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miércoles, 2 de septiembre de 2020

LECTURA FÁCIL



Lectura fácil es un título engañoso; se lee bien, en eso no hay problema. No hay palabras difíciles, no hay metáforas complicadas, no hay términos especializados al alcance de unos pocos. En ese sentido es un libro de lectura fácil. Lo complicado aparece en el fondo, cuando se quiere profundizar en lo que piden las cuatro protagonistas. Lo complicado está señalado en la propia portada, en el subtítulo, que es de mayor tamaño que el propio título: Ni amo, ni dios, ni marido, ni partido, ni de fútbol. Aquí está el contenido y aquí está el problema, porque la sociedad está conformada según una estructura más o menos rígida pero totalmente inflexible. Lo lógico es que todos se atengan, incluso disfruten, a las normas que obligan a determinados comportamientos en determinadas situaciones. Normas que, por otro lado, siguen siendo patriarcales. Así que si eres mujer lo tienes más difícil, si eres discapacitado también se complica la vida, si seres discapacitada, mujer y además bisexual está claro que supones una lacra a la que hay que ocultar para que el perfecto organigrama social siga su curso. No importan los sentimientos de la afectada, que por otro lado, si es discapacitada no serán muchos.

Con este sarcasmo y dureza hacia la sociedad actual está escrito Lectura fácil. Cristina Morales se apoya en cuatro discapacitadas con diferente disfunción intelectual para que nos acerquen el punto de vista que otras personas, no preparadas para vivir independientemente, tienen del funcionamiento de distintas instituciones. En el análisis de estas cuatro familiares vamos viendo sus gustos, sus necesidades, sus sentimientos y las coacciones que deben sufrir desde que son diagnosticadas.

Las cuatro se expresan libremente; irónicamente, al ser discapacitadas no entienden de eufemismos, así que el lenguaje utilizado por todas ellas es directo, tanto que a veces golpea con fuerza para que paremos a tomar aire y reflexionar.

En Lectura fácil encontramos una crítica a la democracia, sistema que pone en marcha un excesivo paternalismo, para que todos se adapten fácilmente a lo considerado “normal” «¿Por qué crees tú que al público se le debe enseñar a mirar? ¿También tú crees que la enseñanza es algo inocente? ¿También […] crees en la alfabetización al margen de la politización emancipadora?». Y está claro que los que no tienen un coeficiente intelectual estándar no pueden adaptarse fácilmente a las normas estándar. En este sentido las cuatro protagonistas contradicen, desde su posición, al sistema sociopolítico. Ángels tiene un 40% de discapacidad, ha leído el manual Lectura fácil y, siguiendo al pie de la letra sus indicaciones, está escribiendo una novela autobiográfica desde el WatShap. Patricia tiene un 52% «y subiendo porque aunque estoy bastante buena por un trastorno alimentario adolescente y […] trastorno del lenguaje, tengo un poco de esclerosis tuberosa en el lóbulo frontal y otro poco en los ojos». Marga, con un 66% de discapacidad intelectual, se ha dado cuenta de que no es normal y eso le ha hecho caer en una fuerte depresión que la obliga a tomar pastillas. Nati tiene un 70% a raíz de un accidente que sufrió en la universidad, a punto de obtener el doctorado.

Las cuatro son primas, además Nati y Patri son hermanas. Desde la niñez, excepto Nati, pasaron un calvario por centros para discapacitados, separadas de los pocos familiares que tenían, y de su pueblo.

Ahora han conseguido vivir organizadamente en un piso tutelado, cada una ayudando en lo que puede, hasta que Marga cree que debería salir de allí para estar con gente “normal” con la que realmente se pueda integrar y la haga ser más espabilada. Así que se va del piso y recala en una reunión de okupas, que la ayudan a entrar en otro «todo lo que quiero es no vivir más con estas tres retrasadas que me están volviendo a mí todavía más retrasada, porque tener esta depresión y darme cuenta de las cosas (o darme cuenta de las cosas y por tanto tener esta depresión) es lo mejor que me ha pasado en la vida». Pero Marga supone otro problema para esta sociedad que quiere integrarla. Tiene un apetito sexual increíble y, al igual que pusieron a dieta estricta a Ángels para que no comiera tanto, quieren esterilizar a Marga para que aplaque esta necesidad. En las declaraciones del «proceso de solicitud de autorización para la esterilización de incapaces» vemos la falta de libertad y el acoso al que son sometidas por parte de las instituciones «no solo viene a nuestra casa sino que pregunta por nosotras en el barrio, le pregunta al chino de abajo, les pregunta a los vecinos y pregunta en el centro cívico».

También podemos intuir la falta de profesionalidad con la que se diagnostican algunas “diversidades” o superponer al bienestar del discapacitado el ahorrar un dinero a las entidades autonómicas, «y por su desidia hacia el bien común le pusieron a la Marga un porcentaje más bajo del que le correspondía y […] en vez de su integración […] favoreciendo su marginación, que es lo contrario a la inclusión, lo contrario al bienestar y lo contrario a la democracia».

Lectura fácil es difícil; está escrita desde diferentes formatos, de manera que constituye la exposición de un yo narrativo que se acerca al yo ensayístico, reflexivo, desde variados discursos. La carga discursiva poética de Ángels, la lógica teórica de Patri, la exegética de Nati y la primaria de Marga consiguen que la novela genere una nueva especialidad de narración autorreflexiva, que va cuestionando a posteriori lo expuesto en el discurso, «¿Qué ahora la Marga en vez de 66% tiene un 86% de minusvalía porque no se puede preñar […] y entonces hay que “discapacitarla” o “diversificarle” el “chirri”? ¡Pues se le discapacita, se le diversifica y “pa” su casa con doscientos euros más de pensión al mes!».

Al tener las protagonistas un grado más o menos elevado de discapacidad, sus pensamientos no forman parte de lo que entendemos los “capacitados” por sociedad sino que se construyen en el terreno de lo discursivo, de lo ficticio, aunque la finalidad principal sea profundizar en la crítica al sistema social real.

La novela de Ángels constituye un texto metaliterario sobre cómo escribir, es una literatura que trata de sí misma, de modo que se convierte en narrativa metaficcional que pasa a ser performativa en los saltos temporales, en las digresiones que convierten el decir en hacer, «esto es una digresión» «esto se hace siempre en los libros para que los lectores se enteren mejor».

El humor inocente preside las páginas de la novela de Ángels, lo vemos en la polisemia «oraciones significa frases, no oraciones de rezar», en el empleo del género lingüístico «aunque se diga solo lector […] pude ser una mujer», o en la comprobación de definiciones «rebeldía es cuando no estás de acuerdo con una norma y te la saltas […] Soy una escritora rebelde». Y a través de este humor nos adentramos en la tristeza de quienes no pueden tomar iniciativas, de quienes no tienen derecho a la queja, a la disconformidad, de quienes deben obedecer bajo amenazas, de quienes temen a las represalias. Nos adentramos en una sociedad que no es perfecta y además es especialmente cruel con aquellos que no se ajustan al patrón, aunque se empeñe en aparentar que es políticamente correcta.

Mediante las diferentes perspectivas de las protagonistas, la autora propone la dirección en la que leer la novela. La idea que desarrolla una de ellas se transforma en diferente por parte de otra, sugiriendo en esta cadena una transformación del sistema. La novela de Cristina Morales se traslada a la crítica social y nos la presenta desde la intención de conformar una construcción estética. El pensamiento de Morales está en el acoplamiento de los 4 juicios que son de una claridad meridiana aunque vienen, paradójicamente, de cuatro discapacitadas.

La hibridez de formas escritas: fanzine, novela, diálogo, declaración… supone algo que singulariza la narrativa actual posmoderna. Lo visible del mundo queda fraccionado y disperso entre verdades absolutas o relativas en las que la identidad de cada protagonista se disuelve en los reflejos que proyecta su espejo; reflejos de trasfondo epistemológico del hombre o la sociedad. Las verdades relativas conforman la oposición entre ficción – realidad. La intertextualidad establece relaciones con la realidad, por lo que desvela diferentes niveles de lectura. De esta forma, la crítica a la comercialización, a la mediatización social y a la vulgarización de la literatura para hacerla accesible a un público amplio se expone oculta en un pensamiento que sobrepasa el coeficiente intelectual pretendido, porque queda oculto en la ficción novelesca e impide la mímesis realista. Esto da como resultado la ironía carente de toda la ingenuidad expuesta en la que el lector, como interpretante de la lectura de ese mundo fantástico, irreal, es de gran importancia.

Lectura fácil es una novela totalmente actual, un híbrido que reivindica simultáneamente la metanovela, la autobiografía, la novela policíaca o el ensayo. Todos estos subgéneros tienen entidad propia, y al desarrollarse en cada trama forman parte de la trama general: el estado de una sociedad excesivamente normalizada en la que las diferencias a esa norma tienen poca cabida, no son bien vistas o, como mucho, a la larga resultan molestas. De este modo la ficción de Lectura fácil es mínima o lo menos llamativo; lo que leemos, sin apenas darnos cuenta, es un ensayo, o la crónica, de este mundo ininteligible del que formamos parte.

martes, 25 de agosto de 2020

BLACK, BLACK, BLACK


He terminado esta novela y estoy hecha un lío. Creí, al comenzarla, que no me iba a gustar y he terminado enganchada. No sé si es novela negra, si se trata de un diario psicológico o si volvemos al perspectivismo múltiple. Creo que es una novela que a la vez son tres, porque son las partes en las que está dividida. Tres puntos de vista. Tres protagonistas principales. Tres localizaciones desde las que se resuelve un caso de asesinato que lleva parado un año.

La policía no pudo detectar al asesino de Cristina Esquivel. Sus padres están convencidos de que su marido, Yalal Huseim, la mató y envió después a la hija de ambos a Marruecos con su familia. Pero la policía no culpa a Yalal, no hay pruebas que lo incriminen, no estaba en casa cuando sucedió. Así que los padres de Cristina contratan a Arturo Zarco como detective, para que encuentre lo necesario que pueda culpar a Huseim.

Partiendo de este hecho, hubo un crimen, la novela adopta en su primera parte, El detective enamorado, el punto de vista de Zarco, quien al llegar a la casa de Yalal se queda prendado de Olmo, un chico de 19 años que vive en otro piso con su madre, Luz. El detective intuye posibilidades y comienza una relación de aproximación al joven. Zarco es consciente de que a Luz, la madre de Olmo, no le gustará la pretendida amistad.

Durante su visita al edificio, pregunta a los vecinos para descubrir que nadie sabe nada, que a nadie le gustaba Cristina Esquivel y que puede haber más de un culpable. Por la noche, el detective habla con Paula, su exmujer, a la que abandonó tras decirle que era gay, para comentarle los avances de la investigación, Y ahora nota que estoy a punto de desmoronarme no sé si a causa de lo que he vivido o por su culpa. Arturo lee el diario que le ha dejado Luz, en el que por orden del doctor Bartoldi apunta cada día lo que hace, lo que piensa y cómo se encuentra con la nueva medicación. El detective encuentra algo raro en ese diario y se lo pasa a Paula para que lo ayude a interpretarlo «—Luz me ha dado algo que quiero que leas. Tú lo harás mejor que yo porque ella y yo nos parecemos demasiado».

La segunda parte, La paciente del doctor Bartoldi, es la autorreflexión que Luz va escribiendo día a día, comentando su vida personal, su fracaso como mujer y madre, y el éxito obtenido con otros propósitos. En el diario no solo se atribuye el asesinato de Cristina sino que describe el de aquellos vecinos a los que hizo desaparecer por diferentes causas.

Pero Marta Sanz da una tercera vuelta de tuerca y en Encender la luz, le da la palabra a Paula. Ahora es ella la que, para ayudar a Zarco, se dirige al edificio y a casa de los padres de Cristina y pregunta, engarza las respuestas que obtiene a las confesiones de Luz hasta llegar a lo ocurrido verdaderamente.

Nada es lo que parece en Black, black, black, una novela en la que lo más negro es el daño que quieren hacerse Paula y Arturo, a sí mismos y al otro. Arturo no se ha perdonado ser homosexual, no ha superado que hay otra vida, que es la que le gustaría llevar, libre de los prejuicios que lo llevaron a un matrimonio convencional para, lógicamente, maltratar psicológicamente a su mujer. Paula no se ha perdonado pensar en que su marido podría cambiar al estar con ella. En realidad no ha superado el defecto físico que la ha traumatizado desde siempre. Paula es coja y, al igual que Arturo, deberá aceptarse como es para poder vivir en paz. El problema es que aunque ambos creen que tienen asumidas sus circunstancias y han podido darse una tregua para entablar cierta amistad, la relación de dependencia-odio no ha terminado, porque si lo hiciera se sentirían completamente solos «es mi manera de seguir jugando con Arturo Zarco, que es un perfecto imbécil al que también le gusta jugar conmigo».

Arturo y Paula no se han aceptado a sí mismos, por eso llenan su realidad de ficciones, de todo aquello que les gustaría vivir. Necesitan contárselo al otro para demostrarle algo que no son, que no es real aunque darían lo que fuera por experimentar sensaciones de victoria «Casi no reconozco mi propia voz. Los nervios me hacen decir tonterías para no tener que acordarme de que no sé cómo voy a salir de aquí». Los reproches entre Zarco y Paula se ven interrumpidos por el resto de habitantes del edificio. Son los que aparecen en la segunda parte, en el diario de Luz. El resentimiento de los vecinos queda de manifiesto. Luz, una mujer sensible a la que le ha tocado vivir rodeada de sufrimiento, el abandono de su marido y el padecimiento consecuente al ser consciente de los cambios en su propio cuerpo «es sarna». El dolor y la repulsión al ver el daño ocasionado a los más débiles, desde las mariposas que colecciona su hijo, hasta los propios vecinos «Quizá, ahora que los armadillos ya están aquí, tiren del hilo y encuentren a la mamá de Abú hecha jabón de Marsella en las buhardillas, y a Piedad escondida bajo la cama de Clemente». También Luz necesita un mundo nuevo, otra realidad «proyecto mi vista circundante alrededor del espacio diáfano de la casa y así me distraigo».

Marta Sanz ha dejado en el centro de la novela toda la verdad de ese mundo real, pero el lector no lo sabe, debe descifrar al terminar la lectura, con Paula, dónde se esconde la mentira, dónde la mentira pasa a ser mera ficción en el escrito, dónde reside el poder de la escritura, capaz de encontrar grandes verdades en un mundo de engaños.

La resolución del asesinato pasa a un segundo plano. Lo más importante de la novela es el ataque a un sistema que acepta y encubre la violencia. Lo más negro de Black, black, black es la impunidad del más fuerte, del más poderoso, capaz de aniquilar al débil, al que está en inferioridad de condiciones haciendo que parezca que todo es normal, que la diferencia entre seres del género humano es lógica y necesaria.

A lo mejor la solución para arreglar esta sociedad corrompida venga de la mano de Olmo, «un elfo daltónico que colecciona mariposas».

Está claro que debemos mirar a los demás desde otro punto de vista. Como ha hecho Marta Sanz con la novela negra, consiguiendo que veamos los entresijos de esta mucho más asequibles de lo que parecen.

Como ha hecho Marta Sanz con su investigador privado, Arturo Zarco, alguien desmarcado del prototipo del detective, nada duro, susceptible de desmoronarse en cualquier momento, poco inteligente y rencoroso.

Como ha tratado Marta Sanz al idolatrado diario, un escrito que puede contener más de lo que le gustaría vivir al que lo escribe que de lo que realmente ha vivido.

La autora hace que observemos el diario desde otro punto de vista, desde una perspectiva que anula las indagaciones de Antonio Zarco, que anula casi por completo al detective del asesinato.

El lector intuye que los puntos de mayor intriga, los momentos de tensión, vienen de la mano de la ficción, el resto, lo real, tiene poco de interesante, es mucho más vulgar.