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sábado, 1 de agosto de 2020

CUANDO LA VIDA TE ALCANCE



He terminado un libro que he seguido con interés creciente, es decir, conforme avanzaba en su lectura, esta se hacía más interesante, probablemente porque la trama no se expone de forma lineal sino por puntos de interés.

La novela comienza in medias res. Estamos en el año 2000. La narradora, en tercera persona, nos introduce en un momento clave de la vida de Helena Sabater «mientras pensaba dónde comenzó todo, dónde se había roto esa relación con su madre» y después nos lleva hacia atrás o hacia delante en el tiempo, hasta que somos capaces de construir la vida de la protagonista. Y entenderla. ¿Por qué hablo de narradora? No lo sé, pero en la novela se impone la voz de la mujer, una voz que pide ayuda desde el principio porque teme lo peor, morir por dentro mientras el cuerpo sigue con vida. Esta narradora, abandona en alguna ocasión la tercera persona para hacerse eco, en una segunda totalmente íntima, del pensamiento de Helena, el
que constantemente la martiriza y calma a la vez, «Se dejaba llevar mientras en su cabeza martilleaba un único mensaje: con lo que él hace por ti… Después de todo, aunque no te diga que te quiere, siempre acaba por hacerte el amor».

La protagonista no se dirige en primera persona a los lectores y sin embargo nos habla. La autora no se introduce en ningún momento en la novela aunque podamos seguir su rastro a lo largo de la narración. La presencia de Helena cuenta sobre el alma de Rosa. Al menos es lo que yo he sentido cuando, al llegar a un final demoledor, asistimos a unas expectativas totalmente esperanzadoras para la protagonista. Y descubrimos, al seguir leyendo, el optimismo vital, la fuerza que Rosa Sanmartín ha dejado en su historia.

Asimismo los diálogos constituyen una eficaz estrategia mediante la cual la voz de la narradora desaparece para que hablen directamente los personajes. El intimismo de Cuando la vida te alcance aflora en estos diálogos, normalmente entre dos interlocutores. Helena y Carlos introducen en sus conversaciones algunas circunstancias clave para entender las acciones que llevan a cabo otros personajes. Conocemos y comprendemos a Fifín según hablan sus hijos. La espontaneidad que marca las charlas entre Helena y María revela las sensaciones de impotencia e invisibilidad que atormentan a las lesbianas. Y en las palabras que David le dirige a Helena sabemos que la relación no tendrá nada que ver con aquella tan tóxica por la que pasó con Andrés.

Cuando la vida te alcance es, a pesar de la dureza que encierra, una novela bella. Desde el primer momento surge una complicidad entre autora y lectora (continúo hablando en femenino porque las experiencias de sus personajes son el reflejo de una clase oprimida). La narración es el testimonio de la lucha contra el silencio y contra determinados patrones que aún hoy impone la sociedad. Por razones de sexo la mujer siente que ha sido oprimida desde la infancia, debe demostrar que es superior en todos los aspectos si quiere tener las mismas oportunidades que el hombre. «…mientras su jefe se limitaba a pasar por la oficina a recoger los cheques que ella iba peleando día tras día».

Miramos a Helena, miramos a María y vemos, como en un espejo, la frustración, el encierro que la tradición social y familiar ha supuesto para la mujer, sentimos la asfixia, la necesidad de salir para poder respirar sin dificultad.

También la protagonista se adentra en su conciencia al mirar la fotografía familiar de la boda de su hermano, «esa chica, con traje de chaqueta beige y pelo recogido, lloraba por dentro». La foto le devuelve su imagen destrozada, carente de autoestima que, sin embargo, reclamaba la presencia de aquél que la había castigado, nuevamente, con su ausencia «Echó de menos a Andrés», sin darse cuenta de que lo que realmente pedía era no sentirse sola.

Helena Sabater ha disfrutado de una infancia feliz, ha gozado del cariño y la complicidad de su hermano, del cariño y la libertad que le permitían sus abuelos, del cariño y la protección de su hogar. Cuando decide llevar a cabo sus sueños ve como esa protección se transforma en coacción. La falta de comunicación familiar será el detonante para que ella busque la libertad fuera de casa. No quiere repetir el patrón seguido por su madre y por tantas mujeres que dejan «su trabajo para dedicarse a la casa y al cuidado de su hijo». Y cae en las redes sibilinas de Andrés, que la atrapa y la rompe en mil pedazos hasta conseguir que abandone a su familia, a sus amigos y a ella misma.

El machismo de Andrés se va alojando en el subconsciente de Helena. Desde el principio está implícito en todos los momentos de su relación. La manera de pensar, sentir y actuar de Andrés consigue el pensamiento, el sentimiento y la actuación de Helena. Ella deja de ser persona para ocupar el lugar de una marioneta vulnerable. Ambas identidades, la de Andrés y la de Helena, se van forjando a ojos del lector, que ve en el maltratador a un acomplejado, alguien que se considera inferior aunque nunca lo reconozca, alguien que necesita demostrar una falsa supremacía, manipula a la mujer para que se sienta culpable y agradecida de contar con su protección, por eso sus técnicas venenosas están disfrazadas de paternalismo.

A punto de ser anulada del todo, Helena reacciona y aun contando con la oposición familiar, abandona a Andrés aunque esto conlleve abandonarlo todo «Fifín estuvo encantada de que su hija, aunque fuera con otro filósofo, saliera con alguien que la cuidara tanto»

Helena se siente confusa ante la actitud de Andrés, el lenguaje que emplea con ella es más duro, incluso violento, algunas reacciones le resultan incomprensibles, pero él sabe muy bien lo que sucederá después, está seguro de las respuestas que va a obtener y sabe bien cómo vengarse sin que lo parezca. Porque Andrés es el retrato perfecto del maltratador, posesivo, inútil, acomplejado y cobarde. Pero todo tiene un límite que no queremos cruzar, por miedo o por valoración personal, y cuando Helena se da cuenta de que su vida peligra se aleja de todo, buscando en el Pirineo su propia independencia, no es consciente de que en ese momento su identidad no le pertenece, es la que ha querido forjarle Andrés. Sin autonomía no podrá sobrevivir sola. El espacio inclemente, el clima extremo son metáforas de su circunstancia personal en la que la busca de la personalidad, de la madurez, se convierte en algo imposible si no es con ayuda. Y la tiene. Tara y María se encargarán, desde dos posiciones diferentes, de conseguir que Helena vaya saliendo a la superficie. Cuando se da cuenta de que está preparada para caminar sola, cuando por fin la ha alcanzado la vida sabrá en qué consiste, momentos duros, terribles que podrán superarse mediante la comunicación hasta que queden ocultos por el amor.

Los temas que aparecen en Cuando la vida te alcance son universales, el amor, la amistad, la condición de la mujer, la violencia de sexo han sido tratados desde el comienzo de la literatura. Sin embargo Rosa Sanmartín consigue, con su estilo sencillo, directo, que pertenezcan al ámbito privado. Y el lector va descubriendo, tras cada página, la grandeza de lo cotidiano.

Cuando la vida nos alcance hemos de estar preparados. Es un proceso, largo, de construcción de la personalidad, que se lleva a cabo a través de la palabra. Cada vez que hablamos, con sinceridad, construimos parte de un camino que nos llevará a la verdad de nosotros mismos.

La palabra es un instrumento que le sirve a Rosa Sanmartín para hurgar en nuestro interior. Helena lo utiliza para profundizar en ella misma hasta que encuentra su propia identidad.

Ambas rompen con los mitos y los estereotipos haciendo oír la voz de las discriminadas.

1 comentario:

  1. ¡Qué maravilla de reseña! Me confirmas muchas de las cosas que espero de esta novela. No puedo esperar, ¡tengo que leerla ya!

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