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martes, 28 de febrero de 2017

EL BURGUÉS GENTILHOMBRE


Otro clásico que no falla, Molière, un hombre de gran talento cómico que, a pesar de tener en su contra a toda la iglesia, parte de la nobleza y algunas compañías teatrales de su tiempo, alcanzó la simpatía y el reconocimiento del propio Luis XIV, de hecho gozó hasta su muerte de un sueldo como director de la corte de Versalles, dado por el rey.

Fue acusado de obsceno e irreverente por sus comedias. Tartufo, por ejemplo, tuvo prohibida su representación durante años, y sin embargo el teatro se llenaba en el siglo XVII cada vez que estaba en cartel una de las obras de Molière. Lo curioso es que hoy también se llena.

¿Cómo es posible que más de trescientos años después sigamos riendo con las comedias de Jean-Baptiste Poquelin?

La respuesta es sencilla, no han perdido nada de la frescura inicial y, lo más importante, son perfectamente trasladables a nuestra sociedad actual; cualquier comedia de Molière es exagerada, histriónica, de ridículos hiperbólicos: El enfermo imaginario (curioso que la compusiera estando ya enfermo de tuberculosis), Tartufo, El médico a palos... no son más que ejemplos desmedidos de hipocondríacos, hipócritas o incompetentes; caracteres universales que, por desgracia seguirán existiendo mientras el hombre sea hombre.

No había leído El burgués gentilhombre, tampoco la he visto representada, pero pasé una tarde de las más divertidas últimamente al leerla. El diálogo ágil, plagado de ironías, de dobles sentidos y de directas acusaciones consigue que hoy nos enfrentemos a ella sin tener la impresión de estar ante algo obsoleto. Lo que en un principio fue pensado como comedia-ballet, encargada por el propio rey como pieza teatral y de ballet, para diversión de la corte, hoy podría ser representada como moderno musical. Un musical delicioso en el que la risa es la protagonista. El tono que predomina durante toda la obra es festivo, por lo que, en principio, puede parecer que nos enfrentamos a una obra de menor trascendencia que la que encontramos en las grandes tragedias; los personajes no luchan contra un fatídico destino como en Romeo y Julieta, sino que quieren alcanzar una serie de privilegios casi superficiales, y sin embargo el lenguaje desenfadado oculta feroces críticas a las falsas amistades, a todos aquellos que, olvidando lo que realmente tienen de bueno, como la familia o la vida tranquila, se lanzan a una existencia vacía y superficial que promete ser próspera y glamurosa, porque lo que prima es que, Sus bolsillos están llenos de discreción

El burgués gentilhombre es una llamada a la búsqueda de la honradez, a la moderación de pasiones y excesos. Si en el siglo XVII denunció los defectos de la corte, como la falta de dinero, mediante ironías humorísticas, Gracias a él podremos darnos a conocer en la corte; él pagará por los demás y éstos elogiarán por él; hoy nos recuerda que es mejor disfrutar de lo que somos y sentirnos orgullosos de nuestros orígenes, que hacer el ridículo con pretensiones de fama o grandeza. En este sentido es una obra didáctica; alerta del peligro que corremos si nos dejamos adular por toda una cohorte de aprovechados y oportunistas cuya única finalidad es conseguir beneficios sin el menor escrúpulo hacia la profesión que ejercen.

MAESTRO DE MÚSICA.- [...] M. Jourdain, con sus ínfulas de cortesano, que se le han subido a la cabeza, es para nosotros una finca.

El burgués gentilhombre es una sátira contra las ansias desmedidas de grandeza. Sin embargo esta intención viene rodeada de una finalidad evasiva y de diversión, no debemos olvidar que la obra iba dirigida a la corte y que quien sale más ridiculizado es Jourdain, el hijo de un tendero que pretende entrar en ella a toda costa. Nos reímos de Jourdain y su falta de exquisitez, de delicadeza, de conocimientos...

No es una tontería este baile. Además esa gente se zarandea bien.

Pero entre líneas, de forma implícita se posa la falta de delicadeza, de conocimientos y de realidad que ostenta la nobleza, puesto que este burgués gentilhombre confunde el ser con el parecer, pierde el sentido de la realidad. Jourdain no tiene malas intenciones, llevado por un desmesurado afán de quedar bien en la alta sociedad, termina siendo un necio que confunde la dignidad con el dinero, por eso no alcanza a ver la burla final cuando (para no cometer más imprudencias) deben nombrarlo «Mamamuqui» que, según la farsa ideada por Covielle, «en nuestro idioma quiere decir paladín [...] no hay distinción de más alta nobleza en el mundo».

Y así, «(la ceremonia turca para armar caballero a Jourdain se realiza bailando al son de la música)», por un momento nuestro protagonista recuerda a aquel otro hidalgo que fue armado caballero para fines más nobles que la pretensión de entrar en la nobleza.

Los personajes son arquetipos, representan las debilidades de la naturaleza humana, por lo que, en su conjunto, forman un retrato de la sociedad. Sólo con oírlo un par de veces descubrimos en Donante a la nobleza sin escrúpulos

Tenía verdadera impaciencia de veros. Sois el hombre a quien más estimo en el mundo, y esta mañana he vuelto a hablar de vos en la cámara de su majestad [...]
He venido a que ajustemos nuestras cuentas [...]
¡Justo, justo! ¡Quince mil ochocientas libras! [...] agregad ahora doscientos doblones que me vais a dar y tendremos diez y ocho mil francos en cuenta redonda que os pagaré en la primera ocasión.

Los profesores de música, danza y filosofía, representan a la base humanística de la sociedad, que incongruentemente sólo se preocupa por vivir bien. El trabajo docente no es vocacional sino una excusa para ganar dinero.

Con el lenguaje quedan todos ridiculizados. El maestro de esgrima deja en entredicho una de las disciplinas más solicitadas por la nobleza «todo el secreto de la esgrima consiste solamente en dos cosas: en dar y en no recibir».

El sastre encabeza al sector comercial con intereses muy alejados de ofrecer un buen servicio. Lo que más interesa a la gente de la ciudad es el enriquecimiento personal y el ascenso social.

JOURDAIN.-(Reparando en el traje que trae puesto el maestro sastre) —¡Ah, demonio! ¿Qué es esto señor sastre? Esta tela es mía; la que os llevé para el último traje que me hicisteis. La conozco muy bien.
MAESTRO SASTRE.- Es que la tela me pareció de un gusto tan extraordinario que quise tener yo un traje igual.

Por el contrario, los criados son el símbolo del pueblo llano, y en el contraste entre ellos y los personajes anteriores se puede ver reflejado el tópico “menosprecio de la corte, alabanza de aldea”, usual en el Renacimiento y Barroco. La sirvienta Nicole representa el sentido del humor y la espontaneidad de los habitantes del campo

NICOLASA.- Perdóneme el señor; pero es que no puedo contener la risa viéndole tan ridículo ¡Ji,ji,ji!
[...]
NICOLASA.- Por lo menos, no deberíais dejar entrar a cierta gente.

Covielle no es sólo el sirviente de Cleonte sino que simboliza la inteligencia y el sentido común del pueblo, al urdir la trama con la que  finalmente engañan a Jourdain.

Los enamorados son, como no podía ser de otra manera, fieles y de comportamiento intachable

MME. JOURDAIN.- ¡Estas extravagancias os han hecho perder el juicio! Y todo ello viene desde que os dio por la nobleza.
[...]
CLEONTE.- Señor [...] os suplico que me concedáis ser vuestro yerno.
JOURDAIN.- Antes de responderos os suplico que me digáis si sois noble.
CLEONTE.- [...] os digo francamente que no soy noble.
JOURDAIN.- Dadme la mano ... Mi hija no es para vos.

Cleonte sólo consiente en engañar a Jourdain para conseguir casarse con su enamorada, quien a pesar de ser la fragilidad misma de la inocencia se aviene a mentir a su padre sólo por una vez, para obtener la felicidad con Cleonte.

Por último, el personaje de Madame Jourdain es sumamente curioso; cuando Molière escribió la comedia pensó en un hombre para representar a Mme. Jourdain y, sin embargo, en ningún momento queda en ridículo, antes al contrario representa la cordura y la razón que le falta a su marido, y no teme decirle constantemente que se están riendo de él, aunque reciba por respuestas insultos y amenazas.

¡Malditas sean todas las mujeres! ¡No han de callar jamás, y cuando abren la boca es para echarlo todo a perder! [...] Si vuestro padre fue tendero, peor para él [...] Y basta ya: lo único que he de manifestaros es que quiero tener un yerno noble.

Comedia divertida en la que predomina el lenguaje coloquial, con frases hechas «habla a tontas y a locas», «dar un mal paso» expresiones populares «te toma por una vaca de leche» e insultos que apenas ofenden «Es un verdadero truhan» pero que espolean a la nobleza y sus intereses «¡Os chupará hasta el último maravedí».

El vocabulario es totalmente actual y mantiene la ingenuidad del juego infantil en escenas como la del turco, donde Cleonte y Covielle hablan con palabras inventadas que, de forma llamativa, algunas pasaron a formar parte de expresiones populares francesas.


Es cierto que el pueblo lo admiró y sin embargo, por ser comediante, no fue elegido miembro de la Academia Francesa, ni recibió los últimos sacramentos antes de morir. Fue sepultado de noche sin ningún tipo de ceremonia. Hoy la lengua francesa es la lengua de Molière y, al crear arquetipos, sus comedias están de plena actualidad por la crítica social que desprenden.

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