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miércoles, 12 de agosto de 2026

LA GENTE A VECES

A veces, la gente pasa por situaciones que la ponen a prueba. Un examen que hay que aprobar a toda costa porque se ha estudiado mucho pero la pregunta no se sabe… ¿Podríamos inventar una respuesta con los conocimientos que tenemos? Un ser querido que muere y no estamos preparados… Relaciones basadas en mentiras porque no queremos “defraudar”. Situaciones que fomentan la arrogancia, nuestro lado más prepotente, en un arrebato de falso orgullo que tiene más que ver con la soberbia del engreimiento y su desvanecimiento al ver a otros que la utilizan igual.

A veces, la gente imagina realidades paralelas anhelando una vida menos rutinaria, menos previsible. ¿Qué pasaría si viviéramos un sueño y quisiéramos salir de él al darnos cuenta de que es real? Un futuro marido debe enfrentarse a su prometida y suegra en el peor momento…

A veces, la gente estropea una y otra vez las oportunidades que le brinda la vida para terminar viviendo algo que no entraba en las expectativas. Porque somos así: absurdos e inseguros.

Esto es lo que ocurre en La gente a veces; relatos en los que podemos vernos reflejados en algún momento; si no en el todo, seguro que en parte. Son situaciones que se pueden presentar en la vida, situaciones corrientes pero que, por inseguridad o pedantería las resolvemos de forma penosa. Lorenzo Antúnez lleva el querer ligar, el planificar una familia, el no asumir responsabilidades en el matrimonio, el no desear hijos, el no querer hermanos…, al límite; de hecho, el impersonal “gente” se transforma en este libro en personas a las que conocemos, somos nosotros; los que habitamos una sociedad cada vez menos natural y más desquiciada. El autor emplea a veces el humor, a veces la armonía, el diálogo o la reflexión contenidos hasta que aparece el golpe decisivo, irónico, implacable, ese que nos advierte de lo que somos, en lo que nos hemos convertido.

Los personajes van transformando, con acciones, su forma de ser y los lectores nos vemos plasmados en alguna de esas actividades por lo que la lectura es un ejercicio para comprender la identidad del ser humano, que pasa a ser nuestra propia identidad gracias a la técnica que utiliza Antúnez: dirigirse a un lector-protagonista del hecho, «Por supuesto que adornaba un poco su currículum. No basta con un buen físico. Hay que proyectar la imagen de un hombre triunfador. El que no lo haya hecho alguna vez que se marche de la sala inmediatamente».

El lector deja de ser un mero observador para convertirse en el impulsor de la actuación del protagonista. Es una complicidad irónica porque nos refleja en el típico fanfarrón. Al mismo tiempo ofrece la posibilidad de que cada uno personalice el hecho narrado. De una u otra forma somos parte de estos relatos. En Crucero todo incluido lleva al extremo el machismo; la narración expresa una distancia deliberada entre lo que cuenta y lo que sucede sin revelar contradicciones. El narrador se convierte en alguien poco fiable y deja al lector para que sea quien interprete correctamente lo que ocurre. Sabemos, por el sarcasmo, que el autor no participa de los hechos, «Siete noches daban para mucho, que seis eran más que suficientes para cazar una cervatilla». Los términos peyorativos para referirse a la mujer pasan por la animalización, el abandono corporal «Las mujeres, como locas por volver morenas, se desparramaron por las piscinas» y la cosificación «Todas comiendo de tu mano. Que quieres una rubia con las tetas operadas, hecho. Que quieres una con curvas, hecho». En la realidad las mujeres van abandonando a este tipo de hombres, por eso solo quedan en ese crucero Wallys, hombres que no se cansan de jactarse, con hipérboles absurdas que solo las creen ellos y exponen el mundo vacío en el que viven «Mi nombre es Wally, lo ha hecho usted fenomenal […] Wally con pectorales. Wally montañero. Wally pintor vanguardista, Wally sin colesterol. Ningún diabético alrededor de Wally […] salvo Wally. Todos estaban borrachos de felicidad. Hasta el capitán Wally…»

En ocasiones, la ironía aparece en el contraste de expectativas entre los personajes y remarca los verdaderos sentimientos. Es lo que le ocurre a Tom cuando Vivienne lo abandona para siempre «Resultaba evidente que Vivienne seguía queriéndole. Tom no estaba enamorado desde hacía mucho».

El tipo de ironía que predomina en La gente a veces es la situacional; Antúnez hace que el destino se burle de los esfuerzos de sus personajes, incluso en el caso de los niños, a los que castiga terriblemente. Es una llamada de atención, no debemos descuidar a los más débiles «Que aquella vela cumpliera su deseo tal cual era, sin matices, sin metáfora». Y si hay alguien débil es el drogadicto. Para él, el cuento más duro del libro: Plan nacional sobre Drogas, un relato en poesía que rompe las convenciones. Son versos sin rima, libres, de medida irregular, desde bisílabos hasta alejandrinos. El ritmo se rompe constantemente al mezclar versos de arte mayor y menor. La mezcla de personas primera, segunda y tercera consigue separar los sentimientos del protagonista con los diálogos que mantiene, incluso consigo mismo «Estoy así de loco / Ya verás / ya verás, Petri / hija de puta».

En realidad, la primera y segunda personas aluden a sí mismo y con la tercera nos introduce a todos


                        Esto es lo que diría cualquiera

                        un poco borracho

                        un poco drogado

Los versos paralelísticos anafóricos inciden e igualan la importancia de ese poco. Los tetrasílabos y pentasílabos aportan el ritmo rápido, frenético, de una vida paralizada por tres circunstancias: droga – falta de amor – falta de trabajo. Los versos paralelos con epanadiplosis marcan la fuerza e importancia de esas circunstancias


Es la coca, que te atonta

Es la Patri, que te atonta

Es el paro, que te atonta

El uso de la derivación y la anadiplosis aumenta la premonición de la comparación «Temeroso / temerario / Se ha bajado del coche / un coche negro y brillante como un ataúd».

El cambio de pronombres y el del modo verbal marca el contraste de circunstancias:


Las tuyas: tu ex, el paro, la droga

Las suyas: Su mujer, el curro, el aburrimiento

Y muestra el mundo subjetivo del protagonista.

Todo es ambiguo, de ahí que por momentos no aparezcan comas. Todo es un continuo para él; su vacío es constante, como el tema que unifica el poema: la ineficacia del Plan nacional sobre drogas por el egoísmo humano, por la prepotencia de los que no han caído. El giro argumental que marca la ironía situacional rompe las expectativas del protagonista y las nuestras, justo cuando lo conocemos: «no cae en quién es ese Charli», y genera un desenlace opuesto a la lógica; invalida lo previsible e invita a la reflexión sobre quiénes somos y qué tragedias podemos generar.

Diferentes estilos en los catorce relatos pero en todos la escritura se relaciona con la vida y Lorenzo Antúnez la usa para denunciar a un ser humano cuestionable.