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sábado, 22 de marzo de 2025

DICEN QUE TE QUISE TANTO

Acabo de disfrutar con una novela de las que llamo clásicas. Es una novela de amor, pero tiene su punto de historia. Es una novela, pero podría tratarse del relato verídico de una persona, de una familia, de un país.

Es una novela que narra, pero las palabras transmiten imágenes.

El tiempo de la novela es caprichoso; de forma lineal transcurre en los dos primeros días de 2009, pero mediante analepsis nos retrotrae hasta finales de la década de los 50 o principios de los 60, cuando Laura e Isabel son dos niñas que se conocen en la finca de esta, Las Correntías.

Es una novela que ves mientras la lees, como esas grandes novelas que aparecen en televisión y que, siendo reflejo del pasado, apuestan por un futuro mejor «¡Cómo ha cambiado la vida —se admira Isabel de vuelta al siglo XXI—. ¡Cómo se abusaba de quienes no tenían nada! ¡Ojalá que nunca vuelvan a repetirse escenas como aquellas!».

Dicen que te quise tanto es una novela que merece la pena leer, porque la autora Mar Moreno ha puesto su alma en ella. El narrador muestra, con términos sensoriales, sentimientos que aluden a los cinco sentidos: El sonido de los villancicos, el olor de los jazmines, el sabor de un merengue, la visión de los árboles, el tacto del frío aumentan su poder sensorial cuando generan en nuestra mente imágenes asociadas que nos conmueven «Mientras camina, recibiendo en su rostro el helado beso de buenas noches del mes recién llegado, se acuerda de lo que las Navidades le gustaban a su madre».

La estructura externa de la novela es muy sencilla: son dos días, durante los cuales Isabel León llega a La Carolina, desde Madrid; va al cementerio, a casa de su prima, al hotel donde se hospeda, da un paseo por el pueblo, por la finca, va al notario y vende Las Correntías a don Juan Casas Heredia. Será este quien dé la última sorpresa a Isabel. Ella no lo espera, pero se queda con la sensación de que el tiempo lo pone finalmente todo en su sitio, «Al cabo de los años las decisiones políticas y humanitarias de su abuelo Alberto, consideradas durante tanto tiempo como errores, se habían convertido en aciertos Aún puede Isabel volver al cementerio para despedirse de Laura antes de regresar a Madrid».

La estructura interna es más complicada. El narrador consigue que los lectores conozcamos a estas dos mujeres de diferente clase social, unidas por el querer, capaces de cambiar, con esfuerzo y decisión, una antes que otra, y gritar a todos su amor. Eran tiempos difíciles, tiempos en los que las relaciones entre diferentes estatus eran impensables, tiempos en los que la homosexualidad era perseguida y castigada. Isabel, ahora con 60 años, piensa que su vida está hecha y vuelve al pueblo para arreglar su situación respecto a la finca que ha pertenecido a su familia, pero vivirá algo más; los recuerdos la llevan a momentos que creía olvidados, revive en ellos las experiencias y hasta lo más insignificante cobra sentido. Aparece en la novela el presente anímico y es en él donde Isabel valora su vida, en él Isabel revive feliz sus circunstancias porque prevalece lo bueno que descubrió con Laura. Ha aceptado su realidad y está dispuesta a afrontar el futuro, consciente del pasado y coherente con lo que ha significado su relación con Laura. Ahora sabe qué es lo verdaderamente importante. No elimina el dolor, pero da sentido a todo al aceptar sus experiencias. Isabel, por fin se siente libre, ha aprendido la lección que con tanto amor le enseñó Laura, «su espalda se ha enderezado dejando atrás el gesto apesadumbrado y corvo al que ya se había acostumbrado […] Laura la acompañará en cada sonrisa de su vida […] Tiene ganas de volver a Madrid, a su hogar».

El estilo es impresionista; junto a las reflexiones largas, meditadas, aparece una prosa poética, evocadora para que Isabel reflexione sobre su relación con los demás y consigo misma, sobre su papel y el papel de la mujer en la sociedad. 

Los recuerdos de más de cincuenta años se analizan según evocaciones sensoriales, sin embargo los lectores construimos la historia con sensación de continuidad.

El narrador, en tercera persona, mezcla en su relato descripciones y reflexiones en primera persona dando la impresión de que es la voz de Isabel la que va contando todo, «Cómo no cuestionarse tantas indecisiones, tantas ambigüedades que, intentando confundir a los demás, solo acabaron por confundir a la única persona que he amado en mi vida». Asimismo, en los diálogos tenemos la impresión, a veces, de que es la voz del narrador el que los reproduce, como si contara los hechos a un espectador atento. Por supuesto, la voz de Laura aparece en la novela, no solo en los diálogos traídos en las analepsis, también en las cartas que le envía a Isabel; el deseo y amor entre ambas se pone de manifiesto. Laura aporta la valentía que contrasta con el miedo de Isabel. Las contradicciones de esta son el resultado de los sentimientos de ambas.

No solo las analepsis enredan en el presente, también las prolepsis van avisando de sucesos futuros, que mantienen la atención del lector mientras colocan al narrador como un dios que todo lo sabe sobre las protagonistas, sobre el pueblo y sobre el propio país. El juego de voces difumina estos elementos narrativos con gran acierto «Las dos chicas disfrutaron de los dulces y siguieron charlando felices, ajenas por completo a la red que el despiadado futuro estaba comenzando a tejer para atraparlas».

Abundan las metáforas poéticas, significantes del amor por Laura y, sobre todo, del amor de Laura. Son metáforas que en ocasiones implican al universo, en otras, las imágenes dibujan la grandeza del verdadero amor cuidado, aunque oculto, que hubieron de mantener las protagonistas.

Los párrafos anafóricos agrandan el amor y lo acogen en secreto,


Cajas, repite Isabel, cajas amontonadas […]

Cajas reposando ajenas al paso del tiempo […]

Cajas atestadas de recuerdos […]

Cajas que convivían con el eco de la voz de Laura […]

Cajas impregnadas con el olor de Laura […]

Cajas entre sombras […]

Y entre estas metáforas, poesía y belleza aparece la denuncia de los temas más duros vividos en los últimos tiempos: el maltrato animal, que era algo habitual en algunos sectores. La subordinación, indiferencia, invisibilidad de la mujer en la segunda mitad del siglo XX. El acatamiento de la mujer, por miedo a perder lo que tenía, durante el franquismo. La vida hipotecada de la mujer, por miedo a enfadar. El acoso sufrido y callado al ser visto como algo normal, algo a lo que el hombre tenía derecho. El interés de la iglesia y de la clase alta en la incultura del pueblo. La prepotencia de los fascistas para esconder su ineptitud. El miedo irracional a perder el poder. La desgracia de ser homosexual, y el terror a ser descubierto como “desviado”.

Mar Moreno deja una impronta optimista en las imágenes de comienzos del siglo XXI, imágenes que confirman un cambio, efectivamente, pero no radical. Ojalá vayan desapareciendo los desheredados a los que se les prohíben privilegios que gozamos, por ahora, el resto de la sociedad.

«allí estaban los otros con sus ropas sucias, con las manos encallecidas, las uñas negras de tierra y de aceite, allí estaban sus hijos, ateridos de frío con agujeros y manchas de grasa en los calzones y en los leotardos después de restregarse todo el día por el suelo o dormir en los capachos».

lunes, 30 de septiembre de 2024

LA LETRA HERIDA


Hace más de cuatro años leí La última canción de primavera y me impactó que un chico de 25 años escribiera algo tan profundo. Aquella novela deja en el lector la sensación, relajante, de que escuchar al otro pasa por escucharnos a nosotros mismos. Lo más importante de lo que les ocurre a los personajes de los relatos, ocurridos en Tokio, es la comunicación que mantienen entre ellos.

Algo más tarde leí Sakukibara; también el protagonista necesita escuchar para entender. Resalta cómo el ambiente mágico de este cuento impregna de belleza el argumento.

El autor, Sergio Hernández, me ha vuelto a sorprender, ahora en Valencia, con una novela totalmente distinta. Una novela que nos recuerda a las grandes obras del realismo español. Sergio abandona la magia ambiental de su obra anterior y se introduce en la representación efectiva de la Valencia de la segunda década del siglo XX, para sumergirnos a nosotros en el magnetismo de su escritura.

La novela, como las grandes producciones, está dividida en cuatro partes: I, La ciudad de la luz. Parte II, El prisionero de las sombras. Parte III, La muralla invisible. Parte IV, La letra herida, parte menos extensa y donde se desenvuelve todo.

A principios del siglo XX, Miguel, un estudiante de Lengua y Literatura, debe regresar a Valencia tras la muerte de su padre para pagar las deudas que ha dejado. Sin dinero, acepta el trabajo para el que su amigo Ramón lo recomienda, como albañil, en la construcción de la Estación del norte. Miguel descubrirá una ciudad, que no es la de su infancia, en la que las revueltas sindicales esconden a un asesino que aniquila a los líderes. A la preocupación por los crímenes se unirá la del peligro que encierra el trabajo y la lucha moral al enamorarse de María, la mujer de Ramón.

El narrador, en tercera persona, como corresponde a los grandes del Realismo, cuenta no solo lo que va ocurriendo al protagonista, también las dudas al enfrentarse a un nuevo trabajo desconocido para él, el miedo y la inseguridad del ambiente, «Miguel pegó un grito al caer y sintió el retroceso del arnés como un latigazo en su cuerpo cuya voluntad era la de partirlo en dos. El dolor lo invadió de inmediato, pero, en cuanto se dio cuenta de que estaba suspendido en el aire, el vértigo que tan bien había domado en las escaleras lo golpeó hasta casi perder el conocimiento».

Los lectores nos vamos enterando de los hechos, sobre todo, desde el punto de vista de Miguel, sabemos lo que piensa y siente en cada momento, sobre él mismo y sobre los demás personajes; pero no hay otro punto de vista, por lo que al complicarse la trama con lo más típico de la novela negra, la expectación y la tensión por cómo se desarrollarán los hechos se unen al testimonio crítico del que somos conscientes: los altercados entre los sindicatos y las tropelías hacia los más desfavorecidos para sacar adelante un proyecto que beneficiará a la ciudad, contribuirá al progreso de los valencianos y sobre todo enriquecerá a unos pocos a costa de extorsionar a muchos.

Pero dentro de esta gran novela negra realista, nos encontramos con la relación sentimental de Miguel y María que, también como en las grandes obras del Realismo, debe luchar con la relación trascendental del matrimonio Ramón-María, formando un triángulo del que será complicado salir.

Somos testigos de las condiciones matrimoniales y de la emoción de los enamorados; tanto Miguel como María se dejarán llevar por los sentimientos y las ansias de libertad.

Asimismo, La letra herida reproduce la España de principios de siglo, con los conflictos laborales, la acción policial y las consecuencias de esta en los ciudadanos, marcados por el temor y la opresión, «Accionaron el pomo y, cuando oyeron los murmullos de terror de los que allí dormían, los acallaron a golpes». Sin embargo observamos cierto costumbrismo en la exaltación de los bailes y celebraciones de aquellos que no tienen nada, cuyas aspiraciones se limitan a imaginar un futuro tranquilo mientras intentan sobrellevar el presente, «Los Gatos subieron el volumen de la radio, por una noche todos decidieron celebrar la vida […] Bailaron y cantaron sin decoro ni vergüenza hasta bien entrada la noche […] hasta que el sereno de la finca de al lado…».

La precisión de los detalles es evidente, también el lenguaje utilizado es coloquial, en el que abundan las expresiones típicas valencianas, «¡che!», «fill de puta», «le diu el mort al degollat, qui t’ha fet eixe forat?» y castellanas «a correprisa», «la bola mundi».

En La letra herida, las premoniciones son importantes. Miguel arrastra una maldición, los lectores nos enteramos enseguida, al principio de la novela, cuando conoce a María «En el mundo lleno de aflicciones de Miguel […] rara era la vez en la que había encontrado consuelo en las mujeres. Su maldición, o eso creía, había comenzado…» y habremos de llegar al final para saber si la ha superado, pues las inquietudes que genera la lectura no son solo políticas o criminales, también en el amor encontramos incertidumbre y misterio.

Todo es interesante en la novela, aparecen referencias literarias y de la vida de algunos escritores; el ansia de libertad de Madame Bovary se ve reflejada en la vida de María, también mal casada y con grandes sueños para combatir su frustración. Tanto María como Miguel han sufrido la muerte de sus padres por lo que, de alguna manera, se convierten en depositarios de sus problemas, lo que nos recuerda al Hamlet de Shakespeare y a los conflictos románticos que surgen en La gaviota, de Anton Chejov «—Es diferente a Mme. Bovary. Una obra de teatro». Además, Miguel escribe cartas de amor para que sus compañeros las envíen a sus novias o mujeres y «lo cierto es que eso lo hacía sentir un poco como Oscar Wilde. ¡Y le encantaba!». Asimismo aspira, como Unamuno, a dar clases en la universidad de Salamanca y, como el escritor, reflexiona sobre la problemática existencia del ser humano. Y, entre los grandes de la literatura, no podía faltar el fundador de El Pueblo, el valenciano Blasco Ibáñez que, aquí, aparece como un personaje más, «Blasco Ibáñez dirigió una mirada de soslayo hacia donde estaba y Miguel se vio obligado a agachar la vista con una sonrisa que copaba todo su rostro».

Y si la literatura real está incluida en esta ficción para unir las Humanidades a la vida, los golpes de efecto, constantes, se encuentran en todos los temas que Sergio Hernández toca en el argumento: las injusticias cometidas sobre las clases sociales bajas; la traición a los compañeros por miedo o por afán de superación; el maltrato a la mujer; la violencia policial, fruto del embrutecimiento; el adulterio, visto como una solución natural aunque no deje de ser tabú y la soledad del hombre, a pesar de vivir rodeado de gente y avances, que le hará experimentar un vacío emocional. Deberemos leer La letra herida para saber si Miguel llena su vacío… O no…