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viernes, 2 de octubre de 2026

MIRADAS INESPERADAS


Hace mucho tiempo que conozco a Rosalía. Fue alumna mía; no recuerdo el curso ni el año en que le di clase pero, la sonrisa en su cara ladeada al hablarme no se me olvida. Después seguí viéndola por la ciudad, incluso coincidí con ella a menudo cuando empezó a trabajar cerca de donde vivo. Sé que le encanta leer, le apasiona el cine y es una entusiasta del deporte; cuando empecé a seguirla en Instagram no me extrañaron las buenas críticas que hace de películas o de novelas. Siempre ha sido bastante madura. Y de pronto veo que ha escrito una novela.

En ese momento la compré y aquí estoy, dispuesta a hablaros de Miradas inesperadas. La técnica empleada no es nueva pero tampoco es usual. La novela comienza in medias res, en un presente en el que Adriana pretende tranquilidad aunque no lo consiga. Por eso, a pesar de trabajar en un lugar que adora, una librería, su mundo se viene abajo cuando ve aparecer por la puerta a Daniela. A partir de ese momento, los capítulos de las cuatro partes del libro alternan la voz narradora de ambas protagonistas y, entre las dos van contando su historia. Para ello, la segunda parte supone retroceder al pasado, diez años antes, de manera que los lectores estemos al tanto de qué pasó, cómo se conocieron, cómo descubrieron, al conocerse como profesora y alumna de la universidad, que eran homosexuales, o bisexuales ya que ambas tenían pareja heterosexual con la que disfrutaban…, hasta que se encontraron y la atracción pudo más que cualquier otra cosa. Durante el curso académico se vieron sin que los demás, ni siquiera sus parejas, sospechasen de sus sentimientos. Y cuando todo parece que se va a normalizar, Daniela se va de la ciudad sin dar señales de vida hasta ese presente diez años después.

Ahora, Adriana creía haberla olvidado con su trabajo y su nueva chica, Sara. Será en la tercera y cuarta partes, cuando asistamos al final de la historia. No quiero desvelar nada para no influir en la lectura. En este final todo es posible.

Rosalía Ruiz Gutiérrez ha dejado algo de ella en la novela, pero eso no es importante, lo bueno es que nos ha ofrecido dos puntos de vista distintos de una misma historia. Los lectores sabemos más que las protagonistas, conocemos sus temores, sus dudas, las ilusiones que las embargan y podemos llegar a una conclusión que puede parecer evidente: Cuando hay verdadero amor todos esperamos lo mismo. Lo vivimos de distinta forma pero el objetivo es idéntico: estar con la otra persona a costa de lo que sea «No iba a ser agradable. Tendría que empezar a sentarme en la última fila y fingir que la asignatura ya no me interesaba». «Al día siguiente volvería a arrepentirme y tendría que volver a fingir que nada de aquello había ocurrido».

Nuestra autora ha construido dos personajes que, en principio parecen distintos pero coinciden en lo fundamental; Daniela es dieciocho años mayor que Adriana pero esta disfruta con actividades más relajadas que las que llevan a cabo sus amigas.

El tono de las dos protagonistas podría confundirse; sin embargo, cada una procesa las emociones de diferente manera; probablemente Daniela, por su situación y edad, se muestre más cauta ante el amor que poco a poco se va instalando en ellas; Adriana es más impaciente «Me aterraba el hecho de que, a la mañana siguiente, todo hubiese cambiado […] me miró y la besé de nuevo» «…contemplamos juntas la salida del sol. Solía pensar que los momentos mágicos no existían pero aquel fue uno de ellos».

El ritmo es constante, Rosalía Ruiz ha conseguido gestionar el tiempo y la tensión de forma equilibrada. A veces los diálogos, cortos, parece que lo van a acelerar pero la voz narrativa se introduce en las réplicas para señalar acciones o pensamientos. Sin embargo estas acotaciones no lo ralentizan, porque no hay descripciones excesivamente detalladas ni subordinadas complejas que propongan reflexiones profundas. La lectura fluye fácilmente, los capítulos suponen básicamente una escena; no son largos y terminan sin aclarar cuál es la consecuencia de lo contado que normalmente puntualiza la siguiente narradora, cuando cuenta su impresión sobre el hecho y alivia la intriga que dejó la anterior. De esta manera las vamos conociendo a las dos y, sobre todo, podemos contrastar las circunstancias de cada una.

Rosalía ha escrito una primera novela de estructura difícil; no es sencillo ir aportando visiones parciales de una historia que se vayan complementando mientras se relacionan, pero la autora ha conseguido que entendamos que la vida tiene diferentes perspectivas y que la vivimos según nuestra forma de verla o de enfrentarnos a ella. No hay que pasar por alto que una misma situación supone más o menos dificultad según se experimente, por lo que toda verdad puede llegar a ser cuestionable.

Hay algo que me ha llamado la atención; tanto Adriana como Daniela tienen pareja heterosexual y están bien. Daniela lleva viviendo siete años con Alberto y se presentan estables, disfrutan del sexo y de las salidas. También Adriana, aunque algo más reacia al principio, disfruta con Román y siente que está a gusto con él como confidente y amigo. Sin embargo cuando ambas chicas se conocen todo se desborda; la culpa se instala en ellas aunque no se planteen abandonar a sus respectivos chicos. Da comienzo una relación con altibajos; es placentera pero no quieren seguir con ella para no dañar al otro, la confianza que había en la pareja heterosexual deja paso a la mentira, mientras que ambas mujeres desean que el tiempo pase rápido y ponga las cosas en su sitio.

¿Pasa esto en todas las relaciones homosexuales al principio? ¿Son más intensas en los aciertos y en los errores? Al leer Miradas inesperadas entendemos que sí y que no pasa nada, que todo el mundo tiene derecho, tenga la edad o la condición que tenga, a disfrutar de una vida sexual y relacional plena y feliz.