Cuando una niña es simplemente una
niña mientras todos sus compañeros de clase y amigos tienen nombre y apellidos,
es que algo va mal; al menos para ella porque no es especial sino alguien que
pertenece a esa generalidad, pero da igual su identidad, tal como corrobora el
indeterminado que sirve para designarla. Ella es una niña inespecífica,
desconocida. O así se siente. Esta es la idea con la que Natalia Cantero abre su libro de cuentos Nada en su sitio.
Estamos ante el dolor y la vergüenza
de sentirse ignorada en una familia; algo que ella asume con culpabilidad y la
acompaña allí donde va, durante toda su vida. ¿Qué hacemos los adultos cuando
traemos hijos al mundo para escatimarles amor? ¿Qué hacemos cuando nuestras miserias
son tan grandes que no podemos desprendernos de ellas y tenemos al lado un ser
más frágil? Puede que le hagamos daño físico o psicológico o moral pero lo que
está claro es que lo que conseguimos es marcar para toda la vida a esa
criatura.
El estilo de los relatos es amable,
casi infantil y por eso al leerlos duele más. La historia de Una niña… nos la cuenta un
narrador en tercera persona con un razonamiento adulto, desde un punto de vista
infantil. La repetición de “una niña” marca el ritmo del texto mientras conecta
con el lector que, inmediatamente, siente el miedo de esa niña, su inquietud y
desorientación cuando sabe que en su vida falta la magia de la fantasía.
En El
sentido de la marcha, un usuario escribe una carta quejándose de la
compañía ferroviaria por haberle dado un asiento a contramarcha. Símil
totalmente gráfico de cómo vive en el pasado, sin poder olvidarlo ni permitirle
afrontar un futuro mejor. El dolor de la separación de la amada queda atenuado
por las metáforas religiosas que convierten a la mujer en un recuerdo
definitivo. La comicidad de la imagen la desacraliza a ella mientras resalta la
simpleza de él «…yo la he visto así, con
los brazos en cruz, que parecía una virgencita […] más y más pequeña, pasando
de estatua a medallita…».
En Pérez,
aparece el ratoncito de manera algo escatológica porque interesa sobre todo
conseguir el regalo prometido en el tiempo adecuado. El narrador, con tono
desenfadado expone hasta dónde son capaces de llegar los niños para conseguir
lo que quieren. La fusión léxica ocasional aporta a la situación gran fuerza
expresiva, «a pesar del gesto de sorpresa
de su madre peroadóndevas», «ha
vuelto a llamarlo muertodehambre».
El Cambio
climático nos va a traer otras consecuencias devastadoras que no tienen
que ver con él y quienes saldrán perdiendo, lógicamente, serán quienes posean
trabajos más precarios, menos dinero, menos comodidades… Con una prosa
agobiante, más aún por el buen talante, Natalia Cantero nos va introduciendo en
el infierno que sufre un hombre que ve cómo debe acostumbrarse cada vez a
disfrutar de menos bienes «El interfono
sonó y esta vez no contestó. Volvió a sonar. Otra vez. Oía las risas de los
niños que se bañaban, el ajetreo de los fogones en la cocina, a los vecinos
brindar con limoncello en la terraza […] Se tapó los oídos con las manos pero
no sirvió de nada»…
Son dieciocho cuentos. La lectura de Nada en su sitio es dinámica; la
amabilidad de las palabras, el dinamismo generan sin embargo cierto estado de
agitación emocional, que los lectores sentimos antes que los propios
personajes. A veces la tensión es casi insoportable; bastan unos puntos
suspensivos para advertir un cambio. Lo sabemos, pero no llega y, cuando lo
hace, el final cobra una fuerza tan directa que elimina cualquier rastro de
esperanza. La falta de comunicación en las relaciones amorosas, con el
consiguiente riesgo, la falta de sentimientos en la comunicación con el
posterior resentimiento consiguen que a una mujer le baste el amor hacia su
hija, todo lo demás es superfluo. Por el contrario podemos llegar a cometer la
locura de ofrecer nuestro cariño por un salario. Algo que a lo largo de la
Historia no ha sido tan loco: matrimonios concertados, arreglos desesperados en
parejas, intereses comunes… La convivencia no es tan romántica como nos han
hecho creer «…insistiéndole, tal es mi
empeño en estar a su lado, en que me haga un contrato. Hágamelo […] No se
arrepentirá».
Por el contrario, podemos conseguir
eliminar de nuestras vidas a quienes más nos quieren con tal de destacar. Es
difícil la convivencia cuando se impone un jefe; todos pensamos que lo nuestro
es lo importante, que somos imprescindibles y, para no quedar al margen, somos
capaces de hacer cualquier cosa incluso lo que antes hemos considerado como
atrocidad, «Pili me clavó sus ojos
azules, sus ojos inundados de mar y me sentí realmente triste».
De la misma manera nos comportamos
ante la fama; da igual que lo que se diga sea verdad o mentira, da lo mismo que
alguien salga herido. Importa la inmediatez, el momento de gloria ante las
cámaras, en las redes. Aunque sea efímero. Y esto contrasta con el dolor, el
verdadero dolor, el que nos va a marcar para siempre. Son hechos corrientes los
que se narran en Nada en su sitio
pero detallados cada uno como si fuera especial. Hechos que se ven envueltos en
el despropósito, en la angustia, en la culpa pero buscan ante todo la redención
de poder estar tranquilos, solos o acompañados pero sin el agobio de la
soledad.
El estilo tierno, inocente, con un
punto de ironía, consigue hacer de la lectura algo placentero.
Me ha gustado mucho, más cuando he visto que Natalia es murciana, más cuando he leído que también su familia da los abrazos chillaos.



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