sábado, 12 de marzo de 2022

ENTREVISTA CON SANTI LÓPEZ


 Leí la primera novela del tinerfeño Santi López, Veinticinco días de agosto, sin saber nada de él, y me quedé maravillada. Después investigué algo, porque me parecía increíble que fuese su primera obra publicada, y descubrí que es licenciado en Artes Escénicas y Derecho, que da clases de Historia y Economía, que es instructor de Pilates, que es actor de cine, teatro y televisión, que practica danza, natación, surf, submarinismo, animal flow…

P. ¿De dónde sacas tu tiempo libre? ¿Hay algo de lo que haces que puedas decir que ha cambiado tu vida o ha hecho que la veas de otra manera?

R. Escribir, en mi caso, supone ser metódico, pero no talibán. Al principio todo es muy concreto: al despertar de la siesta, en la mesa del estudio de la casa de tu madre, verano, con una café en la mano… Pero eso es momentáneo, cuando la novela ya tiene entidad la escribes en cualquier sitio. Barco, avión, cualquier otra mesa, a cualquier otra hora. Lo único invariable es el café. La novela tiene que resistir al caos de tu vida cuando éste viene. Y, por supuesto, volar cuando haya orden. Normalmente de los siete días de una semana hay tres en los que escribo en doble sesión, que nunca pasa de hora y media, como mucho dos horas la sesión. Luego hay dos días en que saco una sesión y otros dos días en los que no escribo porque tengo demasiado trabajo. También hay semanas en las que no puedo escribir y otras en las que escribo todos los días. Soy muy disciplinado, con todo, aunque me gustaría ser más ordenado al escribir, hay muchas ideas que se han perdido por tener demasiadas libretas de notas, pero vamos, que en el equilibrio está la virtud. Una buena disciplina desordenada es mi mezcla. Es curioso, muchas novelas nacen en verano y mueren en septiembre. Tienes que pensar desde el minuto uno en cómo sobrevivir al final de las vacaciones, si lo consigues tienes mucho ganado. Escribir no es ocio, es rutina, trabajo, disciplina, pero tiene que ser placentera, hacerte fluir.

Yo creo que cada cosa que haces te cambia. Da igual lo que hagas. Pero por el hacer en sí mismo o porque en ese hacer conoces a alguien que te transforma. Hay personas que fluyen durante horas haciendo cestería y otras operando a corazón abierto. O simplemente porque descubres que eso que haces no te gusta. Eso ya es oro. Yo, en mi vida, como mucha gente, he madurado descubriendo lo que no quiero. Ahora bien, he podido estudiar muchísimas cosas y trabajar en otras tantas. Disfruto de las cosas que hago en muchas ocasiones. En otras son trabajo. Aquello de trabajar para vivir y no al revés. Pero, en mi vida, de todo lo que hago no hay nada que pueda decirse que haya sido transformador. Es decir, todo lo que hago de adulto, si me llegas a conocer de pequeño, era una posibilidad. El deporte, la lectura, la disciplina, el arte… mis padres han sido polifacéticos a más no poder. Lo que te transforma son las personas. Sin lugar a dudas mi suerte son los amigos que tengo y el haberme dado los suficientes batacazos emocionales como para tener la serenidad de encontrar el amor. Y la verdad es que en ambas cosas también tienen que ver mis padres, pero eso sería muy largo. Los míos se separaron cuando yo tenía dos años, pero me han querido lo más grande. Y mi madre tiene nueve hermanos. La familia es importante.

P. ¿Te gustaría probar algo nuevo?

R. Ja ja ja ja, yo, como resultado de una curiosidad patológica, habría querido ser tantas y tantas cosas... No creo que sea sano ir al dentista y querer serlo o ver un documental del NAT GEO y querer ser fotógrafo. No lo es. Es como si hubiera una inseguridad sobre qué camino te va a llevar a la estabilidad, qué tienes que hacer para que los demás te acepten y entonces…. los quieres todos (me pasaba lo mismo a nivel emocional). Algo así había. De hecho, por eso estudié Arte Dramático y por eso escribo. Ambas cosas me permiten ser otras personas, vivir otras vidas, pero con los pies en la tierra. Si de pequeño eres Peter Pan, de mayor, para madurar, no puedes negar esa realidad tuya, necesitas darle también su espacio, su lugar en ti. Sigo imaginando sobre el papel. Me da paz. Y al final me dedico a cosas que sí que tienen que ver con mi educación, con mis raíces. Obviamente va con mi carácter el dedicarme a varias cosas a la vez, pero a veces me quejo de tener demasiados calderos al fuego. Sí, me gustaría no tener que hace malabarismos para escribir. Y soy de los que no querría trabajar, me entretengo bastante bien solo. Estaría escribiendo, surfeando, leyendo, cocinando, tomando cafés con mis amigos, paseando a mi sobrina. Pasa que está la vida, que hay que pagarla.

P. Formas parte de la compañía teatral Doble M y has llevado a escena Capa, Inspector Sullivan, No somos nadie, Un lío padre, Senderos de gloria… ¿Hay alguna obra de teatro que te gustaría representar? ¿Hay algún actor al que admiras?

R. Todo son compañías de las que formé parte, o proyectos en los que tuve la inmensa suerte de participar. Me encantaría representar cualquier obra de David Mamet, cualquiera. También me gusta el realismo norteamericano, Tenesse Williams, Arthur Miller. Y en nuestro país me flipan las obras de Sergi Belbel, Jardiel Poncela y Buero Vallejo. Y luego, por supuesto, haría hasta de telón con Animalario. Admiro muchísimo a Javier Gutiérrez, Bárbara Lennie, Javier Cámara, Antonio de la Torre, Asier Etxeandia, Blanca Portillo….Y amo a Oscar Wilde. Admiro a mucha gente. Crecí con la tele, así que soy más de cine que de teatro. Tiene que ser muy bueno para que disfrute con la convención que plantea. Yo voy al cine a disfrutar y al teatro a que me hagan pensar, ahí si acepto quedarme, así que con La Zaranda me quedo siempre. Y de mis pelis preferidas Love Actually, El indomable Will Hunting, Relatos Salvajes, Hacia rutas salvajes, Birdman, Desmontando a Harry, Behind the candelabra... y de todas esas ahora mismo solo vería la primera.

P. No sé si ves la televisión, si es así ¿hay algún programa que te llame la atención? ¿Estás enganchado a alguna serie?

R. Veo poco la televisión. Algún Salvados, La resistencia, Maestros de la costura, documentales, Masterchef y LIDLT, que sí, es La isla de las tentaciones. De series es un sin dios. De hecho, vemos series, pero ya como que hace un tiempo que ninguna nos impacta. Desde Juego de Tronos en mi grupo de amigos no coincidimos todos con la misma serie. La última que reconozco que me enganchó ha sido El caso Hartung. Y de las mejores de la historia es Mrs Maisel, una maravilla.

P. Como profesor ¿qué destacarías de tu profesión? ¿Qué encuentras gratificante?

R. Pues varias cosas. La responsabilidad inherente a la docencia. Te guste o no sabes que puedes ser determinante en la forma de ver el mundo que se está definiendo dentro de ellas y ellos. En ese sentido la o el docente acompañan en ese camino hacia la adultez. Luego, como escritor, es una forma de mantenerme fresco, de saber los gustos, las tendencias, las ocurrencias, los disparates de una generación que ya podrían ser mis hijos. Justo ahora estoy escribiendo una historia donde las protagonistas son dos mujeres de treinta y cinco y la hija de ambas que tiene quince. Ya te imaginas de dónde saco los recursos para pensar como esa adolescente. Y, por supuesto, todo lo que aprendo al preparar las clases. Soy profesor de Historia Contemporánea y de Economía, es decir, de las vidas de las mujeres y de los hombres.

P. Para escribir hay que emplear mucho tiempo, sobre todo para escribir una novela como Veinticinco días de agosto ¿cómo te organizas? ¿de dónde surgió la idea?

R. La idea surgió de una escena que tenía en la cabeza. Siempre he admirado el talento que tiene mi pareja para maquillarse en el coche, a oscuras, con baches, en cualquier circunstancia. Y me puse a escribir. Luego fui hacia detrás y hacia delante de esa situación y la trama fue apareciendo en mi cabeza y entonces paré, organicé, planifiqué. Habían pasado tres años. Luego seguí casi otros tres. Y el tiempo, si lo buscas, está. Yo arranqué un verano y decidí escribir tanto que la rutina de septiembre no me devorara. Después es cuestión de disciplina y, a veces, de una extraña fe. Ahora bien, si no hay disfrute, es imposible.

P. Como autor, ¿tienes algún escritor, vivo o muerto, con quien te gustaría quedar para tomar unas cañas?

R. Muchos, muchísimos. Me tomaría una cañita de verano con Mankell o con Camilleri. Una Ipa con Fred Vargas o con Sallinger. Vino con Tolkien o con RR Martin. Café con Gabo. Té con cualquiera de las hermanas Brönte e invitado estaría Oscar Wilde. Un Whisky con William Camus y un Bloody Mary con Angela Sommer-Bonderburg. Y lo que ella quiera con Almudena Grandes. Con Zadie Smith me bebería una luna de mil. ¡Ah! Y con Joël Dicker me iría de viaje en furgoneta.

P. Algunos escritores han experimentado la escritura a cuatro manos, o a seis (que parece que Mola más). Si tuvieras oportunidad de escribir con alguien ¿con quién sería?

R. Pues me gustaría escribir con Fred Vargas o con Joël Dicker. También con mi primo Nico, aunque más que escribir me gustaría imaginar una buena historia de narrativa fantástica.

P. A pesar de no conocerte cuando me enfrenté a tu novela, creí ver al autor en un personaje, concretamente en Kurt, por la manera de narrar más íntima, por el estilo reflexivo e intrigante, por los pensamientos sugerentes y los diálogos coloquiales. Cuando supe a qué te dedicabas, creo que eres una mezcla de Kurt, Franki y Trish ¿Hasta qué punto te implicas en la historia?

R. Las relaciones entre ellos o partes de sus procesos de maduración sí que tienen que ver con los míos propios, o con las vivencias de mis amigos y de mi entorno, pero a medida que los personajes crecen se van alejando paulatinamente de ti hasta que vuelan solos. Leí que las historias tienen que ser verosímiles, pero no tienen por qué ser realistas. Creo que al basarte en tu propia vida como fuente le das esa verosimilitud a la historia, y luego, cuando esta se despega de ti, los personajes ya son creíbles.

P. Si estuvieran en juego el dinero, la amistad, el amor, ¿por qué apostarías?

R. Pues precisamente en el orden inverso. El amor, la amistad y el dinero. Aunque no entiendo mi vida sin los amores vividos y las amigas y amigos que me acompañan. Es que pienso que la amistad es un tipo de amor a veces más libre que el propio amor.

P. La memoria de los personajes es fundamental para el argumento y la resolución de tu novela. ¿Cómo interviene, en la vida real, la memoria en las relaciones?

R. Las relaciones se construyen en base a la memoria, a lo vivido con esas personas. Cuando ves a un amigo con él vienen por la calle todas las experiencias, las risas, los llantos, los atardeceres, las noches, la sal, la arena, los rones, las despedidas, los reencuentros… la vida. No puedes entender con profundidad a los personajes sin conocer su pasado. Hoy en día, igual por la influencia del cine, de las series, las novelas pasan de puntillas sobre la construcción de los personajes. Se dan cuatro datos que perfilan un estereotipo claro y a partir de ahí trama. No puedo evitar pensar en porqué un personaje es como es y compartirlo. Aunque en”25DdA” igual ¿me regodeo demasiado? Pues puede ser, pero me quería sentir completamente libre. 

P. Hay algo del contenido que me ha gustado especialmente y es, a pesar del ambiente “negro”, el amor hacia los seres que nos rodean. ¿Es posible en nuestra sociedad olvidar la raza, la religión, la ideología, el sexo, la nacionalidad?

R. ¿Es posible? Sí, claro, lo es. Con algunos temas es más complicado. De todo lo que enumeras creo que la ideología es el más complejo, pero tenemos que pensar que personas de ideologías diferentes llegan a consensos cuando comparten un fin superior. Por ejemplo, en las familias, cuando el fin es el amor familiar se llega a acuerdos entre miembros de esa familia con ideologías diferentes. Eso genera convivencia, pero claro, hay que compartir un fin superior. En sociedad debería pasar lo mismo. Si el fin que compartimos es la democracia llegaríamos a consensos (que es lo que ha pasado en las últimas décadas) que aseguran la paz social. Voy con cuatro líneas rojas, como tú, y ambos renunciamos a dos. No hay ganadores ni perdedores: hay convivencia, hay paz. Eso está dejando de pasar porque el fin ya no se comparte con la misma convicción. Se está sustituyendo por el poder y por otra visión del estado. Tenemos que luchar por la democracia. Todos. Obviamente si tu fin es dominar y matar a todos lo que piensen distinto pues me vas a tener enfrente y el amor, si lo hubo, dejará de ser, o solo será memoria.

P. Y hay algo en la forma que me ha encantado. El cine y el teatro dejan su huella en la novela; de hecho, hay escenas que parecen escritas para ser representadas. ¿Podría funcionar una literatura sin clasificaciones condicionantes? ¿Sería posible una adaptación cinematográfica de 25 días de agosto?

R. Por ahí leí que todas las normas literarias están para romperse. No es transgresor, es necesario. Las formas de contar cambian. Y sí, claro que sería posible una adaptación a la pantalla. Me lo dice mucha gente, que cada capítulo parece el episodio de una temporada. Supongo que mi formación dramática se filtra en los diálogos, en cómo visualizo las escenas…

P. Para terminar, ¿tienes algún nuevo proyecto en mente?

R. Sí. Tenía medio estructurado el principio de la segunda parte de 25DdA, pero en medio se coló otra idea y pensé que estaría bien oxigenarme con algo completamente distinto. Estoy tratando de aplicar todo lo aprendido. De hacer capítulos más uniformes, menos descriptivos, con tramas paralelas desde el principio, una novela más corta… sin renunciar a mi estilo y sin estar casi seis años escribiendo. Es una historia de brujas. Creo que la tengo casi a la mitad. Veremos.

Muchas gracias Santi por tu tiempo y tu amabilidad. Ya estamos deseando leer tu nueva novela.








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