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viernes, 26 de agosto de 2016

DE AMOR Y FURIA. EPIGRAMÍSTICOS

Dicen que si lo bueno es breve, dos veces bueno. Eso debió pensar Marcial, allá por el primer siglo de la Era Cristiana que, nos guste o no, es la que se impuso de manera casi universal para contabilizar el paso del tiempo desde la Edad Media, pero esto ahora no viene al caso. El caso es que nuestro primer poeta conceptista español ya encontró hace dos mil años una sociedad miserable en la que tenían cabida sinvergüenzas, degenerados, hipócritas, aprovechados... y se propuso burlarse de ellos de la manera más hiriente, de forma directa, sin dar demasiadas explicaciones, sin moralizar. Probablemente Quevedo leyó a Marcial y Gómez de la Serna también. Indudablemente Minerva Margarita Villarreal lo ha leído. Y nos lo trae en dosis pequeñas. Pero no importa si no lo conocemos. Marcial, el que aparece en los poemas de Villarreal, puede convertirse perfectamente en cualquier nombre actual porque, ironías de la vida, la sociedad no ha cambiado tanto en este tiempo, al menos en cuanto al comportamiento humano se refiere.

Así pues, al leer De amor y furia. Epigramísticos, nos encontramos con 83 poemas que retratan diferentes aspectos de una sociedad universal para clavar un dardo certero en el maltrato a la mujer, en la humildad forzosa de las prostitutas, en la indiferencia, en el orgullo de ser mujer o en la fuerza de la palabra. Pues, con pocas palabras y una profunda observación, la autora extrae los sentimientos y nos los ofrece limpios, sin maquillar, para que encontremos en ellos sentencias humorísticas,

Repudias a las mujeres con razón:
tienen lo que a ti te falta.

agudezas satíricas,

Aseguras que los grandes no tienen lectores,
con razón montones te siguen a diario.

epígrafes líricos

Que desnuda vivo para la posteridad.

o pensamientos obscenos.

Más vale una chupada ajada
a que enmudezca el pajarito.

Todo cabe en la vida, por lo que el volumen adquiere un tono fresco, vital.

A ello contribuye el hecho de que aun en los casos más graves, en las denuncias más duras, no encontramos enseñanza. Puede haber sarcasmo en algunos, o ironía, pero la mayoría encierra un temperamento humorístico, un punto de agudeza; punto al que podemos  asirnos para escapar de la brutalidad que nos rodea. El mundo de la droga es algo que probablemente Minerva M. Villarreal tenga muy presente, todos sabemos el problema que están sufriendo en México, pero también nos salpica, y la beatería, y el querer aparentar, y los gobernantes que no hacen nada, y las ansias de poder a costa de lo que sea y la corrupción.

No es necesario ser mexicano para entender los poemas, el vocabulario es totalmente conversacional; aparecen algunos términos locales (basurales, Rayita de Abajo, tomo, tallereaba, moches, zíper) pero se entienden en el contexto.

En el estilo predomina el lenguaje usual, con numerosas connotaciones que ayudan a situarnos en una temática cotidiana.

La primera persona marca normalmente una expresión íntima de los sentimientos. En los epigramísticos no es el yo de la poeta el que aparece abiertamente, sin embargo advertimos una implicación total; incluso cuando la persona cambia a segunda para dialogar o a tercera para funcionar como observadora, encontramos el punto de vista de Villarreal en el interior de sus personajes hasta que consiguen mostrarnos una postura totalmente afectiva.

Llama la atención el amor a la vida. Sólo alguien que crea posible una vida feliz será capaz de denunciar, como el peor de los males, a la inercia ¿Es que no nos damos cuenta de que se imponen cambios en el mundo? ¿O es que también la abulia embota nuestros sentidos?

Sólo alguien segura de que existe la belleza en la poesía, y sabe de su poder seductor es capaz de afirmar rotundamente «Mas no escaparás de mis versos».

La estructura del libro es lineal. Los epigramas pueden leerse, lógicamente, separados, sin ningún orden, sin embargo algunos componen un todo. Esto es lo que ocurre con Aforístico, sentencia que bien podría ser la declaración de determinadas mujeres antes de casarse «Por la cuerda floja de mi inseguridad voy a lugar seguro». A esta decisión le siguen 9 poemas que cuentan la historia de su matrimonio,

Con tal de librarme de ti
haré construir un palacio

una unión basada  en la soledad, en las apariencias, en el engaño y la destrucción.

Otros redondean una idea expuesta cuatro o cinco poemas antes; así la homosexualidad a la que es alentado Flavio en En la lucha «No claudiques, Flavio», sirve para devolver a modo de burla brutal una crítica literaria negativa en Testimonio.

Visualmente, podemos enlazar dos poemas situados uno al lado del otro si, como ocurre en Inconforme y Trascendencia, ambos denuncian un tema común: la anteposición de la pasión por el dinero a la pasión por la literatura; en el primer epigrama afea el plagio para enriquecerse y en el segundo afea la vida del que es alabado por el dinero y no por su obra.

Hay estructuras que encierran una genialidad absoluta, prueba de ello son Inconveniente y Arrepentido, colocados asimismo al lado, en el espacio que forma la página abierta. De esta manera es más fácil percibir el punto de vista diferente de las dos voces que dan vida a los poemas, la de ella en el primero, la de él en el segundo. Ambos formados por siete versos, de estructura paralela entre sí, que sólo experimentan un cambio en el tiempo, modo y persona verbales, lo que refuerza aún más la diferencia de pensamientos, enlazados magistralmente por la similicadencia antitética de sus versos finales

más pronto te habrías alejado.

nunca te habría dejado.

Estructura diferente es la que encontramos en Self-confidence, pues funciona como una pequeña escena narrativa en la que el narrador omnisciente sitúa al lector, quien descubre en la sinestesia de ojos, que arañan, husmean, cierta personificación de los mismos, con la que pueden desposeer de discernimiento a la mujer «más allá de lo que imagina». Una vez expuesta la situación la persona narrativa cambia a segunda, como en un diálogo interior en el que la propia mujer se cosifica «sabes perfectamente la clase de ficha que eres» para desvelar la hipocresía de su matrimonio y el verdadero origen de los celos.

¿Qué estamos dispuestos a pagar por llevar una vida de lujo? Quizás nos exijan un precio demasiado alto; la enumeración animalizadora con la que Drusio define a su esposa

llamándote perra, flor de puta, insaciable
depredadora de sus bienes

da fe de ello en un epigrama totalmente prosaico, donde explica las consecuencias de un matrimonio cuyo pilar es la droga «llamada cristal». La violencia de esa vida tendría salida si Drusila fuera capaz de enfrentarse a ella con humor y «volvieras a tu puesto de cajera en el banco.»

Creo distinguir en los Epigramísticos cierto apego a la libertad poética, cierto rechazo a las normas o al encorsetamiento. Villarreal define la Poética como

caudal del río
que, súbitamente, brota entre las páginas

por eso, aunque «Puedes levantar monumentos con la hipérbole» (¿hay imagen más sugestiva?) considera que la poesía

no conoce de regla ni ley que detengan
la fuerza de su paso

Estoy de acuerdo, de hecho la poesía de Minerva M. Villarreal es fuerza en sí misma, pasión, y es precisamente la maestría en el uso de la palabra la que consigue que esa pasión se transforme en despecho y la fuerza en ternura. No quiero desvelar más epigramas, pero es justo señalar que la gran carga expresiva que contienen se ve reforzada a veces por la continuidad que aporta la aliteración de la nasal «tus versos me encadenan»; la fuerza de la vibrante consigue una imagen casi indestructible de la mujer «los ovarios no se presumen: / dentro crece su fuerza»; la aliteración del sonido lateral confiere una suavidad que contrasta de forma humorística con el significado, (para que no nos fiemos de las apariencias) «Ligia, eres feminista / salvo cuando / flecha en vuelo / un falo se cruza...»

Fantástico el eco de «Hiede hiena el cumplido» ya que multiplica la fetidez de lo hipócrita.

El poder vehemente de los epítetos marca con eficacia la finalidad perseguida, ya sea denunciar la riqueza material «poderoso oro», «lustroso mármol», como abogar por el sexo apasionado «selvática noche», «erecto pene». Asimismo la elocuencia del adjetivo queda reforzada al aparecer solo; el significado de ¿Fea? se hace patente con el verbo elidido.

Cuando dos términos opuestos (silencio, palabra) se colocan en una estructura paralela de gradación ascendente se acentúa el final demoledor. Es lo que ocurre en De hecho, epigrama que denuncia el maltrato.

Casi todo tiene un final. Pues el del amor se agudiza en Lección con la reduplicación humorística de dura.

Cuando encontramos una enumeración de apelativos para la mujer que la ignoran, como hija de ..., mujer de..., hermana de ..., amante, sabemos que la finalidad es empobrecer su existencia hasta negarla. Ante tamaña humillación sólo le queda, con buen criterio, «disfrutar los huevos de los vivos».

Los cohipónimos máscara y disfraz retratan la falsedad de la persona al connotar de manera negativa lo accesorio del hiperónimo ropa.

También queda en evidencia la hipocresía de los poderosos, al igualar en el plano semántico dos términos antitéticos humildad – soberbia.

Asimismo el juego de palabras, del que destacamos la unión de contrarios esclava – casi deidad y la complexión de una serie de versos formados por la ampliación de un mismo sintagma, refuerza humorísticamente el autoconvencimiento ficticio de dueña [,,,] de la finca para, con ironía, terminar en la miseria con lo que más deseaba, en libertad.

Puede que Catulo no aceptara de buena gana la proposición de Lesbia comprensiva, pero estaría bien que hubiera seguido su consejo «ve y pon mis medias en las piernas de otras»; estaría bien que, de acabarse el amor, tuviera un final humorístico, alejado de los celos y la violencia.

Por mi parte he disfrutado, y mucho, con este libro. Si el epigrama, tal como indica su significante, nació para ser escrito encima de algo, me encantaría ver en la puerta de una biblioteca, o en el cabecero de una cama, la soberbia definición que la autora da del amor, simplemente utilizando una epéntesis de venido

Porque has vencido

no te irás

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