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viernes, 29 de abril de 2016

DESDE LA SOMBRA

Increíble la última novela de Juan José Millás; ágil, entretenida, absurda y, como todas las de este autor, profunda, llena de las obsesiones que han ido apareciendo en otras de sus publicaciones y que ahora traslada a su protagonista, Damián Lobo, curioso nombre que, de alguna manera refleja su personalidad pues, como este depredador, es capaz de permanecer agazapado hasta que encuentra la oportunidad de obtener su alimento; no importa el tiempo que tenga que esperar, su vista y olfato se va habituando a un hábitat diferente hasta que puede moverse con soltura. Y sin embargo él se identifica con otro animal carnívoro y mucho más agresivo, la morena, eliminando de su temperamento el contacto con otros de su especie, así como la valentía del lobo, pues Damián, como la morena, permanecerá oculto en una grieta, guiándose por su olfato, hasta emboscar a su presa.

Esta es la característica principal de Damián, su dualidad, su personalidad conflictiva que lucha constantemente para descubrir su identidad. «Sometido a una tensión extraordinaria, Damián iba y venía desordenadamente de la realidad al programa de O’Kane y del programa de O’Kane a la realidad.»

Desde la sombra es una mezcla de novela existencialista y teatro del absurdo; la cantidad de diálogos, que predominan sobre la narración, confieren a la escritura cualidades para ser representada. Sin embargo sería dificultoso llevarla a escena porque los diálogos se producen en la mente del protagonista para poder responder a sus propias obsesiones, a todo lo que lo atormenta. Estos diálogos pues, son en realidad monólogos interiores de un personaje que, como en La metamorfosis, sale de su realidad; sin embargo, al contrario que Gregor Samsa, su finalidad no es destruirse, desaparecer de un mundo que le es hostil, sino crearse, definirse en otra realidad.

Mediante estos monólogos-diálogos, Damián va desvelando su pensamiento a través del humor, la paradoja o la ironía para llegar a ofrecernos una visión crítica de la realidad «Quizá, como ocurría en tantas familias, tuvieran dos coches, uno grande y nuevo, que utilizaría el padre, y otro más pequeño, posiblemente de segunda mano, que conduciría la esposa»
«—Y usted allí, en las profundidades.
—Yo allí, sí. Se me había acabado la batería del móvil, por lo que mi aislamiento del mundo era absoluto…»

En realidad la paradoja está presente en las ideas y en la estructura de la novela, pues una personalidad caótica como la de Damián Lobo, con sus idas y venidas a diferentes realidades, está estructurada de manera coherente en tres partes, que se corresponderían con el argumento:

La primera parte constituye la creación de su mundo. Damián ha sido despedido como jefe de mantenimiento de una empresa de bienes de equipo. Deambula por las calles para meterse en una cafetería y quedar allí apartado. Sale de ella y entra en un mercadillo de antigüedades para, con la excusa de un pequeño robo, encerrarse en un armario ropero en el que lo llevan a casa de Lucía y Fede. De allí saldrá para esconderse bajo la cama hasta que puede introducirse, pasando por el ropero, en el armario empotrado que ha quedado oculto tras dicho mueble.

Los lugares cerrados por donde va pasando Damián representan el rendimiento ante una vida que lo ha oprimido hasta el punto de no dejarle escapatoria. El protagonista tuvo una infancia conflictiva «Verá, yo me oriné en la cama hasta muy mayor» y un presente que se ha encargado de anular las esperanzas del pasado «Aprendí que no debía fiarme de los sueños»; por eso la vida como ocultación, en el armario, es liberadora.
«—¿Y no sintió claustrofobia?
—No, al contrario, jamás me había sentido tan libre. Como si aquel armario fuera el centro del universo, como si el mundo se expandiera a través de él…»

Damián ocupa ahora un lugar importante, él ha creado un mundo en el que es libre, si renuncia a ese sueño, renuncia a su libertad, por lo que podría dejar de existir «Y no hay libertad más grande que la que proporciona esa ausencia, la del miedo.»

La segunda parte se centra en la supervivencia en ese mundo en el que Damián se siente a gusto, de hecho intenta eliminar de su mente a O’Kane, el presentador que lo lleva a la fama en un reality show, al considerar obscenos algunos comentarios sobre Lucía. Damián ha descubierto que es útil, se preocupa por los que lo rodean sin que estos lo noten «…formar parte de aquel grupo en calidad de fantasma le resultaba agradable» y se siente feliz al hacer feliz a Lucía «Damián no era insensible a la gratitud que sus desvelos provocaban en la mujer, cuya felicidad creciente resultaba manifiesta.» De hecho, el protagonista amplía su realidad a los libros y a internet. En ese momento Lucía se introduce en el mundo de las ideas de Damián y ambos olvidan la materialización
«—¿Quién eres?
[…]
—¿Acaso no lo sabes?
—Creo que sí, que lo sé —respondía ella— ¿Has venido a salvarme?
—¿A qué si no?»

Pero la existencia es superflua si no se tienen en cuenta todas las posibilidades que van apareciendo, y a Damián le ha surgido, en su realidad imaginaria, Lucía, un personaje material, por lo que en la tercera parte destruye el mundo que ha creado y el real existente pues ya no le satisfacen, ambos lo oprimen; decide, pues, desmaterializarse y convertirse en idea.
«—¿Se considera usted una idea?
—Desde luego, estoy más cerca de ser una idea que una persona de carne y hueso»

Al sentirse idea, el tiempo desaparece para Damián Lobo, el miedo al presente o futuro no tiene sentido «Ese aguzamiento le producía una suerte de euforia serena y de seguridad que le otorgaban en el universo un lugar del que hasta entonces había carecido.»

Surge entonces la metamorfosis «Se había convertido, pensó con una sonrisa, en una especie de araña que desde una esquina a la que nadie prestaba atención controlaba, protegida por la tela, los movimientos del universo.»

Ahora es ese insecto-dios capaz de hacer un mundo a su imagen en el que él volverá a nacer
«—Ya has llegado —le dijo
—¿Adónde? —preguntó Damián
—Adonde quiera que fueses —respondió la voz
Y eso fue todo.»

Desde la sombra es una alegoría de los terrores del hombre actual, no sólo pertenecen a Millás, las obsesiones que aparecen, de hecho, son bastante generales en nuestro mundo moderno: la crisis de identidad, la soledad como estado que hace prosperar, el amor y la muerte por amor, la vida como ocultación y la exploración de otros espacios habitables aparecen constantemente, de diferentes maneras, en la novela. Damián Lobo se siente una morena, su madre se mimetizaba con su padre al llegar a casa, él guiñaba los ojos para parecerse a su hermana china, su trabajo seguro resultó no serlo, puede vivir bajo la cama, en un armario, en su mente y, en esa soledad es capaz de crear. Todas estas obsesiones no son sino un reflejo de lo absurdo del mundo, y por lo tanto del absurdo comportamiento del ser humano, de ahí que la novela presente una perspectiva crítica con respecto a la sociedad actual. Las acciones de Damián van encaminadas a buscar algo que dé sentido a su vida, una vida hasta ahora vacía.


Y a pesar de ser una novela psicológica, no tiene cabida en ella la lentitud. El estilo, usual en Juan José Millás, plagado de chistes, ironías, sarcasmos, escatología y humor consigue que leamos esta tragedia con una sonrisa en los labios. Merece la pena el tratamiento del narrador pues en 3ª persona, externo al relato, toma no obstante el punto de vista de Damián; como si fuera su creador va describiendo lo que ve, oye, percibe o siente el protagonista hasta dejarnos con la impresión, a veces, de que es la voz del autor que habla con su obra.

lunes, 15 de septiembre de 2014

LA METAMORFOSIS

En 1912 aparece La metamorfosis escrita por Franz Kafka, hijo de un alemán y una judía. Normalmente no especifico nada de la vida de los autores que he tratado pero este relato, o novela, es demoledor, y adquiere más sentido si tenemos en cuenta el ambiente opresivo que sufrió el enfermizo niño Franz (murió de tuberculosis en 1942, antes de cumplir los 40 años), y las situaciones que vivió en su trabajo como agente de seguros de accidentes laborales.
Sin embargo, por debajo de esa rotundidad escalofriante  late un sarcasmo implacable hacia el ser humano (puede que debido precisamente a la época, lugar y familia que le tocaron en suerte).
El título sugiere ya algo de la tragedia de sus páginas pues “metamorfosis” viene del griego y significa transformación; el significado de meta es “más allá” (como en metáfora, metástasis…), el de morfo es “forma” (como en amorfo o morfología), y el sufijo –osis quiere decir “cambio de estado” —para mal por lo general— (como en cirrosis, apoteosis, tuberculosis).
Y efectivamente La metamorfosis es la transformación de Gregorio Samsa en insecto hasta que muere por no poder convivir con los humanos —tampoco con los insectos como es de suponer— y esto (creo) también alude al autor y al hecho de no sentirse parte real de los judíos o de los alemanes.
La metamorfosis es una novela corta o un relato largo que no tiene capítulos; en su estructura externa no hay apartados, sin embargo se pueden diferenciar tres partes en la estructura interna:
La primera desde que Gregorio despierta una mañana en su habitación, convertido en insecto gigante, aunque sigue pensando como humano pues intenta levantarse para coger el autobús que lo llevará al trabajo. Sin embargo la “transformación” se ha producido y hará que, como insecto, empiece a cambiar su vida. Con un esfuerzo ímprobo consigue bajar de la cama y salir de la habitación. El gerente de su trabajo ya había ido a su casa a pedirle explicaciones de su tardanza. Todos sienten miedo y repugnancia ante su visión y el padre, a empujones, consigue meterlo de nuevo en su cuarto hiriéndole con la puerta. Gregor queda encerrado y su jefe huye de su lado. Su vida social-laboral ha quedado destruida.
La segunda parte contiene la existencia del joven Samsa como insecto en su habitación. El sentimiento que experimenta, de angustia e inferioridad, va en un aumento proporcional al egoísmo de su familia. Otra visita provocará la segunda salida del cuarto, pues los padres alquilan la habitación de la hija, Grete, a tres señores, y una noche en la que la chica toca el violín para ellos, Gregorio sale de la habitación, provocando un revuelo en los inquilinos y la furia del padre quien lo hiere de muerte incrustándole una manzana. Arrastrándose vuelve a la habitación. Su vida familiar ha quedado destruida.
La tercera parte es ya su agonía, ahora como monstruo, hasta que la muerte destruye por completo su vida.
El espacio del protagonista es reducido, su cuarto; dos veces intenta salir y las dos, su padre vuelve a encerrarlo; esto acrecienta su angustia, su miedo, su dolor y su resignación ante el fatídico destino.
Ha pasado más de un siglo desde que se escribió y sigue siendo actual, porque La metamorfosis representa el símbolo de la angustia y la soledad del ser humano (hoy lo llamamos depresión); situación estresante que conlleva la pérdida de identidad (Gregor Samsa empieza a perder su identidad primero ante los demás y luego ante sí mismo para transformarse en un insecto —no sabemos cuál— que a su vez va perdiendo la identidad de animal para transformarse en un monstruo —con la manzana incrustada en su caparazón—).
La angustia, el estrés, la soledad, la depresión, no son sino el fruto de las relaciones familiares en las que prima el autoritarismo y por lo tanto la deshumanización, “Tiene que irse –dijo la hermana–. No hay más remedio, padre. Baste que procures desechar la idea de que se trata de Gregorio”.
Pero además, las relaciones sociales también contribuyen a inutilizar al individuo, la ostentación del poder en manos de desaprensivos que hacen que el ambiente laboral se transforme en un absurdo, “Vendría…el doctor, para quien todos los hombres están siempre sanos y sólo padecen de horror al trabajo.”; el miedo a lo desconocido que consigue animalizar a las personas al sacar su cara más egoísta y brutal.
La metamorfosis es una alegoría y sus personajes, aun reflejando bastante a los seres que rodearon a Kafka, son simbólicos. Gregor Samsa es el símbolo del hombre sacrificado, con alto sentido del deber y culpabilidad, “temía, con su lentitud en girar, impacientar a su padre,…advirtió contrariado que, caminando hacia atrás, no podía controlar la dirección”. El padre representa a la persona dominante, pero amparado siempre por otros y tirano con los más débiles, con un  punto de cobardía, “Salgan inmediatamente de mi casa-dijo el señor Samsa, señalando la puerta, pero sin soltar a las mujeres”. La madre es la imagen de la debilidad, de la persona vulnerable. La hermana, Grete, es el prototipo de joven vitalista, alegre, algo despreocupada mientras todo gira a su alrededor y en su provecho, pues cuando se tuercen las cosas puede sentirse la persona más desdichada del mundo. Y el jefe es el símbolo del despotismo y la arrogancia.

Kafka utiliza, de forma magistral, para conseguir esta implacable sátira de la vida humana, metáforas de expresión irracional que intercala en una descripción detallada y profusa plagada de adjetivos expresivos que van conformando, casi sin darnos cuenta a veces, ambientes caóticos, catastróficos; las interrogaciones anafóricas destacan la indignación del protagonista, esto, unido a la repetición de términos “gerente, gerente…”,amplía su angustia; la intensidad de lo negativo aumenta con el paso del tiempo para Gregorio quien se ve sometido a una crueldad intolerable, casi tortura constante, en la realidad que lo rodea, de difícil catalogación en lo real o en un sueño, pues a veces está tan deformada que aparenta una caricatura tan cruel y degradante que linda con lo que un poco más tarde conocimos como esperpento… Es que, a veces, la realidad es surrealista “…este breve diálogo reveló que Gregorio, contrariamente a lo que creía, estaba todavía en casa”.