uno de los mensajitos que ponen a todas horas, antes de anunciar la oferta de turno
Mercamil te gusta
Mercamil calidad.
Ni rima ni mierdas; así, tal cual, mil veces repetido […] ¿Quieres comprar arroz? pues te jodes y pasas por donde están las salsas, los huevos y demás […] EL ENCARGADO […] es un tío gordo y calvo […] bastante siniestro […] no se cortaba a la hora de mirarle las tetas a Charini y a mí me hablaba como si fuese subnormal, en plan «Oye, tú…

En cuanto al estilo, me gustaría destacar que el narrador es omnisciente, con diálogos directos. Esto consigue aproximar al lector e infundir realismo, máxime cuando está salpicado de una variedad geográfica, el andaluz, escrito de manera tan cerrada que en ocasiones es una garantía humorística, pues llega a reflejar la falta de entendimiento que puede darse entre habitantes que no hablan un mismo dialecto o modalidad verbal. Por eso se vale también de las jergas, a veces, cuando quiere representar a un personaje determinado

—Hola —contestó ella […] —¿Taheta sociomí?
—¿El qué?
[…]
—Que si tiene tarheta de púntoh del supermercao —le aclaró

Otra característica del realismo es aportar datos indecisos, algo que viene utilizándose desde el siglo XIII, con Berceo y que aún hoy sigue surtiendo efecto

Ya no recuerdo por qué, pero me puse esa cifra en un principio, 1.700 euros, cuando estaba planificándome el viaje

Sin embargo hay expresiones totalmente líricas, incluso capítulos que forman un auténtico microrrelato. La variedad estilística es notable

VIII
La noche que Julia llegó al piso, Martín apenas pudo dormir. Tenía la impresión de que el hombre del cuadro, que ahora estaba colgado en una pared del estudio, lo acosaba en la oscuridad.

El estilo es ágil, comienza in medias res y termina de manera abierta, como si fuese el final de otro capítulo, de ahí que se sepa con certeza que, al menos, hay una segunda parte

Era el cerrajero. Después de explicarle que él no lo había llamado […] Martín volvió al dormitorio. Deshizo la cama […] y metió toda la ropa en la lavadora

aunque también refleja la miseria que supone para el ser humano estar solo.

Queda mucho por conocer de Martín, de su compañera de piso y de sus compañeros de trabajo. En cuanto al pasado, sabemos lo necesario, lo que nos interesa, bien por diálogos

—No sé si habrá sido mi imahinación, pero he notao como que había mal rollo entre Roger y ese amigo vuehtro […]
—Las rivalidades, nena, que son muy malas

bien por su diario

Solo importan la experiencia laboral, los estudios […] Dejar la carrera es como un sacrilegio para ellos

En esto encontramos otra originalidad del autor, pues en cuanto Martín descubre en casa de su tío una máquina antigua “Hermes Baby”, decide escribir un diario de todo lo que le sucede en Sevilla desde que llega allí. A lo largo de ese diario observamos las ilusiones, los sueños y expectativas que tiene al llegar, cómo se van diluyendo con el paso del tiempo, cómo vuelven a la más mínima oportunidad y cómo va madurando desde que se da cuenta de que debe arreglárselas solo.

…ahora me comporto como una persona ordenada y pulcra. En ocasiones me sorprendo a mí mismo haciendo cosas como cuadrantes de comidas y planes de limpieza

El narrador omnisciente es quien va exponiendo la personalidad de Martín, sus pensamientos y formas de actuación ante determinadas situaciones, es más detallista. Martín, en su diario, se centra, después, más en los actos, con un lenguaje mucho más coloquial, a veces vulgar, lo que no le impide alabar las Humanidades, tan denostadas y vapuleadas hoy por el Ministerio de Educación y Cultura, y de las que él es un reflejo perfecto

Sé que sin Borges no habría habido Cortázar ni muchos otros que ya sí me gustan […] ha sido maravilloso volver a leer como antes […] leer a Chejov para mí es como escuchar una vieja canción impregnada de pasado

La mezcla de símbolos que ya forman parte de nosotros mismos, con los sucesos reales, es una combinación perfecta para que fluya el humor, si bien no desatando la carcajada, sí manteniendo la sonrisa en numerosas ocasiones

El cielo bajo, amenazante, lleno de nubes compactas y oscuras […] casi parecía que de un momento a otro iba a surgir de entre las nubes una B enorme

Asimismo la ironía es perfecta para hacernos sonreír y en Martín Zarza, los comentarios irónicos, de la mano del propio protagonista son un reflejo más de las condiciones casi infrahumanas por las que deben pasar aquellos que buscan la autosuficiencia en la vida

…el puto calentador del agua […] (ahora me ducho solo cuando no queda más remedio […] cuando empiezo a oler. Es lo bueno del invierno y de no follar, que no sudo)

martes, 4 de octubre de 2016

LAS MIL Y UNA HISTORIAS DE A.J. FIKRY

Compré Las mil y una historias de A.J. Fikry porque me gustó lo que leí en la contraportada «Esta es una historia de genuino amor libresco, destinada a todos aquellos que abren los libros para oler sus páginas y acarician el lomo cuando los dejan en la estantería». La portada también me atrajo aunque me hizo sospechar que iría dedicada al público juvenil.

Y, efectivamente, este es uno de los casos en que he acertado de pleno. La novela, si hubiera que elegir un calificativo, es maravillosa, con la acepción que se da a los cuentos maravillosos, es decir perteneciente a un mundo donde lo imposible parece posible.

Y no es que en ese mundo exista magia, habiten duendes, hechizos o genios buenos o malévolos, es que Alice Island, lugar donde ocurren los hechos, evoca un universo ingenuo y deslumbrante donde todo está tocado por un punto fantástico.

A.J. Fikry es un joven librero algo atípico. Atormentado desde la muerte de su esposa en un accidente de tráfico, regenta la librería, en la que habían puesto sus sueños cuando se casaron, con un carácter duro, huraño, sin concesiones a nada ni a nadie, ni siquiera a él mismo. Pero un día aparece en el local una niña pequeña que lo cautiva de tal modo que, ya a las veinticuatro horas, le propone a la policía adoptarla. La niña se llamará Maya Tamerlán, en honor a un libro valiosísimo de Poe, que le acaban de robar.

Maya conseguirá que su padre se relacione con el pueblo, abra las puertas de la librería para actos culturales y se case con Amelia, una representante de la editorial Pterodactyl, de la que se enamora. Cuando A.J. Fikry consigue tener una vida plena y feliz, Maya se convertirá, por razones del destino, en el hada protectora de Amelia, su madre desde hace años, con quien abandonará el pueblo una vez se aseguran dejar la librería en manos del buen policía Lambiase y su nueva mujer Ismay, cuñada de Fikry. Los poderes benefactores de la librería seguirán actuando en Alice Island.

Creo que cuando Gabrielle Zevin escribió Las mil y una historias de A.J. Fikry no se planteó si los hechos podían suceder realmente en un lugar; simplemente elaboró una historia en la que el verdadero protagonista es el libro en general, y la novela en todas sus acepciones en particular. Y puesto que a un relato todo le viene bien, no nos planteamos que el carácter de Fikry cambie tan pronto, o que la niña se adapte maravillosamente a su nuevo hogar y padre, o que éste pueda adoptarla sin ninguna dificultad, o que el policía anteponga su amor a la investigación de un robo, o que nadie en el pueblo se cuestione la “rara” actitud del escritor que acude a la librería a firmar libros, o que el marido malísimo de Ismay muera en un accidente de coche, igual que le ocurrió a su hermana, para solucionar la vida de dos personas. Los sucesos de la novela forman un conjunto perfectamente coherente dentro de ese relato imaginario.

La estructura de la novela es totalmente original. De hecho, lo que más nos hace pensar son los comentarios que A.J. Fikry, a modo de dedicatoria, realiza a Maya en los libros que abren los capítulos.

Los autores de dichos libros o relatos, son, en general, los grandes de la literatura de habla inglesa, y Fikry escribe algún recuerdo de ese libro, que el lector puede ver conectado al argumento. De ahí Las mil y una historias de A.J. Fikry. Son trece capítulos, encabezados por trece títulos diferentes y doce autores, pues Roald Dahl, no podía ser otro, abre y cierra la novela, incluso en este matiz se da la estructura cerrada, por lo que de ningún modo podemos separar a estos autores con sus obras de la propia novela. Los trece capítulos están divididos a su vez en dos partes, en la segunda observamos una cierta diferencia. Maya es adolescente, más independiente, demuestra que puede ser autosuficiente, mientras que A.J. empieza a deteriorare. Indicio que, al final de la novela, certificaremos como consecuencia del transcurrir de la vida.

El primer capítulo Cordero asado conecta con Las mil y una historias... de la forma más sencilla, también A.J. se prepara la cena a partir de carne congelada, pero esto es una excusa para identificarse con la soledad de la protagonista del relato de Dahl.

El segundo, Un diamante tan grande como el Ritz, novela corta del perteneciente a la generación perdida americana F. Scott Fitzgeral, alude a la pérdida millonaria que Fikry sufrió con el robo de su Tamerlán.

El tercer capítulo, La fortuna de Roaring Camp, de Bret Harte, pone en paralelo la adopción de Maya con la del bebé indígena al que el campamento minero pone por nombre “Fortuna”.

Todo un mundo, del maestro actual del relato corto norteamericano, Richard Bausch, presenta a una niña que vive sola con su abuelo y debe saltar el potro en una exhibición del colegio. Asimismo Maya va aprendiendo nuevas cosas con su padre.

Un hombre bueno es difícil de encontrar, de la escritora Flannery O’Connor alude a como Fikry encuentra a Amelia, con la que conecta y descubre su personalidad a través de los libros que lee.

La célebre rana saltarina del condado de Calaveras está considerada como una historia humorística de Mark Twain, aunque personalmente creo que es cruel y despiadada —puede que el humor del siglo XIX fuera muy diferente al actual—, sin embargo Zevin, la une a su novela a través del nombre del protagonista: el falso predicador Leónidas Smiley tiene algo de irrisorio del falso escritor Leon Friedman, quien protagoniza un suceso deleznable en Island Books.

Para el día en que se casan A.J. y Amelia, día en el que el infiel Daniel muere en un accidente de coche cuando regresaba a su casa con su mujer Ismay, Gabrielle Zevin ha elegido, oportunamente como relato referencial, Las chicas con sus vestidos de verano, de Irwin Shaw.

La segunda parte se abre con alusiones al futuro, de ahí que la feminista y activista contra la guerra Grace Paley sea la encargada de recordarnos, en Una conversación con mi padre, la mejor manera de escribir una historia. Al igual que los protagonistas de Paley, A. J. y su hija no se ponen de acuerdo, Maya comienza a dar señales, con sus catorce años, de inconformismo e independencia.

J. D. Salinger relata el suicidio de un joven en Un día perfecto para el pez banana. De la misma forma, en este capítulo, Maya queda finalista en un concurso de relatos con Un viaje a la playa donde imagina cómo y por qué su madre biológica Marian Wallace tuvo que abandonarla para ahogarse después en el mar.

El corazón delator, de E.A. Poe, da pie a que el policía Lambiase descubra el paradero del Tamerlan.

Aimee Bender escribió en 2005 un cuento tristísimo sobre el dolor de ser diferente, Cabeza de plancha, que recuerda al horror que tuvo que padecer Marian Wallace al darse cuenta de que para que su hija pudiera sobrevivir ella debería desaparecer.

Uno de los hombres clave del Realismo Sucio norteamericano, Raymond Carver, es el elegido para que, al leer De qué hablamos cuando hablamos de amor, Maya y Amelia recuerden el amor y la unión tan fuerte que tuvieron con A.J.

Por último, cierra Roald Dahl la novela con El librero, no podía ser otro, para recordarnos que mientras existan libros existirá la vida porque los libros permitirán conectar con todo lo demás a quienes se rodeen de ellos.

Una estructura redonda, un argumento redondo que se lee fácilmente. Las descripciones son acertadas a pesar de ser escuetas «Tiene más de sesenta años y, aunque no está gorda, le cuelga la piel, como si con el tiempo se le hubiesen encogido los huesos. Sus dedos siempre enjoyados parecen tener una articulación de más».

También los diálogos, breves, son propicios para destacar el humor, la inocencia, o la bondad de los personajes

—¡Hola, preciosa! ¿Cómo estás?
—Adoptada —responde ella
—Caramba, qué palabreja —Lambiase mira a A.J.—
[...]
—[...] Además creo que yo debería ser su padrino —dice Lambiase
—¿Y eso qué implicaría exactamente?
—A ver, pongamos que tiene doce años y la pillan robando en unos almacenes. yo podría mover algunos hilos
—Maya nunca haría algo así.
—Eso piensan todos los padres —afirma Lambiase—. Básicamente, yo te echaría una mano

Sin embargo los diálogos serios que marcan las relaciones son muy flojos, por lo que no profundiza. Los personajes son bastante planos; es cierto que evolucionan, pero llegamos a esa conclusión casi de improviso, apenas podemos reflexionar en los cambios, incluso algunos de esos cambios parecen introducidos de forma poco natural. Es ahí donde tenemos la impresión de estar ante literatura juvenil, los hechos ocurren y no se cuestionan. El paso del tiempo, como en los cuentos, se marca directamente. «Se desviste con la luz encendida. Quiere que vea cómo es una mujer de cincuenta y un años». De hecho, el estilo del cuento que escribe Maya, con catorce años, es el mismo que el del resto de la novela. Aun así, creo que se puede leer, las dedicatorias de A.J. a su hija son maravillosas y nos revelan todo lo que necesitamos saber del protagonista

Un día a lo mejor consideras la posibilidad de casarte. Elige a alguien que piense que eres la única persona que hay en la habitación.

Nos recuerdan todo lo que podemos extraer de la literatura


Sabes todo lo que necesitas saber de una persona con la respuesta a la pregunta: ¿Cuál es tu libro preferido?