La verdad es que esta vez he jugado
con ventaja: me gusta la editorial
Talentura, me apasiona el cuento y me encanta Chelo Sierra, así que leer El único animal era un éxito seguro
a pesar de la portada un tanto inquietante y que, en el fondo, refleja el
estilo de la autora: desenfadado, fresco, con aportes de humor pero incisivo,
para recordarnos algo que parece que hemos olvidado; no estamos en un mundo
donde todo es estética, no todo quiere alcanzar la superficialidad como
sinónimo de felicidad, no todo se puede infantilizar. Los peluches-disfraces
que cuelgan de una barra, en la portada, transmiten desde la profundidad de su
mirada inerte, la derrota a la que los hemos llevado.
Están en nuestras manos; no se
rebelan, no los dejamos. Solo si los miramos directamente a los ojos podremos
adivinar también nuestro fracaso.
Es curioso el título para un libro de
relatos cuyos protagonistas son animales, diversos, diferentes, todos
utilizados por el hombre para su beneficio quien, haciendo gala de su
inteligencia, es el que se erige en narrador de estas historias.
Historias que nos interpelan y
consiguen que nos cuestionemos si de verdad nos importan estos animales y hasta
qué punto estamos comprometidos con ellos. Normalmente, en la relación que
mantenemos en un mismo ambiente para humanos y animales, llevamos las de perder
porque quedaos como insensibles o como estúpidos.
¿Quién es entonces el único animal?
El libro de Chelo Sierra contiene 14
relatos; en trece, los animales son personajes directos; el último alude a los
animales y al proceso de publicación literaria, una manera algo disparatada y
valiente de asumir la autoría y aceptar el verdadero riesgo de las redes sociales:
«ignora que el escritor magnífico
desvelará en algún momento su autoría porque no hay escritor, por magnífico que
sea, ajeno a la vanidad».
En El
ruido de los pájaros al caer, la autora denuncia la incongruencia de
aquellos que aspiran a una vida natural como sinónimo de tranquilidad. Algunos
pretendemos cerrar el campo como si de una habitación se tratase. A muchos de
los que se decantan por vivir en la naturaleza, no les gusta el campo «por más que se empeñen en abrazar árboles,
por más que se pongan pantalones multibolsillos y lleven en uno de ellos una
navajita Opinel». En realidad molestan los animales.
Otros nos proclamamos amantes de los
animales sin tener en cuenta el sufrimiento por el que algunos deben pasar para
que consigamos avances estéticos, científicos o que satisfagan nuestra calidad
de vida. Hay en la sociedad actual un maltrato animal silencioso y permitido y,
consecuentemente, cierta deshumanización aceptada.
Rodeamos nuestro entorno de avances
tecnológicos sin tener en cuenta la fauna que se desenvuelve en él y después,
cuando no tiene arreglo, nos asombramos de la destrucción de determinados
ecosistemas que, antes o después, influirán en el cambio climático que
irremediablemente contribuirá a la aniquilación de nuestra forma de vida.
El hombre es un ser superior, esto lo
tenemos tan asumido que a veces se nos olvida nuestra propia ignorancia. Los
animales no son muñecos de peluche, son seres con pegas, con inconvenientes y,
a veces, nos arrepentimos de habernos hecho cargo de alguno de ellos. El
egoísmo es evidente, hablamos de lo que nos aportan los animales de compañía
pero no de lo que les aportamos nosotros. A veces los entornos son poco aptos
para la convivencia animal-humano, gozamos de comodidades que no lo son tanto
para ellos.
En fin, los cuentos abordan la
condición humana; cómo hemos ido introduciendo animales en nuestra vida y, al
final ha ido en detrimento de su libertad, porque nosotros no queremos
renunciar a la nuestra. En un mundo incongruente buscamos el sentido aunque no
lo tenga.
Entonces nuestra esencia se desvanece
en el bienestar de nuestra existencia «Vuelven
a sacar las imágenes de los terneros muertos, supones que para darle mayor
dramatismo a la noticia y tú te preguntas qué más da que estén muertos si total
los llevaban al matadero. Eres una mujer pragmática […] Llamas a Glovo. Pides
una hamburguesa. Poco hecha. Y de las grandes, que tienes hambre».
Creemos vivir de forma auténtica sin
darnos cuenta de que no asumimos nuestra responsabilidad sino que nos evadimos
en lo que otros han calificado como idóneo. Chelo Sierra invita a que .llevemos una vida consciente de nuestra
realidad porque si anulamos la responsabilidad podemos estar en un sinsentido «Urgente: cambio dos relatos sobre problemas
conyugales por dos que traten de animales».
Vivir de manera auténtica sin dejarnos
llevar por lo que se espera de nosotros «Los
sonidos molestos van desapareciendo al mismo ritmo con el que lo mencionan los
huéspedes, aunque siempre surgen nuevas quejas».
La familia puede transformarse en una
atmósfera opresiva para los animales, también para los ancianos. El hombre, y
la mujer, moderno necesita autonomía sin que nada ni nadie coarte su libertad
de movimiento, porque eso es lo principal para mantener la vida que hemos elegido
en la que, a veces, tampoco disfrutamos «Anda,
hija, nosotros ya hemos estado un ratito juntos, ve a casa, corre, no vaya a
ser que le pase algo al perrín […] sí, me voy que ya es muy tarde, cualquier
día llego y le ha dado un síncope».
El
único animal es un espejo en el que su autora nos invita
a examinar nuestra conciencia, generalmente contradictoria. En los relatos
observamos un reflejo fiel de la sociedad actual, con tensiones, temores y
discordancias de nuestra época. Unos, muestran deseos ocultos, como El coraje de los héroes y otros,
las verdades más indignantes: Crema
antiarrugas, Demasiadas veces,
Bioko y la artista…
Chelo Sierra nos invita a reflexionar y cuestionar la veracidad del mundo narrado y real.



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