miércoles, 18 de febrero de 2026

EL ÚNICO ANIMAL

La verdad es que esta vez he jugado con ventaja: me gusta la editorial Talentura, me apasiona el cuento y me encanta Chelo Sierra, así que leer El único animal era un éxito seguro a pesar de la portada un tanto inquietante y que, en el fondo, refleja el estilo de la autora: desenfadado, fresco, con aportes de humor pero incisivo, para recordarnos algo que parece que hemos olvidado; no estamos en un mundo donde todo es estética, no todo quiere alcanzar la superficialidad como sinónimo de felicidad, no todo se puede infantilizar. Los peluches-disfraces que cuelgan de una barra, en la portada, transmiten desde la profundidad de su mirada inerte, la derrota a la que los hemos llevado.

Están en nuestras manos; no se rebelan, no los dejamos. Solo si los miramos directamente a los ojos podremos adivinar también nuestro fracaso.

Es curioso el título para un libro de relatos cuyos protagonistas son animales, diversos, diferentes, todos utilizados por el hombre para su beneficio quien, haciendo gala de su inteligencia, es el que se erige en narrador de estas historias.

Historias que nos interpelan y consiguen que nos cuestionemos si de verdad nos importan estos animales y hasta qué punto estamos comprometidos con ellos. Normalmente, en la relación que mantenemos en un mismo ambiente para humanos y animales, llevamos las de perder porque quedaos como insensibles o como estúpidos.

¿Quién es entonces el único animal?

El libro de Chelo Sierra contiene 14 relatos; en trece, los animales son personajes directos; el último alude a los animales y al proceso de publicación literaria, una manera algo disparatada y valiente de asumir la autoría y aceptar el verdadero riesgo de las redes sociales: «ignora que el escritor magnífico desvelará en algún momento su autoría porque no hay escritor, por magnífico que sea, ajeno a la vanidad».

En El ruido de los pájaros al caer, la autora denuncia la incongruencia de aquellos que aspiran a una vida natural como sinónimo de tranquilidad. Algunos pretendemos cerrar el campo como si de una habitación se tratase. A muchos de los que se decantan por vivir en la naturaleza, no les gusta el campo «por más que se empeñen en abrazar árboles, por más que se pongan pantalones multibolsillos y lleven en uno de ellos una navajita Opinel». En realidad molestan los animales.

Otros nos proclamamos amantes de los animales sin tener en cuenta el sufrimiento por el que algunos deben pasar para que consigamos avances estéticos, científicos o que satisfagan nuestra calidad de vida. Hay en la sociedad actual un maltrato animal silencioso y permitido y, consecuentemente, cierta deshumanización aceptada.

Rodeamos nuestro entorno de avances tecnológicos sin tener en cuenta la fauna que se desenvuelve en él y después, cuando no tiene arreglo, nos asombramos de la destrucción de determinados ecosistemas que, antes o después, influirán en el cambio climático que irremediablemente contribuirá a la aniquilación de nuestra forma de vida.

El hombre es un ser superior, esto lo tenemos tan asumido que a veces se nos olvida nuestra propia ignorancia. Los animales no son muñecos de peluche, son seres con pegas, con inconvenientes y, a veces, nos arrepentimos de habernos hecho cargo de alguno de ellos. El egoísmo es evidente, hablamos de lo que nos aportan los animales de compañía pero no de lo que les aportamos nosotros. A veces los entornos son poco aptos para la convivencia animal-humano, gozamos de comodidades que no lo son tanto para ellos.

En fin, los cuentos abordan la condición humana; cómo hemos ido introduciendo animales en nuestra vida y, al final ha ido en detrimento de su libertad, porque nosotros no queremos renunciar a la nuestra. En un mundo incongruente buscamos el sentido aunque no lo tenga.

Entonces nuestra esencia se desvanece en el bienestar de nuestra existencia «Vuelven a sacar las imágenes de los terneros muertos, supones que para darle mayor dramatismo a la noticia y tú te preguntas qué más da que estén muertos si total los llevaban al matadero. Eres una mujer pragmática […] Llamas a Glovo. Pides una hamburguesa. Poco hecha. Y de las grandes, que tienes hambre».

Creemos vivir de forma auténtica sin darnos cuenta de que no asumimos nuestra responsabilidad sino que nos evadimos en lo que otros han calificado como idóneo. Chelo Sierra invita a que .llevemos una vida consciente de nuestra realidad porque si anulamos la responsabilidad podemos estar en un sinsentido «Urgente: cambio dos relatos sobre problemas conyugales por dos que traten de animales».

Vivir de manera auténtica sin dejarnos llevar por lo que se espera de nosotros «Los sonidos molestos van desapareciendo al mismo ritmo con el que lo mencionan los huéspedes, aunque siempre surgen nuevas quejas».

La familia puede transformarse en una atmósfera opresiva para los animales, también para los ancianos. El hombre, y la mujer, moderno necesita autonomía sin que nada ni nadie coarte su libertad de movimiento, porque eso es lo principal para mantener la vida que hemos elegido en la que, a veces, tampoco disfrutamos «Anda, hija, nosotros ya hemos estado un ratito juntos, ve a casa, corre, no vaya a ser que le pase algo al perrín […] sí, me voy que ya es muy tarde, cualquier día llego y le ha dado un síncope».

El único animal es un espejo en el que su autora nos invita a examinar nuestra conciencia, generalmente contradictoria. En los relatos observamos un reflejo fiel de la sociedad actual, con tensiones, temores y discordancias de nuestra época. Unos, muestran deseos ocultos, como El coraje de los héroes y otros, las verdades más indignantes: Crema antiarrugas, Demasiadas veces, Bioko y la artista

Chelo Sierra nos invita a reflexionar y cuestionar la veracidad del mundo narrado y real.

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