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sábado, 23 de abril de 2016

LAS SINSOMBRERO

Merece la pena leer Las sinsombrero. Ensayo sobre diez mujeres de la Generación del 27, diez artistas olvidadas en los libros de texto, olvidadas en los estantes de las librerías y, en algunos casos, olvidadas en las memorias de ciertos compañeros a pesar de haberles servido de inspiración o de influencia artística; a pesar de haber formado parte de su círculo de amigos; a pesar de haber mantenido con ellas una relación de amor.

El libro tiene la lectura que cada uno le quiera dedicar, es decir, la escritura es fluida, segura y pretendidamente objetiva, centrada en los conceptos que quiere resaltar de las artistas. Si nos quedamos ahí, la lectura es continuada y ligera. Pero Tània Balló es otra artista, cineasta, ofrece con su pluma una serie de imágenes que permiten ver entre líneas más allá de lo que está escrito; en esos instantes el lector queda atrapado en una época histórica, en una generación que aspiró a ser libre y creativa y vio cómo sus esperanzas se desvanecieron, cómo la creación quedó modificada en ocasiones y destruida en otras, cómo la libertad se transformó en dependencia, prisión o aniquilación, cómo la espontaneidad e independencia derivaron en el ostracismo y el silencio. Y en esos momentos la lectura de este libro no fluye; no se puede permanecer en esos diez nombres porque aparecen muchos otros y la curiosidad lleva a investigar en ellos.

El libro es apasionante; descubre a mujeres desafiantes que consiguieron, aunque fuera durante un tiempo efímero, realizar sus sueños al tiempo que fueron conscientes de que el futuro no les estaba permitido, de que sus ambiciones no eran suyas sino que formarían parte de las de otros, o ni siquiera eso. Cuando el lector profundiza en esto se da cuenta de que una tristeza, derivada de la soledad de estas mujeres, engloba las páginas y se convierte en rebelión ante el ser humano como máximo depredador del propio ser humano.

Porque la mujer ha debido luchar contra una sociedad perjudicial en la que tienen cabida no sólo amigos o conocidos, a veces incluso hombres a los que admiramos, sino también familiares, otras mujeres, y su propio mundo interior en el que «Se encerraron en él, como refugio de una vida que sentían que no las contemplaba. Y su arte fue el único vínculo con el que conseguirían entrar en contacto con su entorno.» Y como es lógico, quien debe encerrarse en sí mismo está abocado a la ocultación, a la tristeza, la angustia, la rabia y la opresión, porque uno mismo es muy pequeño.

La mayoría de estas mujeres, y esto es lo más triste, fueron aniquiladas por sus propios compañeros de generación, lo que dice mucho de la misoginia de esa Edad de Plata de la cultura española, porque es cierto que Juan Ramón Jiménez, Pedro Salinas, Jorge Guillén nos hacen vibrar con su poesía, Dalí con su pintura o Buñuel con su cine, pero no debemos olvidar que ellos no formaron ese Grupo del 27 que ha traspasado épocas y fronteras; ellos son sólo una parte que se completa con Mª Teresa León, Rosas Chacel, Ángeles Santos, Maruja Mallo o Concha Méndez entre otras. Lo más triste es que algunos de esos compañeros no sólo las ignoraron o intentaron subestimar su obra durante la República, sino que en los tiempos en los que los exiliados empezaron a regresar a España, a finales de los 70, en que las multitudes se agolpaban para vitorear a aquéllos que debieron refugiarse en otras latitudes, ninguno puso por delante de sus éxitos el de alguna de sus compañeras.


Y merece la pena destacar, aunque es difícil decisión, el papel de Mª Teresa León durante la Guerra Civil, pues su aportación a la escena español no sólo resultó encomiable sino innovadora, utilizó técnicas escenográficas que no se habían visto hasta ese momento como la mezcla de proyecciones cinematográficas con los decorados teatrales; creó y dirigió el Teatro de Arte y Propaganda, representando durante una temporada completa en el Teatro de la Zarzuela; regeneró el teatro al convertirlo en manifestación cultural y educadora del pueblo; estrenó a Lorca, a Alberti, a Arconada, a Valle-Inclán y a Dieste, entre otros, y la crítica se rindió a sus pies valorando su labor como autora, gestora, directora y actriz y ensayista de distintos proyectos escénicos. No debemos pasar por alto la reflexión de Tània Balló, «La acción de las Guerrillas del Teatro me hace pensar que mientras en otros países se levantaba el ánimo de los soldados con vistas de actrices de cuerpos seductores, en España, el gobierno de la República manda al frente a Shakespeare.»

Con la entrada de la democracia la sociedad había cambiado, la mentalidad franquista había ensanchado, la mujer formaba parte de puestos importantes, y, sin embargo, parece como si esos hombres en particular y todos en general, dieran por sentado que la obra de sus compañeras ocupaba el lugar que les correspondía, oculta tras la de ellos. Es doloroso, mucho, saber que grandes poetas, es cierto, han estado respaldados en ocasiones por una mujer que además de escritora podía ser filóloga, investigadora, profesora y precursora de los derechos de la mujer —como el caso de María Teresa León—, que si quería ser oída debía utilizar algún pseudónimo, renunciar a sus hijos y soportar groserías sobre su talento por parte de compañeros incluso.

No sólo esto resulta llamativo, el libro está plagado de curiosidades entre las que se podría destacar la educación esmerada que recibieron casi todas las mujeres de las que trata, debido entre otras razones, a que formaron parte de los círculos culturales de la época «No debemos olvidar que Rosa Chacel era sobrina nieta de Zorrilla y desde los tres años recitaba algunos de su poemas.»

Concha Méndez, «campeona de natación, poeta, guionista, dramaturga, editora, impresora, vendedora de libros…» y sin embargo «Buñuel nunca mencionó nada al respecto de su noviazgo con ella en ninguno de sus posteriores textos autobiográficos. Un desliz claramente intencionado que dice mucho de la personalidad del archiconocido director de cine». Aun así, apenas se oyó su nombre o su obra, sólo que fue la mujer de Manuel Altolaguirre.

También Josefina de la Torre mantuvo un apasionado romance con Luis Buñuel tras haber trabajado juntos. Su nombre no es tan conocido como el de su hermano, Claudio de la Torre, a pesar de constituir una figura indispensable en la poesía en el cine, en el teatro y en la ópera.

Maruja Mallo, pintora espléndida fue novia de Miguel Hernández entre 1925 y 1930 y de cuya relación se vislumbra una mutua influencia en la obra de cada uno. Asimismo A cal y canto de Alberti refleja la extraordinaria compenetración con Verbenas y Estampas, de Mallo.

Mª Teresa León “aconsejó” a su nuevo amante que no volviera a nombrar a la pintora y él le hizo caso hasta el final de sus días. Es cierto que María Teresa, sobrina de Menéndez Pidal, fue cautivadora; desde Primo de Rivera hasta Salinas quedaron rendidos al talento y encanto «de esta escritora, ensayista, dramaturga, guionista, periodista, feminista y activista en favor de la libertad y los derechos sociales», aun así tuvo que escribir con pseudónimo durante una temporada.

María Zambrano fue la primera filósofa de la historia de nuestro país, aunque según ella misma dijo, «Pensar por pensar no está bien visto en España»; a pesar de todo, la filosofía de la mejor discípula de Ortega y Gasset es indispensable para entender la evolución del pensamiento occidental del siglo XX.

La pedagoga María de la O Lejárraga vivió casi 100 años luchando por el socialismo, el feminismo y la República a la vez que escribió las obras con las que su marido primero, después exmarido, Gregorio Martínez Sierrra, se granjeó una fama nacional al firmarlas.


 Y es que, estas mujeres Sinsombrero decidieron quitárselo, aunque no lo consiguieran del todo, porque las oprimía y ocultaba sus pensamientos, su obra, su vida.

Resulta irónico que al buscar en una enciclopedia Julio Caro Baroja encontremos: Hijo del editor Rafael Caro y de [ ? ] Carmen Baroja, sobrino del novelista Pío Baroja y del pintor Ricardo Baroja, y hermano del documentalista, etnógrafo y escritor Pío Caro Baroja. Y resulta irónico, si no ofensivo, porque su madre, Carmen Baroja, que aparece sin oficio, la “hermana” de Pío Baroja, estudió Artes en París para dedicarse a la orfebrería artesana; sus primeros trabajos, a los 15 años, tratan sobre temas etnográficos y es poeta y autora de cuentos infantiles.


Pues, porque va siendo hora de cambiar muchas entradas de diccionarios y muchos pensamientos y actitudes, gracias, Tània Balló; esta nueva aportación es valiosísima tanto por el contenido como por la forma en que está narrado, ágil y visual.

2 comentarios:

  1. Está claro que libros como este son necesarios, pero gente que los comente y los comparta es imprescindible porque, aunque se ha avanzado, estamos muy lejos todavía de lograr la igualdad.
    El otro día se llamó la atención una noticia, que debería ser normal, pero es extraordinaria. Después de muchos años de lucha, una plataforma reivindicativa ha conseguido que en el año 2020, por primera vez en la historia un billete refleje la imagen de una mujer en los Estados Unidos, y además será la de una mujer negra, esclava, abolicionista y sufragista ¿sólo es un gesto? posiblemente, pero también los gestos son necesarios, además esto sucede en un año en que, también por primer vez en la historia, una mujer tiene posibilidades reales de convertirse en Presidenta de EE.UU.
    Gracias por otra recomendación que nos obliga a reflexionar y espero que el día del libro te haya dejado algo interesante.

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    1. Gracias a ti, por leer, por estar siempre presente y por tus comentarios valiosos y curiosos. Estoy deseando ver ese billete. El día del libro, de forma inesperada, yo diría que a traición, me ha dejado un libro que creo me va a gustar, por la protagonista sobre todo. Cuando lea "El desorden que dejas" lo comentaré.
      ¡Seguimos leyendo!

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