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domingo, 29 de julio de 2018

YA ESTÁ EL LISTO QUE TODO LO SABE



Una vez terminado Anatomía de la lengua, me apetecía hacer lo propio con Ya está el listo que todo lo sabe. En general no me ha defraudado, si bien es cierto que he localizado algún fallo parcial, como la categoría que asume la palabra «crucigrama». Efectivamente el significado es el de palabras cruzadas, pero no está formada «del prefijo “cruci” [cruzado] y del sufijo “grama” [trazado]», sino que es una palabra compuesta por dos raíces, una de origen latino “cruz” y otra de origen griego “gramma” (escrito, letra). En otras ocasiones, las respuestas al enunciado propuesto no son del todo adecuadas como «El origen de la expresión salir del armario»; todos pensamos que dirá algo así como que tener algo guardado implica que nadie lo vea, por vergüenza o posibles represalias, como si se tratase de algo malo (la homosexualidad no estuvo bien vista en tiempos anteriores), de hecho hay expresiones parecidas que implican aspectos graves o deshonrosos de una persona y cuando no se quiere hablar de ello públicamente se alude a “tener cadáveres en el armario”; pero en Ya está el listo que todo lo sabe no expone nada de esto sino que informa quién fue el primero en utilizarla.

Asimismo hay explicaciones poco convincentes, como el origen de la servilleta. Alfred López lo atribuye (de forma un tanto rocambolesca) a Leonardo da Vinci, aunque existen pruebas de que los griegos usaban la miga del pan para limpiarse y los romanos disponían, además del sudario (para limpiarse el sudor), del mappae, un lienzo que evitaba la suciedad en las manos y en la mesa.

Sin embargo, la mayor parte del libro, está formada por indagaciones que, sin duda, nos entretienen al tiempo que nos hacen reflexionar sobre nuestra lengua. He comentado algunas dudas que me han surgido sobre la lectura pero en general está lleno de curiosidades, en concreto 366, una para cada día del año, que como todas las singularidades está bien leer alguna de vez en cuando. Lo bueno es que no hay por qué seguir el orden establecido sino que podemos elegir la que nos interesa en el momento adecuado puesto que cada una va introducida por una pregunta. Las respuestas, según las expectativas que tengamos, son de diferente acierto, pero ya se sabe, no todo en la vida es pura magia; es interesante razonar por qué, según la Biblia, a Jesucristo lo crucificaron en el monte Calvario, y por qué seguimos empleando la expresión «sufrir un calvario» cuando algo es muy penoso. Calvario deriva del latín calvarium «calavera». También podremos enterarnos de cómo determinadas palabras cambian de sentido siguiendo estrategias de marketing, como ocurre con best seller expresión que hoy podemos encontrar referida a un libro que acaba de salir a la venta.

Aparecen localizados bastantes cambios en el significante y significado de las palabras, por eliminación del significado original, de ahí que el término gafedad (enfermedad relativa a un tipo de lepra y que, a pesar de no ser contagiosa hacía que quien la padeciera se encontrase solo) diera gafo en un principio para los enfermos y hoy por extensión del significado se denomina gafe a quien trae en general mala suerte. Curioso pues, gafe, que alude tanto al masculino como al femenino (volvemos de nuevo al género inclusivo).

Hay términos en nuestra lengua que, de su origen humilde, han pasado a ser insultos a pesar de las buenas connotaciones que tuvieron. Cuando me enteré de la etimología de pánfilo me apené (un poco) al darme cuenta de lo crueles que podemos llegar a ser los hombres (no sólo los niños a la hora de insultar sin piedad tienen la exclusiva). Algo parecido me ha sucedido al saber por qué llamamos panoli a alguien bobo, confiado, es decir por qué panoli y pánfilo son sinónimos viniendo además de diferentes etimologías y lenguas. Otros términos no dan pena, evidentemente, pero son los que mejor ponen de manifiesto que el signo lingüístico no es tan arbitrario como creíamos, si la prueba está en palabras como las anteriores panoli o pánfilo, definitivamente encontramos otras que se llaman así, no por casualidad, sino porque llevan el nombre de su inventor, como el caso de gillette o sándwich.

Ya comenté, al leer Anatomía de la lengua que me pareció fabulosa la evolución de la palabra bikini como prenda de baño formada popular y erróneamente por el prefijo bi–. Ahora, he experimentado un regocijo parecido al enterarme de por qué un bikini es un sándwich caliente de jamón y queso en Cataluña… La elipsis, que ha dado mucho juego en la lengua, y la metonimia, en la formación de palabras.

Otras curiosidades, además de serlo por el hecho en sí, como el alivio que sintió Felipe III al enterarse de que la Venus de Tiziano no había quedado dañada tras el incendio del Palacio Real de El Prado en 1604, sirven para darnos cuenta de lo ignorantes que en general ¿han sido? nuestros gobernantes, o cuanto menos, de la poca importancia que se le ha concedido a la cultura en este país (no desvelo nada, pero si esto ocurrió en el Siglo de Oro, ahora no nos extrañemos de que pase lo que pasa).

Esta curiosidad es mía, pero viene al caso: cuando yo era pequeña, el dibujo, las manualidades, eran consideradas como “marías” (probablemente por asociación con la simplicidad de la galleta que lleva el nombre, o no, pero la respuesta al nombre de las tres Marías que aparecen en la Biblia no termina de convencerme); hoy la educación cuenta con un bachillerato de Artes, que en ningún caso, y sólo en algunos institutos, se le concede la misma importancia que al de Ciencias… Ya se sabe, esos alocados que se dedican a experimentar sensaciones a través de la imagen, palabra o movimiento no merecen la misma consideración que quienes se pasarán la vida en un laboratorio. No quiero alargarme, pero me ha sorprendido lo poco que hemos cambiado con el paso del tiempo.

El ingenio popular, qué duda cabe, ha sido el responsable de expresiones totalmente asentadas y que en realidad son falsas, como la tortilla francesa que no empezó a cocinarse en Francia (o sí) pero sí en España «cuando los franceses» (en el asedio de los franceses a Cádiz a principios del XIX), por la evidente escasez de alimentos que sufrió la época.

Indudablemente también hay leyendas urbanas, o puede que sean ciertas, que consiguen atraer nuestra atención. Al insultar a alguien con el típico «vete a hacer puñetas» creo que casi todo el mundo entiende que se envía a alguien a un trabajo laborioso para que se fastidie y nos deje tranquilos (debe ser bastante entretenido realizar una puñeta por la cantidad de puntillas que lleva); lo que ya no es tan del saber popular es que puede conllevar una mala intención (por ser un trabajo realizado por presas) o incluso una intención sexual (si tenemos en cuenta su significado portugués).

El buen humor popular es el consecuente de que expresiones que tengan un carácter peyorativo como «montar un poyo» deriven de un noble (o instigador) trabajo con el que se ganaban la vida algunas personas.

Es extraordinario el comportamiento de algunos animales, del que debíamos aprender los humanos; lo que llama la atención de las luciérnagas —aparte de saber por qué brillan— es que se iluminan los machos para conquistar a las hembras y sólo las que desean corresponder brillan también, para que ellos sepan a quienes deben dirigirse.

Respecto al nivel semántico (de significado) es interesante saber cómo expresiones que tuvieron su origen en motivos marineros: «aguantar cada palo su vela» en un barco, se extendieron a otros campos hasta deformar la expresión en «que cada uno aguante su vela», dicho, por otra parte, que refleja el egoísmo y la falta de solidaridad de quien lo utiliza.

Por asociación de imágenes puede que los camellos de droga sean llamados así, pues parece que en 1926 «Dicho traficante simulaba ser jorobado y escondía toda su mercancía en una enorme joroba de cartón que llevaba colocada en la espalda, bajo su ropa». Otra palabra que indudablemente adquiere el sentido de una imagen, en este caso del pasado, es «esclava» pues esa pulsera recuerda a los grilletes que llevaban aquellos seres humanos no considerados como tales.

En Ya está el listo que todo lo sabe encontramos asimismo referencias a hechos que damos por sentado, como que los gatos suelen caer de pie. En estos casos las explicaciones suelen ser científicas, pero más vale que no las pongamos en práctica.

También podemos asistir a cómo algunos términos han flexionado de forma que pueden ser confundidos con otros que no tienen nada que ver, como el caso de los «chorizos» palabra que era utilizada en caló como chorí, chorizar o chorar para referirse al ladrón o a robar. Y a por qué algunas palabras derivan directamente del nombre de la persona responsable del significado como es el caso de «onanismo» derivado de Onán. Igualmente existen expresiones metafóricas, como «meterse en un berenjenal» que aluden a lo espinoso de la situación —comparada a las espinas de las hojas de dicha planta—.

En otros casos aparecen leyendas que, aunque contienen parte de verdad, no se sabe a ciencia cierta su integridad, como la desgracia ocurrida cuando, en una reyerta, perdió un brazo Valle-Inclán por un bastonazo propinado por Manuel Bueno; parece ser que no fue un gemelo incrustado en la muñeca la causa del golpe asestado por su contrincante lo que derivó en una gangrena y posteriormente la amputación, sino porque el efecto del impacto causó una rotura ósea imposible de tratar hace más de un siglo. No obstante lo importante es el hecho real producido por la forma de altivez e ironía que el mismo don Ramón quiso granjearse, de ahí que ante la pregunta que muchos le hacían sobre esa pérdida —la de su brazo— él contestaba con fantasías desde que se lo cortó el mismo porque faltaba carne para el estofado, hasta que se lo arrancó un león.

Algunas curiosidades más que peculiaridades parecen chistes, no quiero desvelar mucho; pero lo de menos es que ésta será real, lo que cuenta es que «la enemistad que existía entre el primer ministro británico Winston Churchill y lady Astor, la primera mujer que ocupó un escaño en la cámara de los Comunes» llegó a tal extremo que la leyenda del diálogo mantenido nos hace reír «—Si usted fuera mi esposo, envenenaría su té. —Señora, si usted fuera mi esposa, me lo bebería». Indudablemente los casos más graciosos son los referidos a la política o a los reyes —siempre se habla abiertamente cuando se sabe que no hay nada que perder—; en cualquier caso también disfrutamos con anécdotas como la protagonizada por el ministro británico Disraeli al preguntarle por la diferencia entre una desgracia y una catástrofe y su respuesta fue «Si Gladstone cayera al Támesis y se ahoga sería una desgracia. Pero si alguien lo sacara del agua, eso sería una catástrofe» Lo de menos es por qué le preguntan eso al ministro, lo importante es el ingenio del político —o del pueblo— al inventarlo.

Otras fábulas son difíciles de sustentar, al menos por los escépticos, como la protagonizada por Praxíteles y su modelo (y probablemente amante) Friné; dado que apenas tenemos datos de este escultor griego del siglo IV a. de C., es dudoso que se sepa fehacientemente la conversación entre el artista y la modelo, aunque una vez más sirve para destacar la perspicacia de los humildes.

Destacan acciones que derivan de la lógica, como la de «la cuenta hacia atrás», pero que, muchos de nosotros, no nos habíamos parado a pensar en ello. Al leer Ya está el listo que todo lo sabe nos enteramos de que la nomofobia es el mal que aqueja a la sociedad, mientras que la querofobia es difícil de tratar porque en muchos casos es confundida con la depresión; y de que la fiesta de Halloween proviene «del Samhain, celebración del final de la época de las cosechas y principios del año nuevo celta»; de que las plañideras datan ¡«del antiguo Egipto»! o de que el castizo chotis deriva de «un tipo de polca alemana»

Pues, ¡que disfruten con todas las curiosidades!

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