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lunes, 6 de junio de 2016

SUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO

Merece la pena leer Sueño de una noche de verano porque es una obra del también homenajeado este año, en su 4º Centenario, William Shakespeare, porque es una comedia divertidísima, porque conjuga realidad y ficción hasta que forman un microcosmos aparte, y porque el metateatro que contiene, la representación de la tragedia de Píramo y Tisbe (a cargo de unos artesanos), es una de las mejores —por ocurrente— adaptaciones de la leyenda de estos amantes.

Cuña.-   Pardiez, nuestra función es “La muy lamentable comedia y muy cruel muerte de Píramo y Tisbi”
Canilla.- Una pieza muy buena, os lo aseguro, y divertida. Ahora, buen Pedro Cuña, ve llamando a tus actores por la lista. Señores, desparramaos.

En realidad la he leído porque me quedé intrigada con Martinito, el de la casa grande; quería comprobar dónde estaba lo literal, dónde la influencia y dónde el guiño de Carmen Baroja al maestro.

Y me ha pasado exactamente lo mismo que al leer las tragedias de Shakespeare; desde el principio he quedado atrapada por un vocabulario en el que la mezcla inesperada de estilos hace de la representación algo ágil, moderno y atrevido. Encontramos metáforas poéticas y humorísticas «la luna (la regidora de las aguas), pálida de cólera, lava el aire entero haciendo abundar los males catarrosos», que nos recuerdan a las greguerías de Gómez de la Serna; junto a ellas, otras empequeñecedoras que, en la situación de encantamiento, nos hacen sonreír «¿Quién no va a cambiar a un cuervo por una paloma?» (a Hermia por Helena).

El lirismo de los versos contrasta en ocasiones con lo grotesco de la prosa;

Helena.- ...soy tu perrito, y cuanto más me pegas, Demetrio, más apego te tengo. Trátame como a tu perrito: dame patadas, golpéame, despréciame, piérdeme...
Demetrio.- No tientes demasiado el odio de mi espíritu, pues me pongo enfermo cuando te miro.
Helena.- Y yo me pongo enferma cuando no te miro.
Demetrio.- Pones en demasiado peligro tu pudor al dejar la ciudad y entregarte en manos de uno que no te quiere...

El ingenio de las anfibologías choca con los dobles sentidos de algunas expresiones que no tienen sentido;

Gazuza.- Creo que tenemos que dejar lo de matarse...
Canilla.- Ni por pienso: tengo un truco para que todo vaya bien. Escribidme un Prólogo, y que el Prólogo haga como si dijera que no vamos a hacer daño con nuestras espadas...
Cuña.-   Bueno, buscaremos ese Prólogo, y estará escrito en un dos por tres.
Canilla.- No, mejor que esté escrito en versos de ocho.

Los personajes populares difieren de los aristocráticos, y los reales de los fantásticos, de ahí que, entre tanta antinomia, en expresiones alambicadas irrumpan insultos o improperios y las leyes renacentistas, austeras y severas, se dejen influir por otras divinas más caprichosas, absurdas y divertidas.

Duende Berto.- ¡Eh, espíritu! ¿Adónde vas?
Hada.-   Por los montes y los valles
              [...]
              Tengo que ir ahora a buscar
              gotas de rocío frescas,
              para que tengan las prímulas
              pendientes en las orejas.
              Adiós, me voy, torpísima lombriz:
              con sus hadas, ya está mi Emperatriz.

Precisamente es este contraste, este juego de contrarios lo que aporta el equilibrio a la obra porque así es la vida, una representación en la que no todo son alegrías ni buenos deseos.

Hermia.- Cuanto más le odio, más me sigue.
Helena.- Cuanto más le quiero, más me odia.

La división en 5 actos confiere el equilibrio formal ya que en el Acto I se plantea el problema de los personajes reales; en el Acto II el de los seres fantásticos; el Acto III constituye el eje de la obra, pues en el ensayo de Píramo y Tisbe reside la tragedia que normalmente representa el amor real, y los intentos de la fantasía por solucionar problemas reales se quedan en eso, intentos fallidos.

Los Actos IV y V son la resolución de los problemas mediante el humor; asimismo la magia que supone para las parejas la bendición del amor es el regalo que los sueños ofrecen a la realidad.

En el contenido también observamos un equilibrio total. Si mediante el enredo y los disfraces existe en lo irreal una tendencia a la confusión, en la realidad se recobra el orden.

En las contradicciones del amor se encuentra la solución. Los amantes pasan de dedicarse requiebros a insultarse.

Helena.- Ah, cuando está enojada es maligna y furiosa [...] y aunque sea pequeña, es feroz
Hermia.- ¿Pequeña otra vez? ¿Nada más que baja y pequeña? ¡Qué! ¿Va a consentir que me insulte de ese modo? Déjame que vaya a ella.
Lisandro.- Vete ya, enana, minimus hecho de centinodia, abalorio, bellota.

En un mismo poema alternan palabras líricas y populares. En una boda se representa una tragedia que, mediante el humor absurdo, trae la alegría a todos.

Teseo.-  ¿Trágica y graciosa? ¿Tediosa y breve? Es como hielo caliente
              [...]
[Canilla como] Píramo.- Dulce luna, tus rayos te agradezco [...]
              Confío poder ver a mi fiel “Tisbi”.
              Pero espera...
              Ojos ¿Qué veis? No sé cómo ocurrió.
              Dulce patito mío, amada mía,
              tu manto está empapado todo en sangre.
Teseo.-  Este sufrimiento, y la muerte de una persona querida serían casi bastantes para que un hombre pusiera cara triste.
              [...]
              Quedan el Claro de Luna y el León para enterrar a los muertos.
Demetrio.- Sí, y también la pared.
Canilla.- No, os aseguro que se ha derrumbado la pared que separaba a sus familias ¿Os parece bien ver el Epílogo...
Teseo.-  Nada de Epílogo, por favor, porque vuestra función no necesita excusas.

Todo es magia en el Sueño de la noche de San Juan, todo puede suceder en el día más largo, todo durante una noche en la que la magia no permita distinguirla del día. Así pues, los peligros, los insultos, incluso la tragedia representada no pasan de ser sueños hasta que la noche más clara del año, la del solsticio de verano, la de San Juan, dé paso al día, a la luz real, a la felicidad y la armonía. Hasta cinco historias de amor distintas tendrán lugar en una de las obras más cortas del genio inglés; en el plano de los humanos, la boda de Teseo e Hipólita, la de Hermia con Lisandro y la de Helena con Demetrio. En el plano de los seres fantásticos Oberón y Titania volverán a unirse y en el plano metateatral el amor de dos seres fantásticos se representará en la propia fantasía primero y pasará a ser real después. Todo queda pues, en un equilibrio perfecto.

La comedia mantiene el sello del dramaturgo: los personajes principales, aunque no están tratados con la profundidad de los de sus tragedias, simbolizan cualidades humanas; nos encontramos con la constancia de Hermia y la pasión de Helena, ambas retratan a la mujer.

Hermia.- Consuélate: no volverá a ver mi cara (Demetrio): Lisandro y yo huiremos de aquí...
              [...]
Helena.- ...y lo mismo que él se equivoca (Demetrio), enloqueciendo por los ojos de Hermia, yo también me equivoco, admirando sus cualidades: cosas bajas y viles, que no contienen valor, el amor las puede transformar en forma y dignidad.

Por su parte los hombres quedan retratados desde la fragilidad de Demetrio y la pacificación de Lisandro

Helena.- ...Pues antes que Demetrio viera los ojos de Hermia, granizaba juramentos de que era sólo mío...

Lisandro (a Egeo).- Yo, señor, soy de tan buena estirpe como él [...] mi amor es más que el suyo [...] soy amado por la bella Hermia ¿Por qué, entonces, no habría de mantener mi derecho?...


El resto de personajes, veintiséis, más los que forman los séquitos de Teseo, de Oberón y de Titania, están situados estratégicamente y aparecen de manera conveniente para describirnos la corrupción del mundo, masculino por excelencia, y la irracionalidad del ser humano. No se puede ser más actual, por eso, los decorados, la tramoya, la música, conforman un encuadre perfecto para que siempre tengamos presente los caprichos del destino, la valentía de la mujer y el poder del amor.

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