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viernes, 9 de octubre de 2020

EUGENIO, MEMORIAS DE UN INFORMÁTICO

Al leer el subtítulo de este libro, 10 verdades que ocurren en los proyectos, entendí que era un manual para todo aquél que quisiera planificar un determinado asunto. He de confesar que no he leído nunca un libro de autoayuda, ni siquiera de ayuda en general. Me parecían manuales llenos de tópicos evidentes que no tenían por qué solucionar el posible problema. Además creo que todos podemos escribir sobre lo que conocemos, escribir basándonos en nuestras costumbres. Así que me enfrenté a Eugenio, memorias de un informático con ciertas reticencias que se esfumaron en la primera página. Está claro que los recuerdos del autor son claves, constituyen el punto de partida para una historia que va algo más allá, porque es un libro curioso, ameno; su estructura disipa cualquier rechazo que podamos tener a la persuasión de las falsas enseñanzas plagadas de elementos confusos.

Estructuralmente está dividido en tres partes:

La primera, un relato ficticio que muestra las peripecias de dos extrabajadores de una gran empresa que abandonan su trabajo para emprender su propio negocio.

La segunda parte es una recopilación de observaciones que uno de los personajes ha ido extrayendo de la experiencia y que quedan plasmadas como un decálogo que hay que tener en cuenta a la hora de enfrentarse a un proyecto informático.

Por último, Roland Durareli expone una serie de anexos que informan de metodologías de trabajo, técnicas para desarrollarlo, creación de medios para comunicarnos con las máquinas y pruebas necesarias o convenientes antes de poner en uso el resultado del nuevo proyecto.

Nos enfrentamos, pues, no a un mero manual. Como su título indica estamos ante unas memorias que constituyen un fragmento esencial de la vida del autor. Lo curioso es que está redactado como memoria y manual conjuntos. La primera parte rescata momentos y emociones vitales que se leen como una historia de ficción. La segunda invita a que los lectores nos identifiquemos con lo expuesto en la parte novelada y seamos capaces de afrontar nuestro propio reto.

Lógicamente la última parte contiene un lenguaje más específico de la informática, va dirigida a futuros creadores de proyectos «Sistemas como SAP bautizan sin complejos a estos registros temporales con el nombre de IDOC (Intermediate Document)». Pero todo el libro, puede servir de aliciente a cualquier persona que quiera abrir un negocio, no necesariamente de informática.

Aquí está la originalidad. Durareli escribe una novela corta, un relato en el que algunos capítulos terminan con un punto de misterio, que consigue nuestro interés por saber qué ocurrirá «Pero lo que no sabía Eugenio era dónde estaba a punto de meterse». Otros capítulos son verdaderas analepsis, que nos ponen en antecedentes de las circunstancias que obligaron a tomar distintas soluciones «Se encontraban sentados a la mesa del comedor principal […] cuando Carlos aprovechó un silencio». A veces hay digresiones sobre leyendas, reales o inventadas, que aportan, a modo de cuento, valiosos consejos para construir un negocio. Otras veces, los diálogos reflejan el estrés laboral que siempre termina pasando factura en la vida privada, «—No quiero discutir de nuevo. Estoy muy liado. Ya hablamos luego —y colgó sin despedirse».

La trama del relato nos va llevando por las peripecias de Eugenio y Martín desde que abandonaron Carnimática Consulting y fundaron su propia  empresa. Zancadillas de algunos colaboradores, de la competencia, de sus propios fallos… Todo lo han de soportar hasta que disponen de una idea que les permitirá libertad de acción sin que peligre su vida personal.

Memorias de un informático supone para todo lector una herramienta útil, porque no trata solo sobre cómo montar una empresa sino que las andanzas de sus personajes nos descubren cómo hacer frente a posibles dificultades personales, familiares o incluso laborales. El entretenimiento viene con el añadido de que el autor conoce el mundo del que escribe de manera que, en ocasiones, se transforma en el profesional indispensable que ayuda al principiante.

Roland Durareli, con un estilo claro y desenfadado, nos hace ver la difícil salida de una situación que puede experimentar un negocio. Eugenio y su compañero Martín son capaces de levantar la autoestima de quienes teman enfrentarse a algo nuevo, ignorando a personas tóxicas que se acercan por interés y sorteando las dificultades que van apareciendo en el proceso de puesta en marcha. En este relato el optimismo es fundamental, ya que los personajes idean estrategias para no abandonar sus sueños, para tener una vida laboral e íntima plenas, desterrando miedos al aceptar los problemas como tales, para ponerles remedio con la ayuda de quienes guardan un interés común.

El lenguaje es asequible a todos aunque, lógicamente, el lector ideal es el que tiene unas nociones, aunque sean mínimas, de informática.

De los diálogos podemos extraer ideas no solo para quienes desean montar su propio negocio sino también para quienes aspiren a mejorar en su trabajo «—Yo en eso soy muy claro. Siempre que puedo aplico mi filosofía de que para resolver los asuntos hay que ir por el camino que lleve el Mínimo Esfuerzo y te dé el Máximo Placer, o como lo llamo yo, MEMP». En general la lectura es válida para los que consideran la necesidad de superarse, de dejar de ver el trabajo como una carga impuesta irremediablemente, para empezar a afrontarlo como lo que hemos de incluir en nuestro modo de vida, algo necesario con lo que se puede disfrutar, que aporta herramientas que contribuyen al bienestar emocional.

El tema de Eugenio, memorias de un informático, va intrínsecamente unido a la motivación personal, por lo que es de total actualidad. Las peripecias de Eugenio hacen que mejoren la percepción que tiene de sí mismo y de la empresa que va a montar. Pero antes ha soportado largas ausencias de su hogar que aumentan la dureza y el estrés de su cometido y consiguen que se olvide de su vida personal hasta que se convierte en un adicto al trabajo o lo que es lo mismo, adicto al poder y al dinero. Algo que no le complace pues llega a deshumanizarlo, a conseguir que no disfrute de la existencia «—Pues hombre, con todas las horas que estamos trabajando, la verdad es que he visto poco de Salamanca». Asimismo la lectura del libro hará que nos sintamos mejor; en este sentido es una inspiración para llevar a cabo el cambio que todos pretendemos al complementar el tiempo laboral y de ocio, al añadir humanidad a la tecnología de manera que afrontemos la vida sin monotonía o sin depresión.

Eugenio llega a conocerse a sí mismo por lo que, primero, toma conciencia de quién es, de sus capacidades y posibilidades para, después, trabajar en el giro que quiere darle a su vida. En este sentido, el relato no es ficticio. El mensaje de Durareli es realista, ya que anima a los lectores a enfrentarse al presente con optimismo para no limitar las oportunidades que la vida nos ofrece.

El libro es una amena referencia que ayuda a reconducir ese aspecto de la vida tan importante, el trabajo, para que no sea una carga para nosotros sino una opción libre que nos enriquezca como personas.





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